lunes, 9 de noviembre de 2015

La postal de lo que vendrá



Muchos hinchas de Rosario Central han decidido no votar a Macri: suponen que con él como presidente, Boca ganará todo sin necesidad de jugar. No será para tanto pero por ese detalle no se debe decidir el voto, aunque sume a la causa patriótica. Quizá sea un punto más, entre tantos, pero menos importante que lo que Macri representa. Ese sí es un aspecto a tener en cuenta. Cuando el ciudadano vota, está eligiendo un representante; alguien que porta un mandato, una voluntad compartida. Quien se alce con el triunfo deberá gobernar en beneficio de esa mayoría, algo que, por supuesto, no hará Macri. Él ya tiene un mandato y tiene a quién representar. El Ingeniero pertenece a un sector que en otros tiempos no necesitaba de los comicios para gobernar. O sí, pero los resultados nunca alteraban el poder que blandía ese puñado de privilegiados. A principios de este siglo, algo alteró la monotonía de crisis en la que estábamos envueltos y pasaron estos años insólitos. Ahora estamos en una disyuntiva crucial. No será una opción más, sino una elección que, para bien o mal, quedará para la historia.
En los almibarados discursos de campaña, el procesado y pluriencausado Alcalde porteño exuda promesas de amor y paz. La unión de los argentinos es la imagen que proyecta para el futuro. Por supuesto, en el encuadre de esa foto no entran 40 millones. Con todo lo que ha dicho en estos años en contra de La Cámpora, sus militantes ya están afuera. Los beneficiados por los planes, como hace años que no existen, tampoco estarán. Ni los panelistas de 678 o cualquiera de los profesionales encuadrados en el periodismo militante, mercenarios del gobierno o demás expresiones similares. Tampoco estarán los seguidores de Milagro Sala, pues el reciente gobernador electo, Gerardo Morales anunció que en Jujuy “no va a haber más Estados paralelos”. Algunos empleados públicos no entrarán en la postal ni los asalariados que se vean afectados por los recortes y devaluaciones que traen en carpeta. Menos aun los que quieran protestar por el cierre de fábricas que devendrá cuando las importaciones las hagan innecesarias. Y los jubilados que, después de que se vendan las acciones de la ANSES y se bajen o eliminen impuestos, no tendrán nada que cobrar o no alcanzará para mucho con la inflación venidera. Ni los gobernadores, que quedarán fuera del reparto de los 15 mil millones de pesos en obras públicas que proviene del fondo sojero. Ni los pequeños y medianos empresarios, que verán desmoronarse el emprendimiento que han construido con tanto esfuerzo. La foto de la Argentina unida que Macri pergeña no será una panorámica sino una de fin de curso, donde una veintena de ricachones sonríe después de haber timado, una vez más, a casi toda la población.
Tal vez Macri podría unirnos, pero en su contra. Y no es para menos. El video que se difundió con las declaraciones de Alfonso Prat Gay, el favorito para el ministerio de Economía, bastaría para cercenar su camino a La Rosada. Pero no, parece que mientras más muestran lo que en verdad son más simpatía despiertan entre sus confundidos votantes. Si en una de sus intervenciones, el candidato dijera, en un lapsus fatal, “en mi gobierno van a estar peor que nunca”, seguro lo aplaudirían hasta ampollar las manos.
Amarillo grieta
Como muchas veces ha hecho Mauricio Macri, Alfonso Prat Gay despreció al país profundo. Como también lo hacen a diario los medios que han logrado convertir a este Club de Élites en un partido político de alcance nacional. Y como siempre, buscan generar confusión. Si el gobierno de Menem multiplicó la deuda, desmanteló la industria nacional, regaló nuestro patrimonio y propagó la pobreza no fue por la riojana procedencia de su conductor sino por poner el mandato popular en manos del Mercado. Si hoy repudiamos con furor el gobierno de Menem no es por su caudillismo, sino por su ideario cómplice con los enemigos de todo pueblo. La mentira es que Prat Gay simule el rechazo a los noventa, modelo que quiere restaurar Macri y su pandilla de saqueadores.
