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jueves, 23 de marzo de 2017

La ruptura que se viene



Aunque parezca mentira, la sorpresa de esta semana la dio Mirtha Legrand en su cena sabatina con el empresidente Macri y su esposa. Nadie imaginó que fuera ella y no un periodista opositor quien pusiera tan incómodos a los hospitalarios anfitriones. Si hasta tuvieron que recurrir a Antonia para distender un poco el clima. La impaciencia de la conductora se manifestó en la frase que sintetiza una enorme crítica a la Revolución de la Alegría: “ustedes no ven la realidad”. Si no ven la realidad es porque no les interesa. Lo que quiere el Gran Equipo es imponer un combo sin conocer el país que gobierna; encajar un modelo que aplasta lo existente; incrustar un incomprensible plan que dejará afuera a una parte importante de los argentinos. Por eso espantan tanto los amarillos cuando se salen del libreto o apelan a crudas metáforas y afirmaciones indemostrables. Mientras más conocemos la verdadera cara de los PRO más cerca estamos de una de las promesas de campaña: están uniendo a los argentinos, pero en su contra.    
Algunas plumas de Clarín detectaron un gesto democrático en el encontronazo con la Diva de los almuerzos; otras, casi pintaron a la otrora estrella del cine como una destituyente K. Ni lo uno ni lo otro: los cuestionamientos fueron inevitables y las torpezas de Macri, evidentes. O viceversa. Pero no hay que asustarse: Mirtha no piensa cruzar la grieta. Tal vez la nueva estrategia del Monopolio Comunicacional sea concentrar las opiniones para dirigirlas mejor: apologista para no perder a los seguidores de Macri y crítico para contener a indecisos y disconformes.
Si no, no hubieran entrevistado a Alejandro Rozitchner –el filósofo que escribe los discursos del Ingeniero- para brindar sustento a la sugerencia de Gabriela Michetti de suspender las elecciones de medio término. Para él, “el país no está a la altura de las decisiones de Macri”, como si el presidente off shore fuera un iluminado con una misión divina. Y el pensador se mostró preocupado porque “el país por un lado quiere eso y está dispuesto a hacerlo, por el otro lado se amedrenta respecto de las dificultades de todo ese proceso". En esto está equivocado: el país no quiere ‘eso’, sino todo lo que Macri prometió en campaña. La preocupación no sólo del filósofo sino de casi todos los funcionarios es el creciente rechazo a las políticas que están llevando adelante. Rechazo que se manifiesta en las calles, aunque la canciller Susana Malcorra considere –de manera falaz, para variar- que “no hay una experiencia equivalente al nivel de protestas que se registra en el país”. Si en el resto del mundo no hay tantas protestas será porque el PRO gobierna sólo acá. Y las protestas seguirán mientras continúen por este camino de despojo y saqueo que no nos está llevando a ningún buen destino, aunque la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich amenace con “actuar con decisión” ante los piquetes y que los participantes se atengan a las consecuencias. Con amenazas no van a conquistar las voluntades que están perdiendo y con palos, las van a espantar de manera definitiva.
Cada día “caen” peor
Nada de esto estaba en el contrato que se votó en el balotaje: prometían transparencia y los escándalos por conflictos de intereses explotan todos los días; ellos garantizaban el desarrollo y nos conducen a una profunda recesión; íbamos a estar “cada día mejor” (con un leve sacudón del puño derecho) y no paramos de recibir golpes; no iban a perseguir al que piense distinto y hay jueces, fiscales y policías que se han transformado en alucinados perros de presa. Tan bajo hemos caído que un grupo de intelectuales, artistas, defensores de DDHH, comunicadores y dirigentes gremiales de todo el mundo firmaron una solicitada denunciando los abusos del Gobierno Amarillo. Ahora que no estamos aislados, los firmantes se solidarizaron con CFK por el “embate judicial-comunicacional cada vez más pronunciado” que padece. “En apenas quince meses –dice el documento- Macri impulsó miles de despidos tanto en la esfera pública como privada, devaluó la moneda, quitó derechos laborales con la nueva ley de ART, avanzó sobre los jubilados y sus medicamentos gratuitos y trató de poner tope a los reclamos salariales ante una inflación que no cede”. Hay más kirchneristas de lo que se sospecha o el Gran Equipo está haciendo las cosas despiadadamente mal.
