jueves, 15 de junio de 2017

Los peligros del cambio



Del catálogo de episodios penosos protagonizados por el empresidente Macri, el de esta semana contiene todos los condimentos para encabezar el podio. Ante embajadores que esperaban presenciar la protocolar asunción del nuevo canciller Jorge Faurie, el Ingeniero desplegó una de las partes más oscuras de su pensamiento. Si algunos aún tenían dudas sobre si los trabajadores estarán en la mira de la pulsión ajustadora de los amarillos, Macri se encargó de aniquilarlas. Y con la suspensión de las pensiones graciables a los discapacitados, deja al desnudo la poca sensibilidad del país con que sueña. Mientras el Periodismo Blanco derrama sus más histriónicas lágrimas por Ernestina Herrera, los emisarios del FMI revisan nuestras intimidades en busca de un derecho a recortar y los agrogarcas, no conformes con los beneficios que han obtenido con el cambio, se sientan sobre sus gusanos blancos ahítos de soja para forzar una nueva devaluación.
El sentido común que construye el macrismo es el más básico que pueda imaginarse, tanto como el de las fábulas que leían nuestros abuelos en su infancia. La gran diferencia es que las moralejas de antaño intentaban forjar buenas personas, en cambio, las de Macri tratan de reforzar los prejuicios y despertar los peores sentimientos de sus oyentes. Desde su mirada patronal de la vida, el otro debe coincidir plenamente con su pensar aunque resulte perjudicado con las consecuentes decisiones. El despedido debe estar feliz por contribuir a la causa del crecimiento nacional; el jubilado que ya no recibe medicamentos gratis deberá verse como un héroe tardío por renunciar a los derroches que ocasiona su salud; el ama de casa deberá estar agradecida por el desafío de preparar la misma cantidad de comida con menos de la mitad de los ingredientes. El que no se sume al grupo de los Ajustados Felices será agraviado, insultado, calumniado por todos los medios posibles.
Si unos días atrás exigía –contra toda coherencia republicana- jueces que  representen los intereses de la clase a la que pertenece, ahora considera ‘mafiosos’ a los abogados que defienden los derechos laborales. Con puerilidad insultante, el Gerente Macri denunció que “convencen a los trabajadores de hacer un juicio indebido y se lo hacen ganar porque tienen armadita la cosa para llevarse la mayor parte del juicio ellos”. Y no sólo eso, además de tildar al diputado y presidente de bloque Héctor Recalde como líder de esta banda, consideró que “este grupo de estudios laboralistas le han hecho mucho daño a la Argentina”. Claro, hay que ser muy voluntario para creer que los juicios laborales perjudican más a la economía vernácula que la especulación, la fuga de divisas, la evasión y el saqueo permanente a que nos someten las principales empresas del país, la del empresidente inclusive.
Paladines de la desigualdad
En la amañada y bestial mirada de Macri, hasta los discapacitados son mafiosos que no paran de cobrar subsidios indebidos. Desde su asunción como presidente, 170 mil ciudadanos perdieron el derecho a recibir un ingreso con miles de excusas pero nada de corazón. Gracias a un decreto heredado del menemismo, suspendieron el mísero beneficio con el argumento de revisar el padrón, con la intención de reducir el déficit y con el objetivo de denostar al kirchnerismo durante la campaña. Claro, desde 2003 hasta 2015 los titulares de pensiones crecieron de 350 mil a 1,6 millones gracias a la aplicación flexible del decreto de 1997, que exige un nivel de discapacidad del 76 por ciento, que no tengan aportes previsionales y no posean ingresos para su subsistencia. Para los que usurparon con malas artes el honor de gobernar el país, los que tienen de sobra y no paran de profundizar la desigualdad, los que no saben qué es padecer una necesidad, un discapacitado debe estar en la miseria para recibir el amparo del Estado.
Estos egoístas que usan un helicóptero hasta para hacer diez cuadras, ni se imaginan lo que debe ser trasladarse por la ciudad con una disminución visual o motriz. Tampoco consideran que muchas discapacidades requieren insumos y cuidados inaccesibles para el salario medio. Menos aún tienen en cuenta que una ley tiene más peso que un decreto y que sostener un derecho es más trascendente que cumplir con las exigencias del FMI.
Encima, ostentan el cinismo de afirmar que un ciudadano discapacitado puede trabajar cuando ni el Estado ni las empresas cumplen con el cupo del 4 por ciento establecido por nuestra legislación. ¿Quién va a emplear a estas personas cuando el desempleo crece sin cesar desde que el Gran Equipo despliega sus tropelías por estas tierras? ¿Qué gran empresa va a demostrar generosidad cuando sus dueños no paran de saquear nuestros bolsillos para incrementar sus ganancias? Que digan lo que quieran de la década pasada; que inventen cualquier patraña sobre el patrimonio de Cristina; que inicien todos los procesamientos que se les antoje. Pero durante los tres gobiernos kirchneristas más de un millón de ciudadanos obtuvieron el derecho a cobrar una asignación por discapacidad. Y el gobierno del cambio –que en campaña prometía que nadie iba a perder nada- serrucha sin dudar esos beneficios para seguir incrementando los privilegios de una minoría que no para de enriquecerse.

