viernes, 18 de octubre de 2013

Castigos y premios, por favor



Un paseo por las nubes al ritmo de un clarín
Un poco de paciencia. Después de haber mordisqueado hasta el cansancio al legislador Juan Cabandié, pasaron a otro tema. El que sea, no importa. Para los prejuiciosos consumidores de los medios hegemónicos -ilegales con complicidad judicial- el candidato del FPV quedará marcado a fuego con las mentiras que difundieron sobre él. Como con todo. Las patrañas que instalan con malsana intención no caducan. Y cuando uno intenta dar otra explicación –la más racional- recibe una mirada de furia o, en el mejor de los casos, sazonada con una condescendencia cercana a la lástima. Enumerar cada una de las tergiversaciones exitosas con que han manipulado al público en los últimos años resultaría por demás de arduo. Algunas bastarán para entender: Boudou, el miedo, el INDEC, Moreno, La Cámpora, la plata de los jubilados, Plan descansar, la censura, la persecución, la inflación, el gobierno autoritario y corrupto. O consignas como estamos aislados del mundo, Cristina está loca, Néstor está vivo, la inmigración descontrolada y un centenar más. Ellos están desquiciados y una parte del público se deja llevar, feliz por tanta manipulación que los embrutece, orgullosos de coincidir con la línea de pensamiento de los que quieren recuperar el poder.
¿O acaso no quedará para la historia el famoso titular: “El INDEC dice que se puede comer con seis pesos”? Un informe técnico que tenía como objetivo establecer un mínimo de subsistencia se convirtió en una sentencia ridícula. En este episodio no se tiene en cuenta la canasta básica semanal publicada por una cadena de supermercados que se podía adquirir a 170 pesos, que incluía un menú diario con cuatro comidas. En estos días, el economista solidario Bernardo Kliksberg afirmó que con sólo 25 centavos de dólar se consiguen los nutrientes básicos para evitar la desnutrición y no salió en Clarín ni en TN algún titular que rece Kliksberg dice que se puede comer con dos pesos. Claro, con esos libelos nadie se entera de nada.
Con la inflación, otro tanto. Por supuesto, jamás abordan el tema para señalar que el incremento de los precios es responsabilidad de los empresarios especuladores, que sólo buscan incrementar sus ganancias con el menor esfuerzo. La culpa de los aumentos es del Gobierno, sobre todo de Cristina, que por las noches debe entretenerse arreglando las listas de precios. O del INDEC de Moreno, que, en lugar de brindar un número abstracto para explicar la economía, debería informar a cada vecina lo que gasta de más en sus tan diversas compras. Y ponen el grito en el cielo por una inflación del 12 por ciento anual de acuerdo a las mediciones oficiales cuando en los comienzos del añorado gobierno del infame riojano rondaba el 3000 por ciento en el mismo lapso. Ni las más carroñeras mediciones de las consultoras privadas alcanzan esa alucinante cifra. Y sin embargo, han logrado instalar en la sociedad que éste es el tema más acuciante para la población.
Con sus tapas, los títulos televisivos y sus arteros editoriales construyen cualquier cosa menos una realidad. Hay que ser muy gil para creer que todo está tan mal. Y mucho más aún para pensar que los otros lo pueden hacer mejor. Ahora, los que se abrazan al modelo de país que pretenden instalar los personeros del Poder Fáctico merecen calificativos más fuertes. Porque todo lo que se pergeña desde esos medios no busca otra cosa que aplicar el plan que nos llevó al desastre, que incluye devaluación de la moneda, recortes del gasto público, reducción de salarios y apertura de las importaciones. Consecuencias: más inflación, recesión, desocupación y aumento de la pobreza. Esto lo hemos vivido tantas veces y con resultados tan catastróficos que la defensa de estos programas neoliberales debería ser considerada por la Justicia como apología del delito, sino traición a la patria.
Todo lo que atacan desde estos medios sigue un hilo conductor: la retirada del Estado para regresar al saqueo especulativo de los noventa. YPF, Aerolíneas Argentinas y la ANSES son los blancos predilectos. Y, desde la gradual estatización de los servicios, el transporte ferroviario. No piden un Estado ausente –que no existe- sino el cómplice, que garantice descomunales ganancias empresariales y el vaciamiento compulsivo de nuestros recursos. La situación que viven algunos países europeos parece el tráiler de la película que ya hemos visto desde 1976 hasta 2001. Y quien esté de acuerdo con todo esto, sin dudas, merece ser considerado un enemigo. Con todas las letras.
Por eso aparece como una refrescante brisa la concentración que se hizo en Plaza de Mayo para celebrar un nuevo aniversario del Día de la Lealtad. La convocatoria había comenzado en las redes durante el fin de semana y las organizaciones alineadas con el kirchnerismo la convirtieron en realidad. El apoyo a CFK tomó las calles y circuló como una vitamina por las venas de los asistentes, tanto militantes como ocasionales. Por si algún lector está pensando lo contrario, Clarín no ubicó el tema en su tapa. Durante cinco días el affaire Cabandié copó los títulos principales y esta manifestación popular no mereció ni un rinconcito. La Nación, al menos, lo anunció en su portada y completa la cobertura, por distracción o mensaje encriptado, en las páginas 6, 7, 8.  Eso sí, ilustró con una foto tomada en los primeros minutos del acto, en pleno día, para demostrar la escasa concurrencia. Más tarde, las imágenes afirmaban otra cosa.
Y no porque la marcha haya sido contundente desde lo numérico, sino por el contexto que la convierte en un emotivo mensaje político. Por un lado, un mimo dirigido a La Presidenta, de esos que curan desde los sentimientos más profundos. Por el otro, la reafirmación de una lealtad hacia la conductora de un proyecto de país que promete mucho futuro. El conjunto, una advertencia hacia los que quieren interrumpir este camino. Porque estos diez años merecen mucho más que una plaza llena. Las urnas desbordadas de apoyo pueden ser un buen premio.

