lunes, 14 de noviembre de 2016

El Día de la Mentira



A un año del debate presidencial –en donde Macri realizó una síntesis de las promesas que no pensaba cumplir- no son pocas las señales de alarma. Recesión económica, malestar social y temor por el futuro son las principales claves para abordar el presente. Prepotencia, inexperiencia y angurria son las explicaciones más comunes para esta crisis fabricada por el gobierno amarillo. También insensibilidad, aunque Macri intente lagrimear con todas sus fuerzas mientras habla de la pobreza en una entrevista televisiva, después de haber manifestado su intención de ser reelegido y, a la vez, fantasear con su retiro en el extranjero. Todo en una toma. Bastante cinismo: el Jefe de Gabinete, Marcos Peña asegura que la trascendencia de la candidatura de CFK en las elecciones legislativas es mínima, aunque no saben qué hacer para sacársela de encima. Y bastante torpeza: el senador del PRO y ex presidente por medio día, Federico Pinedo reclama un aumento en su dieta de 84 mil pesos porque la Revolución de la Alegría ha deteriorado su poder adquisitivo. Contradicciones y absurdos de un Gran Equipo que afirma que todo va bien aunque sus premoniciones sobre el segundo semestre quedarán para una dimensión paralela. A un año ya del famoso debate, una parte importante de los argentinos descubrimos la estafa y no sabemos cómo advertir al resto que el iceberg se aproxima para una colisión histórica.
Después de todo esto y de haber pifiado con el futuro presidente de EEUU, los PRO responden como mejor saben: con el clásico timbreo. Aunque sólo unos pocos hechizados creen en la veracidad de esa puesta en escena, esta vez no avisaron a la prensa en qué zonas efectuarían sus sorpresivas visitas preparadas. En la anterior pantomima, hasta en los medios apologistas se filtraron algunas escenas de impaciencia y quejas de vecinos adeptos un poco decepcionados. El control del simulacro debe ser absoluto: ya no alcanza con la tensa simpatía y la sorpresa fingida de un ama de casa de verdad; ya no convence ubicar pasajeros alquilados en un viaje de mentira; ya no engaña poner falsos alumnos en un acto escolar y vestir con mameluco a un actor desconocido para que haga de obrero. La vida real no armoniza con el amarillo PRO y es por eso que cada vez más deben apelar a la ficción de una escenografía para simular proximidad.
Analogía entre líderes
Los actos públicos en soledad de Macri resultan tan patéticos como sus prolíficos chistes de ocasión. Las vallas de protección no son necesarias porque ni los que quieren descargar su bronca se acercan. Los primeros planos abundan en las coberturas mediáticas oficiales porque las panorámicas demostrarían una desolación apocalíptica. Una postal un poco extraña para un gobierno que aún no ha cumplido un año y que obtuvo el 51 por ciento de los votos. El entusiasmo del cambio se está desinflando como un globo antes de la fiestita.
Pese a que reniega de las muchedumbres, le gustaría ser aclamado por una plaza colmada de fervientes seguidores. A duras penas logró llenar hasta la pirámide el día de su asunción, con un público más interesado en sus contoneos cumbieros que en su discurso no político. Los cacerolazos multifacéticos y la Marcha de los Paraguas no cuentan como convocatorias de su exclusivo liderazgo porque sin el fogoneo de los medios no hubieran sido posibles. Cuando se cumplieron los primeros cien días de su gobierno, los voluntarios amarillos salieron a las calles para festejar y eran tan pocos que terminaron el jolgorio en una pizzería. Si están preparando alguna celebración para el primer aniversario lo tendrán que hacer en privado con invitados selectos y algunos extras porque de multitudes ni hablar.
