viernes, 6 de abril de 2012

Hechos que no encuentran nombre

Una elección de nombres y un desafortunado comentario colocó a Natalia Oreiro en un pequeño aprieto. Merlín Atahualpa, su hijo, resolverá en el futuro los trastornos que provocará en su vida cotidiana la portación de tan sonoros y originales nombres. Los padres son así: eligen a su antojo la etiqueta que llevará su hijo por el resto de su vida sin medir las consecuencias, más para sorprender al entorno que para otorgar una identidad al indefenso vástago. A veces, el calendario es el que orienta a los padres y es posible encontrarse con María Independencia, Malvinas Argentinas, Cayetano, Ceferino y otros tantos nombres relacionados con la fecha del natalicio. En La Carlota, una localidad de la provincia de Córdoba, un juez en lo Civil y Comercial autorizó a un hombre de 33 años la modificación de su nombre. Nacido en 1979 y con Videla como apellido paterno, sus progenitores no tuvieron mejor idea que bautizarlo como Jorge Rafael, el usurpador del sillón presidencial por aquel entonces. Los perjuicios por llevar ese nombre fueron enormes, a tal punto que no quería salir de su domicilio. La pregunta es por qué recién hace dos años comenzó con los trámites para despojarse de tan monstruosa broma de sus papis.
Pero hay cosas que no tienen nombre y son peores. Esta semana comenzó con los rumores sobre la posible re estatización de la petrolera YPF. El diario El País, de España, aseguró que La Presidenta está planeando nacionalizar la empresa “para esconder el fracaso de su gestión económica”. No conforme con eso, afirmó que la economía argentina “está bajo amenaza y, en esta hora de frustración, la Presidenta ha optado por escudarse en las viejas consignas patrióticas”. Y eso no es todo; también aseguró que “Argentina corre el riesgo de una ruina a corto plazo”. Además, ese editorial expresa que Cristina Fernández de Kirchner “ha sido incapaz de aplicar una política de moderación del consumo y tampoco ha gestionado bien su producción nacional de productos energéticos, con una demanda creciente, una producción cada vez menor y unos precios disparados que pesan sobre los consumidores”.  Suena un poco extraño que desde un país que está atravesando una difícil crisis económica, social y política como la de España, surja un editorial tan poco halagüeño hacia un modelo ponderado por prestigiosos economistas y organismos internacionales, como el que se ha aplicado en nuestro país durante los últimos ocho años.
Detrás de esa crítica, existe el interés de defender a la accionista mayoritaria de YPF, la española Repsol. Lo que tiene nombre de editorial en el diario español, debería llamarse lobby o apología del saqueo, por el reparto extraordinario de utilidades entre sus inversionistas. Ahora, las acciones de la empresa están cotizando en picada estrepitosa por la pérdida de concesiones en algunas provincias argentinas, directamente proporcional a la caída de la producción de hidrocarburos y la posibilidad de una nacionalización. A YPF ya le retiraron doce áreas en seis provincias, lo que representa un 25 por ciento de la producción de crudo que tiene en el país. Si la empresa es estatizada será a causa del abandono de los privados y no por un gesto patriótico.
La relación conflictiva entre el Gobierno Nacional y la petrolera comenzó en noviembre del año pasado cuando la firma giró utilidades al exterior, a pesar del impedimento de las normas vigentes. Un poco más tarde, CFK exigió mayor inversión para revertir la caída en la producción y, a pesar de no girar ganancias al exterior, su plan de inversiones continúa sin modificaciones. Hasta los directivos dejaron trascender que, “si querían definir ese plan y monitorear el destino de cada dólar, el gobierno debería tomar el control de la firma”. ¿Invitación, provocación o desafío? El texto del diario español aporta una posible respuesta a este dilema. Los medios locales se hicieron eco de estas alocadas especulaciones y fueron un poco más allá: por sus tapas circularon versiones que afirmaban que la transacción se concretaría con fondos de la ANSES, es decir, la plata de los pobres jubilados. Manipulación podría llamarse a esta andanada de tinta que trata de recuperar el poder perdido de quienes la arrojan.
¿Y qué nombre podría recibir el accionar del fiscal federal Carlos Rívolo que, en pos de protagonizar folletines, desperdicia los mecanismos de la Justicia por una causa endeble? Importante recordar que la investigación que lleva adelante se origina por los dichos de Laura Muñiz, ex mujer de Alejandro Vanderbroeler, que acusaba al directivo de la ex Ciccone Calcográfica –ahora Compañía de Valores Sudamericana- de ser testaferro del vicepresidente, Amado Boudou. Esta mujer despechada declaró basar sus denuncias en informaciones periodísticas y desconocer el significado de la palabra “testaferro”; y afirmó que su ex marido es amigo de la infancia de Boudou, aunque nunca se vieron. Como el fiscal insiste en la culpabilidad del ex Ministro de Economía, pidió el allanamiento de una propiedad a partir de vínculos circunstanciales para comprobar lo que ya se sabía: ese departamento de Juana Manso 740 está alquilado desde hace dos años por Fabián Carosso Donatiello, un abogado que vive en España y reside allí ocasionalmente. Vanderbroeler es amigo de Donatiello y una vez pagó las expensas del inmueble. Y eso es todo. En este caso, el fiscal Rívolo no sólo está basando una investigación en los insustanciales dichos de Muñiz, sino que está accionando a favor de una empresa, Boldt, que tiene especial interés en apoderarse de la ex Ciccone. Mientras tanto, el juez Rafecas responde a los caprichosos vericuetos de una causa que no es tal y permite la filtración de datos a la prensa a pesar del secreto de sumario. Como el Vicepresidente llamó mafia a este accionar en conferencia de prensa, buscar otro nombre a esto es un desafío para la creatividad.
Interesante también será hallar un nombre para el escándalo desatado por el alcalde en fuga, que se niega a gestionar el transporte urbano en su jurisdicción, a diferencia de lo que hacen todos los intendentes del resto del país y tal vez del mundo. La vice Jefa de Gobierno, María Eugenia Vidal, insiste en que el conflicto por el traspaso del subte y los colectivos se podrá destrabar sólo si La Presidenta se reúne con Mauricio Macri. “Valoro que haya una actitud de diálogo ­–manifestó Vidal- pero no es ésta la convocatoria que estamos esperando”, en referencia a la invitación del Secretario de Transporte, Alejandro Ramos. Claro, Macri quiere supeditar el traspaso a una reunión previa con la Primera Mandataria, en donde seguramente expresará todas las garantías que su ineptitud necesita para facilitar la gestión. Ramos instó al Jefe de Gobierno de la CABA a cumplir con la ley y hacerse cargo de lo que le corresponde y por tanto tiempo reclamó.  El líder del PRO parece estar en rebeldía. Al rechazar las leyes federales, está vulnerando el sistema republicano, la institucionalidad que con tanto cinismo reclama; y está pisoteando el federalismo que dice defender, aunque no comprende.
¿Qué nombre poner a algo así? De continuar con esta situación, el Gobierno Nacional puede tomar tres caminos. El primero, volver a hacerse cargo del transporte urbano de la ciudad de Buenos Aires, descontando los gastos que eso le ocasione de la coparticipación federal correspondiente. El segundo, un poco más dramático, consiste en la intervención de la ciudad por parte del Ejecutivo Nacional y promover el juicio político al Jefe de Gobierno por abandono de sus funciones. Cualquiera de estas opciones provocará un escándalo de considerables proporciones y servirá para la victimización del inoperante alcalde. También, para confirmar la hipótesis del gobierno autoritario que sostienen los medios hegemónicos. La tercera opción será continuar con la situación anterior al convenio firmado en enero, lo que significaría una victoria del niño rico que juega a gobernar una ciudad en miniatura. Acorralar a un presidente, podría llamarse esta estrategia. Sobre los nombres trató este apunte. Nombres que se escapan de las cosas que nombran. Hechos que buscan nombres por su cuenta. Trampas de los que llaman diálogo a la obediencia, gestión a la inoperancia, noticia a la mentira y libertad de prensa a toda operación destituyente.

