miércoles, 9 de enero de 2013

Un cacerolero en busca de un actor



El año pasado nos dejó una nueva categoría social: el cacerolero. Este término no hace referencia sólo a quienes se manifiestan con esos utensilios de cocina para demandar  soluciones ante un problema concreto, en alguna plaza de las tantas que adornan las ciudades y pueblos de nuestro querido país. Si bien la palabra está relacionada con el instrumento utilizado para hacer barullo, pone el énfasis en el individuo que lo hace sonar y en el blanco de su protesta: el Gobierno Nacional. Y no sólo en el momento en que ejecuta alguna ensordecedora demanda infundada, sino las 24 horas del día durante todo el año. El que es cacerolero no necesita una cacerola para manifestar su esencia ni tampoco la concurrencia de seres semejantes. El ser cacerolero se reconoce de un vistazo. En la ya famosa entrevista realizada por la revista Brando, el imponderable actor Ricardo Darín encarna ni más ni menos que a un cacerolero con todos sus guiños. Y después de verter insustanciales generalidades agresivas, insultantes, deslegitimadoras y hasta irrespetuosas, como todo cacerolero, se victimiza hasta el orgasmo cuando alguien se atreve a formular una réplica. Desinformado, inmaduro, descomprometido y banal, podría agregarse. Claro, los medios sólo destacaron un aspecto de la entrevista, sus dudas sobre el “patrimonio de los Kirchner”, que pintan entero al susodicho personaje. Porque el cacerolero tiene como brújula un prejuicio que le aporta certeza: la desconfianza. En eso basa todo su pensar. Detrás de eso, no hay nada.
Una de las características más notorias de este personaje es la de estar absolutamente en contra, aunque sin tener en claro de qué ni por qué. Otra, sin dudas, es achacar todas las culpas de lo que pasa a La Presidenta –en este caso-, sin reconocer nada de lo bueno que se ha hecho. Como complemento de lo anterior, los demás son víctimas inocentes de los antojos de La Primera Mandataria, ya sean buitres, cuervos, hienas o cualquier otra especie carroñera. Para el cacerolero no hay explotadores, evasores, especuladores, sino un gobierno que se enoja con todos por puro capricho belicoso. Para el cacerolero de pura raza, las cosas se deben transformar por milagro y sin conflictos, idea que no tiene ningún tipo de sustento. Toda modificación del statu quo va a generar descontentos, rechazos y afectados. Lo que se debe tener en cuenta es quiénes son los que van a padecer esas medidas. Durante los años de recrudecimiento del neoliberalismo, la pobreza creciente convertía en vulnerables a muchos ciudadanos. Pero, para los defensores del Poder Fáctico sólo era el resultado de la globalización y no un conflicto. La célebre frase del entonces presidente “estamos mal, pero vamos bien” sintetiza el espíritu de aquellos nefastos momentos. Los que estaban mal no coincidían con los que iban bien. Entonces, la pobreza, la desocupación, el desmantelamiento del Estado, la exclusión en todas sus manifestaciones posibles, no se mostraban en su faceta problemática. A pesar de todo eso, nadie hablaba de conflicto.
Hoy, como cínica defensa de ese Poder Fáctico expuesto en su perversidad, algunos voceros se rasgan las vestiduras por los conflictos que genera la gestión presidencial. Conflictos –de más está decirlo- que sólo padecen apenas un poquitito los que llenaron sus arcas a costa de nuestras angustias pasadas. Por eso, las declaraciones de Ricardo Darín están muy lejos de considerarse neutrales. Todos los dichos de esa entrevista se basan en argumentos propios de la resistencia neoliberal.  Desde afuera se ve que estamos en el fondo del mar. Yo quiero que le vaya como los dioses. Yo quiero que timonee, que convoque, que baje la adrenalina, que llame a una reconciliación. ¿Cómo puede ser que entre la gente común haya amigos que no se dirigen la palabra? ¿Sabés hace cuánto que no pasaba eso?”. Desde la primera frase hasta la última, se puede apreciar una galería de tópicos basados en titulares y editoriales de los medios con hegemonía en decadencia. Palabras injustas que desconocen la historia: si hoy estamos en el fondo del mar, ¿dónde estábamos en 2001? Si el mundo nos ve sumergidos, ¿cómo puede ser que los organismos internacionales, economistas notables y mandatarios de distintos colores destaquen positivamente nuestra nueva realidad? Su propuesta ingenua de la reconciliación -¿con quiénes?- no merece siquiera una línea. Y lo último, lo de los amigos que ya no se hablan por las discusiones es lo más tontuelo que puede esgrimirse.   
