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miércoles, 18 de mayo de 2016

Despedida temporal

Estimados lectores:
   Por unos días, estos apuntes no van a renovarse. Hasta el 26 de mayo se van a tener que conformar con la relectura de los textos anteriores. Esta tarde viajo a Salta y Jujuy para disfrutar de esos paisajes que extraño. Mi cabeza necesita algo bello para oxigenarse y mi gato ya no es suficiente. No desesperen, una semana pasa pronto. Abrazo a todos y gracias por el apoyo. Gustavo Rosa

lunes, 16 de mayo de 2016

Una escalera al infierno amarillo



La meritocracia –tan debatida en estos días- porta más perjuicios que bondades. En principio, parece ideal un sistema que premie a los que demuestran tener méritos suficientes para el lugar que intentan alcanzar en la sociedad, aunque incluya competencia permanente y aliente posiciones individualistas. Hasta puede parecer tentadora una sociedad en la que cada miembro deba superarse a sí mismo a toda hora todos los días, más allá de lo agotador que resulte. Sin embargo, hay dos aspectos que convierten en imposible este peligroso ideal: el punto de partida y los encargados de establecer las metas. Si todos los participantes están en condiciones de igualdad al momento de comenzar la carrera y si las reglas fueron convenidas y no impuestas, podría empezar a discutirse la posibilidad de la meritocracia. Como el mundo es desigual desde hace mucho tiempo y está gobernado por una minoría insaciable, instaurarla no sería más que un intento de legalizar la explotación de una mayoría cada vez más empobrecida.
La meritocracia encierra la promesa de un ascenso social de escalones bajos pero muy difíciles de escalar. Las exigencias son ilimitadas y los premios, exiguos. Sumisión, obediencia, humildad y una dedicación rayana a la obsecuencia componen el entramado del sayo que debe vestir el aspirante. La única ambición es despertar la complaciente sonrisa del Amo Invisible representado por un igual que está apenas unos escalones más arriba. El mayor temor, que un fallo nimio provoque el escarnio de descender unos peldaños o quedar fuera del juego. A pesar de estos riesgos, la meritocracia destila un tentador aroma posmoderno y encierra una irresistible lógica mundana. Hasta parece un método justo y amable de ordenar la sociedad. Y, sobre todo lima las asperezas ideológicas que encierra toda relación laboral.
La meritocracia es muy PRO y como no podía ser de otra manera, el empresidente Macri firmó un convenio con Arcos Dorados-Mc Donald’s Argentina para concretar la promesa del programa Primer Empleo. Esta empresa imperial de comidas rápidas es el emblema del sistema de felicidad explotadora meritocrática y ofrece 5 mil puestos de trabajo para jóvenes de sectores vulnerables. Para el ministro de Trabajo Jorge Triaca, “a partir de este tipo de acciones, muchos podrán acceder al primer empleo y adquirir los conocimientos básicos para incorporarse al mercado del trabajo”. Siempre y cuando acepten trabajar 30 horas semanales por 4800 pesos al mes. Y además, el Estado se vuelve cómplice de la explotación al abonar casi un tercio del salario para beneficiar, una vez más, a los que más tienen. Como contrapartida, los amarillos dan la espalda a las cientos de cooperativas que se han formado en estos años para brindar dignidad a miles de trabajadores.
Excesos de los participantes
Pero la meritocracia PRO es todoterreno. En estos días hemos presenciado las más ominosas muestras de este perverso modelo. Algunos participantes hacen lo imposible para seguir en carrera, aunque deban ofrendar lo poco que les queda de dignidad. El establishment es severo a la hora de evaluar a los jugadores y nada puede atenuar su sentencia. Por eso, lo más conveniente es satisfacer sus exigencias, por más absurdas que sean. Margarita Barrientos, la militante mimada por los amarillos, tuvo que hacer una recorrida mediática para trepar un poco la escalera. La opereta tenía como objetivo horadar la figura del Papa que, según parece, no hace más que destinar su simpatía hacia el ideario K.
