Este Ignoto Profesor de Provincias agradece a los nuevos
seguidores por confiar en este espacio. A los que están desde hace mucho,
gracias por la constancia. Un abrazo enorme para todos los que día a día se
encuentran con las reflexiones inspiradas por este momento histórico tan
crucial para nuestro querido país.
Páginas de opinión bien informadas para comprender lo que pasa y resistir lo que vendrá.
sábado, 6 de julio de 2013
viernes, 5 de julio de 2013
El Imperio y su pandilla
Nuevas
amenazas de los saboteadores
Con un poco de esfuerzo pero
sin llegar a la paranoia, algunos hechos de esta semana pueden convivir en un
mismo texto. Desde la humillante
sospecha hacia Evo Morales hasta los intentos de algunos conspiradores
vernáculos contienen una evidente dosis de deslegitimación. El atropello
diplomático padecido por la delegación presidencial boliviana está impulsado
por un decadente –pero aún riesgoso- espíritu imperial. La gravedad del asunto
no pasa sólo por una reivindicación de las raíces indígenas del Presidente Evo:
sólo la condescendiente mirada del colonizador puede convertirlo en un mero incidente
racial. La afrenta alcanza a toda la
región y debe afectar a cada uno de sus presidentes. No fue la
particularidad de una etnia la vulnerada, sino la institucionalidad de un
continente. Y también de todo el mundo. Las
alucinaciones paranoicas de un país no pueden alterar la convivencia del
planeta. En realidad, así ha sido el clima internacional después de la
Segunda Guerra, cuando EEUU comenzó a consolidar su hegemonía y diseñar
enemigos a la medida de sus necesidades. Ya no basta con señalar la prepotencia
demoledora del país que más conflictos
ocasiona en nombre de la paz. De una vez por todas, hay que ponerle un
freno.
Un límite discursivo, por ahora.
En algunos de nuestros países sabemos de qué se trata eso: desmoronar un sentido común colonizado para entronar un pensar
colectivo soberano. Precipitar la caída de las máscaras para que los
rostros muestren todo su horror. Interpelar a los conceptos para descubrir los
intereses de quienes los sostienen. Escuchar
la historia de los pueblos para garantizar el futuro de las naciones, porque toda
construcción empieza desde abajo. Como esto no pretende ser una receta,
podemos interrumpir la enumeración de infinitivos y buscar una síntesis. Si un
statu quo resulta extremadamente nocivo, hay
que invertir toda la energía necesaria para modificarlo y una vez comenzada la
tarea, es imprescindible llegar hasta el final. De lo contrario, cuando
retorna, puede ser más destructivo.
Evo Morales recibió un trato más adecuado para un forajido que para
el presidente legítimo de un país. En esos países que pusieron en vilo la
seguridad del avión boliviano tratan con
más respeto a los especuladores financieros que están hundiendo a sus
pueblos. Por eso, la reacción de UNASUR fue la más acertada. “Nuestro pecado es ser indígenas y
antiimperialistas”, afirmó el presidente de Bolivia, después de haber
estado de rehén en Austria. “Que pidan
perdón –exigió CFK en Cochabamba- alguna vez en la vida que pidan perdón por
lo que han hecho”. El acto de
apoyo y desagravio a la Nación Latinoamericana se realizó en el estadio Coliseo
de la Coronilla, donde los representantes de los pueblos quechua y aymara,
sindicatos y de otros colectivos sociales se sumaron a cinco presidentes y
delegaciones de diferentes países. “Indigno
presidente Rajoy –clamó Nicolás Maduro- que
pretendió revisar el avión presidencial de Bolivia”. Después de acusarlo de
abusador, calificó el episodio como la muestra de “una derecha enloquecida de odio y desesperación”.
