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viernes, 1 de agosto de 2014

El default de los pavos atómicos



Muchos argentinos nos preguntamos para qué el juez Thomas Griesa convoca a otra audiencia, si para lamentarse o para burlarse. Para disculparse por sus injustas, caprichosas y dolosas decisiones, nunca. Total, el objetivo ya está cumplido: los que especulan con las malas noticias ya ganaron muchísimo en pocas horas. Y los buitres, después de cobrar los seguros contra riesgos de default, tal vez tengan una mejor disposición para escuchar las propuestas del equipo económico argentino. Que nadie se ilusione: hasta que no caduque la famosa cláusula RUFO no se podrá ofrecer nada mejor de lo que establece nuestra ley. Y después, estas fieras tampoco merecen que abramos con generosidad nuestras billeteras. Por dignidad, el nuevo canje no debe ser mucho mejor que el anterior. En estos meses que nos quedan hasta fin de año, el Gobierno deberá diseñar una estructura de pagos para eludir los picotazos y después, en lugar de ordenar, nos estarán suplicando para que les tiremos unos mangos.
Por lo menos, eso es lo que se deduce de las últimas declaraciones de Capitanich y Kicillof y, sobre todo, de La Presidenta. Y está bien que así sea. A la prepotencia angurrienta de estos especuladores, el oficialismo responde con razones y argumentos. Algo que desespera al establishment vernáculo que, como siempre, opina lo contrario. Para estos operadores buitreros, la actitud soberbia, ideológica, belicosa de los funcionarios ha provocado este desastroso default y lo que deben hacer las autoridades es implorar por una solución, aunque sea sometiendo el futuro del país a los embates carroñeros. Para los voceros de los avarientos, Cristina y Kicillof tienen la culpa de la situación caótica en que está nuestro país.
Y bueno, allá ellos. Que crean lo que quieran y que engañen al público como mejor consigan. Que oculten y tergiversen la información como se les antoje. Que titulen “fracaso del gobierno” y no terquedad de los avarientos, como debería ser. Que sigan convocando a los gestores de nuestros peores desastres para que analicen el inexistente escenario y pontifiquen sobre cómo se debería salir de este enredo. Que sigan operando para posicionar a sus candidatos y malversando la poca credibilidad que les queda. Que continúen pisoteando la memoria colectiva hablando de un default de mentiritas y anunciando catástrofes que nunca llegan. Pero después que no se quejen si quedan solitos mascullando incoherencias por los rincones.
Si para ellos, Patricia Bullrich es una voz autorizada para hablar de esta situación que lo sigan creyendo, por más que sea la funcionaria de la Alianza que llevó adelante el vergonzoso ajuste que extirpó el 13 por ciento de salarios y jubilaciones para profundizar la sangría. Entusiasmada, la diputada de no se sabe ya qué partido, graznó: “¿se derrumbó otro hito del relato? La mejor negociación de la deuda de la historia terminó en default”. Por más que el uno por ciento de los tenedores de títulos públicos esté litigando, el canje de 2005 y 2010 sigue siendo exitoso porque se ha adherido más del 92 por ciento de los acreedores. Y hubieran cobrado la cuota correspondiente de no ser por la obsecuencia del juez Griesa que aconsejó la usurpación del dinero de los bonistas.
Pero, envalentonada, consideró que “este default lleva el sello de la ineptitud kirchnerista para manejar cuestiones de Estado. El Gobierno quedó expuesto por no negociar, por mostrarse pedante y autoritario frente a los demás”. Ineptitud, pendatería y autoritarismo. El lugar común de maldecir a un gobierno que todavía mantiene un alto nivel de adhesión y acumula muchos logros en su haber. Pero, en cierta forma, Patricia Bullrich, sigue siendo un faro intelectual, al menos para pensar lo contrario. Además de luces, le falta autocrítica. El gobierno del que formó parte nos condujo a la crisis de 2001, una de las peores de nuestra historia y provocó un default de verdad. ¿Qué valor puede tener lo que diga alguien que no ha producido más que desolación en su gestión de gobierno? Y lo que estamos pagando es eso que la Alianza nos dejó.