La segunda es la más lógica, aunque los amarillos elijan la primera opción. Con el recurrente ardid de presentarse como víctimas, consideran que piquetes y cortes son intentos destituyentes de malos perdedores. Si todos los que hoy están contra las políticas de la ceocracia gobernante fuesen kirchneristas, nunca podrían haber ganado las elecciones. Muchos de los que hoy hacen escuchar su voz forman parte del creciente grupo de los estafados, que seguirá creciendo a la par de la distancia entre las promesas y las medidas.
Y más aún mientras Macri y sus funcionarios dejen aflorar su desprecio en cada aparición. En el contexto del conflicto con los docentes de todo el país y un día antes de la contundente Marcha Federal, los Gerentes no hicieron más que provocar. El analista de sistemas que oficia como ministro de Educación, Esteban Bullrich, semanas después de su metáfora de cerdos y chorizos, insiste en profundizar la crisis. Aunque la ley lo obligue a acordar paritarias y el financiamiento federal, este año ha decidido apartarse de la negociación para que “cada provincia, de acuerdo a sus recursos, pague lo que puede pagar”. Eso es lo que la ley pretende evitar: que haya diferencias sustanciales en los salarios. Tanto pontificar sobre el diálogo y terminan siendo menos dialoguistas que una pared.
Pero la provocación mayor estuvo a cargo, como siempre, de Macri. La frase ya es conocida y la pronunció al simular preocupación por los resultados de las pruebas Aprender. Con su habitual entonación robótica, lamentó la “terrible inequidad de aquel que puede ir a la escuela privada versus aquél que tiene que caer en la escuela pública”. Si esto le preocupa, debería apuntalar la educación de gestión estatal, en lugar de bombardearla, como ha hecho durante los ocho años de gobierno en la CABA o como está haciendo ahora, denostando a los docentes que reclaman por sus derechos. Lo que más dolió fue el verbo ‘caer’, como si fuera un castigo, una condena, un estigma. ¿De dónde se cae a la escuela pública? ¿Del paraíso neoliberal donde nunca hemos estado? ¿De la clase social a la que jamás hemos pertenecido? ¿Acaso Macri es una buena publicidad de la educación privada, con sus bestiales furcios, yerros y puertos en Santiago del Estero?
Para Macri y sus acólitos, la educación pública es vergonzante, aunque los cinco premios Nobel de nuestro país se hayan formado en ella. Quizá no sepa que en los países nórdicos la educación privada está prohibida, porque no conciben que se pueda comerciar con algo tan importante. Pero no hay que darle más vueltas al asunto: sólo les interesa el Estado mientras puedan sustraer su jugo. Aunque Macri sacó el 51 por ciento en un balotaje, cree que tiene el consenso para refundar el país, para cambiar de paradigma, para volver a foja cero. No está refundando nada: nos está refundiendo. Mientras la actividad económica cayó un 2,3 por ciento el año pasado, tres empresarios argentinos se sumaron a la lista de los más ricos del mundo elaborada por la revista Forbes. Aunque Mauricio afirme que su mirada está puesta en el futuro de todos, sólo aspira a formar parte de ese ranking. No llegó hasta La Rosada SA para mejorar nuestra vida, sino para blanquear las inmundicias familiares. Y como sabe que nos dimos cuenta, ya empieza a probar helicópteros.

lunes, 20 de marzo de 2017

De crédulos y voluntarios



La Estrategia de la distracción figura entre las diez técnicas de manipulación detectadas por el filósofo y lingüista norteamericano Noam Chomsky y consiste en presentar una bomba mediática que desvíe la atención del público colonizado de los temas importantes. Los medios hegemónicos presentan temas atractivos y fáciles de asimilar para que los ciudadanos cautivos propaguen en ascensores, taxis o en las cada vez más diminutas colas de supermercado. Crímenes escabrosos, mensajes de alienígenas o escándalos de divas figuran entre los tópicos favoritos de estos contenidos chatarra, que incrementan su volumen de acuerdo al tamaño del asunto a ocultar. Esta es la parte más obvia de la treta, la más sencilla de eludir por un sujeto atento cuando advierte que, mientras la pantalla se puebla de griterío, sangre y colorinches, el frágil equilibrio de su vida cotidiana se sacude peligrosamente.
