martes, 19 de julio de 2011

Lo esperable, lo deseable y lo temible

De acuerdo a las últimas encuestas, los candidatos a gobernador en La Invencible mantienen sus mismas posiciones: Antonio Bonfatti, Agustín Rossi y Miguel Torres Del Sel. Y todo esto a pesar de que en el debate televisivo del pasado sábado, el candidato del Frente Santa Fe para Todos demostró una solidez que opacó a sus contrincantes. Lo que tal vez no lo ayuda sea ese permanente gesto hosco, que lo hace parecer mucho menos simpático de lo que es. Algunos dicen que el MIDACHI dará una sorpresa y el –por ahora- Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, imagina ya el triunfo de su delfín.
Durante el debate no hubo cruces muy fuertes. Aunque Rossi fue quien más aprovechó el derecho de réplica para contradecir algunos dichos de Bonfatti, el clima que se vivió no fue de violencia verbal sino de cierta armonía. Según los que saben de estas cosas, los santafesinos no disfrutan de los encuentros políticos confrontativos. El chispazo mayor se produjo al momento de abordar la relación entre el gobierno provincial y el nacional y los permanentes reclamos de Binner sobre la falta de envío de fondos. Ahí Rossi perdió toda compostura y latigó: “hasta los contenedores de basura de Rosario los puso la Nación”. Tan tenso fue el momento que Bonfatti no pudo evitar ponerse colorado. En el medio, Del Sel que no sabía de qué se estaba hablando, ponía cara de estar planeando el futuro provincial, aunque en realidad estaba inventando una nueva anécdota incomprobable que se adapte al tema en cuestión.
Lo más elaborado que planteó el humorista a lo largo de todo el programa especial consistió en el relato de su reciente viaje a Estados Unidos. En algunas de sus diferentes exposiciones exaltó los cambios que se habían producido en la ciudad de Nueva York de la mano de las políticas de seguridad encaradas por el alcalde Rudolph Giuliani, impulsor de la tolerancia cero, un símbolo casi orgásmico de los simpatizantes de las derechas. Además, con un entusiasmo desmedido, prometió urbanizar las villas con créditos del BID, lo que en apariencia, será el eje de su campaña. El resto de su discurso estuvo plagado de generalidades y lugares comunes, pantallazos turísticos de pobreza y conmovedores diálogos imaginarios con personajes anónimos.
El inexplicable Jefe del Gobierno porteño, Mauricio Macri estuvo en Rosario y expresó convencido que Del Sel será gobernador, lo que le permitirá construir un espacio político creciente de cara a las elecciones presidenciales de 2015, claro, como en las próximas de octubre no se animó a competir, se las saltea. Es comprensible, todavía le dura el impacto por el desmesurado éxito obtenido en las elecciones porteñas, cuyos resultados ni él puede asimilar. Y Del Sel, fiel al profundo y comprometido estilo que caracteriza a tan concienzudo partido no-político del que forma parte –el PRO- cerrará su campaña el jueves por la noche en el programejo de la intragable y superficial Susana Giménez. Esto es para que vayan incorporando datos sobre lo que puede venirse en la provincia todos aquellos que están evaluando votar por tan poco prometedor candidato, cuya principal promesa política es actuar bien en política porque no viene de la política.
En el mundillo político local se comenta que Del Sel será beneficiario del ya olvidado voto bronca, expresión injustificable en la situación que se está viviendo, tanto en la ciudad, la provincia y la nación. Pero siempre hay algún descolocado que por no estar muy informado o por hacerlo a través de canales inadecuados todavía considera a la totalidad de los políticos como enemigos de los ciudadanos. Posición ya apolillada que está inspirada en el compromiso no-político del descomprometido.
En cambio, Rossi promete resolver el desequilibrio en el desarrollo económico de la provincia. De acuerdo a los datos del censo 2010 –recordado con mucho dolor por la muerte de Néstor Kirchner- el crecimiento poblacional en todo el país ronda el diez por ciento, en cambio en la provincia sólo ha crecido un 6,7 por ciento, lo que indica migración hacia otras provincias. La industrialización –de acuerdo al candidato del Frente Santa Fe para Todos- es la que garantiza la creación de nuevos puestos de trabajo que impediría que muchos santafesinos se vean obligados a abandonar estas tierras para encontrar un mejor futuro. Los ejes de su gestión se basarán en la inclusión social, el desarrollo de la obra pública y el trabajo en conjunto con la Nación.
Y Bonfatti, como exponente del actual oficialismo provincial, promete continuar las políticas iniciadas por Binner y profundizar las transformaciones pendientes. De acuerdo a los datos de las consultoras, el candidato del socialismo tiene más de un cuarenta por ciento de preferencia electoral. En cierta forma, aunque estos cuatro años de gestión no han transformado sustancialmente la vida en la provincia, algo se ha hecho, sobre todo en comparación con los veintitantos años de gobiernos justicialistas. Eso –sólo eso- podría traccionar votos hacia el socialismo, que merece una segunda oportunidad, después las innumerables e injustificadas que ha tenido el peronismo después de la vuelta a la democracia. Esto es lo esperable.
El programa de gobierno de Agustín Rossi promete generar un crecimiento económico de la provincia en sintonía con el del resto del país. Además exhibe transformaciones importantes en el ámbito educativo y en el freno a la inseguridad, que de acuerdo a sus datos, ha crecido en los últimos años. El entusiasmo con que plantea sus propuestas hace que un triunfo de Rossi se convierta en lo deseable.
Miguel Torres Del Sel, a pesar del equipo de trabajo con el que cuenta, reduce su programa de gobierno sólo a una lectura no muy profunda del estado de situación de la provincia, no mucho más de lo que uno puede hacer en una recorrida turística por alguna región. Y sus acciones tendientes a solucionar esos problemas no son más que un catálogo de buenas intenciones despolitizadas y de dudoso recorrido. El no saber de qué manera se va a reducir la pobreza, industrializar la economía local y concretar las obras de infraestructura genera una enorme desconfianza hacia el candidato amarillo. La banalidad del personaje convierte un posible triunfo de su fórmula como algo por demás de temible.
Entonces, el votante santafesino se encontrará el próximo domingo ante la disyuntiva de elegir entre lo esperable, lo deseable o lo temible. ¿Tan difícil es?