Lo crudo y lo quemado: discurso vs cuentitos
Lejos de la sumisión que exigen estos personajes, el Gobierno se ha puesto, una vez más, de nuestra parte. El ministro de Economía, Axel Kicillof, ha sido uno de los protagonistas más activos de las negociaciones con Griesa, el mediador inclinado y los representantes de los buitres, a cuello descubierto y sin corbata, pero con mucha valentía y convicción. Y contra todo lo que recitan hasta el hartazgo los opositores a ultranza, nuestro país negoció al ofrecer la apertura del canje, asegurando ganancias de casi el 300 por ciento para los litigantes. Si esto es así, no es por capricho, sino porque la Ley lo dispone. Nuestra ley es más importante que la interpretación capciosa de un magistrado en retirada, avalada por la Justicia Imperial. Y no sólo nuestra ley es más importante, sino nuestro futuro. Por eso emociona y tranquiliza que Kicillof, CFK, Capitanich y todos los exponentes del oficialismo afirmen que no aceptarán nada que comprometa la soberanía.    
Pero lo que más desespera a la oposición es el relato. Este término aparece como si todo –absolutamente todo- lo que asevera cualquier funcionario identificado con la K formara parte de un cuentito alejado de hechos reales. Sin embargo, eso que llaman ‘relato’ es la justificación de todas las acciones que nos han hecho vivir la mejor década de nuestra historia reciente. Y sin exagerar. Ese relato que inserta cada paso en un recorrido, que explica cada decisión con sus causas y consecuencias, que privilegia el conjunto sobre las particularidades. Con la síntesis de Kicillof -“decir que entramos en default es una pavada atómica”- estos personeros del pasado, detractores del presente y destructores del futuro se habrán escandalizado. Afirmar que una sentencia de las calificadoras de riesgo es una pavada atómica debe parecerles una blasfemia.
 Entonces, insistamos con la herejía de desatender los dictámenes del Poder Fáctico y sigamos haciendo todo lo contrario de lo que su lógica diagnostica. Si ellos dicen que hay que acatar, seamos desacatados. Si exigen obediencia, seamos desobedientes. Si aconsejan bajar el gasto público, dediquémonos a la prodigalidad. Porque esas recetas nos han llevado a la ruina y, a pesar de eso, siguen insistiendo con la salmodia neoliberal.
En nuestro primer día de default, no pasó nada. Claro, para el espectador de TN y sus satélites los salarios bajaron, la inflación se multiplicó, el dólar ilegal saltó como una langosta, la desocupación subió por el ascensor hasta la azotea. En la vida real, nada de eso ocurrió. Al contrario, La Presidenta anunció por Cadena Nacional el aumento del 17,21 por ciento de las jubilaciones, lo que significa una suba del 2054 por ciento desde 2003. Tan mal no nos ha ido con el relato K. Y esto es sólo una foto: la peli es más intensa.
Además de esta buena noticia, Cristina deschavó la movida de los bancos. Y uno que se había ilusionado con un gesto patriótico de los que tanto daño hicieron y tanto dinero han ganado a nuestra costa. Mejor, otra careta que se desmorona, otro dato para no confundirnos. Pero también emocionó, como nos tiene acostumbrados. Ante los militantes, después del discurso oficial, CFK confesó: “algunos dicen que cuando hablo con ustedes me cambia la cara. Pero, aunque no se vea, cuando estoy con ustedes me cambia el corazón”. Mientras estos conmovedores momentos se suceden, hay unos tipos que cuentan los días que faltan para el fin de su mandato y gastan su ingenio en cuentas regresivas en lugar de invertirlo en propuestas concretas. Pero propuestas en serio, no el recitado de esas frases lindas que ocultan las más nefastas intenciones. Esos son cuentitos y debemos comenzar a desecharlos.

