viernes, 20 de marzo de 2015

Una historieta de engaños y desengaños



Patético que algunos operadores disfrazados de ciudadanos comprometidos sigan insistiendo con convertir en estatua a alguien que fue casi un tránsfuga. Y lo seguirá siendo porque si bien un muerto no puede defenderse, tampoco podrá revertir su funesta trayectoria. Un par de fotos fiesteras y algunos datos sobre su avidez bastan para desmoronar a ese personaje que trataron de presentar como ilustre. El fiscal rodeado de chicas conforma un cuadro que no debe tomarse a la ligera. Esas mujeres con poca ropa y poses provocativas no estaban así porque Nisman les caía bien, sino porque había plata de por medio. Un funcionario judicial que avala el comercio sexual –y esto sin moralinas- no le hace muy bien a la lucha contra la trata de personas. Si su accionar en la investigación del atentado a la AMIA hubiera aportado a su esclarecimiento, esas fotos serían una insignificancia de mal gusto. Pero en todo este tiempo sólo produjo la nada; en realidad, lo único que salió de su trabajo fue la insostenible denuncia contra la presidenta, el canciller y el diputado. Entonces, ¿qué están reivindicando del fiscal?
Como si conformaran un quinteto del mal humor, Nelson Castro, Santiago Kovadloff, Sergio Bergman, Laura Alonso y Patricia Bullrich trataron de emular el éxito del 18F sin obtener más resultado que una decadente parodia. Como si nada hubiera pasado en un mes, sus discursos apuntaron a lo mismo. O peor: falsedades, escaso público y casi nulo fervor. Un fracaso destituyente más. Sin temor al papelón, Kovadloff declaró estar ahí “para que la verdad no se convierta en un desaparecido más”. Tantos errores conceptuales y éticos en pocas palabras no hablan muy bien del filósofo del establishment. El periodista Nelson Castro, exhibió su obsecuencia al calificar la muerte de Nisman como magnicidio institucional, a tono con los exagerados intentos de Arroyo Salgado. Pero el más ridículo de los tres fue el rabino Bergman al advertir que “nos quieren meter miedo” y exultante, anunció que “el próximo 18 nos volveremos a ver”. Tal vez en un barcito de la zona, café de por medio. Las diputadas Bullrich y Alonso no abrieron la boca, para no convertir la parodia en una desopilante comedia.
 Si algo le faltaba a este episodio es la pretensión de continuidad histórica. En la soledad de la plaza Lavalle, ese medio centenar de manipulados forjó un colectivo con aspiraciones fundacionales: Memoria Nisman. Si ésta es la idea, que no se quejen cuando salgan a la luz más trapisondas de este oscuro personaje que consideran un héroe, más por necesidad que por veracidad. Esto demuestra una vez más que ya se sienten derrotados antes de ingresar a la cancha porque aferrarse a la estampita de Nisman sugiere desesperación.
Aventuras explosivas
Los que blanden a Nisman no son los únicos desesperados. El sábado pasado, los radicales debatieron acaloradamente, pero no sobre el proyecto de país que propondrían a la sociedad sino qué tabla de salvación elegirían para ocultar la decadencia de sus dirigentes: si al menguante Massa o al cínico Macri. Después de muchas horas de discusión, eligieron al que no tardó en demostrar que es la peor opción, no sólo para ellos, sino para el país en su conjunto. Los boinas blancas demostraron su justificado enojo en las calles, con recordatorios poco amistosos para los familiares de Ernesto Sanz. Si soñaba con una ovación de las multitudes, deberá esperar su próxima vida, porque en ésta sólo merecerá el repudio.