miércoles, 16 de octubre de 2013

El porqué de tanta confusión

Los medios y el rostro de los angurrientos
“Todos contra Juan” pareció ser la consigna de esta semana. Tan exagerada resultó la operación denostadora que la leve explosión de enojo del candidato a diputado quedó en décimo quinto plano. Los medios dominantes y los monigotes opositores construyeron tanta confusión que del hecho no queda casi nada. Un modus operandi habitual que sólo busca alimentar los prejuicios de su público. Un accionar manipulador que embrutece y atenta gravemente contra la democracia. El presidente de Bolivia, Evo Morales, sintetizó la situación con una frase para la historia: “los pueblos somos víctimas de los medios de comunicación en manos de empresarios, somos sometidos por ellos a sus mentiras”. Y esto no es exagerado ni paranoico, sino una síntesis de lo que ocurre. Gran parte de lo que se difunde en los medios dominantes está basada en la más siniestra alucinación. No es una cuestión de la posición ideológica tomada a partir de un hecho, sino la invención sin reparos de sucesos inexistentes. No es la opinión que se elabora para brindar un punto de vista al ciudadano, sino un rosario de improperios que tiene como objetivo desatar la rebelión hacia las autoridades nacionales. Todo se inventa, tergiversa y exagera para construir un escenario caótico inexistente, para acelerar el fin de ciclo tantas veces anunciado pero aún bastante lejano.
“No hay que desearle el mal a nadie –comentó una vecina sobre la salud de CFK- aunque a Ella la tengamos acá”, completó, señalando su tráquea. “Por lo que usted la tiene ahí –respondió este escriba- es que muchos la llevamos acá”, agregó, conduciendo su mano al pecho. Seguramente, muchos tienen atragantada a Cristina a fuerza de los malos bocados que preparan los medios opositores. Sin dudas, estos diez años han sido los mejores en mucho tiempo. Quien piense lo contrario, está equivocado. Punto. Que faltan cosas, es seguro. Que hubo errores, también. Pero los mensajes de los sicarios mediáticos no apuntan corregir esos aspectos, sino a aniquilar los logros. Lo que más molesta son los derechos conquistados, el bienestar conseguido, la inclusión alcanzada. Por eso vociferan que está todo mal, porque las cosas no se hacen como ellos desean. Por eso ocultan lo que no pueden transformar en mala noticia. Esto es agotador y hemos tenido demasiada paciencia. Los directivos del Grupo ya se han enriquecido bastante a nuestra costa y, a pesar de eso, quieren vernos de rodillas. Otra vez, no. Esta vez, no. No podemos ser tan reiterativos. En todo caso, agucemos nuestra creatividad para arribar a crisis novedosas. Pero lo de siempre, ya lo hemos vivido.
Y para que las cosas sean más fáciles de comprender, el Primer Mundo presenta una postal de nuestra historia. Mal por los ciudadanos europeos y norteamericanos, que son víctimas del saqueo virtual del mercado financiero, de la voracidad más despiadada. No es sano que algunos vean multiplicadas sus fortunas sin producir nada, porque deja un tendal de pobreza que se extiende cada vez más. La crisis económica que están viviendo los países que muchas veces aparecieron a nuestros ojos como modelos, no es producto de una catástrofe climática, sino de la ambición más despiadada. Errores que se transforman en desocupación y miseria para los que nunca han disfrutado de ninguna fiesta. Esta carrera por exhibir esas cifras incontables lo único que produce es la desigualdad más vil. La mentira del derrame es sólo un goteo que se evapora en el camino. Y no es chiste: Estados Unidos ostenta una situación social alarmante y una concentración de la riqueza que no se veía desde los tiempos del crack del ’29. Los ricos no son motor de la economía, sino todo lo contrario.
