viernes, 9 de enero de 2015

Los comediantes después del drama



Cuando la muerte se convierte en herramienta, estamos en serios problemas. El asesinato de periodistas, dibujantes y policías en la redacción de la revista Charlie Hebdo seguramente será aprovechado para reprimir, segregar y controlar a todo el mundo. La extrema derecha sabe cómo dominar el planeta y transformar en negocio las peores tragedias. El capitalismo global fabrica armas, conflictos y reconstrucción y en los tres rubros genera fortunas. La libertad de expresión y el ensañamiento de las sátiras publicadas por ese medio no tienen que ver con la violencia del atentado. Los que apretaron el gatillo buscaron una excusa para ejecutar una venganza o provocar a la civilización con la que están enemistados. ¿La reacción sería la misma si los muertos fueran albañiles o jardineros? A partir de ahora, presidentes y ministros reforzarán controles y alentarán expulsiones para simular una solución. Tal vez, un alocado mandatario desplegará su prepotencia imperial con algunos bombardeos no tripulados. En el medio estarán siempre las víctimas que, con nombre propio o como números voluminosos, no sólo están expuestas a perder su vida, sino que son vulnerables al uso espurio de su memoria.
En estas tierras, aunque parezca mentira, este hecho fue explotado por algunos sectores de la oposición descarnada para denostar al gobierno de CFK. Entre otros, el ex periodista Jorge Lanata abusó del artilugio de la comparación para acusar al Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, por limitar la libertad de expresión. Como si las críticas que el funcionario destina a las fábulas de los medios hegemónicos tuvieran el poder destructivo de las balas. Un absurdo que sólo un manipulado acrítico puede asimilar como concepto.
Como no podía ser de otra manera, el PRO, liderado por Mauricio Macri, encontró en esto un espacio para remozar el cuestionamiento a las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. En su comunicado, los amarillos no mencionan las explosiones en la AMIA y la Embajada de Israel; sólo se les ocurrió homologar el atentado con la dictadura, que no tiene nada que ver con lo ocurrido. El final del escueto texto realiza una forzada alusión a la violencia de los setenta: “los argentinos tenemos que recordar que supimos vivir enfrentamientos fratricidas que han quedado sepultados en el pasado y que allí deberán quedar por siempre”. Llamar ‘enfrentamientos fratricidas’ al terrorismo de Estado es no encontrar los límites del cinismo, además de la arbitraria analogía. ¿Qué relación guarda que tres tipos disparen sus ametralladoras al plantel de una revista con militares de las tres armas reprimiendo, secuestrando, torturando y despareciendo al pueblo que debían proteger? Y esto para no hablar de los bombardeos del ’55, único caso en la historia del mundo contemporáneo. La desmemoria del final, no sólo es hiriente, sino que contradice lo que dicta nuestra Constitución y muchas leyes que impiden que ese oscuro pasado se repita. Esto no es pensar distinto, sino intentar frenar los procesos judiciales que, con mucha lentitud, intentan condenar a los responsables civiles del genocidio. De paso, pegarle a Cristina con los argumentos más flojos que puedan encontrarse.
Una escuela carroñera
Porque a eso es a lo que más acostumbrados estamos. Pase lo que pase, la patota K tiene la culpa. Tanta desesperación hay entre los dueños del Poder Fáctico que ya no saben qué hacer para recuperar el control del país. Hasta se presentan como paradigma de la transparencia y paladines de la equidad. Ni ellos se lo creen. Si el allanamiento judicial que se realizó en la sede central del HSBC los dejó helados, porque todos sus chanchullos de fuga y evasión quedarán expuestos ante la opinión pública. Tanto como eso no, porque se encargaron de minimizar el hecho con la torpeza de siempre. “En distintos portales de noticias a nivel internacional se observa un gran impacto y una gran cobertura –destacó Capitanich en su conferencia del jueves- mientras que en la Argentina se advierten altos niveles de ocultamiento en los principales medios de comunicación”. Como este tema no les conviene, prefieren juguetear con lo de la libertad de expresión y apelar a analogías alocadas.