miércoles, 30 de julio de 2014

Malvinizar: un verbo con nuevos desafíos



Si la mayoría de los jueces acompañaran sus fallos con recomendaciones literarias, el mundo funcionaría mucho mejor. Un juez de familia rosarino, Ricardo Dutto, encontró en la lectura grupal una manera de reforzar los lazos de una familia en vías de disolución. No incluyó cualquier cosa en las sesiones semanales, sino la Convención de los Derechos del Niño, “El Principito” y “Ética para Amador”, de Fernando Savater. Claro que esto puede ocurrir cuando los magistrados tienen el hábito de la lectura. Algunos ni siquiera leen sus fallos, como Thomas Griesa quien, en la versión taquigráfica de su última audiencia, muestra estar muy desorientado. Si el magistrado hubiera leído “Economía a Contramano”, de Alfredo Zaiat, las descabellas decisiones que ha tomado no amenazarían nuestro fin de mes. Y de haber ojeado al menos “Los buitres de la deuda”, de Mara Laudonia, entendería mejor el trabajo que ha costado llegar al canje de deuda en 2005 y respetaría más su compleja orfebrería. Además, comprendería mejor la calaña de los individuos a los que está defendiendo.
Hace unas semanas, sosteníamos que el juez estaba alineado sin dudas con los intereses carroñeros. Ahora, podemos afirmar que no sólo es un apologista de los buitres sino que sus representantes le dan letra. Con sólo leer fragmentos de las audiencias, se nota que no entiende lo que está en sus manos ni el daño que puede producir con su intransigencia. Más allá de eso, nuestra mirada no debe detenerse en Griesa, porque hay un sistema judicial que avala su permanencia y ha ratificado sus decisiones. Además, el silencio de Barack Obama puede ser considerado complacencia o interpretado como debilidad. Mientras más alterado esté el patio trasero, mejor podrá desplegar su poder imperial, más ahora que el subcontinente se está despertando de la pesadilla neoliberal.
Si bien los especuladores financieros no tienen patria sino mucha angurria, su despiadada avidez los conduce a dominar el mundo entero. Por eso sorprende –o no tanto- que muchos actores de la política argentina pontifiquen ante los micrófonos sobre la necesidad de someternos a semejante pulsión destructiva. Al contrario de lo que dicen, si obedecemos, perdemos por goleada, porque la soberanía económica consolidada durante todo este tiempo se desmoronaría. Quizá por ser tan locuaz, la diputada Carrió sea la más invitada para llenar espacio en los medios opositores. Que quede claro: no por su coherencia, sino por su funcionalidad. El lunes por la noche destacó que "los caprichos de los funcionarios nos pueden hacer entrar en cesación de pagos. Ella cree que lucha contra el imperio pero lo paga el pueblo de la Nación". Una manera irrespetuosa de diseñar un escenario de caos y de minimizar los esfuerzos para solucionar un problema histórico. Claro que estamos luchando contra el Imperio, llámese EEUU o Elliot, cada vez que intentan vulnerar la soberanía o avanzar sobre nuestros bienes. Y si para la diputada Carrió es un capricho obedecer lo que establecen nuestras leyes, debería renunciar a su banca.
Para que no queden dudas de su idolatría al país del Norte y la mirada colonizada que tiene del mundo, Carrió sintetizó que Griesa "es un juez. Los jueces americanos tienen la cultura de 'el que debe, paga'. Es otra cultura". Importante destacar que dice ‘jueces americanos’, como los yanquis se llaman a sí mismos. Y claro que es otra cultura, aunque no merece ninguna idolatría, como si fuera admirable el afán hegemónico invasivo que orienta las acciones de ese país.
Sin embargo, estos actores políticos ya no se están oponiendo sólo al gobierno, sino a los intereses del país. Pero como no tienen nada que proponer, más que desparramar estiércol a trochemoche, buscan las comparaciones más estrambóticas. Y también dolorosas: “Cristina no tiene inteligencia. Ha crecido con esto como creció Galtieri. La dictadura genocida tuvo el máximo de popularidad con Malvinas”, vociferó Carrió. Entonces, aparece en escena esta nueva categoría política: la malvinización.