Otros procedimientos para la construcción de una conciencia distraída son un poco más sutiles y requieren un esfuerzo del televidente para no convertirse en blanco de ellos. Tal vez por eso, los medios dominantes de América Latina están logrando desterrar –a fuerza de patrañas y operaciones- aquellos procesos políticos que abandonaron la lógica del Consenso de Washington para mejorar la vida de sus pueblos. El establishment mediático demoniza los gobiernos populares con abundantes y falaces denuncias de corrupción para facilitar el arribo de administraciones más puras y transparentes, que terminan siendo corruptas en serio y sólo preocupadas por reconstruir la desigualdad de antaño.
Argentina es un caso. Ya sabemos: Clarín y sus satélites lograron instalar como presidente a uno de los peores candidatos después de horadar durante años la legitimidad de un proyecto que –con sus más y sus menos- alcanzó metas insólitas en nuestra historia. Con machacona insistencia, convirtieron la sospecha permanente en una confusa vara para elegir candidatos. Un parámetro tan capcioso que deja a un lado las ideas que pretenden llevar adelante. En el caso de Macri, no sólo contribuyeron a mimetizar sus ideas, sino que blanquearon su prontuario. El resultado está a la vista: la Casa Rosada convertida en la administración de las empresas más importantes del país. No es para menos, si de los 367 cargos de ministro, secretario y subsecretario disponibles, 114 están ocupados por sus ceos. Tres de cada diez funcionarios son representantes de empresas y eso genera conflicto de intereses. Y a pesar de eso, nadie habla de capitalismo de amigos, como sí hicieron durante los gobiernos kirchneristas. Los prejuicios incrustados desde la enloquecedora parafernalia mediática en el imaginario de ciertos sectores de la sociedad resultan muy difíciles de erradicar, aunque sean absurdos indemostrables.
Las torpezas de la desesperación  
Cada vez resulta más evidente que el maquillaje PRO se está descascarando y que los expertos apolíneos resultaron horrendos esperpentos. Quizá por eso, los apologistas y manipuladores vernáculos tuvieron que apelar esta semana a todo su arsenal de farsas para contener algo del 51 por ciento que, desde hace un tiempo, se está desgranando. Tanto el recital del Indio Solari en Olavarría como los misteriosos anillos de Carmen de Areco, sirven para sustraer la atención de los serios conflictos que desata el Gran Equipo con sus demoledoras medidas. O, al menos, para atenuarlos. Entonces, destacar un tema ínfimo para ocultar otro de relevancia es la artimaña de manipulación más previsible de los medios que tienen potencial para imponer la agenda informativa.
Pero además de los temas sobre los que el público debe hablar, también imponen la interpretación. Desde que se produce el hecho hasta su reconstrucción narrativa, se filtran aquellos elementos que sugieren al lector cómo integrar el acontecimiento a una secuencia. Esto explica que, para muchos colonizados, la muerte del fiscal Alberto Nisman fue un asesinato ordenado por CFK y ejecutado de manera magistral para que los 19 peritos de la Corte Suprema concluyan que fue un suicidio. Tan efectiva es la manipulación de este caso que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich puede deslizar la posibilidad de que se haya utilizado un “piolín”, después de haber visto una serie televisiva, sin que nadie ponga en duda su idoneidad para el cargo. Tan enloquecedora es la manipulación que muchos han encontrado los motivos del homicidio en la famosa denuncia de Nisman, desechada por seis jueces por inexistencia de delito y considerada por muchos juristas un mamotreto inadmisible para iniciar una causa.
Por eso esta semana lograron entretener a la opinión pública con el recital de Olavarría, donde las dos muertes se produjeron por causas ajenas a toda responsabilidad del Indio y los organizadores. Hasta es probable que muchos periodistas de esos medios lamenten –al menos en la intimidad del baño- que no haya habido más muertos. Pero lo más perverso es que utilizaron el caso para demonizar al músico por su manifiesta adhesión al kirchnerismo. En eso se centra todo: en convencer al amable vecino que está del otro lado de la pantalla que, aunque la calle esté dura, cualquier cosa es mejor que el retorno de Cristina; que los doce años de kirchnerismo en los que el empleo crecía, el consumo redistribuía y la felicidad era posible constituyen la barbarie a la que Argentina no debe retornar.