Ese mismo país produjo un símbolo de la mano de Disney: el tío Rico. ¿De qué servían esas montañas de monedas que jamás salían de las bóvedas en donde se acumulaban? Un personaje excesivamente acaudalado pero sumamente avaro. Pero no hace falta analizar más, porque son todos iguales. La pobreza no es un flagelo, como muchas veces se dice por ahí. Y si lo es, habría que preguntarse quién otorga ese castigo. La pobreza es el resultado directo de la angurria desmedida por superar la cifra. ¿Qué más da tener 10, 30, 50 mil millones si es el resultado de la expoliación de los que menos tienen? Ahora esas sumas se multiplican sin producir otra cosa más que miseria, hambre, muertes. ¿Cómo pueden dormir en paz sabiendo que generan tanto daño?
Según los últimos datos de la FAO, 842 millones de personas en el mundo padecen de desnutrición crónica y diez mil niños mueren al día por esa causa. No por enfermedades, sino porque nuestro mundo, que puede producir alimentos para 12 mil millones de personas, está gobernado por despiadados vampiros. Bernardo Kliksberg, un economista militante por la dignidad de las personas, asegura que “con sólo 25 centavos de dólar se proporcionan los nutrientes básicos para evitar esta situación y, sin embargo, cada segundo se gastan por lo menos dos millones de dólares en armas. Esto es capitalismo salvaje, afán desmedido”. Y ni hablar de las vomitivas ostentaciones que rozan el mal gusto, como los autos enchapados en oro y piedras preciosas engarzadas en los laterales. Que quede claro: tamañas fortunas no son producto del trabajo esforzado y ahorrativo, sino de la explotación, corrupción y especulación. Porque eso la gastan en esas estupideces. Tener claro esto es la mejor manera de comenzar a encontrar soluciones.
Los paños que se aplican en el Primer Mundo, esas medidas dictadas por los organismos que han fomentado el despojo, sólo producirán más pobreza. Los planes de ajuste empeoran la situación. Más claro: son los que se han beneficiado con el saqueo los que tienen que ceder para revertir la crisis que ellos mismos han provocado. De lo contrario, todo será peor. Los gobiernos tienen que ponerse de parte de los menos favorecidos y extraer recursos de los que acumulan hasta el hartazgo para generar empleos y recuperar el bienestar pisoteado. “La política que se está aplicando es primitiva, tan primitiva que no comprende que la austeridad corta las posibilidades de crecimiento”, explicó el Premio Nobel de Economía, Amartya Sen.
 Pero en nuestro país, las cosas son diferentes porque desde hace diez años comenzó a revertirse esa lógica tan destructiva. Para que la Economía esté al servicio del Hombre, los Estados deben impulsar el desarrollo material y desalentar la multiplicación virtual de la riqueza. Y es lo que ha intentado hacer desde 2003 el proyecto K, con resultados sumamente auspiciosos. La generación de empleo es esencial y para eso, los que acumulan deben poner en circulación sus fortunas. Lo que hacen, en cambio, es evadir, especular, escamotear recursos. Y llorar desconsoladamente cuando deben conceder un aumento de salarios. Tanto, que a los pocos segundos de la concesión empiezan a tramar la manera de recuperar las monedas perdidas. No dan más que asco.
Para comprender la situación en estos términos es necesario escapar de la realidad dibujada por los medios hegemónicos. Porque no están para contarnos desinteresadamente sobre las cosas que pasan, sino para proteger a los personeros del Poder Fáctico. Por eso hacen lo que hacen y dicen lo que dicen. Porque por fin ha aparecido un Gobierno que pretende limitar sus privilegios y amortiguar su capacidad de daño. Un poco, por ahora. Bernardo Kliksberg lo ha dicho muchas veces: “es posible una economía con rostro humano y esta hora es la definitiva para que seamos responsables por el otro”. Como nunca antes, las cosas están muy claras. De ahí que Clarín y sus acólitos propalan la confusión desde sus factorías de estiércol. Por eso el insignificante incidente de Juan Cabandié se convirtió en causa nacional, porque estamos en el buen camino para alcanzar el país equitativo con el que siempre hemos soñado.