lunes, 12 de junio de 2017

Una revolución sin alegría



Muchas cosas pasan por primera vez desde que Macri es presidente. La empresa láctea más importante del país ahora ofrece leche en envases de medio litro, mientras el consumo por habitante es el más bajo en décadas. Un juez ordena allanar la Casa Rosada por una de las tantas causas que involucran al propio mandatario. Las torpezas verbales de un diputado ofenden a una visita del Norte que, como represalia, sentencia que fueron 30000. La provincia que regaló el triunfo a los sátrapas amarillos está a punto de estallar mientras el Frente Renovador se convierte en un resumidero de odiadores derrotados. Como nunca, las mentiras mediáticas se desmienten apenas dichas y el blindaje hacia Macri empieza a mostrar fisuras. A pesar de todo esto, muchos conciudadanos dirigen su indignación hacia donde sopla la corneta, tan distraídos que no entenderán nada cuando esta pesadilla termine.
Todo es tan precipitado que cuesta elaborar una lista. Mientras Clarín nos entretiene voceando boñigas informativas por todos sus medios, el Gran Equipo opera para concretar la mayor redistribución regresiva de los últimos tiempos. Mientras los medios hegemónicos provocan una epidemia de tortícolis en la población víctima de sus patrañas, los ceos que invadieron la Rosada no dejan de perjudicar al Estado con cada una de sus medidas. Hasta algunos propios advierten sobre el abismo al que nos acercamos que, en boca de Juan Carlos de Pablo es default y en la de Carlos Melconian, es mierda.
La experticia ostentada en la campaña parece haberse esfumado ni bien comenzaron a gobernar. Tanto dijeron que podían bajar la inflación fácilmente que ahora la deben estar incrementando para demostrarlo. Tanto quejarse del pequeño déficit que dejó Cristina que ahora lo multiplican para que todos experimentemos lo malo que es. “A golpes aprenden los pueblos”, parece ser el mantra que los guía. Tan irónico es el destino que, como las encuestas no los muestran ganadores, se tienen que montar al pequeño triunfo en Corrientes, contener el aumento en las tarifas del transporte, postergar la ejecución del Fútbol para Todos y hasta piensan repartir las Qunitas confiscadas por el juez Bonadío. Ellos, que tanto han denostado al populismo, deben recurrir a él para obtener algunos votos más. No nos asombremos si Mauricio vuelve a deleitar a su público con los palmípedos pasos de baile que lo llevaron a la victoria.
De logros, ni hablar: sólo pueden falsear el pasado y distribuir esperanza. La Revolución de la Alegría necesita sacrificios para volverse realidad; sacrificios realizados por aquéllos que tienen poco para sacrificar; sacrificios convertidos en ganancia de los que siempre exigen nuestros sacrificios. Sin embargo, camino a las elecciones, siete de cada diez argentinos considera que la economía no va a mejorar, lo que desafía a los votantes a no sacrificar la coherencia.
La venda que no quiere caer
Después de las legislativas, no tienen en su agenda mejorar nuestra vida, sino todo lo contrario: nuevos tarifazos, tijeretazos y despidos. Flexibilizar el trabajo y subir la edad jubilatoria están en la mira. Y no es campaña del miedo. Entre el chistecito de fútbol que desconcierta a los mandatarios con los que se cruza, entre los discursos balbuceados cuando tiene la ocasión, entre las promesas de paraíso que recita ante las cámaras, se escapan de Macri sus más nefastas intenciones. Por eso quiere despejar los tribunales de jueces comprometidos con los más vulnerables, amenazándolos con el juicio político exprés que se cocina desde el invadido Concejo de la Magistratura.
También se filtran sus pretensiones de dar por tierra con las políticas de DDHH, que es lo que le quita el sueño. El penoso episodio que generó el diputado Eduardo Amadeo al interpretar como reconciliación entre verdugos y víctimas la visita de Angela Merkel a una sinagoga, no sólo debería dejarlo inhabilitado para un cargo público –como ocurriría en Alemania- sino que muestra a los amarillos como casi apologistas de la dictadura. Además de ajustar el número de los desaparecidos, tratan de re instalar la teoría de los dos demonios y, con el verso de “los pobres viejitos presos”, abonan el terreno para una especie de amnistía.
Si todavía quedan algunos buenos vecinos que confían en Mauricio es porque siguen engañados o forman parte de los pocos beneficiados que reciben la transferencia de recursos involuntaria de la mayoría. Los engañados son los que consumen las falacias de los medios confundidores y jamás se enteran de las desmentidas. Esos que se deleitan con el relato del homicidio cometido –desde las fantasías de Gabriel Levinas- por Milagro Sala, casi una novela policial negada por la viuda de Lucas Arias, Luciana Santillán. Esos que alimentan sus prejuicios con los reiterativos titulares que condenan a la Década Ganada pero dejan resbalar como gotas las imputaciones y tropelías que el propio presidente protagoniza. Esos que babean de rabia porque Cristina está libre y atribuyen todos los males del presente a que los K se robaron todo. Esos que acusan de autoritarios a los kirchneristas porque quieren evitar las PASO, pero ponderan a los demás partidos que ya han decidido lo mismo.
Esos que esperan un derrame que revierta el otoño perpetuo del Gran Equipo y lo transforme en un primaveral país desbordado de brotes verdes; que creen que el déficit es culpa de los derechos de la mayoría y no de la renuncia recaudatoria de los que más tienen; que se suponen integrados al mundo porque nos están endeudando como nunca. Esos que se consideran iluminados por no estar de un lado ni del otro pero sólo están oscurecidos por las versiones propaladas desde uno de ellos. Esos que pregonan como genialidad “son todos iguales” pero eligen a los peores. Esos que, en breve, poblarán las calles con sus cacharros para exigir que se vayan todos, pero harán lo imposible para que gobiernen los mismos que siempre nos han hundido. Esos que regalaron un triunfo inesperado y quizá en octubre repitan el obsequio con esa incomprensible tozudez de los que insisten en no entender nada.