Pero tanto odio y desesperación
no inspira sólo a los enemigos externos. Fronteras
adentro, cada país de la Patria Grande tiene lo suyo. En simultáneo con el
conflicto diplomático padecido por Evo, nuestra agenda se vio nutrida por los dolorosos
obstáculos que pergeñan los grandes saboteadores locales, que pretenden sacudir la apacible escena electoral con conflictos
artificiales. Primero, los productores y acopiadores trigueros que,
empecinados en doblegar al poder político, esconden
las espigas para negarnos el pan. Después, los ferroviarios que, como en
2011, pretenden pisotear las urnas
arrojando piedras a una estación de trenes. Y lo que se viene: un
paro-puente de los camioneros con movilización incluida.
Desde
hace un tiempo, los dirigentes de la Mesa de Enlace apelan a la extorsión
para socavar la legitimidad del Gobierno Nacional. Eduardo Bussi, de
Federación Agraria, aconsejó muchas veces aguantar lo más posible los productos
antes de volcarlos al mercado. Esconder, ni más ni menos, lo que la tierra de
nuestro país produce. Especular para ganar más y acaparar para desfinanciar
al Estado. Protestar para molestar. Lloriquear para perjudicar.
Pero
si con sus fintas esperaban doblegar a La Presidenta, otra vez se equivocaron. No
estamos en 2009, por si no se enteraron. Ante el apriete de los
agroexportadores con el trigo, vino la respuesta del Ejecutivo. El enemigo de
los conspiradores, el secretario de Comercio Guillermo Moreno, firmó la
resolución 67/2013 para que “los
distintos sectores intervinientes en los procesos productivos de trigo ejecuten
las acciones comerciales tendientes a proveer adecuadamente al mercado interno”.
De la advertencia del miércoles, pasó a la acción. Ahora, de no atender
esta orden, el Gobierno podrá decomisar el trigo estoqueado para enviarlo a los
molinos y hasta podrá aplicar sanciones a los que no cumplan. Si todo
funciona como corresponde, el precio de la harina deberá descender para no presionar
más el bolsillo de los ciudadanos. Pero hay que estar atentos. Mientras no
se modifiquen las relaciones de fuerza en nuestra estructura económica, siempre
estaremos a merced de los angurrientos.
También
de los violentos. Un injustificado paro ferroviario termina con destrozos en
una estación de trenes. Una medida de fuerza sorpresiva y venenosa por un
retraso que no fue tal. Una cámara se cuela en el conflicto; o mejor dicho, en
la cabina de los conductores. Y, como otras veces, sicarios disfrazados de
pasajeros indignados dispuestos a incendiar y romper todo. Por ahora, el
Ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, presentó una denuncia
penal contra el titular de La Fraternidad, Omar Maturano, por incumplir las
disposiciones que regulan la prestación de los servicios públicos. Los
agresores detenidos tal vez conduzcan a los cerebros organizadores de tamaño vandalismo.
Pero
hay más. Porque si algo está muy claro es que no nos darán respiro. Estos
oscuros personajes apelarán a sus más sucias tretas para restar algunos
porotos a los candidatos del oficialismo. Ahora toman la posta los
camioneros, que después de atacar a los trabajadores tintoreros, planean un
paro general para el lunes. Una forma un poco malsana de conquistar un
feriado puente. Así es: Hugo Moyano convocó a un paro de 24 horas que
afectará la recolección de residuos, provisión de caudales y distribución de
diarios y transporte de combustibles. El impuesto a las ganancias es la
excusa y generar caos, el verdadero propósito. "La soberbia tanto de la presidenta como la del
ministro de Trabajo de no escuchar un legítimo reclamo de los trabajadores
lleva a esta consecuencia: a un paro nacional”,
explicó Moyano en una radio capitalina.