sábado, 16 de julio de 2011

Un juego entre símbolos y algo de debate

Durante esta semana, los símbolos se entrecruzaron para desordenar un poco más el imaginario de nuestros conciudadanos. Después de los globos coloridos, las cumbias y los robóticos bailes del otrora ingeniero y ahora no-político, el asco de Fito saturó el ambiente mediático, iluminando los opacos cerebros de las estrellas del periodismo vernáculo. Sobre el final de la semana –y para ordenar el desorden de los primeros días- lo mejor: los dos modelos de país visualizados de la manera más didáctica posible, como en un manual de sexto grado, con cuadro sinóptico incluído.
Todo ocurrió el jueves y para no generar un suspenso torpe e innecesario es mejor soltarlo sin más prolegómenos. Las dos inauguraciones que coronaron la semana y que dejan en claro los dos modelos de país en pugna: La exposición Rural y Tecnópolis. ¡Oh casualidad!, es la edición 125 de la Feria Agraria, número místico que divide un antes y un después en nuestra historia reciente y en su discurso de apertura, el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti se despachó con críticas al gobierno e inundó de lágrimas el Predio Ferial de Palermo. Del otro lado de la General Paz, la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, dejó inaugurada la postergada megamuestra Tecnópolis. Lo de postergada no fue por decisión o inoperancia de las autoridades nacionales, sino por un antojo –casi un mohín de envidia- del –por ahora- Jefe de Gobierno porteño.
Macri atrincherado en la Rural con los exponentes del “campo”, con la alcurnia telúrica, como hizo el año pasado en los festejos del Bicentenario, aunque entonces todo se desenvolvió en el hoy alicaído Teatro Colón. Cristina al frente de un museo-ciudad científica de 50 hectáreas, un parque temático de la ciencia, la tecnología y la industria argentina en donde se cuenta la historia y se mira al futuro. Macri celebró el Bicentenario como se hizo en el Centenario. Cristina culmina los festejos del Bicentenario mirando al Tricentenario.
Para finalizar con esta comparación simbólica, basta recordar el discurso –o mejor la hilavanación de frases incoherentes- del triunfador provisorio de las elecciones del pasado domingo. En un momento de su eufórico tartamudeo expresó la necesidad de olvidar el pasado para concentrarnos en el futuro, idea que no es extraña a su línea de pensamiento, y perdón por el exabrupto. Esto resulta contradictorio en alguien que vive anclado en el imaginario de los primeros cien años de nuestra historia y con la mirada puesta en la economía de los noventa. Gran futuro promete.
Y hablando del futuro, el sábado se realizó el histórico debate de los candidatos a la gobernación de la invencible provincia de Santa Fe. Un pequeño paréntesis. Próximamente, Apuntes Discontínuos presentará una interesante propuesta sobre la necesidad de cambiar ciertos nombres, en sintonía con la batalla cultural que estamos librando desde hace ocho años. El nombre de esta provincia es uno de ellos, pues “Santa Fe” suena demasiado eclesiástico y es un residuo de los tiempos de la conquista de nuestro territorio por parte de la corona española a fuerza de espada y cruz, o viceversa.
Pero volvamos al debate, que fue mucho más interesante que el realizado entre los intendentes algunas semanas atrás. No es el objetivo de este apunte analizar de manera completa las propuestas presentadas por los candidatos, pues eso se hará con mayor detalle en el transcurso de la semana. Tan sólo se realizará un paneo general sobre la presentación de cada uno de los postulantes.
Los temas tratados en el debate se relacionan con los déficits que han quedado de la gestión socialista de cara a los próximos cuatro años: educación, seguridad, salud, relación con el gobierno nacional, planificación, obra pública, producción, empleo y trabajo. Cada candidato tenía al principio dos minutos para exponer su visión de cada tema, después había un minuto para realizar una réplica y finalmente una pregunta de los periodistas que conformaban el panel. Los tiempos se respetaron de manera impecable y el clima fue de amable convivencia, a pesar de que los cruces amenazaban con sacar chispas. Un dato curioso fue que los conductores del programa especial trataban de usted a Agustín Rossi y Antonio Bonfatti, pero a Miguel Torres Del Sel lo trataban de “vos”. Un detalle que puede resultar favorable o no para el candidato de Unión PRO Federal.
Antonio Bonfatti, el candidato por el Socialismo se condujo con la seguridad que le aporta ser funcionario del actual gobierno en gestión. Resaltó mucho lo que se hizo y anunció lo que queda pendiente, sin hacer muchas diferencias entre uno y otro tópico. En cierta forma, garantizó una continuidad de lo realizado por Hermes Binner. Bonfatti fue refutado en varias oportunidades por Agustín Rossi, sobre todo en algunos datos imprecisos o directamente equivocados.
Agustín Rossi, por su parte, no pudo abandonar su constante gesto de malhumor, lo que puede resultar contraproducente a la hora de captar electores. Sin embargo, demostró una preparación muy detallada y profunda de los temas abordados, con datos, cifras y propuestas concretas. El candidato por el Frente Santa Fe para Todos utilizó en muchas ocasiones carteles con cuadros estadísticos, que aportaron al debate un matiz pedagógico.
Finalmente, Miguel Torres Del Sel no intentó siquiera interrumpir su pose de personaje mediático, con el que se siente más seguro, aunque al principio arrancó algo serio. Fiel al estilo de su jefe político, Mauricio Macri, recurrió a innumerables anécdotas y diálogos incomprobables con “gente común” que encontraba en sus recorridas por pueblos de la provincia. Si bien se mostró muy preocupado por el estado de abandono y pobreza de muchas poblaciones de la provincia fue quien menos presentó propuestas concretas para solucionar el estado de situación. Eso sí, puso mucho énfasis en “sacarle el pie de encima al campo” y en la necesidad de atraer inversiones extranjeras para incentivar la producción y el empleo.
Más allá de estas exquisiteces, el debate fue muy dinámico y enriquecedor porque permitió ver la diferencia entre dos políticos que desde hace mucho tiempo vienen construyendo y gestionando y un extemporáneo improvisado que se presenta sólo con buenas intenciones pero no sabe en lo que se está metiendo. Más allá de las diferencias ideológicas que son evidentes entre Rossi y Bonfatti, se podía apreciar la solidez y la pasión por la gestión política, lo que representa una garantía de gobernabilidad. El triunfo de cualquiera de ellos será la coronación de una trayectoria política comenzada desde abajo.
Del Sel, en cambio, no tiene nada de eso. Es un as en la manga del macrismo y de ganar, será más por su pasado de humorista que por su futuro de político. De ganar el MIDACHI, será una humillación para los otros dos candidatos y una vergüenza para el electorado santafesino. Y vaya uno a saber qué más.

