miércoles, 8 de abril de 2015

Una imagen que promete crecer



Aunque algunos se sorprendan, CFK mantiene un alto nivel de aceptación en los últimos meses de su segundo mandato. Y eso que el ensañamiento mediático no da tregua. Si los medios actuaran con más responsabilidad, si no fueran sólo propaladoras de estiércol, si al menos basaran noticias y análisis en hechos cercanos a la realidad, la imagen positiva de La Presidenta superaría con creces el 40 por ciento que las encuestadoras le asignan. Pero es lo que hay: mientras un colectivo está transformando como nunca el país, una pandilla quiere retrotraerlo a sus peores momentos. Nostálgicos que todos los días intentan convencernos de que satisfacer a una minoría angurrienta es lo mejor para garantizar nuestro futuro, pero no les sale. Las viejas tretas de manipulación ya no dan tan buen resultado. Después del fracaso de la Operación Nisman y de las falaces denuncias contra Máximo Kirchner, las estrategias destituyentes de los medios hegemónicos parecen los molestos ladridos de un perrito faldero.
Con la muerte de Nisman lograron instalar animosidad hacia el Gobierno Nacional, acusándolo de un homicidio hasta ahora inexistente. Esta fantasía interpretativa de los hechos tuvo su clímax en el famoso 18F, cuando un número considerable de manipulados prejuiciosos pobló las calles para pedir la cabeza de Cristina. Gracias a este artilugio de los medios dominantes, la imagen positiva comenzó a declinar y muchos olfatearon la proximidad del tan ansiado fin de ciclo. Pero el ídolo que construyeron tenía menos que barro en sus pies: de héroe a chanta en un par de días. Sólo unos pocos empecinados pretenden reeditar la santidad de otrora y el resultado es puro fracaso.
Para Eduardo Fidanza, de la consultora Poliarquía –la ex favorita de La Nación- “la imagen se venía manteniendo en los últimos seis u ocho meses y si bien descendió cinco puntos por el caso Nisman, después lo recuperó”. Luis Costa, de Ipso Mora y Araujo, considera que no sólo “subió de nuevo la aprobación de la gestión del Gobierno” sino que “está mejorando la evaluación de la economía por parte de la gente”. Pero Fidanza agrega dos conclusiones auspiciosas. Cristina llega al final de su mandato mucho más fuerte que los gobiernos anteriores desde que se recuperó la democracia”. Y, a pesar de los esfuerzos por sepultar el pasado, “la gente sigue pensando la actualidad y su realidad comparándola con lo que fue la crisis en la que se inició el kirchnerismo” doce años atrás. Por eso no dan resultado aquellas consignas que tratan de convencernos de que estamos peor que nunca.
La búsqueda del porqué
En las calles, reina el desconcierto y la modestia. El primero, en los colonizados mediáticos que no encuentran en su entorno el desastre que consumieron en la tele y la segunda, en los que estamos convencidos de que éste es el mejor camino para construir un país para todos. Un desconcierto simple de subsanar y una modestia fácil de superar. La crisis que se aproxima nunca llega porque no existe. O sí, pero está muy lejos y habla en un idioma diferente; no porque se exprese en inglés o italiano sino porque su lenguaje es el del más sanguinario mercado; el que se hablaba en nuestras tierras no mucho tiempo atrás; el léxico que se percibe en algunos candidatos, aunque traten de disfrazarlo.
Esto no quiere decir que el kirchnerismo haya provocado una ruptura sistémica con los lineamientos básicos del capitalismo. Tampoco se lo propone. Al contrario: alienta la inversión, la producción y el consumo. Inversión de los que más tienen para incrementar la producción y generar más puestos de trabajo para que todos puedan consumir esos bienes. Para que este círculo virtuoso funcione bien debe desterrarse la avaricia, no la de los que quieren acrecentar su patrimonio, sino la de los que quieren conservar sus riquezas como si fueran ídolos en un templo; los que prefieren ver crecer sus cuentas en el extranjero y no las fábricas en el país; esos que reclaman inversiones pero no sueltan un mango aunque tengan de sobra; esos que ven al Estado como un enemigo o una teta a la que succionar y no como una construcción colectiva para alcanzar la equidad; esos que se sienten molestos porque sus empleados consumen casi a la par que sus propios hijos.
