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jueves, 22 de junio de 2017

Ella goza de buena salud



En las calles, debería palparse el malestar; las conversaciones cotidianas deberían centrarse en eso; los titulares de los diarios tendrían que anunciarlo como la noticia del año: Macri nos endeudó por una centuria. Y no como buena, sino como pésima. Pero no: algunos la celebraron y otros la ignoraron tanto como al discurso del Ingeniero por el Día de la Bandera. En lugar de pedir disculpas, intentó refundar su plan destructivo. Por lo que dijo, podría haberse quedado en la cama. Lo que cuestionaron fue el acto en sí, despoblado por decisión de Presidencia. Tan vallado estaba el predio del Monumento a la Bandera que ni el frío podía pasar. Una frase que circuló por las redes: “hagamos un asado que Macri pone el vacío”. Pero no estuvo tan vacío este 20 de junio. Tanto protestar porque interrumpía la telenovela, el martes los medios hegemónicos armaron una cadena nacional con el acto de Cristina en Arsenal. El cristicentrismo que ha adoptado la opinión pública hace dudar a muchos sobre quién es el que gobierna Argentina.
No es para menos: si la mayoría de los periodistas están obsesionados con Cristina; unos para atacarla y otros para defenderla de los ataques. Algunos creen que es Ella la culpable de todos los males que han comenzado a padecer en los últimos tiempos. El pasado de corrupción que han tejido en torno a su gobierno hizo que un puñado de odiadores se concentrara frente a tribunales para pedir un linchamiento camuflado de justicia. Aunque la consigna convocante –“exigir justicia para frenar la impunidad”- podría reparar la grieta, la ensancha, porque sólo apunta a convertir en realidad los prejuicios que se alimentan desde las usinas de estiércol. Si pidieran la investigación de los casos de corrupción que involucran a muchos de los miembros del Gran Equipo y hasta al propio Gerente de La Rosada SA, hubieran superado las cinco mil almas que apelaron a las cacerolas para conmemorar el Día de la Bandera.
Si realmente quisieran una justicia independiente, deberían estar indignados con la idea de Macri de tener “jueces que los representen”, que fallen a favor de los poderosos y que omitan castigar las tretas a las que apelan para multiplicar sus fortunas. Esos que tanto denuncian a los populistas, tienen sus manos más sucias que una papa y muchos de ellos no sólo con tierra, sino también con sangre. Si realmente quisieran terminar con la impunidad, deberían pedir la cárcel para todos los empresarios que instigaron el golpe del 76 y que se enriquecieron a fuerza de secuestros, torturas y desapariciones. Pero ésos no son delitos, sino libertad de mercado, dirán. Claro, han adoptado el ideario de los poderosos; por eso no ven con malos ojos que a los más ricos les perdonen deudas o reduzcan a cero sus cargas impositivas, pero chillan como locos cuando el Estado distribuye recursos hacia los que menos tienen.
Ensalada discursiva