Si sus conceptos son inconsistentes, el tono es desconcertante. Detrás del abuso de las expresiones coloquiales, hay un ninguneo obsceno hacia toda forma de convivencia democrática. “Están pasando cosas rarísimas. No se nos permite pensar fuera de lo establecido. Te dicen lo que tenés que pensar y en qué dirección, y si no estás de acuerdo, sos un hijo de puta”.  En primer lugar, ni el régimen más totalitario ha logrado conocer y menos aún controlar el pensamiento de los ciudadanos sometidos. Por lo tanto, eso de “no se nos permite pensar…” sugiere la ausencia absoluta de toda reflexión y no es más que una repetición de las consignas que recitan a diario los esbirros mediáticos. En segundo lugar, nadie le dice a nadie lo que tiene que pensar. Y lo último, dependerá del lado de quién uno se ubica. Porque compartir ideas con los que fueron cómplices, beneficiarios y apologistas de la dictadura no es el mejor camino hacia la santidad.
“Parece que no aprendimos un sorete, porque es tan loco plantear, como planteaban algunas minorías, ciertas actitudes intempestivas y anacrónicas como del otro lado creer que porque te votó el 54%, te la mandé a guardar, bancátela, y te la tenés que fumar".  Curiosa manera de definir la legitimidad que otorga el apoyo popular a un proyecto que comienza su tercer mandato, algo insólito en la historia de nuestro país. En un intento de reafirmar su inexistente postura de neutralidad –y quizá el exabrupto más doloroso- aparece en esta idea: “a mí me preocupa esto de que tenés que ser de uno o de otro. No tener derecho a tener una posición diferente. ¿Pero quién sos? ¿Qué te pasa?”. Aquí no hay teléfono descompuesto ni nada por el estilo, sino un alineamiento indisimulable con los manipuladores que se niega a reconocer. Pero eso no importa, nadie va a obligarlo a nada. Ni siquiera a respetar a una indiscutible mayoría que se identificó con una propuesta que transformó en serio nuestro presente y augura un futuro mucho mejor.
En la parafernalia mediática sólo se destacó lo del crecimiento patrimonial de Los Kirchner, para omitir aquellos conceptos que niegan lo esencial del proyecto en marcha. Cuando dice somos un país niño: necesitamos un papá. Necesitamos a alguien que nos diga cómo se tienen que hacer las cosas” es inevitable evocar el recurrente argumento neoliberal: la no intromisión del Estado en la economía. Tal vez, para alguien que ha sido abrazado por el éxito desde muy joven, resulta innecesario –hasta improductivo- la presencia del Estado benefactor. Un Estado que no es un papá, sino un garante de las relaciones en beneficio de los más vulnerables; un impulsor del desarrollo con inclusión; un escudo para los abusos de los poderosos. Quizá el país adulto que propone el destacado artista sea el del sálvese quien pueda, que tantos desastres produjo en el pasado. Por eso no hay historia en las declaraciones de Darín. Solo habla de una foto fuera de foco, desencajada, opaca y caprichosa. Una duda quedará flotando durante algunos segundos: los motivos que condujeron a un actor cinematográfico de su talla a no mirar una película completa.