O arrojar sus pestilentes bombas de estiércol hacia cualquier blanco, a toda hora y sin descanso dominical. Todo es válido a la hora de sembrar confusión en la sociedad. Los datos y las estadísticas son como la arcilla en sus creativas manos y pueden modelar los más aterradores esperpentos. Además, hacen escuela porque sus malintencionados procedimientos son adoptados por otros sectores. En estos días, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, CAME, anunció que las ventas en los comercios minoristas cayeron el 6,5 por ciento el año pasado, a pesar de que la mayoría de los sectores que la integran afirman lo contrario. En un intento de explicar el fenómeno, los expertos de la CAME atribuyen esta disminución a la reducción del poder adquisitivo de los salarios. Pero no se atreven a mencionar el porqué de esa reducción. Si no hubo recortes en los haberes, el poder adquisitivo se malogra por el desquiciado aumento de los precios. Y ellos son los que colocan esos vistosos numeritos en los productos. Un poco más de claridad: denuncian un problema del que ellos son –al menos, en gran parte- responsables. Como cuando los grandes representantes de la industria pontifican la necesidad de inversiones, mientras amontonan divisas debajo del colchón.
Los políticos de la oposición también demuestran ser aplicados seguidores de sus técnicas estercoleras. Cuando recitan una consigna sin brindar datos ni argumentos, están demostrando lo eficaz de la lección. Cuando se comportan como quejosos derrotados antes de que empiece el juego, están absorbiendo parte de la desesperación de esa minoría destructiva. Cuando, a pesar de declamar por el respeto a las instituciones, apelan a prácticas deslegitimadoras, se están mimetizando con esa impronta destituyente.
Por último, un sector cada vez más minoritario del público bebe del veneno mediático como si fuera sabiduría. En el colectivo, en la cola de un súper o en la sala de espera del dentista encontramos al despotricador cotidiano: ese individuo en permanente estado de irritación cuya única razón de ser es la queja. Esos impresentables que encuentran lo malo hasta en las cosas más bellas, manchas en la más pura limpieza. Pesimistas irremediables que se niegan a la más exigua sonrisa.
Tanto han aprendido del maestro mediático que hasta explotan la muerte de un niño para desgastar la imagen de La Presidenta. Por la web circuló la foto de Néstor Femenia, el chico qom que murió por un cuadro de tuberculosis y desnutrición. Nada dicen los comprometidos cibernautas de la dedicación de los médicos que atendieron el mal durante más de tres meses ni la resistencia de los padres al tratamiento. El que tomó la imagen se preocupó por el cartel que, en un primer plano, reza: “Amada Cristina, piedad”. Tanto aprendieron que hasta absorbieron el cinismo: utilizan una foto para dar por tierra con el único proyecto en más de cuarenta años que se ha dedicado a disminuir la desigualdad, a pesar de la resistencia de los que accionaron el obturador de la cámara. Y al pie de la imagen, la peor burla: el Néstor que no tendrá estatua. Ese puñado de individuos se graduará con honores en la putrefacta escuela que los medios hegemónicos dirigen, porque ya están a punto de perder el corazón. Eso pasa cuando la muerte deja de ser dolor para transformarse en treta politiquera. Acá y en cualquier rincón del planeta.

miércoles, 7 de enero de 2015

Bocaditos y tarteletas en la cena del caníbal



Las críticas del oficialismo a la presencia de Daniel Scioli en la inauguración del Espacio Clarín en Mar del Plata –con imitación de Cristina incluida- tienen dos claves de lectura: como advertencia o como condena. El vice Gabriel Mariotto, después de manifestar sorpresa y dolor por este gesto del precandidato, concluyó que “el problema de ir a la casa de los caníbales es que uno puede ser la cena”. Pero ser devorado por la bestia no es lo más grave, sino que haya asistido siguiendo un impulso de individuo farandulero. Una satisfacción personal –acompañar a Carlín Calvo o al Muñeco Mateyco- que puede ser fatal para el espacio al que dice pertenecer. Nada le reportaba políticamente mostrarse en ese espacio, sino todo lo contrario. Los caceroleros lo tomarían como un gesto oportunista de cara a las elecciones y los kirchneristas como una traición, como una afrenta, como una profunda contradicción. Conciliador como siempre, explicó que concurre a todos los lugares a donde lo invitan, algo poco criterioso para alguien que aspira a la presidencia. Todavía no entiende que el futuro no depende de acciones individuales, sino de un tránsito colectivo y solidario.
