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miércoles, 23 de julio de 2014

Los mejores alumnos



Las cuentas regresivas siempre provocan una sensación de inquietud, aunque el cero del contador indique el inicio de algo bueno. En el caso del conflicto provocado por la avidez de los buitres y la intransigencia colonial y destructiva de Griesa, todo parece anunciar la llegada de una catástrofe. El 30 de julio termina el plazo para cumplir, aunque no se sepa con quiénes, el fallo antojadizo del juez neoyorkino. Para calmar a los lectores, ese día no estallará ninguna sofisticada bomba ni caerá sobre nuestras cabezas una espada gigantesca. Al contrario, no pasará nada.
Nuestra ley exige que paguemos a los bonistas que aceptaron el canje y ya lo hemos hecho el 26 de junio, en una jugada maestra pergeñada por el equipo presidencial. Si ellos no han recibido el dinero correspondiente es responsabilidad del senil magistrado, más obediente a la prepotencia de los buitres que a las normas. Y si las entidades bancarias encargadas de distribuir el dinero depositado no han cumplido con sus obligaciones contractuales no sólo es por el temor a la orden verbal del juez sino porque especulan con una posible crisis. Si hemos cumplido con nuestros acreedores, nada nos puede pasar. Y los carroñeros financieros sólo podrán mascullar su fracaso, aunque tengan bajo sus órdenes a un mercenario con toga.
Las últimas movidas de sus operadores evidencian cierta desesperación. Sus cancerberos vernáculos ya no se cuidan de los absurdos en que incurren ante cámaras y micrófonos. No sólo absurdos, sino que sus expresiones están cerca del cipayismo más servil. Y los especialistas de ATFA, fuerza de choque de los buitres, afinan sus plumas para que no se note tanto la falta de argumentos. A veces, de tan tontuelas, las fantasías que inventan parecen fortalecer la posición oficialista. ¿O acaso no viene como anillo al dedo la nominación de sus candidatos?
Quizá para Mauricio Macri y Sergio Massa sea un honor que los buitres los consideren como buenos postulantes a la presidencia. Los dos se muestran consustanciados con los intereses del establishment, uno por pertenencia y el otro por obsecuencia. Ambos han acudido a la Exposición Rural para recitar la salmodia que deleita a los estancieros. Macri declaró, sin dudar, que hay que obedecer a Griesa, por más que eso signifique cuadruplicar la deuda, algo que ya ha hecho en la CABA. Y Massa, como siempre, apela a circunloquios propios de un predicador para arribar a conclusiones semejantes.
La inclusión en la tríada del gobernador Daniel Scioli puede provocar cierta incomodidad en las filas del kirchnerismo, aunque no sorpresa. Todos sabemos que el afán conciliador del ex motonauta resulta exasperante, pero la indefinición en un caso como éste puede ser preocupante. Importante reiterar: la palabra ‘negociar’ no significa demasiado porque aparece en boca de todos los que opinan sobre el tema. Y si no está acompañada de un rechazo contundente a las intenciones carroñeras, puede provocar confusiones. Y Scioli, con su cantinela del diálogo y el consenso, es por demás de ambiguo. Sinuoso también porque, aunque cada vez con menos frecuencia, manifiesta una adhesión indisoluble al proyecto que conduce CFK.
Los candidatos excluidos
Aunque falta un año para las elecciones primarias y algo más para las definitivas, desde hace unos meses ya desfilan muchos postulantes. El pan-radicalismo y el pseudo-socialismo tratan de llamar la atención de los votantes con su multicolor paleta bautizada FAUNEN. Algunos se habrán desilusionado ante la omisión de su nombre en el escueto listado de los buitres y probarán nuevas consignas y denuncias para ingresar al casting. ¿Hermes Binner se sentirá socialista al no ser tenido en cuenta por los especuladores del Norte o se pensará víctima de una inexplicable exclusión? ¿Considerará Julio Cobos que sus esfuerzos de vice opositor no son valorados como merece? Ni hablar de los demás, que son ignotos hasta para sus familiares. Si no están en la lista no es porque sean fervientes defensores de la soberanía nacional, sino porque no miden.
Otro que no está en las preferencias de los buitres es Florencio Randazzo. Y esto sí es auspicioso. Aunque aún no esté bien posicionado en las encuestas, la gestión que lleva adelante en Interior y Transporte contribuye a su impulso. La renovación del servicio ferroviario y la prometida expansión serán éxitos para exhibir en su plataforma electoral. El nuevo DNI y la facilidad de su tramitación es otro logro en su haber. Su adhesión sin dobleces al proyecto de país del kirchnerismo es el motivo que lo aleja del ideario de los litigantes y no su desconocimiento público.
 En medio de la euforia por el estreno de las nuevas formaciones de la línea Sarmiento, se ha presentado como pre-candidato del FPV para competir con Daniel Scioli. “No tengo ninguna duda de que le puedo ganar –declaró el funcionario- Las victorias siempre se instalan en el corazón y después en los hechos”. Ahora, seguramente, empezarán a llover las denuncias mediáticas fantaseadas en la noche del domingo, analizadas en consorcio los lunes y amplificadas el resto de la semana por los medios afines. La treta ya es conocida y cada vez menos convincente.
Un país no se construye con buitres, hienas y predadores semejantes; tampoco con especuladores, confabuladores y explotadores; menos con agoreros y fabuladores; menos aún con cómplices, títeres ni obsecuentes. Un país no necesita recetas pergeñadas por voraces financistas. El país se construye con corazón, compromiso y solidaridad. Esos son los ingredientes. Sólo nos falta el chef.