A tal punto que la vicepresidenta Gabriela Michetti pueda sugerir sin ruborizarse una suspensión de las elecciones legislativas porque la competencia electoral le parece medio destructiva. Michetti comete tamaño papelón verbal porque –además de consultar encuestas- sabe que tiene un colchón mediático que suaviza las barbaridades que salen de su boca. No hay que ser muy brillante para imaginar cómo presentarían estas declaraciones si las hubiera dicho Amado Boudou cuando era vice: desde tildar de dictadores hasta exigir el destierro de todos los K en un solo titular; magnificarían el episodio desde todas sus propaladoras de estiércol y lograrían que hasta las mascotas hablen del tema en la plaza donde descargan sus residuos orgánicos. Pero la manipulación es tan enloquecedora que logra que un presidente que ha vulnerado la Constitución a fuerza de decretos y una vicepresidenta que reniega de las elecciones sean considerados como perfectos demócratas.  
El contraste entre lo prometido y lo realizado es tan abismal, que el establishment mediático no sabe cómo hacer para que el kirchnerismo sea borrado de la memoria colectiva. Intentar que el ciudadano común considere que esa fuerza política hace todo lo posible para desestabilizar y hasta destronar a Macri incluye desde presentar a todo opositor como K hasta concluir que los periódicos y organismos internacionales que consideran ilegal la prisión de Milagro Sala o que Argentina camina hacia una profunda crisis están influenciados por ese ideario. Y como el verso de la Pesada Herencia no alcanza, probaron con la mentira del diálogo entre el empresidente Macri y Felipe González. Una falsedad que fue desmentida por los dos involucrados: ni el español puede inmiscuirse en los asuntos internos ni Macri puede presionar a la Justicia. Al menos, en principio.
Pero detrás de esta infantil travesura informativa se esconde una nueva exigencia del Poder Económico: que el populismo no vuelva nunca más. Para eso necesitan un punto final para la condena mediática que se ha construido durante tantos años. Aunque todavía no han demostrado ninguna de las insostenibles acusaciones, quieren que Cristina esté presa, porque sería la confirmación de todos los prejuicios que han potenciado. La nueva patraña que subyace en esta última operación es que Cristina es la culpable de la falta de inversiones. La catástrofe que se avecina es responsabilidad de Ella, por la Pesada Herencia o por la futura sequía. Macri, el peor candidato y el más pernicioso presidente, no tiene nada que ver. Total, siempre hay voluntarios dispuestos a creer cualquier cosa.

jueves, 16 de marzo de 2017

En busca de la gobernanza perdida



La CABA está pagando el costo de haber inventado a Macri. Como siempre, todo pasa en la Capital del país, la ciudad más poblada no sólo por personas sino por cámaras televisivas. Cortes, acampes, marchas y ruidazos hacen que el tránsito porteño sea un poco más caótico, como en la antesala de 2001. La tensión social crece a la par del deterioro. El enojo que se manifiesta en las calles es proporcional a los embustes y provocaciones que disparan los miembros del Gran Equipo. La alarma eleva su volumen mientras la memoria recupera las peores imágenes de principios de siglo. Los derechos hurtados a la mayoría contrastan con los privilegios usurpados por una minoría. El desconcierto da lugar a la bronca cuando detrás de la parafernalia de la Revolución de la Alegría, muchos ciudadanos encuentran la restauración de un modelo en el que sólo unos pocos tienen motivos para festejar.
El clima de agitación que sacude al país no es parte de la campaña electoral, como muchos amarillos arguyen, sino el resultado de medidas muy conocidas por los argentinos. Una película que ya vivimos y muy pocos aplaudieron. Aunque aún no tocamos fondo, son bastantes los que lo olfatean. La pesada herencia incluye un radar para estas cosas y, aunque un poco tarde, advierte los peligros. En realidad, ese radar mandó señales antes del balotaje, pero muchos lo interpretaron como campaña del miedo. Desde los primeros días del gobierno del empresidente Macri, encendió coloridas luces de advertencia, pero otros consideraron que había que darle tiempo, si a Macri le va bien al país le irá bien o uno gana y los demás acompañan y otras pamplinas por el estilo. A quince meses del bailecito en el balcón, el tobogán en el que estamos no para de incrementar su inclinación. Pero, por fin el radar empieza a ser escuchado.
