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lunes, 20 de mayo de 2013

La bestia que no debió morir



Nada se terminó, sino todo lo contrario
Que Videla haya dejado este mundo sin una pizca de arrepentimiento, sin aportar un dato, sin bajar sus brazos genocidas confirma y refuerza todas las condenas que recibió y las que estaban en espera. En su caso, más que muerte, fue una fuga. Por eso, no debemos confiar en la existencia del infierno. Si hubiera un lugar así, muchos mejorarían su accionar en la Tierra. Ante la duda, los castigos tienen que ser bien terrenales. Entonces, hay que apurar los juicios pendientes, tanto de militares como de civiles, para que nadie se escape en complicidad con la Muerte. Ya lo ha hecho José Alfredo Martínez de Hoz, el padre de la criatura económica que debió aplicarse a fuerza de sangre. Muchos de los que llenaron sus arcas con semejante plan de exterminio tienen sus juicios congelados por jueces temerosos o consustanciados con aquellos años oscuros. Cómplices, en algunos casos. No es venganza exigir que cuanto antes tengan una condena. Los años pasan y es necesario garantizar unos años de cárcel para esos siniestros personajes, antes de que la Muerte los libere del repudio de casi toda la sociedad.
Aunque cueste entenderlo, hay un “casi” que resulta doloroso. Esto sin tener en cuenta a los que en las escenas cotidianas pontifican, como al pasar, “acá tienen que volver los militares para poner orden” o la más exitosa “con los milicos estábamos mejor”. De tan inconsistentes, individualistas y desinformadas, ni merecen respuesta. Otros, en cambio, intentan ser más sutiles, aunque no lo logran. La diputada del PRO, Laura Alonso, escribió en su cuenta de twitter: “son igualmente monstruos los que celebraron la muerte de Kirchner como los que hoy celebran la de Videla. Representan una Argentina sin valores. Qué decadencia moral. Cuando nos miremos en unos años, nos espantaremos de nosotros mismos”. No esperó unos años para mirarse, sino algunos minutos y aclaró, para oscurecer: “Videla fue un dictador genocida y Kirchner fue un presidente electo democráticamente y corrupto. No son comparables”. Todo sirve a estos personajes para alimentar sus infructuosas campañas no-políticas.
Quien ya no contiene su impudicia opinativa es Jorge Lanata. En su provocativa nota publicada en Clarín ya desde el título revela sus intenciones: “Videla murió, pero no se acabó la cultura autoritaria”. Amañando los hechos, desde un diario que creció gracias a la dictadura, se pregunta: “¿son tan distintos los militares que se pensaban anteriores a la Nación que el grupo que sostiene el monopolio de lo nacional y popular?”. Desde la negación de las diferencias hasta la utilización de ‘monopolio’, esta frase –y todo el texto- está atravesado por una intención malsana, sumamente confusa y hasta manipuladora.
Pero quien brinda la posibilidad de hacer un análisis mucho más profundo es el líder del PRO, Mauricio Macri. Como siempre, oportunista y superficial, tiene frases de pósters para cada ocasión. Dejando en suspenso la hipocresía y el cinismo que siempre ostenta, el Procesado Alcalde Amarillo escribió un tuit que significa mucho más de lo que dice. “Videla nos recuerda lo que nunca más queremos en la Argentina”, difundió, como esperando el aplauso. Si el genocida nos recuerda eso, entonces, Macri no debería seguir reivindicando como mejor gestión municipal la que llevó adelante Osvaldo Cacciatore, militar aeronáutico puesto por la dictadura entre 1976 y 1982. O al menos, devolver los montos con que se benefició la empresa familiar que él presidía, gracias a su amistad con el intendente de facto. En todo caso, especificar qué es lo que nunca más queremos en nuestro país. Porque Videla es sólo el personaje emergente de ese período como estereotipo del mal. Pensar a Videla como el villano absoluto de historieta de superhéroes porta una liviandad peligrosa. Los tiempos de la dictadura no son nefastos sólo por sus métodos, sino también por sus objetivos. El dictador fue un instrumento de un plan pergeñado por un sector minoritario.
