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lunes, 22 de septiembre de 2014

La interminable avidez de los ricos



 “El que no arriesga, no gana”, reza un viejo refrán. Pero quien lo sigue, debe estar predispuesto a perder. Por eso el riesgo. Si los productores de soja dejaron sus enormes gusanos blancos ostentando obesidad en los campos, apostaron para ganar un poco más. O esperaron un mejor precio internacional o presionaron para una devaluación de la moneda o las dos cosas. Pero el poroto cotiza en baja y el dólar se mantiene estable. Los estancieros y los no tanto se toparon con el contenido implícito del dicho y ahora están al borde de las lágrimas. Y pensar que, en un caso así, con la 125 las retenciones serían más bajas. En aquellos tiempos también apostaron y creyeron ganar. Ahora, que le vayan a cantar a Cobos. Que no se atrevan a aprovechar esta circunstancia para exigir compensaciones y subsidios, porque satisfacerlos sería premiar, una vez más, la especulación rural. De una vez por todas, deberán aprender a no pensar sólo en ellos. Y si el problema no es sólo económico, si sus intenciones son políticas, que apuesten por un candidato y si no gana el que promete el oro y el moro, que esperen sentados hasta que los vientos sean más favorables.
En los últimos tiempos, la especulación ha dejado de ser una avivada bien vista, no sólo en nuestro país, sino en casi todo el mundo. El interés individual de obtener una mayor tajada con el menor esfuerzo choca con la voluntad del bienestar colectivo. Y algunos líderes mundiales lo están empezando a comprender. Francisco no es el primer papa que se lamenta por la pobreza, pero ha sido el único que ha denunciado sus causas. Y en sus intervenciones habituales, condena la especulación financiera y la autonomía absoluta de los mercados porque profundizan la desigualdad y empobrecen a los pueblos. Esto, por supuesto, va más allá de la religión, pero más acá de la ruptura del sistema. Antes de desechar al capitalismo, hay que intentar humanizarlo. Ese es el mensaje de Francisco, una palabra que conviene –al menos por ahora- para los que queremos un mundo más equitativo.
Ya no valen las excusas de otros tiempos. Ya no creemos más en el modelo del derrame. Ya descubrimos que la Economía no es una ciencia aséptica, sino un espacio en disputa. Y que si queda en manos de los tecnócratas neoliberales se convierte en una succión sanguinaria. Ahora sabemos que la libertad de mercado no es un derecho constitucional sino una manera perversa de disfrazar la explotación, la especulación y la evasión. También comprendimos que las deudas sólo se pagan cuando no son extorsivas. Y nos estamos convenciendo de que no siempre la justicia es justa, sobre todo cuando proviene del poder imperial. Lo que debemos hacer carne es que para alcanzar la equidad, los que más tienen deben renunciar a una porción de sus privilegios. Quien prometa lo contrario, sólo está vendiendo coloridos vidrios.
Pasos para el futuro    
Decirlo es fácil; convertirlo en realidad, es otra cosa. Que los ricos se resistan a la redistribución del ingreso es comprensible. Pero que digan que la acumulación que practican beneficia al conjunto ya es puro cinismo. Y más aún cuando, en lugar de invertir sus cuantiosas fortunas en la producción de bienes y servicios, las trasladan de un paraíso a otro para jugar a la ruleta financiera. Encima, como si fueran víctimas acosadas por los desposeídos, exigen garantías para multiplicar sus ganancias. Seguridad jurídica es el eufemismo que utilizan para que los estados faciliten la sangría. Impuestos mínimos y controles inexistentes son las condiciones para poner en movimiento los alucinantes montos que manejan. “Todos hablan de previsibilidad y de certezas, pero realmente si hoy hay incertidumbre y falta de certeza, es precisamente a partir de una economía que se ha basado en la especulación de las finanzas, en la globalización, el movimiento de los capitales de un lado al otro, en la existencia de guaridas fiscales, en la existencia de fondos buitres”, señaló CFK, después de su encuentro con Francisco.