Encima, el Alcalde Amarillo comenzó a exhibir su desprecio triunfalista mucho antes de las PASO. No pudo esperar hasta agosto para demostrar su voluntad traicionera. Con su habitual descaro –que algunos confunden con sinceridad- Macri descartó la posibilidad de un gobierno de coalición, lo que significa que el que pierda en las primarias no conseguirá ni un miserable puestito. “Yo no voy a hacer un gobierno condicionado ni integrado de una manera forzada”, explicó en estos días. Si lo hubiese aclarado antes, la decisión de Gualeguaychú hubiera sido otra. Pero no, lo dijo después para que quede en claro su perfidia. “Acá vamos a competir y el que gana es el que va a conducir y a armar su gobierno y pedirá o no colaboración. Esos son los términos en los cuales lo hemos planteado”.
Sanz todavía tiene tiempo para deshacer este entuerto y sobran los motivos para intentarlo. Si no lo hace, el colectivo radical tendrá todo el derecho de condenarlo al ostracismo. Confusión o mentira es lo que el presidente de la UCR presentó como argumento en esa ardiente convención. “Macri entró en abierta contradicción con las palabras pronunciadas por Sanz para justificar una alianza con el PRO”, reprochó Ricardo Alfonsín. “No creo que los radicales acompañen a Macri para que los represente”, auguró Julio Cobos, el experto en traiciones.
Además de estas discusiones de cartel, ya comenzaron los chispazos ideológicos. Con mucha seguridad, el dirigente amarillo prometió que al día siguiente de asumir la presidencia liberará el dólar, como corresponde. El único que celebró esto fue Cavallo, un salvavidas de plomo para el macrismo. Ni sus asesores económicos avalaron tamaña bestialidad, que habilitaría la especulación, el vaciamiento y traería nefastas consecuencias para los más vulnerables. Cobos y Sanz salieron a cuestionar esta declaración, lo que evidencia que no coinciden en nada, salvo en derrotar al kirchnerismo.
Por si algo faltaba en este circo electoral, irrumpió en la pista la diputada Carrió. “La gente me pidió República –recordó- ahora guarda con lo que van a elegir”. Después de recomendar a los electores “que sean inteligentes”, amenazó con que, en caso de no resultar elegida, abandonará la política para siempre. Y para asegurar su victoria, comenzó a disparar dardos sobre sus recién estrenados aliados: “a diferencia de Macri o del radicalismo, yo no me financio con grandes empresarios”. Si este cóctel explosivo sobrevive hasta agosto, será un milagro de la no-política.
Más allá de lo divertido que puede ser este sainete electoral, hay que tener en cuenta los peligros que encierra. Sin tapujos, Macri promete ser un gerente de los empresarios que asistieron a su carísima cena de campaña. La libertad para el dólar no será en beneficio de la mayoría sino para la especulación de la minoría y las inversiones que asegura tendrán las características coloniales de los noventa, con restricción de los derechos laborales incluida. El Alcalde Amarillo es más peligroso que la mordedura de una serpiente. El histrionismo mediático de Carrió y la estructura nacional del partido centenario se han puesto al servicio de un enemigo del bienestar colectivo. Que se hagan cargo del monstruo que están potenciando por anti-kirchnerismo ciego. Una felonía de perniciosas consecuencias para el futuro de casi todos.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Espasmódicos pasos de baile



La alianza con el radicalismo trajo nuevos aires para el PRO. En pocas horas, Mauricio Macri recibió el respaldo judicial para usar las pistolas Taser y prometió que, ni bien asuma la presidencia, el dólar volverá a ser libre como una pájaro. O como un buitre, de acuerdo a sus apetencias y afinidades. También aseguró que eliminará las retenciones y el impuesto a las ganancias. Y todo esto sin tocar la AUH, el presupuesto educativo, la construcción de viviendas ni privatizar YPF, Aerolíneas y los fondos previsionales. Magia pura de quien tiene para exhibir bici-sendas y colectivos transformados en metro-bus. Más que magia, mucho maquillaje y demasiado cinismo. El Alcalde Amarillo está exultante y no ve la hora de comenzar a inflar los globitos para el festejo. Los radicales también están felices, aunque no tienen tantos motivos: han dejado que el candidato del establishment fagocite al centenario partido sólo para explotar su estructura de alcance nacional. Cuesta creer que estén tan contentos por haberse transformado en una especie de preservativo político.
