miércoles, 21 de octubre de 2015

La agonía y el éxtasis



A pocos días de las elecciones presidenciales, la resignación parece atravesar a los principales candidatos de la oposición. Con exangües fuerzas, tratan de arrebatar algún poroto para no quedar fuera del ranking. Patrañas que inspiran spots, promesas engañosas, súplicas conmovedoras, mutaciones inconcebibles. Mientras Margarita Stolbizer se burla de La Presidenta y no de sus propios datos, Macri ya no sabe de qué disfrazar su decadencia. Como en toda situación desesperada, dos denunciadoras seriales protagonizan un nuevo culebrón exprés con una lista de espiados de dudosa procedencia. La experiencia de Boca Jrs nos invita a ser prudentes: no hay que anticipar los festejos. Sin embargo, estos agónicos intentos de agitar el escenario sugieren un resultado que dará por tierra con las más alocadas hipótesis de las encuestadoras.
Patricia Bullrich y Laura Alonso son dos diputadas nacionales por el PRO que siempre están a disposición de cualquier libreto. No les importa mentir, insultar ni pisotear las instituciones: no logran trascendencia con su producción legislativa sino con su ductilidad cuando se encienden las luminarias. Esta vez, como la idea surgió de repente, tuvieron que vomitar todo de un tirón; como los tiempos no alcanzan, hicieron todo junto: en una misma tarde, presentaron la denuncia judicial –sin pruebas, como siempre- y a las pocas horas, la mediática, desmoronando cualquier medida sorpresiva en la investigación. Esta es la evidencia más contundente de que lo mediático es más importante que lo jurídico. La verdad no interesa, sino el impacto. Alguna vez, estos personajes deberían tener alguna sanción por malgastar los dineros públicos en acciones bufonescas. Y los que votan por ellas deberían sentir un poco de vergüenza por elegir tan mal a sus representantes.
Como en los viejos circos de varias pistas, la otra diputada del espectáculo, Elisa Carrió, reapareció para desorientar al público con asombrosos malabares que combina con sus inexistentes dotes de pitonisa. A sabiendas de la derrota, con una desopilante precisión anunció que en las elecciones del domingo “va a haber fraude del uno o dos por ciento”. Y como un salvavidas de plomo ante la inminencia del naufragio, llamó a votar la fórmula de Cambiemos porque “que no haya balotaje sería terrible para la Argentina”. Según su apocalíptica prédica, la derrota de la oposición “habilitaría al Gobierno a hacer peores cosas que las que hizo”. Según parece, muchos argentinos consideran que en estos años no se han hecho tan mal las cosas, sino todo lo contrario. Y, seguramente, quieren que este camino de recuperación de derechos continúe por siempre. Pero a la diputada no le importa la felicidad de la mayoría, sino la satisfacción mezquina de una minoría. Si provoca cierto alivio que el año próximo se jubile, asusta imaginar lo que pergeñará con tanto tiempo libre.
De la confusión al engaño
Un poco envalentonado por su éxito como predicador, Sergio Massa dejó de lado el voto útil para apelar al voto ayuda. Convencido de que podrá derrotar a Daniel Scioli, suplica al electorado que le permita acceder al balotaje. En verdad, los segundos están tan parejos que lamentan no haber formado una fórmula en conjunto. Soberbia y vedetismo que los dejarán a un costado del camino, maltrechos y lamiendo las heridas que se han provocado entre sí. De cualquier modo, si hubieran logrado esa alquimia tampoco llegarían muy lejos. El público se traga cualquier cosa pero el votante no come vidrio. Ni el infierno punitivo que promete el tigrense ni el paraíso neoliberal con inclusión social con que amenaza el Ingeniero podrá conquistar la mayoría. Y todo eso mezclado hubiera explotado a los pocos pasos. No les importa el futuro del país: tan sólo ganar las elecciones para hacernos perder a todos. De una vez por todas, hay que entenderlo.