Las comparaciones son odiosas, dicen los que salen desfavorecidos con ellas. A pesar de las demonizaciones y las acusaciones caprichosas de los jueces comprometidos con la persecución, Cristina sigue convocando multitudes. El jueves pasado estuvo en el acto de inauguración de la carrera de Economía en la Universidad Arturo Jauretche, uno de los 17 centros de estudio creados durante sus mandatos. La localidad de Florencio Varela nunca había visto tanta gente junta. Ante el mar de corazones que poblaba las calles, La Presidenta advirtió que el modelo del Cambio “nos hace más vulnerables a los vendavales económicos externos”. Por si no se entiende, la indiscriminada apertura comercial y el brutal endeudamiento externo no contribuirán al desarrollo y, por ende, a la generación de empleo.
Encima, esta ceocracia -negada por el empre-funcionario Mario Quintana- ha bombardeado el consumo desde el inicio de su gestión para realizar una descomunal transferencia de recursos a las empresas. Con excusas banales y clasistas el Gran Equipo ha reducido con la devaluación, la quita de retenciones y los despidos lo que hasta hace un año era el verdadero motor del desarrollo: el consumo popular. Si el poder adquisitivo del senador Pinedo está en dificultades, no es un desafío imaginar las que debe afrontar un asalariado promedio que percibe la décima parte. Y si la inflación, potenciada por la inexperiencia o la crueldad de las fuerzas gobernantes, produjo en poco tiempo la mayor recesión de que se tenga memoria, siguen por ese camino al cancelar la tarjeta Argenta, la manera que tenían los jubilados para brindarse ciertos bienes con créditos blandos. Brutos o malos. O las dos cosas, lo que sería peor.
No es la primera vez que lo dice. Cuando CFK abre la boca es para que los escuchas graben a fuego sus palabras. No apela a recitados escritos por publicistas o guionistas de ficción ni a amorosas frases de ocasión más propias de un pastor o un gurú. “El libremercado no existe –sintetizó Cristina- La economía la dirige el Estado siempre, lo único que cambia es que lo puede hacer a favor de las mayorías o manejado por las corporaciones”. La segunda opción fue la elegida por la ceocracia de Mauricio Macri, por eso sus principales decisiones apuntan a multiplicar las ganancias de las grandes empresas. Un ejemplo reciente es la condonación de la deuda que los distribuidores de electricidad tenían con Camesa, la mayorista estatal. ¿Cuántos jardines de infantes se podrían construir con esos 20 mil millones de pesos que perdona Macri para beneficiar a muchos de sus amigotes?
Si el empresidente hubiera dicho en campaña que el tarifazo que Scioli denunciaba se convertiría en realidad, ¿cuántos votantes lo habrían acompañado? ¿Por qué no pronunció en el famoso debate alguna de esas frases condenatorias del consumo popular? ¿Por qué eso de “los sectores medios adquirían más de lo que les correspondía” no estuvo presente en ninguno de los spot de campaña? Todos los candidatos prometían respetar al que piensa distinto y una vez que asumieron de sus bocas salió lo de la grasa militante y los vagos del Estado. Todos lagrimeaban y estrangulaban la voz cuando se comprometían a unir a los argentinos y están dividiendo el país como en los peores tiempos. Todos se comprometían a respetar las instituciones pero los decretazos y la obediencia judicial, parlamentaria y sindical son el pan de cada día. La represión y la cárcel son las respuestas para el que ose desafiar este insólito camino hacia la desigualdad.
El gobierno de Macri es una estafa que se ejecutó con muchos actores: políticos, jueces, fiscales y periodistas. El debate del que se cumple un año es la síntesis perfecta de esa burla. Mientras los medios cómplices perpetúan el engaño con un blindaje obsceno, diputados y senadores garantizan la gobernanza de un Equipo que está muy lejos de ser el mejor. En la calle, el descontento crece y las víctimas se multiplican. La luz al final del túnel está cada vez más lejos y más parece un incendio que un luminoso paraíso. Los engañados, por ahora, guardan un doloroso silencio.