Quizá por eso no les siente tan mal que Macri, en el contexto del Día de la Bandera, haya transformado a Manuel Belgrano en un voluntario PRO que, en su lecho de muerte, en lugar de suspirar “ay, Patria Mía”, gritó “Si, se puede”. Si se atrevió a considerar que los héroes de la independencia estaban angustiados por romper las cadenas con España, ¿por qué no va a pintar a Belgrano como un emprendedor que impulsaba la educación de calidad? Le faltó decir que buscaba el diálogo y el consenso con risas de fondo para convertir la fiesta cívica en un stand up. Pero en esos seis minutos de incongruencias, vomitó una frase bien manipuladora: afirmó que está “haciendo lo que había que hacer”. De esta manera, en su público, instala la idea de que transferir recursos hacia los más ricos, endeudar el país como nunca, desmantelar la industria y sumergir en el desamparo a gran parte de la población son pasos necesarios para salvar al país. Mentira: ésa es la mirada profundamente clasista de un oligarca. Nada de lo que hizo era necesario, por eso todo está por estallar.
En Arsenal, Cristina lo expresó con más suavidad: el Gran Equipo nos desordenó la vida. Desde que asumió, Macri concretó todos los sueños de los angurrientos: eliminó impuestos, perdonó deudas, quitó aranceles y retenciones, favoreció la concentración económica. Así y todo, los más beneficiados no sueltan un centavo y la lluvia de inversiones se transformó en una bicicleta financiera que pedalea en pendiente. Hasta tomó 100000 millones de dólares de deuda que se diluyó en la fuga y la especulación. El Gerente entregó al país como ofrenda, pero los inversores le dieron la espalda. En un intento de seducción desesperado, hasta tomó deuda por cien años para nada, sólo como un guiño para lograr una calificación de los especuladores internacionales. Pero Morgan Stanley nos considera fronterizos y eso nos deja afuera del festival de deuda que Macri y sus secuaces planeaban.
También por esto van a responsabilizar a Cristina, porque lejos de estar políticamente muerta como ellos desean, convoca a más de 50 mil personas. Contra todo lo que digan los voceros del establishment, CFK está más viva que nunca, como una defensa de los intereses de la mayoría. Por eso, los buitres piden su cabeza para convertir el país en una orgía de carroña. Y un coro de individuos enceguecidos sale a las calles a exigir la ejecución. A eso le ponen el pomposo mote de justicia.
Tan cautivos están de las pantallas que ni cuenta se dan del desastre que están dejando los amarillos. Esta sí será una pesada herencia. Tan pesada que la lamentaremos por cien años. Porque digan lo que digan, inventen lo que inventen, acusen a quien acusen, Macri nos endeudó por cien años. Eso sí que es desorganizar la vida de millones de personas. ¿Qué atribuciones se toma para condicionar a los 25 presidentes que siguen? ¿Qué potestad asume para embargar a las próximas generaciones? ¿Quién cree que es? Que alguien le avise que es un presidente y no un virrey y que apenas consiguió el 51 por ciento de los votos en un balotaje. Y que prometió en el debate presidencial no endeudar el país.
En realidad, nada de lo prometido estaba entre sus objetivos. Hay que estar muy confundido para seguir creyendo en sus buenas intenciones. Nada de lo que piensa mejorará nuestra vida, sino todo lo contrario. Por más que se maquille, suavice sus gestos o endulce sus palabras, Macri nos endeudó por cien años. Por más que pose junto a ciudadanos que aún confíen en él, Macri saluda al vacío. Por más que tartamudee discursos de laboratorio, cada vez son menos los que creen en la sinceridad de sus palabras. Y aunque trate de pintarlo de amarillo, Manuel Belgrano lo consideraría un enemigo.