lunes, 7 de enero de 2013

La paciencia de las mayorías



Cada tanto, los medios sacan a relucir algunas de las costumbres austeras del presidente uruguayo José Mujica. Que si anda en un escarabajo, vive en una chacrita o utiliza la misma ropa que cuando tenía treinta años y otras cosas por el estilo. Lo último: que puede vivir con 800 dólares mensuales. Bien por él, aunque sabe que con esas declaraciones aporta material a los carroñeros de la no-política. Sus anécdotas ahorrativas se convierten en un ejemplo para los cínicos que destruyeron estos países durante los nefastos tiempos de neoliberalismo. Lo importante no debe ser lo que gastan sino cómo transforman la realidad en la que intervienen. Y en beneficio de quiénes, claro está. Esas lecciones difundidas por los que seguramente gastan mucho más que eso en un solo día constituyen una mueca hipócrita. El otro extremo: cuando Cavallo afirmaba que necesitaba diez mil pesos-dólares en aquellos días en que los jubilados cobraban 150 y un trabajador, apenas un poco más. En cualquier circunstancia, esos números parecen una burla. O no aportan nada, salvo una excusa para insistir con los planes de ajuste que tantos estragos y dolores producen en la otrora pujante Europa.
Y Mujica se deja llevar por su propio personaje, aún sabiendo que esas pequeñeces producen el deleite de los que están incapacitados para llevar adelante cualquier discusión ideológica, pero tienen ganas de retornar. La austeridad puede ser un principio personal, pero nunca un valor en la gestión política. Los exponentes del Poder Económico siempre alientan el ahorro ajeno porque redunda en acumulación propia. Cuanto menos gaste un Estado, menos recursos fiscales necesitará. Y un resultado más siniestro: si un presidente puede vivir con esa exigua cantidad, los ciudadanos pueden vivir con mucho menos. Palabras simpáticas las de Mujica, como siempre, pero que, en manos de los Hacedores de Desigualdad se convierten en fatales consignas para cualquier intento de distribución del ingreso.
Una distribución que significa que contribuyan más los que más ganan. Y que dejen de evadir y especular. En lugar de fijarse en esos pintorescos casos, deberían comprometerse con el desarrollo del país y no buscar su ruina y la de sus habitantes. En vez de lamentarse por la pobreza que los rodea –en poco convincentes actuaciones, eso sí- deberían reflexionar sobre el accionar de su propia angurria, que es lo que la genera. En la provincia de Santa Fe, la desigualdad es alarmante, afectando en algunas regiones a más del 25 por ciento de la población. Sin embargo, durante 2012 exportó productos agrícolas por algo más de 23 mil millones de dólares, casi tres veces más que en 2003. La producción sojera triplicó sus ingresos, pero ni siquiera un mínimo derrame beneficia a la población. Claro, como en otras provincias, los gobernantes no quieren enemistarse con los principales terratenientes y es por eso que el impuesto rural resulta mínimo comparado con las tarifas y tributos que pagan los trabajadores urbanos. Además, las 120 empresas con facturación millonaria no pagan ingresos brutos. De brutos, pero así es. Y las lágrimas que el gobernador socialista, Antonio Bonfatti, destila ante las cámaras ya no convencen a nadie.
La política debe gobernar a la economía y no a la inversa. Los tributos deben afectar a los que más tienen en beneficio de los que menos tienen. Esa debe ser la ecuación, aunque, a nivel nacional, hay unas cuantas reformas pendientes. Exenciones tributarias que se transforman en injusticias. Agustín Rossi, diputado kirchnerista, considera viable la posibilidad de que los magistrados comiencen a pagar el impuesto a los altos ingresos, aunque no modificará de manera significativa la recaudación. Pero si agregamos otros casos similares, como las jerarquías eclesiásticas, por ejemplo, la cosa pinta mejor. Lo ideal sería que se sumen al tributo las exportadoras de cereales y minerales, que tienen ganancias extraordinarias y dejan casi nada. Una reforma tributaria progresista debería figurar en la agenda parlamentaria de este año.