Como existen personajes así, tan desagradables y perniciosos, el Gobierno Nacional aparece como garantía de redistribución con la permanente inyección de recursos. Los planes tan denostados por los agoreros; los choripanes, como malversación de la síntesis; el gasto público, que siempre debe recortarse para la mezquina mirada de los avaros. ¿Por qué siempre aparecen estos contra-argumentos? ¿En qué les afectan los planes? ¿Pura envidia? No, por supuesto: hay que estar muy extraviado para envidiar al que menos tiene y se beneficia con los programas del Gobierno. Si el gasto –inversión- se recorta, el Estado no necesitaría recaudar tanto y podría bajar los impuestos, un reclamo que resuena en tiempos electorales. Si esto ocurriera, la pobreza crecería y muchas cosas no podrían funcionar bien, como los servicios estatizados, por ejemplo. Pero se produce una paradoja: los que claman por los recortes son los mismos que exigen que no haya pobreza y que todo ande sin problemas. Ya lo hemos visto pero hace falta sintetizarlo: cuando las empresas públicas marchan mal, se regalan; cuando crece la desocupación, el salario se abarata; cuando hay más pobreza nadie consume, por lo que los empresarios no necesitan invertir y pueden incrementar sus ganancias con la timba financiera o la especulación monetaria. Si el Estado accede a la demanda egoísta de estos personajes, el círculo virtuoso se transformaría en vicioso.
Si estos permanentes malhumorados dejaran de refunfuñar por los rincones y amplificar sus gruñidos en los medios dominantes, la grieta comenzaría a estrecharse. Claro que para eso deberían abandonar el insostenible papel de víctimas que interpretan y empezar a reconocerse como privilegiados. Y que, como tales, en algunos momentos de nuestra historia se han transformado en victimarios. También, deberían comprender que el proyecto que para ellos –minoría siempre insatisfecha- funciona muy mal, para la mayoría marcha bastante bien. Y que podría marchar mucho mejor si se sumaran a la construcción de una felicidad compartida.
Como no se atreven a abandonar esa mirada mezquina no pueden explicarse el crecimiento de la imagen positiva de La Presidenta ni la intención de votos del movimiento que conduce. Como insisten en boicotear en lugar de contribuir, se topan con el fracaso. Como están enredados en el error –o, al menos, en la contradicción- necesitan creer en las patrañas que ellos mismos producen. Como no se animan a escapar de la burbuja agorera en la que están encerrados, nunca estarán preparados para la sorpresa que se llevarán en octubre. Sorpresa que los demás celebraremos con los choripanes que supimos conquistar y todos los que conquistaremos.

lunes, 6 de abril de 2015

No habrá Soberanía sin Justicia



Una vez más, los Supremos dan la espalda a las causas nacionales. Para los cuatro miembros que quedan en la Corte –como en la famosa novela de Agatha Christie- las vejaciones padecidas por los conscriptos en Malvinas no constituyen delitos de Lesa Humanidad. Estaqueadas, inmersión en aguas heladas, inanición, simulación de fusilamiento sufridas por los elegidos para defender nuestro territorio no merecen más que tres párrafos. Quienes cometieron estas atrocidades son oficiales y suboficiales argentinos que, por pura maldad, torturaron a sus propios soldados, a los que debían guiar y no masacrar. Y los miembros de la Corte Suprema de Justicia no consideran la posibilidad de dar entidad judicial a estos hechos. El Tribunal que parecía un lujo en comparación con la banda menemista, ahora no da más que vergüenza.
