viernes, 21 de enero de 2022

La ostentación de los privilegiados

 

Los bandidos nos acosan y no se mueven en motos, sino en coches de alta gama. Lejos de esconderse luego de sus fechorías –evasión, contrabando y demás- se exhiben impúdicos ante la sociedad gozando sus fortunas ilícitas. Cínicos, se erigen como modelos de trabajo y esfuerzo y claman al Estado una baja impositiva para poder invertir y bajar los precios. Encima, se van al Mundial.

 

Después de haber vivido unos cuantos años –casi sesenta- el autor de estos apuntes puede afirmar que la desigualdad no es un fenómeno meteorológico sino la consecuencia de la avidez de una minoría que no tiene límites para acumular fortunas. Lo que a unos les falta es porque otros pocos succionan de más. Y no de la mejor manera, por supuesto. En plena pandemia, las grandes fortunas se multiplicaron mientras la mayoría perdió poder adquisitivo casi hasta la indigencia. El Estado debe hacer mucho más que aliviar semejante injusticia: es necesario revertir el proceso regresivo que comenzó con la asunción de Mauricio Macri y continuó con la llegada del Covid.

Las tretas de los angurrientos son muchas y cuando el Gobierno cree tener detectada una, Ellos ya están implementando una nueva. Todas obtienen el mismo resultado: siempre son los mismos los que se quedan con la mayor tajada de la torta. Aunque la Economía esté creciendo, cada vez son más los que ven precarizada su vida. De nada sirve el crecimiento del empleo si gran parte de los salarios no alcanza a cubrir siquiera la canasta de alimentos.

Y es mentira que el diálogo y el consenso resuelven todo. El acuerdo de precios encarado por el Secretario de Comercio Roberto Feletti con los grandes empresarios se cumplió en parte. Sin embargo, algunos tránsfugas hicieron trampas. Una pequeña modificación al envase de lo que venden les permitió una nueva estafa a los consumidores. Diez gramos de más justifican un precio cincuenta por ciento superior. Un capitalismo tan salvaje que no se preocupa por tener más consumidores sino abusar de los pocos que quedan.

El control de precios es una medida simpática que no transforma nada. Con el estafador no se dialoga: se lo castiga para adecuarlo al sistema, por más traje caro que vista. Lo mismo con el evasor, contrabandista, fugador, especulador o cualquiera de los personajes que asumen los avarientos para desbordar sus arcas. Con una multa no basta porque con lo que incautaron podrían pagar miles, aunque siempre aparece un juez funcional a los intereses minoritarios que salva las papas anulando la sanción. O un tipo como Macri que posó sus sentaderas en el sillón de Rivadavia –es un decir- para favorecer a sus amigotes. Lo primero que hizo fue anular todas las multas que debían pagar las distribuidoras eléctricas EDENOR y EDESUR por no invertir. El resultado es la interrupción del servicio en muchas zonas de Capital Federal y Gran Buenos Aires, que obliga a los usuarios a vivir una experiencia decimonónica durante muchos días en medio de una temperatura superior a los 35 grados. Los dueños de esas empresas –Marcelo Midlin, Joe Lewis y algún testaferro del Buen Mauricio- encabezan las listas de los titulares de empresas off shore.

En estos días apareció una noticia que puede ayudar a detectar a los que acumulan fortunas a costa del empobrecimiento del resto. Algunos lo tomaron como un dato de color. Nuestro país es el segundo en adquirir entradas para el Mundial de Qatar, detrás del organizador y antes de México, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, Inglaterra, India, Arabia Saudita, Brasil y Francia. Para ver todos los partidos de la Selección, una persona debe disponer entre 2000 y algo menos de 5000 dólares y a eso hay que agregar pasaje, estadía y otros gastos. Unos diez mil dólares (dos millones de pesos) que significan muchísimo para casi todos y un vuelto para los privilegiados. Si el Gobierno pone la lupa sobre el listado, encontrará seguramente a muchos de esos que nos hacen la vida imposible con sus trapisondas. No merecen disfrutar de sus fortunas mal habidas porque son como los tiradores de manteca de los tiempos del Granero del Mundo, salvo que el blanco no serán los techos europeos sino de la mundialista Qatar.

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