Así y todo, la recaudación fiscal de 2012 superó un nuevo récord: casi 680 mil millones de pesos, un 26 por ciento más que 2011. El titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, resaltó que el incremento en Ganancias se relaciona con el crecimiento económico y “el mayor nivel de fiscalización sobre los grandes contribuyentes”. Por supuesto, todavía falta. En la semana que pasó, Echegaray anunció una serie de modificaciones en el traspaso de jugadores de fútbol, un agujero negro inextricable. Ahora, los derechos federativos y económicos de los jugadores estarán bancarizados y a cargo de los clubes, lo que evitará una fuga millonaria. Además, la reforma propone la creación de un registro de inversores y representantes y la expresa prohibición de que grupos empresarios sean dueños directos de un jugador. Más temprano que tarde, el negocio de los pases beneficiará a todos a través de la carga impositiva. Siempre y cuando ningún sicario judicial meta las garras.
Desde hace algún tiempo, la connivencia entre jueces y corporaciones se ha hecho más evidente. Como en muchos casos, lo que antes ocurría de manera solapada, ahora se hace con bombos y platillos. Imposible no evocar algunas imágenes de películas hollywoodenses, en la que el o los protagonistas, ya derrotados, emprenden un alocado ataque suicida que desconcierta por unos segundos al enemigo. En el caso de los jueces, no hay nada heroico, sino despreciable. Pero, acorralados los grandes grupos económicos por disposiciones legales, los magistrados se calzan la peluca con bucles como si fuera un yelmo y alzan su espada, no para combatir a las bestias que pretenden devorar a la población, sino para protegerlas. Una cautelar que se ha extendido por diez años exime al diario La Nación de pagar una deuda millonaria por evasión impositiva. Otra de más de tres que impide que una ley aprobada por el Congreso se aplique en su totalidad. Y la última, recién estrenada, que surgió en las postrimerías de los festejos por el año nuevo, la que beneficia a la Sociedad Rural, la más absurda de todas.
Más que absurda, alevosa, obscena, digna de figurar en los anales de las atrocidades jurídicas. Una vez más, la Cámara Civil y Comercial hizo de las suyas y metió sus garras donde no debía. Los protagonistas son los mismos jueces que ya no deberían estar donde están: Francisco de las Carreras y Ricardo Guarinoni, recusados por aceptar dádivas de una de las partes, por un viaje a Miami sustentado por uno de los tentáculos del Monopolio. Pero, además, el caso no es competencia de ese Tribunal, como sí lo es de la Cámara en lo Contencioso Administrativo.
Pero esto no queda aquí. El mismo trío de jueces recibió un insólito pedido de recusación de Martín Sabbatella, presentado por los abogados del Grupo, que ya deberían ser sancionados por violentar los mecanismos de la Justicia con fabulaciones insostenibles. El escrito, que invoca el artículo 17 del Código Civil y Comercial, afirma que el titular de la AFSCA actúa con “enemistad manifiesta”, al pretender que el Grupo Clarín acate las leyes de la democracia. Si fuera por eso, más de la mitad de los argentinos deberíamos ser denunciados. Lo ridículo de todo esto es que esa norma está pensada para los jueces, no para los funcionarios del Poder Ejecutivo que deben hacer cumplir una ley. “Es como decir que un inspector de tránsito tiene enemistad manifiesta porque no te permite pasar un semáforo en rojo”, explicó Sergio Zurano, director de Asuntos Jurídicos de la AFSCA.
En realidad, no se esperaba otra cosa de ellos, aunque no se sabe qué esperan de nosotros. El insistente accionar corporativo –y conspirativo- de algunos jueces convierte en dificultoso el accionar político. La sacralidad extraterrena que ostentaba la Justicia se transformó en un catálogo de inmundicias humanas. Para no olvidar: en las primeras semanas de iniciada su gestión presidencial, Néstor Kirchner afirmó que “donde se mete el dedo, sale pus”. Todavía estamos infectados por la herencia de la dictadura y es hora de que nos curemos definitivamente, abusando de las metáforas médicas. El país con el que muchos soñamos necesita que afrontemos los conflictos sin temor. Cuando vemos quiénes son los que se enojan, quiénes son sus vociferadores y quiénes sus esbirros, más debemos convencernos de que el elegido es el camino correcto. Sin dudas, pero con paciencia.