¿De qué se trata esto? "Esto es de manual ­–explica la diputada- Cuando se están yendo, cuando no tienen legitimidad, se mandan una guerra, una gesta patriótica”. No se puede ser tan irresponsable, tan cruel con las víctimas de la dictadura, tan destructora de la memoria colectiva. Esto no es una guerra ni tampoco es responsabilidad del Gobierno. Y Cristina ni ninguno de los presidentes democráticos que hemos tenido merecen ser comparados con Galtieri. Sí tiene razón al decir que estamos ante una gesta patriótica, ante un hito en la historia del mercado financiero global. De no ser así, no hubiéramos recibido tantos apoyos internacionales en este conflicto con los buitres.
A pesar de estas incongruencias vomitadas por Carrió, el nuevo verbo –malvinizar- circula por las bocas de los que no reciben buenas señales de sus respectivos cerebros. Con lo que no cuentan es con la habilidad del kirchnerismo para transformar las muletillas opositoras en conceptos propios. Y tal vez malvinizar se convierta en un desafío, en un nuevo faro que oriente nuestros pasos. No en el sentido que le da la extravagante legisladora en permanente ausencia, sino como una defensa constante de nuestra soberanía en cada tema y en cada terreno. Si es eso lo que estamos tratando de recuperar durante todos estos años.

lunes, 28 de julio de 2014

Plumas y lenguas descontroladas



En este espacio jamás se alentará la censura, porque la libertad de expresión es un derecho esencial. Pero toda libertad necesita responsabilidad para consolidarse. Más aún cuando consideramos la obra de un comunicador con experiencia y no el grafiti que un adolescente borronea en una pared. Hermenegildo Sabat, notable caricaturista de Clarín, no sólo ilustra una página, sino que editorializa con cada movimiento de su virtuosa pluma. Cada tanto, escandaliza con alguno de sus trabajos. Unos años atrás, la caricatura de Cristina con un ojo en compota o con la boca tapada con dos apósitos cruzados inspiró las más encendidas interpretaciones, desde la violencia de género hasta los aprietes mafiosos. Esta semana, fue más allá. Un juez Griesa gigante ante una CFK sumisa y empequeñecida no sólo pisotea principios republicanos, sino que evoca los peores momentos de nuestra historia. Pero no es el único que se muestra feliz ante este mal trance con la justicia del Norte. Algunos salen a bailar y cantar, como alegres ratones ante la ausencia del gato.
Para Sabat, un juez neoyorkino es más poderoso que un presidente elegido con el voto popular. Y no cualquier presidente, sino el del país en donde esbozó el dibujo. Que Cristina aparezca de rodillas en la imagen parece satisfacer –y hasta divertir- al autor. Y no cualquier juez, sino el juez que puede desbaratar los acuerdos alcanzados con los bonistas que aceptaron al canje. Un magistrado cuya capacidad de comprensión es cuestionada por analistas económicos de su misma nacionalidad. Hasta la corresponsal de TN, Silvina Sterin Pensel, considera que Griesa no sólo se muestra confundido sino que requiere la guía de los abogados de los buitres para tomar cualquier resolución. ¿Acaso Sabat no consume el medio para el que trabaja?
Además, el fallo de Griesa no sólo amenaza la economía del país sino la estabilidad de todo el sistema financiero en relación a las deudas soberanas. Si CFK pierde, perdemos todos porque nuestro patrimonio estará una vez más sometido a la voracidad internacional. Pero algunos tienen una mirada de tan corto alcance que llegan a decir incongruencias inadmisibles. Como la diputada nacional Elisa Carrió, que explicó –sin repetir y sin soplar- que “lo que quiere Griesa es una garantía de que van a pagar alguna vez”. ¿Por qué usa la tercera persona, si los que tenemos que pagar somos todos? Y el absurdo de una ironía con intenciones de titular: “no poner una garantía es como ir al default por una Louis Vuitton”. Si el canje se desmorona por la arbitrariedad senil del patricio juez, ni todas las carteras del mundo bastarán para saldar la fiesta neoliberal que está estallando ante nuestro rostro.