La dictadura es mucho más que Videla: la oligarquía terrateniente, el gran capital transnacional y los especuladores financieros escribieron el guión y oficiaron de titiriteros para ser los beneficiarios del gran despojo nacional. Los militares aplicaron su experticia para aniquilar toda resistencia a ese engendro económico y social que se basaba en la desindustrialización, la especulación, el endeudamiento externo y fuga de capitales. Todo para enriquecer a una minoría patricia que todavía goza de buena salud. Un período económico que arrancó con devaluación de un 80 por ciento, liberación de los precios, congelamiento de los salarios, suspensión del derecho a huelga y mucha represión y muerte. Las consecuencias de un gobierno autoritario en serio: la participación del salario en el PBI se redujo del 43 al 25 por ciento y la desocupación galopó hacia cifras siderales. Todo esto condimentado con toneladas de corrupción. Y como además de saquear, torturar y desaparecer, sabían multiplicar, la deuda externa se sextuplicó gracias a la estatización de las obligaciones privadas, que terminó en las bóvedas de muchos de los empresarios –y sus mercenarios y siervos- que hoy se esfuerzan en calificar al actual gobierno como una dictadura.
Algunos quieren considerar la muerte de Videla como el fin de una etapa. Nada más lejos. No estamos siquiera a mitad de camino de esa lucha por la reparación de tanto daño. Aún queda conocer el destino de gran parte de los ciudadanos que aún están desaparecidos. También falta recuperar cerca de 400 nietos, enredados aún en las sombras del Plan Sistemático de Robo de Bebés. Y muchos por condenar, demasiado que devolver. Así es que, los que se ilusionan que con el genocida fenecido se acaba el tema, terminarán defraudados.  
De acuerdo a un estudio realizado por el Centro de Estudios de Opinión Pública, CEOP, el 77 por ciento de los encuestados está de acuerdo con la anulación de los indultos y el juicio a todos los responsables y beneficiarios de la dictadura. Este trabajo conducido por Roberto Bacman tuvo como objetivo examinar la mirada que los argentinos tienen sobre estos diez años de Proyecto K. El muestreo se realizó en la última semana sobre más de mil casos distribuidos en todo el territorio nacional a través de consultas telefónicas. Entre los aspectos más valorados por los consultados se encuentran la reactivación de la economía y el nuevo papel que cumple el Estado. La AUH, la estatización de más de la mitad de YPF, la recuperación de los fondos de pensión y de Aerolíneas Argentinas tienen una aceptación cercana al 70 por ciento. Y mientras los medios con hegemonía en franca disminución mascullan su impotencia, las medidas más criticadas son las que más aprobación encuentran. El Fútbol para Todos cuenta con un respaldo del 88 por ciento mientras que la LSCA le sigue con el 67 por ciento.
Más allá de estas conclusiones numéricas, ésta ha sido verdaderamente una década ganada. Y si alguien duda, puede prestar atención a este final. En una de las últimas entrevistas que concedió, Videla realizó una lectura del actual Gobierno que, como de quién viene, se convierte en una de las más fuertes ponderaciones: “nuestro peor momento llegó con los Kirchner”. Y si éste es el peor momento para Ellos, sin dudas, es el mejor para todos nosotros.

sábado, 18 de mayo de 2013

Una agenda que enloquece



La bestia ha muerto en mala hora, pues todavía le quedaba mucho por pagar. La Muerte debería estar prohibida, especialmente en estos casos. Nada más que esto podría decirse sobre la muerte de Videla y de todos los que reciben justicia por esos monstruosos crímenes. No tendrían que morir, sino apagarse lentamente en la cárcel, hasta convertirse en despojos pestilentes casi imposibles de enterrar.

Sobre cómo ganar las décadas subsiguientes
En medio de la absurda y enredada trama tejida en torno a la nunca planeada intervención de Clarín, las dotes actorales de Jorge Lanata y el inconstitucional DNU del procesado Alcalde Amarillo, algunos temas quedan en segundo plano aunque contengan mayor importancia. La agenda de los medios con hegemonía en demolición parece ineludible porque los temas que proponen –para no decir inventan- necesitan respuesta, para que no se transformen en verdad, para que no enturbien el panorama. Como era de prever, la desesperación por horadar la imagen de CFK y su equipo de gobierno torna el ambiente irrespirable porque ya no saben hacia dónde apuntar. Algunos periodistas ya se han transformado en francotiradores enloquecidos que arrojan sus dardos cargados de veneno hacia cualquier lado. Fuera de sí, traspasan todo límite con tal de provocar, al menos, una pequeña herida en la adhesión de la mayoría. Y, sobre todo, buscan una reacción por parte del Gobierno Nacional o alguno de sus simpatizantes. Lo grave es que muchos exponentes de la oposición –representantes parlamentarios o ejecutivos- se trepan a ese agitado tren fantasma con la vana esperanza de conquistar voluntades electorales. Tarde comprenderán que de ese pantano infecto no los podrá rescatar ni Tarzán con la más gruesa de las lianas.