Cuando Bergoglio se transformó en Francisco, los miembros del Círculo Rojo esperaban tener en el Vaticano un aliado para la restauración. Pero no, lejos del Papa opositor que deseaban tres años atrás, se toparon con uno casi camporista. Después de encontrarse muchas veces con Cristina y manifestar un “especial afecto”, los voceros del Poder Real comenzaron a cuestionar sus gestos. Y a enloquecer con sus mensajes en contra del capitalismo salvaje y el consumismo enfermizo. El rictus malhumorado del Sumo Pontífice al recibir a Macri ya como presidente indignó a los que se desesperan por mostrarse oficialistas. Y ahora que recibirá a Hebe de Bonafini lo han convertido en el anticristo. Los pucheritos de Barrientos ante las cámaras intentaban evidenciar que Francisco ha tomado partido por un lado de la grieta y no el oscuro, precisamente. La fundadora del Comedor Los Piletones padece las consecuencias de sus contradicciones. Que un pobre apoye a un gobierno para ricos es mucho más que un error de clase, más aún cuando ella misma reconoce que desde la asunción de Macri se incrementó en un 50 por ciento los que van a comer a su institución.
Pero no es el único personaje que deja todo en pos del ascenso social. Otro que se inmola por la causa anti-K es el juez Claudio Bonadío, que no se inhibe de crear adefesios procesales con tal de brindar titulares al Grupo Clarín. Hasta sus superiores de la Sala II de la Cámara Federal admiten que el multi-denunciado magistrado siempre incurre en numerosas irregularidades en cada causa que cae en sus manos. Con el procesamiento a Cristina, Axel Kicillof y otros ex funcionarios está pidiendo a gritos su destitución, pues no hay delito en el caso del dólar futuro. Por el contrario, los sospechosos están del otro lado y son los actuales funcionarios que devaluaron la moneda para obtener enormes ganancias con esa operación. Si no hubieran tomado esa medida, el Banco Central hubiera ganado, en lugar de perder. Pero como el mamarracho de Hotesur se está desarmando y el lavado de dinero de Lázaro Báez se aproxima cada vez más a Macri, nada mejor que un bochornoso proceso para distraer la atención.
El juego de la meritocracia es muy cruel. Todos los participantes pierden una parte de sí mismos con cada escalón que superan. Los que llegan no son como eran y se transforman en seres viles, desconfiados, traicioneros, engreídos. Aunque se crean cerca de la cima, siempre les quedará un poco de ser para abandonar y algunas dignidades que pisotear. Y la mirada del Amo nunca los abandonará para premiar o castigar cada paso.
Como triste consuelo, Macri no es el Amo, sino apenas un participante destacado. Tanto él como sus funcionarios compiten en esta carrera por el mérito. La mirada que evalúa está más allá de nuestras fronteras. Por eso hacen buena letra y amoldan el país a los requerimientos del Norte; por eso hablan de libertad de comercio y supermercado del mundo; por eso buscan sancionar las huelgas; por eso fueron los primeros en reconocer el golpe de Estado en Brasil; por eso abren las puertas a la especulación financiera. Porque quieren obtener las caricias de los poderosos, aunque para ello deban someter al pueblo que dicen representar. De esta manera, alcanzarán destacados puestos en los cuadros de honor de alguna oficina en Wall Street, pero jamás conquistarán el corazón de los que confiaron en ellos. Engaños y traiciones sólo figuran en las peores páginas de los libros de historia y los amarillos ya tienen ganado su lugar.