Minimizar este incidente, es no comprender la dimensión del símbolo. Con su impulso amigable puede provocar una fractura, una tensión innecesaria en este año crucial. Al actuar como individuo, no sólo desató las críticas de los demás candidatos kirchneristas, sino que alimentó las fantasías carroñeras sobre el fin de ciclo. Ahora que no se queje si recibe palos de todos lados, porque no fue ingenua su decisión. Pero tampoco productiva, aunque sirve para delinear un proyecto. Lo sintetizó el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich el lunes por la mañana: "o están con los grupos mediáticos que conspiran contra los intereses del país o están con este proyecto político que ha transformado a la Argentina”. Por si no queda claro: Clarín no es sólo un diario y Scioli debería ser mucho más que un individuo. Pasar una tarde cordial en esa cueva es una manera de avalar su insistencia destituyente.
Tampoco fue un acto institucional de trascendencia, pero es la conjunción de muchas cosas lo que le aporta gravedad. Con su cómoda sonrisa, aporta legitimidad a una empresa que gambetea desde hace cinco años el cumplimiento de una ley. Y esto no es un detalle, sino una cuestión de fondo. Casi como legitimar la resistencia del Grupo. Casi dar entidad a las fábulas que difunde por todos sus medios. Casi estar de su lado y acordar con su ideario destructivo. Tan delicada la situación que plantea este incidente, que casi cruzó la grieta para acomodarse en el lado más oscuro. Si no pensó en estas cosas antes de asistir, no es un digno continuador de este sendero. Si pensó en todo esto, no debería haber asistido. Y si lo hizo y a pesar de eso asistió, deberá tomarse como un sinceramiento de su postura. Tarde advertirá que no es el dueño de los votos y que fuera del kirchnerismo, sólo podrá disputar con Massa o Macri los porotos caceroleros.
Blanco sobre naranja
Difícil creer que Scioli no encuentre en la tapa de los medios hegemónicos la malsana intención de terminar con todo. Si no le molesta la tergiversación permanente, el bombardeo constante a cada una de las decisiones del Gobierno Nacional, las acusaciones infundadas para descafeinar la política o las operaciones de prensa disfrazadas de informaciones objetivas es porque está embalsamado. ¿Cómo no se va a incomodar por el ataque despiadado a todo lo que él afirma representar y promete continuar? ¿Cómo no va a sentirse ofendido por el ninguneo de los logros? ¿Cómo puede permanecer inmune al desprecio hacia la felicidad de la mayoría?
Más aún cuando la provincia que él gobierna es la más beneficiada por el movimiento turístico hacia la costa. Si está convencido de que este proyecto iniciado en 2003 transformó para bien el país, ¿cómo puede presentar su sonrisa complaciente a los que quieren retrotraernos a los peores momentos de nuestra historia? Si tanto le interesan las fotos, podría echar un vistazo a las que mostraban las playas vacías en las temporadas veraniegas de principios de siglo y compararlas con las de ahora, repletas de turistas. ¿Cómo puede mirar los ojos de los que inventan informes sobre las pérdidas de la aerolínea de bandera, cuando cubre casi todas las plazas hacia destinos nacionales e internacionales, a pesar de la crisis y el cepo cambiario?