De visita en el país, el ex presidente de Brasil afirmó: "la prensa sigue hablando mal de mí y de Dilma. Es increíble, parece que estuviera exiliada adentro del propio país". Después de reconocer una similar situación, Cristina apuntó a la esperanza: "podrán tener 10 mil titulares y zócalos, pero nunca podrán borrar las vivencias que los argentinos han tenido en esta década. Eso es imborrable". Algunos minutos antes, Lula sintetizó una intención artera atravesada por una lógica bestial: “es increíble: cuando uno los critica, dicen que los estamos atacando. Pero cuando los medios nos atacan, dicen que es democracia. Eso no puede ser”. Esto, por supuesto, no quiere alentar la censura ni construir un sistema de medios que sea obsecuente con la gestión del Gobierno Nacional. Nadie está obligado a adherir al kirchnerismo. Pero la oposición mediática y política está tan enceguecida, que hasta parece obtusa. Un diario de buenas noticias K sería tan insoportable como el libro negro con que todos los días algunos medios alimentan los prejuicios de un público injustamente enojado.
Quizá lo más preocupante de este accionar es la estrategia de sembrar desconfianza hacia todo y todos. Y, como reciben el aval de algunos exponentes políticos, están verdaderamente sacados. Ya no hay límites para los blancos que eligen. Tampoco hay coherencia en los argumentos, que pocas veces utilizan. Menos aún en los fundamentos, porque las denuncias que destilan se convierten en verdad con la sola publicación. La bóveda de utilería exhibida en el PPT opositor resulta más adecuada para un dibujo animado que para la vida real. Que la puerta blindada de chiquicientos mil dólares abra hacia adentro y tenga como cerradura de seguridad un timón de lanchita de lago artificial demuestra que los que la construyeron jamás han visto una bóveda. Y los espectadores que jamás dudan de estos absurdos, tampoco. O sí, pero nada importa, porque fundamenta el rechazo visceral que sienten hacia CFK y todo lo que representa.
La agenda que plantean día a día impide abordar ciertos temas que deberían corregirse en serio. Hace unos meses, los medios se ensañaron con los jóvenes de La Cámpora y Vatayón Militante que trabajan en las cárceles federales y las diferentes estrategias de reinserción de presos en la sociedad. Sin embargo, difunden como en un susurro las atrocidades cometidas en el servicio penitenciario de algunas provincias. En estos días, la cárcel de San Martín, Córdoba, se convirtió en una fotografía que atrasa varias décadas. Los métodos para tranquilizar a los internos no provocan menos que horror. El diputado del FPV, Leonardo Grosso, se sorprendió de que “a 30 años de terminada la dictadura, en las cárceles de Córdoba –y creemos que en otros lados también– se tortura”. También denunció al gobernador De la Sota no sólo por encubrimiento, sino también por complicidad” porque instruyó a su ministra de Justicia, Graciela Chayep, para que entorpezca la inspección realizada por la Procuraduría contra la Violencia Institucional.
Pero no sólo Córdoba es el escenario de estas atrocidades. La represión en el Borda y en Famatina son muestras del desborde policial cuando no tienen un control civil equilibrado. Sobre todo, cuando hay intereses económicos que alientan el pisoteo de cualquier derecho. En Santiago del Estero y Formosa los aprietes mafiosos sobre los pueblos originarios constituyen escenas reiteradas. Y no es sano que el Gobierno Nacional guarde silencio sobre estos hechos conocidos. Una palabra puede bastar para poner freno a los abusos de poder de los que se creen dueños de todo. Y de paso, servirá para impedir que los oportunistas utilicen esas distorsiones democráticas como excusas programáticas para sus campañas electorales. También, para que no se rasguen las vestiduras ante temas por los que no se interesan.