jueves, 12 de mayo de 2016

Las peores canciones del sinceramiento



Que el ministro de Justicia se haya reunido en secreto con una apologista de los represores es una evidencia más del lado de la grieta donde se sitúan los amarillos. Que Macri haya juntado a los empresarios más encumbrados para desarticular la ley anti despidos muestra su nerviosismo. Que el Centro Cultural Kirchner se use nada más que para actos de gobierno y no para espectáculos públicos señala una intención provocativa. Que el escándalo de los Panamá Papers sólo impacte en los medios internacionales y en los locales brille por su ausencia indica su gravedad. El sinceramiento que tanto abunda en el discurso PRO se está transformando en sincericidio: mientras más tratan de tapar sus oscuras intenciones más evidentes se vuelven. Sólo los hechizados por la marketinera máscara no alcanzan a advertir la peligrosidad de los tiempos que se vienen.
Cecilia Pando recobró cierta visibilidad esta semana porque ganó un juicio a la revista Barcelona por una caricatura supuestamente injuriosa. Quizá por eso se haya filtrado el dato del silencioso encuentro que se produjo entre ella y el ministro de Justicia Germán Garavano el último lunes de abril. Establecer si este hecho y la generosa sentencia que le regala 40 mil pesos a la desenfrenada defensora de la dictadura guardan alguna relación quedará para otro apunte. O para la sospecha perpetua. Después de todo, si la reunión se concretó sin publicidad será porque avergüenza. Que el funcionario encargado de asistir al Gerente de La Rosada en asuntos legales y de DDHH reciba en las sombras a un personaje que considera ‘presos políticos’ a los genocidas no puede generar otra cosa.
Pero los PRO son expertos en interpretar sus papeles y cuando las luces se encienden, sus resplandecientes sonrisas zen están dispuestas para brindar las explicaciones más incongruentes. En una misma pirueta inverosímil pueden convertir a la ex ESMA en una sucursal de Disney World o presentar con brillo y colorido las inasibles reformas del programa Justicia 2020. Con el Supremo Ricardo Lorenzetti como espectador vip, Macri y Garavano se convirtieron en los animadores de una nueva pantomima gubernamental. Sin contenido, como siempre, pero plagado de propuestas bonitas. El CCK fue el escenario donde Macri convocó a los jueces para que “no haya impunidad para nadie”. Para nadie que huela a kirchnerismo, vale aclarar, porque de limpiar los prontuarios amarillos se encarga la Oficina Anti Corrupción, incompresiblemente comandada por Laura Alonso. Así, para las cámaras, entonaron una alegre canción que propone “una justicia cercana, moderna, transparente e independiente”. Cómo lograrán tan ambicioso proyecto quedará para la próxima entrega de este show que parece no tener fin.
Objetivos de los patricios
Pero no fue ésta la única muestra de ductilidad del Gran Equipo. La maniobra con los empresarios para desalentar la ley anti-despidos podría haber sido más efectiva con actores menos vistos en sainetes de otras décadas. Además, el Acta de Compromiso fue tan escueta y precipitada que no pudo ocultar la insinceridad de los firmantes. En el breve texto, además de ponderar como positivas las políticas del Gobierno ceocrático, los grandotes de la economía vernácula expresaron: queremos comprometernos a no reducir nuestros planteles de empleados durante al menos los próximos 90 días”. Quieren comprometerse, pero no lo logran. Primero, porque el Estado macrista brinda un mal ejemplo. Y segundo, porque mientras estampaban sus firmas, algunos ya estaban cursando los telegramas de despido. El único compromiso que tienen es el de engrosar sus arcas a costa de nuestro sudor y manifiestan esta perversa intención con los monstruosos precios que adornan todo lo que producen.     
Como resultaba muy evidente el artilugio, el empresidente convocó a los representantes de las Pymes, no por verdadero interés por este sector, sino para poner al opo-oficialista Sergio Massa un poco más de su lado. “La solución no es la arbitrariedad, no es la prepotencia, sino la generación de confianza”, recitó Macri, una vez más, para cuestionar la futura ley que se verá obligado a vetar. Después de anunciar una serie de medidas improvisadas, declamó: “creamos nuevas herramientas para que alivien y saquen de la asfixia financiera, del exceso de impuestos y regulaciones a una gran parte de las Pymes”.
En realidad, si las pequeñas y medianas empresas están en dificultades no es por el exceso de impuestos, sino por las despiadadas medidas tomadas por su Gran Equipo. La devaluación encarece los insumos y el incremento de las tarifas hace imposible el funcionamiento de fábricas y talleres cuyos propietarios no tienen demasiada espalda para enfrentarlo. La caída del mercado interno por el deterioro del salario y los vengativos despidos inhiben la actividad que venía en crecimiento. Con la soberbia de un patricio, el apátrida simula una solución pero sólo echa más nafta al fuego: con la baja impositiva desfinanciará al Estado y con los créditos endeudará a las Pymes no para crecer, sino para abonar facturas. Ridícula solución brinda el Gran Equipo a un problema generado por sus perniciosas decisiones.
Ridícula o sincera, porque está gobernando la clase dominante. Muchas veces hemos escuchado a Macri declarar que el país de sus sueños es el del Centenario, el del granero del mundo, ahora reciclado como supermercado. En pocos meses, nuestra economía ha retrocedido: por primera vez desde finales de los noventa, las exportaciones de productos primarios superaron en marzo al volumen de los despachos industriales. El mayor retroceso lo marcó el sector de plásticos, maquinaria, autos y los artículos de economías regionales, que tanto abundan en las promesas de los PRO. La industria, que es lo que genera valor agregado y mayor mano de obra, está siendo bombardeada por el propio gobierno, en parte para responder una orden imperial y en parte para generar una crisis que justifique nuevos ajustes.
El país pequeño donde sólo unos pocos puedan gozar de los bienes de todos es el objetivo de esta pandilla. No hay que exigir autocríticas porque no se están equivocando. Si nos están llevando al desastre es porque así lo quieren. Ya no necesitamos el sinceramiento de los gobernantes, sino el despertar de los confundidos antes de que las ruinas comiencen a rodearnos.

