lunes, 14 de octubre de 2013

Conspiradores y cómplices

Cuando la maldad no tiene límites

Nadie sabe qué nombre ponerle al 12 de octubre, aunque sigue siendo feriado. Día de la raza, encuentro de culturas, diversidad cultural son las variantes nominales de un hecho que no debería festejarse. En todo caso, podría llamarse día del saqueo y el aniquilamiento, para darle su justa dimensión. Si queremos conquistar otro lugar para las culturas originarias en una patria blanca podríamos adoptar como festivo el día de la Pacha Mama, en lugar de la llegada de Colón. ¿Para qué tener un rojo en el calendario que nos avergüenza celebrar? En fin, tenemos todo un año para pensar en esta cuestión. Con lo que no tenemos demasiado tiempo es con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, porque ya estamos viendo las consecuencias de tener un monstruo desenfrenado. Y la Corte Suprema de Justicia, como máxima autoridad, tiene mucha responsabilidad en esto. Por lo que sea, sus miembros han sido cómplices de un atropello institucional insólito desde el retorno a la democracia. Compinches de los bravucones monopólicos: una vergüenza para cualquier sistema judicial, salvo los que se tejen en un atroz régimen autoritario. Una justicia corporativa que protege a las corporaciones y pisotea a las autoridades democráticas no busca otra cosa que constituir un Estado paralelo conformado por exponentes no elegidos por el voto popular.
Y con tanta protección, las propaladoras de estiércol y sus sicarios están desquiciados. Con la impunidad concedida desde algunos tribunales, se muestran obscenos, bestiales, salvajes. Irrespetuosos y destituyentes, también. Ya no se ocupan de informar e interpretar los hechos. Las “noticias” no sólo están basadas en alucinados inventos, sino pobladas de improperios y sospechas hacia las legítimas autoridades nacionales. Que un periodista con discutible predominio de audiencia especule con “nos quieren acostar con la mina ésta” en referencia a la enfermedad de La Presidenta significa una provocación cercana a lo pornográfico. Y sumado a eso, la puesta en duda de la legitimidad del vicepresidente Amado Boudou para asumir temporalmente basada en denuncias creadas por ellos mismos es, sin tapujos, un nuevo intento destituyente. Como toda libertad, la opinión exige responsabilidad, sobre todo cuando se difunde desde los medios, porque la irresponsabilidad se traslada al espectador y se potencia. La cloaca dominical de El Trece le hace mucho daño a la democracia porque sólo alimenta prejuicios y no apunta a conformar ciudadanos comprometidos, sino todo lo contrario. Si desde una pantalla televisiva se insulta sin pudor a los representantes elegidos democráticamente, convalida una revuelta sin motivos, invita al público a pensar en los mismos términos desprovistos de rigor y mesura 
Los sicarios de la cadena hegemónica calificaron de impresentable a Boudou, aunque nada de lo que vomitan lo justifica. Una simple paradoja: el Jefe de Gobierno porteño está a la espera de un postergado juicio oral, procesado en serio por dos casos de gravedad institucional, y jamás lo han llamado así. Por capacidad, gestión y otras cosas más lo merece ampliamente, vale reiterar. En cambio, las denuncias revoleadas sobre actos de corrupción desde esas usinas de estiércol no han inspirado siquiera una convocatoria al ex ministro de Economía para una declaración indagatoria, paso esencial para el inicio de una causa. Desde el punto de vista jurídico, aún no tiene mérito siquiera para la categoría de sospechado. Tan inocente como el más inocente de los vecinos, pero la desconfianza sembrada durante más de un año y medio ha rendido sus frutos y se ha extendido como una plaga entre los consumidores, tanto los desprevenidos como los prejuiciosos. El motivo: Amado Boudou fue quien presentó el plan para recuperar los fondos de las AFJP, que se han triplicado desde su estatización. Claro, sacó de manos de los especuladores un negocio fenomenal y, por venganza, lo acribillan con sus dicterios   