lunes, 19 de junio de 2017

Para salir del túnel



Algunos episodios aislados pueden sugerir que la famosa grieta se hace cada vez más evidente, no sólo en los vocingleros programas de debate pseudo político, sino en la sociedad misma. Lo que durante tanto tiempo los voceros del establishment han alimentado desde la pantalla, ahora detona por doquier. Escenas cotidianas –algunas trascendentes y otras insignificantes- demuestran que el versito de campaña de “unir a los argentinos” está lejos de ser realidad. Los prejuicios con forma de sentencia ya no sólo titilan en las portadas de los diarios o en los zócalos rimbombantes del canal omnipresente: rebozan el discurso oficial y se hacen carne en individuos que se sienten victoriosos. La K se ha transformado en un estigma y se tatúa en la frente de todo aquel que ose suspirar una tímida protesta hacia el accionar de la ceocracia gobernante. El republicanismo hipócrita de los amarillos se replica en frases cotidianas como estoy a favor de que se escuchen todas las voces menos las que me molestan. De ahí a un altercado en plena vía pública hay un solo paso.
La golpiza recibida por Gregorio Dalbón –abogado defensor de CFK- es algo más que la locura de un taxista. Horas de escuchar fabuleros con micrófono hicieron del chofer un vengador anónimo. ¡Cuántos habrá que atribuyen las penurias del presente a los mitos sobre el pasado que periodistas, fiscales y candidatos tejen día tras día! Como el Gerente de La Rosada SA no puede exhibir un solo logro, justifica los cuantiosos fracasos a la Pesada Herencia, excusa que, después de un año y medio, mantiene su magra eficacia gracias al accionar perturbador de los medios hegemónicos. Tan confundidor es el discurso oficial que impide hacer las cuentas: el monto de la autoamnistía que intentó Macri con la deuda del Correo Argentino equivale a más de 400 bolsos de López y, sin embargo, no indigna tanto como aquel sospechoso episodio.
 Si los trabajadores notan que han perdido poder adquisitivo no es por la inflación resultado de la devaluación y la quita de las retenciones, sino porque antes “les hicieron creer” que su salario les alcanzaba para vivir con holgura. Si el mercado interno está en caída libre no es porque se puede consumir menos sino porque los argentinos estamos ahorrando en demasía. Si el empresidente y sus funcionarios son objeto de repulsa en los escenarios no controlados no es porque las cosas marchen mal, sino porque los kirchneristas están por todos lados. Kirchneristas infiltrados entre trabajadores, jubilados, discapacitados y hasta víctimas de violencia de género. Kirchneristas en los medios extranjeros, en los organismos de DDHH y hasta en la ONU, desde donde cuestionan la política económica, la prisión ilegal de Milagro Sala, el 2x1 para genocidas y la decisión de convertir a Clarín en el multimedios más poderoso de América Latina.
El errorismo ataca de nuevo
Hasta los kirchneristas deben tener la culpa de que Flavia Champa, funcionaria de DDHH, haya tildado de “villeros”, “negros de mierda” o “mogólicos” a 300 trabajadores del área que protestaban porque sus sueldos están por debajo de la línea de la pobreza. Quizá sea porque en los tiempos del kirchnerismo hemos aprendido que esos calificativos –como muchos otros- denigran más al que los pronuncia que al que los recibe. Aunque no está probado, también los K deben ser los responsables del escrache al que convocó la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal desde un exitoso programa televisivo un par de domingos atrás. Con su histriónica entonación angelical, Vidal acusó a Jorge Candis, integrante del Concejo de la Magistratura, por no apoyar el juicio político al juez Eduardo Freiler, por un patrimonio hartamente justificado.