sábado, 5 de enero de 2013

Un nuevo paradigma a la vista



Nadie te regala un lugar en el mundo: hay que conquistarlo. Eso sí, no cualquiera llega a estar en un billete o a tener una comedia musical con su nombre. Menos aún todo eso junto. Que el nuevo billete de 100 pesos con el perfil de Evita cotice en Broadway el doble de su valor es apenas una anécdota, pero sirve para señalar una trascendencia. Trascendencia que no logra cualquiera. Margarita Stolbizer o Victoria Donda no llegarán a mucho más de lo que han llegado, pues el mayor obstáculo es la mezquindad de pensamiento y abundancia de oportunismo. La imagen de ellas dos podrá estar en un afiche o un volante callejero, pero nadie compra esas cosas ni como souvenir. Sólo dos casos, pero hay muchos más que exceden este modesto espacio. En este año recién estrenado, el eje parece que se situará en la puja con los poderosos en todos los terrenos imaginables. Y también en lo divertido que resultará ver la manera en que algunos exponentes de la oposición se ponen de parte del más fuerte diciendo que es el más débil. O ridiculeces por el estilo. Como los que pregonan sobre la importancia de las leyes y las instituciones pero alientan la desobediencia del Monopolio o los que adoptan los argumentos carroñeros afirmando que defienden los intereses nacionales o los que se lamentan por la pobreza y la desigualdad pero recomiendan medidas que más que desterrarlas, profundizarían esas injusticias. Cada vez quedan más en evidencia quiénes son los personeros de la no-política, los que se oponen sin decir lo que proponen, los que destruyen porque no saben cómo construir. Los cínicos que sólo piensan en restaurar aquel país ensombrecido que estamos abandonando.  
La “operación Alak” fue el anzuelo pergeñado para despertar de su letargo a muchos siesteros veraniegos. Como siempre, convencidos de que las cosas ocurren como cuentan ciertas tapas –a pesar de las pifias insistentes y malintencionadas- se van de boca sólo para recibir la palmadita en el lomo que les destina el Amo. Un chasquido de dedos basta para que se pongan en acción y desplieguen toda su necedad al servicio del Jefe. Tampoco importa si el hecho ocurrió una semana atrás o si los detalles son certeros. El único fin es salpicar al oficialismo. Que un apologista de la reconciliación como Ernesto Sanz se preocupe por lo que ahora ocurre en la ex ESMA evidencia los límites que se pueden saltar cuando no se tiene nada que decir. Que Margarita Stolbizer exija que echen a “patadas” al ministro de Justicia, Julio Alak, es un signo evidente de que se dan golpes a ciegas. Que Victoria Donda destile tanta agresividad aprovechando su historia, resulta desalentador.   
Este Ignoto Profesor de Provincias, que no ha padecido los horrores de la Dictadura, se siente incapaz de juzgar los motivos que condujeron a Carlos Lordkipanidse, sobreviviente de ese centro clandestino de detención, y a la agrupación Herman@s a formular esa denuncia contra el acto del 27 de diciembre. Pero sí puede decir que lo que denuncian no ocurrió. No hubo fiesta ni asado en la ex ESMA. Camilo Juárez, de HIJOS, señaló que el predio “no es más un centro clandestino de detención, es un lugar para recrear y celebrar la vida, donde hay actividades todos los días, porque en este espacio construimos la memoria”. Y la memoria no se construye sólo desde un cementerio. Por eso, las 17 hectáreas y los 35 edificios fueron destinados a diferentes zonas que cumplen diversas actividades con fines culturales y educativos. Y el acto en cuestión tuvo como objetivo celebrar los logros y avances de las políticas de DDHH, con 378 condenados por delitos de Lesa Humanidad y muchos juicios en tránsito. No fue una festichola con bailarinas y mucho alcohol, sino un brindis de mediodía. No hay que confundir lo fiestero con lo festivo. Lo lamentable es que la infundada acusación resultó funcional para los que en otros tiempos se aliaron con los genocidas y que ahora harían cualquier cosa por retomar las riendas del país. Hasta desagotarían sus intestinos en los Derechos Humanos.