jueves, 14 de julio de 2011

Esforzarse por dar asco

Ya se sabía: era cantado. Estaban predispuestos a encontrar cualquier cosa que validase sus prejuicios. Fito Páez fue un disparador necesario. El resto, pura imaginación, paranoia, manipulación, mentira. Recurren a eso porque no saben que contraponer. Ni ellos pueden explicar el desmesurado triunfo de Mauricio Macri en las elecciones del domingo pasado en CABA. Por eso mienten, también inflan globos. Como ni siquiera un mozo de la Casa Rosada emitió una sola queja, un solo insulto hacia los votantes que eligieron la boleta amarilla, se la agarran con Fito.
Esperaban que las salvajes hordas Kirchneristas salieran a la calle para atemorizar a los votantes amarillos, que rompieran vidrieras de Barrio Norte, que propinaran golpizas a cuanto gorila vieran en la calle. Pero no, al contrario. Filmus habló con calma. Más se responsabilizó a sí mismo que a los votantes. Como la realidad no les da la razón, encontraron a Fito. Lo convirtieron en el peor oficialista ultra K, fascista, temible, injuriante, intolerante. No tienen nada. Y no se avergüenzan de eso. Al contrario: se enorgullecen de ser tan imbéciles. Y lo peor: hacen denuncias por discriminación, sin saber siquiera lo que significa esa palabra. Quizá por eso, cuando ellos discriminan, no se dan cuenta.
Tomar el asco de Fito hacia los que eligieron una ciudad amarilla como expresión discriminatoria es no entender o ser muy –pero muy- cínico, hipócrita y perverso. Pero más aún, convertirlo en un exponente de la política oficialista es no tener ética ni respeto por el público lector. Fito Páez no es funcionario, ni siquiera es militante.
Pero más allá de eso, y más allá también de las artimañas utilizadas para identificar al artista con la política, son ellos los que dan asco. Se rasgan las vestiduras ante cualquier crítica que reciben, ante una mínima corrección de sus tantas mentiras destiladas como veneno. Apelan a la libertad de expresión hasta cuando les hacen una multa por mal estacionamiento. Provocan. Eso es lo que hacen. Provocan. Porque hasta ahora no han encontrado nada de lo que buscan. Ni fascismo, ni intolerancia, ni autoritarismo. Sólo ven fantasmas proyectados desde el interior de sus propias conciencias. Son pesadillas que ellos mismos generan. No advierten que lo que ellos ven en el otro, es la imagen que les devuelve el espejo en que se miran.
Hay una vieja consigna repetida hasta el hartazgo: los pueblos nunca se equivocan. Generalmente, esta frase es utilizada por los que nunca deberían haber ganado. El autor de estos apuntes la escuchaba mucho en los noventa, ante cada elección en la que el riojano inmortal se alzaba con un inmerecido triunfo. Y probablemente la hayan recitado muchos militantes PRO durante esta triunfalista semana. Pero se equivocan. El 47 por ciento que coronó a Macri como triunfador no es el pueblo, sino individuos que insertaron un papelito en una caja. Son los ciudadanos los que emiten un voto. Son los ciudadanos los que constituyen el pueblo. Cuando un ciudadano vota, no lo hace con la despreocupación que se manifestó el domingo. El ciudadano –el que forma parte del pueblo- no vota para sí mismo, sino para el conjunto. Vota aquello que garantiza el beneficio del colectivo. El ciudadano, el pueblo, vota para todos, sin importar si tiene asegurada su atención médica con una prepaga, si manda a sus hijos a una escuela privada, si viaja en subte o en taxi o en limusina con chofer francés. El individuo es el que vota por la exclusión, por la inoperancia, por la superficialidad fashion, por el pelotero, por la exclusión. El ciudadano no: vota pensando en clave de pueblo. Todo lo otro es lo que da asco.