lunes, 14 de octubre de 2013

Conspiradores y cómplices

Cuando la maldad no tiene límites

Nadie sabe qué nombre ponerle al 12 de octubre, aunque sigue siendo feriado. Día de la raza, encuentro de culturas, diversidad cultural son las variantes nominales de un hecho que no debería festejarse. En todo caso, podría llamarse día del saqueo y el aniquilamiento, para darle su justa dimensión. Si queremos conquistar otro lugar para las culturas originarias en una patria blanca podríamos adoptar como festivo el día de la Pacha Mama, en lugar de la llegada de Colón. ¿Para qué tener un rojo en el calendario que nos avergüenza celebrar? En fin, tenemos todo un año para pensar en esta cuestión. Con lo que no tenemos demasiado tiempo es con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, porque ya estamos viendo las consecuencias de tener un monstruo desenfrenado. Y la Corte Suprema de Justicia, como máxima autoridad, tiene mucha responsabilidad en esto. Por lo que sea, sus miembros han sido cómplices de un atropello institucional insólito desde el retorno a la democracia. Compinches de los bravucones monopólicos: una vergüenza para cualquier sistema judicial, salvo los que se tejen en un atroz régimen autoritario. Una justicia corporativa que protege a las corporaciones y pisotea a las autoridades democráticas no busca otra cosa que constituir un Estado paralelo conformado por exponentes no elegidos por el voto popular.
Y con tanta protección, las propaladoras de estiércol y sus sicarios están desquiciados. Con la impunidad concedida desde algunos tribunales, se muestran obscenos, bestiales, salvajes. Irrespetuosos y destituyentes, también. Ya no se ocupan de informar e interpretar los hechos. Las “noticias” no sólo están basadas en alucinados inventos, sino pobladas de improperios y sospechas hacia las legítimas autoridades nacionales. Que un periodista con discutible predominio de audiencia especule con “nos quieren acostar con la mina ésta” en referencia a la enfermedad de La Presidenta significa una provocación cercana a lo pornográfico. Y sumado a eso, la puesta en duda de la legitimidad del vicepresidente Amado Boudou para asumir temporalmente basada en denuncias creadas por ellos mismos es, sin tapujos, un nuevo intento destituyente. Como toda libertad, la opinión exige responsabilidad, sobre todo cuando se difunde desde los medios, porque la irresponsabilidad se traslada al espectador y se potencia. La cloaca dominical de El Trece le hace mucho daño a la democracia porque sólo alimenta prejuicios y no apunta a conformar ciudadanos comprometidos, sino todo lo contrario. Si desde una pantalla televisiva se insulta sin pudor a los representantes elegidos democráticamente, convalida una revuelta sin motivos, invita al público a pensar en los mismos términos desprovistos de rigor y mesura 
Los sicarios de la cadena hegemónica calificaron de impresentable a Boudou, aunque nada de lo que vomitan lo justifica. Una simple paradoja: el Jefe de Gobierno porteño está a la espera de un postergado juicio oral, procesado en serio por dos casos de gravedad institucional, y jamás lo han llamado así. Por capacidad, gestión y otras cosas más lo merece ampliamente, vale reiterar. En cambio, las denuncias revoleadas sobre actos de corrupción desde esas usinas de estiércol no han inspirado siquiera una convocatoria al ex ministro de Economía para una declaración indagatoria, paso esencial para el inicio de una causa. Desde el punto de vista jurídico, aún no tiene mérito siquiera para la categoría de sospechado. Tan inocente como el más inocente de los vecinos, pero la desconfianza sembrada durante más de un año y medio ha rendido sus frutos y se ha extendido como una plaga entre los consumidores, tanto los desprevenidos como los prejuiciosos. El motivo: Amado Boudou fue quien presentó el plan para recuperar los fondos de las AFJP, que se han triplicado desde su estatización. Claro, sacó de manos de los especuladores un negocio fenomenal y, por venganza, lo acribillan con sus dicterios   