martes, 3 de abril de 2012

Sobre cómo recordar una guerra

El autor de estos apuntes pertenece a la misma clase etaria que los ex combatientes de Malvinas pero no vivió la guerra, sino que la transcurrió al amparo de su hogar. Podría haber ido, pero no se dio. El número bajo sacado en el sorteo lo desplazó a un lugar tangencial, como a la mayoría de la población. No hay orgullo ni alivio; sólo una tangente. Pero además, eso no lo convirtió en un combatiente urbano de los que consumían con avidez todo lo que se publicaba, lo que se difundía en la tele y las millones de palabras que se destilaban por radio. Tampoco de los que sintonizaban emisoras extranjeras buscando la verdad de la milanesa. Ni de los que competían para ver quién tenía el dato más certero o reciente, ni de los que se transformaban en excelentes estrategas bélicos señalando los puntos vulnerables del enemigo en improvisados mapas dibujados sobre servilletas en la mesa de un café.  Tampoco de los que pronosticaban un futuro por demás de venturoso para nuestro país después de la segura victoria ni de los que predecían un destino de colonia que se extendería por todo el territorio en caso de una posible derrota. Ni de los que contaban los aliados de uno u otro bando, como si se tratara de una partida de TEG; ni de los que donaban sus ahorros para la causa o participaban en colectas; ni de los que mandaban chocolatines, ropa de abrigo o café instantáneo, todo con cartitas de aliento incluidas. Nada de nada. Este ignoto profesor de provincias se atreve a confesar tanto tiempo después de los hechos, que transcurrió la Guerra de Malvinas como un observador descreído. No la tenía clara, pero descreía.
Después de terminar el secundario en un colegio católico, el mundo real había danzado durante más de un año ante los ojos de ese joven que todavía no soñaba con convertirse en un ignoto profesor de provincias. Cuando estalló la guerra, la facultad ya lo había nutrido con nuevas posibilidades de pensar las cosas y muchos datos sobre la dictadura que había usurpado el Estado. Por eso le parecía inconcebible que militares así pudieran encabezar algo justo y heroico. Lo dudaba y a la vez, lo temía. No esperaba la victoria y tampoco la deseaba.
La llegada de la democracia trajo un montón de sentimientos encontrados con respecto a la guerra. No podía haber reivindicación posible del operativo “toco y me voy”, como se llamaba en la intimidad a la campaña militar de recuperación de las islas. Los reclamos de soberanía se mezclaban con la dictadura, aunque nada tenía que ver una cosa con la otra. Tanto daño hicieron estos tipos que durante mucho tiempo dejamos en suspenso algo que es nuestro por derecho. Tanto, que esta sociedad hizo que los excombatientes fueran víctimas por segunda vez. La primera, de las atrocidades que cometieron los militares a cargo con los conscriptos en medio del paisaje de las islas. La segunda, el olvido al que fueron condenados por la mayoría de los argentinos.
Después de que los ositos menemistas surcaran los mares para alcanzar el ridículo, la construcción de la memoria colectiva avanza con paso decidido. Y los horrores de la guerra comienzan a ver la luz. La novela “Iluminados por el fuego” – de Edgardo Esteban- inspira una película de Tristán Bauer y produce un quiebre en la concepción de la guerra y los ex combatientes. Los relatos de soldados torturados no por el enemigo, sino por los superiores estremecen e indignan. Y claman justicia, por supuesto. El salvajismo y la humillación a la que fueron sometidos los conscriptos por nimiedades en medio de una guerra incomprensible merecen la peor de las condenas. Y como broche de plomo, la imposición del silencio a través de una declaración jurada como requisito para obtener la baja. Antes que eso, lo que se debía silenciar: el hambre, el frío, los tormentos, las estaqueadas, las amenazas. Toda guerra es un despropósito pero estos hechos acrecientan su locura. 
En su edición del lunes, Página/12 presentó entrevistas a cuatro excombatientes que conmueven con los detalles de su relato. Como el de Silvio Katz, que cuando faltaban quince días para su baja lo mandaron a Malvinas. “Volví de la guerra y nunca más fui a bailar –reveló Katz- para ir al cine tardé meses, en reír tardé más. Para reírme con ganas, pasaron tres o cuatro años. Uno a veces crece de golpe, dicen que se queman etapas. A mí, me incendiaron etapas”. Silvio Katz acusó a Eduardo Flores Ardoino, el oficial que estaba a cargo de su compañía, por torturas y discriminación porque lo trataba peor a él que a los demás por ser judío. “Rápidamente –recuerda– pasé de ser un judío de mierda a ser un judío traidor, un judío cagón y un judío homosexual”. Por ir a comprar comida al pueblo lo estaqueó en remera y calzoncillos con veinte grados bajo cero durante horas, después de ordenar a sus compañeros que lo orinen, sólo por judío. Otro día, por cazar un cordero les hizo meter las manos en el agua helada. No a Katz. “Me llevó donde defecábamos, me tiró la comida, me apuntó con una pistola y me hizo comer entre el propio excremento”.
Pedro Benítez casi pierde un pie por principio de gangrena; pie de trinchera, que le llaman, que se produce por el frío, la humedad y lastimaduras que se infectan. Además, el hambre. “Para combatir con un inglés tenés que estar comido. Yo no podía levantar un cajón de municiones, temblaba. Fui con ochenta kilos y volví con cuarenta”. Un día, un cabo le pone un arma en la cabeza y le dice: “¿Si lo mato?”. Y Pedro contestó: “Por ahí una bala me salva la vida”. “Decían que el enemigo iba a atacar –relata Benítez- pero el enemigo estaba ahí adentro, estaba entre nosotros”.
Todas las historias son parecidas y terminan en el mismo punto: cuando son tomados como prisioneros los encierran en galpones llenos de comida que no había sido distribuida. Si los castigos se producían porque los soldados trataban de superar el hambre, cuánto dolor se hubiera ahorrado con repartir la comida que estaba almacenada. Pura maldad. Maldad sobre maldad. Por simple vicio de lastimar al otro.
 No es la primera vez que en estos apuntes se habla de Malvinas, de la estrategia diplomática, de los malvinenses, de los intelectuales anti-todo. Tampoco, que se menciona la necesidad de construir una memoria compartida por la mayoría, donde lo horizontal se convierta en protagonista de la historia. Y siempre se insiste en la importancia de avanzar por este camino colectivo con verdad y justicia para los que arruinaron nuestro pasado y pretendían hacer lo propio con nuestro futuro. Y para los que desean arruinar nuestro presente. A esos tampoco hay que olvidarlos, porque fueron protagonistas y beneficiarios en aquellos tiempos de oscuridad. Y, por lo que se puede apreciar por las acciones del presente, parece que quieren volver a serlo.