Quien toma la posta ante esta situación es el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, que convocó el martes a una audiencia de conciliación a puertas cerradas a todos los actores involucrados. Félix Díaz, representante de la comunidad Qom “La primavera”, el gobernador Gildo Insfrán, Cristino Sanabria y el fiscal de Estado provincial, Stella Zabala, asistirán a esta reunión para dar una solución a la disputa que mantienen por las tierras ancestrales reclamadas por los indígenas. Porque, además del conflicto, están las muertes que sicarios económicos han provocado. Algo que afecta, sin dudas, cualquier proceso de transformación.
Las alianzas con el oficialismo no sólo deben aportar votos, sino también coherencia al discurso K, para que no se convierta en un relato fácil de rebatir. Para que la década ganada se proyecte al futuro, hay que evitar estas fisuras que lastiman. Las palabras que no se convierten en hechos pueden perecer en el vacío. “Tenemos el derecho y la obligación de luchar por un mundo más justo –anunció Lula- Será más justo cuando los derechos no sean patrimonio de aquellos que tengan dinero para comprarlos”. O conquistarlos por medio de las armas. No olvidemos que, como dijo CFK en el mismo acto: “los poderosos necesitan la división para seguir siendo poderosos”. Y los poderosos nunca prometen justicia, sino todo lo contrario.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Operaciones de la oposición mediática



Las decisiones políticas de los nunca votados
No hay conciliación posible con algunos medios de comunicación. Si no están planeando una forma de destitución, se parece bastante. Nada más sencillo que generar descontento en un sector de la sociedad con un argumento muy fácil de comprender: son todos corruptos. Los medios con hegemonía en retirada no hacen más que anticipar desgracias y relatar escándalos para tratar de demostrar que el actual gobierno es lo peor que nos podría haber tocado. El domingo pasado, el diario La Nación desplegó toda su creatividad en dos textos que dibujan un panorama que estremecería al más valiente. Y con un inusitado cinismo, una de sus más selectas plumas se atrevió a hablar de terrorismo de Estado. Simbólico, eso sí, pero terrorismo al fin. Y, como todo terrorismo de Estado que se precie de tal, debe ser autoritario sin límites. Por eso, Joaquín Morales Solá, el fértil pensador de la otrora Tribuna de doctrina, alimentó la paranoia fingida del mascarón del Grupo Clarín, el denunciador serial, Jorge Lanata. Para ellos y sus seguidores hay un gobierno dispuesto a apropiarse de todo lo que encuentra a su paso. O por lo menos, todo lo que quepa en la famosa bóveda de El Calafate.
No importa si los informes que domingo a domingo alimentan la desinformación son cada vez más insustanciales y contradictorios. No interesa si los entrevistados se desdicen de lo que dicen en una misma entrevista. No afecta que hasta el presidente del Capital Bank de Panamá, Moisés Koen, salga a desmentir sus informes desde la cadena CNN. Total, muchos de los consumidores de esas hogueras mediáticas no se enteran de otra cosa más que de lo que sustenta sus propios prejuicios. Los últimos minutos del PPT opositor son merecedores de un Oscar. Una composición dramática basada en la mera ficción, poco apta para un programa periodístico. Un primerísimo primer plano que muestra la intimidad de un personaje angustiado, en soledad ante las amenazas de un gobierno dispuesto a todo. "Sinceramente, termino el programa de hoy sin saber si el domingo que viene vamos a estar acá –comenzó el periodista su alocución final- pero esta vez quiero pedir algo a los opositores, a los kirchneristas honestos, a los abuelos, a los profesores, a los chicos, a los que usan uniforme y a los que no usan uniforme, a la gente que no tiene nada, les quiero pedir algo a todos: si nos borran de un plumazo y si nos sacan de todos lados hagan algo. Realmente no sé qué, pero no lo dejen pasar así no más. No les pido que hagan algo por mí, yo les estoy pidiendo que hagan algo por ustedes".
¿Qué pueden hacer para impedir algo que no va a pasar? Porque no va a pasar nada de lo que están dibujando los operadores del Grupo Clarín: no se intervendrá el diario, por lo que las vallas colocadas en torno al edificio no tienen utilidad alguna, salvo una decoración paranoide; Cristina no invadirá triunfante TN ni Radio Mitre; los muchachos de La Cámpora no coparán Canal 13 para sacar en andas a Lanata y su equipo. Nada de eso pasará. Y aunque digan que la valentía de las denuncias anticipadas frenó la movida de la irrupción K en los medios, nada de eso pasará porque no está en las intenciones del Gobierno Nacional. Aunque ganas no faltan, porque lo merecen.
