viernes, 23 de marzo de 2012

Las puertas del 24

Cuando se confirma que los restos humanos hallados en alguna fosa clandestina pertenecen a alguien desaparecido durante –y por- la última dictadura, no queda lugar para ese comentario falaz que indica que no hay que revolver las cosas del pasado. Por el contrario, hay que revolver y mucho. La que comenzó en marzo de 1976 no fue una dictadura más, sino que fue la última. La última en serio y para siempre. Y para eso hace falta revolver a fondo, porque queda mucho todavía para descubrir y condenar de esos oscuros tiempos. Es necesario vencer la oscuridad para que se haga la luz. Nada se ha ganado con el silencio ni con el olvido. Que el dictador Videla, tras las rejas, clame que es víctima de una venganza y que sus dichos sean replicados en todos los medios de comunicación, habla muy bien del momento que estamos viviendo. Él, como tantos otros reos de su calaña, masculla su podredumbre desde las sombras de una cárcel, sin torturas ni vejaciones, como debe ser cuando actúa la justicia. Mientras tanto, algunos nostálgicos de esos tiempos macabros, golpean con salvajismo a una Madre de Plaza de Mayo en simulacro de robo y saquean el local de un organismo de Derechos Humanos de Mar del Plata para sustraer material previsto para la conmemoración del nuevo aniversario del Golpe de Estado. Si estas cosas ocurren es porque hay muchos que todavía no entendieron. Y otros –los menos- se resisten a bajar sus banderas de odio y sangre.
Desde el retorno a la democracia en diciembre de 1983 hasta hoy, ha cambiado mucho el significado de numerosas palabras relacionadas con la dictadura. En los primeros tiempos, se llamaba a ese período ‘proceso’, en sintonía con el mote con el que se autoproclamaron los usurpadores castrenses. Un estribillo cantado en todo acto lo consigna: “no hubo errores, no hubo excesos; son todos asesinos los milicos del proceso”. La primera parte se relaciona con las explicaciones que los representantes del establishment destilaban para tratar de atenuar la responsabilidad por tantos crímenes monstruosos. En esas ‘explicaciones’, la necesariedad del golpe de estado estaba presente, pero sus integrantes se habían cebado un poco y se les había ido un poco la mano. El golpe resultaba imprescindible pero, al poco tiempo, resultó difícil de contener. Ese cantito entonado por millones de gargantas a lo largo de gran parte del país, salía al cruce de tanto cinismo. Era tal la carga negativa que portaba la palabra ‘proceso’, que dificultaba su uso en un contexto diferente. Si uno quería hacer referencia a lo sucedido durante un período, y era ineludible el uso de ese término, decía “proceso, pero en el buen sentido” o algo así.
Al poco tiempo, nada de proceso. Dictadura, con todas las letras. Y cuando comenzó El Juicio a las Juntas, empezó a circular la palabra ‘genocidio’. Palabra fuerte, dura, que poco a poco fue ganando espacio para la comprensión de los dramáticos momentos de ese pasado reciente. Para finales de los ochenta, leyes de Punto Final y Obediencia Debida mediante, toda palabra referida a esos años sangrientos comenzaba a perder fuerza y capacidad de circulación. La des-memoria colectiva estaba ganando terreno, quizá por ansiedad, hartazgo o por temor, o porque los poderes económicos concentrados estaban preparando otro golpe, pero esta vez de mercado, para poner freno a lo que tanto temían: la búsqueda de la verdad. Después vino la amnesia absoluta de los noventa, que coronó la obediencia debida a los grupos dominantes con los indultos del infame riojano. La derrota fue casi total. El olvido hacia los crímenes de gestores y beneficiarios de la dictadura tampoco dio resultado. Terminamos peor que nunca en diciembre de 2001. No hay alianza posible con ciertos sectores de esta sociedad.
