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viernes, 27 de febrero de 2015

Bromas de mal gusto



El mejor chiste de la semana es el de Macri y su reivindicación de las banderas del peronismo. Uno dice ‘chiste’ pero si al principio causa gracia, después da un poco de asquito tamaña hipocresía. Los memoriosos recordarán a Amalita Fortabat, presidenta del Fondo Nacional de las Artes y embajadora plenipotenciaria del menemismo, cuando, con su porte aristocrático intentaba afirmar ante las cámaras que siempre había sido peronista. Y no le salía, porque su risita distinguida le impedía meter las patas en la fuente. El Alcalde de la CABA, empecinado en cercenar nuestro futuro, niega su historia y se presenta como un descamisado para captar, una vez más, a algunos votantes susceptibles de los más ingenuos engaños. Un problema para esos ciudadanos de clase media que, para no pasar como discriminadores, cuentan en su haber un amigo judío, homosexual o negro: ahora deberán incorporar a un choripanero. Por lo que se puede apreciar, Macri no se conforma con esa minoría paragüera que lo ha convertido en un referente no-político y quiere ampliar su rating electoral, aunque para eso deba disfrazarse del Primer Trabajador.
El público del PRO siempre es una página en blanco y Macri puede escribir en ella sus poco inspiradas líneas con mucha facilidad. No hay historia ni contexto en esos espíritus sino un puro presente que puede convertir a su Líder en un peronista convencido en un abrir y cerrar de ojos. “Yo reivindico cien por cien las banderas del justicialismo –declaró sin las risitas de Amalita- que justamente se basan en la búsqueda de la justicia social, la igualdad de oportunidades, el ascenso social. Lo que no reivindico es lo que hizo el PJ en estos últimos 25 años”. Esta mentira se cae a los dos segundos, pero vale destinar unos párrafos para que nadie se confunda.
En los noventa, era un ferviente defensor de la política de privatización, destrucción de la industria, reducción del salario y endeudamiento desaforado llevada adelante por ese PJ menemizado. Todo esto, por si quedan dudas, está muy lejos de las banderas del peronismo, de la justicia social y lo que ahora dice reivindicar Macri. El accionar del PJ que ahora rechaza pero antes defendía sin tapujos es lo que nos condujo a la catástrofe de 2001. Lo que realizó en su distrito a lo largo de dos períodos no se relaciona con el peronismo que ahora pregona. Y, para cerrar, el kirchnerismo es la versión 2.0 del peronismo de mediados del siglo pasado. Entonces, ¿debemos borrar de un plumazo todas las críticas que Mauricio Macri ha vomitado a lo largo de estos años? ¿Cómo puede menospreciar el entendimiento de sus escuchas?
¿O se habrá contagiado de carriotismo, ahora que tiene tan cerca a la diputada? Ella es más exótica, pero igual de incoherente. Que Macri pondere la justicia social es tan irracional como que Cristina ejecute el autogolpe que Carrió denunció en estos días. En las PASO, estos dos postulantes no competirán con sus mejores propuestas de gobierno sino con los absurdos que exuden sus manipuladoras mentes. Si conformaran un dúo cómico, uno podría reírse de estos chistes, pero como son candidatos a presidente, esto hay que tomarlo más en serio. ¿Por qué no se juntan con Del Sel y se van a hacer la temporada en Carlos Paz, que es lo que mejor les sienta?
La primera fiesta del año
En contraste con estas humaradas de la vida virtual, el rechazo del juez Daniel Rafecas a la denuncia de Alberto Nisman y el reciclado del fiscal Gerardo Pollicita aporta un poco de oxígeno a un ambiente tan viciado. Todo lo ocurrido desde el 14 de enero –fecha en que Nisman presentó su inconsistente escrito- a la fecha cobra un sentido diferente, pues queda desarmada la opereta que intentaban estirar hasta las elecciones. Las acusaciones arrojadas sobre el Gobierno Nacional no sólo carecen de pruebas sino que estaban basadas en hechos inexistentes.