miércoles, 13 de julio de 2011

El triunfalismo de los derrotados

Festivos, trasnochados, burbujeantes se mostraron el lunes algunos referentes de la oposición al gobierno nacional. Aunque los números obtenidos en las elecciones porteñas por las fuerzas políticas a las que representan no alcanzan en conjunto al diez por ciento del electorado se apropiaron del triunfo del PRO y se subieron a un tren al que todavía no fueron invitados. Carrió, Alfonsín y Duhalde, sin ponerse colorados –salvo por el consumo exagerado de champagne- comenzaron a repartirse los votantes de Macri de cara a las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) del próximo 14 de agosto. Claro, desde su lógica política basada exclusivamente en lo que ocurre en los estudios de un canal de TV, Capital Federal es la Argentina y ya ven una contundente derrota del kirchnerismo en las elecciones nacionales.
Pero no. CABA no es el país. Si bien las encuestadoras quedaron descolocadas por los resultados de los comicios del pasado domingo, la tendencia del electorado es mantener las autoridades actuales. De sostenerse esta paradoja, la combinación Macri en Capital Federal y Cristina a nivel nacional es una fija que ningún analista se atreve a negar. Claro, salvo los perdedores absolutos, los que sueñan con trasladar los votos obtenidos por el Jefe de Gobierno porteño a sus filas como si fueran mansas ovejas pastando en la pradera de la 9 de julio. Desde ahora y hasta el 14 de agosto, el Isidoro Cañones de la política será tironeado por las tres fuerzas desplazadas y suplicantes para que se declare a favor de alguna de ellas. Quien puede ser el beneficiario es el candidato radical, aunque los próceres del partido más que centenario –y más aún, Don Raúl Alfonsín- abucheen desde la eternidad ese caudal conservador.
Hasta el 31 de julio, que es la fecha establecida para el esperado balotaje, la capital del país será el escenario de la confrontación de dos modelos y quien más deberá remar  será el senador Daniel Filmus, muy lejos del porcentaje necesario para alcanzar el triunfo.
El actual Jefe de Gobierno no tendrá que hacer ningún esfuerzo en su estrategia de campaña. Lo realizado durante estos últimos meses –o lo no-realizado- le bastó para superar el discurso fuertemente persuasivo de Daniel Filmus. En efecto, Macri seguirá flotando en su laguna, atrincherado en el búnker mediático construido por sus aliados, los exponentes del periodismo independiente. Sólo tendrá que repetir algunas veces más las insulsas consignas de sus afiches y apuntar a la felicidad, a los globos coloridos, al olvido del pasado y algunas frases memorizadas extraídas de libros de autoayuda.
Y Filmus está ante el gran desafío: revertir el resultado conquistando al electorado que le fue esquivo. Si lo logra, si puede ampliar su aceptación, si puede convencer al número necesario de votantes, su victoria será histórica. Y hay algo de eso. No en vano circuló en estos días la versión de que el candidato del Frente para la Victoria renunciaría al mano a mano para obtener el cargo de Jefe de Gobierno porteño. Si no alcanza a superar a Mauricio Macri, será la validación de los resultados del pasado domingo.  Pero si Filmus persuade a los que votaron a otras fuerzas, a los que no votaron y a los posibles arrepentidos será como el final feliz de una película pochoclera. Será David derrotando a Goliath.
¿Tiene que cambiar Filmus su estrategia de campaña? ¿Tiene que apelar a las frases sencillas y efectistas?¿Deberá aprender a bailar cumbias entre globos de colores? No, porque eso sería una vulgar imitación de algo que de por sí es vergonzante. Filmus tiene que ampliar su auditorio, visibilizar sus propuestas invisibilizadas por la prensa hegemónica, reforzar la claridad de sus ideas. Deberá mostrar el contraste entre una gestión ineficiente, descafeínada, incumplidora y victimizante y su discurso poblado de acciones tendientes a la equidad, a la justicia, a la ampliación de derechos, a la construcción de una ciudad más solidaria. Deberá hacerse oir entre el estruendo fatuo y ensordecedor de la nada macrista. Tiene que vencer el viejo prejuicio que dice que cada cual tiene su idea; debe demostrar que las consignas del PRO son vacías; sólo con ideas se vencen los prejuicios. Son los buenos argumentos los que convencen al otro. Las meras consignas seducen, distraen, desvían. Filmus tiene que señalar un camino de transformación para una ciudad que parece a contramano del resto del país. El balotaje es una segunda oportunidad que los ciudadanos de la CABA deben aprovechar.
En la provincia de Santa Fe no tenemos esa posibilidad de votar “en borrador” para después hacer un original más prolijo. Es una sola vez y chau. Los números del domingo inyectaron en el candidato Miguel Torres del Sel un optimismo desmedido. Sus propuestas son tan huecas como las de su jefe político porteño. El sábado será el debate entre los candidatos a la gobernación. Si bien es una puesta en escena, con textos memorizados y ensayados, permitirá que los electores santafesinos visualicen las propuestas del futuro habitante de la Casa Gris.