Una sensación similar deben tener los productores afiliados a Federación Agraria que durante todos estos años rechazaron la segmentación de las retenciones para servir de comparsa a los grandes estancieros. Y no sólo eso: con su capacidad de movilización produjeron una crisis institucional histórica en aquellos tiempos de la 125. En esos aciagos meses de 2008, una inusitada virulencia sacudió al recién iniciado gobierno de CFK. Los medios hegemónicos contribuyeron a construir el artificial concepto del Campo para el consumo de las clases medias urbanas. Muchos encontraron la excusa para comenzar a oponerse en serio. Las rutas cortadas, las dificultades para la distribución de alimentos y los discursos destemplados ensancharon la brecha que comenzaba a vislumbrarse desde hacía un tiempo.
De un lado del conflicto, nació un nuevo actor social: el cacerolero, que sin comprender demasiado, se identificaba con los productores sojeros. El otro lado comenzó a nutrirse con ciudadanos que miraban con simpatía al kirchnerismo pero no al punto de calzarse la camiseta. Esos recién arribados al proyecto K tuvieron que aprender como en un curso acelerado todos los principios para poder defenderlos. Una pasión creciente fue el resultado de este conflicto, una consecuencia inesperada de esos intentos destituyentes.
Y los pequeños y medianos productores, por tozudez de su dirigencia, se pusieron del peor lado, del que menos les convenía. Una fábula instructiva para comprender que, en la alianza con los poderosos, los más débiles siempre terminan mal parados. Ahora que Eduardo Buzzi emprendió otro rumbo y después de muchos intentos, el Gobierno Nacional logró convencerlos para que abandonen la Mesa de Enlace que en nada los beneficiaba.    
La sutileza del ajedrez
“El Estado está para proteger a los más chicos, a los más débiles en todos los campos. En la agricultura también”, explicó Cristina por Cadena Nacional. Este anuncio significa que aquellos productores de granos que se ubiquen por debajo de las 700 toneladas recibirán la mitad de lo que contribuyeron con retenciones. Más de 46 mil chacareros, un 70 por ciento del total de productores, recibirán unos 2500 millones de pesos. Los grandotes, como siempre, con su mirada mezquina ven esa cifra como minúscula, sólo porque a ellos no les toca un centavo. Si esto no se concretó antes –vale reiterar- fue más por la resistencia de los dirigentes que por la negativa de las Autoridades Nacionales. Esta segmentación estaba incluida en el proyecto de ley que salió de la resolución 125 y después fue propuesta por el entonces ministro de Agricultura Julián Domínguez. Propuesta rechazada por Eduardo Buzzi sin siquiera leerla, más preocupado por agradar a los patrones y convertir en héroe a Julio Cobos que por beneficiar a sus representados.
A partir de esta medida, podremos distinguir entre productores y especuladores; los que contribuyen a nuestra riqueza de los que sólo están orientados por su desmedida angurria. Ahora sí podremos diseñar políticas para diversificar la producción agropecuaria y detener la sojización que está alterando nuestro territorio. Y, tal vez con desmedido entusiasmo, podremos comenzar a pensar la tierra como un bien colectivo y no como una parcela de explotación exclusiva de los que más tienen. Hasta podríamos tener en cuenta la posibilidad de controlar un poco más la exportación de nuestros productos.
Con este episodio, una vez más, la minoría queda del lado oscuro de la grieta, el bando de los que quieren retornar a las políticas de exclusión; ese manojo de individuos que sólo necesita un gerente que resguarde sus privilegios. En realidad, no necesitan buscar demasiado porque desde hace algunos años ya lo tienen elegido pero recién ahora está cobrando vigor. El Círculo Rojo decidió que su mejor apuesta es el candidato amarillo, aunque el naranja tampoco les parece del todo desechable. Sus integrantes lograron reeditar la vieja antinomia que atraviesa nuestra historia, aquella disyunción sarmientina que se recicla cada tanto: civilización-barbarie; unitarios-federales; conservadores-radicales; gorilas-peronistas. En los últimos años, esta dicotomía tomó muchas formas pero recientemente se reforzó la idea de República-kirchnerismo.