Pero no sólo con eso amplificaron la suspicacia. También pusieron en duda la veracidad sobre la salud de La Presidenta o, por lo menos, sobre la información oficial. Y también poblaron a la Fundación Favaloro de funcionarios y familiares de Cristina que maltrataban a médicos, enfermeras, mucamas, ordenanzas y cualquier otro ser que pasara por allí. De locos. Si fueran bien intencionados, en lugar de contenidos periodísticos, deberían producir comedias. Pero como no lo son, atentan contra todo lo recuperado en estos diez años de recorrido K. Y no lo hacen por plata, pues eso les sobra, sino de puro malvados. Tampoco porque quieran recuperar un poder apenas limado. Lo hacen porque no soportan que el país esté mejor haciendo lo contrario de lo que ellos quieren que se haga. Lo hacen porque les molesta la felicidad ajena. Lo hacen porque no conocen otra forma de vida más que el vampirismo desaforado que nos ha hundido en la miseria a principios de siglo.
Lo hacen porque hay una Justicia cómplice que se lo permite. Cuatro años hace que el Grupo no cumple con una ley de la democracia porque un grupete de jueces ha tomado la decisión de protegerlos. Magistrados que amparan la ilegalidad con ostentación. Si no fuera por tanta impunidad, habríamos podido avanzar mucho más, porque detrás de Clarín se escuda un sistema salvaje y destructivo; un modelo de acumulación insaciable que sólo produce desigualdad; una pandilla de grandotes que quiere evitar cualquier control porque consideran al país como coto de caza. ¿Y por qué tanta resistencia?, se preguntará el buen lector, un tanto distraído. Porque si Clarín adquiere dimensiones humanas, la domesticación de las bestias será mucho más sencilla. Porque sin ese poder enloquecedor, deberán dedicarse en serio al periodismo. Porque no podrán condicionar a los gobiernos democráticos para que faciliten sus negociados. Y, por último, porque están acostumbrados a que las leyes se acomoden a sus ambiciones y lo contrario, los desespera.
Decodificar es la tarea. Interpretar sus libelos como si fueran jeroglíficos. Si hablan de aviones es porque quieren que Aerolíneas Argentinas vuelva a ser privada para garantizar la extinción de la línea de bandera. Si dan excesiva cobertura a un corte de luz, es porque desalientan la intervención del Estado en la generación de energía. Si eligen cualquier combustible para titular, es porque quieren ver YPF en manos de depredadores internacionales. Si critican al cine nacional y los incentivos del INCAA es porque quieren tener en sus manos la construcción de una cultura individualista y comercial. Si para ellos todo está mal no es porque vean el vaso medio vacío, sino porque de un manotazo quieren sacar de la escena cualquier recipiente que no sean sus arcas. Pero, es bueno repetir, no hacen todo esto por plata, sino de puro malvados, de excesivamente perversos, por simple prepotencia.
A pesar de este cuadro tan inundado de oscuridad, una sola idea puede aportar algo de luz. Jamás se han mostrado tan poco sutiles, nunca ha sido tan fácil detectar sus trampas. Si esto ocurre es porque advierten que les queda poca cuerda. Un poco de paciencia. En dos semanas, los argentinos decidiremos qué camino tomar: si el de la profundización de las conquistas de esta década o el de la restauración del modelo que tanto daño nos ha hecho en tiempos no tan lejanos.