Menem conquistó la voluntad popular para regalar el país a fuerza de engaños y carisma, tal como está haciendo Macri en su campaña. No importa de dónde venga el presidente sino hacia dónde nos conduce. Con devaluaciones, ajustes, quita de subsidios y liberación del comercio exterior nadie puede confeccionar un país equitativo, sino uno muy desigual. Y esto no es meter miedo, sino realizar una advertencia sobre lo que ya hemos padecido no mucho tiempo atrás. ¿Para qué meter el dedo en el aceite hirviendo si ya sabemos que quema? ¿O acaso es mejor abandonar nuestros sueños de país desarrollado y soberano para vivir en una colonia próspera con pocos beneficiados? ¿O las seguras víctimas que votarán a Macri no perciben el tufillo traicionero, el doble discurso, las ansias nefastas de sus economistas?
Pero parece que está de moda ser un autómata guiado por titulares amañados, mentirosos, aberrantes en lugar de ser un ciudadano libre, informado y con memoria histórica. Se conmueven con la recuperación de un nieto y votan por el que prometió “terminar con el curro de los DDHH”; lagrimean con la foto de un hambriento y deciden sentar al Mercado en el sillón de Rivadavia; se emocionan con la celeste y blanca y facilitan el acceso de los que quieren abrir nuestra frontera para que nos invadan capitales golondrina y buitres voraces; celebran que Macri prometa una educación de calidad pero ni se enteran de que su partido votó en contra de la ley de gratuidad universitaria.
¡Cómo se borrarán las sonrisas triunfales cuando vean el verdadero rostro del monstruo que están por elegir! Ya lo pueden ver, pero se niegan. Ya pueden oír sus planes, pero taponan sus oídos. Y hasta lo pueden experimentar con un poco de memoria, pero prefieren la amnesia. No se preguntan cómo podrá gobernar el país alguien que lo desprecia, lo desconoce, lo entrega. Quienes engrosan los números del PRO sin pertenecer a esa clase se creen libres pero han elegido estar sometidos a una pantalla. Si eligen ser colonia será porque ya están colonizados.
Mientras tanto, dos malones avanzan hacia el centro del país: uno desde el norte y el otro desde el sur. Mansos, felices, solidarios se dirigen hacia esa franja amarilla que divide en dos el mapa. Los medios hegemónicos dicen que es una grieta que empezó con el kirchnerismo. Los demás decimos que esa grieta existe desde siempre pero en estos últimos años se desmoronó el yeso que la disimulaba. Y descubrimos que en ella se esconden los enemigos de antaño, pero con distinto nombre. Conquistadores, realistas, cipayos, unitarios, conservadores, oligarcas, golpistas ahora son las corporaciones, el establishment pero siguen siendo un manojo de angurrientos que se quieren enriquecer con el fruto de nuestro trabajo. Tanto los de ayer como los de hoy, quieren regalar el país para sacar su tajada. Los malones avanzan sobre la grieta no para repararla –que es imposible- ni para disimularla, sino para rescatar a los confundidos que están atrapados en ella. La grieta ha estado y estará para siempre; lo importante es tener controlados a sus convencidos y peligrosos ocupantes.

viernes, 6 de noviembre de 2015

La sorpresa de los Kinder



Después del desconcierto del 25 de octubre, aprendimos a no reírnos de las tonterías amarillas, porque gracias a ellas están a punto de convertir en presidente a un personaje muy peligroso. Ellos, muy hábiles para las baratijas, comenzaron a burlarse de las advertencias sobre los economistas del PRO. El propio Mauricio Macri comenzó la serie con la incomprobable anécdota con su hija y la sorpresa de los huevitos Kinder. Después siguió una catarata en las redes sociales con desmentidas de miedos absurdos, como una estrategia para confundir a la ciudadanía, como siempre. Pero esto no es broma y no pasa por los chiches que vienen con la golosina. Con las medidas que ya están anunciando, no vendrán las siete plagas ni catástrofes imaginarias, sino conflictos y angustias vividas por la mayoría cuando el Mercado se hizo cargo de conducir el país hacia el desastre de 2001. Las sorpresas de este huevo serán por demás de amargas, además de muy conocidas.
Que en su discurso de campaña anuncie que no va “a suspender la siesta santiagueña” puede resultar gracioso, pero que confunda el nombre del gobernador de esa provincia es un indicio del desinterés que trata de disimular con sus promesas de prosperidad para el Norte argentino. Entre ellas, los puertos anunciados parecen una burla ante el sistema hídrico de esa región. Como con el Infame Riojano, la ignorancia del candidato produce más simpatía entre sus fans. Quizá no recuerden que, en los noventa, los territorios del NOA y NEA eran considerados inviables por el neoliberalismo. Nada indica que en su posible gobierno las cosas sean distintas, en sintonía con su impronta unitaria y su pulsión agroexportadora.