La extraña y explosiva alianza entre el radicalismo y el PRO tiene mucho de eso. El kirchnerismo es el bárbaro a erradicar para salvar la República, aunque para eso haya que apelar a la mescolanza que se decidió en Gualeguaychú. Cóctel indigesto que ya está empezando a mostrar sus fisuras. Macri –como indiscutible exponente clasista- hasta mira con desprecio a sus recientes aliados, como sirvientes a descartar en cuanto pierdan su funcionalidad. No hay diálogo ni consenso en esa amalgama, sólo un rejunte oportunista sin otro proyecto más que derrotar a un enemigo en común. Después, ¡qué importa del después! Con gente así, el después será el ayer. Ese ayer tan cercano que algunos parecen haber olvidado.

lunes, 16 de marzo de 2015

Nuevas provocaciones de los in- votables



Mientras la prístina y heroica imagen del fiscal Nisman se desmorona con cada nuevo dato, es difícil resistir la tentación de comenzar un nuevo apunte con las desventuras verbales del candidato a gobernador de Santa Fe por el PRO, Miguel del Sel. Desventuras verbales y atrocidades ideológicas que lo convierten en alguien in-votable en el actual contexto. Sin embargo, a pesar de todo esto más la poca capacidad de gobernanza que evidencia, parece que lidera las encuestas. Otro que parece mejorar sus números es Mauricio Macri, no por sus méritos sino por el blindaje que los medios hegemónicos despliegan día a día para esconder sus desastres. Encima, el radicalismo pisoteó las pocas banderas que quedaban para sacrificar su historia en el altar del neoliberalismo hecho carne. Pero el Pueblo tiene la posibilidad de descartar a estos funestos candidatos en las urnas. En lo que no tenemos incidencia es en la permanencia de los personajes que más obstaculizan toda transformación: los integrantes del Círculo Rojo y sus cómplices tribunalicios.
El hecho ya es conocido: un spot de campaña muestra a Del Sel tan misógino como de costumbre, con ese machismo despiadado que resulta a destiempo: los muchachos festejan con vino, asado y putas. Hermoso ejemplo para una sociedad que trata de erradicar la violencia de género y combatir la trata de personas. Las críticas llovieron y con mucha razón. En lugar de pedir disculpas, el humorista que pretende imitar a un político, se enojó con los periodistas. “Hoy tenemos mucho periodismo” –protestó- “hablan con un desparpajo, con una libertad”. Claro, prefiere un periodismo acólito que oculte sus travesuras y pondere sus futuros errores. En la presentación de su candidatura, apeló a todos sus prejuicios para conquistar seguidores. Uno de ellos fue el lugar común contra los docentes que no “van a dar clases” y se amparan en “reemplazos del reemplazo”. Y para coronar su injuriosa prédica, enumeró un listado de cosas que le molestan y entre ellas, destacó a aquellos trabajadores en “negro o desocupados que rechazan empleos formales para seguir gozando de los planes”. No todos tienen la suerte de llenarse de plata y escalar a una posición social importante haciendo estupideces sobre un escenario.