lunes, 11 de julio de 2011

Una sorpresa amarilla

Después de los resultados de una elección, lo más importante es tratar de encontrar una explicación a las intenciones del votante. Incluso cuando la foto del día después rompe con todos los análisis previos de las encuestadoras, politólogos y sociólogos. En el caso de la contundente, sorpresiva y exagerada victoria del macrismo en Capital Federal hay que partir más de las dudas que de las certezas en la voluntad del electorado. Porque no es Macri ni su equipo el que sorprendió a todas las predicciones, sino el electorado. El porcentual obtenido por el actual Jefe de Gobierno sobrepasó hasta las encuestas más optimistas, que le daban una ventaja del doce por ciento sobre el candidato del Frente para la Victoria, el senador Daniel Filmus. Evidentemente, hay algo en Macri que los ciudadanos de Buenos Aires ven y quien escribe estos Apuntes Discontinuos no puede apreciar.
Todo lo que uno puede conocer, leer, escuchar sobre la gestión en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, CABA, presenta un déficit respecto de las promesas realizadas en 2007. Los kilómetros de subte no construídos, las viviendas sociales, la seguridad, la educación y la salud pública es el saldo deudor de una gestión basada en la culpa ajena y no en deficiencias propias, en la victimización permanente por la incapacidad de solucionar los problemas en la capital del país. Además, están las anomalías de la administración macrista, la superpoblación de funcionarios, las escuchas ilegales, la represión racista de la UCEP, el contrato escandaloso por las neetbook con sobreprecios para las escuelas públicas. Y está su discurso, que expresa un desprecio hacia los que menos tienen, una visión light y clasista de la realidad, despolitizada, descomprometida. Las palabras triunfalistas del domingo por la noche, más parecían la aceptación de un destino no deseado, un cargo tomado más con resignación que con la pasión que la política requiere.
A pesar de todo esto, que es lo que uno percibe desde la distancia, el ciudadano de Buenos Aires otorgó un desmesurado triunfo a la fuerza no-política identificada con el color amarillo; premió una gestión a partir de los logros que el PRO no puede ostentar; apoyó las expectativas que Macri no despierta. Un grosero error que se puede cometer en la lectura de esta realidad es explicar el voto porteño desde la desinformación, desde el desinterés. Eso sería descalificar el voto popular, algo muy tentador, pero equivocado. Recordemos las declaraciones de Pino Solanas después del triunfo del Frente Para la Victoria en Catamarca, cuando se refirió a la baja calidad del voto en los sectores pobres.
La mayoría de las encuestadoras preveían una casi paridad entre los dos candidatos; cuanto mucho, una diferencia de diez o doce puntos. Sin embargo, los veinte puntos existentes entre Macri y Filmus descalifica más a los expertos que a los votantes. Tal vez las encuestas están más para torcer las voluntades que para leer las intenciones. Esto es una duda, no una afirmación.
Una explicación que circuló previamente –una excusa anticipada- se relaciona con el cerco informativo realizado por los principales medios informativos. Es un dato: no había una sola noticia que reflejara aspectos negativos de la gestión macrista en la prensa hegemónica. Eso puede afectar al público del interior, que ante la imposibilidad de comprobar de manera directa el estado de la CABA, la percepción se da a través de las noticias. Pero el habitante porteño puede apreciar los déficit –o los logros- de manera directa.
Para el autor de estos apuntes, el personaje que Macri presenta en cada aparición mediática resulta indigerible. El esfuerzo por mostrarse alejado de toda ideología, la superficialidad con que aborda los temas que se le plantean, la intencionalidad de comportarse como un hombre común alejan al líder del PRO de mis preferencias electorales. Pero tal vez sea eso lo que encante a los porteños, el personaje canchero, desinformado, ganador, improvisado y hasta con una inocente figura de chantún.
Si no se tuvieron en cuenta los déficit –los no-logros- ni tampoco la visión ideológica ni las promesas incumplidas, ¿qué se valoró de Macri? ¿Qué se premió?
Hay dos formas de convencer al otro, de ganar su voluntad: la persuasión y la seducción. En la persuasión entran en juego los argumentos, las evidencias, los logros, las ideas. En la seducción no hay nada de eso. Lo que seduce es lo que no se muestra, el secreto, el ocultamiento. Lo que no se dice seduce. Quizá haya sido esto lo efectivo de la campaña de Macri a través de frases como “vos sos bienvenido” o “juntos vamos bien”, ideas que no dicen mucho –no persuaden- pero sí seducen. Son consignas sin promesas concretas. En las elecciones de 2007 Macri ganó con promesas que no cumplió a lo largo de sus cuatro años de gobierno. Ahora no hace hincapié en los incumplimientos de su anterior campaña ni en nuevas promesas sino que en esas frases descafeínadas transforma lo que no se hizo en una gestión eficiente. Seduce con la nada.
Y lo que viene en estas tres semanas es la incertidumbre. La manera en que se reparta la torta electoral de cara al balotaje es una incógnita. El electorado a repartir se ubica en los que no votaron o los que votaron a otras fuerzas. Tal vez haya arrepentidos. Es posible que la victoria desmesurada de la fuerza gobernante se origine en la intención de garantizar una segunda vuelta. Y hay un riesgo. Lo que está en juego en la segunda vuelta es sólo la jefatura de gobierno. Los legisladores y los comuneros ya están elegidos y hay mayoría amarilla. En el caso de que el electorado corone a Filmus como alcalde de CABA se conformará un licuado de gestión imposible de predecir.
Un último punto: qué rol juega la autonomía de la CABA en todo esto. Recordemos que esta situación es nueva. Antes, era el Poder Ejecutivo Nacional quien elegía al intendente de Capital Federal.  Desde hace quince años el ciudadano porteño elige sus autoridades y la autonomía puede significar una necesidad imperiosa de diferenciarse de las autoridades nacionales. En este caso, sería más importante la diferencia que la gestión. Esto es que el ciudadano porteño se siente tan autónomo que prescinde de los logros de una gestión, que lo único que puede garantizar su autonomía es la diferencia. ¿Será eso?
Lo más preocupante para los santafesinos es la imagen de un Miguel Torres Del Sel exultante, exaltado, compartiendo el escenario triunfalista de tonalidad amarillenta, como un peligroso empujón para acceder a la gobernación de la provincia en las elecciones del próximo 24 de julio. Gracias por el chiste.