Así es. Ni siquiera se han tomado la molestia de dar más explicaciones. Sólo tres párrafos que demoraron tres años en elaborar y que dieron a conocer con mucha timidez. ¿A quiénes protegen con su fallo? ¿A quiénes buscan complacer con su indiferencia? Tanto se esfuerzan por despertar nuestro repudio que al final lo van a recibir. ¿Qué película están mirando los Supremos? Tal vez se sintieron tentados por acelerar el fin de ciclo que tanto desea el establishment, pues el breve texto de rechazo lo firmaron el 19 de febrero –24 horas después de la Marcha de los paraguas- aunque lo dieron a conocer unos días después, para disimular.
La Presidenta se refirió a esta nueva defección de los miembros de la Corte y alentó a los demandantes a probar suerte en la Comisión Interamericana de DDHH, pues la Justicia nacional mira para otro lado. No conforme con eso, en el acto del 2 de abril anunció la creación del Archivo Oral de las Memorias de Malvinas y la desclasificación de los documentos secretos de las FFAA. Testimonios y documentos que descolocarán a los funcionarios judiciales que se negaron a investigar las 120 denuncias presentadas por los ex combatientes. Una foto más que nos convoca a una verdadera reforma en la justicia federal, dejando de lado la escoria que conspira contra nuestros intereses. Claro que para esto hay que garantizar la continuidad de este proyecto; de lo contrario, el futuro estará plagado de amnesia y superficiales recordatorios de catálogo.
Para el presidente de la Comisión Nacional de ex Combatientes, Ernesto Alonso, “con la desclasificación de los archivos va a aparecer un sinnúmero de denuncias semejantes, una infinidad de pruebas que van a fundamentar aún más las denuncias que presentamos ante la Justicia y que la Corte Suprema no analizó, reivindicando la doctrina del Punto Final”. Jerónimo Guerrero Iraola, coordinador del equipo jurídico del CECIM, explica que en la CIDH, “plantearemos que el Estado argentino, a través del Poder Judicial, especialmente, la Corte Suprema de Justicia, nos impidió avanzar en la investigación. Simplemente pediremos que nos dejen investigar”. María Laura Garrigós de Rébori, titular de la Cámara de Casación Penal, asegura que “existieron enterramientos hasta la cabeza, paso de corriente eléctrica, falta de alimento como forma de castigo, que configuran múltiples vejámenes realizados a la intemperie y en medio de los bombardeos". A pesar de todo esto, de la indefensión en que deja a las víctimas –héroes forzosos- y de la contradicción enorme que significa para la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia, los Supremos se visten de indiferencia para disfrazar su cobardía.
Aventura con espías y piratas
Mientras estos gallináceos con toga se niegan a enjuiciar el pasado, los piratas del presente amenazan nuestro futuro. Cuando la emoción desbordaba los actos recordatorios del comienzo de la Guerra, tres empresas británicas anunciaron el descubrimiento de petróleo y gas en las Malvinas con serias intenciones de sacar suculentas ganancias. Hasta ahora, el Gobierno Nacional –lejos de la sumisión- realizó presentaciones en organismos internacionales y denuncias a estas empresas en la Bolsa de Comercio de Londres y Nueva York, pues esos recursos están ubicados en territorios argentinos, usurpados por la Corona en 1833. El secretario de Asuntos Relativos a las Islas, Daniel Filmus, quiere que “los dueños de las empresas sean juzgados de acuerdo con las leyes argentinas y el derecho internacional”. Y agregó que este proceso “puede terminar con un pedido de captura por parte de jueces argentinos a quienes operan ilegalmente en el mar argentino”.
Algunos pensarán que esto es exagerado, pero el texto de la Ley de Hidrocarburos, reformado hace dos años, prevé prisión y multas para la exploración y explotación clandestina. A partir de las modificaciones de la ley 26659 es posible castigar a las empresas que realicen estas tareas sin el permiso del Gobierno Nacional en la zona ubicada alrededor de las islas, prisión por 15 años y multas por el valor de 1,5 millones de barriles. Por supuesto, siempre y cuando haya jueces que se atrevan a desafiar el Poder Económico del Imperio.