Entonces se explica el nerviosismo que se percibe en algunos funcionarios que ponen el cuerpo para sostener un relato que poco tiene que ver con cualquier realidad. Las mentiras se enredan con los cables de los micrófonos que recogen las inconsistencias que recitan a diario. El mal humor es de tal magnitud que las voces zen dejan escapar veladas amenazas hacia las víctimas del estropicio que osan reaccionar. Y si no son amenazas, son sobornos, como la solución presentada por la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal para desalentar la adhesión al paro docente. Una medida ilegal, como realizar un listado de los rebeldes e identificar su filiación partidaria. Un diario español ya la compara con Margaret Thatcher, una analogía que debería avergonzar a cualquier argentino. En lugar de resolver el problema con una paritaria nacional como establecen las leyes, recurre a tretas que no hacen más que exacerbar los ánimos. Y esto no es sólo atribuible a Vidal, sino a todos los que han decidido conducir el país hacia una previsible colisión.
Demonios en la campaña
Un poco alarmada por un posible desborde o quizá inspirada por una serie televisiva, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich criticó a las organizaciones demandantes por generar ingobernabilidad. Tal vez haya detectado que algunos argentinos están dejando de comer con intenciones destituyentes o caminan cuarenta cuadras en lugar de viajar en colectivo para desfinanciar el sistema. La funcionaria poli-rubro consideró que hay algunos grupos con la “decisión política” de poner “en jaque permanente” al gobierno con cortes y manifestaciones. Un poco exagerada, como si los que no llegan ni a mitad de mes tuvieran la partida ganada. Y con un respeto por el resultado de las urnas que nunca tuvo cuando fue oposición, remató: "nosotros ganamos las elecciones, tenemos un plan de gobierno y no nos van a imponer el plan de gobierno que fracasó durante los últimos diez años".
Este caso no es como el de Aranguren, que se envalentona con el resultado aunque no haya recibido ningún voto. Patricia Bullrich puede ostentar un inexplicable apoyo electoral gracias a sus infinitas mutaciones partidarias, pero no debe olvidar que Cambiemos no jugó con transparencia en las elecciones. Aunque resulte reiterativo, vale destacarlo cuando algún amarillo insiste con el falaz argumento. Macri dio un giro en su discurso después de las elecciones generales, cuando advirtió que necesitaba conquistar a un porcentaje de ciudadanos que quería cambiar, pero no tanto; que quería mantener lo que tenía pero sin Cristina, que interrumpía la telenovela. Mauricio no anunció que aumentaría los servicios públicos, fomentaría el desempleo y deprimiría el mercado interno; ni que achataría salarios o degradaría YPF y Aerolíneas Argentinas para liquidarlas al mejor postor; ni que favorecería la prepotencia comunicacional del Grupo Clarín. Hasta hizo la promesa del fútbol televisado gratis y fue una de las primeras cosas que intentó romper apenas asumido.
La ministra Bullrich menciona un plan de gobierno que más parece un mamarracho plagado de incertidumbres. Un plan de gobierno no es un túnel oscuro ni un camino sin atajos que somete a gran parte de la población a penurias ya olvidadas. Si el Macri de la campaña hubiera dicho que endeudaría el país en más de 70 mil millones de dólares para alimentar la bicicleta financiera y la fuga de capitales, sólo los especuladores habrían optado por los globitos. Y ahora, para justificar futuros padecimientos, los funcionarios amarillos hablan de un país fundido que nunca habían mencionado. Una novedad que puede ser una excusa para exigir nuevos sacrificios o impulsar reformas perniciosas para los trabajadores. En 2015 el país no estaba así, sino no hubieran podido tomar endeudamiento externo.
Pero la soberbia tan criticada en otros tiempos aflora magnificada en muchos funcionarios PRO. La ministra Bullrich habla del fracaso del proyecto kirchnerista cuando en menos de un año y medio nos están por estampar contra un iceberg. ¿En qué sentido se puede hablar del fracaso de un proceso político de doce años que logró duplicar la capacidad industrial, expandir el mercado interno, construir más de dos mil escuelas, mejorar la producción eléctrica, recuperar empresas fundidas por los operadores privados y reducir la deuda externa? ¿Cómo puede ser un fracaso un gobierno que redujo la pobreza en un 47 por ciento y la indigencia en un 72, calculadas con los mismos parámetros que hoy utiliza el INDEC de Todesca? ¿Cómo pueden hablar de fracasos ajenos los integrantes del Gran Equipo cuando desde diciembre de 2015 todos los indicadores empeoraron sustancialmente?