Después de todos estos años de escenitas mediáticas y declaraciones destempladas, que Macri diga “no soy ni antikirchnerista ni nada” parece una burla descomunal. El desprecio de sus ojos cuando pronuncia el demonizado apellido es indisimulable. Tanto como la ignorancia que desborda a su compañera de fórmula, Gabriela Michetti, en cada tema que aborda con sus interminables balbuceos. “El domingo va a haber definitivamente ballotage –declaró en el barrio Los Piletones, la villa escenográfica preferida por los amarillos- Scioli no llega al 40 por ciento ni soñando porque no pudo sacar un voto más de las PASO”. El domingo va a haber elecciones y sus resultados anunciarán si es necesario el balotaje. Pero la segunda parte es peor: si Scioli no sacó un voto más después de las PASO es porque, desde entonces, no se sometió a elecciones. Michetti no entiende nada y pretende ser vice presidenta. Lo más grave es que, como muchos dirigentes de ese club de amigos con pretensiones políticas, traslada la propia confusión a sus propios electores y sólo así logran ser algo.
Esa mescolanza informativa atraviesa todo el arco opositor. Las fábulas mediáticas quedan tan impunes que alientan mentiras de otros sectores. Lejos de avergonzarse, las intercambian como si fueran figuritas repetidas y al final terminan creyéndolas. Después vienen las sorpresas. Tanto ocultar las trapisondas del macrismo que el impacto que produjo el Caso Niembro casi los deja fuera de carrera. Y aunque traten de ocultar las denuncias de los medios del interior que no han cobrado por publicidad lo que el Gobierno de la CABA anuncia, algo se filtra y la desconfianza se acrecienta.
Por eso, que las diputadas macristas denuncien un espionaje ficticio cuando su jefe político está procesado por uno de verdad las hace merecedoras del ostracismo. Y eso debería pasar con todos los candidatos que basan sus propuestas en las operaciones que hemos padecido en estos años. Así no se construye ningún futuro. Los números del domingo no deben dejar dudas de cuál es el camino que debemos seguir. Y el resto debe comprender cuál es el rol que debe cumplir una oposición responsable, independiente de las corporaciones que quieren gobernar sin que nadie las vote.

lunes, 19 de octubre de 2015

Cuatro candidatos en la cueva de IDEA



La semana pasada se realizó en Mar del Plata el 51° Coloquio de IDEA, un encuentro donde los principales empresarios escuchan el recetario que conocen de memoria para construir el paraíso neoliberal con el que siempre sueñan. Como un espectáculo porno para los más angurrientos. De acuerdo a los principios de esta institución, IDEA “contribuye al desarrollo productivo y competitivo de las empresas e instituciones para que la Argentina se integre al mundo moderno”. Sin embargo, han apoyado las medidas económicas más destructivas a lo largo de toda su historia y hasta han convocado al ejército cuando necesitaron limpiar sus empresas de trabajadores rebeldes. Por si fuera poco, muchos de sus integrantes nos endosaron sus deudas para que, con nuestro esfuerzo, contribuyamos a su crecimiento patrimonial. Ahora, como si formaran un tribunal divino, hicieron desfilar por su escenario a los principales candidatos presidenciales. Para no prolongar un suspenso inexistente, el único que despertó entusiastas aplausos fue Mauricio Macri, que entonó la melodía que mejor hace bailar al verdadero centro de poder de nuestro país.
Margarita Stolbizer también supo cosechar algunos tímidos aplausos de la amodorrada concurrencia. En un exceso de generosidad, los ricachones asistentes destinaron su valioso tiempo para escuchar una candidata que disputa el cuarto puesto y, aunque algunos ronquidos amenazaron con interrumpir su exposición, la diputada que invita a no votarla aportó al coloquio algunas de sus inconsistencias. Sólo sus reiteradas menciones a la corrupción evitaban que los párpados del público se cierren para una placentera siesta. Lo que despertó el aplauso fue una chicana con aroma a desprecio: la candidata de Progresistas, ante un foro organizado por los que más tienen, denostó la irrupción de “una nueva burguesía que creció al amparo de la obra pública y los sobreprecios”. Por si no lo sabe, ese sector al que acusa es el que más fortalece al mercado interno con la creación de puestos de trabajo. Si su objetivo es combatir la pobreza, serán estos pequeños emprendedores sus aliados y no los poderosos a los que trataba de seducir.