jueves, 10 de noviembre de 2016

El súper Kinder presidencial



La sorpresa de la semana –o tal vez del año- fue el triunfo de Donald Trump como presidente de EEUU. Algunos exagerados se atreven a extender su alcance a toda la década sin tener en cuenta la llegada de Macri a La Rosada ni todas las cosas que podrían suceder en los cuatro años que faltan para que termine. Otros manifiestan su preocupación por lo que ocurrirá en el planeta si las grandes ideas del republicano se convierten en realidad. Todavía no asumió y ya está provocando miedo. Quizá ladre más de lo que muerde. Al revés de Obama, que se presentó como un tierno cachorro merecedor de un Nobel de la Paz y terminó siendo casi igual a los cancerberos anteriores. No hay que asustarse porque Trump sea presidente. Quizá lo mejor para construir la paz de este planeta sea que la cara del Imperio se muestre al natural, sin la máscara de un afroamericano ni el seductor maquillaje de una mujer.
Lo que nadie pone en duda es su cualidad sorpresiva. Que un multimillonario anti político, bestial, poco ilustrado, xenófobo, homofóbico y machista haya conquistado la presidencia de un país parece ser un hecho insólito. Sin embargo, los argentinos somos unos adelantados. Encima, Macri y Trump fueron socios en un fracaso inmobiliario y hasta trabaron un simulacro de amistad. Que nuestro empresidente haya volcado sus preferencias por Hilary Clinton puede ser una pantomima o una pieza más de su colección de yerros internacionales. La torpeza diplomática con Gran Bretaña, la derrota de Malcorra como candidata a presidir la ONU y la victoria del No en Colombia son las primeras estatuillas conquistadas en un territorio no fabulado por Clarín o La Nación. Dar por segura la victoria de Hilary es una más o una muestra de la mala estrella de Macri que malogra todo lo que toca. Un poco yeta,  para ser sintético.
Tanto afecta al mundo la elección del presidente en EEUU que concentró la atención de millones de pantallas. Si tanto interesa, todos los habitantes de este planeta deberíamos participar en ella, sobre todo los que reciben sus bombas, padecen la succión de sus corporaciones y sufren las conspiraciones de los embajadores imperiales. El triunfo de Trump puede ser el traspié de un pueblo distraído o la irresponsabilidad de regalar un sable a un orangután enloquecido. Sus ideas económicas pueden significar la caída de muchos países obsecuentes o la posibilidad de rediseñar la estrategia para que resurja el espíritu intra regional. Si el magnate coronado como presidente decide abordar un plan proteccionista y tienta el retorno de las empresas repartidas en todas las latitudes, la lluvia de dólares que tanto esperamos en estas tierras no será posible. El pico de Donald espantó a muchos y quizá se sumen otros más cuando empiece a mostrar sus uñas.     
Entre allá y acá
En nuestro país, desde hace casi un año estamos padeciendo las consecuencias de un personaje como Trump. Algunos pueden decir que la comparación es apresurada y hasta caprichosa: el norteamericano es proteccionista y Macri, aperturista; el primero es profundamente nacionalista y nuestro Trump es globalizado; uno es abiertamente racista y el otro disimula un poco; uno es exuberante y el otro es opaco; Trump despierta protestas antes de asumir y Macri tuvo que esperar unos días. En estos tópicos son muy diferentes pero en lo que coinciden es en el tinte demagógico de sus discursos, aunque uno sea más verborrágico que el otro. Ambos dicen lo que el otro desea escuchar, a pesar de que no coincida con lo que piensan ni con lo que pretenden hacer. La experiencia argentina debería haber servido para que los ciudadanos del Norte pensaran más su voto, pero la desinformación y el ombliguismo no son sólo vicios nuestros.
Esto no significa que Hilary Clinton fuese la más adecuada. Eso es relativo. Los analistas dicen que Hilary representa, esencialmente, al establishment financiero y armamentista; en cambio, consideran que Trump es anti sistema. ¿Qué querrá decir eso, que es socialista? Anti capitalista, seguro no es. Quizá lo que queda de su campaña es la promesa del tan famoso muro en la frontera con México. Idea inaceptable, como si fuese la primera vez que se construye un muro separatista. Los castillos tan admirados en Europa estaban rodeados por muros que todavía persisten en algunas ciudades. La Gran Muralla no fue construida como atractivo turístico sino para evitar invasiones. Los fuertes conquistadores se protegían con empalizadas y las bases militares del Imperio se resguardan con alambradas electrificadas. Berlín estuvo dividida durante casi tres décadas e Israel se apropia de territorios jordanos con el Muro de la Vergüenza.