Las sospechas sólo quedarán en aquellos corazones que necesitan bucear en la desconfianza y el prejuicio para poder subsistir. Los canales de TV acomodaron sus cámaras para que Nisman recite lo contrario de lo que sostenía apenas unas semanas atrás. Las dos diputadas –Bullrich y Alonso- acosaron al fiscal con llamadas telefónicas para exponerlo al ridículo en el Congreso. Quizá por este escrito falaz, Nisman perdió la vida. Todos los que están del lado más oscuro de la grieta acusaron al kirchnerismo de matar al fiscal para castigarlo por una denuncia que ni un asistente a un cursillo de Derecho podría haber confeccionado. El 18F ahora se convierte en el homenaje a un mentiroso, falsario y  malversador del cargo que ocupó durante diez años. ¿Y qué queda para Pollicita, que insistió con la falacia para alimentar la Marcha de los Paraguas? ¿Y los fiscales que la convocaron, no deberían estar presentando la renuncia por haber convertido en héroe a quien sólo merecía la reprobación? O, por lo menos, deberían sentir un poco de vergüenza.
Ni hablar de los saltimbanquis de la oposición. Estos sí que deberían agachar la cabeza y balbucir algunas disculpas a la sociedad por haber dicho tantas tonterías a lo largo de este tiempo. Esos que reprochaban a Cristina su alianza con un estado terrorista para encubrir el atentado a la AMIA, sin tener en cuenta todo lo que Ella había dicho y las medidas tomadas para esclarecerlo; esos que abandonaron toda lógica y convirtieron el bodoque de Nisman en un texto sagrado sin siquiera leerlo; esos que acusaron de homicidas a los K por lo que cada vez parece más un suicidio. Esos deberían reconocer lo mal que se han comportado en todas estas semanas y comenzar a actuar como políticos que cobran por lo que hacen y no como marionetas que recitan un libreto esquizofrénico. Pero eso no lo van a hacer. Seguramente, ya se estarán montando a una nueva operación pergeñada desde el Círculo Rojo. No importa: la mayoría va a recordar tantas afrentas y no va a decidir su voto a partir de estas patrañas.
¿Quién se va a sentir conmovido por el lema que Cobos eligió para su campaña presidencial? “Vuelve la democracia”, promete el que pisoteó la voluntad popular con su voto no-positivo para satisfacer la codicia de los estancieros. Y no se conformó con eso: desde ese momento se convirtió en el vicepresidente opositor más virulento de la historia. Qué torpe: la traición nunca lleva a la gloria. El ejemplo de Sergio Massa es el más notable. Pero no es sólo por eso que se desmorona: a cada momento demuestra que ya ni siquiera tiene cáscara.
Ahora es tiempo de empezar a celebrar. Con el fallo de Rafecas se cierra un capítulo. Lodenisman está a punto de fenecer: no van a poder seguir jugando con sus huesos por mucho tiempo más. Ahora no podrán inventar nada más grave que el encubrimiento de los responsables del atentado y la acusación de asesinato. El final feliz se acerca poco a poco. Mientras lo esperamos, vayamos festejando. El domingo será un buen día para gritar nuestra felicidad a los cuatro vientos y afirmar que estamos presentes para alentar la continuidad de este camino que estamos trazando. Los demás –unos pocos- guardarán paraguas y cacharros de cocina en sus armarios hasta que un nuevo titular los convoque para manifestar su incontenible desprecio.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Cuando flota la escoria



Este agitado año electoral promete ser inolvidable. “A río revuelto, ganancia de pescadores”, dice un conocido refrán. Pero es bueno recordar que cuando el agua se remueve, la suciedad del fondo sale a la superficie. Por eso, reaparece Carlos Reutemann desde las sombras de una banca de senador que, en los últimos años, no ha aportado nada a la sociedad. Nada de nada. Porque por lo menos, en 2008 se sumó a los intentos destituyentes de los estancieros y rompió con el kirchnerismo que lo había llevado al Congreso. Traidor es poco. Desde entonces, se mostró esquivo para los micrófonos, aunque reaparecía cada tanto para exponer los dientes y salpicar un poco de su venenosa saliva. Ahora parece que quiere morder, aunque no le dé la dentadura. Después de algunos coqueteos con el massismo, decidió sumarse a la restauración más cruel: el PRO será la fuerza no-política que, además de incorporar cómicos, deportistas y modelos, resucita a uno de los exponentes de nuestro peor pasado.