Pero su jefe político –por decir algo- fue más allá. Mauricio Macri no sólo se enredó con su lengua, sino con su conspirador accionar. A sus habituales visitas a la embajada norteamericana para llevar chismes y escuchar órdenes imperiales, se le suma la extraña carta que hizo llegar a la representación de China en nuestro país. En la misiva entregada por los diputados nacionales del PRO, Federico Pinedo y Pablo Tonelli, el Alcalde Amarillo presenta sus críticas al acuerdo alcanzado con Argentina como si ya fuera presidente y advirtió su inconstitucionalidad. El ministro de Planificación calificó como infame esta acción y recordó que Cavallo –quien manifestó su apoyo a Macri-  en los últimos años del gobierno del doctor Alfonsín hizo lo mismo recorriendo todos y cada uno de los organismos multilaterales de crédito para que Argentina fuera tratada como paria”.
¿Opositores o traidores?
Individuos como él no quieren el país con el que soñamos: operan para que Argentina sea una presa fácil para los buitres a los que sirven. El modelo que quieren restaurar es la pesadilla que ya hemos padecido en otros tiempos: ese miserable derrame que hace crecer el vaso y sólo deja escapar insignificantes gotitas. Cuarenta años atrás apelaron a otro golpe militar para instaurar a sangre y fuego su destructivo ideario. El último y más cruel intento para someternos a sus angurrias. Con tanta fuerza imprimieron su discurso que recién ahora nos estamos despojando de esos nocivos tatuajes. Sólo quedan algunos trazos que impiden escribir una historia nueva. Pero hay que insistir porque, lo que creíamos perenne está comenzando a borronearse.
A lo largo de todos estos años, convencieron a gran parte de la población sobre la eficiencia de lo privado por sobre lo público, que hay pobres porque quieren serlo, que la política es corrupta y que con los créditos adecuados podríamos estar en el Primer Mundo. Lemas muy difundidos que nos llevaron a la ruina a principios de este siglo. Ahora, como sólo unos pocos se abrazan a estos decadentes lugares comunes, el establishment recicla su utopía neoliberal con cáscaras vacías al estilo de “defender la República”, “fortalecer la independencia entre los poderes”, “respetar la libertad de expresión” y “erradicar los odios que nos dividen”. Todo esto significa, ni más ni menos, que nuestro país se está encaminando por un rumbo diferente al que Ellos desean. Y como eso no les gusta nada, apelan a todas las tretas para desviarnos de esta luminosa senda.
A pesar de los numerosos enroques y los disfraces que tratan de vestir, sus candidatos no miden como esperan. Lo que más temen –la continuidad del proyecto K- está más cerca que nunca. El fin de ciclo que anuncian desde hace tiempo sólo está en los titulares y en los alucinantes editoriales de sus plumas acólitas. En las calles, la sensación es otra. Por eso, la Justicia impoluta –otra de sus mentiras- sale a la cancha para jugar su mejor partido. La semana pasada, un manojo de jueces obedientes y cómplices pusieron toda su carne en el asador de la impunidad.
El primer beneficiado fue el empresario Vicente Massot, dueño del diario La Nueva Provincia, a quien le regalaron una falta de mérito en su complicidad con el terrorismo de Estado. El segundo fue Pedro Blaquier, de Ingenio Ledesma, involucrado en el secuestro de tres dirigentes sindicales apenas inaugurado el golpe y de 20 personas durante la Noche del Apagón unos meses después. Y sobre el fin de semana, el juez Julián Ercolini decidió no llamar a indagatoria a Héctor Magneto, Ernestina Herrera y Bartolomé Mitre por la apropiación de Papel Prensa, con secuestros y torturas. Si estos jueces no entienden que la construcción de un país más justo no incluye a empresarios que recurren al terror para incrementar su patrimonio o temen enfrentar a estos gerontes poderosos, que dejen lugar a otros, más lúcidos y más valientes. Si no lo hacen por su voluntad, lo haremos nosotros dentro de unos meses y no será de manera muy amigable. Para empezar, dentro de unos días escucharán nuestro grito, en un nuevo aniversario del golpe de Estado del ’76. Si ellos se resisten a cerrar las rejas detrás de estos canallas, que no nos acusen a nosotros por el tamaño de nuestra memoria.