No en vano, el coordinador energético de Cambiemos, Juan José Aranguren, considera que "no es relevante recuperar el autoabastecimiento y la soberanía hidrocarburífera". Claro, deconstruir esta frase nos conduce a un punto de partida oscuro: Aranguren fue presidente de Shell y responsable de maniobras espurias para forzar una devaluación a comienzos de 2014. El entonces jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, lo acusó de especular en el mercado de divisas y mantener una “actitud conspirativa contraria a los intereses del país”. A pesar de esto, puede convertirse en funcionario de un hipotético –y temible- gobierno de Macri. 
Claro, ligado al mundo empresarial, no conmueven a Aranguren palabras como ‘soberanía’ o ‘autoabastecimiento’. Al contrario, son obstáculos para el clima de negocios que deberá inundar el país a partir del 10 de diciembre. Además, el combustible no será necesario cuando la devaluación y las importaciones desmantelen el entramado industrial que hemos construido en estos años. Con Macri y sus secuaces, Argentina ya no será un país, sino una empresa que dejará afuera a gran parte de sus empleados. Perdón, ciudadanos.
Una bifurcación en nuestra vida
Que muchas de sus seguras víctimas sean sus posibles votantes es un error que pagaremos muy caro. El asalariado que piense que la devaluación de la moneda, la apertura de las importaciones, la liberación de las exportaciones y la quita de subsidios a los servicios van a mejorar su vida está muy equivocado. Ninguna de estas medidas será tomada para beneficiar a las mayorías, sino para enriquecer una vez más a un puñado de angurrientos. No hay que volver a probar el veneno que nos ha enfermado tantas veces. En Santiago, Macri aseguró que su equipo es el “mejor de los últimos 50 años”. No es el mejor, sino el que ha estado gobernando nuestra vida desde el principio de la dictadura hasta la crisis de 2001. Todos los que se presentan como la novedad que nos hará cambiar son viejos conocidos que nos han hecho retroceder muchos años con cada una de sus apariciones. Este equipo es el mejor para destruir todo lo que hemos recuperado en los últimos doce años.
Si el 22 de noviembre es Macri el coronado como presidente no será como resultado de la libre elección de los votantes, sino de la manipulación perversa que los medios dominantes han ejercido sobre su voluntad. En otros tiempos, los intereses que Macri representa debían recurrir a los golpes de Estado para acceder al poder. Hoy tienen armas más poderosas y menos sangrientas: los medios de comunicación. Regularlos no es vulnerar la libertad de expresión, sino combatir la colonización de las conciencias que realizan todos los días. Quien consume sus contenidos no es un sujeto libre sino un individuo preso de las más delirantes distorsiones de la realidad. Lo que difunden a toda hora no son puntos de vista sobre hechos verídicos sino patrañas surgidas de la imaginería sanitaria: de los más hediondos retretes surgen las fábulas que difunden como noticias. Y a partir de ellas analizan, cuestionan y proponen. Con todo su poder intacto, imponen como candidato del cambio –que incluye honestidad y transparencia- a un personaje procesado por escuchas ilegales que acumula más de doscientas causas en su contra y que en su distrito no ha hecho nada de lo que promete.
Desarmar el monstruo mediático es un desafío para los próximos años, siempre y cuando podamos desatar la poderosa maraña protectora de la Justicia. Unos cuantos magistrados están empecinados en rebobinar nuestra historia y dificultan cualquier avance para horadar los privilegios que nos han perjudicado siempre. Desde sus patricios estrados han frenado todo intento de transformación y sanción del desequilibrio de poder entre el pueblo y las corporaciones. Multas frenadas por cautelares, leyes que se pierden en vericuetos burocráticos, inconstitucionalidades a medida del usuario, delitos de Lesa Humanidad ignorados por jueces timoratos son las fotos que se suceden en estos doce años. El país nunca será para todos mientras tanto poder se concentre en tan pocas garras.