En verdad, cuesta explicar el porqué de la trascendencia política del siempre segundo corredor de F1. No se entiende por qué su presencia parece tan importante. Hace unas semanas, la codiciada María Eugenia Bielsa desechó la candidatura a gobernadora de Santa Fe porque el peronismo local se negaba a incluir a Reutemann, con la superficial idea de la unión, que termina siendo un amasijo de posiciones inconciliables. La diputada más votada en 2013 sacrificó una victoria segura a la gobernación para defender a este nefasto sobreviviente de los noventa. ¿Alguien puede aclarar qué le ven a un individuo tan insulso? Que Macri lo valore es coherente, pero que quien se identifique con el FPV intente sumarlo -sabiendo que optará por la traición- no tiene ni pies ni cabeza.
Como acostumbra, el ex gobernador santafesino destiló críticas inconsistentes hacia el Gobierno Nacional. Aquí es pertinente abrir un paréntesis. Ya estamos acostumbrados a las infundadas denostaciones de políticos, periodistas y extras de la oposición, a la vez que exigen una autocrítica por parte de las autoridades nacionales y sus simpatizantes. ¿Por qué tenemos que rasgarnos las vestiduras por unos pocos errores si ellos no son capaces de reconocer algunos logros, más allá de la AUH y un par de cosas indiscutibles? ¿Por qué tenemos que autocriticarnos si ellos nunca abandonan la postura criticona?
Reutemann se convierte en un personaje que decidió en qué letrina acomodarse. En declaraciones radiales, expulsó sus peores producciones intestinales: “se está armando una ingeniería para que al que venga le resulten las cosas muy complejas”. Un galimatías cargado de estiércol, muy propio del que debe estar en contra sin saber bien por qué. La expresión inconfundible de un cacerolero más o paragüero, de acuerdo a las características de la última marcha opositora. Para explicar su salto político, confesó sumarse “al proyecto de alguien que tiene ganas”. ¿De qué tiene ganas Macri? ¿De cuadruplicar la deuda en dólares, como ha hecho en la CABA? ¿De eliminar de un plumazo los diferentes programas que suavizan la desigualdad? ¿De privatizar todo lo que el Estado ha recuperado en estos años? ¿De congelar salarios y jubilaciones para que crezca la riqueza de los que más tienen? ¿De facilitar los más suculentos negocios a sus oscuros amigotes?  
Sin lugar para la tibieza
Quien salió a criticar esta jugada poco sutil fue Daniel Scioli. Sin dudas, sorprendió bastante, pues estamos acostumbrados a la ausencia de énfasis, a sus sonrisas en Clarín pero expresión de incomodidad en los actos de Cristina. Pero esta vez, mostró la camiseta. “En la Argentina están dadas inmejorables condiciones para seguir creciendo”, reconoció, contra todo lo que afirman los agoreros, porque es un país desendeudado, reindustrializado, con una matriz productiva basada en los alimentos, con la posibilidad de alcanzar la soberanía energética. Y, envalentonado como nunca, desafió a “los que hablan todo el tiempo de cambio” a que expliquen qué quieren cambiar porque “entre los cambios está la marcha atrás y los argentinos no necesitamos ni retroceder ni empezar siempre de nuevo, necesitamos avanzar”.
Este, por supuesto no es un mensaje destinado sólo a Macri y su reciente incorporación. Todos los candidatos opositores afirman que la situación es desastrosa y lo que se necesita es hacer todo de nuevo. Ni todo es un desastre ni hace falta empezar de cero. En Berazategui, CFK aseguró que “los próximos gobiernos van a tener que seguir haciendo cosas porque les vamos a dejar un país mucho mejor” que el que recibió Néstor Kirchner. Sinceramente, sería una pena que alguno de los paracaidistas de la oposición aterrice en la Rosada para desplegar los estragos que ya hemos conocido en otras décadas.
Si no hemos podido avanzar como nos merecemos es por la resistencia del Poder Económico, que desatiende las iniciativas del Poder Político, el único que podemos elegir con nuestro voto. Si no fuera por la complicidad de algunos jueces con esa minoría, estaríamos mucho mejor. Sólo para refrescar la memoria: un abanico de cautelares protege al Grupo Clarín para cumplir la ley de SCA; otra cautelar frena la expropiación del predio que usurpa la Sociedad Rural; el juez Ercolini tiene embalsamada la causa Papel Prensa; el fiscal en miniatura no revisó una línea de la causa del lavado de dinero; la reforma del Consejo de la Magistratura fue vetada por la Corte Suprema de Justicia, algo que no puede hacer; además, los jueces contribuyen a que las grandes empresas no paguen las multas que la Secretaría de Comercio impone a los abusos y contravenciones. Los jueces deben estar para garantizar el cumplimento de las leyes, no para ser cómplices de estos delincuentes.