sábado, 12 de octubre de 2013

Guerreros Digitales



Granitos de arena para desterrar la oscuridad
El autor de estos apuntes nunca imaginó algo así. El jueves se realizó la presentación del libro “Guerreros Digitales, cibermilitancia y batalla cultural”, publicado junto con Perra Intelectual y Adrián Corbella por editorial Dunken y con el generoso prólogo de Dante Palma. Mariana Moyano, columnista de Visión 7 y de 678, ofreció una profunda charla sobre medios, militancia, kirchnerismo y algunos temas más muy vigentes y cruciales para estos tiempos que corren. Una emoción inmensa recibieron los autores al encontrar entre los espectadores a la actriz española Susana Hornos, que dedicó elogiosas y cálidas palabras sobre la aparición del libro. El viernes, los blogueros ahora en papel, fueron recibidos en los estudios de la Tv Pública por Osvaldo Quiroga para una entrevista en su programa Otra Trama, que debería ser emitido en horarios menos noctámbulos, dada la trascendencia de sus contenidos. Lo insospechado, ocurrió. Esto, que sólo fue planeado como un proyecto personal para mimar el ego de tres ignotos escritores, parece convertirse en algo que ocurre por primera vez.
Veamos: tres extraños habilitan en distintos momentos tres espacios virtuales para expresar su simpatía por un proyecto de país y aportar algunos granitos de arena para comprender la realidad mediática y política. Nada más que eso. Después se conocieron en las redes y comenzaron a interactuar. En mayo de 2012 se vieron las caras por primera vez y una pequeña luz se encendió entre ellos. Al poco tiempo, surgió un remoto proyecto de libro que se concretó un año después. Guerreros Digitales es el producto de un entrecruzamiento de ideas, propuestas, sugerencias, discusiones que se concretaron en la virtualidad del ciberespacio. Gracias a la magia de una diseñadora muy tímida, conocida mundialmente como Cora, el volumen adquirió un atractivo visual sorprendente. El jueves 10 de octubre, los cuatro hacedores del libro se ven las caras y celebran este emprendimiento surgido de la virtualidad. Y ésa es la segunda vez que se encuentran fuera de la matrix. El ordenamiento de los contenidos por capítulos y sub capítulos, sugiere un engarce mucho más profundo que si hubiera presentado a los autores por separado. El resultado es un diálogo sobre las dificultades y éxitos en la reconstrucción de nuestro país entre tres personas que viven en lugares distintos.
Lo de los lugares distintos no sólo desde el punto de vista geográfico. Los saberes, posiciones y estilos también son diferentes pero confluyen en un mismo recorrido: de-construir un sentido común devastador para cimentar otro más prometedor, más colectivo, más luminoso. Si este pequeño hecho formará parte de la historia, nadie lo puede anticipar. Pero los tres escritores ya no tan anónimos planean, de acuerdo al espíritu de estos tiempos, ir por más. ¿Qué hay en ese libro además de pasión, compromiso y algunas buenas lecturas de la realidad? No mucho más ni mucho menos: la honestidad de las miradas, disparada por la promesa de tiempos mucho mejores, como nunca antes en nuestra historia. O sí, pero más de medio siglo atrás. Recuperar el Sueño y no dormirse en el intento puede ser el propósito que persigue este libro surgido de tres blogueros.