Nuestro poder de voto no alcanza a jueces y empresarios, pero son estos personajes los que malogran nuestra vida y amenazan el futuro. Por ahora, siguen provocando para quebrarnos la paciencia. No se someten a las urnas y sin embargo, ostentan más poder que todos nosotros juntos. En unos meses elegiremos un nuevo presidente que deberá ser aquél que garantice sanear tanta podredumbre. Como dijo CFK en estos días: “piensen bien el voto: no se aceptan devoluciones”.

viernes, 13 de marzo de 2015

Insoportable convivencia con los peores cómplices



La sensación de Justicia duró pocas horas. Apenas alcanzó para dibujar alguna sonrisa. Ya sabemos: algunos jueces están consustanciados con el ideario de las corporaciones y otros, empuercan sus calzones con sólo pensar en levantar un dedo contra los poderosos. Miserables o cobardes, que cada uno elija dónde ubicarse, pero del lado de la Justicia, nunca. No bastaron los cuatro años que la causa ha pasado durmiendo en el despacho del juez Julián Ercolini ni los testimonios de las víctimas; ni los documentos del gobierno de facto ni los artículos periodísticos; ni la argumentación del fiscal Leonel Gómez Barbella, que considera que la compraventa de Papel Prensa fue una apropiación ilícita. Su Señoría está más interesada en averiguar el “precio histórico progresivo” de las acciones, una pericia contable que ya lleva más de un año y medio. Como si fuera más importante la cifra que la tortura y la extorsión que desplegaron sobre la familia Papaleo-Graiver.
Porque ése es el argumento con que el juez Ercolini rechazó el pedido de indagatoria por la apropiación de Papel Prensa a Héctor Magneto, Ernestina Herrera de Noble y Bartolomé Mitre con torturas de por medio. Como todavía no está “el peritaje de tasación histórica y contable” que demostraría el precio “vil o irrisorio”, las vejaciones y amenazas poco importan. El magistrado piensa en plata cuando debería enfocar su sapiencia hacia los derechos vulnerados. El delito de Lesa Humanidad no pasa por lo poco que pagaron por la empresa, sino porque forzaron su venta con las picanas del terrorismo de Estado. Pero lo más grave es que el juez sabe estas diferencias pero se hace el distraído. También sabe que convocar a indagatoria a estos personajes puede desatar la extorsión a la que apelan habitualmente estos grupos mafiosos y teme ser protagonista de los titulares.
No es atinado considerar las excusas a las que siempre recurre el Monopolio cuando algún gobierno intenta limar sus privilegios. Ya lo decía el emblemático dirigente radical César Jaroslavsky, “Clarín te ataca como partido político y se defiende con la libertad de expresión”. En esos tiempos, Clarín era sólo un diario, aunque el más poderoso gracias al control que tenía sobre el papel. Ahora es mucho más que eso: ataca como corporación y se defiende con un ejército de mercenarios mediáticos, políticos y judiciales. Ah, y con la libertad de expresión, también. La constante entre estos dos momentos es la defensa de intereses minoritarios y destructivos para el bienestar de la mayoría. El tamaño importa, pero pesan más sus malsanas intenciones. Nunca están en juego las garantías constitucionales cuando el objetivo es contener a una bestia antidemocrática. Si no detenemos al Grupo, terminará pasándonos por encima, como ha hecho siempre, porque detrás de Clarín están los más angurrientos. Y ya sabemos lo que ocurre cuando toman el control, cuando acomodan en el trono a gobernantes que operan al ritmo de su ilimitada avaricia.
Desafíos por venir
La agachada de Ercolini -y tantos otros- es una muestra más de una complicidad perniciosa. Nada de justicia hay en la decisión de esos jueces que, con sus fallos no hacen más que defender a los personajes más peligrosos. Ningún país justo puede construirse con una Justicia tan injusta. La concordia que muchos candidatos prometen no es una garantía para la equidad que tenemos como horizonte. Esa concordia tomará el formato de obediencia. Una vez más, La Presidenta interpela a aquellos ciudadanos que están insatisfechos, a pesar de que nuestra vida cotidiana ha cambiado sustancialmente en los últimos doce años. Una insatisfacción que es más mediática que experimental. Sin dudas, aquellas crisis que nos sacudían como trapo con piojos cada dos o tres años han quedado para la peor historia, por más que muchos cacareen que estamos peor que nunca.