Como lo hacen en todo, porque no tienen escrúpulos. Esta operación mediática buscó horadar la imagen de Julio Alak, cuya posición frente a las trabas para que se aplique -por fin- la LSCA enojó al Grupo. Pero también es un intento por desviar la atención de la carta que La Presidenta envió al Primer Ministro británico, James Cameron, en la que lo invita a dialogar sobre la soberanía en Malvinas. El jueves 3 se cumplieron 180 años de la usurpación de una parte de nuestro territorio, “en un evidente ejercicio de colonialismo del siglo XIX”, denuncia la misiva. Nada nuevo. La soberanía de una nación pisoteada, humillada, por la prepotencia de un poderoso. “La Argentina fue despojada por las armas de las Islas Malvinas –continúa- situadas a 14 mil kilómetros de la ciudad de Londres”.
En realidad, los integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU no son garantes de la seguridad que deberían garantizar. Uno bombardea lo que se le antoja, desata guerras y asesina líderes con el objetivo de llevar la paz a todo el mundo; otro, somete a los países de la Eurozona a las más crueles medidas económicas para superar un descalabro financiero producido –y disfrutado- por ellos mismos; finalmente, el usurpador en decadencia, se niega a abandonar las prácticas piratas que otorgaron su poderío. Y, por supuesto, desoyen las decisiones del resto de los países. Una minoría que no respeta a las mayorías. “En 1960 las Naciones Unidas han llamado a poner fin al colonialismo en todas partes y en todas sus formas” –explica CFK, por enésima vez en la epístola- “en nombre del pueblo argentino le reitero nuestra invitación a que demos cumplimiento a dichas resoluciones”. Un país que reclama por su soberanía ante los que ejercen el monopolio de la fuerza. Los poderosos no entienden de leyes.
En eso estamos en estos lares. Los días pasan y la ilegalidad se estira, avalada por los encargados de hacer cumplir la ley. La presentación que el miércoles realizó el Gobierno en la Cámara Civil y Comercial para que habilite días y horas y resuelva la constitucionalidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual tuvo, en la noche del viernes, una respuesta favorable. Como no necesitaron meditar demasiado, los sospechosos del tribunal patean la pelota un poco menos lejos de lo que se esperaba, en este novedoso juego judicial, en el que la Corte es parte y árbitro. Pero esto es puro disimulo, por supuesto, para reducir el impacto por la protección que destinaron a la Sociedad Rural. Como sea, la aplicación total de la ley se seguirá postergando. No puede ser que una norma tan importante, fruto del amplio debate democrático, continúe frenada durante tanto tiempo por medidas cautelares que sólo protegen los intereses concentrados de un grupo económico”, aclaró el funcionario, como si fuese necesario.
Los que jamás se preocuparon por los Derechos Humanos se erigen como sus defensores; los que son incapaces de garantizar seguridad son los encargados de convertirla en realidad; los que pregonan por la institucionalidad son los primeros que la quebrantan. Y encima dicen que la culpa la tiene el otro. Por eso, 2013 tiene que ser el Año de la domesticación de las bestias. La Política dominando la economía, la diplomacia desterrando al belicismo, el compromiso desenmascarando toda hipocresía. De eso se trata todo, de suprimir las normas que reinaron durante los últimos sesenta años y buscar un nuevo paradigma que permita contenernos a todos con respeto y dignidad. Compleja tarea, pero no imposible.