Y la mayor estupidez de todas las dichas por esta pintoresca diputada, “que junte parte de su plata y ponga”, indica que no comprende el monto del que estamos hablando. Por supuesto, para su ideario no-político, la culpa de todo es de Cristina, que está haciendo un “daño terrible” al país porque “es todo por venganza”. ¿Venganza hacia quién? Lo peligroso de poner el micrófono ante un individuo como Carrió es que gracias a eso consigue el apoyo de desprevenidos votantes que la colocan donde, de ninguna manera, merece estar.
De la verborragia a la injusticia
Menos mal que todavía quedan patriotas que están atentos a estas cosas. Un grupo de profesionales y estudiantes impidió que Domingo Cavallo brinde una charla en el auditorio del Colegio de Profesionales de Ciencias Económicas en la ciudad de Santa Fe. El fundamento de este rechazo aparece en un documento en el que lo declaran persona no grata. Los graduados y estudiantes manifestaron su desagrado ante Cavallo, “una persona que está procesada por la mayor estafa económica de la argentina reciente”, el Megacanje que multiplicó la deuda que hoy está alterando nuestra vida.
También, sintetizan el currículum del ex ministro que nos condujo a las peores cloacas, con la estatización de la deuda privada durante la dictadura, la convertibilidad que destruyó industria y empleo, las rebajas en salarios y jubilaciones y demás delicias de su perverso ideario. “Su último paso por la función pública culminó en la mayor crisis económica-social de la historia argentina", agrega el documento. En verdad, este oscuro personaje aún goza de un prestigio inexplicable. Si los jueces fueran justos, debería terminar su vida en la cárcel. Mientras tanto, facilitar la difusión de su palabra con charlas, entrevistas y libros debería considerarse una apología del delito.
Por eso hay tanta confusión. El peligro de los golpes terminó con el Juicio a las Juntas, aunque las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y los indultos firmados por el Infame Riojano debilitaron bastante el mensaje hacia la sociedad. Recién con Néstor Kirchner se fortaleció con la anulación de las Leyes del Perdón y el inicio de los procesos judiciales. De los golpes militares, estamos hablando, no de los económicos, que fueron los que terminaron con los gobiernos de Alfonsín y De la Rúa. Y si hubieran sido condenados por la Justicia, nuestra vida sería más armoniosa. Pero no, hay jueces que están tan alineados con estos intereses destructivos que no sólo dictan cautelares para proteger a sus exponentes sino que dejan pasar el tiempo para que las causas prescriban. ¿Cómo es posible que el vicepresidente Amado Boudou deba responder por un auto comprado en 1993 y los ideólogos del Megacanje gocen de inmerecida libertad por prescripción, cuando es un hecho posterior?
Entonces, no deben llamar la atención las declaraciones de algunos exponentes de la oposición, como Mauricio Macri quien, no sólo reivindica lo realizado en los noventa sino que amenaza con la Restauración, en el aterrador caso de llegar a la Rosada. O el presidente de la SRA, Luis Etchevehere, quien consideró los años del kirchnerismo como una década depredada, sin tener en cuenta más datos que la angurria de la clase a la que representa. ¿Qué exige esta minoría patricia? Que los dejen especular, evadir, explotar trabajadores, fugar divisas y contrabandear en paz. Que no los molesten en su vampírica pulsión de succionar los bienes del país en su exclusivo beneficio. Caradura, justo alguien así viene a hablar de depredación.
Como siempre, la reconstrucción de nuestro país está amenazada por el asedio de las corporaciones, tanto las económicas como las judiciales. La voluntad soberana no debe estar supeditada a los caprichos de estos actores que nunca se someten al voto popular. Instancia que desprecian, porque se han sentido más cómodos con las dictaduras. Por eso, Etchevehere se da el lujo de reclamar, en la inauguración de la 128° Exposición Rural, que “nadie mire para otro lado ni haga la plancha porque en 16 meses se puede hacer mucho bien, pero también se puede insistir en los desaciertos”. ‘Desacierto’ que, en castellano, quiere decir que el populacho vuelva a votar al kirchnerismo por el chori y el tetra.