Claro, dibujan un panorama oscuro porque están desesperados. Nada mejor para conquistar voluntades destituyentes que construir un enemigo poderoso y sin límites. Autoritario, sobre todo. Y corruptísimo. El fenómeno psicológico de la proyección inspira el editorial de La Nación: “lejos de aceptar responsabilidad alguna, vive inventando conspiraciones para disimular sus errores y para justificar sus crecientes abusos de poder”. Como los medios opositores y los políticos que ofician de comparsas se muestran incapaces de discutir en el plano de las ideas, apelan al revoleo de denuncias de corrupción y a la declamación de generalidades republicanas de fácil aceptación ciudadana.
Un caso paradigmático es el del Jefe de Gobierno porteño que, consustanciado al extremo con los intereses del Poder Fáctico, anunció en conferencia de prensa la firma de un decreto de necesidad y urgencia “para cuidar la libertad de prensa que afirma la autonomía de la Ciudad y enmarca una protección para los periodistas en el resto del territorio”. Basado sólo en los titulares de los diarios y demás especies periodísticas, el Alcalde Amarillo afirma que "han recrudecido los ataques a dos pilares de nuestra democracia: la independencia de la Justicia y la libertad de prensa". Incongruente como siempre, Macri denunció que “se pretende que todos los medios dependan del Gobierno, en forma directa o indirecta” y, errático a más no poder, declaró que "los medios son libres de expresar sus ideas, siempre y cuando estén dentro de la Constitución Nacional”. Ni él sabe lo que quiso decir con esto, pero bienvenido sea con tal de sumarse a la operación montada por el grupo de medios que desde hace años opera desde afuera de cualquier constitución y por encima de toda ley. Y hasta el propio Macri se erige por encima de cualquier ley, porque su DNU pretende frenar las medidas que pueda tomar la Justicia Federal para aplicar la LSCA o cualquier otra medida legal. Un decreto pensado sólo como un golpe de efecto que no puede perdurar, porque se tropieza con la Constitución en su conjunto. Y todo presentado en la puesta en escena de una conferencia de prensa improvisada cuyo único objetivo es competir el podio con Jorge Lanata, Joaquín Morales Solá, Marcelo Bonelli, Daniel Santoro, Adrián Ventura, Nelson Castro, Santo Biasati y todos los indignados mediáticos que desfilan ante los medios del Grupo.
Con sus rostros circunspectos y estreñidos, en el límite de la paciencia, amplifican cualquier vegetal que se les ocurra, con tal de crear un clima de animadversión hacia La Presidenta y su equipo de gobierno. Todos los lunes, el noticiero nocturno del Trece y todas sus repetidoras del interior se convierten en un eco terapéutico del show del PPT opositor. Después de la patética escena presentada en el final de su emisión del domingo, los esfuerzos opositores de esos periodistas no se hicieron esperar. “Ojo porque la oposición sigue navegando por las aguas de la nada –expresó, preocupado, Nelson Castro- No siguen pensando en pos de las necesidades de la sociedad y del país republicano de decir pongámosle un freno a esto”.  “El próximo paso va a ser afectar el mercado electoral”, advirtió Carlos Pagni, trasformando la base de la democracia en una transacción mercantil. Joaquín Morales Solá, inspirado por su agudo olfato, realizó una esperada anticipación: “nos tenemos que desencantar. En esa bóveda ya no hay más nada, no hay ni diez euros, si no es que refaccionaron la bóveda”. Aunque la bóveda nunca haya existido, permanecerá para siempre en la memora del público al que se dirige. Y Daniel Santoro, editor de política del ex Gran Diario Argentino, dejó expandir su paranoia: “en 20 años que trabajo en Clarín, por primera vez tengo que entrar a un lugar vallado, por miedo a que entren de noche y demás”. Cabe aclarar que la decisión de vallar el edificio donde funciona ese medio proviene de sus propios directivos ante la inexistente amenaza de la invasión K.