sábado, 31 de marzo de 2012

Gobernar para el caos

Mientras Lanata se burla del lenguaje de señas para hipoacúsicos, el senador Aníbal Fernández fundamenta un proyecto de ley para eliminar un poco más de hipocresía. Y Macri, rodeado de sus mayordomos –con o sin micrófonos-, continúa renunciando a gobernar. Total, sus amigos de papel y tinta le perdonan la vida. Tanto que abandonaron por estos días la obsesión por el caos vehicular, ahora provocado por el TC 2000 en la 9 de julio y no por actos K ni desagradables piqueteros. Poca sutileza y mucho cinismo. Como falta más de un año para las elecciones legislativas, el alcalde porteño se puede dar el lujo de des-gobernar la ciudad. Ya tendrá tiempo de arreglar sus tropelías. O al menos, prometer los arreglos. Por el momento pide de todo, recursos, subsidios, seguridad, timba, puerto, como si en su cuerpo habitase el alma transmigrada de un decimonónico unitario; del atril donde recita excusas e incoherencias en publicitarias conferencias de prensa pasa al sillón destacado del obsecuente programa de turno con la misma expresión irritante en su rostro. Para los que consumen ciertos medios, nada malo hace el empresario con aspiraciones a presidente, salvo cerrar cursos, denegar transporte escolar, suspender viandas, abandonar la salud y concretar suculentos negocios. Las promesas de un país en ruinas subyacen en su figura.
Figura tan poco graciosa como la de Lanata haciendo morisquetas en su intención de parodiar a la traductora de señas de los discursos presidenciales. Si no se empeñara en ser tan desagradable, tal vez la promo de su programa en El Trece caería más simpática. Pero no, Lanata siempre busca provocar, aunque sea náuseas. Tan mal cayó el spot que inspiró denuncias en el INADI por discriminación. Y eso es lo que buscaba para poder victimizarse, para jugar al perseguido, para poder declamar diatribas al autoritarismo. “La Justicia exprés obedece a la intolerancia del Gobierno Nacional”, seguramente dirá. Los ecos radiales y televisivos también harán causa común con el sufriente colega. Y se sumarán los políticos de kermese que siempre buscan acertar a algún juego para ganar un peluche. Rostros serios, ceñudos, severos afearán hasta los más delicados diseños de la ingeniería televisiva y el éter se verá poblado de voces indignadas, compungidas y aterradas ante tanta intolerancia gubernamental. Operación que durará lo que permanece un residuo intestinal gasífero en un contenedor de mimbre. Pero son expertos en intentar, aunque con resultados cada vez más insignificantes. Además de lo mal que caen las burlas a la traductora de señas, lo que hace no tiene contenido ni resulta gracioso.
A diferencia del titular de La Nación del viernes: “Marcha atrás con la restricción a libros”. El jueves se había difundido la noticia de que el malvado Secretario de Comercio Interior, el tantas veces demonizado Guillermo Moreno, prohibía la entrada de libros al país. De inmediato, muchos se vieron tentados a reeditar la vieja consigna “alpargatas sí, libros no”. Claro, como Moreno ocupa su día en pergeñar planes malévolos para molestar a los nobles defensores del libre comercio, no tiene tiempo para leer. Entonces, cual si fuera un comisario de la Santa Inquisición, impide el ingreso de libros para sumergir en la ignorancia a todos los argentinos. En realidad, el Licenciado no dio marcha atrás, sino que destrabó un conflicto generado por “interpretaciones erróneas de la legislación” por parte de las empresas de correo. Gracias a la intervención de la Secretaría de Comercio Interior se pudo concretar la entrada al país de productos gráficos procedentes del exterior, que serán distribuidos en menos de una semana. Eso fue todo, pero todo sirve para inspirar un titular.
