miércoles, 9 de marzo de 2016

Un cambio hacia el abismo



“Conmigo no vas a perder nada de lo que tenés”, prometía Macri desde la pantalla pero, a los tres meses de su asunción más de 100 mil ciudadanos perdieron su trabajo. “Vamos a lograr la Pobreza Cero”, declaró muchas veces, aunque con la devaluación y la consecuente espiral inflacionaria hay un millón de pobres más. “No le voy a quitar la ayuda a nadie”, pero borraron de un plumazo los subsidios a los servicios, multiplicando hasta el delirio las tarifas. “No vamos a perseguir a los que piensan distinto”, pero barrieron a muchos periodistas de los medios públicos y amenazan con retirar la pauta oficial a los medios que los contraten. “Quiero unir a todos los argentinos”, aunque las demonizaciones, estigmatizaciones y difamaciones salen, principalmente, de su boca. Y así, cada uno de los lemas de campaña que le permitieron conquistar la presidencia queda como letra muerta ante las medidas que ha tomado el Gran Equipo hasta ahora. Un abismo entre sus angelicales promesas de globitos y jolgorio y los primeros pasos hacia la Argentina PRO. Y falta un montón para que este perverso experimento termine.
Esto no es paranoia, sino apenas recelo. Si sus pares no confían en él, ¿por qué deberíamos hacerlo nosotros? Entre sus místicos anticipos, está el de la lluvia de dólares que se desataría sobre nuestras cabezas gracias a la confianza que destila el equipo amarillo. Lo primero que decidieron fue liberar el cepo cambiario y, como era predecible, se incrementó la fuga de divisas hasta batir un record. Después, eliminaron las retenciones al sector agroexportador contra el compromiso de liquidar granos y no cumplieron ni con la mitad. Para incrementar las reservas, pusieron en venta un bono que no compró nadie. Ahora dicen que el acuerdo con los buitres es la llave que falta para que un torrente de verdes inunde nuestra economía.
De todos los casilleros, éste puede ser el más peligroso. No sólo por tomar una de las deudas más grandes de los últimos veinte años para satisfacer a los buitres y salir de un default en el que no estamos, sino porque puede alentar litigios de los acreedores del canje. “Hay mucho malhumor entre los bonistas reestructurados”, explicó Tullio Zembo, representante de los italianos que adhirieron en 2005. No es para menos si “los que litigan en Nueva York van a recibir el ciento por ciento y los que entraron al canje se tendrán que conformar con el 35”.
Si fueran –como los llama la prensa oficialista- holdouts, aceptarían el canje pero como son buitres, consiguen que un juez cómplice dispare su imperial poder. A mediados de 2014, la Suprema Corte del Norte se desentendió del caprichoso fallo de Griesa y sus embargos recorrieron el mundo. La oposición responsable de entonces –que son los oficialistas de hoy- en lugar de comprometerse con los intereses del país ante la injusta sentencia, se puso de parte de los carroñeros. Como oposición responsable, hicieron todo lo posible para desestabilizar al gobierno de CFK, confabulando en embajadas y a través de ONGs financiadas por los propios buitres. Ahora, para conseguir una amable caricia del implacable Mundo Financiero, los amarillos buscan que el Congreso apruebe un acuerdo suicida que garantice la gobernabilidad. Ahora piden a los demás que sean lo que ellos no fueron: oposición responsable. Aunque parezca un trabalenguas, en estos tiempos parece más responsable ser oposición irresponsable.
Presidente o fetiche
En estos días, diputados y senadores se han pronunciado en torno al debate sobre la derogación de las dos leyes que permitieron reestructurar la deuda que nos había explotado en 2001. Explosión a la que contribuyeron muchos de los que están en funciones hoy día, como el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, procesado por el Megacanje. Explosión de una deuda de la que muchos de los que hoy deciden nuestro futuro se han beneficiado desde la dictadura para acá. El canje de 2005 fue la reestructuración de deuda más memorable, con una quita del 65 por ciento y con pagos que se extienden hasta el 2030. La ley Cerrojo se reabrió en 2010 para que el número de bonistas alcance al 93 por ciento. Sólo un 7 por ciento quedó afuera para obtener mejores ganancias con una quita de apenas 25 puntos. Y Macri quiere ser el mayordomo que servirá un festín de 15 mil millones de dólares que pagaremos entre todos.