El domingo 22 puede ganar el engaño y esto no es meter miedo, sino apelar a la experiencia. De ser así, todo lo que hemos comenzado a disfrutar se podrá esfumar de un plumazo. O podemos continuar por este camino colectivo que nos impulsó a diseñar un país mejor. Las corporaciones, sus gerentes y satélites con el país de las pesadillas o nosotros, los que queremos vivir en una Patria que nos contenga en los bellos sueños de sus fundadores. Esta es la decisión que está en nuestras manos: volver a destruir un país o construirlo en serio.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Nuevas travesuras de los medios hegemónicos



El establishment, Clarín y sus acólitos tienen razón: el kirchnerismo está haciendo campaña con el miedo. Difundir quiénes son los economistas del PRO y lo que harían de llegar al gobierno produce algo más que miedo;  es revolver un tonel de estiércol. Y eso, además de asustar, es por demás de sucio. Si descubrir lo que hay detrás de los amables candidatos que han conquistado el corazón de muchos argentinos es una campaña sucia, deberemos encararla para evitar que los votantes sean engañados. Parece mentira que los que tienen el poder para hacer saltar el país por los aires con corridas cambiarias, desabastecimiento o estampida de precios, los que nos bombardean a todas horas con catástrofes no ocurridas y hecatombes que nunca se producirán, los que calumnian a cuanto funcionario se cruce en la mira, los que demonizan a militantes hasta la parodia se alteran porque consideran que revelar sus tretas es hacer campaña sucia. En realidad, todos estamos sucios. Mientras siga existiendo un monstruo mediático capaz de mentir y confundir el entendimiento hasta hacer ver como Heidi a Cruela de Vil todo será sucio.
Que un personaje procesado por escuchas ilegales, con más de doscientas causas abiertas, perdonado por contrabando de autos, creador de una fuerza policial para castigar indigentes, admirador del intendente Cacciatore -funcionario de facto que contribuyó al patrimonio familiar- y que se enriqueció con nuestra deuda haya sido dos veces Jefe de Gobierno porteño y sea candidato a presidente es producto de una suciedad constante. Que ese mismo candidato represente sin pudor intereses minoritarios y foráneos y a la vez logre el apoyo de más del 35 por ciento del electorado sigue en línea con la misma mugre. Estos medios se pasan la vida propalando miedos y ensuciando nuestra vida y vienen a denunciar que el miedo y la suciedad vienen de otro lado. De locos. ¿Habrá algún incauto que crea en esta nueva opereta que presenta como víctima al victimario de siempre? ¿Algún televidente cautivo se sentirá indignado por esta nueva ficción hasta poner su cacerola a disposición de una protesta contra la campaña sucia? ¿Quedará algún mayor de 30 años que no vea al lobo debajo de la piel del cordero?
 ¿O no es campaña sucia que hablen de amar, ayudar, proteger cuando en realidad están pergeñando ajustes, devaluación y liberación del mercado? Y ahora dicen que denunciar esto es meter miedo. ¿O no es campaña sucia que quienes se opusieron a la estatización de los fondos en manos de las AFJP, de Aerolíneas y de YPF se presenten como defensores de nuestros intereses? ¿O no da miedo que quienes dieron la espalda al matrimonio igualitario, la fertilización asistida, la identidad de género, el estatuto del peón rural y la prohibición del trabajo infantil se conviertan en garantes de nuestros derechos? ¿Qué artilugio han utilizado para que confíen en Macri como impulsor de la educación de calidad si no hace mucho protestó por “eso de poner universidades por todos lados”? ¿Cómo creer que nos van proteger quienes quieren abrir la tranquera para que se metan las más hambrientas fieras? Si algunos se han dejado embelesar por las promesas amarillas no es tanto por el histrionismo de los candidatos sino por la incesante campaña que desde hace años ejecutan las propaladoras de estiércol. 
El Grito Sagrado: Macri no
Si uno observa las tapas de Clarín desde finales del siglo pasado hasta ahora, encontrará una lógica que enfurece: generan el problema con rumores, presentan la solución, que genera nuevos problemas hasta que llega la solución propuesta por una nueva tapa que, a su vez, generará nuevos problemas y así hasta nuestros días. La única diferencia es que desde 2003, las tapas no condicionan las decisiones ni imponen las medidas. Sólo lo intentan. Ahora, el establishment que se escuda detrás de esas portadas corea el nombre de Macri como la solución de los problemas imaginarios que, una vez que asuma, se convertirán en problemas reales y hartamente conocidos: desocupación, explotación, exclusión, represión, recesión. No lo hacen de puro malos. Con cada crisis, llenan sus arcas mientras los demás quedamos boqueando. Ahora lo quieren hacer de nuevo.