Aunque no tan inspirado como el senador Aníbal Fernández al presentar el proyecto de despenalización del consumo de marihuana y otras yerbas. En el Salón Arturo Illia del Senado y en consonancia con el fallo Arriola de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el ex Jefe de Gabinete afirmó que busca “priorizar los derechos humanos de segunda generación: primero atender la salud de quien consume y después atacar el narcotráfico”. La actual legislación, evaluó el senador, “formó parte del fracaso de la política criminal en materia de persecución, represión y sanción de los delitos vinculados con el tráfico ilícito de estupefacientes, al direccionar la operatividad a los más débiles”. Conviene destacar que, desde la aplicación de esa norma a principios de los noventa, el consumo de cocaína y marihuana ha crecido considerablemente. Como en los tiempos de la Ley Seca, la prohibición no sólo alienta el consumo sino que fomenta la clandestinidad. La despenalización del consumo va a contribuir a que las energías se destinen a reprimir el accionar delictivo que el negocio de la droga trae consigo y no a molestar pibes que tienen un par de cigarritos en el bolsillo. Lo que propone el senador está lejos de ser una legalización de la droga, como seguramente propalarán algunos malintencionados. El proyecto de ley no impulsa una facilidad en el acceso; no dibuja un futuro en el que se pueda adquirir marihuana como si fuera una tira de aspirinas. Simplemente deja de perseguir al consumo privado y no ostentoso y la tenencia en pequeñas cantidades de canabis y hojas de coca. La discusión en torno a este tema será muy interesante y seguramente movilizará a los ciudadanos a intercambiar opiniones y experiencias. Un poco más de oscurantismo que comienza a esfumarse.
Quien parece esfumarse es el Jefe de Gobierno Porteño. Con cada aparición se desdibuja. O se dibuja algo que por primera vez se ve en estas tierras: un gobernante que se niega a gobernar. Macri clama por el federalismo con una actitud totalmente unitaria; habla de lo que no entiende; dice que hace lo contrario de lo que hace; exige diálogo cuando lo que quiere es obediencia. En la nada que expresa se esconde un todo. Esto es y será. Un gobernante para el caos que no duda en perturbar todos los mecanismos institucionales para satisfacer sus caprichos y facilitar negocios para sus amigos. Algunos consideran que cuando Los PRO confunden ‘gobierno nacional’ con ‘gobierno de la ciudad’ están expresando un deseo de que gobiernen por ellos. Puede ser un fallido con doble sentido. Pues esa confusión también puede basarse en que piensan que la CABA es todo el país, en una concepción absolutamente unitaria. Por eso reclama la administración del puerto, aunque por ahí pasen productos cuyo origen y destino es la totalidad del territorio nacional. Por eso no quiere el sistema de transporte, porque no será utilizado por “su gente” y presenta pocas posibilidades de hacer negocios. Lo que Macri quiere es que todo el país esté a disposición de Su Fortaleza, que no es toda la ciudad, sino una parte, algo más que un barrio cerrado. Por eso exige el traspaso de la Policía Federal a su jurisdicción, para poder destinarla a su concepto discriminatorio de seguridad.
El empresario gobierna para una ciudad chiquita pero con habitantes selectos. La sueña como una maqueta inmaculada y brillante, inmune a las fealdades de la periferia, rodeada de edificios imponentes que constituyen una muralla inexpugnable. Esbirros poderosos custodian sus límites, auxiliados por vociferadores mediáticos que señalan a los invasores. Esto lo sueña de noche. De día, actúa como si ese sueño fuera realidad. Para mantener la fortaleza debe ahorrar en la periferia. Por eso la suspensión del transporte escolar y de las viandas para chicos en situación de calle; por eso el cierre de cursos y la falta de vacantes en las escuelas públicas; por eso el incremento de los subsidios a escuelas privadas y el abandono de los establecimientos educativos estatales; por eso todo lo que hace y dice. Mauricio gobierna para un paraíso minoritario y genera un caos en el resto, que es lo que molesta pero en cierta forma, sirve. Mal que le pese, toda esa fealdad pululante cumple un rol. Entonces exige que Otro se haga cargo de controlarla, de contenerla, de administrarla, de ofrecerle algo parecido a la felicidad. Pero detrás de ese manto de desprecio con que el alcalde mira al anónimo, hay ciudadanos con derechos y deseos. Deseos y derechos pisoteados hasta la humillación por un maniquí de escaparate disfrazado de gobernante, que pretende extender los límites de su vidriera.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Una semana de pura memoria