Esta cifra que presentan como ‘nimia’, como calificó el diputado Eduardo Amadeo, no sólo se convertirá en deuda concreta, sino potencial. Si los bonistas del canje, como parece, se enfadan porque los buitres obtendrán mejores ganancias y deciden litigar, corremos el riesgo de nuevos ataques buitrescos. Ataques que nos puede costar una cifra cercana a los 300 mil millones de dólares. Si ocurre esto deberían ser Macri, el Gran Equipo y los legisladores que aprueben la derogación de las leyes los que se hagan cargo de pagar.
Además, no sólo nosotros podemos caer en el conocido infierno del endeudamiento eterno. Expertos del Consejo de DDHH de la ONU aseguran que este arreglo puede sentar un mal precedente para otros países que padecen extorsiones similares. Una vergüenza: nosotros que logramos que este organismo internacional tomara una resolución histórica en contra de la peor especulación financiera, nos rendimos ante el chantaje traicionando a todos los que nos apoyaron. Y encima, les damos la razón a los enemigos de todos los pueblos. “No son buenas noticias –concluyeron en un comunicado- porque dificultará la solución de las crisis de la deuda de una manera justa, oportuna y eficiente”.  
A pesar de todos los riesgos y advertencias, para el gobierno amarillo éste es el único camino para llegar al país que proponen. Según han asegurado, no hay plan B. Si esto no sale, todo se desmorona, los globos se desinflan y las cumbias fiesteras mutan en melodías fúnebres. En cambio, si se derogan las leyes que protegen nuestra soberanía, los inversores van a saturar los vuelos y los dólares desbordarán el banco central. Sin embargo, cada vez que renunciamos a la soberanía, nos fue mal. Siempre que nos hemos abierto al mundo, terminamos desangrados.
En los primeros tres meses de gobierno, Macri ha demostrado que no gobierna para la mayoría, ni siquiera para todos los que lo votaron. Por el contrario, cada vez son más los que padecen las consecuencias de la invasión amarilla. Caída del consumo, fuga de divisas, devaluación y desempleo conforman un combo que no nos conducirá hacia la alegría, sino para el otro lado. Enrique Dussel, en “Para una política de la liberación”, explica que “el poder fetichizado de la elite o el Estado liberal dice estar al servicio del pueblo pero siempre a través del cumplimiento primero de sus propios intereses”. El fetiche encarna un poder que se opone a los intereses del pueblo que lo eligió para ocupar ese espacio.
Que en tres meses haya más de 100 mil despedidos es un record que no nos merecemos. Y por lo que parece, habrá cifras superadoras. Nada de lo que están haciendo nos beneficia en nada. Si diputados y senadores piensan avalar el acuerdo con los buitres para garantizar la gobernabilidad, se están convirtiendo en cómplices del futuro descalabro. La mejor manera de garantizar nuestro futuro es rechazar a los chantajistas para honrar a los acreedores que confiaron en nosotros. Y los buitres, que sigan aleteando hasta que mueran de cansancio.

lunes, 7 de marzo de 2016

En busca de la alegría perdida



Nadie avisó que la Revolución de la Alegría incluía la detención arbitraria de Milagro Sala, atentados con balas a locales militantes, represión en protestas y hasta un muerto de la murga “Los reyes del ritmo”. En campaña, habíamos advertido sobre la devaluación, el modelo del derrame, la apertura a los mercados, la entrega de nuestro patrimonio, la desigualdad y demás delicias de la restauración conservadora. Pero ni en nuestras más inspiradas pesadillas aparecían estas imágenes del peor pasado. En un apunte previo al balotaje –Carta abierta a un votante confundido- las advertencias rondaban más por las tropelías económicas que por los abusos de poder o la deskirchnerización que ya están desplegando las tropas amarillas. Pero ya lo demostró el empresidente en su discurso de apertura del Congreso: no le importa mentir con descaro con tal de seguir horadando la imagen de Cristina. Sin dudas, nos quedamos cortos. Tan cortos que, a la distancia, hasta parecemos ingenuos.