Para que no queden dudas de la relación causal entre la minoría enriquecida y la mayoría acosada por tamaña angurria, La Presidenta explicó que “mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz”. Y con una claridad que deslumbra, concluyó que “este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera”. Los apologistas de este sistema inhumano son los que intentan mimetizar su ideario como sentido común. Entonces, hablan de propiedad privada cuando se refieren al botín, llaman iniciativa al latrocinio, consideran como ganancias el vaciamiento de las arcas públicas, nombran como paraíso a las cuevas donde guardan sus tesoros y se acuerdan de la libertad sólo cuando los estados diseñan controles. Y son tan cínicos que se ponen como ejemplo del éxito, tan hipócritas que se conduelen por la pobreza que ellos mismos producen.
La peor muestra de estrabismo es estar de parte de ellos. En 2008, en tiempos de la Rebelión de los Estancieros, muchísimos argentinos de clases medias tomaron partido por las avarientas demandas de los grandes productores agropecuarios: creyeron defender la patria cuando en realidad respaldaron patrimonios exclusivos. Esos patriotas rurales hoy se niegan a liquidar lo producido en nuestro suelo, dificultando la recaudación y redistribución del ingreso. Cuando piensan en verdes no hay patria que valga. Algo estamos aprendiendo: la semana pasada, algunos siervos del establishment convocaron un cacerolazo en contra de las leyes de defensa del consumidor y control a las grandes empresas pero sólo una decena de individuos respondieron al llamado.
Así se construye un país más equitativo: frenando la carrera de los que nos pisotean para amontonar divisas, no construyendo muros para tapar las zonas pobres de las grandes ciudades. Lo del muro no es una metáfora. En la CABA, la capital del PRO, una foto amarillenta del pasado estigmatiza más a los marginados. El sector de la Autopista Illia que recorre la Villa 31 será adornado con un cerco vandálico y antirrobo, una manera elegante de nominar a una rígida cortina que evitará una espantosa postal. Estigma por donde se lo mire. Eso es lo que prometen: defender con uñas y dientes a los poderosos y ocultar y reprimir la consecuente exclusión. Y todo eso con el falso lema de que no tienen posicionamiento ideológico. Qué claro que está todo y qué difícil confundirse. Sin embargo, algunos se dejan llevar por esa lógica. Pero a no desanimarse: son cada vez menos los que se engañan. Y los que queden, ya no son engañados, sino convencidos. A éstos, no los cambiamos más.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Las nucas que miran al pueblo



La Presidenta viaja a Roma para encontrarse con Francisco, mientras buitres, caranchos y demás carroñeros afilan picos y colmillos para mordisquear la legitimidad del Gobierno Nacional. De paso, para llenar un poco más sus bolsillos, único objetivo de sus avarientas vidas. Rumores, mentiras, advertencias y amenazas poblaron esta semana los titulares de las propaladoras de estiércol, cada vez con menor repercusión en la ciudadanía. Ni logran convocar un cacerolazo en la CABA para defender a los formadores de precios. Ante la disminución del rating medido por sus aliados de Ibope, TN está tratando de renovar su imagen sin modificar al personal. Quizá, en breve, veremos las caras habituales menos estreñidas y severas, aunque sin abandonar el tono de abismo inminente. Porque, de otra manera, no lograrán instalar a los candidatos de los verdaderos titiriteros de la tragicomedia que estamos presenciando. Contra todo lo que pronostican, el fin de ciclo nunca llega. Por más que clamen por diálogo y consenso –órdenes y obediencia, en el vocabulario del Poder Económico- el oficialismo parece no ceder a las presiones y avanza con las iniciativas para controlar a las bestias y construir un país más justo.
