miércoles, 18 de febrero de 2015

Una epidemia de cacerolismo



Ni en los feriados descansan los fabuladores de Clarín. El lunes publican un informe de los peritos de parte en donde aparecen “pruebas contundentes” que rebaten la hipótesis del suicidio del fiscal Nisman. Y si no participaron terceros en su muerte, habría que verificar si “no hubo segundos”, plantea la nota no firmada. Sin dudas, ya escriben para burros. El martes sacan en tapa la foto de una testigo del allanamiento al departamento de Puerto Madero, que confiesa tener miedo. Si tiene miedo, ¿para qué posó en la foto? Y si estaba amenazada, ¿por qué Clarín la escracha en su portada? El mentidero impreso hasta hizo enojar a la fiscal Fein, que parecía impasible a las constantes operaciones del “periodismo independiente” de toda concepción ética. No hay nada que hacer: el monstruo se está volviendo insoportable para todos y todas. Sus aprietes mafiosos con formato periodístico son tan obvios que hasta una mascota los decodifica. Sólo unos pocos siguen confiando en ese libelo porque sus prejuicios necesitan el alimento que la realidad les niega.
Mientras tanto, sus aliados del campo comienzan a desempolvar sus tambores de guerra, algo habitual cuando se aproxima una voluminosa cosecha. Como el precio de la soja continúa bajo, pretenden que el Gobierno reduzca los derechos de exportación. La resolución 125 tan rechazada por los estancieros establecía descuentos en las retenciones en una situación así. Ahora, que vayan a llorarle a Cobos y su famoso voto no positivo. En todo caso, si están tan necesitados de dinero, que desinflen un poco los “gigantescos gusanos rurales”, que están rebosantes de granos. Un informe del Departamento de Agricultura de EEUU afirma que casi la mitad de la soja encanutada en el mundo está guardada en Argentina. Casi treinta millones de toneladas de porotos amontonan estos miserables y encima tenemos que soportar sus lamentos golpistas.
Para tranquilidad de toda la población, parece que la Mesa de Enlace está a punto de desenlazarse. Desde que Eduardo Buzzi dejó la presidencia de la Federación Agraria para fracasar en la política, la relación de los pequeños y medianos productores con el Ministerio de Agricultura comenzó a ser más armoniosa. El Gobierno Nacional habilitó al Banco Nación para financiar a los sojeros que almacenen sólo el diez por ciento de su producción y con un tamaño comercial inferior a las 600 toneladas. Esto alteró el ánimo de los patrones, que pierden así a sus aliados más bullangueros. Los patricios están cada vez más solos.
Los laberintos de la realidad
Pero el Campo no es el único sector que se fractura. Los industriales de la UIA también fueron víctimas de la malversación informativa. Mientras CFK firmaba los sustanciosos acuerdos con China, el grupo Techint boicoteaba un gran negocio que lo tenía como principal beneficiario. Un oposicionismo patológico con sabor a destitución. Inclaudicable aliado del Grupo Clarín, aporta sus esfuerzos para desalojar al Kirchnerismo de la Casa de Gobierno. Entonces, cualquier producto intestinal que salga de sus cerebros se convierte en operación periodística con el habitual y desaforado impacto mediático. Aunque han ganado una fortuna en estos años, la continuidad de este proyecto se convierte en la peor pesadilla. Para Ellos, no para la mayoría de la población. No sólo la Presidenta se molestó por este sabotaje político: el empresario metalúrgico y ex directivo de la UIA, Juan Carlos Lascurain, reveló la indignación que produjo la vocinglería criticona del presidente de Techint, Paolo Rocca.
“La UIA realizó una operación de prensa iniciada por Ignacio de Mendiguren –relató Lascurain- con críticas al acuerdo basados en un artículo de El Cronista”. De Mendiguren, ex titular de la entidad y actual diputado por el Frente Renovador, hizo circular un documento–que ni siquiera se había debatido en el consejo directivo- de rechazo a la relación con el Gigante Asiático. En una reciente reunión, uno de sus miembros resaltó que Brasil había logrado mejores condiciones. Entonces, “pedí ver el tratado Brasil-China pero no lo tenían. No lo conocen”, concluyó Lascurian.