lunes, 9 de mayo de 2016

La libertad de las fieras



Un conocido escritor latinoamericano –“de cuyo nombre no quiero acordarme”- visitó en estos días el país para respirar los “nuevos aires de libertad” que soplan con el gobierno de Macri. Después de celebrar con “simpatía y alegría” el regreso a “la razón, la sensatez y la cordura”, pronunció una frase que puede inspirar miles de ironías: “el paraíso no es de este mundo”. Como uno de los involucrados en los Panamá Papers, debe conocer muy bien la localización de los paraísos, aunque se resista a revelarlo. Y con la investidura de intelectual que ostenta debería sospechar que el modelo económico que defiende ha sido responsable de desatar varios infiernos en distintos puntos del planeta. ‘Libertad’ y ‘paraíso’ en el imaginario de personajes como éste sólo pueden provocar una opresión infernal en los pueblos que padecen la lógica del derrame que vuelve a invadir estas tierras.
En esas bocas, ‘libertad’ se transforma en palabrota, pues no es más que la pulsión de especular y vaciar los países en donde se instala. El Escribidor festeja la cordura de que el Banco Central eleve a cinco millones la adquisición de dólares para favorecer la fuga de capitales, que ya está batiendo un récord. Y la fuga –ya sabemos- se transforma en deuda. Entre todos financiamos la acumulación de unos pocos con la precarización cotidiana a la que nos someten los que venían a distribuir alegría. La claudicación con los buitres permitirá tomar dinero afuera a bajo costo, colocarla en pesos a tasas altas –el 38% anual- convertirla a dólares y enviarlas a algún paraíso inexpugnable. La famosa Bicicleta Financiera de Martínez de Hoz que funcionó con altibajos hasta entrados los noventa. Bendita libertad para una minoría que empobrece a millones.
“El retorno de la razón”, festejó el Premio Nobel; una razón que no tiene que ver con el raciocinio, sino todo lo contrario. Razón que es el retorno de un discurso único destructivo, la imposición de los argumentos de los poderosos, siempre latentes en el sentir de los colonizados. Razón que significa satisfacer sin límites la avaricia de los que más tienen a costa de sumergir al resto, como hemos experimentado muchas veces en nuestra historia. Una razón que obliga a arreglar con premura el conflicto con los empleados bancarios y que deja correr el tiempo con los docentes universitarios: un banco no puede estar cerrado, pero nada importa lo que ocurra con una universidad. Razón que es desplegar un vocabulario razonable cargado de cinismo, en el que bajos salarios, nulos impuestos y cero controles significan ‘competitividad’. Razón que es calificar como republicano a un Estado cómplice y como corrupto a uno benefactor. Pero la razón que ellos impulsan no es más que un desenfrenado latrocinio que sólo produce desolación.
La venda que tapa el bosque
Mientras la Pluma del establishment pondera al nuevo gobierno argentino desde un atril consagrado, la oscura realidad que subyace pugna por volverse tapa. Nada es lo que dicen que es y, peor aún, lo que será. El sacrificio que estamos ofreciendo en el altar del Mercado no nos traerá el bienestar prometido. Como en otros momentos de nuestra vida, siempre nos exigirán nuevos sacrificios para llenar una copa que nunca se llena, que jamás derrama, siempre sedienta. El Gran Equipo despide empleados, elimina subsidios, cercena organismos y paraliza la obra pública, sin embargo el Banco Central ha girado al Tesoro 42 mil millones de pesos en estos cuatro meses, cinco veces más que en el mismo período del ciclo kirchnerista. El Gobierno dice que ahorra, pero en realidad gasta mucho más haciendo mucho menos. Y encima no recauda tanto porque ha renunciado a las retenciones y a los aranceles por importación, entre otras cosas. La maquinita tan denostada debe estar emitiendo a su máxima potencia, aunque para el Gran Equipo eso ya no es problema.