Acompañar la locura gubernamental de enfrentar a los poderosos, puede ser el otro. Y defender, denunciando las operaciones mediáticas y esquivando las bombas de estiércol que los enemigos de la democracia arrojan todos los días sobre este prometedor sendero. Sumar, invitar, traducir y sintetizar. Y todos los infinitivos que aporten en la reconstrucción de nuestro país, sometido, fragmentado y saqueado por los que ahora se presentan como salvadores y custodios de la moral y la república. Desde las guaridas de Clarín vomitan improperios, hipocresías y prejuicios para interrumpir este recorrido que busca recuperar lo escamoteado en décadas pasadas. El objetivo es sembrar de sospechas el escenario político para debilitar al proyecto K y forzar su destierro. Para los desprevenidos, desde la pestilente cadena de medios que envenena a su público no se difunden interpretaciones subjetivas de los hechos, sino manipulaciones perversas que sólo buscan desatar el caos. El nuevo episodio sobre la salud de La Presidenta puede resultar ilustrativo.
Otro susto más y una amenaza menos. La operación –la quirúrgica, no mediática- salió muy bien y sólo resta que Cristina se recupere, como está ocurriendo. Y el reencuentro será un nuevo hito de esta historia que estamos escribiendo los buenos argentinos. Los malos no escriben, sólo tratan de instalar otra vez lo que está escrito desde hace mucho y resultó tan dañino. Los malos son los que quieren retornar a ese pasado tan nefasto en el que gobernaban a su antojo. Algunos pueden considerar exagerado o pueril las categorías ‘buenos’ y ‘malos’ para efectuar una lectura de los hechos. Por supuesto que otras duplas de opuestos resultarían más ilustradas, pero menos ilustrativas: fieles-traidores, oficialistas-opositores, keynesianos-neoliberales, ciudadanos-individuos, civilizados-bárbaros. Pero, más allá de las exquisiteces idiomáticas, esos simples calificativos –buenos, malos- abarcan a todos. ¿Qué adjetivo podría usarse para los que se regodearon al informar sobre la salud de CFK, sin apelar al vocabulario soez? ¿O para los que sólo siembran desconfianza para cosechar rebelión? ¿O para los que celebran un hipotético triunfo de los candidatos del establishment, que sólo amenazan con ajustes y restauración de privilegios apenas limados? Más simple: los que promueven el mal, son malos y lo que ellos quieren –acrecentar sin límites sus arcas- significaría un retroceso enorme en los derechos conquistados.
Durante la campaña para las PASO, el spot más recordado será, sin dudas, el de Argen y Tina. No por su excelencia, claro está, sino por sumergirse en el ridículo. Casi tanto como el ahora massista y dentro de poco no se sabe Felipe Solá al referirse a la capacidad de Amado Boudou para ejercer la presidencia. En el corto de Unen, la división convertía a Argentina en un país invivible. Los más insignificantes conflictos cotidianos estaban atravesados por ese invento kirchnerista de la división. No fue la única fuerza no política que explotó el antagonismo inconciliable. El menguante Francisco de Narváez impuso una frase disyuntiva, “Ella o vos”, que, además de insustancial reforzaba el individualismo que tanto alienta la derecha. Imposible olvidar la frase publicitaria que condujo al enjuiciado Jefe de Gobierno porteño a un segundo mandato: vos sos bienvenido. Un dedo autoritario que designa a los que pueden entrar y los que no. Muchas divisiones planteadas por los que denuncian la división.
La fragmentación –para no abusar de esa operación matemática- ha existido siempre y es inevitable. El kirchnerismo no la ha inventado, aunque sí la dejó en evidencia. Que hay una raya que divide en dos a los argentinos, no quedan dudas. Y, para no alarmarnos, en todos los países debe pasar lo mismo, con más o menos fiereza. Aunque algunos no puedan o no quieran comprenderlo, esa división es entre buenos y malos. Los malos nos quieren tener a merced de sus despiadadas ambiciones. Los buenos somos los que muchas veces hemos sido sus víctimas. Como no debemos permitir que esto suceda, es necesario conocerlos, controlarlos o reducirlos. En esto estamos y seguiremos estando. Y tres guerreros digitales no son suficientes para tamaña contienda.