Estos individuos no tienen argumentos y por eso deben recurrir a las mentiras, como que Los K “depredaron los recursos del campo, las reservas energéticas y las del Banco Central”. Y mucho cinismo porque, tratando de conmover a los bolsillos que escuchaban, Etchevehere vomitó: “este proyecto no tiene alma, no tiene amor por la Patria ni por los argentinos”. Ja. Como si el auditorio –y el propio orador- comprendiera el significado de esas palabras. Como si en estos once años esos sentimientos no hubieran inspirado gran parte de las medidas. Como se dijo al principio, toda libertad necesita responsabilidad, hasta la de ganar dinero con cualquier emprendimiento.

viernes, 25 de julio de 2014

El vil trasfondo de una guerra



Cuando no bastan las denuncias, las protestas y las lágrimas, hay que intentar otra cosa. El mundo del futuro no se puede basar en un interminable conteo de muertos producidos por la prepotencia imperial. Si esto es una venganza del Estado de Israel por los crímenes del nazismo, que se atrevan a bombardear Alemania, aunque no tenga nada que ver. Menos tienen que ver los civiles que terminan sus días masacrados por los misiles que se disparan sobre Gaza. Estas líneas no tienen como objetivo dilucidar quién comenzó este conflicto, sino clamar por su finalización. Un pedido más, entre tantos. ¿Qué satisfacción produce la aniquilación del Otro? ¿Qué aporta conquistar un poco más de territorio en un planeta tan grande? ¿Qué fin supremo persigue el que decide lanzar un misil? ¿Acaso hay principios religiosos que justifiquen semejante desprecio por la vida ajena?
Si la historia de este conflicto no aporta soluciones, habrá que dejarla de lado. Pero esta matanza no debe continuar porque cada explosión nos ensordece a todos. Nos golpea el corazón, no sólo por las muertes sino también por las confusiones que, en la vida cotidiana pueden aparecer. Si el gobierno de Israel está usurpando territorio desde hace décadas y asesinando a los que se opongan, nuestros conciudadanos practicantes del judaísmo no tienen responsabilidad en este asunto. Que esto se aproveche para dar rienda suelta a prejuicios arraigados durante décadas no hace más que aportar oscuridad en nuestras relaciones. No todos los judíos son israelíes ni todos los israelíes son judíos. No todos los israelíes -judíos o no judíos- comparten el afán expansivo y genocida que emprendió esa nación desde su independencia en 1948. Tampoco son los culpables absolutos: difícil descifrar quiénes arrojaron la primera piedra y todas las sucesivas. Lo más importante es frenar este intercambio de disparos. Y después, lo sustancial: abordar una resolución definitiva que incluya la devolución de las tierras conquistadas.   
Fácil decirlo en un espacio de tan poco alcance, pero difícil concretarlo, más aún cuando las partes involucradas no demuestran voluntad de hacerlo y las víctimas no tienen siquiera voz. Pero peor cuando hay intereses que van más allá del territorio y el estilo de vida en disputa. Intereses poderosos que se ocultan en el ya no tan inmaculado mundillo financiero. Porque en las guerras no gana ninguna de las partes en pugna, sino quienes las instigan desde muchos kilómetros de distancia para obtener réditos con la fabricación de armas y los préstamos otorgados para la reconstrucción. Predadores furtivos que ni siquiera conocen la zona que eligen para clavar sus colmillos. Eso sí: nunca son acusados de nada. Por el contrario, en muchos casos, son protegidos por los demás poderes. No sólo protegidos, sino también alentados. Incluso respetados e idolatrados. Hasta que estos individuos no reciban un castigo o al menos, límites en su capacidad de daño, la paz será sólo una aplaudida palabra para acomodar en algún discurso de ocasión.