Primero fue la Ley de Pago Soberano para eludir la embestida de Paul Singer, reforzada por el juez Griesa y el sistema judicial yanqui. Esta norma, no sólo ofrece mejores garantías para cumplir con el pago a los bonistas, sino que establece  depositar los fondos necesarios para satisfacer a los acreedores que no entraron al canje. Con esta ley, se cierra la posibilidad de una negociación más ventajosa para los buitres pero perjudicial para nuestro país. Siempre vale recordar que casi cien diputados de la oposición votaron en contra de esta propuesta que sólo busca reforzar nuestra independencia. Y también que los exponentes del PRO anunciaron que Macri, de alcanzar la presidencia, derogaría esta ley para cumplir, sumiso, la sentencia del juez neoyorquino. Si esto tiene éxito en el electorado, seguramente se sumarán Sergio Massa y Hermes Binner a tan cipaya propuesta de campaña.
En esta semana, la Cámara de Diputados convirtió en ley la iniciativa para limitar el accionar angurriento de las empresas con posición dominante. Las pavadas que se han dicho con respecto a este tema deberían formar parte de una antología. Desde las comparaciones con autoritarismos pasados y presentes hasta los más terroríficos pronósticos sobre nuestra economía recitaron, sin pudor, los apologistas del neoliberalismo. Los más creativos esbozaron escenarios desoladores con el objetivo de angustiar a la población y despertar la paranoia siempre latente de los especuladores. Y los más audaces –o desesperados- magnifican los resultados de las pequeñas conspiraciones que se producen a diario. Eso sí, al unísono, los tres candidatos de la oposición prometieron derogar esta ley para dejar vía libre a la especulación de una minoría rebosante. La metáfora de Máximo Kirchner –que miran al pueblo con la nuca- se confirma con esas ofrendas de campaña, que sólo beneficiarán al cinco por ciento del empresariado, los que trastornan nuestras compras. Recapitulando: cuando vistan banda derogarán las leyes de Pago Soberano y de Defensa del Consumidor, además de la LSCA y reprivatizarán YPF y las jubilaciones. ¿Derogarán también la Constitución y el Acta de la Independencia? Uno les preguntaría si de verdad quieren ganar las elecciones, pero será mejor dejarlos en el error. O tal vez sepan que cumplir lo que prometen –reforzar y acrecentar privilegios a costa de succionar derechos- nos conducirá otra vez al abismo y por eso no se atreven a ganar.
Una mirada al futuro
Porque de otra manera, ¿cómo pueden oponerse a frenar el abuso de los formadores de precios? ¿O creen en serio que la inflación sólo es producto de errores del proyecto? El manual de la ortodoxia recomienda en estos casos aplacar la máquina de fabricar billetes y hacer recortes en los gastos del Estado. El ajuste que tantas veces hemos padecido en las últimas décadas del siglo pasado. Quizá la cuenta les cierre, pero un país es algo más que números. ¿Para qué sirve el equilibrio en los balances públicos cuando gran parte de la población no accede a un bienestar elemental? Lo más importante que debe alcanzar un gobierno es la felicidad de los ciudadanos y no sacar un diez en contabilidad. Y para eso debe bregar para que la distribución del ingreso sea más equitativa, algo difícil de lograr cuando los más ricos no tienen fondo. Entonces, es el Estado quien debe poner los límites para proteger a los más débiles, que son los ciudadanos, para que con sus ingresos puedan acceder a más bienes.
Para el secretario de Comercio, Augusto Costa, estas leyes “amplían los derechos de los consumidores y dan herramientas al Estado para evitar abusos”. Pero no todo será un lecho de rosas y tendremos que lidiar con las espinas. Quien piense que la semana que viene la compra en el súper dejará de ser pesadilla padece de optimismo extremo. Como siempre, cada paso que se intenta dar hacia la equidad tropieza con la implacable resistencia de los angurrientos. Ya están paseando por los juzgados para encontrar algún oscuro magistrado que les fabrique una medida cautelar que postergue la aplicación de las leyes surgidas de acuerdo a las instituciones. Como advertencia, Costa destacó que "van a tener que demostrar que estas herramientas del Estado son inconstitucionales o no son legítimas, cosa que en 40 años de vigencia ningún juez sentenció".