Desde hace un tiempo se ha producido una enorme distorsión entre algunos hacedores periodísticos: en lugar de narrar hechos, los inventan; en vez de difundir declaraciones de políticos y especialistas, escriben los libretos para que ellos los reciten; lejos de valorar la libertad de expresión, la pisotean hasta la humillación. Las operaciones mediáticas recrudecen su fiereza, mientras representantes de la oposición les dan entidad. El exabrupto del Alcalde Amarillo brinda el marco legal al espectáculo circense pergeñado por El Trece y todos sus acólitos. Además, tiene sabor a separatismo. Parece como si quisieran fundar un nuevo país gobernado por personajes a los que nadie vota, pero obtienen legitimidad por el rating que ellos mismos dibujan.  Parece también que están provocando una reacción de hartazgo que les dé la razón. Mientras tanto, la paciencia ilumina este camino de transformaciones. La inusitada desesperación de los carroñeros lo confirma: la meta del país soñado está cada vez más cerca.

lunes, 13 de mayo de 2013

El abandono de las ideas como única idea



Una oposición que no sabe construir termina destruyendo
No fue un exabrupto ni un gesto de desesperación. Un poco sí, pero no tanto. Por encima de todo esto, lo que declaró Chiche Duhalde en estos días significa una mueca de sinceridad, de la honestidad más brutal. “Podemos dejar nuestras ideas por un rato”, concluyó, como una síntesis de lo que promete: un proyecto sin ideas. Un no-proyecto. La expresión cacerolera de alguien que ha vivido siempre de la política. O la expresión política de alguien que ha sido siempre cacerolera. Si las ideas no se matan, tampoco deben abandonarse, ni tan sólo por un rato. Quizá esto en otros tiempos hubiera resultado atractivo para un electorado iracundo. Pero ya no o no tanto. Sin ideas no puede haber política. Y eso se nota en todos los que, exasperados, tratan de encontrar la vuelta en estos momentos en que la política –y, por tanto, las ideas- tiene suma importancia. Lo que reclama Chiche no es una alianza, sino un pegote. Lo que busca Chiche no es un proyecto de país diferente al que plantea el kirchnerismo, sino un nombre de fantasía que logre detener este período de transformaciones insólitas. Un revoltijo de nombres que no tenga identidad pero logre, al menos, sumar en lo numérico.
Tanta sinceridad, abruma. “Me gustaría que la oposición deje de mirarse el ombligo; si creen que sacarse una foto los desprestigia, les comunico que ya están todos desprestigiados. Es momento de tragarse un sapo pensando en grande”. ‘Ombligo’, ‘foto’ y ‘sapo’, son las palabras que pueden destacarse de esta especie de invitación que destiló la esposa del ex presidente de prepo. Una invitación no a ninguna fiesta descontrolada, sino a una alquimia electoral que junte a todos –“hasta Mauricio Macri”, aclaró- “como única manera de vencer al kirchnerismo”. Llama la atención la idea del desprestigio. ¿Será un desprestigio posar junto a ella o su esposo, apelar a ese cóctel indigesto o sentirse derrotados desde el vamos? ¿O todo eso junto? ¿O el desprestigio deviene de no poder con el kirchnerismo? Lo llamativo del caso es que la dirigente considera esta propuesta pegoteadora como “un gesto patriótico”. Una patria construida por desprestigiados. Cuesta imaginar cuánto de grande será la patria que piensa concretar con el abandono de toda idea política. Un poco de patetismo nunca está de más para adornar un año electoral, mientras no tenga eco en las urnas.
Porque no es la única que piensa en ese sentido. Las idas y venidas de dirigentes, los dichos y contradichos, los creativos y desconcertantes nombres con que bautizan a sus engendros, los montajes fotográficos con que se presentan en sociedad… Todo en una coreografía desacoplada sin un fin que justifique semejantes medios. Y los medios con hegemonía menguante que hacen un casting antojadizo para posicionar alguna figura que resulte atractiva y logre engatusar a un votante arrebatado. Una figura que, aunque no tenga ideas, sepa recitar de un tirón los parlamentos que alguien escribe desde las sombras. O que declame con histrionismo algunos titulares en las sesiones del Congreso. De ésos, abundan. Pero ninguno cala hondo en el sentir cacerolero. Claro, como vomitan incoherencias, como deambulan entre contradicciones, como se niegan a señalar un rumbo alternativo, como destilan el mismo veneno que los medios que los cobijan, el público al que se dirigen es un hervidero de individuos imposible de cohesionar detrás de alguna idea. Salvo, por supuesto, borrar de la escena política al kirchnerismo.