Tanta alegría porta esta revolución que hasta podrán celebrar con las pistolas Taser, avaladas para su uso por la tan funcional Corte Suprema. En la CABA, los ciudadanos que no son tan bienvenidos no sólo deberán llevar siempre sus documentos y dejarse cachear por los agentes, sino que, cada tanto, recibirán una descarga eléctrica al paso con tan brutales herramientas. La derecha es tan revolucionaria que es capaz de extender estas innovaciones al resto del país. Tan revolucionaria es la brutal derecha que nos gobierna que hasta trastoca los conceptos hasta el absurdo: despiden para garantizar el empleo, devalúan para bajar la inflación, nos endeudan para desendeudarnos, atropellan la Constitución para defender las instituciones, desmantelan el programa Conectar Igualdad en pos de la calidad educativa y mienten en 3D para combatir La Mentira. 
Como en el ‘55, inventan pretextos para derribar símbolos, derechos y conquistas. En La Rosada, el busto de Néstor Kirchner fue tapado con una bandera, el billete gigante de 100 pesos fue roto en pedazos y parece que el vestido de Evita corrió peor suerte, igual que los muebles de su despacho. El salvajismo invisible que se presiente y oprime el corazón de muchos argentinos; una barbarie sutil bien camuflada con estrategias de marketing, sonrisas pétreas, bloqueo mediático y gestos amables. Macri no alcanzó la presidencia para unir al país, sino para someter, silenciar, apabullar, atemorizar a una de sus partes. La Doctrina del Shock, para borrar de la memoria colectiva los 12 mejores años desde el retorno a la democracia y para desalentarnos de retomar ese camino. Después de la reunión que mantuvo con el empresidente, Estela de Carloto sintetizó el proyecto de DDHH del Gobierno: “lo estamos viendo, está haciendo todas cosas malas”. Como bandoleros que invaden un poblado desprotegido, destruyen lo que no comprenden con el solo objetivo de atemorizar a sus habitantes. No es esto lo que eligió una parte de los que votaron por Macri y es comprensible que se sientan estafados. Los demás estamos atónitos. Sólo un puñado de individuos –como es previsible- disfruta.
La bomba de tiempo
Que dos locales partidarios –La Cámpora y Nuevo Encuentro- hayan sido baleados en una noche es un indicio de que comienza a brotar la semilla de odio que sembraron durante estos años y continúan abonando. Esos brutales individuos no sólo rompieron vidrios sino que hirieron a dos militantes. Desde un edificio, dispararon a las personas como si fueran muñecos en un campo de tiro. La vida del otro no importa y el discurso amarillo es como un cheque en blanco para que estos despiadados odiadores lo sigan haciendo. Aunque las autoridades salgan a repudiar estos hechos, las estigmatizaciones no hacen más que exacerbar los ánimos revanchistas y profundizar la famosa grieta. La derecha es así, sólo en medio del caos puede justificar sus planes de ajuste. Y como no había caos, es necesario que Ellos mismos lo creen con falacias mediáticas, empresidenciales y argumentativas, con medidas desestabilizantes y algún kamikaze que encienda la mecha del polvorín.
Porque eso es lo que están haciendo: provocar para exhibir la reacción como un inicio de la violencia K. Hasta ahora no lo han logrado. Sólo marchas bulliciosas, con muchos cánticos pero nada de hostilidad. Si bien han reprimido algunas de estas manifestaciones, todavía no han logrado el efecto que esperan, que desean. No conformes con el terror que ocasionaron las fuerzas policiales algunas semanas atrás entre los integrantes de una murga villera, ahora fueron oscuros personajes encapuchados los que atacaron y dejaron como saldo un muerto y varios heridos. ¿Una especie de Ku klux Klan criollo que se encarga del trabajo sucio que el Gobierno Amarillo no se anima a hacer en pos de lograr la Pobreza Cero?
Tanta demostración de fuerza sugiere debilidad. El que grita no tiene razón y, aunque ninguno de los funcionarios alza la voz en público, sus crueles decisiones –despidos, devaluación, transferencia obscena de recursos a los que más tienen- son como los amenazantes aullidos de lobos hambrientos. Fieras dispuestas a succionar todo lo que hemos recuperado en estos años: mercado interno, derechos, dignidad, disfrute. Las empresas del Estado son desmanteladas y bombardeadas para favorecer a los privados, primero y para regalarlas al mejor postor, después. Nos quieren endeudar no sólo para satisfacer a unos mafiosos angurrientos sino para someternos al Imperio para siempre.
