viernes, 17 de abril de 2015

La incomprensión de los alucinados



Este país se volvió loco: radicales alfonsinistas escuchando el discurso de una presidenta peronista. Y encima, aplaudiendo con evidente entusiasmo. Mejor dicho, los locos son los que no entienden este momento histórico y hablan de un fin de ciclo, aunque en realidad, apenas es el comienzo. Tan locos que son capaces de cometer una agresión tan torpe como la padecida por Víctor Hugo Morales en una calle que debería ser pública pero permanece apropiada por el Grupo Clarín. Tanto, que no comprenden por qué, a pesar de las infamias, insultos y mentiras que se difunden con forma de titulares o análisis de expertos, CFK mantiene una creciente imagen positiva. Y más desquiciados quedarán cuando las urnas confirmen el rumbo iniciado en 2003.
No es para menos, si del otro lado no hay nada. O sí, pero esa nada es el disfraz que encontraron para ocultar lo que pergeña el establishment para el futuro del país. Sólo globos y palabras de ocasión, vaciadas de contenido y sin ardor. Palabras que prometen una normalidad, que no es más que un retorno a aquel país saqueado desde 1976 y que explotó en 2001. Si sus candidatos revelaran sus planes de gobierno, no los votaría nadie y por eso siguen la treta del Infame Riojano que prometió lo ni se proponía cumplir. De ahí que los postulantes hablen de cambio, de gestión, de un país nuevo pero nada dicen de lo que van a hacer. Generalidades que serán como un caballo de Troya para la mayoría. Promesas edulcoradas que sólo pueden encantar a quienes disfrutan de los engaños o se benefician con ellos.
Los patrones ya olfatean que no van a poder recuperar el control del país pero nunca dejarán de intentarlo. Si no pueden por las buenas, probarán por las malas. Claro, ya no tienen a su disposición a las FFAA. En realidad, no les queda ninguna fuerza, salvo una corte servil de jueces, fiscales, periodistas y no mucho más que eso. Un ejército diezmado que empuña sin convicción un vetusto arsenal incapaz de producir daños considerables. La última bomba –la denuncia de las cuentas de Máximo Kirchner y Nilda Garré- les explotó en la cara apenas lanzada. Cuentas que nunca existieron, de acuerdo a la información del banco involucrado. Este fue el último fracaso, que se suma a los anteriores. Tanta frustración sienten ante la derrota a la vista, que la patoteada de Clarín a Víctor Hugo y su equipo de producción parece uno de sus últimos gestos de desesperación. Ya no es una muestra de impunidad y poderío, sino de impotencia.
Iluminados por el fuego
Pero este fracaso de los nostálgicos no es tanto por mérito propio. De este lado de la grieta que ellos mismos han fabricado hay un proyecto que, además de acumular logros, enamora en cada una de sus decisiones. No es para menos, si de su mano estamos recuperando un país que creíamos perdido para siempre. Trabajo, nivel adquisitivo, sueños y desafíos ahora forman parte de nuestra cotidianeidad. Tópicos que durante muchos años sólo fueron recuerdos de tiempos lejanos: un bienestar que parecía habernos abandonado; banderas dejadas a un costado del tenebroso sendero al que nos condujeron; utopías pisoteadas por la prepotencia de una minoría. Ahora eso forma parte de un pasado del que estamos huyendo sin olvidarlo hacia un futuro que nos espera con una fiesta de bienvenida.
Lejos de la complicidad que hemos conocido en las décadas más oscuras, el Estado de hoy está comprometido con las necesidades de la mayoría, sobre todo de los sectores más vulnerables. Esto, por supuesto, sin despojar de privilegios a la minoría más pudiente: tan sólo se pide a sus integrantes que contengan sus angurrias para profundizar la inclusión. Mucha paciencia hemos tenido en estos años, pero tengan en cuenta que ya se está agotando: el caso de las garrafas de 10 kilos aparece como un buen ejemplo, aunque no es el único. Mientras embolsaban los subsidios para mantener el precio de la garrafa social, los distribuidores cobraban cualquier cosa a los compradores o simulaban desabastecimiento para obtener mayores ganancias. Ahora que los recursos estatales están dirigidos a los usuarios, no podrán especular más: en las últimas semanas se aplicaron 50 multas y se decidieron clausuras por incumplimiento del precio máximo de 97 pesos. Una muestra de la paciencia agotada, que los adláteres interpretan como autoritarismo. Increíble: consideran que la democracia debe satisfacer la avidez de los poderosos, aunque eso perjudique el bienestar de la mayoría. Una señal más del extravío.