Y los K deben tener la culpa de que las palabras de Macri suenen tan banales, torpes, inconsistentes, pueriles. El diálogo que mantuvo con el tal Sergio y que se viralizó esta semana es una muestra cabal del escaso sustento intelectual de la cabeza del gobierno. Un votante decepcionado envió una carta que tocó al Ingeniero, al punto de darle la razón en muchos de sus planteos. “En este tiempo –contestó Mauricio- fuimos sacando la mugre debajo de la alfombra”. ¿Qué mugre, la de los Panamá Papers, la deuda del Correo, los negociados con Shell, Avianca, Clarín, Iecsa? No, por supuesto, eso no es mugre, sino gestión. Lo que lo “desespera es que los que hicieron estas cagadas (¿?), que encima se robaron el país, como tenemos jueces como los que tenemos, los tipos siguen caminando por la calle”. Explicar esta frase, señalar los prejuicios y las manipulaciones que encierra insumiría mucho más que un viaje en taxi y cualquiera que lo intente puede ser destinatario de una feroz golpiza.
Pero el horno no está para nuevos bollos. Las excusas desplegadas desde la guarida de Balcarce 50 y amplificadas por la Cadena Nacional de los medios hegemónicos se inoculan en el público cautivo y se convierten en un dogma que parece irreversible. Si 27 horas por día repiten falacias absorbidas sin chistar por autómatas acríticos resulta muy difícil reconquistar la coherencia. Si las víctimas se abrazan con el victimario la salida de este túnel es casi imposible. Si los nuevos pobres mantienen la esperanza en los mismos que los sumergieron, si los trabajadores se sienten cómplices de la inflación que no cesa, si los nuevos desocupados aceptan estar demás en la Argentina que se viene, el cieno de este pantano sobrepasará nuestro cuello.
¿Cuánta ingenuidad hace falta para creer que la baja de las pensiones a los discapacitados forma parte de un plan de transparencia? ¿O un error, como articuló la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley? ¿O pura “mala suerte”, como balbuceó la vice Gabriela Michetti? ¿Ninguno de los que siguen caceroleando contra Cristina sospecha que los errores siempre se cometen con los más vulnerables? ¿Acaso no les hace ruido que, mientras los jubilados padecen recortes en el cuidado de su salud, los discapacitados deben luchar para recuperar derechos, las tarifas públicas amenazan con succionar nuestros sueldos y llenar el changuito es una inalcanzable utopía, Macri sigue enriqueciendo a los que ya están desbordados? ¿Tanto cuesta advertir que Ellos consideran ‘gasto’ lo que se destina a la base de la pirámide social y no a la millonada que dirigen hacia la punta? Macri no sólo perdona las deudas que sus empresas tenían con el Estado, sino las de sus amigotes de Clarín y Techint por sumas que alcanzarían para convertir este país en una potencia.  
No es tan difícil descubrir el engaño: sólo hay que empezar a atar cabos. Un país como el nuestro se recupera enseguida de cualquier crisis, hasta del saqueo bestial que estamos padeciendo. Desde las propaladoras de estiércol nos dicen que estamos mal porque Cristina se robó todo, pero es Macri el que tiene cuentas off shore, el que sigue beneficiando a sus empresas, el que ha vivido siempre multiplicando su patrimonio empobreciendo al Estado. Para dejar de ser engañado, hay que descubrirse como tal y cuestionar las falsas premisas que siempre nos imponen los poderosos. En principio, eso de tirar juntos para el mismo lado es un poco difícil cuando unos pocos tienen la ambición de quedarse con muchas más porciones de las que les corresponde y dejan para el resto sólo algunas migajas. La ancha avenida del medio se torna intransitable si la mayoría va a pie y los menos conducen autos de alta gama sin impuestos, ruedas como aplanadoras y una aspiradora súper potente en lugar de caño de escape. Por eso es difícil construir un país justo mientras algunos se dejan engañar por los que quieren todo lo contrario.