No sólo nos están castigando por haber elegido al kirchnerismo durante 12 años. También quieren quitarnos toda posibilidad de futuro. Con una decisión judicial pueden lograr dos objetivos: destronar a Cristina como esperanza y lograr una reacción enardecida de sus seguidores para justificar la represión. En lo inmediato, lo intentarán con la citación del juez Bonadío para que La Presidenta explique una decisión rutinaria para convertirla en causa judicial. En el runrún de las redes sociales ya se perciben los ánimos de acompañarla en esta primera muestra de prepotencia del establishment. Mientras tanto, los medios hegemónicos preparan el gran titular que se difundirá por todo el planeta, en el que se regodearán con el hecho de que CFK se siente ante un tribunal. Que la convoquen para un caprichoso interrogatorio menor es un indicio de que no tienen nada contra Ella.   
Como pasó en Brasil con la detención del ex presidente Lula Da Silva. Un trámite que podrían haber resuelto con una citación, lo ejecutaron con toda la parafernalia policial para humillar su figura. Pero lograron lo que no esperaban: una muchedumbre fervorosa lo acompañó en esa instancia. “Tanto odio por poner comida en el plato de los pobres”, se lamentó Lula ante sus seguidores. En este episodio, hay una lección para nosotros. Ante las cámaras de TN, los manifestantes cariocas coreaban “Fora Macri”. No es muy difícil la traducción de este cántico. Macri significa lo mismo en todos los idiomas: la puerta de entrada de los peores intereses, no sólo para nuestro país, sino para toda la región. La puesta en escena brasilera se puede reeditar aquí, cuando el perverso entramado tribunalicio presentado como justicia independiente intente obstruir el retorno de Cristina. Las provocaciones odiadoras, el desempleo inducido y la deuda que pretenden tomar es la bomba de tiempo que están diseñando y su explosión será la pesada herencia de verdad que nos dejarán para el futuro.

viernes, 4 de marzo de 2016

Una margarita sin amor



En los pocos meses del cambio hemos perdido mucho. Y en los que vienen podemos perder mucho más. Algunos han perdido su trabajo gracias a la estigmatización del Estado construida por los medios dominantes y la elitista fuerza política que nos gobierna. Trabajadores que entregaban netbooks y dictaban cursos de capacitación, controlaban abusos empresariales, difundían información judicial, atendían situaciones de riesgo y demás servicios que el Estado prestaba a los ciudadanos. Militantes, es la justificación amarilla para borrarlos de un plumazo. Otros han perdido la posibilidad de nutrir la mesa cotidiana gracias a la impronta macrista de satisfacer a los que más tienen: exportadores, especuladores y agrogarcas. Aerolíneas Argentinas también va perdiendo potencia por decisión política para cumplir con la profecía de la línea de bandera deficitaria. YPF también sufrirá recortes para debilitarla lentamente hasta su extinción. Y así todo, como si el país fuese una triste margarita que ha decidido deshojarse por su propia voluntad y sin la promesa de un ardiente amor.
Mientras el país del futuro se enturbia gracias la malicia del presente, los guionistas de esta tragedia nos entretienen con su mejor fábula y ponen en escena un personaje oscuro. Antonio Stiuso, un espía que actúa más como un mafioso, vomitó sus delirios ante la jueza Palmaghini y sin datos ni pruebas convirtió un seguro suicidio en un deseado asesinato. Un homicidio de película que desorientaría a Poirot, Columbo, Sherlock Holmes, Miss Marple y otros grandes cerebros ficcionales del crimen. Para el ex agente, un grupo ligado al kirchnerismo –pueden ser iraníes o militantes de quebracho, indistintamente-, invisible ante las cámaras y los guardias y sin dejar rastros de su destructivo paso, asesinó con una pistola calibre 22 vieja y con balas vencidas a un fiscal dócil en el espacio cerrado de un baño. Tan bien se dejó asesinar Nisman que su cuerpo bloqueó la puerta para que no queden dudas de un simulacro de suicidio. Tan preciso fue este comando homicida que dejó las puertas del departamento trabadas por dentro y con una llave puesta en la cerradura.