sábado, 9 de julio de 2011

Paranoia, fatalismo y Del Sel y la nada

Observador de las cosas que como autor de estos apuntes debo ser, trato de que no se me escape detalle cuando recorro las calles de mi ciudad. También escucho los relatos que familiares y amigos me hacen de lugares apartados de mi centro de operaciones. Para completar, leo diarios y veo los informativos locales y nacionales. No por esto voy a decir que accedo a la totalidad del mundo que uno puede conocer. Al contrario, más allá de mi extrema atención y la cantidad de fuentes de información, mi percepción es sobre una realidad limitada, como la de todo sujeto ligado a su espacio y a su tiempo. Esto quiere decir que me pierdo muchas cosas, como todos los seres humanos de cualquier parte del mundo.
A pesar de estas limitaciones, propias de la naturaleza humana, uno puede apreciar el pulso de los aconteceres en las cosas cotidianas; se advierte el clima que se vive en la calle, en los negocios, en las conversaciones, en los rostros. Sin ir más lejos, el jueves llevé al cine a mi sobrina menor, paseamos por las peatonales y entre las personas que se nos cruzaban -multitudes por las vacaciones- había un clima festivo, alegre, tranquilo. Es posible que al mismo tiempo, en otros lugares, ocurrieran cosas terribles, como asaltos, robos, asesinatos, explosiones, guerras, huracanes, terremotos, trombas marinas y ataques de tiburones a bañistas despreocupados. Pero todas esas cosas pasan todo el tiempo y llenan las páginas de los diarios. Más me alarmaría la tapa de un diario que anunciara con grandes letras “Tío y sobrina pasan una tranquila tarde en el centro de la ciudad”  y en las páginas interiores aparezcan amables relatos similares. No. Los diarios y los informativos se dedican a difundir malas noticias y en cierta forma nos hacen sentir a salvo. Aunque no siempre.
El viernes, la carta de un lector del diario –es un decir- La Capital traslucía el temor agónico de quien está rodeado de ratas famélicas. El texto se titula “La sociedad desciende a la D” y lo firma una tal Adriana. Relaciona el descenso de River con la decadencia moral, humana, política y económica que –según sus dichos- vive nuestro país, con mucha imaginación y también, paranoia. Perdón, dije “nuestro país” y debería haber dicho “su país”. Porque si bien no estamos en el país de las maravillas, el territorio de las pesadillas que incluye Adriana en su relato está muy lejos de ser la realidad de un país que está comenzando a recuperarse.
Al mediodía, en uno de los noticieros locales, informaban sobre el corte de energía eléctrica en una cuadra poblada de edificios. Los vecinos se quejaban, con justo motivo, pues tenían que subir y bajar escaleras y sobre todo gente mayor que no puede hacer tamaño esfuerzo. Pero un señor lanzó la frase mágica que hace que un escalofrío recorra mi espalda: “este país no da para más”. Oración fatalista –si las hay- que no significa nada y a la vez significa mucho. Porque uno la escucha a menudo ante los accidentes más cotidianos e insignificantes. En su momento –cuando agregué algunas zonceras al libro de Aníbal Fernández, sin que haya enviado acuse de recibo, por supuesto- analicé esta idea que circula por algunos conciudadanos. Si nuestro país –no “este” que suena como si no nos perteneciera- no da para más, no nos queda otra cosa más que el suicidio colectivo, porque no hay nada ya que lo mejore. El único camino es esperar su muerte definitiva. Además, cada vez que circuló esa frase, que se hizo carne en la mayoría de los ciudadanos, caímos más bajo todavía. Afortunadamente, la mayoría de los ciudadanos sabe que nuestro país da para mucho más.
