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jueves, 30 de julio de 2020

El problema de los ricos

La pandemia puso en evidencia muchos problemas que estaban ocultos: esencialmente, la vulnerabilidad económica, sanitaria y alimentaria de una parte importante de los argentinos. También, la vileza de algunos que aprovechan este dramático momento para acrecentar su patrimonio monetario y político. Mientras el porcentaje de indigentes crece, unos pocos llenan sus arcas de manera inadmisible. La organización internacional Oxfam, a partir del listado de los más ricos de la revista Forbes, informó en estos días que los multimillonarios de Latinoamérica incrementaron sus fortunas en 48200 millones de dólares desde marzo hasta julio. Mientras muchos pierden lo necesario para subsistir por la recesión, una minoría impune obtiene una ganancia del 17 por ciento sin producir nada. Un puñado de ricachones que acumula cifras que no se obtienen con el trabajo honesto, paciente y sacrificado. Montañas de dinero que sobran para que su descendencia viva de lujo durante muchas vidas. Pero lo peor de todo esto es que esos individuos súper millonarios son los que más se lamentan por el daño económico de la cuarentena, los que más presionan para normalizar las actividades, los que más se resisten a pagar impuestos, los que más reproducen su dinero con prácticas especulativas.

Si la actividad productiva a nivel global está ralentizada por el coronavirus, si el comercio funciona a media máquina, ¿cómo puede ser que unos pocos sigan ganando a paladas? Desde hace mucho tiempo, el capitalismo encontró la vuelta para generar ganancias sin producir nada; el sistema financiero garantiza la reproducción del dinero sin riesgos. Paraísos fiscales, empresas fantasmas, accionistas invisibles, dueños inhallables, traslado de capitales de un lugar a otro a la velocidad de la luz, sin bolsos ni valijas, fortunas escondidas, no en bóvedas patagónicas sino en guaridas fiscales paradisíacas cuyos dueños están escondidos detrás de nombres de fantasía. El capitalismo mutó en los ochenta hacia una distorsión de sus principios: de la producción de bienes colectivos y materiales hacia la generación de beneficios individuales con mercancías inexistentes.

Las fábricas de antaño se han transformado en timbas. En nuestro país, los grandes empresarios producen menos que antes y ganan mucho más, dejando un tendal de desocupados o explotados que confirman una ley de fuego: si hay muchos que tienen cada vez menos es porque unos pocos tienen cada vez más. El derrame al revés: en lugar de gotear desde la punta de la pirámide hacia la base, absorbe torrentes desde la base hacia la punta. El discurso hegemónico nos ha convencido de que ésta es una ley natural, que siempre ha habido pobres porque no se esfuerzan lo suficiente, porque son vagos o no les da la cabeza para volverse ricos; que la propiedad privada es un privilegio y no un derecho; que cualquier modificación de este estatus quo es una postura ideológica y no de “sentido común”; que quien quiera reformar el mandato divino de la desigualdad incrementa la grieta, divide a los argentinos, es comunista o busca estatizar hasta el quiosquito de la esquina.

Ahora, el gobierno nacional impulsa una reforma del sistema judicial para que sea más dinámico, más legal, más consustanciado con los intereses de la mayoría que con los beneficios de una minoría. El establishment vernáculo está como loco porque ve en esto la posibilidad de perder a sus aristocráticos aliados: los jueces federales. Este camino reformista será tortuoso, tendrá muchas trabas y hasta algunos retrocesos. Si no nos compenetramos en este asunto, sólo será un maquillaje: hay un trecho muy largo entre modificar el sistema judicial hasta lograr una Justicia que nos abrace a todos.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Explicaciones para el Ingeniero