Otro signo de que no están con nosotros es la bulla inconducente de los medios hegemónicos y el silencio ante temas trascendentes. Además de ubicarse siempre del peor lado, ocultan los logros y exaltan los errores o, de ser necesario, los inventan. Nada publicaron en las tapas de los dos diarios más vendidos sobre la estatización de Ferrocarriles Argentinos, un símbolo del despojo y la soberanía perdida; una herramienta de integración regional que comenzó a ser aniquilada en los 70 y sepultada definitivamente en los 90, como no podía ser de otra manera. Una ley que salió del Congreso con el aporte y el apoyo de todas las fuerzas políticas, hasta de los opositores más encarnizados, salvo algunas excepciones. Incomprensibles y caprichosas excepciones.
Ahora el tren avanza hacia el mañana que ya llega. Un futuro que no tendrá el principal protagonismo de los nostálgicos del ajuste, porque esta nueva manera de pensar la política no lo considera necesario. Una tensión entre dos miradas: una individual, egoísta, destructiva; y la otra, colectiva, solidaria, inclusiva. Dos posiciones contrapuestas que medirán sus fuerzas en unos meses, aunque el resultado de este choque no es muy difícil de predecir: sería injusto que gane el exponente de los peores intereses. Ingrato, también.
Pero nada de eso ocurrirá, porque la fuerza gobernante se nutre de las mejores voluntades. En el emblemático Parque Norte, un lugar con sabor a peronismo, los radicales disidentes decidieron sumarse al kirchnerismo. Y produjeron una foto jamás pensada: Cristina aplaudida y alentada por seguidores de Yrigoyen y Alfonsín. Cristina “no como Presidenta, sino como militante nacional y popular”. Banderas y camisetas rojas y alguna boina blanca se agitaban de entusiasmo por ese momento histórico. “Lo que define la pertenencia no es un color ni la ficha partidaria –explicó CFK- sino “atreverse a decirles no a los que te pisaron la cabeza toda la vida”. Y agregó: “nacional, popular y democrático significa incluir a cada vez más argentinos no en un partido o en un espacio político, sino incluirlos a los bienes materiales y culturales a los que todos tienen derecho por sólo haber nacido en este país, incluirlos al trabajo, a la educación, a la salud, a la cultura”. Un ciclo que, lejos de terminar, como desean los malos adversarios y los buenos enemigos, apenas está empezando. Un ciclo que, como expresó su conductora, entiende que “la política es, fue y seguirá siendo el instrumento más adecuado para modificar la realidad en beneficio de las mayorías populares”. Los que no entiendan esto, inevitablemente, quedarán afuera de esta maravillosa película que estamos protagonizando.

miércoles, 15 de abril de 2015

Un dilema fácil de comprender



La VII Cumbre de las Américas dejó un sabor a cambio en la Región, pero no en el sentido de un retorno a las políticas económicas del neoliberalismo. Lamentarse por la desigualdad sin contener a quienes la producen no es más que hipocresía. Por eso no caen bien las palabras de los grandes empresarios que sólo se preocupan por la competitividad como excusa para reducir salarios y cargas impositivas: el tan cuestionado modelo del derrame, que sólo produce un miserable goteo. Para achicar la brecha hay que recortar la cima de la pirámide, en lugar de permitir que siga ascendiendo. Los árboles crecen de abajo hacia arriba y lo más importante es la raíz, que recibe todos los nutrientes. Cuando las ramas del árbol se van muy alto, a veces es conveniente cortarlas para que no perjudiquen al resto. Quienes aconsejan achicar el gasto y reducir la demanda sólo buscan acrecentar sus ganancias invirtiendo lo menos posible y apropiarse de una renta para inmovilizarla en cuentas en el extranjero. Ese círculo les sirve sólo a ellos y perjudica al resto de la sociedad. A nadie engañan ya con sus lamentos y como está tan clara la ecuación, los candidatos de esa minoría mezquina no podrán conquistar las voluntades necesarias para torcer el rumbo iniciado en 2003.