lunes, 7 de octubre de 2013

La ansiedad de los destituyentes



El absurdo no tiene límites, por eso es absurdo. Que el doctor Nelson Castro sueñe con un Premio Nobel de psiquiatría por haber diagnosticado una enfermedad a CFK puede ser un caso. Que algunas plumas destituyentes anhelen una renuncia anticipada por problemas de salud puede significar unas merecidas vacaciones después de tanto esfuerzo cacerolero. Que las hormonas agoreras enloquezcan no por el arribo de la primavera, sino por un simulacro de triunfo ya roza lo ridículo. El síndrome de hibris instalado hace unas semanas en un programa de TN no tiene nada que ver con el cuadro que exige la intervención quirúrgica de La Presidenta, vale aclarar. La hipotensión y el hematoma interno producto de un golpe no guardan relación con esa enfermedad psiquiátrica inventada por los republicanos para desacreditar a mandatarios no alineados con el Imperio. No es casual que desde los centros del Poder Fáctico diagnostiquen a distancia ese mal. Porque el establishment discute sobre el poder cuando alguien quiere arrebatárselo o, al menos, limitarlo. En otro escenario, ni hablan del tema. La preocupación por el poder sobreviene cuando la política intenta modificar el statu quo. Por eso aparece la hibris.
En la Antigua Grecia no existía la idea del pecado, pero la mitología se encargó de dibujar algo parecido. La Moira es el destino que cada mortal tiene establecido y además, distribuye la parte que le toca de felicidad o infortunio y la cantidad de bienes materiales asignados. Cuando un hombre quiere dar un paso más allá de lo dictaminado por los dioses comete la famosa hibris, que significa un desafío a los designios divinos. En este sentido, cualquier modificación que uno quiera hacer en su vida podía ser considerada como desobediencia y merece el castigo, némesis, que busca reubicar al rebelde.
Si la psiquiatría mediática acierta con el diagnóstico de la enfermedad del poder, el síndrome de hibris no sólo afectaría a los mandatarios que quieren transformar el statu quo sino a los directivos de empresas multinacionales, especuladores financieros y todos los que integran ese 10 por ciento que acapara gran parte de la riqueza mundial. ¿O Paul Singer, Carlos Slim, Bill Gates acrecientan sus fortunas de manera descomunal por simple divertimento? Pero, como este mal fue inventado por los dueños del poder, sólo afecta a los que intentan controlar sus angurrias. Como dioses del Olimpo, sentencian con sus poderosas voces a los que quieren desafiarlos. Cristina padece el síndrome de hibris porque enfrenta a las corporaciones. Ellos, como hacedores del destino de los hombres, guardan para sí los privilegios y las atribuciones. Ellos, que no son votados por nadie, son los encargados de tejer el destino de cada hombre, que no debe ser otro más que el sacrificio y la pobreza. Ellos, todopoderosos, desbordan sus arcas a fuerza de escamotear bienestar. Ellos, que ostentan cargos a perpetuidad, son los que se oponen a las reelecciones. Ellos, que poseen casi todo, lo que le falta es vergüenza. Ellos, que son los que desbaratan el planeta, están perfectamente sanos.
Pero así como descubren el mal, también encuentran la cura. El doctor Nelson Castro, improvisado periodista recién retornado a la ciencia médica –neurólogo pero no psiquiatra- tiene un remedio efectivo para que La Presidenta recupere su salud. Cuando CFK abandone la presidencia, la enfermedad del poder, el síndrome de hibris, se esfumará al instante. Y si renuncia ya, mucho mejor. Según ellos, el poder enferma sólo a los que acceden por el voto popular. Ante cada episodio médico de Néstor o de Cristina, los sicarios del Poder Fáctico afirmaron sin dudar –claro, son voceros de los dioses- que la causa de la enfermedad era la manera de ejercer el cargo. Eso sí, jamás dirán que la dolencia de un gran empresario es producto de su ambición. El síndrome de hibris sólo encuentra a sus víctimas en el corpus de la política, no de la economía.
Entonces, como la Primera Mandataria tiene como objetivo domesticar a las bestias, las bestias quieren sacársela de encima. Como sea. Para eso, inventan la realidad, conspiran, modelan monigotes con forma de candidatos y siempre se ponen de parte de los intereses extranjeros. Como la estrategia destituyente está pergeñada desde las oficinas de Clarín, desde sus medios se disparan los dardos más venenosos. Sin pudor ni respeto, el domingo por la noche, El Trece se convirtió en la madriguera donde los carroñeros tejieron sus tretas. El ex periodista y actual agitador Jorge Lanata planteó la hipótesis: si Cristina pide licencia, Boudou no podrá asumir la presidencia. ¿Por qué? Porque para él es culpable de todo lo que denunció. Para el ariete de Clarín, el vicepresidente es corrupto porque él lo sentenció desde su tribunal mediático. La Justicia aún no ha llamado a declarar al sospechado ex ministro de Economía, por lo que ni siquiera hay causa. Y aquí hay una falta grave por parte de los encargados de la investigación basada en denuncias mediáticas, que han estirado durante más de un año y medio la resolución de un caso que no es tal. Una artimaña que produce una notoria gravedad institucional.
Y esto no es exagerado. Ya está dicho desde el principio: el absurdo no tiene límites. Ante las cámaras del PPT opositor, el consultor político Jorge Giacobbe convocó a una revuelta popular para impedir que Amado Boudou asuma temporalmente la presidencia de la Nación. “¿Qué pasa si la Presidenta no se repone?”, preguntó con malicia para despabilar al público cacerolero, siempre dispuesto a armar barullo por casi nada. Otro de los invitados, Fabián Perechodnik, de Poliarquía, reveló que “Boudou tiene la imagen negativa más alta del gobierno, con un 60 por ciento”. Tantos esfuerzos agoreros a veces rinden sus frutos. Por supuesto, con la indiscutible complicidad de algunos actores de la justicia, es justo reiterar. “Yo creo que la Justicia tiene, como poder del Estado, una deuda con la sociedad”, evaluó La Presidenta en la entrevista que condujo Jorge Rial.
Pero no sólo por esto. Muchos jueces –la Corte Suprema, inclusive- han pisoteado como nunca las instituciones democráticas. En estos días se cumplen cuatro años de la aprobación y promulgación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, aún no aplicada en su totalidad por el revoleo de cautelares y el suspenso aplicado por los Supremos. Estos artilugios pretenden instalar un clima de desasosiego inexistente y crear la sensación de ingobernabilidad, para sumar a un sector prejuicioso de la población y arrastrar a los sugestionables al descontento generalizado.
De una vez por todas, hay que frenarlos. Como no saben qué es la ética, habrá que enseñarles. Porque más allá de las generalidades republicanas que recitan los tibios, los que alteran la estabilidad democrática tiene nombres y apellidos. Y es hora de que se encuadren dentro de las normas y que cumplan con la función periodística que es informar y orientar la opinión pública. Nadie duda que hacen todo lo contrario y de esa manera pisotean los derechos ciudadanos. Así, no hay país que resista ni paciencia que no explote.