Si algo está cada vez más claro es que la orden sugerida por Chiche Duhalde es lo que piensan casi todos los que se encuadran en la llamada oposición. Algunos, sin vergüenza, estrechan manos que antes hubieran escupido. Y uno dice ‘algunos’ para ser benévolos. Los candidatos van de un lado al otro como en un bolillero enloquecido, con la esperanza de que el mero azar los convierta en ganadores. ¿Para qué? Todavía no lo han pensado. También, con tantas vueltas no se puede pensar. Por eso dicen lo que dicen y hacen lo que hacen. Porque no pueden detenerse a pensar, de tan obsesionados que están con la pesadilla kirchnerista.
En realidad, lo que pide Chiche es un sinsentido, porque hace tiempo que han abandonado las ideas. Un caso reciente puede confirmar esta afirmación que parece tan alocada. La semana pasada el equipo económico del Gobierno Nacional presentó en sociedad el proyecto conocido como blanqueo de divisas no declaradas. Por supuesto, los opositores pusieron el grito en el cielo. Pero, mientras denostaron la iniciativa, clamaban por una mega devaluación, basados no en duros datos de la macroeconomía internacional, sino en los deseos de los especuladores financieros, esa minoría que no tiene patria pero sí enormes bolsillos. Un mercado ilegal que opera en oscuras cuevas con individuos que no pueden actuar a plena luz del día. Mucho esfuerzo literario para describir a los que pagan el dólar a cualquier precio porque se mueven en la más abyecta ilegalidad. Entonces, los políticos de la oposición denigran el proyecto de exteriorización de divisas no declaradas cuando, a la vez, pretenden legitimar a los ilegales que juegan a la ruleta con el blue. Y también piden a los gritos cárcel para Lázaro Báez y todos los involucrados en esa opereta mientras guardan un sospechoso silencio ante las denuncias de Hernán Arbizu que involucran al Grupo Clarín. Claro, actúan así porque no tienen idea de dónde están parados. O sí, pero tratan de disimularlo.
Uno no elabora estas críticas porque sí. Uno espera que la oposición proponga un camino alternativo para arribar al mismo fin: un país para todos. Espera infructuosa, porque propuestas, ni por aproximación. Ante un cuadro de situación como el de la fuga de divisas y la falta de inversión, tienen que formular algo diferente al achicamiento del Estado o la entrega generosa de los bienes a las garras del capital internacional. O por lo menos, invitar a los fugadores para que apuesten al país. Porque la sangría ha sido garrafal en las últimas décadas. En el período que va de 1978 a 1982, cuando Martínez de Hoz comandaba la economía, la fuga rondó los 24 mil millones de dólares. Como resultado de la convertibilidad, hubo una fuga superior a los 41 mil millones de la moneda verde. Y con la crisis de 2001 nuestro país volcó a los paraísos fiscales algo más de 28 mil millones de la adictiva divisa norteamericana. En esos tres momentos de nuestra historia reciente, el país perdió casi 93 mil millones de dólares como resultado del accionar perverso de los que toman al país como una ubre permanente. Pero hay mucho más que está dando vueltas, aunque es muy difícil de cuantificar.
De alguna manera, hay que recuperarlos. Al menos una parte. Y eso es lo que propone este proyecto de ley que se está debatiendo en las comisiones correspondientes del Senado. Una idea. Tal vez no la mejor, pero sí la más adecuada para tentar a algunos de los fugadores. En todo caso, para invitarlos a retractarse de un accionar que resulta muy destructivo para el país. Un convite para que un manojo de individuos intente viajar en colectivo. Una posibilidad más para que apuesten al desarrollo con los bienes que todos, en algún momento del pasado, permitimos que se lleven. Si hay alguna idea mejor para recuperar esas fortunas sería interesante que la vuelquen en la mesa de discusión. Como no la hay, ni en este tema ni en ninguno, deberemos soportar hasta octubre los aullidos disonantes de los que no saben construir ni una montañita de arena, pero pretenden convertirse en alternativa de gobierno. Soportar, aunque también divertirnos con sus tropiezos aliancistas, sus gritos desesperados, sus rostros desencajados. Divertido y a la vez, lamentable. Sobre todo, un poco triste.