El mismo Imperio que piensa que somos una amenaza para el enclave colonial del Atlántico Sur. Ellos que han armado una base militar en nuestras islas, a pocos kilómetros de la costa continental, nos consideran un peligro. Para arribar a esa conclusión montaron, entre 2008 y 2011, un complejo plan de espionaje que no estuvo a cargo del mítico MI6 jamesbondano, sino del impronunciable y poco cinematográfico Jtrig. Gracias al trabajo de contraespionaje de Edward Snowden –ex empleado de la CIA- la Operación Quito vio la luz en estos días. De más está decir que la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense prestó colaboración, aunque la administración Obama se ha manifestado distante del conflicto por la soberanía en las islas.
De acuerdo a los archivos desclasificados de forma clandestina, este plan incluyó “operaciones encubiertas en redes sociales y la intervención de comunicaciones de seguridad para estar informados acerca de los planes de Argentina respecto de las islas Malvinas e influir en la opinión pública”. En realidad, no hace falta tanto despliegue para descubrir que el principal interés es recuperar las islas, aunque no de manera violenta como intentó el dictador Galtieri, sino a través del diálogo y en base a nuestro absoluto derecho. La Cumbre de las Américas que se desarrollará en estos días incluirá, seguramente, una posición de conjunto respecto a este tema. Si en otros tiempos el Imperio usurpó ese trozo de nuestro suelo abusando de su poderío y explotando nuestra soledad, hoy las cosas son diferentes. La bestia en decadencia se enfrenta a una región que no está dispuesta a dejarse humillar. Y a un pueblo convencido de que el país del futuro incluye a las Malvinas o no será nada.

viernes, 3 de abril de 2015

Macri y el infierno que promete



Pensar los dichos de Luis Barrionuevo respecto a Axel Kicillof sólo desde la discriminación, condiciona el análisis. Que llame rusito a nuestro ministro de Economía, además de apelar a una vetusta estigmatización de los judíos, recurre al diminutivo que, viniendo de quien viene, suena sumamente despectivo. Un personaje extemporáneo que no representa a nadie y que ostenta más poder económico y mediático antes que sindical. No hay que detenerse en estas minucias ni en las pueriles críticas de Jorge Lanata que, respecto a la tan conocida entrevista realizada por Víctor Hugo Morales, consideró que “Máximo es un pobre chico que nunca trabajó”. Menos aún en la desagradable tapa de la revista Noticias, que muestra al hijo de La Presidenta esposado, presto para la prisión por la insostenible denuncia de la revista brasilera Veja y la infundada réplica de Daniel Santoro en Clarín. Nada más que desatinadas provocaciones de los que saben que perderán el partido.
Estos personajes -peones del establishment- sólo aportan leña para recalentar los prejuicios de un público cacerolero y fanfarronean para inspirar alguna tímida reacción de los kirchneristas. Un vidriecito averiado en alguna de las oficinas de estos sujetos servirá para armar un escándalo internacional en defensa de la libertad de expresión vulnerada. Como no les salió la comedia de Nisman, como ya no pueden superar la acusación de asesinato contra Cristina, deben retornar a sus viejos trucos del denuncismo por corrupción. Las argumentaciones de Daniel Santoro en defensa de su investigación sobre las cuentas de Máximo Kirchner y Nilda Garré dan por tierra con cualquiera de los principios de la profesión que él degrada. Él y muchos de los que se amontonan de aquel lado de la Grieta. Esto demuestra que ya no saben cómo destronar al kirchnerismo para instalar en la Rosada a su funcional candidato. La situación actual está muy lejos de la caracterización hecha por Lanata, de que el Gobierno “no se está yendo, se está escapando”. Impotentes, deben negar la realidad hasta las últimas consecuencias.