Sin dudas, estamos ante la presencia de la expansión del espíritu cacerolero. Un cacerolero no es sólo un ciudadano indignado que produce bochinche con sus cacharros de cocina en una ceremonia catártica: también es aquel que se queja de todo sin conocer nada; el que analiza el universo encerrado en su ombligo; el que rechaza todo lo que no apunte a su exclusivo beneficio; el que ve todo mal aunque no sepa por qué; el que ha incrementado su nivel de consumo aunque afirme estar siempre en crisis. Por eso todos los individuos con pretensión ciudadana pueden ser caceroleros y en todos los sectores nos encontramos con personajes así. Periodistas, políticos, dirigentes opositores se han contagiado de este espíritu y necesitan ver todo mal para poder mantener su cada vez más insignificante incidencia.
En el contexto de la muerte de Alberto Nisman y el impulso de creer en un homicidio político para convertirlo en mártir, el juez Daniel Rafecas parece estar en una encerrona. No es para menos, pues en sus manos está la infructuosa denuncia del fiscal contra La Presidenta por un encubrimiento inexistente y la digerida síntesis de Gerardo Pollicita, que elimina las inconsistencias originales pero pide la indagatoria de funcionarios sin establecer ningún delito. Si es por coherencia judicial, el documento presentado por la Procuraduría General de la Nación bastaría como contraprueba para desechar la denuncia. Pero la presión de los carroñeros es de tal magnitud, que esta juiciosa decisión podría condenarlo al escarnio mediático.
Porque esta caterva opositora necesita una excusa para articular su desarticulada campaña ausente de propuestas. La continuidad de las sospechas permitirá enmascarar la oscuridad del programa de gobierno que pretenden restaurar. Un juez que tiene en sus manos una denuncia inconsistente y una decisión crucial: actuar con justicia o alimentar operaciones. Si la marcha opositora tiene una cuantiosa concurrencia no es porque el reclamo que portan sea valedero. Hay mucha manipulación acumulada en esas cabezas que se escudan en la muerte del fiscal. Todos creen –casi sin dudar- que el Gobierno lo asesinó. Los cacerolazos anteriores portaban la impronta no-política de los que sólo estaban en contra, aunque sin tener en claro por qué. La novedad de esta marcha es la necro-política, con la necesidad imperiosa de creer en un homicidio, avalada por algunos fiscales y todos los políticos que no encuentran su lugar en la campaña.
No quieren verdad ni justicia: sólo la cabeza de Cristina. No importan los motivos porque sobran las excusas. Otra vez la grieta insuperable entre la alegría de recuperar derechos y la pulsión de escamotearlos. Buitres, gorilas, hienas, burros y demás comparaciones zoológicas que expresan su disconformidad, sin pensar que acaban siendo funcionales a intereses oscuros. Todo articulado y pergeñado por el ex Gran Diario Argentino. Las tapas de Clarín deberían venir con una advertencia: "los textos aparecidos en esta publicación son producto de la putrefacta imaginación de sus autores. Cualquier relación con hechos reales es porque se nos habrá escapado en la corrección. Si algún lector cree en ellos, corre por cuenta de su propia ingenuidad".

lunes, 16 de febrero de 2015

La rebelión de las togas



Esto debemos tenerlo en cuenta para el futuro: la convivencia democrática con fuerzas antidemocráticas es imposible. Con revisar los primeros años del gobierno de Alfonsín basta para comprender cuánto costó dominar las amenazantes botas. Recién en la última década del siglo pasado los cuarteles se resignaron a los nuevos tiempos. Treinta años después percibimos que el peligro no viene sólo de ahí: hay otros soldados que obedecen órdenes aunque no tengan formación militar. Como la oposición “no junta un balde de bosta” –Lanata dixit- algunos jueces y fiscales se deben sumar a la cruzada estercolera. Ahora, además de detectar las nefastas tretas y sus serviles peones, también conocemos quiénes las pergeñan. El paso que falta es desmantelar sus escudos y disminuir su capacidad de daño porque –como está demostrado- educarlos ya es una tarea imposible.