Por eso, para que la memoria no abandone nunca estas tierras, debe concretarse en una justicia firme. Y rápida. Porque, como dijo La Presidenta en su discurso de asunción: “Tengo acá una frase del discurso que pronunciara con motivo de mi asunción en 2007. Si me permiten, la voy a leer textualmente. Era referida precisamente a los juicios sobre Derechos Humanos. Decía entonces: ‘Yo espero que en estos cuatro años de mi mandato estos juicios que han demorado más de treinta años en ser iniciados, puedan ser terminados’. Si bien se registra un gran avance, lo único que sueño y lo único que le pido a la Justicia de mi país, es que el próximo presidente que tenga que prestar juramento el 10 de diciembre de 2015, no tenga que volver a pronunciar esta frase y hayamos dado vuelta definitivamente una página tan trágica de nuestra historia”. Todo un compromiso con el futuro. Como Jano, el dios romano que tenía dos caras: una ubicada al frente de su cabeza y la otra en la nuca. Era el dios de las puertas, de los inicios, por eso el primer mes del año tiene su nombre en honor a él, ianarus, enero. Su mirada estaba posada en el porvenir, pero también en el pasado. Como Néstor Kirchner, que con su estrabismo y su compromiso, también tenía su mirada posada en dos momentos a la vez y quizá por eso, abarcó tanto. Tanto abarcaba su mirada que habilitó la posibilidad de construir un nuevo país. Al descolgar un cuadro, abrió miles de puertas.
Puertas que se abren y puertas que se cierran. “Lloramos 35 años, que fueron inacabables, y hoy podemos cerrar un ciclo y expresar a nuestra sociedad que, por fin, papá ha vuelto a casa”, dijo Daniel Márquez, como síntesis del hallazgo del cuerpo de su padre en el ex Arsenal Miguel de Azcuénaga. El senador tucumano Damián Márquez, secuestrado en enero de 1977, ha dejado de ser un desaparecido, de acuerdo a la confirmación del Equipo Argentino de Antropología Forense. La importancia de esta información es que, por primera vez, se puede ligar una desaparición con una dependencia del ejército. “Los represores ahora no tienen cómo explicar qué hace un organismo oficial involucrado en estas tareas –amplió Daniel Márquez- la causa ahora cambiará de carátula: de desaparición forzosa a homicidio calificado”.
Y otra puerta que se abre. Antes era dictadura militar a secas, como si hubiera sido el producto de una banda alocada de uniformados que venía a poner coto al zurdaje. La puerta que se abre es el ‘¿para qué tanto horror?’. Y la respuesta radica en la reciente incorporación terminológica: ‘dictadura cívico-militar’. Entonces cierra todo. Tanto horror fue funcional a la protección de intereses económicos que se veían amenazados por el avance de ‘ideas revolucionarias’ entre la juventud. Por eso ciertos diarios tratan de actualizar ese temor con editoriales anacrónicos que, en su agonía, exhalan naftalina. Y por eso también, comenzarán las causas contra los civiles que recurrieron a las fuerzas del estado terrorista para eliminar ciudadanos que ponían en riesgo la estabilidad de sus empresas. Papel Prensa, Acindar, Ingenio Ledesma, La Veloz del Norte, Loma Negra, Techint, Ford Motors, Mercedes-Benz y muchas más están sospechadas de ser las impulsoras y beneficiarias de secuestro, tortura y desaparición de personas con el único fin de aplicar un modelo de país para maximizar sus ganancias. Una nueva puerta que se abre para garantizar más futuro.
Y esto sigue. El camino es largo y el horizonte está lejano, pero se lo ve cada vez con mayor claridad. La luz se vuelve más intensa a medida que este pueblo avanza. “Cada uno de nosotros tiene que ser un militante de la paz, se piense como se piense”, invitó Cristina, luego de recibir el Informe Rattenbach sobre la guerra de Malvinas. “Los cascos que queremos son los de los trabajadores. Que no quita la función de los cascos de los militares, pero siempre en misiones de paz y no de guerra”, agregó con mucha emoción. Pero la paz no es el silencio ni el olvido. La paz es memoria, justicia, inclusión, equidad. Este nuevo aniversario del golpe de estado aparece como la confirmación de una voluntad colectiva, de un compromiso para hacer propia la historia, o como dijo CFK, “la historia en sangre viva de los argentinos”.

1 comentario:

El cuerpo de la vergüenza

La oscuridad nunca ilumina, sino que trae más oscuridad . Un cadáver abre un nuevo capítulo y las palabras se escapan del teclado, p...