Aunque se burlen de esa expresión, cada vez más datos confirman lo de la Década Ganada. Si bien la ponzoñosa creatividad inspira las más denostadoras combinaciones, en estos más de diez años la mayoría logró estar mejor. En términos de redistribución, quienes se ubican en la base de la pirámide se han beneficiado con políticas de inclusión, a pesar de la resistencia de los que más tienen, adláteres, voceros y lame-suelas. La reducción de la pobreza y el éxito de la moratoria previsional han sido destacadas por organismos internacionales. Por supuesto, en un país como el nuestro no debería haber pobres y los jubilados deberían ganar mucho más, pero la avidez inexplicable y despiadada de una minoría patricia dificulta alcanzar ese imprescindible objetivo.
Y no es sólo repartir plata, como plantean los malintencionados reduccionistas, sino brindar acceso a los principales servicios como agua, electricidad, gas y desagües. La construcción de escuelas, la distribución de netbooks y libros y el plan Progresar facilitan que más niños y jóvenes puedan estudiar. También se han diseñado programas para que se capaciten aquellos adultos que no han podido completar su formación. Además, el Fútbol Para Todos y la TV digital permite gozar de bienes culturales a los que nunca habían soñado con eso. La lista es mucho más extensa y desbordaría el espacio de un Apunte y es muchísimo más amplia que los chori-planes que aparecen como burla en las nefastas simplificaciones de los medios hegemónicos. Si no hubiera tanta malicia, el camino sería más ágil y placentero; si no hubiera tanta avaricia estaríamos más cerca del país que soñamos.
Los nostálgicos del derrame
Pero muchos añoran las pesadillas de antaño y se convierten en apologistas del retroceso. Esos que llenan sus arcas con las miserias ajenas deberían quedar en la ruina: no merecen tener un centavo. Encima de que tienen todo, cuando ven que los demás están un poco mejor, sin pudor, desatan su envidia. Y aunque no sepan para qué, ellos quieren tener mucho más. Angurria patológica, porque no quieren tener más para invertir y crecer, sino para acumular. La cifra los enceguece. ¿Qué otra explicación tienen los dichos del titular de la UIA, Héctor Méndez, en contra de las negociaciones paritarias? Le llovieron las críticas, como corresponde. Un poco de valentía hubo en sus palabras, a pesar de lo descontextualizado de su intervención. El cinismo llena de excusas a los grandes empresarios, pero en el fondo ansían apropiarse del bienestar ajeno. Por más que reclamen inversiones, que hablen de competitividad, de reducir la demanda, lo que quieren es tener mucho más, aunque el resto chapotee en el fango.
A lo mejor, a los personajes como él les duele que el salario privado se haya elevado, en promedio, un 1154 por ciento desde 2002, al pasar de 928 a los 11643 pesos de 2014, por encima de cualquier índice inflacionario. Y lloran, como si en la puja distributiva perdieran plata. No, han crecido como nunca gracias al incremento del consumo. Eso sí, invirtiendo proporcionalmente menos que el Estado. Ese Estado al que tanto exigen que achique el gasto público. Con un gobierno obediente a estas repulsivas demandas, la recesión estaría a la vuelta de la esquina.
De acuerdo a un estudio presentado recientemente por la CEPAL, dependiente de la ONU, entre 2003 y 2012, Argentina registró el mayor nivel de inversión respecto del PBI de las últimas tres décadas. Pero ha sido el Estado quien, en proporción, ha invertido mucho más, en asignaciones, planes, obra pública, construcción de viviendas, para incentivar el círculo virtuoso de la vida económica. Los privados, en cambio, no sólo han invertido proporcionalmente menos, sino que han intentado –y logrado- escamotear recursos a través del incremento desmedido de los precios, evasión, especulación y fuga de capitales.