De acá a las elecciones presidenciales deberemos soportar los golpes como mejor podamos: con argumentos, paciencia y mucha movilización. Sólo un colectivo consolidado es capaz de resistir los embates de un manojo de individuos que se creen patricios. Convicción de los logros, compromiso para lo que falta y una oreja bien educada para que no nos engañen. Sin dudas, ya deberíamos tener los anticuerpos necesarios para que los histéricos climas que construyen los medios hegemónicos no alcancen a contagiarnos. Quien hoy asigne un estatus de indiscutible verdad a cualquier contenido informativo que provenga de ese lado ya está inevitablemente perdido. El que miente una vez, miente siempre, más aún cuando tiene como objetivo preservar sus privilegios, aunque tenga que arrasar con cualquier rastro de institucionalidad.
Jueces que revolean cautelares casi al costo, diputados y senadores prestos para cualquier voltereta, candidatos que recitan sandeces como si fueran salmos y fiscales que diseñan denuncias para alimentar titulares. Fichas utilitarias –pero descartables- para el juego siniestro de los poderosos. En la opereta destituyente de este verano incluyeron a toda su tropa: pensaron que con el fantasioso mamotreto de Nisman bastaba para desalojar a Cristina de la Rosada. Pero no: tan insostenible era la denuncia del Fiscal que necesitaron poner en escena a gran parte del elenco y hasta tuvieron que contratar extras. Todos improvisaron sus parlamentos desconociendo la totalidad del texto sólo para sembrar confusión y lograr unas tímidas sonrisas de los patrones. Lo primero lo lograron, al menos en los primeros días; lo segundo, ya sabemos, la risa de las hienas no es una expresión de alegría, sino de gula por la proximidad de la presa. Esa risa es pura hipocresía.
¿Carnaval o noche de brujas?    
“El hábito no hace al monje”, reza un viejo refrán. O “la mona, aunque se vista de seda, mona queda”. A pesar de que nuestros jueces no llevan togas, algunos de ellos actúan como si las vistieran. Esos se sienten intachables monjes, pero en realidad son monos que, por una banana, ejecutan cualquier morisqueta. Más aún cuando el organito suena como ese instrumento de viento tan utilizado en los cuarteles. Un fiscal no es un juez, pero la magia de los medios puede convertirlo en cualquier cosa. Y, ante el primer son del clarín, el fiscal federal Gerardo Pollicita comprimió el papelerío de Nisman en un best seller para Reader’s Digest. Para los que no entendieron la metáfora, acá va una explicación: redujo las casi 300 páginas iniciales en apenas 70; un bodoque confuso y reiterativo transformado en un texto más ligero y digerible, aunque igualmente infundado. Todo para imputar a La Presidenta, aunque un fiscal no pueda hacer eso, y menos en base a algo que ni siquiera es delito.
Todo para inspirar titulares que amarguen el carnaval y alimenten el clima para la marcha del miércoles. Clima que no va a estar muy propicio, porque el pronóstico promete tormentas más o menos a la hora del cacerolazo con silenciador. Pero no importa: algunas lluvias fuertes y un poco de granizo no podrán impedir que los patriotas salgan a pedir la cabeza de Cristina. Las revoluciones no se suspenden por mal tiempo, según dicen. Y el afán republicano es más importante que los peinados de diseño o los tejidos caros, que pueden arruinarse con esos fenómenos meteorológicos. Más aún cuando está en juego la defensa del desequilibrado sistema judicial que supimos conseguir. Para defender los privilegios de una minoría, es necesario realizar cualquier sacrificio.
Y sí, mientras nos vamos aproximando al nudo del problema cada vez parece más difícil desatarlo. Unos cuantos jueces y un grupito de fiscales tienen el poder de desbaratar cualquier intento de transformación que  decidan los poderes Legislativo y Ejecutivo, los únicos sobre los que podemos decidir. Después hablan de la independencia entre poderes y esas tonterías cuando en realidad, es el Poder Judicial el que parece comandar los destinos del país. Y todo a gusto y placer del Poder Fáctico, el peor de todos, el que nadie elige pero sopla su fétido aliento sobre nuestras cabezas.