Después, estos jueces se enojan cuando La Presidenta habla del Partido Judicial. La Asociación de Magistrados respondió a la carta de CFK asegurando que “el Judicial no es un partido, sino un Poder del Estado”. El único con miembros a perpetuidad, exentos de impuestos y control patrimonial y que no se someten a elección popular, ni siquiera de manera indirecta. Encima, con un puñado de hipócritas que ya están quedando en evidencia. Esos que integran casi una logia mafiosa con los grandes empresarios, advierten que estamos ante “un vulgar –no por eso menos peligroso- intento de presión y condicionamiento”. Si serán caraduras estos muchachos. Como si las presiones no vinieran de Comodoro Py, el brazo ejecutor de los condicionamientos del Círculo Rojo al Gobierno Nacional. Y para coronar esta muestra de hipocresía,  agregan que “no cabe sino repudiar el discurso maniqueo que, bajo la apariencia de denunciar divisiones, en realidad pretende generarlas”.
No, señores. Ya no nos engañan. La división ha existido desde siempre y es imposible de superar. De un lado están los que quieren gobernar en su propio beneficio dejando desamparada a la mayoría, como han hecho tantas veces. Y del otro lado estamos nosotros, los que queremos que nuestro país nos incluya a todos. Como expresó CFK en Berazategui: “lo más importante, más allá de los logros de este gobierno, es haber recuperado la esperanza y la ilusión de que millones de jóvenes creen que es posible desarrollarse, crecer, trabajar, estudiar y progresar en su patria”. Pero ellos, los que hablan de la grieta, se han convertido en un estorbo y mientras más se amontonan, más fácil será apartarlos de nuestro camino.

lunes, 23 de febrero de 2015

Una comparsa sin carnaval



La marcha de los paraguas estuvo plagada de sponsors. Nombres de bancos, tarjetas de crédito, gaseosas, cervezas impresos en la superficie de los protectores de lluvia. Después hablan de los choris y esas tonterías. Tan desorientados están los caminantes paragüeros que se creen héroes por haber puesto el pecho en plena calle a la furia de los elementos y la dictadura K. Tanto padecen la orfandad de ideas que necesitan creer en la falacia del crimen político. Tan desamparados se encuentran que coronan como héroes a ladronzuelos y corruptos serviles. Tan derrotados parecen que apelan a multiplicar los números para abultar la concurrencia: sin paraguas, no hubieran ocupado siquiera la mitad del espacio. Con menos bulla mediática, Milagro Sala movilizó a 60 mil personas en San Salvador de Jujuy: más del 20 por ciento de la población para agradecer a Cristina en el día de su cumpleaños. Con paraguas, hubieran cuadruplicado el impacto y este hecho se habría convertido en el Milagro de Jujuy.
Pero no hay milagros en la vida real. Sólo la más cruda realidad. Esos protestones todo terreno constituyen una minoría que se circunscribe al territorio señalado con el Obelisco. Unos kilómetros más allá, el porcentaje decrece hasta la insignificancia. Mentira que todo el país está cansado de CFK y el proyecto K. Al contrario, la sorpresa les caerá como un balde con agua de la Antártida a los carroñeros, sus acólitos y manipulados. En una semana, Cristina exhibirá su tropa, que no está compuesta por señorones con más de medio siglo sobre sus hombros ni fiscales con prontuario incluido que trotan como ídolos deportivos o estrellas del pop; que no incluye a señoras encopetadas de gesto severo ni candidatos al fracaso recitadores de generalidades; que no necesita titulares agoreros ni muertos para arrojar en los despachos de la Rosada para generar sus ideas; que no alimenta sus prejuicios con las sandeces de los agitadores mediáticos; que no revolea denuncias a los cuatro vientos ni defiende sus privilegios con jueces buitrescos.