lunes, 21 de julio de 2014

Las protestas insolidarias



Tal como venían prometiendo, después del Mundial comienzan las protestas de los que no tienen demasiados motivos para protestar. O tal vez sí los tengan, pero no justifica generar tanta tensión. Sobre todo porque no son los menos favorecidos de la escala salarial, sino todo lo contrario. Hasta pagan impuesto a las ganancias. O a los altos ingresos, como debería llamarse. En lugar de pugnar por su eliminación o por algún retoque del mínimo no imponible, deberían reclamar la inclusión de los que están exentos, como los jueces, que tienen ingresos superiores a los de cualquier asalariado. Porque, aunque traten de hacerlo parecer como una injusticia que afecta a muchos, apenas alcanza a menos de un 13 por ciento de los trabajadores registrados. Que un porcentaje tan grande no alcance el mínimo de 15 mil pesos muestra que los salarios continúan bajos y no estamos ante una cifra que permita muchos lujos. Casi debería estar cerca de la paga promedio. Y encima, los empresarios siguen aumentando sus ganancias con el incremento en los precios. Esto hace que la redistribución del ingreso transite por una meseta que parece interminable. Mientras los que más tienen se resistan a reducir una porción de sus ganancias, a contribuir con los tributos que corresponden, a invertir parte de lo que acumulan, la búsqueda de la equidad no es más que una quimera.
¿A nadie llama la atención que desde hace un tiempo quienes más se quejan son los que ostentan mayores ganancias? ¿No da un poco de repugnancia que los estancieros aprovechen cada ocasión para lloriquear por impuestos y retenciones? ¿O que los grandes empresarios clamen por una devaluación de la moneda y cuando se produce, se quejan por el incremento del dólar, aunque descarguen el peso de la diferencia sobre nuestros bolsillos? Y encima hay que esquivar sus conspiraciones y ataques especulativos. Y controlarlos mucho, porque tienden a explotar, evadir y fugar ante el menor descuido.
¿No sorprende que una parte de la clase media sea la más criticona cuando se toma alguna medida de inclusión? ¿No les da vergüenza envidiar a los menos favorecidos porque se les facilita el acceso al alimento, la educación, la salud y la vivienda? ¿No hace ruido que un exponente de esa clase afirme nunca haber recibido nada gratis después de haber gozado de una infancia feliz, una adolescencia contenida y educación completa sin haber puesto un centavo? ¿No comprenden que tener padres que garanticen estas cosas es un privilegio que debería generalizarse?
Para combatir la desigualdad debe primar el espíritu solidario, que no tiene que ver con la pulsión caritativa. La caridad no es más que una máscara para atenuar las diferencias. Cuando viene de más arriba está inspirada por la expiación, como una manera de lavar las culpas ocasionadas por la avidez monetaria. La caridad es una puesta en escena que complace más a los que miran que a los que reciben. Los más ricachones diseñan sus fundaciones con títulos rimbombantes no para mejorar la vida de los más castigados, sino para obtener exenciones impositivas; para limpiar el nombre más que para reducir el número de víctimas de su avaricia desmedida.
Nada de todo esto se relaciona con ese espíritu solidario que estamos buscando. Tampoco tiene que ver con misticismo, ocultismo o prácticas semejantes. Tal vez el término ‘espíritu’ puede provocar confusión. Entonces hablemos del pensar solidario, que siempre incluye al otro en un plano de igualdad: lo que padece él, me duele a mí. La solidaridad aporta solidez al grupo que la practica. Mientras más intenso sea el lazo, más solidez conseguirá. Y eso se nota: los que más tienen se solidarizan con más facilidad que el resto. Por eso conforman un poder que parece indestructible; un poder que pretende recuperar el control del país para manejarlo al antojo de sus intereses; un poder que a veces logra hacer pasar su ideario como sentido común y consigue los apoyos más insospechados. Hasta de sus propias víctimas, como el caso del representante de los trabajadores rurales, alineado sin filtro con los terratenientes. La solidaridad entre los que más tienen lleva nombres más temibles: corporación, lobby, complot.
El pensar solidario que necesita nuestro país no debe tener a esa minoría avarienta como aliada, sino como adversaria, en el mejor de los casos. Tampoco debe destinar respeto a ese sector, porque explotar, someter, expoliar son prácticas nocivas que dificultan la construcción de un país con equidad. El pensar solidario es patrimonio de las mayorías y no necesita más acción que la empatía hacia el que logra mejorar en algo su vida, es celebrar los triunfos ajenos cuando son de buena fe, es compartir un camino colectivo, es apartar los obstáculos para los que vienen detrás. El pensar solidario hace oídos sordos a las voces agoreras que sólo buscan generar miedo, desconfianza, disolución. Cuando este pensar solidario se convierta en cotidiano, la distribución del ingreso dejará de ser la iniciativa de un gobierno para ser el objetivo de todos. O de casi todos, porque siempre existirá esa minoría que se opone a la felicidad compartida. Lo importante será, entonces, neutralizar su destructivo poder.