Y así estamos: acosados por las fuerzas oscuras que apelan a sus más inmaculados disfraces para ocultar sus perniciosos intereses. Algunos se creen este fabuloso versito y se muestran indignados por el grado de corrupción al que hemos llegado, sin permitirse una leve sospecha hacia los denunciadores seriales. Claro, cómo no van a reaccionar así, si los candidatos y políticos a control remoto avalan este cínico mecanismo cada vez que abren la boca. ¿En serio no se dan cuenta del daño que están produciendo? En cuanto tienen un micrófono no hacen más que pregonar sobre la crisis institucional que puede ocasionar una denuncia contra la presidenta de todos los argentinos, a la que se refieren como si fuera una intrusa porque se niega a ser sirvienta en el pesebre de los poderosos.
El daño institucional no lo produce la denunciada, sino la propia denuncia, a la que ya no saben cómo otorgarle una entidad que nunca tendrá. El daño institucional lo están haciendo estos monigotes que valoran más recitar generalidades en un estudio televisivo que afrontar un debate serio en el Congreso. El daño institucional lo producen jueces y fiscales consustanciados con las nefastas angurrias de una minoría, en lugar de estar comprometidos con los intereses de la mayoría. Ese es el daño institucional que está produciendo esta patota que ya no sabe cómo desalojar al kirchnerismo de la Rosada.
Con una fortaleza envidiable y un ánimo que sorprende, Cristina sigue adelante, porque para eso fue elegida por más del 54 por ciento y la fuerza política que lidera sigue siendo la más votada. Esto es democracia y no las vomitivas deformaciones que proponen los Otros. Y son verdaderamente Otros no porque provengan de distintos partidos, sino porque viven de espaldas al pueblo tratando de agradar a los que siempre han sido enemigos de las causas nacionales y justas. Lástima que algunos confundidos siguen pensando en ellos como alternativa. Pero La Presidenta no se deja amedrentar, porque está “tercamente empecinada” en brindar alegría. Desde el Anfiteatro del Lago, en El Calafate, CFK envió un mensaje de carnaval con validez para todo el año: “ningún pueblo puede construir futuro sin alegría, por eso siempre quieren ver tristes a los pueblos”. Los otros, con el famoso silencio de los próximos días, sólo nos prometen la amargura de vivir sometidos a la más despiadada avidez.

viernes, 13 de febrero de 2015

Un silencio que aturde



Mientras la mayoría de los miembros del Senado cumplía su función en el Congreso debatiendo las reformas propuestas por el Ejecutivo sobre Inteligencia, la oposición payaseaba ante las cámaras con lodenisman. Ellos encontraron su razón de ser en la muerte del fiscal y por allí vagabundean, entre las prácticas carroñeras y el oposicionismo patológico. Como el guión les exige ser opositores, ya incluyeron en sus plataformas de campaña la derogación de cuanta ley se haya aprobado en estos años. Algo nunca visto eso de anular aquello que no se conoce. Un servilismo humillante que los pone de rodillas ante las luminarias de un estudio televisivo. Una renuncia a gobernar desde el lugar en que los ha puesto la ciudadanía. Una extraña valoración de las instituciones democráticas que los posiciona más como actores que como representantes. Entre la bulla que practican a diario, denuncian presiones cuando son los que más presionan; claman por la independencia de los poderes cuando son los más dependientes de uno de los peores poderes; exigen claridad cuando son los que más confunden.
El afiche de De la Sota es apenas una muestra –quizá la más extrema- del oportunismo más vil y la ignorancia más sorprendente. Desubicado, extemporáneo, incomprensible. Irrespetuoso con el pasado y con el presente. La consecuencia previsible de esta nueva tendencia de ser cualquier cosa menos lo que se es. Una construcción oracional muy utilizada para expresar una identificación circunstancial con nulo compromiso. Una fórmula efectiva para los que no tienen nada para decir, pero se ven obligados por la coyuntura a decir algo.