jueves, 8 de junio de 2017

Una democracia condicionada



El día del Periodista incluye a todos los que han abrazado esa profesión, desde anónimos que sólo saludan familiares y amigos hasta encumbrados personajes que son felicitados por todo el mundo y reciben costosísimos regalos con fragancia a soborno. Desde los que se juegan el puesto con el fin de esclarecer al ciudadano hasta los mercenarios que no cesan de confundir a la Opinión Pública a fuerza de incongruentes fábulas y malsanas interpretaciones de los hechos. Desde los que honran el derecho a la información con su trabajo hasta los que convierten infartos y suicidios en crímenes políticos. Desde los que desagradan al Poder Real hasta los que no saben qué coreografía inventar para recibir una tierna caricia de los poderosos. El periodismo vernáculo nació para dar letra a la Revolución y hoy se debate entre la marginal militancia opositora y la hipócrita neutralidad de los popes hegemónicos. En el medio, un público que se divide en nostálgicos de tiempos mejores y cautivos que creen no estar ni de un lado ni del otro pero consumen, sin dudar, las falacias que se vomitan desde los medios del monopolio y sus acólitos.
En los 18 meses del Cambio, 2500 periodistas perdieron su trabajo y la pluralidad tan cacareada acaba siendo una de las tantas promesas incumplidas. En pos de la diversidad de voces, destierran de la TDA al canal informativo Telesur para poner en su lugar la versión televisiva del diario La Nación. Para fortalecer la libertad de expresión, favorecen el crecimiento del Grupo Clarín y reducen la pauta oficial a los medios que más la necesitan. Los que prometían no perseguir al que piensa distinto impiden que los panelistas de 678 vuelvan a la televisión. Los que antes denunciaban la manera en que se conducían los medios públicos, los han convertido en las primas desventuradas de los dominantes para llevar el recuperado rating hacia el cero. La amenaza de una voz única y omnipresente está a la vuelta de la esquina y la democracia se debilita por su intensidad que decrece con cada medida.
Los titulares del ex Gran Diario Argentino no paran de alimentar prejuicios, ocultar tropelías, minimizar fracasos y fomentar la indignación selectiva. El famoso video de La Rosadita se difundió hasta convertir en delito el conteo de dinero, siempre y cuando sean K los protagonistas. Además de Lázaro Báez estaba Ángelo Calcaterra, el primo de Macri, pero sólo el primero está inadecuadamente preso. Ahora que de los allanamientos a la empresa IECSA, ligada de manera encubierta al empresidente, surgió que su dirección fiscal es la financiera de Báez, archivan las imágenes en el cajón más oscuro. Como consiguieron votos gracias a la telenovela de Nisman, de cara a las legislativas probaron con el infarto de Ducler, aunque el globo se pinchó en pocas horas. Lo que más los desnuda es que hayan presentado el accidente del que fue víctima el fiscal Federico Delgado como eso y que el hecho de que investigue el caso Odebrecht no haya inspirado ni una línea de sospecha. No hay democracia posible con semejante tamaño y tan nefastas intenciones.
Plumas en alquiler