Para nada amedrentada con estos gruñidos, La
Presidenta aseguró que no tolerará “la
extorsión de nadie” y exhortó
a realizar “un gran esfuerzo para que los
conflictos se encaminen y se resuelvan democráticamente”. Sobre todo,
aquéllos que se originan más por la angurria que por la necesidad. Aunque
parezca increíble, los que más tienen son los más quejosos. Y los que tienen
mayor capacidad de daño. Algo que debe cambiar cuanto antes. ¿Quién deja
una ametralladora cargada en manos de un orangután enloquecido?
miércoles, 3 de julio de 2013
La resistencia de las minorías
Murallas para proteger privilegios
Si
no fuera por la gravedad institucional que significa, el
episodio de la Corte podría inspirar un exitoso culebrón. Con la incorporación
de algunos personajes más carismáticos, claro está. Y que cuadren un poco con
el perfil de víctimas, porque el Presidente del Máximo Tribunal no da para el
papel. Aunque los creativos operadores mediáticos aporten una cuota de
dramatismo, sólo unos pocos creen la
historieta de un notable tribunal de frágiles sabios acosados por las satánicas
fuerzas de un poder populista. Sin lugar a dudas, detrás de todo esto, hay una
jugada que pretende ser maestra. Pero no lo es. Salvo, por supuesto, que los
prejuicios anulen cualquier razón y la manipulación informativa se lleve todas
las palmas. Aunque parezca mentira, algunos
Supremos se sumaron a la campaña electoral y hacen lo imposible para aportar a
la contienda. Con el sacrosanto sayo de la independencia, señalan límites
más ideológicos que constitucionales. Sin quitarse el uniforme de árbitro,
juegan sin disimulo en uno de los equipos. Lejos de acompañar a la mayoría que
quiere transformar un sistema judicial apolillado, preservan con gesto aristocrático un statu quo en decadencia.
Difícil no reconocer el
esfuerzo que diferentes sectores están haciendo para construir una barrera de
protección a los privilegios minoritarios. A la enloquecedora agenda de los
medios hegemónicos y la sobreactuación de la mayoría de los exponentes de la
oposición, se suma la indisimulada e
invaluable contribución de los custodios
del desequilibrio. Ahora sí cobra sentido la desconcertante frase de
Carrió después de las últimas elecciones presidenciales, cuando prometió encabezar la resistencia
al régimen. Si en aquel
momento parecía clamar en desvariada soledad,
hoy no debe ser la única que piensa de esa manera. Con una ligera recorrida por
las declaraciones de los principales candidatos, se podrá apreciar el hilo
conductor que las inspira: la necesidad
de poner un freno al avance K.
Aunque a regañadientes
reconozcan algunos tópicos de esta década ganada, proponen un misterioso giro por caminos indecibles para arribar a un
futuro incierto. Algo así como todo
bien, pero peguemos la vuelta. Por increíble que parezca, anticipan una
catástrofe que no está a la vista. Al contrario, todo sugiere que nada de eso
va a pasar. Y lo que pasa, es más
producto del sabotaje que de la inoperancia. En estos días, el complot triguero
alimentó fantasías destituyentes. También, disparó el precio de la harina y sus
derivados. ¡Cuántos habrán soñado con
muchedumbres hambrientas suplicando por un mendrugo enmohecido! Una vez
más, queda demostrado que el incremento del precio de los productos responde
más a la ambición especulativa que a condiciones de producción. Otra vez, se
hace imperioso regular aún más a los actores de la economía. Más que nunca, el Estado debe garantizar
que la mayoría no sea víctima de las angurrias de una minoría insaciable.
Primero fue el acuerdo que
logró Guillermo Moreno con los panaderos para sostener el kilo de felipes a diez
pesos. Después, la advertencia del
ministro de Agricultura, Norberto Yauhar. “Si los productores no ponen el trigo a disposición del mercado, el
Estado tomará medidas”. Para el ministro, esta situación tiene su origen en
“la especulación de los sectores de la
comercialización y acopiadores”. Presión
pura. Fintas que parecen pedir medidas más enérgicas para neutralizar a sus
autores. Más temprano que tarde, deberá
considerarse la producción de alimentos como bien público y no como tesoro
privado. Con todo lo que ello significa, desde la explotación de la tierra,
la producción de sus frutos y la comercialización interna y externa. A
diferencia de otros tiempos, hoy es posible pensar en estos caminos. El discurso dominante de otrora está en
retirada porque un nuevo pensar común está amaneciendo.