Da para tanto nuestro país, que hasta Miguel del Sel puede jugar a ser candidato a gobernador. Y para tanto más que algunos santafesinos hasta pueden llegar a votarlo, aunque todavía no presentó el libro con sus propuestas que había prometido a mediados de mayo. Es más, para conocer algunas de sus ideas, tuve que recurrir a entrevistas realizadas en diferentes medios, porque ni siquiera en la página oficial del PRO Federal se puede encontrar algo parecido a una propuesta de campaña. El sábado 16 de  julio lo veremos en el debate con los otros dos candidatos a gobernador y tal vez pueda hacer una convincente imitación de un político.
Para que vayamos pensando, voy a exponer algunas declaraciones que hizo en distintas oportunidades, desde el momento en que anunció su intención de presentarse como candidato a gobernador de la “invencible” provincia de Santa Fe. Apelé al buscador de internet, lo que me brindó entrevistas en distintos medios gráficos, radiales y televisivos.
Como figura mediática más que política, lo primero que hizo al lanzar su candidatura en Santa Fe fue recorrer distintos medios capitalinos… no de la capital santafesina, sino de Capital Federal, porque, según dijo, su estrategia es estar en contacto con “la gente” y así se llega a lo cotidiano familiar. ¿Está clara la paradoja? Además, expresó que su perfil de votante es similar al de Carlos Reutemann, para tranquilizar a los santafesinos que padecieron la peor inundación durante la gobernación del expiloto.
Una de sus expresiones habituales, junto con las críticas a toda la dirigencia política en general, es ser alguien que viene de “afuera”. Venir de afuera singnifica ni más ni menos que no viene del terreno político, sino que se baja del escenario para ser nada menos que gobernador y va a superar a todos los políticos desde lo no-político. Esto quiere decir algo así: como no soy político voy  a ser mejor político que todos los políticos que me antecedieron o todos son malos menos yo que nunca estuve en política.
A pesar de que no promete mucho, ya hay personajes del pasado que lo apuntalan como el futuro gobernador. Uno es el caso de Luciano Miguens. El discurso del candidato hace eje en la producción agropecuaria, uno de sus hobbies cuando no está haciendo otros personajes en escena. Todo indica que va a ser un representante incondicional de ese sector de la economía local y que sus medidas apuntarán a favorecer a la producción primaria, aunque desliza sin convicciones que se interesa por la industria asociada.
Una de las cosas que siempre repite es ser un candidato transparente porque “la gente me ve como buen tipo, porque me fue bárbaro durante treinta años y tengo plata”. Eso en política se llama “honestismo”, cuando la figura del candidato se basa en la honestidad futura y no en sus propuestas políticas. Por último, afirma que la gente ve tanto a él como a su candidato a vice como “gente normal”. ¡Cuánta profundidad hay en los dichos de Del Sel! Tanta que parece que sus promesas nos pueden conducir a un abismo.
Claro. Nadie dice que un actor cómico no pueda dedicarse a la política. Hay numerosos ejemplos como Luis Brandoni, Lidia Satraño, Irma Roy, Nito Artaza que han ligado su vida a la construcción política, pero de a pasos. Ninguno de los personajes dieron un salto tan grande ni tan irrespetuoso como él. Comenzaron en la tarea legislativa y tal vez no salgan de ahí. Otros comienzan como concejales, después diputados provinciales, nacionales… La política es construcción, voluntad, compromiso. Miguel Torres del Sel ha sido construido desde la nada y parece que más que gobernar va a ser gobernado por los sectores a los que él representa. Por lo pronto, parece que crece en las encuestas y su aceptación alcanza el veinte por ciento. ¿Caeremos tan bajo en la “invencible”?