El ministro de Economía, Axel Kicillof, en el cierre del encuentro de Jóvenes Empresarios por una Argentina Inclusiva, Industrial, Productiva y Sustentable fue, una vez más, didáctico y contundente: “en estos años quedó demostrado que la redistribución del ingreso es un instrumento de crecimiento económico y que, al revés de como dice el liberalismo, hay que distribuir para crecer, porque la inclusión social crea consumidores y demanda agregada”. Claro, el Estado inyecta recursos hacia los sectores bajos y medios, que son volcados al consumo, que se incrementa, produciendo un beneficio en las empresas, que deberían reinvertir parte de sus ganancias. Como muchas no lo hacen así, el Estado debe volcar más recursos para evitar la recesión y así comienza a tropezar el desarrollo. Y si, además de todo esto, protestan por las obligaciones impositivas, la cosa se torna insoportable.
El martes, en la inauguración de una nueva línea de producción de la planta de Honda en Campana, La Presidenta volvió a destacar el rol del Estado como impulsor del crecimiento económico. Y cuestionó a los agoreros, a los que quieren “achicar la demanda” para poder invertir: “para aumentar la inversión deben disminuir un ‘cachitito’ la rentabilidad o traer la plata que se llevaron afuera”. Un proyecto inclusivo de desarrollo en pugna con un avariento modelo de desigualdad. El auspicioso futuro o el peor pasado. Representantes del pueblo o gerentes empresariales. Las urnas esperan la resolución de este dilema, que en realidad, no es tan difícil de dilucidar.

lunes, 13 de abril de 2015

Cartas cruzadas



Muy oportuno el título de la muestra que Luis Majul vendió al gobierno de Santa Fe por 300 mil pesos: “de Walsh a Lanata”. La línea histórica que une a estos dos periodistas es indudablemente declinante. Y si incorporamos a Alfredo Leuco estaríamos zambulléndonos en las aguas del ridículo. Su última Carta Abierta –dirigida al Papa- no sólo presume de una valentía innecesaria sino que se basa en unas cuantas mentiras. El año pasado, Leuco había deleitado a sus seguidores con una similar dirigida a My dear Mr Griesa, en donde le contaba al Juez Imperial lo desarrapados y revoltosos que somos los bárbaros del Sur. En su última creación, reprende a Francisco por haber invitado otra vez a Cristina. Ambos textos, bien leídos y con risas grabadas tendrían buen efecto en una muestra de stand up. Una pena que los profesionales de los medios hegemónicos hayan caído tan bajo, pero más alarmante que aún exista un público tan colonizado, incapaz de descreer en aquéllos que le han mentido siempre. Odiadores que no están dispuestos a abandonar sus banderas cargadas de prejuicios y se abrazan a cualquier consigna, por más absurda que sea.
Desinformados que pretenden tener la razón, aunque cada vez estén más lejos de tenerla. Malformados por los contenidos que consumen. Mufados perpetuos que no encuentran calzado que les venga bien, para no usar una metáfora más usual, pero inapropiada para este espacio. Todo esto aparece en la carta de Leuco, además de la impotencia de una clase por no lograr imponer su mirada a gran parte de la sociedad. Encima el Papa, al que pensaron como un aliado incondicional y un francotirador opositor, invita por quinta vez a Cristina. Y como un oportuno chiste, justo el 7 de junio, día del Periodista en Argentina. ¿Cómo no se van a enojar los periodistas agoreros? ¿Cómo no va a arriesgar Leuco el poco prestigio que le queda para exigir cordura al Jefe de Estado Vaticano?