No hay pesada herencia ni país fundido, sino una intención malsana de desequilibrar la balanza. Que la gobernabilidad esté en riesgo es producto de una siniestra decisión del propio Macri. En un año electoral, saben que globitos y bailecitos no serán tan efectivos. Como logro sólo pueden mostrar sus cuentas más abultadas y que son profundamente anti-kirchneristas. De ahí que identifiquen cualquier oposición o protesta con esa fuerza política que hasta no hace mucho les parecía en retirada. La demonización del cuco populista puede conquistar votos entre los que todavía escupen la pantalla cuando aparece CFK, pero los que pueblan las calles no se dejarán engañar otra vez con tretas tan gastadas. No todos los que protestan son kirchneristas ni piensan en votar a ninguno de sus candidatos, pero no cesan de arrepentirse por haber comprendido tan mal un proyecto que, sin dudas, estaba del lado de la mayoría.

lunes, 13 de marzo de 2017

Breve ensayo sobre las PROvocaciones



No es la primera vez que se advierte que el ingeniero Mauricio Macri realizó durante su campaña promesas que no tenía intenciones de cumplir. Aunque la Constitución Nacional mantiene un hueco al respecto, la enorme diferencia entre lo prometido y lo realizado empaña el acto electoral. Nada para enorgullecerse de una instancia legal que pierde su legitimidad a pasos agigantados. A pesar de esto, el presidente off shore puede esgrimir el resultado del balotaje cuando lo necesite, al menos por un tiempo. Tanto él como todos los que han obtenido sus cargos por medio del voto, pero no sus ministros y demás funcionarios, que fueron elegidos a dedo y son apenas fusibles intercambiables. Por eso, resulta inapropiada la ostentación que realizó el ministro de Energía, Juan José Aranguren en estos días: “la discusión política debe ser en el Congreso y no en la calle; si alguien quiere cambiar la política económica, primero tiene que ganar las elecciones y luego aplicarla". Esto no es más que una vergonzante provocación de alguien que no se sometió a elecciones y cuya impronta aumentadora no estuvo incluida en el debate presidencial previo al balotaje. Una provocación más de las tantas que tratan de sacar de quicio a un pueblo que está perdiendo la paciencia.   
El empresidente explicó hace unos meses que si decía lo que iba a hacer hubieran votado mayoritariamente para enviarlo a un manicomio. No, si Macri decía en campaña que iba a devaluar, incrementar las tarifas de manera bestial, abrir las importaciones hasta asfixiar la industria nacional, endeudar al país para batir un record, eliminar impuestos a los más ricos y empobrecer a los más pobres, no lo hubieran votado para nada. ¿Está claro, Aranguren? Si Macri ganó el balotaje es porque dijo todo lo contrario de lo que pensaba hacer. En lugar de ufanarse, deberían pedir disculpas por haber engañado a una parte importante del 51 por ciento que coronó su espuria victoria.
Además, el ministro no recuerda las cientos de operaciones, celadas y pantomimas en las que participó el PRO para torcer las políticas del gobierno de Cristina, que había conquistado la presidencia con un porcentaje mucho mayor contra más candidatos. ¿O se ha olvidado de la Revuelta de los Agrogarcas, alentada por los medios y apoyada por muchos de los que hoy se rasgan las vestiduras por la trascendencia de las urnas? ¿O no recuerda que muchos de los que hoy se pintan como profetas de La Verdad se sumaron a cuanta patraña se difundía por los medios aliados? ¿O no se ilusionó con los odiadores cacerolazos incitados por periodistas manipuladores y acompañados por muchos de los que hoy ignoran las muchedumbres que exigen un freno al saqueo? Y que no minimice la potencia de las calles que ya empiezan a recuperar protagonismo, que hay motivos más reales para rechazar estas políticas.
Y el ganador es…
La de Aranguren es una provocación de clase, de la oligarquía con olor a bosta de hace más de cien años -mimetizada con los perfumes del siglo XXI- que ahora se siente triunfante porque ha accedido al poder sin necesidad de un golpe de Estado. Otras provocaciones son de tilingos, como la de Ignacio Montagut ante la Catedral Metropolitana con una bandera vaticana en medio de la marcha por el Día de la Mujer. Un kamikaze neonazi que milita-trabaja en el partido de Patricia Bullrich, Acción por la República, ya conocido por una foto en la que porta un cartel que reza “30000 no alcanzaron”, en referencia a los desaparecidos. Solito ante la multitud, como un señuelo tentador que se dispuso para justificar la represión que las fuerzas de seguridad ya tenían planeada: una razzia, al mejor estilo de los tiempos oscuros tan añorados por una minoría.