El que realizó un mayor despliegue de seducción fue el candidato de UNA, Sergio Massa, en su desesperado esfuerzo para alcanzar el lejano segundo lugar.  “A mí no me van a vacunar con el miedo –arrancó con su incomprensible tono de predicador- Porque el miedo es la forma que tiene el Gobierno de extorsionar a la gente”. Sólo él entenderá de qué habla, porque es el único candidato que amenaza con militarizar las villas, atacar las fronteras, derribar aviones y meter preso a todo el que se le cruce. Después de prometer que bajará los impuestos porque “la presión tributaria en el país es excesiva”, se comprometió a “fomentar juicios con cárcel contra los políticos corruptos”. De los empresarios fugadores, lavadores, especuladores y aumentadores no dijo nada. ¿De quién tendrá más miedo?
Un contrapunto esperado
Sin dudas, Macri es un personaje que, contra lo que muchos piensan, aporta bastante trabajo para la deconstrucción discursiva. La riqueza que deviene de esta labor saboriza una campaña que debería estar mejor condimentada. El Alcalde Amarillo comenzó su ponencia en el cierre de IDEA con una frase sugestiva: “estamos venciendo el desánimo”. ¿Cuál, el que inventan día a día sus protectores mediáticos o el de resignarse a que el próximo domingo deberá denunciar un nuevo fraude imaginario? Después de destacar la presencia de “todos en este evento”, soltó un chiste que incomodó a unos cuantos: “en otro momento la mayoría de ustedes estaría jugando al golf”. Hay de todo en esa frase, desde una confesión clasista hasta la insinuación de una epopeya.
Primero, los empresarios practican golf en un día laborable en lugar de estar atendiendo sus negocios, de acuerdo a la revelación realizada por alguien que también es empresario, aunque ahora esté jugando a ser político. ¿O será, como muchas veces hemos visto en las películas, que destinan esos espacios abiertos para arreglar sus negocios más espurios? En segundo lugar, esos abnegados patriotas abandonan su juego favorito para sumarse a una cruzada y escuchar la palabra del Mesías.
Un Mesías del Dios Mercado, portador de una magia divina que cotiza en bolsa, capaz de transformar la realidad con su sola presencia. “Estoy acá para invitarlos a ser parte de la gesta que comienza en diciembre”, trató de enamorar. Como parte de su sortilegio, enumeró los desafíos de su casi frustrado gobierno: pobreza cero, terminar con el “flagelo de la droga” –lugar común que insumiría mucho desarmar- y “unir a la población luego de muchos años de confrontación”. De acuerdo a su iluminada visión, a esto llegará con la independencia del Banco Central, la eliminación las retenciones y la liberación el dólar. Si la vida tuviera subtítulos, muchos advertirían que con esas medidas concretas no se lograrán los fines que se propone. Como no es así, Mauricio Macri se convierte en un paradigma del engaño. Sólo gracias a la magia de los medios, un personaje tan peligroso para nuestro futuro puede estar cerca de La Rosada. Por eso fue tan aplaudido en el coloquio de IDEA, porque promete poner en las garras de los más codiciosos las riquezas de nuestro país y rifar la soberanía al mejor postor. El procesado y multi denunciado alcalde se encargó del cierre de este encantador encuentro marplatense, como el final feliz de un cuento de hadas.
Pero el inicio de este coloquio no fue tan idílico. Como en los siete años anteriores, fue el gobernador Daniel Scioli el designado para dar la bienvenida a los grandes empresarios. Si en las otras ocasiones lo habían aplaudido, ahora sólo indiferencia y silencio cosechó el candidato oficialista. Tal vez se desilusionaron al escuchar que “la economía no necesita pasar por un camino de ajuste y megadevaluación de la moneda”. O porque piensa al Estado como promotor de “saltos de competitividad a través de la ampliación de la infraestructura, la inversión, la investigación y la innovación”. O porque, lejos de prometer el retorno del modelo del derrame pone como objetivo garantizar un vigoroso mercado interno, con la inclusión social permitiendo empujar de abajo para arriba”. Si en las otras ediciones, esos corazones blindados se emocionaban con aquel Scioli que pontificaba sobre la importancia del diálogo y el consenso, con el nuevo Scioli comprometido con el desarrollo con inclusión, se blindan aún más.