Entonces, no debería sorprender que la idea de Trump para evitar el ingreso de los indeseables sudacas haya conquistado la voluntad de los estadounidenses. Construir la idea de las migraciones como problema no es una forma novedosa de atraer votantes, pero sigue resultando efectiva. Culpar al otro por los problemas propios es una estrategia recurrente de mediocres y malvados que acceden al poder. Refugiados y migrantes son las víctimas y no los victimarios en un sistema despiadado. Con o sin cemento, el Capitalismo vive construyendo muros para protegerse de los millones que excluye. Por eso, aunque Macri nunca haya hablado de muros, siempre ha manifestado su desprecio por los que deben migrar para que su vida sea menos miserable. Y un coro de apologistas sigue el juego de excluir aún en contra de lo establecido por nuestra Constitución.
Ni Trump ni Macri son anti sistema sino que son sus privilegiados exponentes. Con disfraces diferentes, han burlado la democracia para sincerar la ecuación. Con ellos, el Poder Económico gobernará a su antojo, desnaturalizando las instituciones representativas y cooptando a las supra democráticas, como jueces, militares y espías. Si el FBI acosó a Hilary durante la campaña con denuncias que no se convirtieron en causas judiciales, los Servicios de Inteligencia vernáculos nutren al chiquitaje político y a los jueces carroñeros para condenar a los K al ostracismo. Si no lo logran con Hotesur, lo intentan con el dólar futuro; si no pueden convertir la absurda denuncia de Nisman en delito, tratan de acusar a Cristina de homicidio.
Aunque los medios de Clarín intentaron demonizar una vez más al kirchnerismo igualándolo con el enredado ideario de Trump, los hechos se encargarán de descolocarlos. Cómo será el mundo con este personaje como líder resulta difícil de predecir. Mejor, no. Eso seguro. Lo que pasará fronteras adentro del país del Norte es asunto de ellos. Lo que pase de este lado del muro que todavía no se ha construido sí es nuestra responsabilidad.
Esa enorme muralla que algunos toman como humillación en realidad, debería aliviarnos. Por fin estaremos protegidos de esos salvajes que cada tanto se les da por invadir, bombardear y saquear. Más que como una pared separatista, deberíamos considerarla como una jaula que contiene a la bestias mientras el Sur elabora una sincera y arcana cohesión que nos permita construir nuestros países a la medida de sus ciudadanos. Y si el Gran Equipo decide continuar con la sumisión endeudando, desindustrializando y sometiendo al país a intereses mezquinos, debemos estar preparados para torcer el rumbo.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Danza entre las llamas



Macri baila en Córdoba. Eso sí, a pedido del público infantil que lo rodeaba. Otra vez niños arengados para un momento de demagogia. Eso es populismo: que un presidente baile mientras todas sus medidas sumergen al país en una crisis histórica. Macri baila mientras los números indican el declive inevitable al que nos conduce el Gran Equipo. “No me arrepiento de este amor” cantaba Gilda desde el más allá que se materializaba en los parlantes. La canción que mejor baila. ¿De qué amor no se arrepiente Macri? ¿Amor a qué? ¿Al que demuestra en sus decisiones? ¿A las mentiras con las que ganó o a las que sigue diciendo? ¿Al votante que se dejó engatusar con el amoroso discurso del paraíso amarillo? ¿A los que siguen esperando que un mezquino goteo aminore los golpes de la succión del presente? Macri hace lo que mejor sabe: continuar con el personaje construido por el marketing. Lo que hay detrás del disfraz era conocido por muchos y amado por algunos. Si conquistó la mayoría fue porque el resto creyó en el disfraz y ni se preocupó por espiar lo que se ocultaba. Ahora que lo están conociendo, no piensan más en bailes.