Después de algunos empalagosos elogios, el periodista advierte a Francisco que “una mayoría de compatriotas piensa que está por cometer un error”. ¿Una mayoría o una minoría emperrada que se llevará el chasco de su vida dentro de algunos meses? Por supuesto, hace una infaltable referencia a la famosa foto en la que el Pontífice sostiene una camiseta de La Cámpora, a la que califica como “una de las organizaciones más dogmáticas y agresivas del cristinismo”. Pero Alicia Barrios, periodista de Crónica y amiga desde hace mucho tiempo de Bergoglio, asegura que, a pesar de la fiebre, valoró mucho ese momento. Un poco más extraviado, Leuco califica a este gobierno como “el más corrupto de la historia”; y exagerado, más aún si tenemos en cuenta la última dictadura, que no sólo dejó muertos y desaparecidos, sino que sextuplicó la deuda externa. Pero sus afanes opositores permiten cualquier cosa, hasta una de sus más desopilantes mentiras: “la mayoría de los argentinos según todas las encuestas, cree que el ciclo de Cristina tiene fecha de vencimiento” cuando, un par de días antes, en su programa televisivo sostenía, junto a su hijo y dos periodistas más, todo lo contrario. Más lejos aún de la verdad cuando las últimas encuestas, hasta las más opositoras, dan a CFK una imagen positiva superior al 40 por ciento y una intención de votos similar al Frente Para la Victoria. Cuando se recurre a la mentira no es sólo por falta de argumentos, sino porque se está desesperado.
Una epístola que no avergüenza
Bastante lejos del modelo de exclusión que pretende reinstalar el establishment y al que son funcionales este tipo de expresiones, Francisco envió en serio una carta, pero no al periodista sino a los mandatarios reunidos en Panamá, en la VII Cumbre de las Américas. En ella asegura que “la inequidad, la injusta distribución de las riquezas y de los recursos, es fuente de conflictos y de violencia entre los pueblos, porque supone que el progreso de unos se construye sobre el necesario sacrificio de otros”. El crecimiento desmedido de la riqueza de una minoría produce necesariamente la pobreza de la mayoría, por la que muchos se conduelen y escandalizan.
El Jefe Vaticano considera que “hay bienes básicos, como la tierra, el trabajo y la casa, y servicios públicos, como la salud, la educación, la seguridad, el medio ambiente de los que ningún ser humano debería quedar excluido”. Por supuesto, no propone ninguna solución a esto, primero porque no está en campaña y segundo, porque ya se sabe que los recursos para concretar esa inclusión no provienen del Espíritu Santo, sino de una justa distribución de la riqueza. Y para que no queden dudas, especifica que “la teoría del ‘goteo’ o ‘derrame’ se ha revelado falaz: no es suficiente esperar que los pobres recojan las migajas que caen de la mesa de los ricos”.
Aunque todos los presidentes reunidos en Panamá agradecieron la carta del Papa en sus discursos, no todos deben haber comprendido su verdadero sentido. Si no, no se hubieran mostrado tan complacidos. A varios kilómetros de Panamá, el presidente de la UIA, Héctor Méndez, cometió un sincericidio. De haber leído la carta del Papa, se habría inhibido de verter sus comentarios radiales sobre las paritarias, en defensa de las ganancias empresariales y en demanda de una reducción impositiva. Siempre hay que tener en cuenta que, cuando estos personajes incluyen términos como competitividad, están clamando por un incremento de su propia renta, acrecentando la brecha entre ricos y pobres. Sólo una golosa pulsión puede inspirar esas ideas.
Sin dudas, la reducción de la pobreza no depende de la Voluntad Divina. De ser así, deberíamos esperar sentados. No, como la desigualdad es producto de la avidez de unos pocos, la única solución es que los más ricos interrumpan su succión y empiecen a ceder gran parte de sus bienes mal habidos. O al menos, contribuir con sus fortunas a la búsqueda de la equidad y no protestar tanto por tener que pagar impuestos. Y si no lo hacen por propia voluntad, que los Estados los obliguen, que para eso están, para mediar las relaciones en una sociedad. Que el bienestar de los pueblos sea el objetivo principal de cualquier gobierno y no la satisfacción de esas despiadadas angurrias será el punto de partida para un nuevo mundo.