Tal vez tomaron las palabras del gobernador como una advertencia: habrá que trabajar para llenar las mochilas. Los otros candidatos se ofrecen como secretarios, custodios y gerentes de los organizadores del casting marplatense. Eso sí, el favorito será el que garantice que puedan engrosar sus arcas mientras juegan al golf en un día laborable.

sábado, 17 de octubre de 2015

Las promesas y su magia



El consumidor de spots de campaña debe saber diferenciar entre las promesas concretas, las generales y las abstractas. Construir un puente o impulsar una ley es una propuesta concreta; respetar la Constitución y la Justicia, combatir la corrupción o hacer cumplir las normas pueden incluirse en las segundas; y las abstractas dependen de la alocada creatividad del publicista: un abanico que abarca desde disminuir la pobreza hasta alcanzar la felicidad. El espectador siente que le están ofreciendo el universo entero con una sola palabra, como si el candidato fuese capaz de transformar una realidad con la mera pronunciación de una fórmula mágica. Hay muchas maneras de clasificar lo que el postulante nos ofrece a cambio de nuestro voto: realizables o irrealizables, consistentes o inconsistentes, coherentes o absurdas, inocentes o peligrosas, necesarias o intrascendentes, honestas o engañosas… En más de treinta años de democracia hemos aprendido mucho, pero además desarrollamos un olfato especial para detectar cuando nos quieren vender cualquier verdura.
Cuando Mauricio Macri prometió créditos para un millón de viviendas, las redes sociales explotaron de cálculos y bromas, desde los 50 mil millones de dólares necesarios para alcanzar esa meta hasta la confiabilidad de la promesa. Una especulación simple: nadie que se lo pasa denostando el gasto público va a destinar semejante suma para los que menos tienen, salvo que detrás de eso haya un negoción. Y un cálculo sencillo: si en ocho años de gobierno en la CABA sólo construyó 3000 viviendas, necesitaría 2500 años para llegar al millón. ¿No es que promete no eternizarse en el poder?
Para no ser menos, Sergio Massa redobló la apuesta durante el debate y sumó 200 mil a la suma original, como si pujara por los votos en una subasta. Como si Tigre, su distrito, fuese el paraíso de las viviendas sociales y del bienestar urbano. Un paraíso para los grandes negocios inmobiliarios que no sólo sirven para lavar los fondos del narcotráfico que tanto dice combatir, sino que ocupan los humedales que evitarían parte de las inundaciones de esa provincia.
Pero a no ilusionarse: Daniel Scioli también incluyó lo del millón de viviendas. ¿Por qué les atraerá tanto esa cifra? Un número mágico, quizá. Impactante, seguro. Increíble, también. La única diferencia con los anteriores postulantes es que Scioli pertenece a una fuerza política que sí se comprometió en la solución del problema habitacional. En estos doce años de gestión K se concretaron más de un millón de construcciones familiares. El Gobierno que más hizo desde el retorno a la democracia, a razón de 100 mil por año. Aunque exagerada, esta promesa de Scioli puede concretarse, al menos en parte, porque continuará con un compromiso que viene desde antes, a diferencia de sus contrincantes. Trayectoria, intenciones y posibilidades podrían ser los tópicos para evaluar cada propuesta de los candidatos.
Detrás de la fachada
Otras promesas inventarán sus propias categorías, algunas por innovadoras y otras por ridículas. De las primeras, casi ninguna. En esta campaña, al menos, son especies en extinción. De las segundas, tampoco abundan aunque hay dos que se destacan. La primera risible es la de no perseguir al que piensa distinto, en la que tanto hacen hincapié los postulantes amarillos. En principio, supone la existencia de algún artefacto de ciencia ficción que no sólo escanea los pensamientos de toda la población sino que detecta a aquellos sujetos cuyas lucubraciones escapan de los parámetros establecidos. Establecidos por Ellos, claro está. Después, presume un mecanismo para acosarlos como si fuesen reses escapadas para retornarlas a la manada. Encajarlos en el todo o la expulsión. Con recordar el famoso “vos sos bienvenido” de una campaña anterior basta para confirmar esta especulación. Pero ellos, a pesar de poseer este sofisticado sistema de control e higiene social, por pura bondad no lo usarán. Si no es así, no se entiende esta promesa.