A diferencia de la llamada ley de medios, éstas tuvieron un nulo respaldo de la oposición, lo que deja el oficialismo en soledad. Sólo el respaldo de la sociedad puede revertir esta situación. La distribución democrática de la palabra resultó una conquista demasiado abstracta para una parte de la población. La defensa del bolsillo y la facilidad para realizar nuestras compras son batallas más concretas, más cotidianas, más tangibles. A los voceros del Poder Fáctico va a resultarles muy difícil convocar a un cacerolazo para defender a los más grandotes.    
Además, aunque nos falta mucho, estamos en el camino correcto y no sería saludable torcer nuestro rumbo a los senderos tenebrosos de antaño. Una investigación realizada por el FMI revela que Argentina ocupa el tercer puesto en el ranking de países con mayor crecimiento inclusivo, detrás de Bulgaria y China. Si con todos los escollos y resistencias hemos logrado ese lugar, lo que sería nuestro país con un poco más de generosidad y compromiso. Paciencia. Alguna vez comprenderán que el país es de todos y con su potencial alcanza para que no haya ni un solo pobre. Y si no lo comprenden, deberán acatar la voluntad de la mayoría, que es la construcción de un país equitativo. Y si no acatan, que no se quejen.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Consecuencias insalvables del pensar “contrera”



Si hay alguien que sabe perder votos es la diputada por la CABA, Elisa Carrió. En las elecciones presidenciales de 2007 obtuvo más del 23 por ciento de los votos. Cuatro años después, menos del dos por ciento. Ahora sale a dar cátedra sobre la representatividad, envalentonada por las 581096 voluntades conquistadas en la CABA en las elecciones del año pasado, lo que poco significa en relación al padrón general. Resentida como pocas, debe considerar que la ciudadanía no comprende su propuesta de gobierno y eso despierta su desprecio. “Scioli es la nada misma y es el que mejor imagen tiene –analizó, sesuda- la gente que se siente nada, vota a nada y un ejemplo es Scioli”. Si continúa menospreciando así a los votantes, cada vez conseguirá menos apoyo. ¿O esto formará parte de su estrategia de campaña para el año próximo? Tal vez el lema ya está elaborado: sea cualquier cosa menos K. Extraña paradoja que alguien como ella, sin propuestas ni asistencia a las sesiones de la Cámara, sea la que califique como ‘nada’ a los demás. Sobre todo a los ciudadanos, que son los que deciden el destino del país.
Destino del que ella se desentiende cuando ostenta asistencia perfecta sólo en los medios hegemónicos, sobre todo TN, que es como su segundo hogar. Casi el primero. Pero este texto no versará sobre los nuevos exabruptos de Carrió, sino de lo que se pierde por haber renunciado a gobernar desde la banca que le ha brindado la voluntad popular. Y no sólo ella, sino todos los diputados y senadores que se amontonan para salir en la foto de los elegidos del establishment; los postulantes del casting para ejecutar los planes de una minoría que quiere gobernar otra vez en su exclusivo beneficio. El requisito fundamental es que digan cualquier cosa, que hablen del fracaso, que auguren abismos, que reciten números alucinados e insultos inéditos. Que hagan cualquier cosa para horadar la legitimidad del gobierno de CFK, como mentir descaradamente y pisotear la institucionalidad. Que asusten, desmoralicen, demonicen, acomplejen. Que fustiguen, blasfemen, denuncien, conspiren. Todo vale en esta larguísima carrera presidencial, hasta desdeñar la soberanía y proteger privilegios.