Ellos provocan porque se re-alimentan con la reacción. Aunque simulen preocuparse por la cacareada Grieta, Ellos la necesitan. Aunque se muestren como etéreos pacifistas, precisan la violencia para exhibir su fuerza. Aunque se muestren dialoguistas, sólo buscan imponer sus irracionales ideas. Con su lógica trastocada, aumentan para combatir la inflación, despiden para generar empleo, desinvierten para tentar inversiones y se quejan del déficit fiscal pero siguen eximiendo de tributos a los que más tienen mientras incrementan los gastos en marketing. Con el cinismo más desvergonzado, se emocionan cuando hablan de la pobreza pero todas sus medidas apuntan a multiplicarla, como señaló el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, Jorge Lozano. O como informó en estos días el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, que la pobreza aumentó más de tres puntos desde la asunción de Macri.
Si Aranguren es un provocador de clase y Montaguet es de los tilingos, El Ingeniero se ubica a mitad de camino. Una especie de tilingo en meteórico ascenso sometido a los caprichos de la meritocracia para ser aceptado por los oligarcas. Quizá por eso –además de amasar fortuna- satisface las demandas de esa minoría insaciable, como eliminar retenciones, impuestos varios y los cupos de exportación, medidas que encarecen cada vez más nuestra mesa. Quizá por eso favorece una producción cada vez más concentrada, eliminando a las industrias medianas y pequeñas por medio de la importación y los tarifazos. Quizá por eso Macri declaró en Timbúes que “la confianza es la columna vertebral sobre la que se edifica el crecimiento”. Algo así como: “derramen un poco, que yo les garantizo la máxima ganancia con la mínima oposición”, “quédense tranquilos, que les prometo desterrar el populismoo “larguen unos mangos así podemos simular que las cosas mejoran, al menos hasta las elecciones”.
Tantos méritos debe hacer Macri para empaparse de la bosta de los oligarcas de hoy, que se está excediendo. La transferencia de recursos precipitada hacia esa minoría está provocando una catástrofe sin precedentes, aunque El Gerente de La Rosada SA diga que “estamos empezando a crecer, cinco meses seguidos hemos crecido después de cinco años de estancamiento y mentiras, pero esta vez hemos emprendido ese camino sin atajos”. Él dice que no miente pero no dice nada que sea cierto: no estamos empezando a crecer, sino todo lo contrario; no hubo cinco años de estancamiento, sino que veníamos creciendo y la caída abrupta comenzó con su gobierno. Caída todo terreno, en 3D y con sonido envolvente. Ahora hay más pobres, más desocupados, más inflación y más recesión. Y mientras sigan haciendo lo que están haciendo, el túnel nos lleva al pozo ciego, el camino es un atajo hacia el pantano.
Como un participante exitoso de este juego de escalar, Macri se burla de los que va dejando en el camino. Por eso en Expoagro, donde es el niño mimado mientras siga haciendo méritos, ‘Mauricio’ brindó su mejor actuación: “sabemos que más de un tercio de argentinos están en situación de pobreza. Son los primeros que necesitan que les generemos una oportunidad”, declamó, aunque no ha hecho otra cosa que dirigir fortunas hacia los que les sobra de todo. ¿Para qué contarlos?, si saben cuántos pobres hay porque son Ellos los que provocan la situación de pobreza. Como si la pobreza fuera un fenómeno meteorológico, una epidemia o un capricho de la genética. La pobreza es el resultado del crecimiento desmesurado de la riqueza de algunos. Una consecuencia necesaria de la succión permanente de los que nunca se sacian. Una riqueza que antes se generaba con la explotación de peones en los campos y que ahora se reproduce con la especulación financiera que se descarga como deuda sobre las espaldas de todos. ¿Cómo un rico va a terminar con la pobreza, si es la fuente de su riqueza? Hay que ser muy ingenuo para creer que les duele el sufrimiento de los demás: sólo quieren atenuarlo para que los lamentos no molesten tanto. La gran provocación de Macri es prometer Pobreza Cero, la simulación que se transforma en burla, mientras trepa la escalera para convertir su apellido en un ilustre con olor a bosta, camuflada con las mejores fragancias del siglo XXI. El gran provocador es Macri y como premio merece lo que ya está recibiendo: el mayor de los repudios.