Esta semana está atravesada por el recuerdo de la dictadura. Mucha memoria. También reconstrucción. En diez días se conmemoran dos fechas clave para la historia de nuestro país: el golpe de Estado y la guerra de Malvinas. Una historia que atraviesa casi cuatro décadas y que, como si fuera un catálogo, nos revela –como anti ejemplo- lo que hay que hacer para avanzar hacia el país con el que todos soñamos. O casi todos. Precisamente son los “casi” quienes se convierten en un pesado lastre y –oh casualidad- muchos de ellos aparecen como impulsores, colaboradores y beneficiarios de los años más dramáticos del último cuarto del siglo XX. La Justicia está avanzando y promete revelar un accionar insospechado, pergeñado para engrosar bolsillos a costa de vidas vulneradas de la peor manera. En la provincia de Jujuy la justicia se niega a avanzar. Por el contrario, está detenida en los tiempos en que no había justicia. Pero la historia oscura explota en la cara de los que pugnan por la desmemoria. Los falcon escondidos en la Base Naval de Puerto Belgrano sacuden el polvo acumulado durante todos estos años para exigir más memoria y más justicia. Y en medio de tanta historia no resuelta hay mucho de futuro, como para no decir que el nuestro es un pueblo que sólo mira el pasado. 
Pero el pasado es ineludible cuando está atravesado por las más bestiales hazañas. La semana pasada, la revista Veintitrés reveló por primera vez la lista de los pilotos que participaron de Los vuelos de la muerte en tiempos de la dictadura. Todos los miércoles, los aviones Electra sobrevolaban el río no para arrojar cadáveres, sino personas secuestradas, desnudas, torturadas y adormecidas con pentotal. Un día a la semana, los pilotos estaban dispuestos a realizar el “traslado” de los prisioneros desde la ESMA hasta algún lugar del río. Los cuerpos inertes se amontonaban en la parte trasera del avión como desechos, pues eso significaba la carga para los visionarios de la dictadura. Más de cuatro mil ciudadanos desaparecieron de esa manera, como un capítulo más de los horrorosos empeños para eliminar aquello que obstaculizaba los planes de una minoría sumamente inescrupulosa y angurrienta. Las víctimas eran arrojadas al vacío en las coordenadas establecidas, sembrando de muerte las aguas del Río de la Plata. Los 24 pilotos pertenecían a la Escuadrilla Aeronaval de Sostén logística Móvil que contaba con tres aviones Electra Lockheed 188, dependientes de la Escuadra Naval 5.
Otro símbolo del horror apareció esta semana: los falcon verdes. Estos automóviles que en la década del sesenta comenzaron a poblar las calles de las principales ciudades, se transformaron años después en el siniestro vehículo elegido por las fuerzas represivas para vigilar y castigar a los ciudadanos indefensos. El juez federal de Bahía Blanca, Eduardo Tentoni, secuestró 43 de estos autos más un chevy que estaban en galpones de la Subjefatura Intendencia de la Base Naval Puerto Belgrano. El porqué estos coches fueron guardados durante todos estos años en una dependencia naval lo revelará la investigación judicial, al igual que los responsables de tan macabra colección. Pero estuvieron allí, aguardando el momento oportuno para ver la luz y aportar una nueva pieza de este rompecabezas que poco a poco va tomando forma y muestra lo que durante tanto tiempo se trató de ocultar.
Y los que trataron de ocultar tanto horror con poco éxito están a la vista. Muchas de las publicaciones que todavía siguen circulando en los kioscos se vieron beneficiadas con suculentas tajadas del botín extraído a un país sangrante. No respondieron sólo con el silencio, sino que se convirtieron en los voceros incondicionales del régimen que había usurpado el Estado Argentino. “Para saber a dónde va el Proceso, lea Somos”, alardeaba la revista de Editorial Atlántida que actuaba como la Secretaría de Prensa de los genocidas. Cierto sector de la prensa se acomodó a la nueva situación no por miedo, sino por plata. La pauta oficial era entonces suculenta y merecía el trabajo de oficiar como publicistas del horror. No hay que creer que actuaron como lo hicieron por meros intereses económicos; también había coincidencia con los objetivos de ese accionar homicida. La Nación, Clarín y la revista La Semana, de Editorial Perfil, recibieron fortunas en concepto de pauta oficial durante los siete años en que gobernaron las sucesivas juntas militares.
A través de propagandas disfrazadas de mensajes institucionales o de notas periodísticas, estos medios gráficos difundieron el ideario de la dictadura, a través de consignas difíciles de olvidar. “Los argentinos somos derechos y humanos”, “achicar el Estado es agrandar la Nación”, “sobre la base de un pueblo sano construimos una Nación fuerte” son algunas de las frases que forman parte de la memoria colectiva. Durante la guerra de Malvinas, además de la publicación de un talón para depositar en el Fondo Patriótico, los ejemplares difundían fotos con pulgares en alto con la leyenda “Argentinos a vencer”. Este ignoto profesor de provincias recuerda un spot televisivo que después se reproducía en los medios gráficos, en el que se mostraba una serie de escenas cotidianas con una canción de fondo cuya letra aún estremece: “no te borrés, que te necesitamos. Si te quedás y confiás vas a ver que ganamos”. Este estribillo con tonada pegadiza que se repetía varias veces se difundió en los primeros años de la dictadura y trataba de sumar voluntades al plan de aniquilación que ya se estaba concretando.
Pero estas complicidades mercenarias verán la luz en los próximos juicios que tendrán como objetivo avanzar sobre los civiles que se vieron beneficiados por el accionar de la dictadura. Sin embargo, una provincia parece ajena a la búsqueda de la verdad y la justicia. Jujuy es la única provincia en la que ninguna causa por delitos de lesa humanidad llegó a la instancia del juicio oral. Con 158 víctimas del terrorismo de Estado, 127 de los cuales son detenidos-desaparecidos, el Juzgado Federal N°2 elevó a juicio oral diez causas con sólo diez imputados, sobre casi ochenta. En esta provincia productora de azúcar, muchos de los que hoy desarrollan con total tranquilidad sus actividades económicas están acusados de ser autores de delitos de lesa humanidad. El Ingenio Ledesma, de Pedro Blaquier, ha aumentado su poderío en los últimos años y parece que su crecimiento patrimonial no tiene límites. Sin embargo, gran parte de sus logros se ha producido en tiempos de la dictadura, con asesinatos y desapariciones en el caso conocido como “La noche del apagón”. El sábado pasado más de sesenta mil personas se movilizaron por el centro de San Salvador de Jujuy para exigir que la Justicia avance en la búsqueda de la verdad.  
En cambio, en la provincia de Santa Fe las cosas son diferentes. El ideólogo del terrorismo de Estado, el comandante del 2° Cuerpo de Ejército y después funcionario de la dictadura, Ramón Díaz Bessone, obtuvo la semana pasada su primera condena a prisión perpetua a los 86 años. A pesar de los infundados pedidos de inimputabilidad, el pesado jerarca pasará sus últimos años en la cárcel. También fue condenado a perpetua José Lofiego, temido torturador del Servicio de Informaciones, un centro clandestino de detención por donde pasaron unas dos mil personas entre 1976 y 1979.
La conmemoración de cada 24 de marzo presenta un tono distinto, aunque siempre con la idea de justicia y verdad. A medida que se avanza en los juicios, a medida que son más los condenados la fecha se torna más luminosa. Nunca será festiva porque encierra mucho dolor. Quizá lo festivo estará dado en un futuro no muy lejano cuando ya no queden oscuros personajes amparados en un inexplicable manto de impunidad. Entonces sí, la fecha estará inundada de regocijo por haber superado en forma colectiva ese siniestro pasado, por haber vencido a aquellos que todavía intentan ocultar tanto horror, por haber sembrado semillas que en el futuro nos brindarán miles de flores.