Y con tan poco, la jueza se declaró incompetente para que la funcional causa pase a la justicia federal, donde los magistrados tienen mejor manejo de los tiempos mediáticos. Tanto que hasta dejan larguísimas pausas entre sus decisiones para que pueda entrar la publicidad. Aunque Santiago Blanco Bermúdez, abogado de Stiuso, afirme que su cliente “no tiene pruebas directas de que a Alberto Nisman lo hayan asesinado” sino sólo “interpretación de precedentes”, los jueces federales ya deben estar disputando por el casting para tan importante papel. Uno solo de ellos se convertirá en la estrella de la megacausa que mantendrá a la audiencia atada a su televisor para ver cómo La Presidenta escapa de esta telaraña. Un público entretenido con una apasionante telenovela mientras la vida real se deteriora gracias al cambio que unos cuantos confundidos decidieron elegir.
El Estado como enemigo de su pueblo
El nefasto accionar de los medios hegemónicos nos metió en este enredo y tamaña irresponsabilidad terminará estrangulándonos. Un detalle que no deberemos olvidar. Si Macri sorprendió al mundo conquistando La Rosada no fue por sus propios méritos que –como ya podemos comprobar- son inexistentes, sino por engaños y operaciones que allanaron su camino. Tal vez el público cautivo ni se entere de muchas de sus medidas o encuentren en esos medios fantasiosos justificativos. Quizá ni se haya enterado de que el Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de la ONU hizo lugar a la denuncia contra el Estado Argentino por el encarcelamiento ilegal de Milagro Sala. Nuestro país se ha convertido en paradigma mundial sobre el tratamiento judicial de delitos de Lesa Humanidad y ahora pasamos semejante papelón por los prejuicios de un gobernador que cree ser patrón de estancia. Y por un neopatricio despectivo que ve plasmada su venganza hacia el ‘populismo’ que intenta destruir.
Tampoco se enterará de la advertencia del diario británico Financial Times sobre los peligros del acuerdo con los buitres. Esos 15 mil millones de dólares que se regalarán con liviandad a los peores especuladores del planeta será la mayor emisión de deuda para una economía emergente que se haya realizado en el mundo desde 1996. Como si esa ofrenda en el altar de Wall Street solucionara todos nuestros problemas. Como si satisfacer las demandas extorsivas del juez Thomas Griesa nos acercara más al paraíso. Como si el Gran Equipo estuviera defendiendo en serio los intereses del país.
Aunque los medios digan lo contrario, rendirse ante el tribunal del juez neoyorkino es una de las peores humillaciones a las que nos podemos someter. Además de que el juez condiciona a nuestro parlamento y compromete nuestras finanzas, pone en riesgo el canje de deuda que aceptó el 93 por ciento de los bonistas. Y esto es lo más grave: un grupo de acreedores argentinos ya manifestó su disconformidad sobre el acuerdo con los buitres porque el gobierno los “discrimina, ofreciendo más a los fondos más agresivos y a los bonos italianos. Eso nos parece inaceptable”. Si pagamos a los buitres, estaríamos traicionando a los que once años atrás confiaron en nuestro país y aceptaron la reestructuración y si eliminamos la Ley Cerrojo nada nos protegería de las demandas por un trato similar, un pari passu propiamente dicho. Este puede ser un riesgo a correr si el gran paso sirviera para atraer las inversiones prometidas, pero la recesión global convierte a los grandes capitales en reticentes para los riesgos en países en desarrollo, más aún cuando en los países del Norte las divisas son cruciales.
Encima, la calificadora Moody’s considera que “el acuerdo con los holdouts –‘buitres’, en criollo- es un paso importante pero insuficiente para resolver los problemas legales que enfrenta el país”. ¿Qué más tendremos que hacer para que nos sonrían con amabilidad o, al menos, para que nos dejen en paz? Si estamos en este conflicto no es culpa nuestra, sino de los organismos internacionales que permiten la usura para enriquecer a unos pocos. ¿Acaso tendremos que pasar doce pruebas, como si fuésemos 40 millones de Hércules examinados por caprichosos dioses?