viernes, 18 de julio de 2014

Buitres contra leones: la saga continúa



Por lo visto, no será tan fácil desembarazarnos de los buitres, que picotean desde todos los ángulos para obligarnos a pagar mucho más de lo que nos corresponde. Ahora, de tan angurrientos, han perdido toda cordura. Aunque tienen al Juez Imperial de su lado, lo que dicen está fuera del buen juicio. Esta vez parece que van a perder. O mejor, deben perder, de lo contrario todo lo que hemos construido en estos años se desmoronaría como un castillo de naipes. Tanto como perder, no. Apenas ganar bastante menos de lo que pretenden. Si sacaran la cuenta de todos los recursos que han destinado en representación, propaganda y coimas en este litigio contra nuestro país, se darían cuenta de que están haciendo un pésimo negocio. Si pensaron que con unas cuantas bravatas nos iban a doblegar, se equivocaron de víctima: la fiereza de Javier Mascherano en la defensa de los colores no es una casualidad, sino un resultado.
Un poco de tristeza produce el espacio que brindan los medios hegemónicos a difundir los argumentos y amenazas de estos especuladores. Tristeza porque algunos conciudadanos se asustan fácilmente con estas falacias. No es para menos, con todo lo que nos ha pasado en décadas anteriores. Pero la congoja se mitiga porque este tipo de hechos convoca a posicionamientos más claros. Entonces, ya resulta fácil comprender quiénes provocan la grieta, aunque confunda un poco que sean los mismos que la denuncian desde hace un tiempo. Esa división ahora está un poco más visible: de un lado están los que defendemos los intereses del país y del otro, Los Otros.
Los representantes de ATFA, la fuerza de choque contra Argentina, publicaron su segunda solicitada en Clarín, La Nación, El Cronista y Ámbito Financiero, en la que amenazan sin tapujos nuestro futuro. En ella dicen que el “default es una elección” y que si nuestro país cae en cesación de pagos, los acuerdos firmados para la explotación de Vaca Muerta pueden ser parte del pasado. Además, utilizan argumentos catastróficos aportados por Claudio Loser, ex director para el Departamento Occidental del FMI entre 1994 y 2002. Aunque este personaje dice ser argentino, fue el operador principal de la multiplicación de la deuda externa y de los planes que nos llevaron al desastre. Ahora vuelve a entrar en escena aconsejando ajustes, desregulación y nuevo endeudamiento. No está de más reiterar que todos los que simpaticen con la posición de los fondos buitre deben ser considerados traidores, sin atenuantes.
Y esto no es exagerado. Los buitres –llamados holdouts por sus apologistas- no nos han prestado nada sino que han comprado bonos basura –en default- tres años después del primer canje por 48 millones de dólares y ahora reclaman casi 1500. En este nuevo texto extorsivo aparecido en los medios cómplices exigen que el Gobierno Nacional se siente a negociar con los especuladores, fortalecidos por la independencia del juez Thomas Griesa y sus capciosas, seniles y colonizadoras interpretaciones de la ley. En primer lugar, no se puede negociar con una pistola en la cabeza, más aún cuando la Justicia está de parte de los que la sostienen. En segundo lugar, la negociación está sobre la mesa y es la ley 26017 sancionada en febrero de 2005 por el Congreso. Por último, un 92,4 por ciento de los acreedores ya ha aceptado las condiciones dispuestas en ella, pero esa minoría carroñera no sólo la rechaza, sino que pone en riesgo reestructuraciones futuras. Si quieren cobrar, que sea de esa manera, de lo contrario, que sigan desperdiciando su dinero. 