jueves, 15 de junio de 2017

Los peligros del cambio



Del catálogo de episodios penosos protagonizados por el empresidente Macri, el de esta semana contiene todos los condimentos para encabezar el podio. Ante embajadores que esperaban presenciar la protocolar asunción del nuevo canciller Jorge Faurie, el Ingeniero desplegó una de las partes más oscuras de su pensamiento. Si algunos aún tenían dudas sobre si los trabajadores estarán en la mira de la pulsión ajustadora de los amarillos, Macri se encargó de aniquilarlas. Y con la suspensión de las pensiones graciables a los discapacitados, deja al desnudo la poca sensibilidad del país con que sueña. Mientras el Periodismo Blanco derrama sus más histriónicas lágrimas por Ernestina Herrera, los emisarios del FMI revisan nuestras intimidades en busca de un derecho a recortar y los agrogarcas, no conformes con los beneficios que han obtenido con el cambio, se sientan sobre sus gusanos blancos ahítos de soja para forzar una nueva devaluación.
El sentido común que construye el macrismo es el más básico que pueda imaginarse, tanto como el de las fábulas que leían nuestros abuelos en su infancia. La gran diferencia es que las moralejas de antaño intentaban forjar buenas personas, en cambio, las de Macri tratan de reforzar los prejuicios y despertar los peores sentimientos de sus oyentes. Desde su mirada patronal de la vida, el otro debe coincidir plenamente con su pensar aunque resulte perjudicado con las consecuentes decisiones. El despedido debe estar feliz por contribuir a la causa del crecimiento nacional; el jubilado que ya no recibe medicamentos gratis deberá verse como un héroe tardío por renunciar a los derroches que ocasiona su salud; el ama de casa deberá estar agradecida por el desafío de preparar la misma cantidad de comida con menos de la mitad de los ingredientes. El que no se sume al grupo de los Ajustados Felices será agraviado, insultado, calumniado por todos los medios posibles.
Si unos días atrás exigía –contra toda coherencia republicana- jueces que  representen los intereses de la clase a la que pertenece, ahora considera ‘mafiosos’ a los abogados que defienden los derechos laborales. Con puerilidad insultante, el Gerente Macri denunció que “convencen a los trabajadores de hacer un juicio indebido y se lo hacen ganar porque tienen armadita la cosa para llevarse la mayor parte del juicio ellos”. Y no sólo eso, además de tildar al diputado y presidente de bloque Héctor Recalde como líder de esta banda, consideró que “este grupo de estudios laboralistas le han hecho mucho daño a la Argentina”. Claro, hay que ser muy voluntario para creer que los juicios laborales perjudican más a la economía vernácula que la especulación, la fuga de divisas, la evasión y el saqueo permanente a que nos someten las principales empresas del país, la del empresidente inclusive.
Paladines de la desigualdad
En la amañada y bestial mirada de Macri, hasta los discapacitados son mafiosos que no paran de cobrar subsidios indebidos. Desde su asunción como presidente, 170 mil ciudadanos perdieron el derecho a recibir un ingreso con miles de excusas pero nada de corazón. Gracias a un decreto heredado del menemismo, suspendieron el mísero beneficio con el argumento de revisar el padrón, con la intención de reducir el déficit y con el objetivo de denostar al kirchnerismo durante la campaña. Claro, desde 2003 hasta 2015 los titulares de pensiones crecieron de 350 mil a 1,6 millones gracias a la aplicación flexible del decreto de 1997, que exige un nivel de discapacidad del 76 por ciento, que no tengan aportes previsionales y no posean ingresos para su subsistencia. Para los que usurparon con malas artes el honor de gobernar el país, los que tienen de sobra y no paran de profundizar la desigualdad, los que no saben qué es padecer una necesidad, un discapacitado debe estar en la miseria para recibir el amparo del Estado.
Estos egoístas que usan un helicóptero hasta para hacer diez cuadras, ni se imaginan lo que debe ser trasladarse por la ciudad con una disminución visual o motriz. Tampoco consideran que muchas discapacidades requieren insumos y cuidados inaccesibles para el salario medio. Menos aún tienen en cuenta que una ley tiene más peso que un decreto y que sostener un derecho es más trascendente que cumplir con las exigencias del FMI.
Encima, ostentan el cinismo de afirmar que un ciudadano discapacitado puede trabajar cuando ni el Estado ni las empresas cumplen con el cupo del 4 por ciento establecido por nuestra legislación. ¿Quién va a emplear a estas personas cuando el desempleo crece sin cesar desde que el Gran Equipo despliega sus tropelías por estas tierras? ¿Qué gran empresa va a demostrar generosidad cuando sus dueños no paran de saquear nuestros bolsillos para incrementar sus ganancias? Que digan lo que quieran de la década pasada; que inventen cualquier patraña sobre el patrimonio de Cristina; que inicien todos los procesamientos que se les antoje. Pero durante los tres gobiernos kirchneristas más de un millón de ciudadanos obtuvieron el derecho a cobrar una asignación por discapacidad. Y el gobierno del cambio –que en campaña prometía que nadie iba a perder nada- serrucha sin dudar esos beneficios para seguir incrementando los privilegios de una minoría que no para de enriquecerse.