El primer día de marzo, Cristina inaugurará el último período parlamentario de su gestión. Nadie espera que el discurso brindado sea conciliador y mucho menos sumiso. Ese día planteará las líneas de los últimos meses de su mandato y, como siempre, su mirada estará puesta más allá de diciembre. Y, también como siempre, la acompañará una multitud incontable y bulliciosa. Porque la tropa de Cristina sólo hace silencio para escuchar su Palabra. Las pausas se poblarán de cánticos y consignas porque el silencio no es saludable en estos actos; porque hay mucho que decir cuando la Líder indiscutible de los últimos tiempos interactúa con sus seguidores. La tropa de Cristina desborda juventud hasta en los más viejos, se viste de esperanza en los momentos más difíciles y nunca está en contra, sino a favor de los derechos conquistados y por conquistar.
La cancha está marcada
Este reciente intento por desalojar al kirchnerismo de nuestra vida ya se está desarmando. Más allá de las trampas judiciales, no les quedan muchos más recursos. Sus candidatos no juntan votos ni para un club de bochas, por más que publiquen las encuestas más delirantes. Los demás referentes de la oposición sólo consiguen cámara si memorizan los diálogos de un sainete que ya no hace reír a nadie. ¿O no resulta absurdo que una diputada se oponga a algo que ella misma alentaba apenas un mes atrás? Patricia Bullrich no quiere que Gerardo Pollicita se presente en el Congreso para hacer lo que antes sí quería que hiciera Nisman: fundamentar la denuncia de encubrimiento contra La Presidenta, el canciller y algunos más. Antes lo planteaba como una gesta patriótica y ahora lo denuesta por intromisión a la justicia. Que alguien subtitule esta escena porque no se entiende nada.
Tampoco se entiende qué intenta hacer el diario Clarín con la multifacética testigo fundamental Natalia Fernández. O sí se entiende: con esta jugarreta tan infantil y difícil de creer busca confundir a sus ya extraviados lectores. Y con sus mañas cada vez más degradadas pretende desacreditar a la fiscal Viviana Fein para que la causa por muerte dudosa pase al fuero federal como homicidio, donde tienen operarios disfrazados de jueces y fiscales que pueden resultar más funcionales a sus nefastos objetivos. La erradicación del kirchnerismo está en marcha: lo que seguramente no lograrán en las urnas con sus deslucidos peleles, piensan concretarlo con la ayuda de algunos monarcas de los tribunales amigos.
Para quien dude de estas afirmaciones, basta hacer una recorrida por las decisiones tomadas al día siguiente del 18F. La cautelar que resguarda los privilegios del Monopolio, el procesamiento a Boudou, la confirmación de Bonadío como juez de la persecución a Máximo Kirchner, entre otros obsequios realizados al Poder Real. Mientras cajonean causas que involucran a los integrantes del Círculo Rojo, revolean sentencias hacia todos los que tengan una fragancia K. Esa es la Justicia que quieren para el futuro del país: prepotente, discriminadora, corrupta, injusta. Una justicia patricia, a la medida de los que se creen dueños del país. Una Justicia independiente del Poder Político pero consustanciada con los sanguinarios intereses del Poder Fáctico. ¿Quedará alguien en el país que piense en algunos funcionarios tribunalicios como si fueran celestiales entidades enviadas para difundir su prístina pureza?
Sí, quedan unos cuantos. Esa minoría que marchó el 18F puso en evidencia su credulidad respecto al tema. Por eso vitoreaban a los fiscales organizadores de la comparsa como si fueran heroicos gladiadores. Lo que convierte a estos personajes en patriotas no es su oscura trayectoria, precisamente, sino su impronta despectiva y persecutoria hacia Cristina, sus funcionarios y todos los que apoyamos este proyecto. No es el equilibrio lo que se valora de ellos sino todo lo contrario: ese desequilibrio que aparece como el arma más eficaz para liquidar al kirchnerismo y condicionar a los gobernantes que vengan. Con personajes así, el futuro sólo puede prometer la restauración de nuestro peor pasado. Más que conservadores, son retrógrados. 