Desde sus páginas demonizaron militantes, mancharon con miles de calumnias y estigmatizaron a gran parte de los ciudadanos. Desde sus micrófonos, condenaron piqueteros, alentaron cacerolazos y exaltaron a taxistas. Desde sus estudios televisivos, jerarquizaron la mentira, legitimaron la ignorancia y posicionaron a los peores candidatos. Y se dicen periodistas aunque construyeron las versiones más amañadas de la realidad para lograr el rechazo hacia medidas de inclusión insólitas, como la AUH, la moratoria previsional y los subsidios a los servicios públicos. Hasta lograron que el Plan Qunitas, kits para madres recientes que nació en Finlandia, sea interrumpido por la gestión amarilla. Ahora que hasta en EEUU comenzará a aplicarse, no saben qué decir.
Desde su descomunal poder de daño, hicieron de Milagro Sala un enemigo público a fuerza de denuncias convertidas en procesos amañados por jueces obedientes. Después de un año y medio de encarcelamiento ilegal, cuestionado por numerosos organismos internacionales, el juez Isidoro Cruz declaró la nulidad del juicio que la condenó por un acampe. El otro proceso, el del escrache al hoy gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, está tan emporcado de mentiras y testigos falsos que pronto se convertirá en pasado. Sin embargo, aún sigue presa porque su libertad alteraría la tinta del diario de la cornetita y sus secuaces. Los amarillos no soportarían dos tapas adversas del matutino manchado con sangre.
Si Unicef revela que más de cinco millones de chicos viven en la pobreza, si el consumo cae como nunca y la industria local agoniza por la destructiva importación, si la inflación no cede a pesar de la recesión fabricada a fuerza de ajustes, los voceros del monopolio susurran tenues lamentos de ocasión. Sus dueños todavía quieren conseguir más negocios antes de destronar al Ingeniero. En cuanto Macri se niegue a incorporar el monigote rojo a la bandera argentina, las tapas de Clarín comenzarán a ejecutar la sentencia.
Muchos de los que celebraron el día del periodista han manifestado su enojo por la libertad de Cristina. Uno de ellos, Jorge Lanata –que pasó de crítico a servil- considera que no meter presa a CFK es uno de los peores errores de Macri. Tanto veneno con formato de informes híper recontra chequeados no puede caer en saco roto. Quizá por eso, la artificial calma demostrada por el Gerente de La Rosada SA al referirse a la candidatura de la ex presidenta los debe haber sacado de quicio. Ella “tiene derecho a presentarse”, masculló con mal humor, aunque agregó que “expresa un montón de cosas que le han hecho mucho daño a la Argentina". Sin argumentar, como siempre, acorde con el pueril tono con que se dirige a su público.
Si no fuera por el blindaje mediático, su preocupación de “seguir encontrando soluciones para que más argentinos sientan el cambio que se da en el país: trabajo con esa obsesión todos los días", sonaría más como una amenaza. Pero los apologistas que celebraron esta semana sólo esbozan una mueca de esperanza, aunque ya todos saben que, después de octubre, insistirán con equilibrar las cuentas con más recortes y recesión. Si Cambiemos gana las elecciones legislativas, harán el ajuste impulsados por el consenso de los números; si el resultado es adverso, harán lo mismo pero por venganza. Cuando gobierna el establishment, nada bueno puede esperarse. Más aún cuando las decisiones están inspiradas en las exigencias que un grupo económico realiza desde las tapas de su diario. Así, ningún país podrá salir adelante.