La segunda es más incomprensible: eliminar la disyuntiva ‘o’. Con esta anulación lingüística se pretende superar la tan mentada desunión entre los argentinos y no dificultar nuestra comunicación cotidiana. La magia de los candidatos da para cualquier cosa. Tampoco está muy claro en qué circunstancias ven la desunión, ¿en hinchar por diferentes equipos o vivir en distintos lugares? Para ser modelo de país unido, ¿deberemos tener todos el mismo apellido o juntarnos, cada tanto, los cuarenta millones en un lugar equidistante a comer un asado o tomar un cafecito? En un país unido, ¿los grandes empresarios se alegran por pagar todos sus impuestos y no descargan los incrementos salariales en el precio de sus productos? En un país unido, ¿los especuladores se dedican a tareas más productivas, como alimentar palomas en las plazas?
En el país unido de Macri todo marchará sobre ruedas y no habrá desacuerdos porque la unión para la clase que él representa es la restitución de todos sus privilegios. En ese país unido no debe haber resistencia a las políticas de ajuste que impone el modelo del derrame. Sólo hablan de la unión cuando quieren obediencia. Eso es todo. Detrás de esa conmovedora promesa de unir a los argentinos se esconde la peor de las intenciones: someternos al discurso único de las grandes corporaciones y de los especuladores financieros.
La desunión, para ellos, es haber tomado un camino alternativo a las políticas de ajuste y endeudamiento que hemos padecido en el pasado; es la impronta redistributiva que recorre nuestras latitudes desde hace doce años; es el desarrollo integral desde la base de la pirámide social. No hay nada conmovedor en esas propuestas que pueden hacer lagrimear a algún desprevenido. Esas frases de posters camuflan las peores intenciones de los que nos fundieron en el pasado y ahora tienen muchas ganas de hacernos padecer la revancha. Por supuesto, haremos lo posible para que se queden con eso, sólo con las ganas.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Apunte setecientos. Los colonizadores del segundo puesto



Cada año ocurre lo mismo con el feriado del 12 de octubre. Aunque le cambien el nombre, siempre resultará incómodo y necesitará múltiples explicaciones. Algunos le siguen diciendo el Día de la Raza porque no comprenden o porque el nuevo es demasiado largo. Por imposición cultural o por desinformación. Mantener este feriado es como celebrar un funeral masivo a la distancia. No significa esto eliminar el rojo del almanaque en esta fecha pero podría fijarse el día anterior como el último de libertad de los Pueblos Originarios. Si el 12 fue el descubrimiento, el 11 podría ser el final del cubrimiento que protegía a los habitantes de estas tierras. O dejar los dos, como un contrapeso de Semana Santa, la huella más profunda dejada por esa invasión de 1492. Un paso del paraíso al infierno que viajaba en las carabelas. Aunque el trasfondo parece de luto, muchos lo toman como una jornada festiva y, como se traslada para conformar un fin de semana largo, siempre se aprovecha para escapadas turísticas.
Y este año no fue la excepción. Aunque Massa y Macri montaron un emocionante show, más de 900 mil argentinos se movilizaron por los centros turísticos del país y, para atenuar la crisis que se viene, desembolsaron unos 1600 millones de pesos. Indiferentes a los 13 mil millones que acumulan los findes largos, los dos candidatos a presidente de la oposición tratan de captar votantes apelando a una mala imitación del dúo Pimpinela. Los mimos, halagos y piquitos que intercambiaron en el debate han quedado en el olvido. Ahora revolean provocaciones, chicanas y desafíos. En lugar de encarar una discusión política, protagonizan rencillas de alcoba. Resignados, sólo apelan a ocupar el segundo puesto para soñar con un lejano balotaje. Y desbocados en su desesperación, actúan como si fuesen conquistadores de una tierra salvaje, como si quisieran recuperar para la civilización un territorio invadido por bárbaros. Como descubridores del siglo XXI.