A esta altura de las cosas, no es exagerado asegurar que conciliar con Clarín significa ser complaciente con el sistema que proponen: el de la desigualdad sin límites; el del dominio absoluto del peor mercado; el del saqueo a nuestros bienes para engrosar cuentas en el extranjero. Por eso ocultan los avances, exageran los errores y tratan de instalar a los candidatos más serviles. Si algún lector distraído todavía no ha comprendido plenamente la idea, vale una síntesis: Clarín es la oficina de prensa y centro de operaciones de los grandes empresarios que quieren volver a gobernar la Argentina. Y no tienen derecho a hacer eso porque no se someten a la voluntad popular. Desde mediados del siglo pasado hasta los primeros años de éste lograron canalizar sus apetencias con golpes de Estado y presidentes títeres. Con el Infame Riojano alcanzaron el éxtasis, porque encontraron en él un mayordomo cómplice de la peor calaña. Pero en los últimos años, la historia cambió.
Con la llegada de Néstor Kirchner, comenzamos a comprender que ese poder que parece imbatible dificulta nuestra vida. Con Cristina Fernández, el camino se profundizó y la resistencia, por su parte, recrudeció hasta niveles temibles. Quien coincida con esta impronta, no puede sonreír en la madriguera, porque la conquista de derechos depende de limar esos privilegios. El crecimiento de nuestro país está condicionado por la contención de estos sectores antagónicos con cualquier objetivo colectivo.
Las explicaciones que brindó el Gobernador Naranja parecen más caprichosas excusas que motivos valederos. Esto sugiere que, de alcanzar la presidencia, continuará desplegando estos desconcertantes gestos. Dolorosos y contradictorios, también. El compromiso de continuidad de este proyecto no admite las sonrisas con los que nos desean lo peor, porque genera confusión en la sociedad. Los integrantes de ese Grupo son los que mienten, conspiran, manipulan y desgastan. Ellos no piensan distinto, sólo están en contra. Ellos no quieren un bienestar compartido, sino privilegios de uso exclusivo. Ellos no apuntan a la construcción de un país libre, justo y soberano, sino a la conformación de una colonia sometida y desigual. El menor gesto de simpatía puede hacernos perder lo que hemos recuperado en estos años. Y todo por una tonta foto veraniega en un momento tan crítico.

lunes, 5 de enero de 2015

Una historieta con perros, caballos y camellos



Desde el primer día del año, Rufo volvió a ser un nombre de perro y no una cláusula para amenazar nuestro futuro. En junio pasado, analistas mediáticos y políticos aconsejaban al Gobierno que lo mejor era ceder a las presiones de los fondos especulativos internacionales, conocidos familiarmente como buitres. Los caranchos, acólitos y sirvientes locales llamaban ‘negociar’ a lo que en realidad era poner la cabeza para recibir el hachazo. Si el equipo económico ofrecía algo más de lo que recibía el 92,7 por ciento de los bonistas, la re-estructuración de la deuda se hubiera desmoronado y nuestra vida se hubiese transformado, otra vez, en un infierno. Hermosos consejos dan esos muchachos. Hay que recordar estos hechos cada tanto, para que nunca más volvamos a prestarles atención. Y también formaron parte de los malos consejeros algunos políticos de la oposición, como Macri, Massa, Binner y Sanz, que recomendaban obediencia absoluta al fallo del juez imperial Thomas Griesa. Esto deberá incorporarse a nuestra memoria para saber los riesgos que correremos si se nos ocurre votarlos. Como muchas otras veces, estos personajes operaron en contra de nuestros intereses y, si los elegimos, nada nos curará el masoquismo.
Pero parece que nada de esto pasará. De acuerdo a una reciente encuesta realizada por Roberto Bacman, de la consultora CEOP, la posición argentina frente al conflicto con los buitres tiene la aprobación del 55,7 por ciento de los entrevistados. Como fácilmente se puede deducir, esa mayoría no votará por alguien que proponga lo contrario. Y si este año no tenemos contratiempos, se sumarán muchos más a esta valoración positiva de la defensa de nuestros bienes.