Como los que ordenan la agenda de los medios hegemónicos están empecinados en que sólo se hable de lodenisman, reprochan a toda hora el mutismo de La Presidenta respecto al tema. Su última Cadena Nacional no fue la excepción. Ya lo sabemos: en cuanto pronuncie alguna palabra referida a la muerte del fiscal, saldrán a vociferar sobre presiones a la Justicia y demás sandeces de catálogo. Sí se refirió a la marcha y los dejó descolocados. CFK ofreció a los militantes otra de sus memorables frases: “nos quedamos con el canto, con la alegría, a ellos les dejamos el silencio. Siempre les gustó el silencio; ¿saben por qué?, porque no tienen nada que decir o porque no pueden decir lo que piensan”.
La memoria hace presente la atroz frase que utilizó la Dictadura como parte de una campaña para reducir los ruidos urbanos: “el silencio es salud”. Más allá de sus saludables propósitos, quedó como un emblema del autoritarismo de aquellos tiempos oscuros. Unos años después del retorno a la democracia, durante el primer gobierno del Infame Riojano, el asesinato de una adolescente en Catamarca, María Soledad Morales, convirtió el silencio en una forma de lucha. El silencio de los desplazados, de los humillados, de los de abajo. Ese silencio derrocó un poder anquilosado en la gobernación de esa provincia. Desde entonces, el silencio se convirtió en una herramienta eficaz para canalizar los reclamos puntuales de los más débiles. El 18F no tiene nada que ver con esto: el silencio que promete la comparsa de los fiscales, los oportunistas que se pegotean y los descarriados con inhibidores acústicos en sus cacerolas expresará los propósitos impronunciables de los que más poder tienen.
Un paseo por la hipocresía
Por eso la frase de La Presidenta no debe interpretarse como un intento de censura, aunque muchos lo intentaron. En realidad, toma la forma de un desafío. Cristina invita a todos los que convocan a la marcha opositora del 18F disfrazada de prístinos propósitos a que digan por qué marchan, a que expresen claramente qué proyecto de justicia desean para el futuro del país. Y no sólo de justicia sino de economía. Pero el silencio es su mejor propuesta porque cuando hablan, terminan embarrados. Y después de carnaval estarán “en el mismo lodo, todos manoseados”. No hay inocencia ni buenas intenciones en ese cacerolazo del silencio ni habrá buena fe en los que concurran.
Como tampoco hay buena fe en las despiadadas críticas a los acuerdos con la República Popular de China. Los mismos que aplaudían los planes del FMI en los noventa, los que reclamaban inversiones hasta hace dos semanas, los que hicieron campaña a favor de los fondos buitre, hoy demonizan los tratados con China y se calzan la celeste y blanca para defender la soberanía. ¿No son demasiado hipócritas? ¿No habría que poner freno a estos intentos tan reiterados de estafar a la sociedad?
Cristina deschavó a Techint por hablar en representación de todos los industriales y hacerse eco de las mentiras de los medios hegemónicos. Y hasta aconsejó a los chinos que revean la decisión de otorgar el crédito para la construcción de la represa hidroeléctrica El Tambolar. “Cuesta entender que cuando se va a ser beneficiario de algo, se escupa el asado”, destacó. Para que se entienda, Techint y Clarín están asociados en AEA -empecinados opositores al Gobierno Nacional- y destinan todos sus esfuerzos a la erradicación del kirchnerismo. Desde esta alianza, se pueden entender todos los conflictos pasados y presentes y con esta comprensión, podremos desarticular todos los que vengan. Lodenisman no es el heroísmo de un fiscal en defensa de los intereses de la Patria sino un episodio más de esta contienda. Nisman fue una pieza que debía ser sacrificada para ganar esta partida de ajedrez. Por lo tanto, si su muerte fue un homicidio, como tratan de instalar, hay que mirar para ese lado si se quiere encontrar a los culpables. Y los cuestionamientos a los tratados con China son otra pieza más. Quien piense que estos personajes están preocupados por los intereses del país no está utilizando el órgano pertinente para arribar a sus conclusiones.
Tampoco hay una intención de transparencia en sus constantes denuncias de corrupción, sino sus blancos serían más diversos. Y sus fuentes, más confiables. Hay que ser muy caído del catre para suponer que la ATFA –el grupo de tareas de los fondos buitres- está alarmada por la calidad moral de los funcionarios argentinos. No, sólo quieren embaucarnos y encuentran en los medios hegemónicos a sus incondicionales aliados. Ni tampoco quieren una Justicia más justa cuando pregonan sobre la independencia del Poder Judicial.