Por supuesto, para que tenga sentido esta contienda, los invasores bárbaros y salvajes deben ser los K. Los que hablan de unión, de la ancha avenida y de tomar lo mejor de cada idea no quieren otra cosa más que desterrar a los políticos, militantes y ciudadanos que simpatizan con el FPV. El desprecio es indisimulable. En su delirio patricio, Mauricio Macri pretende colonizar el sentir opositor y después de inaugurar la estatua de Perón y recitar una de sus más híbridas frases –la menos cumplida por el cínico Alcalde- se ofrece como víctima sacrificial en el altar del balotaje. El problema es que Massa tiene las mismas pretensiones. Ambos, en un acontecimiento histórico, han inventado el balotaje por el segundo puesto.
Contradicciones a granel
Mientras el dúo de marionetas ejecuta una danza que simula un duelo, el coro mediático interpreta el réquiem “¿Por qué no se unieron antes?”. Después de años de cuestionar el bipartidismo de nuestro sistema político, ahora que el abanico ofrece seis opciones a los votantes, quieren armar un pegote para que los contrincantes sean dos. El objetivo es el mismo: derrotar al FPV; romper con la anomalía que instaló Néstor Kirchner en 2003, esa de “no abandonar las convicciones en la puerta de la Casa Rosada”; terminar con el mal hábito que adoptó su sucesora, CFK, de desobedecer al Poder Fáctico; acabar con la grieta que provoca gobernar en beneficio de la mayoría. Los voceros del establishment anticipan los lamentos por la segura derrota: no ganará el oficialismo por los logros de estos doce años sino que perderá la oposición por no haberse fusionado en un adefesio político.
 Claro que a esta altura de la carrera presidencial, no hay ninguna posibilidad de alianzas para confeccionar un Frankenstein electoral. Menos mal, porque ya sabemos el resultado de esos engendros: si no se desarman por el camino terminan explotando a poco de asumir y no hay banda presidencial que contenga los pedazos. Si alguien duda de esto, basta observar cómo el frente conformado por Sergio Massa se está deshojando como si el otoño se hubiera anticipado. Pensar qué hubiera pasado si ese licuado indigesto se hubiera sumado a la ensalada de Cambiemos causa trastornos intestinales.
Este tipo de unión de emergencia que busca Macri sólo es comprensible frente a un enemigo externo, a una catástrofe, a una crisis destructiva. Cuando el objetivo es salvar la Patria, las pequeñas y grandes diferencias partidarias se diluyen. Pero la etapa que estamos atravesando no necesita un mesías ni el suicidio colectivo. Sin embargo, Macri cree que es el Salvador. De los no tan valientes, porque David enfrentó solo a Goliat. Pero no sólo clama a los gritos que se sumen a su cruzada, sino que es capaz de calificar el fundamento de la Democracia: el voto. ¿Dónde queda entonces su elaborada metáfora de las veredas? Lo útil supone lo inútil. De lo que no sirve, no se puede extraer nada bueno. Entonces, eso de sacar lo mejor de cada idea no es más que una hipocresía. En caso de llegar a la presidencia, el kirchnerismo será ese desecho, ese pensamiento que para el patricio empresario es descartable por inútil.
En su furor electoral, el Alcalde Amarillo olvida algunos detalles. Con dos bastan para demostrar que Macri tiene más intención de votos de la que merece. Con el voto no se juega porque es algo sagrado, la expresión del ciudadano, el fundamento de la democracia. Considerar que una porción de votos será inútil es un profundo desprecio a la voluntad popular: lo mismo que hizo la alianza que comanda con las elecciones en Tucumán. Otra cosa que olvida el unitario 2.0 es que detrás de La Presidenta y sus funcionarios hay millones a los que deberá gobernar en el ominoso caso de que ocupe La Rosada. Tanto lamento por la división y delirios de unión y omite considerar que cada insulto y denigración que destina a Cristina también llega a ellos, a esos que estaban postergados a comienzos de este siglo y ahora se sienten parte de un país. El ingeniero Macri olvida que los que emitirán el voto que califica como inútiles también son argentinos. Y los argentinos, desde hace unos años, estamos aprendiendo a no olvidar.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...