viernes, 4 de octubre de 2013

Los nubarrones del Norte

Comparaciones odiosas, pero imprescindibles
En todo el mundo se cuecen habas, dice un conocido refrán. Con cualquier otra hortaliza también funciona. Porque lo importante no es lo que se cueza, sino que se cueza. Y uno piensa que ciertas cosas pasan sólo acá, pero después se entera de que en otras latitudes pasan cosas parecidas. Entonces, aquellos que crean que las oposiciones apátridas y destituyentes son un invento argentino, le erraron fiero. El dulce de leche, puede ser, pero la oposición que hace cualquier cosa con tal de oponerse parece la constante en muchos parlamentos. El presidente de EEUU, Barack Obama, confesó, exasperado que "desde que los republicanos son mayoría en la Cámara, hay una crisis así cada 3 meses. Sé que ustedes están cansados de esto. Yo también". Este hecho rememora aquel 2010 en que el Gobierno Nacional quedó sin presupuesto por primera vez en la historia porque el pegote de los adversarios -una mayoría circunstancial y polimorfa- quería debilitar la gobernabilidad. Una mayoría opositora no significa el equilibrio del poder, sino todo lo contrario. Más aún cuando las cosas funcionan bien y sólo hace falta alguna que otra corrección.
En el Imperio parece haber una extorsión: los republicanos y su ala derecha –más, todavía- el tea party quieren boicotear el nuevo sistema de salud propuesto por los demócratas. Una oposición que se niega a distribuir. Porque los que menos tienen, en el país de las maravillas, pueden morir de una gripe por no acceder a la mínima atención sin desembolsar fortunas. Desigualdad en su nivel más extremo. Y no digamos que Obama quiere romper las normas del capitalismo salvaje, sino apenas suavizarlo. Ni eso puede. Algunas ciudades importantes se han declarado en default y están al borde de convertirse en pueblos fantasma. "Ustedes escogieron a sus representantes para que les hagan la vida más sencilla, no más dura", se lamentó Obama ante las cámaras. Y pronunció una advertencia con forma de amenaza: "si Washington cae en default, todo el mundo va a tener problemas". A no asustarse: no va a bombardear el resto del mundo por puro resentimiento, sino que, en cierta forma, si caen ellos, caemos todos. Eso sí, cuando los demás caen, a ellos no les pasa nada 
A pesar de esto, no piensan abandonar sus planes conquistadores. El despliegue militar que ocupa gran parte del mundo no se verá afectado por la movida opositora. Con la mitad de lo que gastan en sus bravatas, los ciudadanos norteamericanos vivirían en el paraíso. Y el resto del mundo también, porque no tendría la amenaza constante de este país tan belicoso. A riesgo de no ser preciso, la crisis del país del Norte es una consecuencia del incumplimiento de sus promesas de campaña. A poco de asumir, destinó fondos públicos para auxiliar a las entidades financieras en crisis, algo que prometió no hacer. Pero lo hizo y esa fortuna fue repartida entre los directores de las compañías destinatarias y continuaron en rojo. Tampoco cerró Guantánamo y, a pesar de haber ganado el Premio Nobel de la Paz, siguió desatando conflictos y haciendo justicia a lo cowboy. Y la economía doméstica está cada vez más complicada. No sólo como consecuencia de la mayoría republicana, sino porque la imagen que vende al mundo tiene poco que ver con lo que puertas adentro ocurre.