Pero no sólo con eso amplificaron la suspicacia. También pusieron en duda la veracidad sobre la salud de La Presidenta o, por lo menos, sobre la información oficial. Y también poblaron a la Fundación Favaloro de funcionarios y familiares de Cristina que maltrataban a médicos, enfermeras, mucamas, ordenanzas y cualquier otro ser que pasara por allí. De locos. Si fueran bien intencionados, en lugar de contenidos periodísticos, deberían producir comedias. Pero como no lo son, atentan contra todo lo recuperado en estos diez años de recorrido K. Y no lo hacen por plata, pues eso les sobra, sino de puro malvados. Tampoco porque quieran recuperar un poder apenas limado. Lo hacen porque no soportan que el país esté mejor haciendo lo contrario de lo que ellos quieren que se haga. Lo hacen porque les molesta la felicidad ajena. Lo hacen porque no conocen otra forma de vida más que el vampirismo desaforado que nos ha hundido en la miseria a principios de siglo.
Lo hacen porque hay una Justicia cómplice que se lo permite. Cuatro años hace que el Grupo no cumple con una ley de la democracia porque un grupete de jueces ha tomado la decisión de protegerlos. Magistrados que amparan la ilegalidad con ostentación. Si no fuera por tanta impunidad, habríamos podido avanzar mucho más, porque detrás de Clarín se escuda un sistema salvaje y destructivo; un modelo de acumulación insaciable que sólo produce desigualdad; una pandilla de grandotes que quiere evitar cualquier control porque consideran al país como coto de caza. ¿Y por qué tanta resistencia?, se preguntará el buen lector, un tanto distraído. Porque si Clarín adquiere dimensiones humanas, la domesticación de las bestias será mucho más sencilla. Porque sin ese poder enloquecedor, deberán dedicarse en serio al periodismo. Porque no podrán condicionar a los gobiernos democráticos para que faciliten sus negociados. Y, por último, porque están acostumbrados a que las leyes se acomoden a sus ambiciones y lo contrario, los desespera.
Decodificar es la tarea. Interpretar sus libelos como si fueran jeroglíficos. Si hablan de aviones es porque quieren que Aerolíneas Argentinas vuelva a ser privada para garantizar la extinción de la línea de bandera. Si dan excesiva cobertura a un corte de luz, es porque desalientan la intervención del Estado en la generación de energía. Si eligen cualquier combustible para titular, es porque quieren ver YPF en manos de depredadores internacionales. Si critican al cine nacional y los incentivos del INCAA es porque quieren tener en sus manos la construcción de una cultura individualista y comercial. Si para ellos todo está mal no es porque vean el vaso medio vacío, sino porque de un manotazo quieren sacar de la escena cualquier recipiente que no sean sus arcas. Pero, es bueno repetir, no hacen todo esto por plata, sino de puro malvados, de excesivamente perversos, por simple prepotencia.
A pesar de este cuadro tan inundado de oscuridad, una sola idea puede aportar algo de luz. Jamás se han mostrado tan poco sutiles, nunca ha sido tan fácil detectar sus trampas. Si esto ocurre es porque advierten que les queda poca cuerda. Un poco de paciencia. En dos semanas, los argentinos decidiremos qué camino tomar: si el de la profundización de las conquistas de esta década o el de la restauración del modelo que tanto daño nos ha hecho en tiempos no tan lejanos.