Pero un clamor está recorriendo el país, una suave ventisca que está refrescando la densa atmósfera pos electoral. Después de la atroz sorpresa de ese domingo, sobrevino el desánimo. La tibia victoria tomó sabor a humillante derrota. Los números habían enloquecido. Una noche sin dormir, a la espera del dato que dé vuelta todo. En vano. Dudas, explicaciones, rumores, excusas. El enojo de Aníbal Fernández por la operación mediática en su contra intentaba disimular su impotencia. Muchos le dicen “la morsa” a partir de esa fábula de Lanata representada en el comedor de la diputada Elisa Carrió. Antes, no. Una evidencia del daño que puede producir sobre una persona la patraña que se convierte en verdad. Pero puede producir un daño mayor cuando incide sobre la decisión del votante. Si eso contribuyó a su derrota, hay que pensar seriamente nuestra convivencia con los medios hegemónicos. Una batalla desigual en la que la democracia puede terminar derrotada. El bien común sometido al capricho de los titulares.
Entonces, comenzó a susurrar ese suave viento fresco que se llevó el pesimismo y la desconfianza. Desde muy abajo y hacia todos lados comenzó a bullir una breve frase: Macri no. Pequeños y medianos empresarios, industriales y comerciantes encendieron sus alarmas: serían los primeros perjudicados con la apertura de las importaciones. Obreros, empleados y cuentapropistas serían los segundos. Todos, los terceros. Docentes, científicos, investigadores también están preocupados porque los intereses del Ingeniero Amarillo no pasan ni cerca del desarrollo de la ciencia. En realidad, los intereses que representa no pasan ni cerca de ninguno de nosotros. Entonces, ocurrió la contra hegemonía. De pronto, tomamos la palabra y nos animamos a todo para decir Macri no.
Pintadas, carteles, mensajes de texto, carteles en las redes sociales con un Macri no que recorre el país. Además, un estado asambleario nos reúne en plazas, clubes o cualquier esquina. Cada clase se transforma en un Macri no; cada charla de café, cada espera, cada intercambio ocasional. Hasta las mascotas parecen ladrar o maullar en clave de Macri no. Esta es la campaña a la que le tienen miedo, la que no pueden controlar con cortes publicitarios ni distorsionar con irónica locución. Esa es la campaña que denuncian como sucia porque está en nuestras manos. Una militancia impensada y dispersa a la que no pueden poner nombre ni demonizar. Si superamos con éxito este tropiezo, debemos buscar el equilibrio entre las voces, con todo lo que eso significa. Sólo así podremos comenzar a limar los privilegios de los que quieren extirparnos todos nuestros derechos.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Incontinencia neoliberal



Si a los del PRO les molesta que se agiten los fantasmas del pasado, que dejen de hacer propuestas noventosas. Si son ellos los que quieren cambiar “futuro por pasado”, como vociferó la electa gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, en una inoportuna traición de su subconsciente. Cualquiera puede equivocarse en medio de semejantes festejos, pero otros referentes del espacio opositor, en pleno uso de sus facultades, ya están anticipando cuáles serán las medidas que se tomarán para que el futuro se convierta en pasado. Y no hace falta buscar archivos de unos meses atrás. Ahora que están en una nueva campaña, han cambiado en serio: en lugar de las propuestas amables con que han conquistado un lugar inmerecido, están anunciando cómo nos castigarán si nos atrevemos a elegirlos. En serio, como si no quisieran ganar, como si ya se sintieran satisfechos con haber logrado usurpar el centro del país.
Aunque todavía no asumió, Vidal ya está asustando. Los gremios, ante la mención de recortes y ajustes, se están preparando para resistir. Un escenario perfecto para los amarillos: un caos provocado por ellos mismos que siempre termina en represión, un ejercicio periódico para que la tropa pueda mantener bajos los niveles de colesterol y triglicéridos. La encantadora Vidal de los spot televisivos está despojándose de su máscara. Si tuviera la intención de aportar votos para la victoria de Macri, mantendría su amable maquillaje por unos cuantos días. ¿Para qué apurarse a mostrar su verdadero rostro? Los legisladores deberían pensar alguna normativa para que las promesas de campaña sean compromisos asumidos, porque si no, se convierten en publicidad engañosa. Y los votantes, primero envueltos en una estafa y después, víctimas del despojo.