Quedará para otro apunte desentrañar esos misterios. Por ahora, quedémonos con la idea de la oposición como mayoría. Allá vota poca gente porque las elecciones se efectúan en día laborable y no cualquier ciudadano está dispuesto a sacrificar la paga para ejercer sus derechos. Entonces, sólo votan los acomodados y los que pueden ostentar una tibia conciencia cívica. En cambio, en nuestro país, votan casi todos, incluso los ciudadanitos de 16 que se incorporan por primera vez a la fiesta de la democracia. Allá predominan dos partidos políticos –republicanos y demócratas- que no tienen demasiadas diferencias ideológicas, salvo algunos matices. En Argentina, por más que se hable de bipartidismo, hay una amplia gama que se ofrece al votante, desde partidos centenarios que se adaptan a los nuevos tiempos hasta movimientos que aglutinan fuerzas de todas las especies. Allá la industria bélica en todas sus variantes es la base de la economía y la posesión de armas es casi una obligación. Acá, por suerte, eso es muy mal visto. Allá, por muchos motivos, están con el agua al cuello. En Argentina, por primera vez en mucho tiempo, navegamos cómodos sobre la línea de flotación.
Y no porque los mares estén calmos, precisamente. Los malos vientos amenazan desde todos los rincones y no ven la hora de convertirse en tormenta. Un tibio capitán ya estaría conduciendo este barco de acuerdo a los vericuetos de los insaciables o hubiera entregado el timón al mejor postor. Las metáforas marinas suelen producir mareos, pero resultan muy ilustrativas. Sobre todo cuando el rumbo es firme y en el horizonte se dibuja el luminoso destino.
Cuando las estrellas no nos pueden orientar, fabricamos nuestros propios satélites para facilitar la comunicación. Como el crecimiento de estos años necesita más energía, apostamos al autoabastecimiento aprovechando nuestro potencial y extendemos las redes eléctricas y gasíferas para garantizar el suministro. Como este Estado ofrece algo más que esponja y detergente, retornaron mil científicos para destinar sus conocimientos al desarrollo nacional. Como este proyecto busca incluir a todos, redistribuye a través del trabajo, la educación, la vivienda y la salud. Como necesitamos construir un imaginario colectivo, la producción televisiva y cinematográfica ha crecido como nunca con contenidos más federales y creativos. Como continuar con esta enumeración puede resultar agotador, tanto para el lector como el autor, sólo resta apelar a la síntesis. A pesar del riesgoso efecto que están produciendo las tretas agoreras, estos diez años han sido insólitos. En un sentido más que bueno, por supuesto.
“Esta fue la década del crecimiento –explicó CFK, después de inaugurar nuevas obras y entregar 500 viviendas en San Juan- Ahora tiene que venir la década del desarrollo”. Fiel a su estilo, dictó una frase para un póster con su foto como fondo: “hoy tenemos futuro porque hemos construido durante la última década este presente”. Y no es para menos: el último reporte económico del Banco de Desarrollo para América Latina (CAF) indica que Argentina lidera el promedio de generación de empleo en la región. Lo más importante es que casi el 70 por ciento de los ocupados trabajan en emprendimientos con menos de nueve empleados. Esto significa que las grandes empresas y los oligopolios alimenticios no sólo ocupan poca mano de obra sino que producen distorsiones en los precios para incrementar sus ganancias. Un nuevo escollo para salvar. De acuerdo a este informe, en nuestro país, “se destinan recursos relevantes a programas dirigidos a formar redes y facilitar el encuentro entre individuos con distintas destrezas”, lo que incentiva nuevos emprendimientos.
Un Estado presente para conquistar la equidad tantas veces prometida, aunque para eso deba domesticar a los grandotes que quieren quedarse con todo. Lograr ese objetivo necesita fortaleza y mucho compromiso, tanto en el timonel como en los tripulantes. Y todo seguirá muy bien, salvo que los pasajeros enloquezcan y empiecen a saltar en la cubierta. Un peligro, no sólo por los mareos, sino por el riesgo de dañar el casco.