Siguiendo este estudio, a pesar de las catástrofes anunciadas en titulares y editoriales de los medios desalentadores, casi el 43 por ciento de los consultados afirma que su situación económica personal fue mejor que la de 2013. Apenas un 22,8 por ciento se dejó llevar por los malintencionados pasquines hegemónicos y considera que el año que acaba de terminar fue peor que el anterior. Esta franja de individuos, que no llega a la cuarta parte, ve todo de acuerdo al cristal de los medios que consume y, por tanto, todo ha estado, está y estará absolutamente mal mientras el kirchnerismo nos gobierne. Caceroleros incurables con los que nos encontramos a diario. Seres irritados e irascibles que despotrican sin argumentos ni datos, sólo guiados por un desprecio incontenible y visceral.
Las coloridas olas de la política
Entonces, gracias a la posición sobre el tema de la deuda, podemos descartar a cuatro candidatos: Macri, Massa, Binner y Sanz. Aunque los dos últimos se descartan solos, nunca está de más integrarlos a este grupete. El senador Ernesto Sanz afirma a los cuatro vientos que quiere sumarse de cualquier manera a Mauricio Macri, a pesar de que gran parte de los radicales se opone a esa pérdida de identidad ideológica. Otros integrantes del mismo partido se quieren integrar al otro candidato del establishment, Sergio Massa, lo que también representa una pérdida. El ex gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, en cambio, seguirá menguando en soledad gracias a las incoherencias que farfulla ante cada micrófono que encuentra.
Ahora bien: dentro del oficialismo hay un pre candidato que se está esforzando mucho para ser descartado. El gobernador Daniel Scioli está abandonando la tibieza tantas veces cuestionada en estos Apuntes, aunque no de una manera prometedora. Para empezar, en febrero de 2013, el ex motonauta compartió una cena con el ex vicepresidente Julio Cobos, una foto vergonzante para quien se dice kirchnerista. Cobos representa la traición hacia el primer gobierno de Cristina por la posición tomada respecto a la resolución 125. Y no sólo votó en contra de un proyecto oficial, sino que se sumó a todos los que querían voltear a La Presidenta en ese angustiante 2008. ¿Tan agradable será un asado con Cobos que a Scioli no le importó nada de todo esto?
No basta con nombrar a CFK cada tanto ni recordar a Kirchner con inexistente emoción. Tampoco alcanzan las declaraciones de apoyo a las medidas gubernamentales si los gestos las contradicen. La ola naranja que propone se parece cada vez más al merchandising amarillo del Alcalde porteño, Mauricio Macri. Sombrillas, ojotas, gorras y toallones con estos tonos están muy lejos de cualquier definición política. O sí: esa parafernalia colorida busca engañar al electorado para descargar un palazo neoliberal. En los locales cítricos que Scioli inauguró no aparece ninguna mención al FPV ni a Cristina. Ni siquiera una foto de Kirchner adorna esas brillantes paredes.
Pero no se inquieten, que hay más. Y tal vez, lo más doloroso. En el umbral del verano, el gobernador que se dice kirchnerista asistió sonriente a la inauguración del Espacio Clarín en Mar del Plata. ¿Acaso no sabe que cualquier sonrisa hacia el enemigo puede significar la rendición? ¿No le hace ruido participar de un acto convocado por el Grupo que desde hace cinco años burla una ley dictada por el Congreso? ¿O no advierte que esos medios abusan de su hegemonía para desgastar a la mandataria que él dice apoyar? ¿O no sospecha que sus coqueteos con Fátima Florez, la actriz que imita a CFK en el programa de Lanata, pueden ofender a sus posibles votantes?
Estos pasos de Daniel Scioli generan más dudas que certezas. A los gritos, está enviando una señal, aunque no queda claro hacia quién. Nadie podría afirmar si es un neoliberal disfrazado de kirchnerista o un kirchnerista disfrazado de neoliberal. Algunos lo comparan con el mítico caballo de Troya, un regalo con sorpresas peligrosas. ¿Quién se llevará tan desagradable sorpresa? ¿Los que esperan de él la continuidad de este proyecto o los que desean una ruptura?