sábado, 12 de octubre de 2013

Guerreros Digitales



Granitos de arena para desterrar la oscuridad
El autor de estos apuntes nunca imaginó algo así. El jueves se realizó la presentación del libro “Guerreros Digitales, cibermilitancia y batalla cultural”, publicado junto con Perra Intelectual y Adrián Corbella por editorial Dunken y con el generoso prólogo de Dante Palma. Mariana Moyano, columnista de Visión 7 y de 678, ofreció una profunda charla sobre medios, militancia, kirchnerismo y algunos temas más muy vigentes y cruciales para estos tiempos que corren. Una emoción inmensa recibieron los autores al encontrar entre los espectadores a la actriz española Susana Hornos, que dedicó elogiosas y cálidas palabras sobre la aparición del libro. El viernes, los blogueros ahora en papel, fueron recibidos en los estudios de la Tv Pública por Osvaldo Quiroga para una entrevista en su programa Otra Trama, que debería ser emitido en horarios menos noctámbulos, dada la trascendencia de sus contenidos. Lo insospechado, ocurrió. Esto, que sólo fue planeado como un proyecto personal para mimar el ego de tres ignotos escritores, parece convertirse en algo que ocurre por primera vez.
Veamos: tres extraños habilitan en distintos momentos tres espacios virtuales para expresar su simpatía por un proyecto de país y aportar algunos granitos de arena para comprender la realidad mediática y política. Nada más que eso. Después se conocieron en las redes y comenzaron a interactuar. En mayo de 2012 se vieron las caras por primera vez y una pequeña luz se encendió entre ellos. Al poco tiempo, surgió un remoto proyecto de libro que se concretó un año después. Guerreros Digitales es el producto de un entrecruzamiento de ideas, propuestas, sugerencias, discusiones que se concretaron en la virtualidad del ciberespacio. Gracias a la magia de una diseñadora muy tímida, conocida mundialmente como Cora, el volumen adquirió un atractivo visual sorprendente. El jueves 10 de octubre, los cuatro hacedores del libro se ven las caras y celebran este emprendimiento surgido de la virtualidad. Y ésa es la segunda vez que se encuentran fuera de la matrix. El ordenamiento de los contenidos por capítulos y sub capítulos, sugiere un engarce mucho más profundo que si hubiera presentado a los autores por separado. El resultado es un diálogo sobre las dificultades y éxitos en la reconstrucción de nuestro país entre tres personas que viven en lugares distintos.
Lo de los lugares distintos no sólo desde el punto de vista geográfico. Los saberes, posiciones y estilos también son diferentes pero confluyen en un mismo recorrido: de-construir un sentido común devastador para cimentar otro más prometedor, más colectivo, más luminoso. Si este pequeño hecho formará parte de la historia, nadie lo puede anticipar. Pero los tres escritores ya no tan anónimos planean, de acuerdo al espíritu de estos tiempos, ir por más. ¿Qué hay en ese libro además de pasión, compromiso y algunas buenas lecturas de la realidad? No mucho más ni mucho menos: la honestidad de las miradas, disparada por la promesa de tiempos mucho mejores, como nunca antes en nuestra historia. O sí, pero más de medio siglo atrás. Recuperar el Sueño y no dormirse en el intento puede ser el propósito que persigue este libro surgido de tres blogueros.