Por eso tanta resistencia. Por
eso tanto anticipo de catástrofe. Por eso, algunos hablan de la necesidad de
poner límites. Detrás de cada queja, de
cada consigna, de cada denuncia esconden los logros más destacados. Tanto
el control a la adquisición de moneda extranjera como la inversión en
producciones culturales reciben las diatribas más descarnadas. En la errática
mirada opositora todo de convierte en una limitación a las libertades
individuales, una compra de voluntades, una apropiación discursiva, una
expoliación patrimonial, un acto de corrupción. Los representantes de la mayoría son tratados como invasores por los
que conquistan cada vez menos seguidores. Como en otros momentos de nuestra
historia, las minorías se horrorizan por
la irrupción de una voluntad colectiva que
desea transformar nuestro país para siempre.
Como si no hubiera buenos
resultados en muchas de las medidas. Desde que en octubre de 2011 comenzaron a
delinearse las restricciones a la compra de dólares, la fuga se ha detenido notablemente. Y eso a pesar de las fisuras
que aprovechan los pícaros de siempre. A
principios de este año, encontraron la forma de gambetear los controles con la
extracción con tarjeta en el extranjero. En el primer trimestre, lograron sustraer más de 120 millones de
dólares. Cuando el Banco Central advirtió la maniobra, envió cartas a los
usuarios de tarjetas para que justifiquen los retiros. En los tres meses
siguientes, estas operaciones registraron un
retroceso cercano al 90 por ciento gracias al límite dispuesto por los bancos,
no por su voluntad, precisamente. Aunque muchos no quieran entenderlo, existe
un motivo: cada dólar que se fuga, lo pagamos entre todos. Una patología individual que afecta al colectivo.
Pero la mezquindad parece no
tener límites. En estos días, circuló el video editado del accidente
ferroviario de Castelar. Para calmar a los desconfiados, la copia en crudo, sin
leyendas explicativas, está en poder de los investigadores. La secuencia
muestra al tren que parte de la estación de Morón y todas las instancias que podrían haber evitado la colisión,
desatendidas por el maquinista. En ningún momento, Daniel López informó
sobre algún desperfecto. Por el contrario, parece decidido a embestir la
formación detenida a pocas cuadras. A simple vista, todo podía impedir la tragedia menos la voluntad del conductor,
que, como un kamikaze sobre rieles, incrementaba la velocidad para desatar la
catástrofe. Siniestro, pero probable. Y si las cosas no ocurrieron así, si en
realidad fue una falla mecánica y ninguno de los frenos funcionaron por desidia
o ahorro, es igualmente siniestro. Nada
excusa una tragedia intencional.
Pero, indudablemente, es el Estado el que debe tomar las riendas
del país para garantizar buenos resultados. Las fórmulas anteriores
produjeron un penoso retroceso: el Estado genocida al servicio del Poder
Económico especulativo financiero, el Estado acosado por el establishment, el
Estado cómplice de las minorías, el Estado bobo de la Alianza. Cada uno de ellos contribuyó a la
destrucción de un país que parece indestructible. Ninguno de ellos
garantizó una década tan pujante como la pasada. Ninguno de ellos puede
prometer una década mejor, sino todo lo
contrario. Por eso, para seguir avanzando, es imprescindible conquistar más
derechos, más soberanía, más democracia. Y si desde los centros de poder pretenden
poner límites, ya sea amoldando la Constitución
a sus intereses o conspirando en las sombras, se hace imprescindible
domesticarlos. Ya hemos padecido muchas
veces estos atropellos y no merecemos otro trago con el amargo sabor de la
derrota.
lunes, 1 de julio de 2013
Sin lugar para los tibios
Un
puñado de emociones
Desde hace un tiempo, el
autor de estos apuntes impulsa la erradicación de un adjetivo bastante
perjudicial. Y se usa mucho, no tanto
para calificar lo existente sino para señalar lo imposible. La Presidenta
lo usó el sábado, en la presentación de los candidatos del FPV de todo el país.