miércoles, 2 de enero de 2013

Las primeras postales del año



La oscuridad de los agoreros no tiene límites. En estos días, los rumores que circularon sobre el estado del presidente venezolano Hugo Chávez demuestran la escasa humanidad de los autores y sus voceros. La posibilidad de un desenlace fatal en la salud del Comandante despierta en los nostálgicos del desastre un siniestro regodeo. Las minorías sueñan con nuevas elecciones -una especie de revancha- para apoderarse nuevamente del país caribeño y convertirlo en coto de caza para su avidez siempre insatisfecha. Impotentes, su lema favorito debe ser muerto el perro se acabó la rabia. Pero la potencia de Chávez supera su propia vida. No sólo representa el proyecto de una sociedad justa y equitativa para Venezuela, sino que significa la realización de un sueño que trasciende muchas fronteras. Conceptos que no entienden los carroñeros, que se alborotan con obscenidad ante la muerte. Jamás comprenderán que un héroe que entrega su vida se torna imbatible. Como no saben de conceptos ni de ideales, ignoran que los jirones pueden convertirse en banderas.
Porque detrás de los símbolos sólo puede haber victoria o esperanza. Si no hay nada de esto, es un objeto vacío que no despierta pasiones en los pueblos. Antes del embargo, la Fragata Libertad era nada más que un barquito que iba y venía por el mundo exhibiendo el entrenamiento de su tripulación. Ahora, después de su recuperación de garras de los buitres, representa la reafirmación de nuestra soberanía económica y política. A tal punto que los que antes se lamentaban por su segura pérdida, mostrarán una torpe indiferencia el día de su retorno. Claro, anclada en el puerto de Thema, era funcional para la construcción de la idea del fracaso del Gobierno Nacional, al aislamiento del mundo y otras tantas cosas más con las que muestran su miseria. El arribo de la nave se convertirá en una fiesta porque se ha transformado en símbolo. Y el incidente de la fragata dejó al descubierto a los que siempre se ponen del lado equivocado.
Al igual que los que celebraron el fallo del juez Thomas Griesa que, desde el tribunal de Manhattan, ordenaba pagar a los especuladores que no aceptaron la re-estructuración de la deuda. Los abogados representantes de Argentina entregaron el viernes un escrito ante la Cámara de Apelaciones de Nueva York para rechazar las demandas de los fondos buitre, que pretenden recibir unos 1330 millones de dólares, lo que daría por tierra con cualquier negociación de deuda soberana. O peor, de entregar esa cifra, los que aceptaron la propuesta argentina se sentirían estafados en su buena fe. Sin atender a esos argumentos, los impresentables locales sugerían al Ejecutivo el sometimiento a las presiones. Hasta pretendían erigirse en héroes con una colecta solidaria para aplacar a las fieras especuladoras. Cualquier cosa intentan para poner zancadillas al Gobierno K. Sólo imaginar a estos cipayos al frente del país produce escalofríos. Pero el desenlace de esta historia recién llegará hacia finales de febrero, cuando la Cámara difunda su fallo, después de una audiencia oral. Tiempo de sobra para divertirse con las absurdas lucubraciones de los analistas locales, que presentan sus más oscuros deseos con formato periodístico.
Ejemplos abundan. Cuántas veces hemos visto, escuchado y leído en estos años a los voceros del Poder Fáctico afirmar que la búsqueda de reparación de los delitos de Lesa Humanidad es sólo una consigna hueca de los exponentes del oficialismo. Y a la vez, hacen lo imposible para ocultar el resultado de los juicios. En el balance de 2012 deben figurar las 134 condenas pero, sobre todo, el cambio cualitativo que significa el inicio de los mega-juicios de la ESMA, La Perla, Arsenales y Jefatura de Inteligencia. Y lo que más los exaspera es el progreso de las investigaciones sobre la participación de civiles en esos delitos atroces. “El juzgamiento a civiles es sin duda uno de los logros de este año, no sólo en la causa Ledesma sino en varias jurisdicciones del país donde se ha pedido que se avance en investigar la complicidad de miembros de los grupos económicos”, aseguran las abogadas Carolina Varsky y Lorena Balardini, del Centro de Estudios Legales y sociales. Complicidad que seguramente no se detendrá en empresarios, sino que alcanzará a otros actores de la sociedad, como jueces o religiosos.