Aunque la respuesta esté cantada, siempre vale preguntarse qué hubieran hecho estos personajes en el conflicto con los fondos buitre. ¿Someterse al caprichoso fallo del juez Griesa y regalar el futuro del país o desafiar el poder imperialista de la justicia del Norte depositando los fondos a los bonistas para ver cómo se desesperan los buitres? ¿Hubieran suplicado una humillante negociación o propuesto una ley soberana para eludir la injusta sentencia? ¿Hubieran aceptado la presión del que oficia como embajador yanqui o le hubieran marcado los límites? Algunos podrán pensar que en la defensa de la soberanía no debería entrar en juego ningún posicionamiento ideológico. De ser así, la respuesta a esta serie de dilemas los dejaría muy mal parados: si optan por el primer término de estas disyunciones, revelarían que la independencia de nuestro país les importa un comino. Y si no es así, si elegir el primer término es coincidente con las ideas que portan, también quedan mal parados, porque ese ideario nos conduciría a un país colonial, explotado y empobrecido. Todavía no han advertido que garantizar los privilegios de una minoría no nos conducirá nunca a un país más justo.
Los erráticos opositores
Y esto también lo demuestran a la hora de tomar sus decisiones y opinar sobre otras políticas de Estado. Mientras por un lado destilan lágrimas artificiosas al hablar de la pobreza, por el otro vomitan improperios sobre las iniciativas de inclusión, sobre todo las económicas. A la vez que claman por la necesidad de inversiones, omiten denunciar a los que fugan divisas hacia cuentas en el extranjero. Si en una toma denuncian la inflación, en la siguiente rechazan la necesidad de controlar a los formadores de precios. Si de perfil exigen que se incrementen las exportaciones, de frente defienden a los estancieros que acumulan granos en los gusanos gigantes. Analizar este juego de ideas contrapuestas que conviven en una misma cabeza nos llevaría más allá de un análisis político o filosófico y se corre el riesgo de quedar empantanados en el terreno de la psiquiatría.
Para evitar estos peligros, podríamos intentar con la dramaturgia, la sofística o la mutación de las especies. Y si eso no nos satisface, siempre aporta recurrir a los diferentes modelos de análisis comunicacional. Todo sendero nos conducirá más o menos a lo mismo. Si una persona piensa de manera tan contradictoria no sabe lo que quiere. Si no es así, está simulando. No está considerando un problema para buscar una solución sino para mostrar su posición contraria a todo lo que proponga, decida, sugiera el Gobierno Nacional. Una actitud peligrosa de la que sólo resulta la disolución social, eso que algunos llaman la grieta. Hendidura que deja cada vez más pequeña la otra parte, la que habitan esos individuos que se niegan a la reconstrucción de Argentina y quieren sus bienes sólo para sí mismos. En ese peñasco oscuro, se amontonan los que farfullan y protestan cuando se conquistan derechos a costa de limar apenas sus cuantiosos privilegios y contener sus destructivos intereses.
Desde la demonizada Formosa, La Presidenta mostró otra postal: un multitudinario público alegre y consustanciado, compuesto por ciudadanos con nuevos derechos y dignidad en construcción. “Los dirigentes del proyecto político que hoy gobierna la Argentina podemos hablar más de media hora contando todo lo que hicimos sin criticar a nadie”, confesó CFK. Esa es la Palabra que molesta a los detractores, la que explica, la que se compromete, la que denuncia. Ese discurso en que el orador pone su cuerpo, no en un gesto actoral, sino con una carnadura que enciende los ánimos. Después, ironizó sobre ellos, sobre los candidatos que buscan más satisfacer los caprichos angurrientos de la minoría que obedecer la voluntad de la mayoría. “Saben todo, hasta la fórmula de la Coca-Cola –punzó Cristina- y cuando llegan al gobierno no saben ni hacer un mate cocido”. Y eso no sería tan grave: lo peor es que nos han hundido en las peores crisis de nuestra historia. Y lo quieren volver a hacer. Si fuera por el mate cocido, se lo sirve cualquiera, pero la presidencia no se la vamos a regalar. Menos, en bandeja de plata.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Una conspiración desmantelada



Extemporáneo como siempre, Luis Barrionuevo recuperó notoriedad gracias a sus profecías agoreras. Más que advertencias, parecieron amenazas. Desde hace un tiempo, algunos oscuros personajes celebran la llegada del fin de año con saqueos y revueltas, que pasan tan desapercibidas como un encontronazo entre perros callejeros. Y el gastronómico que jamás ha pisado una cocina está cursando las invitaciones a la fiestita. Tal vez se adelanten, porque están muy ansiosos de que todo termine. No sólo el año, sino el gobierno de CFK y el kirchnerismo en su conjunto. Estos individuos nefastos organizan, cada tanto, estos petarditos con pretensiones de estallido, pero apenas logran protagonizar algunas patéticas escenas de violencia histérica que serán magnificadas por los medios hegemónicos, verdaderos organizadores de la celebración. El plan es claro: como el establishment está desesperado por recuperar el control del país, trata de imponer sus candidatos a fuerza de fabricar catástrofes. Lo han hecho desde 1930 con los golpes militares. Y lo han repetido en 1989 y en 2001, sin brazos ejecutores pero con mucha fuerza especulativa. Y lo quieren volver a hacer. La gran diferencia es que ya los conocemos y esta vez no estamos dispuestos a dejar que nos pisoteen.