“No somos perfectos, no somos los
mejores, tenemos también errores y equivocaciones”, aclaró en una parte de
su discurso. De ‘perfecto’ y sus
derivados, estamos hablando, de un
adjetivo inventado para garantizar nuestra frustración. No tenemos
experiencia de lo perfecto porque no sabemos qué es. Un calificativo ligado a
lo absoluto, a la divinidad que creó
seres imperfectos destinados sólo a la imperfección. Sólo un perverso puede haber inventado una palabra así. Por más
que lo intentemos, nuestras obras jamás serán perfectas, aunque se aproximen
bastante. ¿Por qué seguir utilizando un
vocablo que tiene como principal objetivo desmerecer todo lo que hacemos?
¿Para qué seguir socavando la autoestima?
Claro que lo perfecto no
es sólo lo impecable, sino también lo acabado. Un proyecto de país jamás será perfecto porque está en permanente construcción.
Y esto sin contar con los ataques, traiciones y demás delicias con que los angurrientos intentan engrosar sus arcas.
Acciones que sin dudas provocan retrocesos notorios y dejan ruinas a su paso.
En 2001 vimos eso y dos años después comenzó la recuperación que todavía
estamos transitando. Un anticipo para los ansiosos: jamás tendremos un país perfecto; sólo podemos aspirar a un país mejor.
Y quien logre dar algunos pasos en ese sentido se convierte en una garantía. Porque
la cosa no pasa por la perfección –algo imposible, como ya se ha dicho- sino por el compromiso. "Quienes tienen la responsabilidad de
gobernar un país eligen todos los días. Eligen si van a favorecer a los más
vulnerables o a los más poderosos", aclaró CFK el sábado en
el micro estadio de Argentinos. Y por la sinceridad: "nosotros no nos disfrazamos de nada, nunca. Y no porque no nos
gusten los disfraces. A mí me encantan, pero para el carnaval. Para la política
no. En política nos gusta dar la cara y
decir lo que pensamos", explicó, una vez más, La Presidenta.
Tal vez cierta idea de la
corrección inspire la utilización del vocablo ‘perfecto’. Nadie en su sano juicio podrá afirmar que su vida desborda de
perfección. En todo caso, el ‘nadie
es perfecto’ caracteriza a todos los seres humanos, hasta los que han
alcanzado la excelencia en sus obras. Además, siempre hay algún criticón dispuesto
a encontrar algún defectito. Entonces, para abandonar definitivamente tal idea,
podemos acordar que si nos comparamos
con Dios –al menos con la idea que tienen de Él tanto creyentes como ateos-
siempre corremos con desventaja. Si
no se decide a perfeccionar nuestros actos y menos aún hacer las cosas por
nosotros, parece más saludable renunciar
a todo intento competitivo. Ya los mitos nos advierten sobre las
consecuencias que pueden acarrear los desafíos a la divinidad, como el episodio
de la Torre de Babel, por ejemplo.
Lejos de las ingenierías
fabulosas, tenemos en nuestras manos un país en construcción. Y el recuerdo de
un modelo que nos dejó empantanados en la derrota. Un modelo que muchos intentan reinstaurar, aunque sin decirlo
abiertamente. Ningún candidato va a prometer la ruina. Por el contrario,
todos aseguran que sus propuestas garantizan el bienestar. Y si no, mala
suerte, ‘nadie es perfecto’, se
escudará el cínico candidato. Quizá haya una manera de distinguir entre las
buenas plataformas y las que no lo son tanto. Mientras más generalidades o más imprecisiones contengan, más penosos
serán sus resultados. Porque lo que el ciudadano vota es un plan, un camino
acorde con los objetivos. Una meta sin recorrido parece algo incompleto. Una
trayectoria sin meta puede ser cosa de locos. Y aunque parezca mentira, algunos
proponen como meta lo que debe ser el punto de partida.