El procesado Macri no dejó pasar la ocasión de demostrar su desconcierto ante la aparición de Máximo. Cínico como siempre, calificó “positivo” que “haya salido de la oscuridad y hable”. Hipócrita también, consideró que a su discurso “no le queda contenido”. Justo él, experto en vacuidades, habla de contenido. “Si hay alguien oscuro en este país, ése es Mauricio Macri –aclaró el diputado Andrés Larroque– Que piense que alguien por no salir en los medios está en la oscuridad es una demostración más de la debilidad por el cholulismo y las fiestas que tiene el jefe de Gobierno porteño”. Pero lo que más molestó al Alcalde Amarillo es que el Hijo Presidencial lo haya identificado con los noventa. “Queda claro que expresamos dos ideas de país distintas –explicó, por fin- Un debate final entre esta idea de cambio, que ha crecido tanto entre los argentinos y el miedo que ellos plantean”. Precisamente, el miedo es la amenaza de restauración noventosa que promete el patricio con sus ideas de cambio.
El futuro de la soberanía
Estos temores no son infundados, pues ya ha anticipado muchas veces cuáles serán sus primeras medidas: eliminación de las retenciones y el impuesto a los altos ingresos, integración al Mundo, obediencia al juez Griesa y la liberación del dólar. Y todo esto asegurando que lo hará para solucionar los problemas de la gente. Nunca aclara qué problemas quiere solucionar ni en qué gente está pensando. Seguramente, de su mano desaparecerán no muy gradualmente las restricciones a la importación y la regulación del Estado de la actividad económica. Si este paquete que promete Mauricio Macri no provoca miedo, ¿qué otra cosa podría provocarlo?
Que esté procesado por escuchas ilegales no brinda mucha tranquilidad para el futuro y que esté involucrado en el incendio intencional de Iron Mountain tampoco es para celebrar. Con sólo pensar en lo que haría con dos conflictos serios que involucran a bancos basta para que un escalofrío recorra nuestro cuerpo. ¿Acaso alentaría la investigación de la evasión y fuga de divisas que orquestó el HSBC, con un perjuicio de 3500 millones de dólares? Seguramente no, porque muchos de sus amigotes deben ser los fugadores. ¿Y con el Citi Bank, que abandonó a los bonistas para coquetear con los buitres? ¿Dejaría Macri que sigan operando con total libertad en contra de nuestros intereses? Indudablemente sí, porque prefiere estar bien conceptuado en los salones del Imperio. Nadie se enojaría con él, salvo el Pueblo, que padecería sus cambios.
Por todo esto, la palabra de Máximo le incomoda porque no sólo significa una interpelación, sino porque en el choque de proyectos resultará altamente perjudicado. Si no gozara de tanta protección mediática tendría una intención de voto mucho menor. En condiciones normales, sus propuestas partidarias apenas alcanzarían un 15 por ciento de aceptación. Pero como casi nadie se entera de sus estropicios, parece un ángel salvador. Y no lo es, por supuesto. Tampoco parece muy preocupado por la soberanía. Con él, tendríamos cada vez menos Patria y eso lo ha demostrado en muchas oportunidades. Si ante cada conflicto se pone de parte de la posición foránea. En sintonía con el establishment que representa, ni siquiera ha preparado un acto protocolar en conmemoración de la Guerra de Malvinas. Tanto él como el exclusivo club de amigos con formato de partido político que ha creado se desentienden de esos temas. Sólo “silencio y respeto” dedica a los combatientes.