Defender la camiseta
Sin pantalón corto ni botines pero con una fusión entre defensa y ataque notable, CFK expuso en la cumbre de BRICS-UNASUR los argumentos de la posición argentina. Que son los de todos, porque los embates de estos avarientos se dirigen a cualquier punto del planeta. "Un nuevo ordenamiento financiero global, no solamente es justo y equitativo, sino que es imprescindible", clamó La Presidenta. Además, explicó que nuestro país "no va a entrar en default porque Argentina va a pagar su deuda como ya lo hizo y deberán hacerse responsables los que impiden que los legítimos tenedores de esos dineros" cobren lo que está depositado en el BANY desde hace 20 días.
Para los que todavía no comprenden este conflicto, hay bonistas buenos y malos. Los buenos –la mayoría, como siempre- aceptaron el quite de intereses y la extensión de los plazos, lo que redujo la deuda en un 60 por ciento. Los malos –por suerte, una minoría- no aceptaron el canje y están a la espera de dar un picotazo a nuestros bienes. Entre estos malos, están los más malos –menos de un dos por ciento- que son los que convencieron a Griesa para que haga caer su martillo contra nosotros. Si ganan los malos, los buenos tienen la posibilidad de seguir ese camino, lo que significaría nuestra ruina. Pero, además, se sumarían a este negocio los que invierten más en la economía real que en la virtual. "Estamos hablando de desarrollo sustentable, estamos hablando de inversiones para generar trabajo y empleo, estamos hablando de inversiones para generar comercio, qué ejemplo es en el mundo que alguien que pone 48 millones de dólares solamente a través de un juicio obtiene una rentabilidad de 1680 por ciento, en apenas seis años", señaló Cristina. Y cabe agregar, sin producir nada más que miseria a su alrededor.
Jorge Capitanich no tuvo reparos en calificar de “auténticos caraduras” a los fondos buitre y sus cómplices. Después de reafirmar nuestra soberanía en las decisiones sobre economía doméstica, destacó que el Gobierno “defiende los intereses del país, en un contexto en el que estamos dispuestos al diálogo”, que es el marco que establece la ley. Y destacó que “la forma en la que Argentina muestra voluntad de pago es cumpliendo con el 92,4% de los acreedores. Esta es nuestra respuesta a la solicitada". Así que nadie piense que agacharemos la cabeza ante la arbitrariedad de Griesa y la angurria de estos despiadados carroñeros.
Quedan poco más de diez días para fin de mes y un número importante de bonistas no ha recibido el dinero depositado en sus cuentas. Mientras tanto, los agoreros y cómplices hablan de riesgo de default técnico y patrañas por el estilo. Nada de eso va a pasar porque el Gobierno pagó lo que tenía que pagar. El resto es impagable y peligroso. La cesación de pagos la declara el Estado y no un juez comprometido con la defensa de intereses destructivos.
Este incidente que puede parecer un mal trago, con el tiempo se convertirá en una anécdota más de nuestro camino, la más épica de todas. Triunfar en este trance garantiza el futuro. Por eso hay que estar atento a lo que digan los que pretenden ser candidatos. El próximo presidente será aquel que garantice que no rifará nuestros recursos ni ajustará nuestros bolsillos para satisfacer los antojos de estos nefastos individuos. Un criterio sencillo, que deja afuera a la mayoría de los que sueñan con la banda. Pero no a todos, por supuesto, sino sería catastrófico.