Una batallita vernácula
Aunque suene desafortunada la analogía, no lo es. El antojadizo fallo del juez Griesa está al servicio de esos intereses nefastos. Si no entiende de qué se trata la cosa, como sugiere el reciente artículo del New York Times, que lo reconozca y dé un paso al costado, en lugar de seguir embrollando el conflicto. Esos buitres –y muchos otros- son los que amasan su fortuna a fuerza de destrucción. Los cronistas que asistieron a la última audiencia narraron el desconcierto que habitaba la cabeza del senil magistrado. ¿Cómo alguien así puede tener en sus manos decisiones tan importantes? ¿De qué pureza institucional hablan los que se babean con el modelo yanqui? ¿Qué sentido de justicia puede reinar en un sistema que basa su poderío en propalar injusticias?
A pesar de estas fisuras en ese sistema decadente, todavía hay muchos que no alcanzan a comprender la dimensión del ataque que estamos padeciendo. Uno de los candidatos presidenciales –el menos favorecido por las luces intelectuales pero el más beneficiado por las luminarias mediáticas- vocifera que, como perdimos en el tribunal de Griesa, merecemos el yugo por el resto de nuestra vida. “Por más que nos enoje, nos disguste y no nos simpaticen los fondos buitre –explicó Mauricio Macri- lo importante es no castigar a los argentinos, no castigar al país con un problema de incumplimiento”. En esto demuestra que no entiende nada o es muy cínico. Y en este caso, las dos opciones no pueden coexistir. Porque cumplir con el fallo es condenar nuestro futuro.
Otro postulante que se enreda es Sergio Massa, que aseguró con tono comprometido que “todo lo que la Argentina pueda hacer para evitar el default lo tiene que hacer”. Engañosa declaración: no vamos a entrar en default porque ya hemos pagado. Si los bonistas no cobran, nada tenemos que ver con el asunto. Y si llama default al desacato del fallo, se está poniendo de parte de los inescrupulosos litigantes y su servidor con toga. Como expresó CFK en estos días, “van a tener que inventar un nombre nuevo”. Griefault, buitrefault o lo que quieran. Pero además, el líder del Frente Renovador amenazó con poner a disposición del Gobierno Nacional “la solvencia” de su equipo económico, integrado por Roberto Lavagna, uno de los gestores del canje de 2005 y Martín Redrado, un apologista histórico del neoliberalismo y del Megacanje que desembocó en la crisis de 2001.
El tercer candidato que aportó sus inconsistencias fue el ex vicepresidente opositor, Julio Cobos. “Uno puede buscar todo el apoyo internacional del mundo, pero lamentablemente hay un juez que ya dictó sentencia y eso hay que respetarlo”, pontificó, sin rubor. El ingeniero mendocino antepone la potestad de un juez a la voluntad soberana de los países que se han solidarizado con nuestra posición. Ya que Griesa es tan poderoso podríamos pedirle que frene el bombardeo en Gaza.  
Pero hay una cuestión que es muy importante: el 30 de julio nuestro país no entrará en default porque los bonos de los especuladores ya están en esa situación desde la declaración del efímero presidente Adolfo Rodríguez Saa. Y hemos sobrellevado muy bien la situación en todo este tiempo. No sólo hemos sobrevivido, sino que hemos crecido como nunca. El Informe Mundial 2014 del Programa de la ONU para el Desarrollo revela que Argentina cuenta con “muy alto índice de desarrollo humano” y la ubica en el puesto 49 sobre 187 países. Y no es por la nacionalidad de Dios ni por el viento que nos sopla en la cola, sino por políticas de redistribución, inversión –más estatal que privada- y, sobre todo, de inclusión.
El apoyo a estas medidas puede garantizar la continuidad de este proyecto. Los que protestan por las moratorias previsionales o las facilidades para viviendas cada vez son menos. Al igual que quienes denuestan al Gobierno por el conflicto con los buitres. Eso significa que hay más luz en nuestra sociedad y, por tanto, una mayor comprensión del camino que estamos transitando.