viernes, 23 de marzo de 2012

Las puertas del 24

Cuando se confirma que los restos humanos hallados en alguna fosa clandestina pertenecen a alguien desaparecido durante –y por- la última dictadura, no queda lugar para ese comentario falaz que indica que no hay que revolver las cosas del pasado. Por el contrario, hay que revolver y mucho. La que comenzó en marzo de 1976 no fue una dictadura más, sino que fue la última. La última en serio y para siempre. Y para eso hace falta revolver a fondo, porque queda mucho todavía para descubrir y condenar de esos oscuros tiempos. Es necesario vencer la oscuridad para que se haga la luz. Nada se ha ganado con el silencio ni con el olvido. Que el dictador Videla, tras las rejas, clame que es víctima de una venganza y que sus dichos sean replicados en todos los medios de comunicación, habla muy bien del momento que estamos viviendo. Él, como tantos otros reos de su calaña, masculla su podredumbre desde las sombras de una cárcel, sin torturas ni vejaciones, como debe ser cuando actúa la justicia. Mientras tanto, algunos nostálgicos de esos tiempos macabros, golpean con salvajismo a una Madre de Plaza de Mayo en simulacro de robo y saquean el local de un organismo de Derechos Humanos de Mar del Plata para sustraer material previsto para la conmemoración del nuevo aniversario del Golpe de Estado. Si estas cosas ocurren es porque hay muchos que todavía no entendieron. Y otros –los menos- se resisten a bajar sus banderas de odio y sangre.
Desde el retorno a la democracia en diciembre de 1983 hasta hoy, ha cambiado mucho el significado de numerosas palabras relacionadas con la dictadura. En los primeros tiempos, se llamaba a ese período ‘proceso’, en sintonía con el mote con el que se autoproclamaron los usurpadores castrenses. Un estribillo cantado en todo acto lo consigna: “no hubo errores, no hubo excesos; son todos asesinos los milicos del proceso”. La primera parte se relaciona con las explicaciones que los representantes del establishment destilaban para tratar de atenuar la responsabilidad por tantos crímenes monstruosos. En esas ‘explicaciones’, la necesariedad del golpe de estado estaba presente, pero sus integrantes se habían cebado un poco y se les había ido un poco la mano. El golpe resultaba imprescindible pero, al poco tiempo, resultó difícil de contener. Ese cantito entonado por millones de gargantas a lo largo de gran parte del país, salía al cruce de tanto cinismo. Era tal la carga negativa que portaba la palabra ‘proceso’, que dificultaba su uso en un contexto diferente. Si uno quería hacer referencia a lo sucedido durante un período, y era ineludible el uso de ese término, decía “proceso, pero en el buen sentido” o algo así.
Al poco tiempo, nada de proceso. Dictadura, con todas las letras. Y cuando comenzó El Juicio a las Juntas, empezó a circular la palabra ‘genocidio’. Palabra fuerte, dura, que poco a poco fue ganando espacio para la comprensión de los dramáticos momentos de ese pasado reciente. Para finales de los ochenta, leyes de Punto Final y Obediencia Debida mediante, toda palabra referida a esos años sangrientos comenzaba a perder fuerza y capacidad de circulación. La des-memoria colectiva estaba ganando terreno, quizá por ansiedad, hartazgo o por temor, o porque los poderes económicos concentrados estaban preparando otro golpe, pero esta vez de mercado, para poner freno a lo que tanto temían: la búsqueda de la verdad. Después vino la amnesia absoluta de los noventa, que coronó la obediencia debida a los grupos dominantes con los indultos del infame riojano. La derrota fue casi total. El olvido hacia los crímenes de gestores y beneficiarios de la dictadura tampoco dio resultado. Terminamos peor que nunca en diciembre de 2001. No hay alianza posible con ciertos sectores de esta sociedad.
Por eso, para que la memoria no abandone nunca estas tierras, debe concretarse en una justicia firme. Y rápida. Porque, como dijo La Presidenta en su discurso de asunción: “Tengo acá una frase del discurso que pronunciara con motivo de mi asunción en 2007. Si me permiten, la voy a leer textualmente. Era referida precisamente a los juicios sobre Derechos Humanos. Decía entonces: ‘Yo espero que en estos cuatro años de mi mandato estos juicios que han demorado más de treinta años en ser iniciados, puedan ser terminados’. Si bien se registra un gran avance, lo único que sueño y lo único que le pido a la Justicia de mi país, es que el próximo presidente que tenga que prestar juramento el 10 de diciembre de 2015, no tenga que volver a pronunciar esta frase y hayamos dado vuelta definitivamente una página tan trágica de nuestra historia”. Todo un compromiso con el futuro. Como Jano, el dios romano que tenía dos caras: una ubicada al frente de su cabeza y la otra en la nuca. Era el dios de las puertas, de los inicios, por eso el primer mes del año tiene su nombre en honor a él, ianarus, enero. Su mirada estaba posada en el porvenir, pero también en el pasado. Como Néstor Kirchner, que con su estrabismo y su compromiso, también tenía su mirada posada en dos momentos a la vez y quizá por eso, abarcó tanto. Tanto abarcaba su mirada que habilitó la posibilidad de construir un nuevo país. Al descolgar un cuadro, abrió miles de puertas.
Puertas que se abren y puertas que se cierran. “Lloramos 35 años, que fueron inacabables, y hoy podemos cerrar un ciclo y expresar a nuestra sociedad que, por fin, papá ha vuelto a casa”, dijo Daniel Márquez, como síntesis del hallazgo del cuerpo de su padre en el ex Arsenal Miguel de Azcuénaga. El senador tucumano Damián Márquez, secuestrado en enero de 1977, ha dejado de ser un desaparecido, de acuerdo a la confirmación del Equipo Argentino de Antropología Forense. La importancia de esta información es que, por primera vez, se puede ligar una desaparición con una dependencia del ejército. “Los represores ahora no tienen cómo explicar qué hace un organismo oficial involucrado en estas tareas –amplió Daniel Márquez- la causa ahora cambiará de carátula: de desaparición forzosa a homicidio calificado”.
Y otra puerta que se abre. Antes era dictadura militar a secas, como si hubiera sido el producto de una banda alocada de uniformados que venía a poner coto al zurdaje. La puerta que se abre es el ‘¿para qué tanto horror?’. Y la respuesta radica en la reciente incorporación terminológica: ‘dictadura cívico-militar’. Entonces cierra todo. Tanto horror fue funcional a la protección de intereses económicos que se veían amenazados por el avance de ‘ideas revolucionarias’ entre la juventud. Por eso ciertos diarios tratan de actualizar ese temor con editoriales anacrónicos que, en su agonía, exhalan naftalina. Y por eso también, comenzarán las causas contra los civiles que recurrieron a las fuerzas del estado terrorista para eliminar ciudadanos que ponían en riesgo la estabilidad de sus empresas. Papel Prensa, Acindar, Ingenio Ledesma, La Veloz del Norte, Loma Negra, Techint, Ford Motors, Mercedes-Benz y muchas más están sospechadas de ser las impulsoras y beneficiarias de secuestro, tortura y desaparición de personas con el único fin de aplicar un modelo de país para maximizar sus ganancias. Una nueva puerta que se abre para garantizar más futuro.
Y esto sigue. El camino es largo y el horizonte está lejano, pero se lo ve cada vez con mayor claridad. La luz se vuelve más intensa a medida que este pueblo avanza. “Cada uno de nosotros tiene que ser un militante de la paz, se piense como se piense”, invitó Cristina, luego de recibir el Informe Rattenbach sobre la guerra de Malvinas. “Los cascos que queremos son los de los trabajadores. Que no quita la función de los cascos de los militares, pero siempre en misiones de paz y no de guerra”, agregó con mucha emoción. Pero la paz no es el silencio ni el olvido. La paz es memoria, justicia, inclusión, equidad. Este nuevo aniversario del golpe de estado aparece como la confirmación de una voluntad colectiva, de un compromiso para hacer propia la historia, o como dijo CFK, “la historia en sangre viva de los argentinos”.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Los últimos cartuchos