Acompañar la locura gubernamental de enfrentar a los poderosos, puede ser el otro. Y defender, denunciando las operaciones mediáticas y esquivando las bombas de estiércol que los enemigos de la democracia arrojan todos los días sobre este prometedor sendero. Sumar, invitar, traducir y sintetizar. Y todos los infinitivos que aporten en la reconstrucción de nuestro país, sometido, fragmentado y saqueado por los que ahora se presentan como salvadores y custodios de la moral y la república. Desde las guaridas de Clarín vomitan improperios, hipocresías y prejuicios para interrumpir este recorrido que busca recuperar lo escamoteado en décadas pasadas. El objetivo es sembrar de sospechas el escenario político para debilitar al proyecto K y forzar su destierro. Para los desprevenidos, desde la pestilente cadena de medios que envenena a su público no se difunden interpretaciones subjetivas de los hechos, sino manipulaciones perversas que sólo buscan desatar el caos. El nuevo episodio sobre la salud de La Presidenta puede resultar ilustrativo.
Otro susto más y una amenaza menos. La operación –la quirúrgica, no mediática- salió muy bien y sólo resta que Cristina se recupere, como está ocurriendo. Y el reencuentro será un nuevo hito de esta historia que estamos escribiendo los buenos argentinos. Los malos no escriben, sólo tratan de instalar otra vez lo que está escrito desde hace mucho y resultó tan dañino. Los malos son los que quieren retornar a ese pasado tan nefasto en el que gobernaban a su antojo. Algunos pueden considerar exagerado o pueril las categorías ‘buenos’ y ‘malos’ para efectuar una lectura de los hechos. Por supuesto que otras duplas de opuestos resultarían más ilustradas, pero menos ilustrativas: fieles-traidores, oficialistas-opositores, keynesianos-neoliberales, ciudadanos-individuos, civilizados-bárbaros. Pero, más allá de las exquisiteces idiomáticas, esos simples calificativos –buenos, malos- abarcan a todos. ¿Qué adjetivo podría usarse para los que se regodearon al informar sobre la salud de CFK, sin apelar al vocabulario soez? ¿O para los que sólo siembran desconfianza para cosechar rebelión? ¿O para los que celebran un hipotético triunfo de los candidatos del establishment, que sólo amenazan con ajustes y restauración de privilegios apenas limados? Más simple: los que promueven el mal, son malos y lo que ellos quieren –acrecentar sin límites sus arcas- significaría un retroceso enorme en los derechos conquistados.
Durante la campaña para las PASO, el spot más recordado será, sin dudas, el de Argen y Tina. No por su excelencia, claro está, sino por sumergirse en el ridículo. Casi tanto como el ahora massista y dentro de poco no se sabe Felipe Solá al referirse a la capacidad de Amado Boudou para ejercer la presidencia. En el corto de Unen, la división convertía a Argentina en un país invivible. Los más insignificantes conflictos cotidianos estaban atravesados por ese invento kirchnerista de la división. No fue la única fuerza no política que explotó el antagonismo inconciliable. El menguante Francisco de Narváez impuso una frase disyuntiva, “Ella o vos”, que, además de insustancial reforzaba el individualismo que tanto alienta la derecha. Imposible olvidar la frase publicitaria que condujo al enjuiciado Jefe de Gobierno porteño a un segundo mandato: vos sos bienvenido. Un dedo autoritario que designa a los que pueden entrar y los que no. Muchas divisiones planteadas por los que denuncian la división.
La fragmentación –para no abusar de esa operación matemática- ha existido siempre y es inevitable. El kirchnerismo no la ha inventado, aunque sí la dejó en evidencia. Que hay una raya que divide en dos a los argentinos, no quedan dudas. Y, para no alarmarnos, en todos los países debe pasar lo mismo, con más o menos fiereza. Aunque algunos no puedan o no quieran comprenderlo, esa división es entre buenos y malos. Los malos nos quieren tener a merced de sus despiadadas ambiciones. Los buenos somos los que muchas veces hemos sido sus víctimas. Como no debemos permitir que esto suceda, es necesario conocerlos, controlarlos o reducirlos. En esto estamos y seguiremos estando. Y tres guerreros digitales no son suficientes para tamaña contienda.