Mientras él piensa la Soberanía en términos mercantilistas y destina silencio para respetar a los mártires de Malvinas, CFK se compromete con la independencia territorial: “no va a haber un 9 de julio completo hasta que no podamos recuperar nuestras Islas Malvinas”. Y nada de silencio. A diferencia de la Corte Suprema, que se desentendió de las torturas recibidas por nuestros héroes, La Presidenta decidió la creación de un Archivo de la Memoria Oral en el Museo de Malvinas. Allí estarán “los testimonios, las memorias de los que estuvieron, de los que participaron porque eran hijos y familiares, también de periodistas, de camarógrafos, de fotógrafos, de todo aquel que de alguna manera tuvo que ver con ese pedazo de historia”. Además, por el decreto 503, ordena la desclasificación de “toda aquella documentación de carácter no público vinculada al desarrollo del conflicto bélico del Atlántico Sur obrante en los archivos de las Fuerzas Armadas”.
Nada de silencio ni indiferencia. Desde la finalización de la guerra, los soldados padecieron la desmalvinización de los sucesivos gobiernos democráticos. Recién a partir de 2003 se destinó para ellos una pensión digna y el reconocimiento de toda la sociedad. Y el compromiso permanente de reclamar por lo que es nuestro, a pesar de la soberbia de un Imperio, que, aunque en franca decadencia, sigue amenazando la paz con sus cariados colmillos.

miércoles, 1 de abril de 2015

El miedo de los gigantes



En tiempos electorales, todo contribuye a la campaña. A veces, con acciones y otras, con operaciones. Acciones buenas y operaciones siempre nocivas. Aquí y en todas partes. En el Primer Mundo y en el décimo quinto. El martes 24, mientras millones salíamos a las calles para conmemorar un nuevo aniversario del golpe del ’76, la Corona Británica nos convertía en una amenaza para nuestras islas Malvinas. La misma sorpresa que se llevaron los venezolanos hace unas cuantas semanas. Los gigantes temen a los pequeños. Un cambio de época que no hay que desatender. Los ingleses imitan a los norteamericanos y recurren a ficciones para asustar a sus votantes. De paso, incrementar los gastos en defensa y complacer a los fabricantes bélicos, verdaderos patrones del mundo. En estas tierras también hay patrones que quieren volver a gobernar. Y, en plena batalla, envían sus tropas para debilitar al Gobierno que consideran su enemigo, aunque para ello deban pisotear la democracia en su conjunto.
Como si fuera un espectáculo de variedades, los integrantes del Círculo Rojo ordenan qué número debe salir a escena para entretener a una parte de la sociedad. En virtud de que los candidatos todavía no están listos para la campaña que se avecina y que los fiscales están un poco agotados con tantas acrobacias, les tocó el turno a los trabajadores con elevados ingresos. Aunque son pocos, hicieron mucho ruido y lograron impedir que muchos asalariados con menores retribuciones puedan asistir a sus lugares de trabajo. Una especie de paro obligatorio que afectó la circulación y en algunos casos, se llegó a la violencia para simular una adhesión masiva. Los piquetes, que a comienzos de siglo eran símbolo de la resistencia al neoliberalismo, el martes parecían funcionales a su restauración. En aquellos tiempos, se “cortaban rutas para abrir caminos”; hoy, sólo para satisfacer al establishment.
“El salario no es ganancia” gritan a los cuatro vientos como si fuera una genialidad, como si Argentina fuera el único país del mundo que retiene una parte de los sueldos que superan los ingresos medios. No fue una protesta de ricos ni de privilegiados, sino de individuos ingratos y egoístas que se han convertido en comparsa de los enemigos. Amnésicos también, porque en la última década del siglo pasado padecieron recortes, precarización y despidos y hoy, no sólo tienen empleo sino perciben altos salarios. Necios, sobre todo, porque aportan a la campaña del candidato que quiere desandar un camino de conquistas para satisfacer las ambiciones de una minoría perniciosa. Cínicos, porque afirman reclamar derechos cuando en realidad están exigiendo privilegios. En lugar de demandar una reforma integral de la legislación tributaria y la eliminación de las exenciones, sólo buscan desfinanciar al Estado; en lugar de contribuir para alcanzar la equidad, operan para profundizar la desigualdad. Más que una medida de fuerza de trabajadores vulnerables fue una extorsión de los dirigentes más poderosos.