La realidad PRO es tan incomprensible que ni su creador, Mauricio Macri, la entiende. Tanto que hasta el reaparecido Jefe de Gabinete, Marcos Peña aconseja no caer en la lógica de los pronósticos del gobierno”. Tan incongruente que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne está “muy tranquilo” porque la economía “está muy encarrilada”. Según parece, que la Argentina del Cambio atraviese la segunda recesión en tres años, que el consumo caiga, que el hambre crezca y que hasta los empresarios se quejen de la malaria no es motivo de preocupación para el funcionario. Ni para aquellos transeúntes que antes se quejaban por medio punto de inflación, caceroleaban contra el “cepo al dólar” y repudiaban la Cadena Nacional, pero hoy practican la calma zen ante un incremento de más del 5 por ciento mensual, la fuga de divisas indomable y las desconcertantes explicaciones de los popes del Gran Equipo.
Ya se ha dicho hasta el cansancio en estos días: la suspensión de la Final nos avergüenza ante el mundo pero no que nuestro sistema previsional esté en el último lugar entre 30 después de la reforma de diciembre de 2017; nos abochorna que unos inadaptados arrojen piedras contra el bus que trasladaba a Boca pero no que los efectivos de Seguridad reduzcan la pobreza a fuerza de balas; nos ruboriza que el partido se juegue fuera del país pero no que se haya hundido un submarino durante una misión que nadie reveló; nos agravian unos hinchas violentos pero no las bravatas del empresidente Macri y la ministra Bullrich cuando alientan la ejecución exprés.
Las lecturas sobre ese episodio transitaron desde el “todos somos culpables” a “los errores que hay que corregir”, incluyendo la tan exitosa “esto pasa sólo en Argentina”. Frases de sobrecito de azúcar que se desarman con media lectura más. Si todos fuéramos tirapiedras tendríamos terremotos todos los días y la topografía sería difícil de estudiar por la variación cotidiana. Además, en otros países del mundo también ocurren episodios violentos en procesiones, ceremonias, fiestas y hasta en los días de oferta. Y los ‘errores’ que cometieron en el operativo eran tan predecibles que se encuadran en el errorismo de Estado que practican desde el principio. Pocos, muy pocos analistas se atrevieron a sugerir la posibilidad de estar ante un acto premeditado. El porqué de todo esto es complejo de dilucidar pero no debe reducirse a la distracción o la obtención de la Copa sin jugar por parte del cuadro oficial. Hay algo más, pero todavía no puede olfatearse qué.
Demagogia con énfasis
Entonces, el Ingeniero se puso el país al hombro de la peor manera, como siempre. Con una sucesión de no entiendo, manifestó su indignación porque la suspensión del partido malogró su finde en Chapadmalal. También se deslindó de toda responsabilidad porque en su lógica clasista, la culpa es de los otros, ya sean piqueteros, opositores o dioses. Y como un sheriff, amenazó “ir a fondo contra todos los violentos que se nos pongan enfrente”. Y como buen demagogo, anunció que tratarán una “ley contra los barrabravas” –a la que muchas veces se opuso- para tomar como delitos las acciones violentas ocurridas en los estadios. Pura demagogia: ser barra no puede ser delito en sí mismo; la lapidación del micro ocurrió a varias cuadras de la cancha; cualquier cosa que haga un espectador que pueda ser considerado delito como agresión, daños y lesiones ya está contemplada, salvo que quiera castigar con la pena máxima al que entone cualquiera de los hits de temporada contra el Gerente de La Rosada SA.
También la ministra de in-Seguridad Bullrich brindó una explicación similar a la que dio el lúcido Mauricio: protestó porque todos ponen el foco en las fallas en el operativo y no en los que tiraron las piedras. Precisamente, un operativo de seguridad debe prever la posibilidad de que haya desubicados, si no, no haría falta. Por eso han militarizado la CABA ante la realización de la Cumbre del G20, para evitar que los manifestantes acerquen su aversión a los gerentes de los succionadores. Quizá este malogrado episodio tenga como fin redoblar la vigilancia y reprimir sin excusas a los que pretendan traspasar la zona de exclusión.
Más aún cuando el senador ‘opositor’ Miguel Ángel Pichetto afirma –en su afán por parecer oficialista- que los que cuestionan la represión tienen los “valores distorsionados”. Pichetto, otra pieza incomprensible del Cambio, un opositor que juega de oficialista o un oficialista que simula ser opositor. Más PROchetto que otra cosa. Tan PRO que acusó a los detractores de la represión de estar “bajo el influjo de una visión cultural de izquierdas y por eso es muy difícil este país”. ¿Qué es lo que propone, un exterminio ideológico como la dictadura? ¿Acaso una reeducación para los ‘oriundos’ del marxismo? ¿O no será que este país es difícil porque desde siempre ha sido dominado por una minoría oligárquica que se ha enriquecido a costa del resto? Si la timba financiera se transformó en un subibaja entre tasas y dólar, ¿la culpa es de las izquierdas o de los sectores que alientan ese macabro juego?
Mientras el oficialismo ladra para desalentar protestas durante la Cumbre y los ubica lo más lejos posible del lugar neurálgico del global encuentro, organizaciones sociales y partidos políticos ya se están preparando para hacerse oír. El estadio de Atlanta quedó chico para las 70 mil personas que asistieron para sintetizar su posición: además de rechazar la reunión de los más poderosos manifestaron su rechazo al FMI y sus recetas destructivas y saqueadoras. Algunos se entusiasmaron en demasía, como Emilio Pérsico, del Movimiento Evita, al afirmar que están “construyendo nuestro 17 de octubre” y destacó que “la oleada de participación de los movimientos populares en la política busca lograr una democracia más participativa, donde los humildes recuperen su lugar de mayoría”.
Ese es un buen principio, recuperar la democracia como gobierno para el pueblo, como lo que debe ser y desde diciembre de 2015 no es. La crisis que estamos padeciendo no es técnica, sino ideológica. Mientras aplican un ajuste bestial para trabajadores, jubilados y pensionados, compensan a las empresas de los amigotes por la devaluación con millones de pesos que se fugarán sin derramar un centavo. Mientras la mayoría se empobrece a torrentes, los funcionarios prometen que el derrame está a la vuelta de la esquina. Mientras casi todos vemos cómo destruyen todo en poco tiempo, Ellos aseguran que están construyendo un futuro. La demagogia habitual de los populismos de derecha que llegan con engaños para multiplicar la desigualdad. Una lección que de una vez y para siempre debemos aprender.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...