No hay magia, sino proyecto. No hay recetas, sino construcción. Todo edificio se consolida en sus bases y es por eso que las medidas deben apuntar a mejorar la vida de los más vulnerables. En estos doce años, el proyecto K ha logrado disminuir la desigualdad de manera sustancial y si todas las medidas adoptadas no alcanzan los efectos deseados es por la resistencia de los que más tienen. Puro egoísmo de los que no soportan que otros disfruten. De esos que quieren vivir como en Finlandia con una carga fiscal insignificante. En esos países tan nórdicos –casi perfectos- los impuestos alcanzan casi un 50 por ciento de los ingresos. ¡Cuánto llorarían los miserables vernáculos ante contribuciones así!
Aunque no se note demasiado, estamos padeciendo un nuevo lockout de los estancieros. Cada tanto, debemos sobrellevar la exhibición de su potencial lacrimógeno. La misma pulsión de siempre: quieren más contribuyendo menos y encima reclaman compensaciones porque la especulación les salió mal. Pero esta vez, los acaudalados protestones no tuvieron la repercusión de otrora. Aunque el presidente de la Sociedad Rural, Luis Miguel Etchevehere, afirme que “el cese de comercialización ha sido contundente en toda la Argentina”, en el abastecimiento ni se notó. Si hasta hubo más movimiento que en otras ediciones de este patético circo. Para estos agotadores personajes –y unos cuantos más- Argentina ya ni siquiera es la CABA, sino apenas un canal de TV. Entonces, si sale en TN ya pasó en todo el país. Estos sectores que años atrás recibieron el apoyo de una clase media confundida, ahora no logran despertar ni una sonrisa de sus anteriores aliados.
El país que se viene ya ha comenzado hace rato. Por eso están tan desesperados los que quieren retomar las riendas. Sus intentos por desgastar la legitimidad de CFK cada vez tienen menos efecto. El candidato favorito del establishment se está convirtiendo en un imán para las peores alimañas y los oportunistas habituales. Mientras el radicalismo discute una alianza con el PRO que desdibujaría para siempre el ideario de este tradicional partido político, Domingo Cavallo pondera a Mauricio Macri como si fuera su mejor alumno. Y vaya si lo es, aunque trate de calzarse una camiseta nacional y popular. En verdad, suena bastante injusto que alguien como él tenga posibilidades de alcanzar la presidencia. No sólo injusto, sino ingrato. Pero no hay que asustarse: el Alcalde Amarillo es demasiado porteño para alcanzar todo el país y demasiado clasista para representarnos a todos.
Además, contra todos los deseos de la carroña criolla, Cristina gobierna como si recién empezara. La ampliación de la cobertura del plan Progresar, además del incremento del 50 por ciento de la asignación, permitirá que 1.280.000 jóvenes puedan continuar con sus estudios. Esto, además de lo que se hace día a día para garantizar la inclusión y el crecimiento de nuestra economía. “No hay manera de incluir socialmente si los que más tienen no contribuyen para los que menos tienen”, explicó La Presidenta en medio de estos anuncios. Y éste es el único camino, por más que los predicadores de la derrota afirmen lo contrario. Sin diálogo ni consenso porque “para hacer estas cosas muchas veces hay que decir que no, tener coraje y no agachar la cabeza ante los más poderosos”, aclaró la Primera Mandataria a mediados de semana. Alguna vez debemos entender que eso del país unido, sin grietas, avanzando todos en armonía por una ancha avenida no es más que el verso de los que nos quieren ver sometidos.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...