El sábado, La Presidenta
sintetizó en una frase una fórmula que incluye origen, tránsito y destino. "Somos
un país, una Nación, con 40 millones de argentinos, con 40 millones de sueños.
Y sólo un proyecto que tenga una idea rectora de Nación, un ideal de país que tenga en su historia, en su pueblo y en su
geografía profunda los basamentos de su accionar político, es el único que
puede garantizar la movilidad social ascendente", exclamó ante el
exultante público. Con estas
palabras, no está delineando una utopía inalcanzable. A diez años de gestión K,
ya no se pueden ocultar los avances.
Y no hemos llegado hasta aquí por puro azar. Una historia plagada de episodios
dramáticos ha inspirado esta década amigable. Por contraste, se entiende. De repetir las apolilladas recetas que
algunos siguen ofreciendo, no hubiéramos salido de ninguna pesadilla. De
los malos sueños se escapa con sólo despertar.
Y parando la oreja. Un país normal no puede tomarse como
meta ni como recorrido. Hace mucho tiempo, la esclavitud era normal. Hace no
tanto, en nuestro país era normal un Estado garante y cómplice del
enriquecimiento de una minoría selecta. Unos
años atrás, la normalidad sugería la
pobreza y la exclusión como única manera de gobernar. Gobernar era sinónimo
de obedecer las sombrías órdenes del Poder Fáctico. Gobernar significaba
satisfacer las angurrias de los personeros del establishment. Gobernar era
exigir nuevos sacrificios a los sacrificados perpetuos. La normalidad es tan ambigua y subjetiva, que parece un concepto
individual; hasta caprichoso. Lo normal resulta tan arbitrario que puede
llegar a ser un peligro. Más aún cuando
la normalidad es definida por una minoría.
En contra de lo afirmado por
algunos analistas políticos, CFK no presentó a sus candidatos. Y eso lo dejó muy en claro en su discurso. "Los
hombres y mujeres de las distintas provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires que hoy están aquí son los
candidatos del proyecto nacional y popular que transforma el país y al cual
tengo el orgullo de conducir. No son los candidatos de Cristina. Que nadie se
confunda". Más allá de lo que sea en realidad el armado de las listas
y las tensiones enormes que ese trabajo genere, la diferencia está en la
selección de los nombres. Tal vez los
nombres no interesen tanto como la integración a un colectivo.
Los agoreros no alcanzan –o se
niegan- a entenderlo, por eso atacan a
los individuos, pensando que así desconciertan al conjunto. “Pero la memoria del pueblo es más
importante que cualquier título periodístico”, definió Cristina. Aunque
apuesten al desánimo, al descrédito, los
hechos los dejan descolocados. “Cuando
pasó lo de la Fragata Libertad decidieron iniciar una colecta –recordó CFK– Hoy Ghana les hace pagar ocho millones de
dólares a los fondos buitre. Miren si les hubiéramos hecho caso”. Desde
hace un tiempo, hablan de diálogo y consenso; acusan de soberbia a La
Presidenta; aconsejan; presionan; amenazan. Con la prédica negadora sólo logran convencer a un hatajo de individuos
irritados y prejuiciosos. La Primera Mandataria apostó a un desafío, el de “ganar otra década para recuperar 50 años de
atraso”. Un atraso, vale reiterar, provocado
por aplicar modelos importados, cuyo fin no era precisamente el beneficio
de la mayoría. Como siempre, las
palabras de Cristina despiertan pasión, tanto a favor como en contra. Y
como ella lo sabe, sentenció: “lo
importante es elegir de qué lado estás”. Y un agregado para el final: los
que aseguran no estar en ninguno de los dos lados, en realidad, están tan atornillados que no se dan cuenta
que las sombras están a punto de devorarlos.
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