Algunos sí se arrepienten y otros encuentran en las pantallas apologistas la justificación de su voto. Los rostros que desfilan en los canales muestran el alivio que se siente al salir del régimen, el enojo que genera la corrupción K y la alegría que producirá la luz que nos espera al final del túnel. Las voces amigas de la tele se deleitan cuando narran los episodios del culebrón de Cristina y sus secuaces. Periodistas tan independientes que hasta llegan a aplaudir cuando un fiscal juega de arqueólogo o un juez imputa a un ex funcionario a partir de las denuncias de un programa dominguero. Tan comprometidos con la verdad y la transparencia que se montan de un salto a esta disparatada persecución de delitos inexistentes. Estos personajes lograron instalar el absurdo “se llevaron todo” como explicación a los descalabros que el televidente padece. Ellos hicieron posible el sueño de Macri y la felicidad que expresa con sus palmípedos pasos. El espectador mira, sonríe, se enoja, se ilusiona, protesta, pero ya no baila como su presidente.
Si él baila y los demás no, algo raro ocurre. Cristina también bailó en muchos de sus actos, pero el desempleo iba a la baja, la industria crecía, el consumo asombraba y gran parte del pueblo bailaba junto a Ella, feliz. Ella bailaba porque había logros colectivos y porque cada día estábamos mejor. Macri baila sólo acompañado por aquellos que pueden comprar champagne francés, autos importados sin aranceles y dólares sin rendir cuentas de dónde han sacado el dinero. Macri y unos pocos bailan porque han eliminado los impuestos a la riqueza y las retenciones ya son un mal recuerdo. Ellos bailan porque han puesto a uno de los suyos al frente de la UIF y pueden lavar y evadir lo que quieran. Por eso baila Macri, porque está a punto de cumplir el sueño de entregar el país, aunque eso provoque pesadillas en gran parte de sus gobernados. Su baile es nuestra pesadilla.  
En busca de un motivo
Macri baila porque Gerardo Morales no piensa liberar a Milagro Sala, a pesar de lo que reclaman la ONU y otros organismos internacionales. O tal vez la amenaza que recibieron tres militantes de la agrupación Tupac Amaru sea la música que inspira sus danzarines pasos. Quizá la obediencia ciega de la justicia independiente hace que su felicidad desborde. Tal vez el ritmo que marcan las botas de las fuerzas de seguridad -destinadas más a repartir palos entre los militantes que a proteger a los ciudadanos- haga mover sus pies.
A lo mejor Macri baila porque logró que Miguel Ángel Pichetto se ubique a su derecha al hablar de la inmigración descontrolada. El senador que obtuvo su banca por el FPV se expresa ahora como un perfecto alumno de la escuela del PRO. Y como en muchos de los asistentes a las aulas amarillas, el desprecio emerge cuando suelta la lengua. Que diga “hay peruanos que trabajan que son buenos” es la forma positiva que enmascara la discriminación en el habla cotidiana, como el “tengo un amigo judío que es muy generoso”  o “la chica que limpia en casa vive en una villa y jamás me robó nada”. Macri baila porque de las filas de sus enemigos surgió alguien que piensa peor que él.
Si Macri baila porque la canasta básica se incrementó un tres por ciento en octubre y la inflación interanual supera el 47 estaríamos ante el extraño caso de un sujeto que festeja sus propios fracasos. Quizá el motivo del alborozo sea que sus medidas ocasionaron una pérdida en la capacidad de consumo de la población en un 6,6 por ciento. Ya sabemos que, en el ideario PRO, los sectores de ingresos medios y bajos sólo son merecedores de consumir lo esencial y que ya no compren ropa, dejen de comer afuera o no planeen vacaciones en el exterior produce cierta satisfacción por la exclusividad de clase. Mezquino motivo para bailar.