Como una anticipación de lo que será su discurso del 1 de marzo, CFK publicó una carta en Facebook y Twitter.  “El verdadero hecho político e institucional de la marcha del 18F fue la aparición pública y ya inocultable del Partido Judicial que es opositor y destituyente del Gobierno y busca constituirse en un superpoder por encima de las instituciones surgidas del voto popular”, expresó, como una contundente síntesis de los últimos acontecimientos. Estos exponentes del Poder Judicial “articulan con los poderes económicos concentrados y fundamentalmente con el aparato mediático monopólico, intentando desestabilizar al Poder Ejecutivo y desconociendo las decisiones del Legislativo”, agrega el mensaje.
Desde mediados de enero, cuando Nisman presentó lo que suponía la denuncia del siglo, hasta el último viernes estamos viviendo lo que algunos llaman golpe blando. La fiereza de los asedios evidencia la desesperación de los golpeadores. Los que ante esta opereta nieguen la existencia de la grieta con sus dos lados o los que aseguren no estar en ninguno de ellos, ya han elegido y no el bando más luminoso, precisamente. Sin dudas, la razón está de este lado. Por eso, hay que tener paciencia. Que sigan jugando por unos días más. El próximo fin de semana demostraremos cuántos somos y qué es lo que queremos: una justicia comprometida con el futuro de todos y no un manojo de mercenarios dispuestos a preservar el interés de unos pocos.

viernes, 20 de febrero de 2015

Paraguas, cacerolas, la lucha es una sola



La lluvia, más que épica, aportó obsesión a la marcha opositora. Sus ofuscados asistentes necesitan creer en cualquier falacia para pedir la renuncia de CFK. Hasta son capaces de contener sus más venenosos dicterios y coronar como héroes a personajes que deberían estar fuera de juego con tal de que Ella se vaya de una vez y para siempre. “La marcha de los paraguas” –como pretenden que sea recordada- no escapa a la lógica de los cacerolazos anteriores: buenos vecinos con el ánimo recalentado por mentiras instaladas desde los medios de comunicación y avaladas por políticos opositores que no encuentran la vuelta para conquistar la alternancia. Para que estas convocatorias sean efectivas se requiere la creación de un mito que justifique los prejuicios de los individuos participantes. La verdad no importa ni sirve para descargar sus odios. Una vez más una minoría marchó pese a todo para manifestar el desprecio hacia las decisiones de la mayoría.
Porque a pesar del impacto visual de esos miles de paraguas poblando las anchas avenidas de la Capital, no dejan de ser una minoría. Si nos adentramos en los números, notaremos que detrás de este aparente triunfo se esconde un auspicioso fracaso. Según multiplicaron los agentes de la Metropolitana, respondieron al reclamo-homenaje unas 400 mil almas con sus respectivos cuerpos. O a lo mejor contaron unas y otros por separado. Los datos de la Federal también exageran, aunque en sentido inverso: unas 60 mil personas. Ni tanto ni tan poco. Promediemos en 250 mil, para ser salomónicos. Que casi todos los medios, más todos los periodistas y políticos de la oposición, más los restos parlantes de Mirtha hayan convocado a esa cantidad es casi un fiasco en una ciudad de casi tres millones de habitantes. Menos del nueve por ciento de la población se sintió motivado a ser Nisman por unas horas.
Además, en las ciudades más importantes del país la movilización fue casi insignificante, con un bajo porcentaje de caceroleros silenciosos en relación con la población de cada lugar. Como siempre, estas expresiones protestonas tienen un mayor impacto en la CABA, Capital Nacional de la Disconformidad y la Manipulación. Y si abusamos de nuestra maldad, podemos dividir a los marchantes paragüeros por la cantidad de candidatos a la presidencia que se sumaron y el impacto numérico será menor.
Un silencio poco saludable
Lo que seguirá inspirando innumerables análisis –algunos luminosos y otros oscurecidos- es la decisión de marchar en silencio. Desde sus inicios, esta marcha se pensó para reclamar Justicia. Cuando quedó en evidencia el absurdo de que un grupo de fiscales exija eso, el homenaje apareció como el mejor disfraz, aunque ya había terminado el carnaval. Sin dudas, la ausencia de sonido tenía como objetivo atenuar la vocinglería protestona característica de estos rituales catárticos. En nuestra historia, el silencio pobló las marchas cuando había una víctima del poder. Hasta ahora, en lodenisman no hay nada de eso. Todos los datos recogidos por la fiscalía descartan con seguridad la comisión de un delito. Ni un solo elemento sugiere la posibilidad de un homicidio. Si Nisman fue una víctima, habría que buscar a sus victimarios entre todos los que lo presionaron para presentarse en el Congreso el lunes 19 de enero.