Esta extraña libertad también celebra el silencio y alienta el ruido mediático que ensordece. Como los medios dominantes no pueden transformar desempleo, inflación y tarifazos en alegría, intentan justificar un presente nefasto con un colorido combo conocido como pesada herencia. Entre sus principales ingredientes, está la corrupción por entregas que, con el título la ruta del dinero K, entretiene al público cautivo y explica el deterioro de sus días. Voluntarios judiciales disfrazados de jueces ponen su grandilocuencia a disposición de las hipótesis más disparatadas. Pero cada línea de investigación que persiguen los aleja de la ficción que quieren demostrar y los acerca cada vez más a los prístinos gobernantes.   
Durante meses, el nombre de un empresario se ha convertido en el símbolo de la corrupción gracias a titulares insistentes y malintencionados. Lázaro Báez hasta en la sopa, como el principal beneficiario de las obras públicas del gobierno kirchnerista. Además, es presentado como el lavador oficial y un video con whisky y billetes apareció como la prueba más contundente. Sin embargo, más allá de los ilícitos que pueda haber cometido, el Grupo Austral recibió apenas el 0,3 por ciento del presupuesto destinado a la obra pública, unos 1019 millones de pesos y ocupó el puesto 40 de las firmas contratistas del Estado. Además, el 90 por ciento del trabajo fue terminado y el resto está en ejecución. Si la preocupación fuera investigar la malversación de los fondos públicos en serio, también deberían estar en la mira las 39 empresas que la anteceden, entre ellas Techint (4,81 por ciento), Electroingeniería (4,61) e Iecsa (4,18), de la familia presidencial, que encabezan el listado.
Pero no les interesa la transparencia, como puede comprobarse con la presencia en los ministerios de ceos que favorecen a las empresas de las que provienen y la suculenta participación de muchos integrantes del Gran Equipo en empresas off shore. Con el estigma de la corrupción sólo atacan un modelo político desde el lenguaje que mejor manejan: la desideologización. Con el denuncismo patológico de periodistas y políticos sólo quieren tapar el país que nos están dejando, la verdadera pesada herencia con la que tendremos que lidiar dentro de poco. La propuesta electoral que se presentó como el cambio, en pocos meses multiplicó la deuda externa y habilitó un torrente que será interminable; convirtió en pobres a casi dos millones de argentinos; potenció la inflación y deterioró nuestros ingresos; destruyó puestos de trabajo con la importación indiscriminada, entre muchas otras tropelías que sería agotador enumerar.
 El cambio que muchos encumbrados celebran es el retorno a nuestros peores momentos. Detrás de las palabras amables, casi susurradas, se esconden las peores intenciones. La cadena nacional de los medios cómplices se convierte en una venda que impide que algunos conciudadanos adviertan la estafa de la que han sido víctimas. Pero es tan frágil que no tardará mucho en deshacerse.