lunes, 7 de octubre de 2013

La ansiedad de los destituyentes



El absurdo no tiene límites, por eso es absurdo. Que el doctor Nelson Castro sueñe con un Premio Nobel de psiquiatría por haber diagnosticado una enfermedad a CFK puede ser un caso. Que algunas plumas destituyentes anhelen una renuncia anticipada por problemas de salud puede significar unas merecidas vacaciones después de tanto esfuerzo cacerolero. Que las hormonas agoreras enloquezcan no por el arribo de la primavera, sino por un simulacro de triunfo ya roza lo ridículo. El síndrome de hibris instalado hace unas semanas en un programa de TN no tiene nada que ver con el cuadro que exige la intervención quirúrgica de La Presidenta, vale aclarar. La hipotensión y el hematoma interno producto de un golpe no guardan relación con esa enfermedad psiquiátrica inventada por los republicanos para desacreditar a mandatarios no alineados con el Imperio. No es casual que desde los centros del Poder Fáctico diagnostiquen a distancia ese mal. Porque el establishment discute sobre el poder cuando alguien quiere arrebatárselo o, al menos, limitarlo. En otro escenario, ni hablan del tema. La preocupación por el poder sobreviene cuando la política intenta modificar el statu quo. Por eso aparece la hibris.
En la Antigua Grecia no existía la idea del pecado, pero la mitología se encargó de dibujar algo parecido. La Moira es el destino que cada mortal tiene establecido y además, distribuye la parte que le toca de felicidad o infortunio y la cantidad de bienes materiales asignados. Cuando un hombre quiere dar un paso más allá de lo dictaminado por los dioses comete la famosa hibris, que significa un desafío a los designios divinos. En este sentido, cualquier modificación que uno quiera hacer en su vida podía ser considerada como desobediencia y merece el castigo, némesis, que busca reubicar al rebelde.
Si la psiquiatría mediática acierta con el diagnóstico de la enfermedad del poder, el síndrome de hibris no sólo afectaría a los mandatarios que quieren transformar el statu quo sino a los directivos de empresas multinacionales, especuladores financieros y todos los que integran ese 10 por ciento que acapara gran parte de la riqueza mundial. ¿O Paul Singer, Carlos Slim, Bill Gates acrecientan sus fortunas de manera descomunal por simple divertimento? Pero, como este mal fue inventado por los dueños del poder, sólo afecta a los que intentan controlar sus angurrias. Como dioses del Olimpo, sentencian con sus poderosas voces a los que quieren desafiarlos. Cristina padece el síndrome de hibris porque enfrenta a las corporaciones. Ellos, como hacedores del destino de los hombres, guardan para sí los privilegios y las atribuciones. Ellos, que no son votados por nadie, son los encargados de tejer el destino de cada hombre, que no debe ser otro más que el sacrificio y la pobreza. Ellos, todopoderosos, desbordan sus arcas a fuerza de escamotear bienestar. Ellos, que ostentan cargos a perpetuidad, son los que se oponen a las reelecciones. Ellos, que poseen casi todo, lo que le falta es vergüenza. Ellos, que son los que desbaratan el planeta, están perfectamente sanos.
Pero así como descubren el mal, también encuentran la cura. El doctor Nelson Castro, improvisado periodista recién retornado a la ciencia médica –neurólogo pero no psiquiatra- tiene un remedio efectivo para que La Presidenta recupere su salud. Cuando CFK abandone la presidencia, la enfermedad del poder, el síndrome de hibris, se esfumará al instante. Y si renuncia ya, mucho mejor. Según ellos, el poder enferma sólo a los que acceden por el voto popular. Ante cada episodio médico de Néstor o de Cristina, los sicarios del Poder Fáctico afirmaron sin dudar –claro, son voceros de los dioses- que la causa de la enfermedad era la manera de ejercer el cargo. Eso sí, jamás dirán que la dolencia de un gran empresario es producto de su ambición. El síndrome de hibris sólo encuentra a sus víctimas en el corpus de la política, no de la economía.
Entonces, como la Primera Mandataria tiene como objetivo domesticar a las bestias, las bestias quieren sacársela de encima. Como sea. Para eso, inventan la realidad, conspiran, modelan monigotes con forma de candidatos y siempre se ponen de parte de los intereses extranjeros. Como la estrategia destituyente está pergeñada desde las oficinas de Clarín, desde sus medios se disparan los dardos más venenosos. Sin pudor ni respeto, el domingo por la noche, El Trece se convirtió en la madriguera donde los carroñeros tejieron sus tretas. El ex periodista y actual agitador Jorge Lanata planteó la hipótesis: si Cristina pide licencia, Boudou no podrá asumir la presidencia. ¿Por qué? Porque para él es culpable de todo lo que denunció. Para el ariete de Clarín, el vicepresidente es corrupto porque él lo sentenció desde su tribunal mediático. La Justicia aún no ha llamado a declarar al sospechado ex ministro de Economía, por lo que ni siquiera hay causa. Y aquí hay una falta grave por parte de los encargados de la investigación basada en denuncias mediáticas, que han estirado durante más de un año y medio la resolución de un caso que no es tal. Una artimaña que produce una notoria gravedad institucional.
Y esto no es exagerado. Ya está dicho desde el principio: el absurdo no tiene límites. Ante las cámaras del PPT opositor, el consultor político Jorge Giacobbe convocó a una revuelta popular para impedir que Amado Boudou asuma temporalmente la presidencia de la Nación. “¿Qué pasa si la Presidenta no se repone?”, preguntó con malicia para despabilar al público cacerolero, siempre dispuesto a armar barullo por casi nada. Otro de los invitados, Fabián Perechodnik, de Poliarquía, reveló que “Boudou tiene la imagen negativa más alta del gobierno, con un 60 por ciento”. Tantos esfuerzos agoreros a veces rinden sus frutos. Por supuesto, con la indiscutible complicidad de algunos actores de la justicia, es justo reiterar. “Yo creo que la Justicia tiene, como poder del Estado, una deuda con la sociedad”, evaluó La Presidenta en la entrevista que condujo Jorge Rial.
Pero no sólo por esto. Muchos jueces –la Corte Suprema, inclusive- han pisoteado como nunca las instituciones democráticas. En estos días se cumplen cuatro años de la aprobación y promulgación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, aún no aplicada en su totalidad por el revoleo de cautelares y el suspenso aplicado por los Supremos. Estos artilugios pretenden instalar un clima de desasosiego inexistente y crear la sensación de ingobernabilidad, para sumar a un sector prejuicioso de la población y arrastrar a los sugestionables al descontento generalizado.
De una vez por todas, hay que frenarlos. Como no saben qué es la ética, habrá que enseñarles. Porque más allá de las generalidades republicanas que recitan los tibios, los que alteran la estabilidad democrática tiene nombres y apellidos. Y es hora de que se encuadren dentro de las normas y que cumplan con la función periodística que es informar y orientar la opinión pública. Nadie duda que hacen todo lo contrario y de esa manera pisotean los derechos ciudadanos. Así, no hay país que resista ni paciencia que no explote.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...