A lo mejor Macri baila porque se convirtió en el mandatario que más endeudó a un país en menos de un año de toda la historia. O porque el caso de los Panamá Papers no perjudicó su imagen como reclaman los investigadores que los revelaron. O porque la protección mediática lo mantiene tan inmaculado como un arcángel. O porque logró obtener una mayoría parlamentaria que no expresa la voluntad popular. O porque el incremento de la desocupación permitirá que el salario se convierta más en una dádiva que en una participación de la renta nacional. O porque podrá transformar el trabajo en un castigo por haber gozado de las mieles durante la Década Ganada.
Cuando un presidente baila en un acto es porque logra convertir en realidad sus promesas de campaña: distribuir felicidad entre sus gobernados. Si no es así, estamos en problemas. Sólo la locura o la burla pueden producir algo así. Ni una ni otra nos conducirá a un buen final. Para aliviar el tránsito por este oscuro túnel y en pos de alentar la esperanza, nada mejor que alterar un conocido refrán: el que baila último, baila mejor. Y por motivos más dignos y solidarios.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Una legitimación peligrosa



El Congreso cobró su centralidad en estos días, no tanto por sus genialidades legislativas sino por el incremento de sus dietas. Aunque fue una iniciativa de los presidentes de cada cámara, los miembros apoyaron por mayoría cobrar un 47 por ciento más. Sin encarar el asunto desde la tentadora no-política y evitando el extremo del que se vayan todos, un poco de vergüenza debieron sentir. Ante la indignación de la inasible opinión pública, dieron marcha atrás. En lo que no dudaron los senadores es en poner como obligatorio el debate presidencial, pero no pensaron en sanción alguna para el candidato que miente sólo para obtener el triunfo. Hoy deberían hablar de eso nuestros representantes en lugar de seguir brindando legitimidad a un gobierno que nos está conduciendo a una predecible catástrofe. A dos semanas de cumplirse un año del famoso debate entre Macri y Scioli, el ciudadano que aún duda de la estafa que estamos padeciendo debería comparar las afirmaciones del empresidente con las medidas que está tomando.
Ya se encargarán los usuarios de subir fragmentos a la web para compartir en las redes sociales. Macri prometía que no iba a devaluar ni endeudar el país, que no habría despidos ni importación desenfrenada, que continuaría el Fútbol Para Todos y la ciencia tendría todo el apoyo gubernamental, que no habría tarifazo y todo sería mejor. El Ingeniero presentó tópicos que no pensaba cumplir sólo para convencer a una parte del electorado. Para disimular los estragos producidos por sus propias medidas, Macri y los ceócratas inventaron la excusa de la pesada herencia, que permitió desmontar el modesto estado de bienestar que estábamos alcanzando. Para distraer la mirada sobre números que anticipan con claridad la hecatombe, periodistas y jueces invierten su tiempo en casos de corrupción inventados en las estercoleras de los medios hegemónicos. Todo pergeñado para responsabilizar a la gestión K de las penurias cotidianas, como si los millones de López o de Báez pudieran producir un agujero de tal magnitud.
La desproporción informativa es tal que el público cautivo conoce con lujo de detalles las fábulas que protagoniza Cristina, pero ignora sin vergüenza las chanchadas reales que se han cometido desde el 10 de diciembre. Desde disfrazar de funcionarios a gerentes consustanciados con sus empresas de origen hasta beneficiar familiares, amigos y contribuyentes a la campaña con sustanciosos negocios con el Estado. Si Lázaro Báez padece una discutible prisión preventiva por ocupar el puesto 34 en la lista de contratistas con un 0,4 por ciento del presupuesto, ¿qué habría que hacer con los ilustres apellidos ligados a Macri que están en cabeza de lista con un porcentaje mucho mayor? Si López está entre rejas por intentar esconder nueve millones de dólares, ¿dónde deberían estar el presidente y muchos de sus funcionarios por las empresas off shore con las que ocultaron diez veces más? Si la telenovela de Ciccone convirtió a Amado Boudou en un villano, ¿qué debería pasar con la vicepresidenta Michetti y las bolsas con dinero ilegal que robaron de su departamento?