Pero no sólo Vidal está pateando en contra de la campaña de su jefe político. Los asesores económicos y potenciales funcionarios no atinan a contener su verborragia neoliberal. El puro pasado sin disimulo. Hasta Carlos Melconián se atrevió a mencionar la necesidad de elevar la edad jubilatoria. A coro, todos claman por la devaluación de la moneda, la reducción impositiva y la disminución del gasto público. Desde Martínez de Hoz escuchamos estas demandas y vienen a reclamar que no agitemos los fantasmas del pasado. Y si nos espantamos es porque cada vez que se aplicaron estas medidas terminamos en crisis fenomenales. “Y en el mismo lodo, todos manoseaos”. Todos no, porque siempre hay unos cuantos que se enriquecen con nuestras catástrofes. En realidad, nunca dejan de enriquecerse pero parece que les gusta vernos sufrir.
Recuerdos del futuro
El lector podrá hacer un ejercicio para comprender el trasfondo de cada propuesta que consiste en preguntarse cuál será su beneficio. De esta manera, es probable que se enrede en un laberinto que conduzca a los verdaderos beneficiados entre los que, por supuesto, no estará el meditabundo leyente. Con la devaluación de la moneda no hace falta pensar demasiado, porque en nuestra historia se encuentran los más dramáticos ejemplos. Un aumento brusco del dólar lo único que logra es incrementar en pesos la fortuna de exportadores y perpetuos coleccionistas de la moneda verde. Un beneficio temporal para los que están acostumbrados al vértigo. Para el resto de los ciudadanos, la disminución de nuestro poder adquisitivo ante la escalada de los precios internos que una devaluación provoca. Una bestial transferencia de recursos hacia los que más tienen.
La eliminación de las trabas al comercio exterior también aparece entre las propuestas de los economistas amarillos. Que no se preocupe el lector, nuestra historia también nos muestra episodios ilustrativos. Si se libera la exportación y con un dólar alto, los productores venderán todo dejando desabastecido al mercado interno. Si la importación se vuelve indiscriminada, entrarán artículos a precio de dumping y con cero aranceles que eliminarán toda competencia vernácula. Sólo quedarán en pie los importadores y los pocos que tengan espalda; el resto de las fábricas bajará sus persianas y la desocupación comenzará a extenderse. No, con esto tampoco se beneficiará el lector.
Lejos de la amigable cámara publicitaria, la candidata a vice presidenta de Cambiemos, Gabriela Michetti protestó: "no podemos pagar la luz, el gas y el transporte como lo pagamos. La clase media paga tarifas irrisorias". ¿Y cuál es el problema?, será la pregunta del lector para poder de-construir esta amenaza macrista. El Estado destina 150 mil millones de pesos al año para subsidiar nuestros servicios. Si se elimina esta transferencia, habrá menos dinero en nuestros bolsillos, tendremos 150 mil millones menos para consumir en otras cosas y eso, ya sabemos es un camino que conduce a la recesión y el desempleo.
En todo lo que proponen los socios de este club que, en apariencia, pretende gobernar Argentina, domina la intención de revertir el círculo virtuoso de la economía para retornar a la amorfa figura geométrica a la que nos sometieron antaño. El tortuoso modelo del derrame. Si el lector presta atención, todo apunta a favorecer la concentración de la economía en pocas manos, porque serán los que más tienen los sobrevivientes de la hecatombe que prometen. Y el resto –algunos adherentes de estas ‘novedosas’ ideas- quedará en la periferia clamando por migajas. Como inauguramos el siglo, precisamente.    
En todo está la idea de un Estado garante del enriquecimiento y protector de esas fortunas; obediente para tomar las medidas necesarias para acelerar el crecimiento patrimonial; pequeñísimo, para que no sea necesario recaudar tantos impuestos. Ahora mismo están anunciando recortes en la provincia de Buenos Aires, a la vez de una reducción impositiva. Los beneficiados son los mismos y los perjudicados, los de siempre, nosotros.
En estos días comenzará la campaña. Estas voces nostálgicas del horror se acallarán para dejar lugar a los que saben pronunciar amorosas frases de autoayuda. Mientras muchos sectores advierten sobre los peligros del afán recortador del PRO, los medios hegemónicos se ocupan de limar sus asperezas. Todo está en manos de la decisión soberana del pueblo, algo difícil de lograr si gran parte de los votantes son sólo público cautivo de comunicadores que ayudan a tender la peor de las trampas.     

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...