miércoles, 16 de julio de 2014

Identikit de los que buscan aguar cualquier fiesta



Increíble. Todavía quedan algunos que piden una porción de caviar noruego en una panchería y después se quejan porque el despachante no satisfizo su antojo. Eso aporta un motivo para hacer comparaciones absurdas con lo que ocurre en otras latitudes. Claro, en Noruega, el caviar noruego se vende hasta en los kioscos. Como la pose de Beatriz Sarlo, que pretendía visitar un museo a la hora en que se disputaba la final del Mundial. Una intención malsana de una intelectual que pretende comprender la sociedad. ¿Cuántos domingos tuvo desde 1990 hasta hoy para asistir a un museo? Unos 1200, de acuerdo a un cálculo apresurado. Además, muy poco solidaria con quienes viven la pasión por el fútbol, más aún en una situación tan particular. En fin, tan desubicada como aquellos que quisieron opacar las celebraciones del domingo. Siempre hay una minoría que pretende nadar contra la corriente, no por vanguardismo, sino de puro mal llevados, nomás.
Tanto una como los otros, son de los que siempre buscan aguar cualquier fiesta. Los que van disfrazados a un casamiento y con saco y corbata al corso. En cierta forma, se esfuerzan en quedar descolocados para responsabilizar a los demás. Por supuesto, estos dos hechos son diferentes. Lo de Sarlo no es más que una travesura de quien se empecina en buscar pelos hasta en huevos depilados. Los vándalos del domingo, en cambio, aportan otro matiz. Ambos son planificados: ella decidió ir a un museo justo ese día para poder denostar nuestras costumbres; ellos asistieron al obelisco para practicar costumbres denostables.
Tanto ella como ellos buscaron cámaras para amplificar la pose. Si Sarlo no hubiera asistido a un programa de TV para narrar su tragedia dominguera, quedaría como una distracción, capricho senil o distinción cultural. Al momento de hacerlo público, deja de ser un incidente particular para convertirse en un hecho político: las masas alienadas por el fútbol le impiden gozar de un paseo intelectual. Eso le inspira pensar en las mayorías que se imponen sobre una minoría, pero no cualquier minoría, sino una de tinte aristocrático. Por eso la derecha recurre a calificativos como autoritarismo, demagogia, populismo para hacer referencia al momento que estamos viviendo. Claro, los que suscriben a esta posición están más tranquilos cuando se da el proceso inverso, el de la minoría imponiendo sus intereses –monetarios o culturales- a la mayoría. Eso es un verdadero modelo autoritario.