La colorida danza de los condicionales
Indudable que desde 2003 hemos aprendido muchas cosas de economía, historia, política y que eso nos ha hecho crecer como colectivo. Hasta tenemos a disposición lecciones sobre los temas más complejos de la gramática: la conjugación verbal y el uso de los condicionales. El periodismo carroñero ha abandonado sus principales preceptos y ahora, en lugar de escribir sobre hechos, delira sobre probabilidades, que como tales, no puede comprobar. Los manuales de estilo de los propios medios aconsejan evitar las formas verbales que portan incertezas. Pero no hay estilo ni elegancia cuando los poderosos avizoran la derrota. Por eso, las notas de los principales columnistas de Clarín abundan en sería, tendría, habría, lo que indica una ausencia de datos certeros y confirmados. Sólo son denuncias sin fundamentos.
Además de la ausencia de pruebas y coherencia, los dardos están dirigidos siempre a los mismos blancos. Macri, Rodríguez Larreta, Carrió, Barrionuevo son los buenos en las ficciones periodísticas o al menos, los eternos olvidados. También los fugadores, blanqueadores y evasores. Los únicos corruptos son los kirchneristas. En los titulares de los medios hegemónicos ni siquiera hay lugar para los piromaníacos de Iron Mountain o de los bosques patagónicos. Tan obscena es la tendencia, que hasta los columnistas de La Nación toman distancia.
El caso de la delación de las cuentas en el extranjero de Máximo Kirchner y Nilda Garré quedará para la historia, sobre todo porque el autor de la nota es Daniel Santoro, un investigador cuyo libro es un emblema para los estudiantes de periodismo. O lo era. Un buen consejo para todo autor: releer cada tanto sus obras, así no entra en contradicciones y predica con el ejemplo. Una denuncia que involucra al hijo de La Presidenta debe aportar más pruebas que condicionales; debe basarse en certezas más que en sospechas; debe aportar veracidad en lugar de alimentar prejuicios. Pero a los escribas de esos medios ya no les importa la ética porque el objetivo es embarrar la cancha para facilitar el acceso del Elegido de los patricios a la presidencia.
Y el involucrado salió a contestar y levantó polvareda, tanta que llegó a opacar el impacto buscado con el paro de transporte con pretensiones de general. La entrevista a Máximo Kirchner que realizó Víctor Hugo por Continental despertó la atención de muchos medios que la transmitieron en dúplex. Una cadena nacional insólita y espontánea de la que estuvieron ausentes aquellas radios y canales que pertenecen al Grupo Clarín. A no enojarse: están en su derecho de hacer lo que quieran. Las entrevistas en directo con las voces oficiales no pueden tergiversarlas de acuerdo a sus intereses. En cambio, con la edición, eliminan lo mejor para dejar sólo aquello que pueda incrementar la indignación manipulada de su público cautivo.
Seguramente, transformarán la tranquila y esclarecedora charla que mantuvo el periodista con el dirigente de La Cámpora en un aluvión de insultos y agresividad que no existió. Tampoco incluirán las profundas definiciones políticas cargadas de futuro ni los contrastes con las ofertas de temporada de los candidatos de la oposición. Menos aún destacarán un dato que pinta entero al hijo de dos presidentes: en trece años nunca ha salido del país. Un dato que, en sí, parece no ser ni bueno ni malo. Un contraste enorme con otros hijos que, en todo ese tiempo, hubieran recorrido el mundo dejando a su paso una estela de lujos escandalosos. Nada de farándula sino una promesa de continuidad y eso los descoloca. Sin duda, los agoreros se sienten más cómodos cuando los políticos se cruzan con personajes mediáticos, porque ése es su territorio. Cuando las cosas merecen un tratamiento más serio, pierden el control. Desde hace unos años lo han perdido, a tal punto que ya no saben cómo recuperarlo. Y por lo que parece, jamás lo recuperarán. Por lo menos, en esta vida.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...