No hay mucho que discutir en este asunto. Una cosa es endeudarnos para invertir en desarrollo y otra someternos a la interminable espiral especulativa de un puñado de avaros. Si quieren cobrar, que acepten el canje ofrecido al 93 por ciento y avalado por la Ley Cerrojo y la de Pago Soberano. Si no, a esperar que se jubile Griesa y comenzar de nuevo la lucha. Pero no debemos caer en esta trampa. Y menos para que nos vacíen el país como ya están haciendo con la fuga de divisas, que ya supera los 2000 millones de dólares en pocas semanas, uno de los grandes records amarillos, junto al número de despedidos en diferentes áreas del Estado. No dejemos que nos confundan los que nos han endosado al Ingeniero. Un Estado pequeño no puede atender las necesidades de sus integrantes y eso no sirve a ningún país. Pero un Estado que actúa como cómplice de estos succionadores seriales se transforma en enemigo de su propio pueblo. Y éste no es el mejor escenario para construir futuro.

miércoles, 2 de marzo de 2016

El puente del Ingeniero



Si la intención del empresidente Macri es unir al país, su discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso parecía buscar todo lo contrario. De los 63 minutos que duró su balbuceante lectura, dedicó más de la mitad a denostar a sus predecesores con falacias y calificaciones inadmisibles. Además, mientras sus admiradores aplaudían como focas cada sandez recitada, trabajadores de La Bancaria eran reprimidos a pocas cuadras de la Plaza Congreso. También, ante algunos gritos de diputados kirchneristas, Macri pidió que “se respete el voto del pueblo”, justo él, que despreció la voluntad popular a lo largo de estos doce años y hasta contribuyó a horadar la legitimidad de Néstor y Cristina. Justo él, que ganó las elecciones a fuerza de mentiras mediáticas y propias. Pero su alocución no sólo abundó en falsedades: como siempre, hipocresía y cinismo se engarzan en cada palabra, nutren cada gesto porque es la impronta que nos acompañará en los largos meses que nos quedan de gobierno amarillo.
Aunque presentó su apertura como una “hoja de ruta”, apenas esbozó un nuevo cierre de campaña. Como era previsible, ganó la tentación de explayarse sobre la pesada herencia, contra la propuesta del gurú ecuatoriano, Jaime Durán Barba, que no era partidario de esa idea. A pesar de que estamos padeciendo las consecuencias de decisiones propias, Macri se preocupó por culpar de todo a la gestión anterior. Según la óptica PRO, el gobierno anterior hizo todo mal, algo tan pueril como afirmar lo contrario. El inventario que realizó parecía más la delación de un niño encaprichado que la evaluación de un Jefe de Estado. Agresivo, soberbio y provocador, además de mentiroso.
Hablar de recesión cuando en 2015 la economía argentina creció entre un 1,5 por ciento según el FMI y un 1,7, de acuerdo a Orlando Ferreres, es falsear el diagnóstico. Afirmar que la inflación venía en alza cuando los datos de la CABA anuncian que pasó de 33,6 en 2014 al 19,7 por ciento en 2015 es disfrazar la torpeza de sus primeras decisiones. Hasta el Índice Congreso que elaboraba Jorge Todesca –hoy al frente del INDEC- y difundían, gozosas, Patricia Bullrich y Laura Alonso desmiente a Macri, pues señalaba un retroceso inflacionario del 33,5 al 20,4 por ciento. Y también cuando habló del déficit fiscal incurrió en una contradicción, no en relación a datos kirchneristas, sino con lo que había anunciado el ministro Alfonso Prat Gay: el 2,3 inicial se transformó en un nutrido 7 por ciento del PBI. Y así todo, con datos errados y exageraciones patéticas, como “cuesta encontrar un papel”, que quedará para el archivo del ridículo.
Pero esa fábula del pasado no sólo ha servido para horadar la legitimidad de Cristina y convertir al neo patricio en Ocupante de La Rosada, sino también justifica todo lo que vendrá. La espiral inflacionaria que estamos padeciendo seguirá siendo culpa de La Presidenta y no de la devaluación o la eliminación del cepo, las retenciones y las restricciones al comercio exterior. Aunque el desempleo había disminuido al seis por ciento, su crecimiento también será culpa de Cristina, a pesar de que la ola de despidos es una iniciativa amarilla. Una cosa de locos: Macri ya es oficialismo, sin embargo sigue actuando como opositor a un gobierno que ya no está.