Hay estrategias que son tentadoras y otras que no tientan a nadie. La de comparar al Gobierno Nacional con lo peor de nuestra historia, no llega a ser más que un viejo truco. Sin embargo, la siguen usando. La semana pasada se inauguró con dos notas de opinión en los diarios emperradamente opositores. La censura a Alberto Fernández en el programa de Marcelo Longobardi fue otra muestra del abuso des-informativo. En las primeras, se acusaba a funcionarios del Gobierno de portar los genes de la subversión setentista, entre otras cosas propias de la derecha retrógrada; lo segundo sirvió para “fortalecer” la imagen del gobierno autoritario que no permite que circulen otros mensajes más que los propios. Ambas posturas son por demás de absurdas y sólo compartidas por una minoría resentida y egoísta. Esos mensajes no convencen y apenas sirven para alimentar prejuicios. Sin embargo, hay tanto desenfreno en el periodismo obediente que muchos de sus exponentes parecen ya caricaturas de sí mismos, mintiendo no a dos, sino a muchas voces. Pero lo más delicado de la semana ha sido la declaración del Ministro de Salud de Corrientes, Julián Dindart, con respecto a la Asignación Universal para Embarazadas y las adolescentes. No bastó con la andanada de críticas que recibió el MIDACHI cuando dijo en Mendoza que “las pibitas se embarazan por la platita”. No aprenden. Ni tampoco comprenden.
Quien usó la estrategia de comparar odiosamente al Gobierno Nacional con lo peor del pasado fue el Secretario General de la CGT, Hugo Moyano. “Después de Cavallo nadie atacó a los docentes como en estos días el gobierno y lo hacen para imponer políticas salariales", atropelló el camionero. Si bien las palabras que CFK destinó a los docentes no cayeron muy bien, ni punto de comparación tienen con el lugar que ocupaba la educación en los noventa. Lo de Cristina resultó inadecuado precisamente en el contexto de todo lo que se ha hecho por la educación desde 2003 a la fecha. En los noventa hubo una destrucción sistemática y profunda de la educación en todos sus niveles. Cavallo mandó a lavar los platos a los investigadores del CONICET. Moyano podrá estar enojado con La Presidenta pero no por eso se puede dar el lujo de jugar con la desmemoria. Ni tampoco con los dolorosos momentos de nuestra memoria colectiva. "Me sacan temas de los juzgados –clamó el dirigente- Los que se sacaron fotos conmigo están hasta las manos. Ni en la dictadura pasaban estas cosas". No es por exagerar, pero lo de las fotos suena como un apriete mafioso. Y la comparación con la dictadura es atroz. Nada que pueda pasar en democracia es comparable con lo que ocurre en una dictadura, por malo que sea.
Pero lo que más huele a estrategia comunicativa es la frase con que Moyano comenzó a definir más claramente su posición. "Lo único que falta es que me digan menemista o porque voy a TN ya me pasé al enemigo –definió el sindicalista- Uno tiene que tener la posibilidad de hacer críticas. La gente está cansada del discurso armado, todos estamos cansados". A nadie se le ocurriría llamar “menemista” a Hugo Moyano, porque fue por su oposición a la política de los noventa que ganó un lugar muy importante en la representación de los trabajadores. Pero, de manera sutil, reconoce que, ahora, puede ser merecedor del calificativo. También acepta que al asistir a la señal informativa TN está, en cierta forma, coqueteando con el enemigo, aunque no durmiendo, todavía. Y después, el juego híper mediático del relato oficial y la imposibilidad de hacer críticas. Con tres oraciones, nutrió los titulares de los pasquines opositores. Parece que muchos buscan eso: arrojar leña en la caldera mediática. O al menos, un mondadientes.
Como los dichos de Julián Dindart, ministro de Salud de Corrientes, que fueron calificados como “lamentables y desafortunados” por Juan Manzur, su par a nivel nacional. Las adolescentes se embarazan porque tienen un recurso económico como premio por haber tenido un hijo”, afirmó el funcionario correntino. Nunca se atreven a cuestionar la Asignación Universal por Hijo de manera frontal; siempre apuntan a demonizar sus resultados. El intendente de la capital provinciana, Carlos Espínola, consideró que “estas afirmaciones van en contra de la niñez y las mujeres, cuya situación de vulnerabilidad este modelo nacional trata de revertir en toda la Argentina”. “Este modelo nacional que inició Néstor y que continúa Cristina –completó el intendente- está logrando que hoy la Argentina pueda recuperar el tejido social desde políticas integrales y abarcativas”. El INADI, por su parte, aseguró que existen otros factores que puedan explicar el embarazo adolescente, como “la dificultad en el acceso a servicios de salud, la falta de información sobre métodos anticonceptivos y de integración en el ámbito educativo”.
Mientras tanto, el fallo de la Corte Suprema de Justicia con respecto a los abortos no punibles en caso de violación despertó el debate para el tratamiento parlamentario del proyecto de ley que garantice la interrupción voluntaria del embarazo. Diputados de diferentes bloques impulsan una iniciativa que, por ahora, no ha recibido el apoyo del Poder Ejecutivo, aunque muchos kirchneristas están a favor del proyecto. “Esta es una ley que una vez aprobada empieza a salvar vidas –enfatizó el presidente del bloque de Nuevo Encuentro, Martín Sabbatella- porque inmediatamente incorpora a las mujeres que abortan al sistema de salud”. “El flagelo del aborto clandestino se cobra tantas vidas de mujeres pobres en el país que sigue siendo la principal causa de muerte de mujeres por gestación”, aseguró Martha Rosenberg, psicoanalista e integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. “El aborto es una situación no deseada –continuó Sabbatella- pero la clandestinidad le agrega presión psicológica y riesgo a la salud. Es un derecho de las mujeres decidir sobre su cuerpo”. Algo así como soberanía del cuerpo, que también abarca los proyectos de vida de las ciudadanas.
Muchos avances se han producido en nuestro país, a pesar de la herencia mediática, vocera de los grandes intereses corporativos. Por eso el esfuerzo de incrementar el alcance de la Televisión Digital Abierta, que aporta nuevos canales de difusión para enriquecer la mirada sobre este proceso de transformación. Tal vez por eso hay tanta desesperación en ciertos grupos mediáticos; quizá por eso ni siquiera se preocupan en simular principios que nunca tuvieron; por eso ni se alteran al traicionar la confianza del cada vez más reducido público que consume lo que destilan. Están desesperados, pero no vencidos. Todavía les queda mucha capacidad de daño. Pueden mentir, desmoralizar, angustiar y asustar. Lo que ya no pueden es regir –como antaño- el destino de nuestro país. Ni tampoco el de la región.