Siempre es conveniente reiterarlo: cuando hablamos de Clarín no estamos hablando de un periódico barrial sino de la oficina de prensa de los grupos económicos más concentrados y destructivos de nuestro país; no mencionamos a un grupo de periodistas que desea ejercer su libertad de expresión sino a un ejército de manipuladores que modelan un discurso enloquecedor; no señalamos a una entidad de bien público sino a una mafia capaz de pisotear la democracia en pos de concretar sus descomunales intereses.
¿Acaso el grupo mediático más importante del país puede dar lecciones de ética y republicanismo, cuando creció en alianza con la dictadura y aún no ha rendido cuentas ante la justicia por delitos de lesa humanidad; cuando no cumple con las leyes votadas en el Congreso; cuando fuga divisas y evade fortunas; cuando tiene jueces y fiscales cómplices a los que usa como escudo de sus privilegios; cuando condiciona a políticos de la oposición para que bailen al ritmo de sus pretensiones a cambio de unos minutos de fama?
Una de las cosas más importantes que hemos aprendido en estos años de kirchnerismo es que no podemos convivir más con semejante monstruosidad. Si queremos un país libre, soberano y equitativo tendremos que deshacernos de estas bestias de una vez y para siempre. De lo contrario, siempre estaremos expuestos a caer en sus nefastas trampas y a desandar el camino que tanto nos ha costado descubrir para extraviarnos en los escabrosos laberintos que nos han conducido a la ruina.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Un corso a contramano



Desde hace años los exponentes del establishment intentan desalojar al kirchnerismo del país, como si fuera un invasor molesto en lugar de una fuerza política con una legitimidad democrática indiscutible. Lo han intentado casi todo, desde sacar tractores a la calle como si fueran tanques hasta multiplicar hechos delictivos para que parezcan millones. También probaron con la inflación, la negación de los logros y la siempre redituable corrupción. No estuvieron ausentes en este asedio la calificación de populismo y las comparaciones con los nefastos sistemas autoritarios de otrora. Ahora, con una estrategia casi de manual, la sucesión de fracasos condujo a que apunten cada vez más alto: el blanco más preciado es La Presidenta. No como en otras ocasiones, apelando a síndromes psiquiátricos disparatados con diagnóstico a distancia o revolviendo los rincones más impensables de su intimidad. No. Desde mediados de enero, con la ya desmantelada denuncia casi de traición presentada por Nisman, el punto fatal se dirige a su cabeza. Después de la muerte del fiscal, han traspasado el límite del denuncismo más descarnado. Sin siquiera dudarlo, la acusan de asesina por lo que parece un suicidio.
Para que quede más claro: el homicidio –aunque sea de manera indirecta- es el delito más grave por el que se puede incriminar a una persona. Un grupo considerable de dirigentes, representantes, candidatos, analistas, periodistas, locutores y algunos fiscales, todos de indiscutible impronta opositora, están sembrando la peor de las sospechas. Y como ya se ha dicho muchas veces, sin un solo dato que conduzca a esa alocada hipótesis. Sólo el prejuicio conduce a todos estos personajes a creer –o simular que lo creen- que CFK ordenó el asesinato de Nisman como venganza por la vergonzosa denuncia que presentó. Con toda esta arenga justiciera sólo apuntan a exaltar al consumidor de los medios carroñeros para que salgan a la calle a pedir la renuncia de Cristina. Ni justicia ni homenaje: sólo eso, que la pesadilla kirchnerista termine de una vez.
Nunca habían llegado tan lejos los integrantes del Círculo Rojo. Claro, antes resultaba más fácil, cuando las botas bailaban al ritmo de tamaña avaricia. Alfonsín se vio presionado muchas veces por estos desestabilizadores profesionales. Menem también recibió tímidos amagos, pero el Infame Riojano meneaba su rabo al instante y obedecía la orden con un tímido gemido, como buen faldero. A De la Rúa lo sacudieron como un felpudo y así quedamos, ahogados en el polvo y otra vez contando muertos. Pero, desde 2003 no les ha resultado tan fácil condicionar a los gobiernos democráticos y eso los desconcierta. También los enfurece. A la vez, tanta exposición los debilita, como la luz del sol a los vampiros.