jueves, 5 de mayo de 2016

Un gobierno suicida



En la Argentina de hoy, pocos la están pasando bien. Los que antes estaban mal, hoy están peor. Los que habían mejorado bastante, ahora perciben decadencia. Quienes habían alcanzado un modesto bienestar, olfatean amenazas. Cada factura parece una sentencia; cada compra, una desventura; cada conversación, un tango. Los bailecitos se han terminado y los globos desinflados parecen condones abandonados con ostentación al costado del camino. Lo cotidiano se vuelve duro, como en tiempos que creímos superados. Los medios hegemónicos tratan de tapar lo que debería ser tapa y emiten en cadena las telenovelas más absurdas. Las fábulas duran cada vez menos y la corrupción que tanto denuncian, brota en sus rostros como pústulas infectas. Sólo unos pocos la están pasando bien: los que desbordaron sus arcas con la brutal transferencia que las medidas del Gran Equipo produjeron y el público que vive cautivo en la burbuja del cambio hasta que todo estalle ante sus ojos.
Algunas pintadas urbanas preservan las advertencias de unos meses atrás: “Macri es ajuste”, “Macri es hambre”, “Macri es desempleo”. La campaña del miedo, denunciaban los amarillos. Ahora que el miedo es real y no estamos en campaña, los funcionarios siguen actuando como en un spot televisivo. Las bocas expelen mentiras flagrantes y promesas incumplibles, mientras sus cerebros diseñan nuevas pesadillas. Con impudicia, niegan la realidad como si habitaran otra dimensión. Con crueldad, se regocijan del experimento que están desarrollando sobre nuestras vidas. Con un descaro que desconcierta, se burlan de sus víctimas recitando lemas aprendidos en la salita de cuatro. Cínicos o ingenuos, confían en una confianza que no despiertan. Como las cuentas no cierran, aprisionan más nuestro bienestar para volverlo inexistente. Y por si todo esto fuera poco, expresan un dolor que no sienten por los padecimientos que produce el ajuste innecesario que han aplicado en nuestra economía.
Después de la impactante y masiva concentración de los trabajadores el último viernes de abril, los integrantes del Gran Equipo reforzaron el maquillaje. Ajenos a la desigualdad que multiplicaron, reaccionan como si no tuvieran nada que ver o como si el daño fuera inexistente. Sus argumentos desconciertan por lo poco elaborados. “No entiendo cuando algunos dicen que es para beneficiar a un sector. ¿Será ignorancia o es mala fe?” monologó Macri, como el protagonista de una tragedia. Justo él habla de ignorancia, que demuestra desconocimiento en casi todo lo que dice; justo él introduce la idea de la mala fe, que omitió mencionar su participación en empresas off shore y transfirió acciones a su padre en febrero, antes de anunciar la creación de un fideicomiso con su fortuna. Tan burlón como su ministro de Energía, Juan José Aranguren, que después de autorizar incrementos descomunales en los servicios y el combustible, pontificó que "si el consumidor considera que este nivel de precios es alto en comparación a otros precios de su economía, deje de consumir lo que considera alto”. Si seguimos este consejo, deberíamos volver a la Edad de Piedra y subsistir con los bichos que podamos cazar a nuestro alrededor.
¿Brutos o malvados?
Encima, no son geniales. Uno no se explica cómo han llegado a donde están ni a tener lo que tienen. Por los nefastos resultados que han obtenido hasta ahora, la brillantez no sobra en el equipo PRO. Más que pesada herencia, todo es mérito propio. Si la inflación hasta el balotaje tendía a la baja y se ubicaba en menos de dos puntos, desde la asunción del empresidente Macri no ha parado de crecer. Y no es para menos: sus decisiones apuntaron a eso. Ellos generaron la escalada inflacionaria con la devaluación, la eliminación de cupos de exportación, la quita de retenciones y los astronómicos tarifazos. ¿Acaso esperaban otro resultado que la inflación más alta de los últimos 14 años? Con decisiones así, una inflación menor a 6 por ciento sí sería magia.
Además, prometieron desarrollar el país, pero la caída del consumo y la desinversión del Estado nos está conduciendo al camino de la recesión. Según la consultora internacional Moody’s, el PBI argentino caerá un 1,5 por ciento en este año, lo que provocará mayor desempleo. Tan brillantes son los expertos amarillos que de un crecimiento de 2,1 por ciento en 2015 nos conducen a una caída en tan sólo pocos meses. Pero la zanahoria delante del burro es la lluvia de inversiones extranjeras que caerá sobre nosotros después de arreglar con los buitres. Pero muy lejos de eso, la fuga de divisas del primer trimestre del año fue la más alta después de la crisis internacional de 2009.  
En el extraño lenguaje PRO, todo significa lo contrario de lo que declaman: para bajar la inflación, aumentan todo; para construir, destruyen; para curar, enferman; para la pluralidad, censuran; para desarrollar, desinvierten; para sincerar, mienten; para unirnos, estigmatizan. En medio de la discusión por la llamada ley anti-despidos y después de la nada feliz ironía de la Ley de la Felicidad, Macri presionó públicamente al conductor del Frente Renovador, Sergio Massa. Además de negar la ola de despidos e insistir que no es buena para los argentinos, rogó a Massa “que no acompañe al kirchnerismo en esta propuesta”. Y el aludido aconsejó que el PRO deje de “hacer kirchnerismo para chetos”. Por lo que parece, los nuevos diccionarios deberán incorporar ese vocablo como una nueva palabrota. A pesar del famoso fin de ciclo, la derrota en el balotaje y las intenciones de reparar la grieta, el kirchnerismo sigue siendo el eje de la política argentina. Aquella angelical declaración de campaña de “no perseguir al que piensa distinto” es otra muestra de la hipocresía amarilla.
Sin dudas, no la estamos pasando bien y nada sugiere que estemos mejor, salvo en el imaginario de los integrantes del Gran Equipo. Por brutos o malvados, empeoraron nuestro entorno con recetas que ya habían fracasado en décadas anteriores. Quizá no tenían pensado ganar las elecciones o no estaban preparados para gobernar, pero desde que asumieron hacen lo necesario para desalentar toda adhesión. Como si ya se hubiesen aburrido de un rol inmerecido. Mientras tanto, todos deberemos padecer las consecuencias del triunfo caprichoso que medio país les regaló. En tan sólo cinco meses han producido un daño que nos llevará varios años reparar. Si lo hicieron por brutos, deberíamos conducirlos por un camino mejor. En cambio, si lo hicieron de puro malvados deberemos deshacernos de ellos para continuar con nuestro sueño de un país para todos.