lunes, 5 de junio de 2017

Más confusiones desde la pantalla



Cuando el agua llega al cuello, no hay lugar para la mesura. En un caso así, sobra la desesperación. Si la escena es más que una metáfora, cualquier reacción está justificada. Si no lo es, no. La camisa del empresidente Macri está empapada pero no por el necesario mineral sino por los fracasos de su gestión y los escándalos en los que está envuelto. Si los medios hegemónicos no se empeñasen en incentivar tanta indignación selectiva en su público cautivo, los días del Gerente de La Rosada SA estarían contados. Sólo eso mantiene cierto consenso hacia la gestión amarilla. Contrafácticos al estilo de ¿cómo titularía Clarín si Cristina hubiera hecho o dicho lo que Macri hace o dice? inundan hasta las mentes menos suspicaces. Tanto despliegue encubridor ante un gobierno tan nefasto sugiere que ninguna democracia puede subsistir con un poder mediático tan desenfrenado.
En los tiempos de CFK, los voceros del establishment tildaban de autoritaria cualquier medida e interpretaban como amenaza cualquier declaración. Ante un mínimo número adverso, salían a anticipar las peores catástrofes. El más intrascendente incidente callejero se convertía en consecuencia directa de la dictadura K. El histriónico purismo de la clase dominante desplegaba su hipocresía ante cualquier fábula dominguera con formato de denuncia. Hasta hicieron de un suicidio un homicidio para posicionar al peor de sus candidatos. Y con groseras pinceladas camuflaron a un oscuro empresario para que un electorado confundido lo tomara como el hombre ideal para gobernar el país. Ahora que es presidente, silencian sus chanchullos, minimizan los escándalos y amortiguan las consecuencias de sus destructivas decisiones.     
Aunque hace un año y medio que Cambiemos desgobierna al país, los exponentes del periodismo vernáculo siguen hablando del gobierno anterior y retuercen los hechos para salpicar al kirchnerismo. Una muestra de ello es presentar el infarto del financista Aldo Ducler como un vengativo asesinato. Esto ya es un obsceno abuso a la credulidad del consumidor colonizado. Y a pesar de que la fiscalía descarta el hecho delictivo, el ex Gran Diario Argentino ubica el caso como tema destacado, desplazando la estafa del Correo o las marchas del Ni Una Menos. El tan mentado diario de Yrigoyen nunca existió, pero el de Macri está vivito y coleando.
Un escudo asfixiante
Pero no sólo inventan hechos para tapar los desastres del Gran Equipo; también suavizan los yerros conceptuales del Ingeniero y hasta los convierten en máximas revolucionarias y motivadoras. Proponer la flexibilización laboral como zanahoria necesaria para desatar la lluvia de inversiones que no se ha producido es uno de los casos. El ministro de Producción Francisco Cabrera sintetizó la idea: “la Argentina necesita inversiones y una de las razones por las que no llegan es porque la rentabilidad no es la esperada respecto del riesgo”. En lugar de planear la resurrección del mercado interno, sólo considera achatar los salarios, lo que sería un golpe letal.