“La región ha cambiado para siempre –resaltó el presidente de Bolivia, Evo Morales- Ya no es como antes. Ya no pueden imponer dictaduras militares. Hemos dejado de ser la región obediente, disciplinada, doblegada y sumisa. Hoy tenemos un continente en rebeldía”. Al menos, mientras continúen gobernando proyectos inclusivos. La gran paradoja la planteó Cristina y con ella, señaló una hipocresía: "creo en la palabra de aquellos líderes que dicen que quieren un mundo más justo, pero entonces me pregunto por qué se tilda de populistas a los gobiernos que más logros de equidad, salud y educación han conseguido". Si la pobreza es la consecuencia directa de la extrema riqueza, los recortes y ajustes no tienen que hacerse por abajo, sino por arriba porque ya han gozado demasiado de los frutos de su avaricia. Y el resto –la mayoría- la hemos padecido en carne propia.

viernes, 10 de abril de 2015

La ñata contra el vidrio



Dura escena debe haber protagonizado Sandra Arroyo Salgado ante el escritorio de la jueza Fabiana Palmaghini. Creyó tener la batalla ganada y le pararon el carro. Algo así tenía que pasar. Ciertos personajes necesitan un freno para no seguir desvirtuando las cosas. Como pasó con la denuncia de Nisman, aunque el fiscal no estuvo presente para sentir la humillación de tamaño fracaso. En cambio, Daniel Santoro sí padeció eso con su denuncia contra Máximo Kirchner y Nilda Garré. Y no sólo sus revelaciones quedaron en ridículo, sino que sirvieron para elevar al Hijo Presidencial de la categoría de “vago jugador de play” a político con proyección. O el Citi Bank, que por aliarse con los poderosos terminó fuera de juego. Un poco extraviados, estos adversarios no-políticos planean dar el golpe letal cuando sólo están dando manotazos al aire. Y quedan más absurdas sus monerías porque el rumbo elegido por la mayoría sigue a paso firme construyendo el futuro.
Que lodenisman haya perdido su funcionalidad opositora desalienta a muchos que creían con eso ganar el partido antes de comenzar a jugarlo. Ni el fiscal ni su denuncia permanecieron mucho en el pedestal. Fotos procaces, cuentas secretas y fines oscuros desbarataron la pulsión destituyente. Con eso terminó la telenovela. Pero su ex mujer –jueza federal- simula estar convencida de que el suicidio fue el asesinato de un personaje ejemplar. Como cuestionable funcionaria judicial trata de obstaculizar el camino a la verdad, hostigando a la fiscal Viviana Fein y ejerciendo presión sobre la jueza Fabiana Palmaghini con el infaltable apoyo mediático. En parte, con fines políticos para seguir alimentado la cruzada contra Cristina; pero también hay intereses económicos que pueden relacionarse con los seguros de vida que debía tener su ex marido.
Arroyo Salgado quiso llevarse todo por delante, pero se topó con la realidad: una muerte dudosa se investiga como tal hasta que haya elementos que demuestren la existencia de un homicidio; y, hasta ahora, no los hay, salvo en la imaginación de un puñado de malpensados. Sin dudas, quedará como uno de sus peores recuerdos la frase que le destinó la jueza de la causa: “he de recomendar a la querellante Arroyo Salgado que, en lo sucesivo, dirija sus esfuerzos al esclarecimiento del hecho, teniendo por objeto y fin último la verdad objetiva, y no un embotamiento innecesario e injustificado que sólo se va traduciendo en un freno a la prosecución de la investigación”. No es orgullo para nadie recibir esta reprimenda.  
Un proyecto en busca de candidato
Tampoco el Citi Bank estará en el cuadro de honor. La obsecuencia con Los Buitres de Griesa no le reportará más que nuevos dolores de cabeza. Y la pérdida de un importante negocio como pagador de los bonos canjeados bajo ley argentina. Su conducta buitresca se ha hecho merecedora de una denuncia penal por parte del Estado por violar el orden público al abandonar la custodia de los bonos y dejar de apelar las decisiones del Juez Imperial. El objetivo es que se declare nulo el pacto firmado por el banco y los buitres en Nueva York, porque incumple con las leyes nacionales.