Los vándalos del domingo también constituyen una minoría -no aristocrática pero igualmente marginal- y también protagonizaron una puesta en escena ante la presencia de las cámaras. Según el secretario de Seguridad, Sergio Berni, sólo se organizaron para delinquir, como los bandoleros que poblaban los caminos rurales en la Francia del siglo XVIII, inspiradores de tantos personajes románticos de la literatura. La hipótesis oficial sugiere que, mientras un grupo distraía a la policía con los disturbios, los otros aprovechaban para saquear negocios y que 12 de ellos pertenezcan a las barras de Independiente y Chacarita es pura coincidencia. ¿No serán ellos los organizadores? Y de ser así, ¿no habrá ninguna relación con Luis Barrionuevo y Hugo Moyano? El primero, suspendido como socio de Chacarita después de los escándalos de su gestión y aceptado nuevamente en febrero de este año y el segundo, recién asumido como presidente del Rojo de Avellaneda.
Siempre rondan las sospechas sobre estos dos personajes de la peor política vernácula, pero nadie se anima a convertirlas en certezas. Ante cada incidente de estas características aparecen los mismos actores, barrabravas relacionados con Moyano, Barrionuevo y alguno más de esa calaña y las cámaras de TN. El guión ya se conoce, pero nunca se descubre al autor de esta tragicomedia. O sí, pero nunca encuentran pruebas o las investigaciones quedan en la nada.
Fotos que nos hacen bien
Como sea, los dos hechos ocurridos el mismo día alimentan la fascinación del colonizado. Beatriz Sarlo afirmando sin rubor que en Alemania y Brasil los museos funcionaban normalmente, a pesar de la final. Los medios hegemónicos destacando los civilizados festejos germanos, aunque hayan contenido burlas, ataques y hasta un acuchillado. No se preguntan qué recepción hubieran tenido si la selección alemana perdía el partido del domingo. No encuentran ningún valor a lo que ocurre acá porque hasta los desmanes callejeros tienen un color civilizado cuando ocurren fuera de nuestras fronteras.
Y bueno, tendremos que seguir lidiando con esa mirada que nos acompaña desde la fundación de nuestro país, la que se refuerza día a día con episodios insignificantes, la que repite sin cesar que éste es un país de mierda y que nunca podremos ser serios porque vivimos acá. No importa que el hemisferio norte se encuentre sacudido por conflictos sociales, económicos o bélicos. Mientras en nuestro país recibimos con felicidad a los subcampeones, los norteamericanos celebran la llegada de un nuevo tipo de armamento: EXACTO, una bala teledirigida de calibre .50 que siempre da en el blanco, especial para francotiradores con blancos en movimiento. Mientras Argentina es visitada por presidentes de indiscutibles potencias y participa de la Cumbre de BRICS, los agoreros de siempre afirman que vivimos en la peor cloaca del mundo.
Menos mal que son tan absurdas esas afirmaciones que ya parecen parodias de sí mismas. No somos los mejores del mundo, pero tampoco los peores. Si miramos modelos importados, seremos malos imitadores; si nos miramos el ombligo, terminaremos encorvados. Sólo observar nuestro entorno, admirar el paisaje, incorporar al otro en nuestra mirada nos puede conducir a consolidar el país que estamos construyendo. Esas son las fotos que deberían estar en nuestro álbum, el mejor de toda la historia.