El engaño continúa
Sin dudas, la protección mediática es lo que mantiene al Gran Equipo a salvo de la indignación masiva. Las tapas negativas de los principales matutinos sólo están destinadas a echar tierra a los K para que el pueblo no se vuelva a confundir. El resto, pura apología o noticias destinadas a la más perversa distracción. Que el gobernador de Jujuy declare “no voy a liberar a esa mujer” no es sólo una muestra de su afán vengativo, sino también de una inadecuada suma del poder. Pero como la figura de Milagro Sala fue construida mediáticamente con un afán odiador, una parte de la sociedad no se molesta por eso. La independencia inter poderes es menos importante que el castigo a los protagonistas del pasado reciente. Un movimiento que distribuye dignidad para los que menos tienen no es un buen ejemplo para el ajuste que se viene y por eso necesitan demostrar lo malo que es eso.
Tan distorsiva es la información que circula en los medios dominantes que muestran como un logro el incremento de un 24,4 por ciento interanual de los ingresos tributarios. Sin embargo, con una inflación cercana al 40 por ciento acumulado este dato revela una caída cercana al 15 por ciento en la actividad. Y aunque el ministro de Hacienda –antes de Economía- Alfonso Prat Gay se zambulla en antológicas incoherencias, no recibe ni una pizca de las demonizaciones de las que era blanco Axel Kicillof, con logros más notorios y un marco teórico notable. “Si uno se toma el trabajo de empezar a mirar las variaciones de manera desestacionalizada y mes a mes, que es un poco más complejo y más difícil de explicar, la conclusión es que la economía se está estabilizando, está cayendo menos si tomamos el promedio de los últimos meses”, se enredó Prat Gay. Cuando no se entiende lo que dicen estos funcionarios, cuando abordan una verborragia confusa es porque están mintiendo. No conforme con eso, continuó con su burla: “da toda la impresión de que la actividad dejó de caer, pero todavía es temprano para decir que se está recuperando. Dijimos que en la segunda mitad del año las cosas iban a mejorar”. Pero cada dato oficial desmiente cualquier mejora: el segundo semestre ya está por terminar y los brotes verdes son más de los dólares que se fugan que de una actividad que despierta.
Que Macri diga que “estamos empezando a tomar velocidad” es una muestra más de su intención manipuladora. Ni siquiera los analistas económicos del establishment son capaces de afirmar semejante sandez. O sí, pero no en el sentido que el empresidente nos quiere hacer creer. El daño que se ha producido en estos meses necesitará muchos años para su reparación. Sólo si consideramos el desaforado endeudamiento de casi 40 mil millones de dólares --que no ha servido más que para facilitar la fuga de divisas y atenuar el crecimiento del déficit- ya tenemos hipotecado nuestro futuro inmediato. La BBC destaca que este paso tan valorado por el Gran Equipo es como seguir cavando el pozo en el que estamos cayendo. Pero van por más porque el presupuesto del año próximo destina un 10 por ciento al pago de una deuda que no nos beneficiará en nada.
Lo que más sorprende es el consenso que está logrando en el Congreso. Como si diputados y senadores hubieran nacido ayer y jamás experimentaron el capitalismo más salvaje conocido como neoliberalismo. Incomprensible que una fuerza política que no tiene mayoría logre convertir engendros en leyes que sólo satisfacen intereses minoritarios. Después de padecer once meses la ceocracia amarilla siguen avalando el suicidio colectivo que significó el triunfo de Macri. Y, a pesar de las advertencias de técnicos, expertos y jueces quieren privatizar nuestra voluntad con los espejitos coloridos del voto electrónico. Si el año pasado engañaron al electorado con promesas que no pensaban cumplir, la implementación de esta iniciativa será la legalización de un fraude histórico. Ya deberíamos saberlo: nada de lo que propongan Macri y sus ceócratas puede ser fructuoso para la mayoría. Si algunos de nuestros representantes cayeron en la trampa, es hora de advertirles que éste no el camino para construir un país para todos.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...