Tal vez por eso, el Arzobispo de La Plata, Carlos Aguer, difundió duros –por poner un calificativo- conceptos algunas horas antes de que comience el nuevo año. Primero apeló a un dicho muy conocido, aunque sin aclarar si como conclusión o profecía: “el que siembra vientos, cosecha tempestades”. Lejos de dilucidar semejante dilema, aseguró que "nada bueno se puede esperar de la promoción insensata de la discordia”. Especificar sobre los promotores de esa discordia despejaría algunas dudas. Empecinado en confundir, Monseñor pontificó que las “auténticas soluciones requieren otra mirada de la realidad, otro espíritu, una voluntad recta y generosa, de dar a cada uno lo suyo, según el derecho y la caridad”. ¿Qué proyecto de país tendrá en mente cuando dice estas cosas? ¿Cuál sino el que está en curso garantiza lo que el Prelado demanda? Pero no. Aguer sólo ve en el presente lo que siempre ha combatido: la alteración del statu quo. El representante eclesiástico jamás admitirá que el mundo armonioso que propone es el que, en el pasado, construyó un país tan desigual. "¿Cómo puede sostenerse la cohesión social si se adopta como inspiración del cambio hacia una sociedad más justa, una teoría según la cual hay que agudizar las contradicciones, crearlas si no existen, identificar y destruir al enemigo?", pregunta con cinismo. Él, que forma parte de una institución que a pesar de predicar el amor, ha bendecido los peores crímenes.
Pero no es la única. Una nueva causa judicial pondrá en el banquillo a la Sociedad Rural Argentina. Después del golpe del ’76, el INTA realizó una profunda depuración de sus empleados a través de renuncias obligadas, detenciones, asesinatos y desaparecidos. Un sobreviviente y familiares de las víctimas piden que se investigue la responsabilidad de la patricia entidad agraria, que tuvo un rol determinante en esos hechos, pues formaron parte de la dirección del organismo. Esa alianza cívico-militar se encargó de perseguir a técnicos y científicos que no compartían la política agropecuaria de José Alfredo Martínez de Hoz. El juez Daniel Rafecas deberá indagar a los acusados sobre la confección de listados con futuras víctimas y el lugar que ocupaban en la cadena de mandos. Dos de los interventores ya han fallecido, pero funcionarios del Ministerio de Economía y la Secretaría de Agricultura gozan de buena salud para ser sometidos a un proceso judicial, como Mario Cadenas Madariaga y Jorge Zorreguieta, el padre de Máxima.
Y si de enredos judiciales hablamos, la causa Clarín será la vedette de este verano, en sus intentos de postergar lo más posible la adecuación del Grupo a los dictados de la ley. El mayor anhelo de sus directivos es llegar enteros a las elecciones legislativas de mitad de mandato, para limar –con todos sus libelos- lo más posible la adhesión a La Presidenta. El peor escenario es un triunfo contundente de los candidatos oficialistas que, desde sus bancas, pueden impulsar una reforma constitucional que habilite un nuevo mandato de CFK, lo que se convertiría en una pesadilla. Para ellos, por supuesto. Eso sí, de ahora en más, calificarán como acto de campaña cada una de sus apariciones y considerarán electoralista todas sus decisiones. De tan obvios que son, hasta podría predecirse el contenido de las tapas de los próximos meses.
A pesar de contener una cifra fatídica, este año promete bonanza hasta para los más supersticiosos. Y mucha discusión que, lejos de dividir a la sociedad, como pregonan algunos, contribuye a su consolidación. Eso sí, los que insisten en confabular desde las sombras quedarán cada vez más solos, víctimas de su propio veneno que ya no podrá infectar jamás a este colectivo.  

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...