Si los medios hegemónicos tuvieran un mínimo de racionalidad, los funcionarios amarillos cuidarían más sus acciones. En realidad, si primara la coherencia en la opinión pública que construyen, muchos de estos personajes no serían funcionarios. No tanto por su capacidad, sino por las turbias intenciones con que asumen y los indisimulables lazos que mantienen con el poder económico más concentrado. Si los medios consideraran defender los intereses de todos, orquestarían cacerolazos para desalojar a casi todos los miembros del Gran Equipo.
La alianza entre la prensa hegemónica y la ceocracia gobernante es tan espuria y peligrosa que no puede prometer más que catástrofe. Mientras los recortes del Pami dejan a los jubilados en la desprotección, los trabajadores ven mermar sus ingresos y los desocupados se multiplican, la pantalla despliega las más absurdas tretas de distracción. Si un par de pechos no atrae la atención del buen vecino, tratan de pintarrajear con farandulescos colores los más trascendentes asuntos de la política.
Según el imaginario instalado a fuerza de pertinaz insistencia, Cristina manejaba la Justicia como quería. La memoria construida desde la pantalla muestra a jueces obedientes a las órdenes de CFK. Una patraña que sólo un voluntario puede aceptar como veraz. Como si las cautelares que frenaron la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual hubieran sido firmadas por extraplanetarios y no por magistrados al servicio de los intereses del establishment. Como si las infinitas causas contra los funcionarios K se hubieran iniciado anteayer.
Sin embargo, ahora que el servilismo judicial está a la vista, que las amenazas son denunciadas por los mismos jueces y que las denostaciones y calumnias hacia magistrados desobedientes están en boca del propio presidente y no de infames comunicadores, la división de poderes funciona a las mil maravillas en la portada de los diarios. La confesión que Macri presentó a la sociedad con forma de sentencia debería dejarlo muy mal parado. A los dicterios hacia los fiscales que investigan sus tropelías y la calificación de ‘mafiosos’ a los abogados laboralistas, la barbarie del Ingeniero mostró su intención: “los jueces tienen que saber que queremos saber la verdad o vamos a buscar otros jueces que nos representen”.
La primera parte de sus conceptos parece no presentar asperezas, si no fuera que eso que llama ‘La Verdad’ no es más que la transformación de los prejuicios en condena. La segunda parte, en cambio, exhibe sin pudor su impronta clasista. Los jueces que no contribuyan a la persecución y el destierro de todos los K, deberán dar un paso al costado. Y un peor destino tendrán los que se atrevan a revisar el prontuario de los amarillos. Los Panamá Papers, el escándalo del Correo y la alianza ilícita con Odebrecht explican por qué Macri asumió como mandatario. En el ideario de alguien como él, los jueces deben defender sus intereses –representarlos- y no ejercer justicia.
Una confesión que barre toda idea de institucionalidad. Si esto no despierta la indignación de los argentinos es porque los adláteres mediáticos no quieren. Comprender la gravedad de las palabras de Macri requiere el esfuerzo del público cautivo. La indiferencia es una señal de sometimiento intelectual. Y ya sabemos que los sometidos terminan justificando a los opresores y hasta llegan a votar por ellos. Un peligro transitar a ciegas al borde de un precipicio cuando un cambio de canal podría salvarnos a todos.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...