Lecciones para mañana
No sólo de un pasado fabulario habló Macri en su discurso inicial. También, de un futuro cargado de buenas intenciones pero con procedimientos inasibles. Después de denostar al kirchnerismo, instó a “buscar coincidencias para alcanzar una Argentina desarrollada y con bienestar para nuestra gente”. Y esto no es un fallido porque estaba escrito. Sin dudas, ‘nuestra gente’ evoca aquella serie de afiches con el lema “vos sos bienvenido”. Como ya podemos verificar, no todos los argentinos cabemos en ese ‘nuestra gente’. Aquellos que insistan con reinstalar el kirchnerismo en estas tierras no formarán parte de ese selecto grupo, tan selecto como la escueta muchedumbre que se aproximó al Congreso para acompañar el discurso inaugural. Esto es cinismo, porque manifiesta su desprecio sin pudor, después de haber manifestado su intención de construir un puente. Y es hipocresía que, después de haber endilgado todos los males a Cristina, recite su propuesta de “abandonar la lógica de buscar el enemigo y responsable interno o externo de cómo estamos”.
El país del futuro no incluye al kirchnerismo. Si bien los amarillos no se atreven a su proscripción, tratan de anularlo por todos los medios. Quizá por esto Francisco trazó una similitud con el golpe del ’55, que con el pomposo apodo de Revolución Libertadora –fusiladora, en la memoria colectiva- destronó a Perón y lo alejó 18 años del país. Una lejanía más física que emocional. Mientras más trataban de alejarlo, más hondo calaba en el corazón colectivo. Al macrismo no le da el cuero ni el consenso para la proscripción y menos para los fusilamientos en la vida real. Pero los medios hegemónicos fusilan sin sangre y desaparecen personas con sólo dejar de nombrarlas. Hasta transforman el nefasto “algo habrán hecho” en el moderno “son ñoquis y militantes K”. Más sofisticados que las FFAA pero al servicio de la misma minoría.     
La proscripción del kirchnerismo no tomará la forma de la prohibición. Por ahora, sólo se han atrevido a quitar el ‘Kirchner’ del edificio del Correo. Sólo basta con que los medios acólitos asocien esa fuerza política con todo lo malo que ha sucedido y pueda suceder. Con unos cuantos titulares denuncistas por semana alcanza para demonizar a algunos ex funcionarios. Y para coronar el destierro, siempre tienen a mano algún juez que convierta una denuncia periodística sin demasiado fundamento en una causa judicial insostenible pero eterna.
Ahora lograron mover un poco el polvo con la causa Nisman para orientar el estiércol al terreno que mejor manejan: la justicia federal. Con 15 horas de delirios y especulaciones, el ex espía Antonio Stiusso logró que la jueza Fabiana Palmaghini se declare incompetente para que la hipótesis del homicidio comience a tomar fuerza. Un asesinato de realización imposible que no dejó una sola pista para los peritos. El objetivo no es buscar la verdad, como declaró Macri en su discurso, sino encontrar un culpable que salpique a Cristina lo más posible. Sin los kirchneristas, el establishment podrá gobernar a su antojo los destinos del país y ahí perdemos todos. No sólo en los próximos años, sino para siempre.
Como no entienden mucho de historia o desdeñan lo que va más allá del Billiken, ignoran sus principales lecciones. Por más que mientan en 3D, las bondades del modelo de manual que están aplicando no alcanzarán a una parte importante de la ciudadanía. Por más que los noticieros se vistan de rosa y transmitan ficciones informativas en HD, no podrán disfrazar el drama cotidiano que muchos ya están padeciendo desde hace unas semanas. Aunque los hayan engañado durante la campaña, los globos no podrán ocultar las dificultades por venir. Y la memoria se despierta, la comparación se activa y la conclusión inevitable será con Cristina estábamos mejor.
Si en tiempos de Los Kirchner cada día ascendíamos un escaloncito en nuestra dignidad, con Macri y el Gran Equipo será todo lo contrario. Entonces, no habrá monopolio ni decisión judicial que impida al pueblo retomar el camino hacia su liberación definitiva.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...