Ante cada episodio de estas características, Scioli apela a la excusa de la búsqueda del diálogo y el consenso. Esta falacia puede encantar a un porción de los votantes, pero de ninguna manera agrada a los que simpatizan con la impronta inaugurada por Néstor y continuada por Cristina. No hay posibilidad de diálogo con los poderosos, porque sólo están acostumbrados a dictar órdenes. Tampoco se puede alcanzar con ellos un consenso, porque están habituados a la obediencia. Esto lo sabe cualquier político, aunque pocos comprendan su verdadera dimensión. O sí, pero les importa un comino.
¿Enviará esta señal hacia Cristina, para que lo corone como único candidato, con la amenaza de cruzarse de vereda a último momento? ¿O ya sabe que sus méritos no son los necesarios para continuar tamaña misión y se está auto-descartando con un engendro opo-oficialista? Muchas dudas para un año crucial. Mientras los Reyes Magos preparan los obsequios que colmarán nuestros zapatitos y los cargan sobre los camellos, nosotros ocupamos nuestras cabezas con estas divagaciones. Y si los míticos personajes observaban el cielo buscando una estrella que los guíe, estamos a la espera de que el inescrutable rostro del Gobernador se ilumine con el brillo de la K, la letra que nos ha sacado del pantano y oriente sus futuros pasos hacia un camino colectivo.

viernes, 2 de enero de 2015

La aburridísima calesita de la Justicia



Después de brindar, repartir abrazos y desear felicidades hacia todas las latitudes y en diferentes idiomas, es momento de enfrentar la primera página en blanco de este nuevo año. Tan en blanco, no, porque algunos manchones quedan del que acabamos de abandonar. Uno de los desafíos que tenemos por delante es sanear en serio nuestro sistema judicial. Un poco más eficiente, más ágil y, sobre todo, más justo. Lo de ‘poco’ aparece para adaptar a dimensiones humanas tamaña misión. Ya no quedan dudas de que es el único poder del Estado que no ha sido alcanzado plenamente por la transformación democrática que hemos tenido en estos años. Cuando los jueces no están para resguardar los intereses de la mayoría, sino para proteger los privilegios de una minoría avarienta y destructiva, nuestros derechos están en peligro.
Menos mal que no son todos, sino algunos los que se resisten a los nuevos vientos que están soplando en Argentina. Si unos cuantos magistrados logran frenar la voluntad de las urnas, están vulnerando gravemente las instituciones. Y esto no quiere decir que los jueces deban obedecer al presidente de turno, pero tampoco significa que pisoteen las leyes para servir a los popes del Círculo Rojo. Ellos no dictan las normas: sólo deben aplicarlas. Esa es la única obediencia que da sentido a su cargo. Y si no están capacitados o tienen miedo de enfrentarse a los poderosos, la puerta de salida estará siempre abierta. Eso sí: los que deseen continuar con la sumisión o la complicidad con los que se creen dueños del país, que después no se quejen si los sacamos a los empujones.
En estos últimos años, se ha puesto en evidencia que la sanción de una ley no implica una modificación instantánea del asunto que trata. El más claro ejemplo lo podemos encontrar en las dificultades del Gobierno Nacional para desarmar la posición dominante en los medios de comunicación heredada de los noventa. Si la Dictadura había regalado a los diarios Clarín y La Nación el monopolio de la fabricación y distribución del papel prensa, el menemato otorgó en bandeja de plata la expansión hacia radio y TV. A través de sumisos decretos, el Infame Riojano anuló las restricciones dispuestas por la norma del auto-nominado Proceso. En 2009, el Congreso sancionó con indiscutible mayoría –sólo unos pocos representantes del Pueblo se opusieron- pero aún no se ha podido aplicar en su totalidad por el escudo perpetrado por algunos integrantes de la familia judicial. Jamás habíamos presenciado semejante entramado de connivencia para resistir los mecanismos constitucionales de una iniciativa gubernamental.