lunes, 12 de junio de 2017

Una revolución sin alegría



Muchas cosas pasan por primera vez desde que Macri es presidente. La empresa láctea más importante del país ahora ofrece leche en envases de medio litro, mientras el consumo por habitante es el más bajo en décadas. Un juez ordena allanar la Casa Rosada por una de las tantas causas que involucran al propio mandatario. Las torpezas verbales de un diputado ofenden a una visita del Norte que, como represalia, sentencia que fueron 30000. La provincia que regaló el triunfo a los sátrapas amarillos está a punto de estallar mientras el Frente Renovador se convierte en un resumidero de odiadores derrotados. Como nunca, las mentiras mediáticas se desmienten apenas dichas y el blindaje hacia Macri empieza a mostrar fisuras. A pesar de todo esto, muchos conciudadanos dirigen su indignación hacia donde sopla la corneta, tan distraídos que no entenderán nada cuando esta pesadilla termine.
Todo es tan precipitado que cuesta elaborar una lista. Mientras Clarín nos entretiene voceando boñigas informativas por todos sus medios, el Gran Equipo opera para concretar la mayor redistribución regresiva de los últimos tiempos. Mientras los medios hegemónicos provocan una epidemia de tortícolis en la población víctima de sus patrañas, los ceos que invadieron la Rosada no dejan de perjudicar al Estado con cada una de sus medidas. Hasta algunos propios advierten sobre el abismo al que nos acercamos que, en boca de Juan Carlos de Pablo es default y en la de Carlos Melconian, es mierda.
La experticia ostentada en la campaña parece haberse esfumado ni bien comenzaron a gobernar. Tanto dijeron que podían bajar la inflación fácilmente que ahora la deben estar incrementando para demostrarlo. Tanto quejarse del pequeño déficit que dejó Cristina que ahora lo multiplican para que todos experimentemos lo malo que es. “A golpes aprenden los pueblos”, parece ser el mantra que los guía. Tan irónico es el destino que, como las encuestas no los muestran ganadores, se tienen que montar al pequeño triunfo en Corrientes, contener el aumento en las tarifas del transporte, postergar la ejecución del Fútbol para Todos y hasta piensan repartir las Qunitas confiscadas por el juez Bonadío. Ellos, que tanto han denostado al populismo, deben recurrir a él para obtener algunos votos más. No nos asombremos si Mauricio vuelve a deleitar a su público con los palmípedos pasos de baile que lo llevaron a la victoria.
De logros, ni hablar: sólo pueden falsear el pasado y distribuir esperanza. La Revolución de la Alegría necesita sacrificios para volverse realidad; sacrificios realizados por aquéllos que tienen poco para sacrificar; sacrificios convertidos en ganancia de los que siempre exigen nuestros sacrificios. Sin embargo, camino a las elecciones, siete de cada diez argentinos considera que la economía no va a mejorar, lo que desafía a los votantes a no sacrificar la coherencia.
La venda que no quiere caer
Después de las legislativas, no tienen en su agenda mejorar nuestra vida, sino todo lo contrario: nuevos tarifazos, tijeretazos y despidos. Flexibilizar el trabajo y subir la edad jubilatoria están en la mira. Y no es campaña del miedo. Entre el chistecito de fútbol que desconcierta a los mandatarios con los que se cruza, entre los discursos balbuceados cuando tiene la ocasión, entre las promesas de paraíso que recita ante las cámaras, se escapan de Macri sus más nefastas intenciones. Por eso quiere despejar los tribunales de jueces comprometidos con los más vulnerables, amenazándolos con el juicio político exprés que se cocina desde el invadido Concejo de la Magistratura.
También se filtran sus pretensiones de dar por tierra con las políticas de DDHH, que es lo que le quita el sueño. El penoso episodio que generó el diputado Eduardo Amadeo al interpretar como reconciliación entre verdugos y víctimas la visita de Angela Merkel a una sinagoga, no sólo debería dejarlo inhabilitado para un cargo público –como ocurriría en Alemania- sino que muestra a los amarillos como casi apologistas de la dictadura. Además de ajustar el número de los desaparecidos, tratan de re instalar la teoría de los dos demonios y, con el verso de “los pobres viejitos presos”, abonan el terreno para una especie de amnistía.
Si todavía quedan algunos buenos vecinos que confían en Mauricio es porque siguen engañados o forman parte de los pocos beneficiados que reciben la transferencia de recursos involuntaria de la mayoría. Los engañados son los que consumen las falacias de los medios confundidores y jamás se enteran de las desmentidas. Esos que se deleitan con el relato del homicidio cometido –desde las fantasías de Gabriel Levinas- por Milagro Sala, casi una novela policial negada por la viuda de Lucas Arias, Luciana Santillán. Esos que alimentan sus prejuicios con los reiterativos titulares que condenan a la Década Ganada pero dejan resbalar como gotas las imputaciones y tropelías que el propio presidente protagoniza. Esos que babean de rabia porque Cristina está libre y atribuyen todos los males del presente a que los K se robaron todo. Esos que acusan de autoritarios a los kirchneristas porque quieren evitar las PASO, pero ponderan a los demás partidos que ya han decidido lo mismo.
Esos que esperan un derrame que revierta el otoño perpetuo del Gran Equipo y lo transforme en un primaveral país desbordado de brotes verdes; que creen que el déficit es culpa de los derechos de la mayoría y no de la renuncia recaudatoria de los que más tienen; que se suponen integrados al mundo porque nos están endeudando como nunca. Esos que se consideran iluminados por no estar de un lado ni del otro pero sólo están oscurecidos por las versiones propaladas desde uno de ellos. Esos que pregonan como genialidad “son todos iguales” pero eligen a los peores. Esos que, en breve, poblarán las calles con sus cacharros para exigir que se vayan todos, pero harán lo imposible para que gobiernen los mismos que siempre nos han hundido. Esos que regalaron un triunfo inesperado y quizá en octubre repitan el obsequio con esa incomprensible tozudez de los que insisten en no entender nada.