El silencio fue necesario para tapar toda la hipocresía que dio origen a la marcha. Sus motivaciones se basaban en groseras falsedades guionadas por los medios hegemónicos, recitadas por los eternos candidatos y los oscuros convocantes para aportar cierta validez. Sin silencio, las verdaderas intenciones de esta expresión callejera hubieran quedado expuestas en toda su crudeza. Así, calladitos, hasta parecían democráticos y todo. Aunque algunos micrófonos captaron esas tonterías sobre la dictadura, el autoritarismo, las enfermedades mentales y demás deslegitimaciones que vienen con firma incluida.
Eso sí, la libertad de expresión de ninguna manera está en riesgo. Los que llenan metros en los diarios y minutos de TV y radio denunciando una inexistente dictadura saben que en una dictadura de verdad no podrían decir nada. En una dictadura, Clarín y toda su troupe no podrían actuar con la libertad con que operan para destituir al gobierno. En los años oscuros, muchos de ellos estaban muy aliados con los gobernantes de entonces y tapaban todas sus atrocidades. Esos que hablan de dictadura, prometen silenciar las voces kirchneristas cuando sean gobierno. El silencio es su máscara, pero también su herramienta.
El silencio es ideal para la siesta o para jugar al ajedrez. Uno es amo de sus silencios y esclavo de sus palabras. Pero también dicen que el que calla, otorga. El silencio puede ser muestra de sabiduría, pero también de ignorancia. De impotencia, de humillación. Hay silencios que no pueden interrumpirse con palabras y palabras que hay que escuchar en silencio. También existen silencios que ocultan lo que no se debe decir. Silencio ante lo bello o ante lo horroroso. En fin, hay tantas formas de comprender el silencio que podríamos estar horas hablando en torno a él.
Tal vez sea por eso que la política se defina más por la palabra que por el silencio. La política en silencio se convierte en su contrario: la no-política. Esto lo aprendimos en los últimos tiempos, que no se puede actuar en política negando la política. Por eso los no-políticos apelan a generalidades como el diálogo, el consenso, la normalidad, la ancha avenida, la unión. Palabras vacías que saben a silencio. Conceptos huecos que no significan nada, promesas hueras con adornos paradisíacos. Cuando no recitan estos formulismos, recurren al silencio porque no pueden decir más. Entonces, para evitar los contrastes, intentan silenciar a los demás. No en vano muestran su irritación ante la Cadena Nacional o el programa 678.
Uno de los grandes logros del kirchnerismo ha sido precisamente la instalación de la Idea como motor de toda transformación. La idea no como un lema marketinero sino como un espacio en pugna, con contexto y con historia. Y con eso rompió el mito de la sociedad armónica, donde la mayoría soportaba la miseria mientras una minoría gozaba hasta la exageración; donde la pobreza se presentaba como una epidemia inevitable y no como el resultado de la voracidad de unos pocos; donde la desigualdad era la regla y la crisis, una constante. La palabra pone en evidencia que en toda sociedad los conflictos son necesarios para transformar el estado de las cosas.
La palabra es explicación y ésta es lo que mejor maneja CFK en sus discursos. Lástima que algunos se nieguen a escucharla en serio y se queden con el compendio que presentan los manipuladores de siempre. Unas horas antes del cacerolazo silencioso, La Presidenta estuvo en Lima, provincia de Buenos Aires, para elevar a la máxima potencia el reactor nuclear de Atucha II. También habló, para desesperación de unos pocos. “Les pido que abran bien los ojos –advirtió- no estoy hablando de conspiraciones, es un mundo de intereses que quieren que unos estén subordinados y los otros mandar, y se enfrentan con gobiernos como éste que no permiten que nadie le marque la cancha”. Por eso a la tarde, en medio de la lluvia, algunos optaron por el silencio y otros, más exaltados, gritaban bajo sus paraguas “Argentina sin Cristina” o, con menos sutileza “Cristina andate”. Quien quiera entender, que entienda. Todo está tan claro que es imposible confundirse.