En una conferencia de prensa, el ministro de Economía, Axel Kicillof explicó que “las órdenes de Griesa en Argentina no valen, porque la Justicia argentina tiene procesos jurídicos para consultar una decisión del exterior”. Como una lección para el futuro, el funcionario sentenció que “si una empresa aplica la ley de afuera, lo que se menoscaba es la Justicia local”. Y por si hiciera falta una síntesis, Kicillof destacó que el banco estadounidense “para salir de la extorsión de los fondos buitre cedió y firmó un pacto con el diablo, con perjuicio económico propio, contra la ley argentina y contra sus clientes”. Y el establishment, como era previsible, manifestó su espanto porque la entidad ya fue inhabilitada para operar en el mercado de valores y su CEO de la filial local, Juan Ribisich, fue desplazado por su conducta anti argentina.
Una lección para el futuro y una advertencia para los demás bancos involucrados en el canje de la deuda. Algo parecido a lo que ocurre con la fuga y evasión facilitada por el HSBC, cuyos funcionarios tuvieron que sentarse ante los representantes de la Comisión Bicameral del Congreso para dar cuenta de su accionar. Los protagonistas y beneficiarios de esta maniobra espuria que, a través de 4040 cuentas en Suiza, lograron escamotear al fisco unos 3500 millones de dólares, también deberán sentarse en el banquillo, aunque sean importantes empresarios. Nada es sagrado en este proyecto de reconstrucción nacional.
Ni las grandes marcas que adornan las góndolas del supermercado logran escapar de los controles, por más que pidan la protección de los más poderosos dioses. Aunque pase desapercibido para los medios hegemónicos, la Secretaría de Comercio, con Augusto Costa al frente, detectó numerosas infracciones a la ley de Lealtad Comercial en el rubro alimentos y bebidas. Envases mentirosos que anuncian ingredientes que no contiene el producto que promociona, frases engañosas y pequeñas estafas en las cantidades deberán corregirse si sus fabricantes quieren evitar una multa de 5 millones de pesos. Un Estado dispuesto a enfrentarse a los grandotes en todos los terrenos para proteger a los ciudadanos.
Esa es la impronta que debe continuar, pero no todos los candidatos la garantizan. Quien vote a Mauricio Macri no espera eso de él. Claro, si él era el que reprochaba a los funcionarios de la embajada norteamericana porque no reprendían la actitud rebelde de Néstor Kirchner, de acuerdo a los cables revelados por Wikileaks.
Algo de eso se trasluce en la interna pimpinelesca entre los pre candidatos del FPV, Florencio Randazzo y Daniel Scioli. El ministro, que afirma tener “diferencias ideológicas y de origen” con el ex motonauta y asegura que “en las PASO la Presidenta me va a votar a mí”. El gobernador, que buscó una foto con el ex presidente Lula Da Silva para insertarse en la región y promete que su gobierno será “lo más coherente y previsible”, donde la gente sabe con qué va a encontrarse pues “no va a tener sorpresas”. Interesante que el primero aclare por qué CFK optaría por él y que el segundo especifique qué gente no se va a sorprender y en qué sentido su gestión será “coherente y previsible”. Eso transformaría la interna en un verdadero debate de ideas y no un escenario de pueriles chicanas como hasta ahora.
La contención de los poderosos para garantizar el bienestar de la mayoría es el sello de fábrica del kirchnerismo. Quien porte eso en su trayectoria será el elegido para tomar la posta. Por eso es imprescindible que, en lugar de elaborar titulares para los medios, expongan sus propuestas políticas de cara a la sociedad, que está a la espera de una señal para elegir al sucesor de Cristina. Porque, si bien, como rezaba un cartel en la Plaza, “el candidato es el proyecto”, se necesita una persona que lo encarne para que siga siendo realidad.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...