sábado, 16 de julio de 2011

Un juego entre símbolos y algo de debate

Durante esta semana, los símbolos se entrecruzaron para desordenar un poco más el imaginario de nuestros conciudadanos. Después de los globos coloridos, las cumbias y los robóticos bailes del otrora ingeniero y ahora no-político, el asco de Fito saturó el ambiente mediático, iluminando los opacos cerebros de las estrellas del periodismo vernáculo. Sobre el final de la semana –y para ordenar el desorden de los primeros días- lo mejor: los dos modelos de país visualizados de la manera más didáctica posible, como en un manual de sexto grado, con cuadro sinóptico incluído.
Todo ocurrió el jueves y para no generar un suspenso torpe e innecesario es mejor soltarlo sin más prolegómenos. Las dos inauguraciones que coronaron la semana y que dejan en claro los dos modelos de país en pugna: La exposición Rural y Tecnópolis. ¡Oh casualidad!, es la edición 125 de la Feria Agraria, número místico que divide un antes y un después en nuestra historia reciente y en su discurso de apertura, el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti se despachó con críticas al gobierno e inundó de lágrimas el Predio Ferial de Palermo. Del otro lado de la General Paz, la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, dejó inaugurada la postergada megamuestra Tecnópolis. Lo de postergada no fue por decisión o inoperancia de las autoridades nacionales, sino por un antojo –casi un mohín de envidia- del –por ahora- Jefe de Gobierno porteño.
Macri atrincherado en la Rural con los exponentes del “campo”, con la alcurnia telúrica, como hizo el año pasado en los festejos del Bicentenario, aunque entonces todo se desenvolvió en el hoy alicaído Teatro Colón. Cristina al frente de un museo-ciudad científica de 50 hectáreas, un parque temático de la ciencia, la tecnología y la industria argentina en donde se cuenta la historia y se mira al futuro. Macri celebró el Bicentenario como se hizo en el Centenario. Cristina culmina los festejos del Bicentenario mirando al Tricentenario.
Para finalizar con esta comparación simbólica, basta recordar el discurso –o mejor la hilavanación de frases incoherentes- del triunfador provisorio de las elecciones del pasado domingo. En un momento de su eufórico tartamudeo expresó la necesidad de olvidar el pasado para concentrarnos en el futuro, idea que no es extraña a su línea de pensamiento, y perdón por el exabrupto. Esto resulta contradictorio en alguien que vive anclado en el imaginario de los primeros cien años de nuestra historia y con la mirada puesta en la economía de los noventa. Gran futuro promete.
Y hablando del futuro, el sábado se realizó el histórico debate de los candidatos a la gobernación de la invencible provincia de Santa Fe. Un pequeño paréntesis. Próximamente, Apuntes Discontínuos presentará una interesante propuesta sobre la necesidad de cambiar ciertos nombres, en sintonía con la batalla cultural que estamos librando desde hace ocho años. El nombre de esta provincia es uno de ellos, pues “Santa Fe” suena demasiado eclesiástico y es un residuo de los tiempos de la conquista de nuestro territorio por parte de la corona española a fuerza de espada y cruz, o viceversa.
Pero volvamos al debate, que fue mucho más interesante que el realizado entre los intendentes algunas semanas atrás. No es el objetivo de este apunte analizar de manera completa las propuestas presentadas por los candidatos, pues eso se hará con mayor detalle en el transcurso de la semana. Tan sólo se realizará un paneo general sobre la presentación de cada uno de los postulantes.
Los temas tratados en el debate se relacionan con los déficits que han quedado de la gestión socialista de cara a los próximos cuatro años: educación, seguridad, salud, relación con el gobierno nacional, planificación, obra pública, producción, empleo y trabajo. Cada candidato tenía al principio dos minutos para exponer su visión de cada tema, después había un minuto para realizar una réplica y finalmente una pregunta de los periodistas que conformaban el panel. Los tiempos se respetaron de manera impecable y el clima fue de amable convivencia, a pesar de que los cruces amenazaban con sacar chispas. Un dato curioso fue que los conductores del programa especial trataban de usted a Agustín Rossi y Antonio Bonfatti, pero a Miguel Torres Del Sel lo trataban de “vos”. Un detalle que puede resultar favorable o no para el candidato de Unión PRO Federal.
Antonio Bonfatti, el candidato por el Socialismo se condujo con la seguridad que le aporta ser funcionario del actual gobierno en gestión. Resaltó mucho lo que se hizo y anunció lo que queda pendiente, sin hacer muchas diferencias entre uno y otro tópico. En cierta forma, garantizó una continuidad de lo realizado por Hermes Binner. Bonfatti fue refutado en varias oportunidades por Agustín Rossi, sobre todo en algunos datos imprecisos o directamente equivocados.
Agustín Rossi, por su parte, no pudo abandonar su constante gesto de malhumor, lo que puede resultar contraproducente a la hora de captar electores. Sin embargo, demostró una preparación muy detallada y profunda de los temas abordados, con datos, cifras y propuestas concretas. El candidato por el Frente Santa Fe para Todos utilizó en muchas ocasiones carteles con cuadros estadísticos, que aportaron al debate un matiz pedagógico.
Finalmente, Miguel Torres Del Sel no intentó siquiera interrumpir su pose de personaje mediático, con el que se siente más seguro, aunque al principio arrancó algo serio. Fiel al estilo de su jefe político, Mauricio Macri, recurrió a innumerables anécdotas y diálogos incomprobables con “gente común” que encontraba en sus recorridas por pueblos de la provincia. Si bien se mostró muy preocupado por el estado de abandono y pobreza de muchas poblaciones de la provincia fue quien menos presentó propuestas concretas para solucionar el estado de situación. Eso sí, puso mucho énfasis en “sacarle el pie de encima al campo” y en la necesidad de atraer inversiones extranjeras para incentivar la producción y el empleo.
Más allá de estas exquisiteces, el debate fue muy dinámico y enriquecedor porque permitió ver la diferencia entre dos políticos que desde hace mucho tiempo vienen construyendo y gestionando y un extemporáneo improvisado que se presenta sólo con buenas intenciones pero no sabe en lo que se está metiendo. Más allá de las diferencias ideológicas que son evidentes entre Rossi y Bonfatti, se podía apreciar la solidez y la pasión por la gestión política, lo que representa una garantía de gobernabilidad. El triunfo de cualquiera de ellos será la coronación de una trayectoria política comenzada desde abajo.
Del Sel, en cambio, no tiene nada de eso. Es un as en la manga del macrismo y de ganar, será más por su pasado de humorista que por su futuro de político. De ganar el MIDACHI, será una humillación para los otros dos candidatos y una vergüenza para el electorado santafesino. Y vaya uno a saber qué más.

1 comentario:

  1. Si se quiere saber que mas se lo puede inducir: Le mostraremos a la Nación que cualquier pelagatos ridículo y mediático puede, por el solo hecho de provocar risa, someternos a cuatro años de anti-gestión y bochorno de la mano del ideologismo más oligarca y especulativo que se puede concebir. Mostraremos a la Nación que somos un electorado IDIOTA que vota cualquier cosa y que nos tomamos todo a joda quedando a contramano a nivel nacional poniendo en el poder a los enemigos del partido gobernante. Y digo yo: ¿Que mal le ha hecho el socialismo a Santa Fe para recibir semejante castigo?. Yo los odio pero no tanto.

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