miércoles, 2 de octubre de 2013

La amenaza de un sueño interrumpido



Candidatos que sólo ofrecen el pasado
Por fin arranca el último tramo de este año electoral. Mientras los analistas pronostican pocos cambios, los ciudadanos aspiramos a más. Lo contrario sería injusto. Y no es exagerado decirlo: este gobierno no apeló a los recursos habituales para sacarnos del fango. El proyecto K rompió con muchos moldes y todavía puede dar más sorpresas. Que los candidatos del FPV logren superar los números de las PASO puede cerrar la boca de más de uno. Bocas cargadas de falsedades, que expelen los peores alientos y quieren vernos nuevamente de rodillas. Triste abandonar este sueño a mitad de camino. Lamentable elegir un país normal cuando con la anormalidad de estos años hemos logrado tanto. Anormalidad que no significa otra cosa más que conquistar el bienestar de la mayoría. Abandonar la anomalía del kirchnerismo significaría volver a nuestros años más oscuros. Mentira que no pasa nada si el oficialismo nacional no conquista una victoria contundente. Ya lo vimos no hace mucho cuando las minorías opositoras se pegotearon en el Grupo A para destruir lo que todavía no estaba construido. Desde las usinas de estiércol están dispuestos a someter a CFK a las angurrias del Poder Fáctico. Y si pisotean a La Presidenta, ¿qué nos espera a los de a pie?
No es exagerado decir que estos diez años han sido únicos. Desde el retorno a la democracia, no hemos vivido nada igual. Por eso están tan desesperados y se regocijan con la posibilidad de un triunfo. El éxito de sus artimañas puede significar un tropiezo insalvable. Parece mentira que con tan poco consigan interrumpir este proyecto. Apelar a la memoria, la conciencia y la solidaridad puede resultar redundante. Una mano en el corazón tal vez logre ayudar en el cuarto oscuro. Si el caos virtual que inventan a diario desde los medios consigue opacar el brillo de la realidad cotidiana, significa que no hemos aprendido demasiado. Si a los argentinos nos preocupa más el enojo de los poderosos que el bienestar de la mayoría, nuestra historia será una calesita eterna. Un disco sin fin que repite la misma canción de decepciones y caídas con algunas esporádicas ficciones de bienestar. No podemos ser tan reiterativos, más aún cuando hemos comprobado que con poco esfuerzo conquistamos mucha dignidad.
Y recuperamos autoestima. ¿O queremos volver a aquellos tiempos en que creíamos ser lo peor del mundo o que nos avergonzaba un poco reconocer nuestra ciudadanía en el extranjero, donde nos recordaban sólo por nuestros fracasos? ¿Extrañamos en serio aquel país que tenía a Ezeiza como única salida o el del último que apague la luz? ¿Añoramos estar horas y horas haciendo cola para conseguir un puesto mal pagado o una visa para huir a Europa? ¿O queremos volver a estremecernos con el panorama de la muchedumbre revolviendo un contenedor para encontrar algo que comer?
Y si la memoria falla, nuestro pasado está presente en el convulsionado Primer Mundo. Muchos de los países que antes nos parecían horizontes, ahora se asemejan a nuestro punto de partida. Al infierno del que salimos, para ser más claros. Españoles, griegos, italianos padecen las carencias más elementales por una fiesta que jamás disfrutaron. Gobiernos que ajustan y recortan para contentar a los insaciables, sin importar que los sufrientes sean los ciudadanos. El desempleo como un número y no como la historia de una familia condenada a la angustia de no poder subsistir. Y la malaria se contagia a otras regiones, mientras los carroñeros del neoliberalismo multiplican sus fortunas.
Y cruza el charco y desembarca en las tierras donde se engendró a esta bestia aborrecible. Aunque los millones de anónimos no tengan nada que ver, por fin el Imperio padece las consecuencias de la voracidad de unos pocos. Desde la llegada de Ronald Reagan a la presidencia, allá por 1980, las leyes comenzaron a favorecer el enriquecimiento de las minorías con un sistema económico cuyas ganancias se obtienen más en la virtualidad que en la producción. Esa atrocidad está en crisis en su propia cuna y el país más poderoso del mundo se encuentra al borde de la quiebra. Y mientras en el Sur haya gobiernos decididos a gobernar en beneficio de sus ciudadanos, nada nos puede salpicar.
Pero la tentación es muy grande y los cipayos abundan en todas las latitudes. Seres viles que por unas caricias en el lomo son capaces de entregar la soberanía de sus propios países, que se presentan como candidatos portadores de lo nuevo o salvadores de las catástrofes que ellos se encargarán de producir. Los que, con la expresión más seria que pueden esbozar, ponderan la austeridad, exigen recortes y denuncian corrupción. La historia de siempre: cuando los recursos no van a parar a sus arcas, sino que se distribuye para alcanzar la equidad, denuncian corrupción, populismo o prácticas clientelares. Y ofrecen como remedio para una enfermedad que no padecemos el financiamiento externo, con el claro fin de trasladar la crisis del Norte a nuestras latitudes. Ya los conocemos por sus palabras, recitadas a lo largo del tiempo por innumerables ministros de economía. La austeridad para la mayoría significa el enriquecimiento de la minoría.
Muy triste abandonar este camino porque algunos distraídos se han dejado engañar por tretas tan recurrentes. Lamentable que algunos individuos quieran clausurar la redistribución una vez han alcanzado algo de bienestar, dejando al resto afuera. Personajes que creen pertenecer a una clase superior porque sus billeteras han engordado un poco. Ilusos que, por andar montados en un 0km se identifican con los que no ven la hora de recuperar el control. Pacatos que prefieren la malévola sonrisa del explotador mientras cuenta sus lingotes antes que la franca alegría de los millones que viven con dignidad.
Unas semanas nos separan de ese momento crucial. Un paso en falso y todo lo logrado en esta década se convertirá, otra vez, en un buen recuerdo. Una pena, justo cuando comenzábamos a disfrutarlo.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...