Una madeja cada vez más enredada
Después de algunas dilaciones, idas y venidas, la cosa comenzó a encaminarse a finales de 2013, con el fallo de constitucionalidad de la Corte Suprema de Justicia. En una audiencia pública, con los flojísimos argumentos presentados por los abogados del Grupo Clarín, la sociedad pudo comprender que no estaba en juego la libertad de expresión sino la intención de dominarlo todo. La mega-empresa decidió agachar un poco la cabeza y presentó un plan de adecuación: la división del monstruo en seis monstruitos fue aceptada por el AFSCA, la autoridad de aplicación.
El nuevo conflicto se desencadenó cuando los funcionarios detectaron sociedades cruzadas entre los futuros propietarios de cada unidad, en un intento de burlar lo dispuesto por la ley. En casos así, se debe recurrir a la adecuación de oficio, que era lo que buscaban los empresarios del Grupo para poder erigirse en víctimas de una dictadura despiadada. Una provocación más para colmar nuestra paciencia. Entonces, el día después de armar el arbolito, el juez Horacio Alfonso dictó una medida cautelar que prolonga los privilegios de Clarín por seis meses. Y los integrantes de la Corte Suprema de Justicia, en lugar de cuestionar a un magistrado que desoye un fallo de constitucionalidad, avalaron la cautelar por un problema de formas en la confección del pedido de per saltum. Estimados Supremos: ocupan ese lugar para velar por la constitucionalidad de las normas y su aplicación, no para hacer correcciones lingüísticas. Más aún en un tema tan debatido por la sociedad en foros federales y cuando la discusión por la regulación del sistema de medios está recorriendo la región. Esta es la puerta giratoria que tanto se denuncia desde los medios del Grupo. Más que puerta giratoria, parece una calesita aburridísima.
Por eso, este año será apasionante. No hay lugar para la indiferencia ni los lugares comunes. Si alguien protesta o se lamenta porque hay que votar varias veces, habría que recordarle que durante muchos años no podíamos votar ni siquiera una. Si alguien comenta por la calle que son todos iguales, habría que recomendarle que escuche atentamente a los postulantes y si no encuentra diferencias, debería revisar sus oídos. Si alguien menciona la necesidad de la alternancia, habría que explicarle que ésa es la súplica en formato teórico de los que saben que nunca ganarán. Y, por último, para no saturar con el recurso, si alguno despliega un catálogo de denuncias periodísticas, habría que advertirle que, a finales del siglo pasado, los que prometían transparencia nos hundieron como nunca. También, que los que denuncian a través de sus sicarios mediáticos tienen las manos más sucias que los denunciados.
Una vez más, la campaña electoral permitirá visualizar la posición de los candidatos respecto a las transformaciones que son imprescindibles. El manoseo con la LSCA y la actitud corporativa de los jueces puede aparecer como tema testigo. Los que reciten generalidades relacionadas con la libertad de expresión y la división de poderes tienen en mente enfriar la aplicación de la ley para prolongar la prepotencia empresarial. Y hasta pueden intentar derogarla o al menos modificarla a la medida de las pretensiones de Clarín. Eso significaría un retorno a los tiempos en que las corporaciones gobernaban el país al ritmo de sus apetencias, cuando el presidente sólo gerenciaba el país, en lugar de gobernarlo.
En cambio, cuando el candidato asegure que se va a aplicar la ley en su totalidad es porque quiere seguir por este rumbo, algo muy auspicioso para concretar el sueño del país equitativo. Afrontar los conflictos es la mejor promesa que podemos escuchar. El kirchnerismo enamora más por sus disputas que por sus consensos con los poderosos. El candidato ideal del oficialismo será aquél que se presente como un antihéroe decidido a combatir las desigualdades, aún sabiendo que tiene todas las de perder.
Regresar al peor pasado o avanzar unos cuantos casilleros es lo que estará en juego en las presidenciales: un negocio para unos pocos individuos o un país para el beneficio de todos. De esto nos ocuparemos durante este año, que promete ser glorioso: de reconocer las diferencias y convertirlas en un verdadero poder democrático.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...