miércoles, 6 de julio de 2011

El rubro 59 y las travesuras de Marcelo

Antes de comenzar con este Apunte Discontínuo debo aclarar que jamás veo el programa de Marcelo Tinelli. No entra en mis opciones de entretenimiento ni aunque no me queden opciones, a pesar de que sus engendros televisivos tienen más horas de transmisión que la Cadena Nacional. Sin embargo, a veces, la casualidad pone ante mis ojos algunos instantes de semejante aquelarre. Algo así pasó el lunes 4 de julio, cerca de la medianoche. Por simple curiosidad quería saber qué temperatura estaba haciendo en Rosario y puse canal 5 que en ese momento estaba pasando publicidad. Me vi obligado entonces a poner canal 3, la repetidora sin vergüenza ni reparos de cuanta estupidez se produzca en canal 13 de Buenos Aires, que a esa hora emite Show Match. Mientras miraba el número que indicaba la temperatura, había un chico y una chica terminando su exhibición de saltos y contorsiones espasmódicos vestidos con un atuendo inadecuado para una noche invernal… o mejor dicho, casi desvestidos. Cuando acabaron de sacudir cada milímetro  de su piel brillante y ante el aplauso desproporcionado del público presente, la pareja se fundió en un abrazo y se arrojó al suelo, el muchacho de espaldas y ella sobre él, cara a cara, pecho a pecho, cual simulación de coito. La cámara, ni corta ni perezosa, hizo un primer plano de las protuberantes nalgas de la bailarina y su insinuante entrepierna.
Como si esto fuera poco, el conductor de semejante bazofia televisiva se acercó titubeante, se arrodilló junto a los bailarines y se acostó sobre la espalda de ella, simulando un desmayo. Mientras ocurría esa travesura de Marcelo, el público aplaudía desaforadamente y la locutora en off decía las estupideces que sólo ella sabe decir. Pero ahora viene lo peor, porque lo relatado puede formar parte de la canallesca picardía explotada hasta el hartazgo por tan mercenario personaje.
La pantalla estaba poblada por este triplete humano: Tinelli parecía la frutilla del postre. De fondo, la malsana bulla del público y la locutora que simulaba retar al conductor. Claro, para perfeccionar el mal gusto de la escena, Tinelli intentaba levantarse pero no podía, excusa perfecta para apoyar su mano izquierda en cuanto trozo de piel femenina tenía cerca. Con la mano derecha  sostenía el micrófono, el símbolo fálico de su composición escénica. Todo esto no duró más de dos minutos, tal vez menos. Mi estómago no hubiera soportado más que eso. Pero el asco me dura. No por lo provocativo de la fusión de los cuerpos desnudos ni por la obscenidad que destilaba, sino por la relación de poder que allí se establecía. Eso es consenso, cuando alguien poderoso somete a alguien débil. El consenso no es un acuerdo entre iguales, sino que conlleva una relación de jerarquía.
Tinelli, el jefe, podía manosear frente a todos a la sometida muchacha. El joven, su pareja de baile, debía ser testigo de la escena con absoluta impotencia, aceptando esa “virtual” violación. El, dominante, estaba por encima de los dos. El dueño de casa toqueteando a la mucama con total impunidad. El gerente de la empresa –un viejo baboso- abusando de su secretaria. Si eso no es explotación y abuso de género no entiendo nada. No vengan con el verso de que las chicas aceptan eso, que hay un contrato, un acuerdo. No, estimados lectores, hay consenso. Nadie va a aceptar ser humillado de esa manera ante las cámaras, aunque quiera acceder al estrellato. Eso es abuso de poder y me da asco. Debe producir asco.
Pero más me asquea el disfrute masturbatorio que tamaña monstruosidad puede despertar en el espectador hogareño, que se convierte en cómplice de una violación –actuada o no- para su beneplácito. Quien se ríe de una escena así debería sentirse avergonzado.
En textos anteriores manifesté mi rechazo rotundo a la “marca Tinelli”. Es un residuo de otras épocas, no-contenidos que resultan extemporáneos y embrutecedores, además de despojados de todo valor humano.
Probablemente muchos aplaudieron la prohibición del rubro 59 a través de un decreto firmado por la Presidenta. Resulta contradictorio que después de tal medida, un número importante de ciudadanos decida regalar rating a este deleznable sujeto público  que sólo merece nuestro repudio. A veces parece que algunos no entienden nada. Por lo pronto, prometo no preocuparme más por la temperatura invernal.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...