Máscaras para los peores rostros
En estos días, los que cuestionan el 18F tuvieron la precaución de recordar el derecho constitucional de manifestar libremente. Y vale agregar que cuestionar no es prohibir, a pesar de los que –sin rubor- consideran como censura cualquier crítica dirigida hacia ellos. Desde este punto de vista, la marcha es legal. Lo que incomoda es su ilegitimidad, porque parte de una premisa falsa y contiene fines enmascarados. Aunque todos los que adhieren incluyen el homenaje a Nisman y el reclamo de justicia, el trasfondo expresa otra cosa.
Cada uno es libre de homenajear a quien quiera, salvo que el homenajeado haya sido condenado por un delito de extrema gravedad, a tal punto que el homenaje se convierta en apología. El fiscal Alberto Nisman, si bien ha sido cuestionado por su actuación durante los diez años que dejó dormir la causa AMIA y por su obediencia ciega a los dictados de la embajada de EEUU, no llegó siquiera a un proceso judicial. Por lo tanto, al no tener condena, puede ser homenajeado al cumplirse un mes de su muerte. Lo que hace mucho ruido es el reclamo de justicia. Si se verifica la hipótesis del suicidio, ¿cómo piensan juzgarlo estos paladines de la justicia? ¿Estarán tan extraviados de los procesos judiciales que piensan procesar a un muerto?
Si exigen justicia es porque piensan que hay un culpable. Y ahí entra en juego la necesidad de pensar que el Gobierno “ordenó” –vaya a saberse cómo- su suicidio. Lo necesitan para esconder muchas cosas a las que se oponen. Todos los que asistan a esa marcha están disconformes por lo que sea. Y detrás de lodenisman se ocultan esas disconformidades a las que no saben poner nombres. Todas esas cosas que antes llamaban el Campo, la libertad, el derecho a comprar dólares, la inflación, la grieta, la crispación, la inseguridad, ahora se enmascara en lodenisman.
Hasta el verso del aislamiento del mundo entra en lodenisman. Por eso minimizaron con sus ya conocidos artilugios la trascendente visita de La Presidenta a China, pero aportaron una importancia inusitada a la denuncia del “Grupo de tareas contra Argentina” –los fondos buitre- sobre el supuesto enriquecimiento ilícito de Florencio Randazzo. Tan aislados del mundo estamos que la diputada Elisa Carrió afirmó que lodenisman es un escándalo internacional. Escándalo que se nutre con los titulares amañados de los medios carroñeros que contaminan el planeta. Tan aislados del mundo estamos que la ONU –ajena al casi suicidio del fiscal- comenzó a debatir una propuesta argentina para regular los canjes de deuda y evitar que otros países padezcan el asedio de los fondos buitres.
Sin dudas, están aferrados a lodenisman como si fuera una tabla de salvación. Tan crucial les parece que se han olvidado de otros temas con los que antes se obsesionaban. La inseguridad parece inexistente, el dólar blue se ha desteñido, la inflación se ha vuelto cosa del pasado y hasta han dejado pasar por alto que durante algo más de una semana el ultra-demonizado Amado Boudou estuvo a cargo de la presidencia. Por eso, en el 18F se concentrarán los ansiosos que no ven la hora de vestir con la banda a un representante del establishment: fiscales alineados con sectores minoritarios que claman por la independencia judicial, candidatos que necesitan un muerto para incluir en su campaña, insatisfechos por todo aunque disfrutan a cuatro manos del incremento del consumo.
Si después de este carnavalesco acto público se confirma el suicidio de Nisman, es de esperar que los organizadores y adherentes tengan la honestidad de pedir disculpas a la sociedad. A todos, incluidos los manipulados por las diatribas mediáticas que batirán sus cacerolas para apurar una sentencia a CFK. Pero sobre todo a los familiares del fiscal que, al dolor por la sorpresiva muerte, deben sumar la humillación y la impotencia que padecen por el uso de sus restos que hacen los oportunistas que no han aprendido cómo hacer una campaña.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...