lunes, 19 de marzo de 2012

Un paso necesario de la Corte

En este tema hay que ser claro. La interrupción de un embarazo no es una decisión feliz. Puede producir alivio pero no felicidad. Por eso llamar abortistas o pro aborto a los que luchan por la despenalización es un exceso. Lo mejor que le puede pasar a una sociedad es que no sean necesarios los abortos. Y lo peor, que el tema se postergue indefinidamente. El reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre los abortos no punibles en caso de violación puede pensarse como la campana de largada para un debate amplio y sincero. Pero sobre todo, solidario. Parece mentira, pero en una sociedad que defiende con uñas y dientes la propiedad privada, el vientre de una mujer es de dominio público. Y aunque se ha avanzado considerablemente en la conquista de derechos para garantizar la igualdad de géneros, todavía se impone el rol de madre, más como un estigma que como decisión. Hasta castigo, si se quiere. En el corto plazo, resulta necesario exponer todos los aspectos para garantizar que las mujeres puedan tomar decisiones sobre su propio cuerpo. En el mediano y largo plazo, tomar todas las medidas políticas, educativas y sanitarias para que sean cada vez menos quienes se vean en la disyuntiva de someterse a una intervención.
Lo que más dificulta la búsqueda de una solución al tema es producto de la concepción legal. Con la penalización, se creó una trama de clandestinidad que llenó muchos bolsillos e invisibilizó gran parte de los casos. Pero también momentos de mucha crueldad. Hace unos años, los estudios realizados a una mujer en estado de gestación revelaban que el feto era acéfalo y que no tenía posibilidades de supervivencia. Además, mientras pasaban las semanas, más riesgos corría la vida de la embarazada. Por temor y algo más, todo se judicializó. No pasaron semanas, sino meses. Recién en el octavo mes la “justicia” autorizó la cesárea que casi se lleva una vida, la única posible. La otra no tenía esperanzas desde hacía mucho tiempo. No era la vida lo que se protegía, sino un concepto. También en Rosario, en el mismo centro asistencial que ostenta el mote de “maternidad”, se negaron a practicar un aborto a una nena de once años que estaba en ese estado producto de una violación.
En las palabras del arzobispo de La Plata, Monseñor Héctor Aguer, hay una clave para repensar cada una de estas situaciones: “el fallo de la Corte añade a ese crimen horrendo que es la violación este otro crimen que es la muerte del inocente”. Sugestivo, en esta frase no hace referencia a la primera víctima de esta cadena, que es la mujer violada. Durante el programa televisivo “Claves para un mundo mejor”, dedicado la semana pasada a cuestionar el fallo de la Corte Suprema de Justicia evitó incluir a la mujer en sus reflexiones. Como si fuera una “cosa” que se viola y debe convertirse nada más que en incubadora humana. “Ahora la Corte dice que no es necesario que sea deficiente mental –continúa Aguer arrojando luz al asunto, o fuego sobre la víctima- sino que toda mujer violada puede recurrir tranquilamente al aborto”. Una violación no cambia su esencia por el tipo de mujer al que violenta. Que sea deficiente mental o no sigue siendo una violación, sexo forzado, no consentido. ¿Acaso es necesario agregar más violencia a la situación? ¿No es mejor darle tranquilidad a la víctima, después de un hecho tan traumático?
Por el contrario, la posición de Aguer, compartida por muchos militantes anti abortistas, es agregar más violencia a la violencia. La violación se potencia con la confirmación del embarazo y entonces, la víctima puede –debe- ser considerada ‘delincuente’ si desea interrumpirlo. Asesina, lo que es peor. No hay humanidad en el planteo. La humillación del sometimiento sexual se actualiza con el castigo de tener que portar durante nueve meses el fruto de la violación, después parirlo y darlo en adopción. ¿Algo más? De acuerdo al pensar de estos humanistas, aunque sea una víctima, merece una condena. Apenas unos meses atrás, una nena de once años transitaba su tercer mes de embarazo como producto del abuso de un vecino de 17, en una localidad de Entre Ríos. El ministro de salud provincial, Hugo Cettour, sólo atinó –con poco tino- a declarar: “una vez que la niña tuvo su primera ovulación tiene las condiciones físicas para sostener un embarazo. La naturaleza es sabia, una vez que tiene la primera menstruación el cuerpo está preparado. Quizá habrá que tener cuidados al momento del parto y programar una cesárea”. El cuerpo es lo que importa, el resto, no. Una niña arrojada al ruedo de la maternidad para que no la llamen asesina.
En enero de 2010 comenzó el caso sobre el que se produce el fallo de la Corte. Mucho antes, cuando A.G. tenía once años, su padrastro había comenzado a abusar de ella. Esta niña no podía contar nada debido al carácter violento del abusador. Cuatro años después tanto abuso rindió sus frutos: la adolescente estaba embarazada. No podía tener un hijo que era el sobrino de mis hermanos, a la vez mi medio hermano, y el hijo del marido de mi madre”, relató a Página/12 en su edición del domingo. A los quince años, la obligaron a crecer de golpe. Pasar de médicos a jueces, recibir negativas y agresiones fueron las constantes desde que se enteró que iba a engendrar un hijo de su padrastro. “Me sentía muy mal –cuenta- sin ganas de vivir. Me despertaba sin ganas de levantarme, estaba todo el día llorando, tenía ganas de matarme, tuve intentos”.
El castigo por ser abusada no había terminado. Del Hospital Regional de Comodoro Rivadavia la enviaron a obtener un permiso judicial. Una jueza de familia en primera instancia negó el pedido, como lo hizo la Cámara de Apelaciones de Comodoro Rivadavia, con dos jueces que se opusieron a la interrupción para salvar la vida del feto. Sólo el tercer integrante, una mujer, apoyó el reclamo de la adolescente porque estaba comprobado que su salud psíquica corría riesgo. Recién el 8 de marzo de ese año, el Superior Tribunal de Chubut autorizó el aborto, argumentando que el artículo 86 del Código Penal debía interpretarse de forma amplia, como lo ha hecho ahora la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Algunos médicos sospechan que, de ahora en más, puedan presentarse embarazadas que mientan sobre la violación. Tal vez no sean muchas las que se expongan a algo así. Pero el Máximo Tribunal sostiene que los posibles casos fabricados “no pueden ser nunca razón suficiente para imponer a las víctimas de delitos sexuales obstáculos que vulneren sus legítimos derechos o que se constituyan en riesgo para su salud”. Con la sola firma de una declaración jurada en la que la mujer asegure que su embarazo es el resultado de una violación basta para que de manera gratuita y segura se practique un aborto. Aunque sospechen los desconfiados, pero es suficiente con el consentimiento de la solicitante y sin intervención judicial.
Hay mucho para debatir sobre este tema. Pero el fallo es un primer paso. El embarazo como producto de abuso o violación es el menos deseado, pero hay otros. Por eso es importante incluir en la educación aquellos contenidos necesarios para conocer a fondo el problema de la sexualidad y la salud reproductiva. Hay una ley, pero su cumplimiento y efectividad es dispar. Si los que tanto claman por la defensa de la vida permitieran la educación sexual en todos los colegios y no se opusieran a la distribución de preservativos o anticonceptivos, todo sería más fácil. Si sólo quieren anular el sexo o restringirlo a la reproducción, toda discusión es en vano. No aportan demasiado los documentales patéticos de fetos que lloran ante una invasión extraña del útero, salvo oscurantismo. Si lo que crece en el vientre es un feto o un bebé debe depender del deseo de ser madre y no de dogmas apolillados. Como esto recién empieza, no conviene apresurarse.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...