El golpe del ’76 fue distinto a los anteriores porque se tomaron medidas drásticas para que no sea necesario ninguno más. Por eso el genocidio. Sus ideólogos buscaron disciplinar a la sociedad para que acepte un modelo que de ninguna manera la beneficiaba. El dólar barato y las altas tasas de interés facilitaron la bicicleta financiera, lo que instaló la pulsión de multiplicar fortunas con poco esfuerzo. La importación de baratijas sirvió como zanahoria para entretener a las masas, mientras los más audaces llenaban sus arcas a fuerza del vaciamiento público. Y del desmantelamiento de la industria, vale recordar. Ahí comenzó lo que terminó en 2001, con un estallido social de verdad. Y eso es lo que quieren reeditar los que no se adaptan a los nuevos tiempos: una revuelta popular que permita la restauración neoliberal.
Todavía nos estamos recuperando de tantas décadas de estropicio y ya quieren retornar. Como si dijeran: terminen de arreglar que ya tenemos ganas de volver a romper. Eso es lo que llaman alternancia, un concepto político que garantiza la salud del sistema democrático. Pero la alternancia se conquista, no se decreta y no debe ser aprovechada para convertir al país en una montaña rusa, sino para garantizar un ascenso permanente. Nada de lo que proponen los voceros del establishment significará un beneficio para la mayoría, sino todo lo contrario, aunque lo disfracen como quieran. Y lo saben, por eso apelan a sus tretas más perversas para construir un escenario de caos que haga necesaria una nueva solución drástica. Quizá por eso, y como anticipo de temporada, estarán entrenando algunos modelitos para que provoquen un par de disturbios etílicos durante el picnic de la primavera. Pero no mucho más porque no les da el cuero.
La palabra en disputa
El primer discurso público de Máximo Kirchner ante una multitud militante parece alterar el ánimo de los agoreros. No porque teman que sea el próximo presidente, sino porque escuchar su voz destruye la imagen atroz que de él habían construido. En el programa humorístico de Jorge Lanata diseñaron la caricatura del hijo de dos presidentes –los mejores que hemos tenido- como un tardío adolescente bobalicón, gordo, drogón y pegado a la play. En el portal de Clarín, el manipulador titular de la noticia mostraba a un personaje que exigía el pisoteo institucional para clamar por una nueva reelección de su madre. Los comentarios de los lectores no eran más que la expresión del prejuicio, incrementado por las maniobras constantes de ese medio. Eso es lo que interpretaron de esta frase: “si están tan interesados en terminar con el kirchnerismo, por qué no compiten con Cristina, le ganan y sanseacabó”. Claro, les conviene más atacar la literalidad de la frase que vérselas con la metáfora. Porque esa frase es una invitación a hacer política en serio, en lugar de vociferar dicterios y recitar consignas irrealizables y mentirosas.
Algo parecido ocurrió con la sencilla opinión vertida por Víctor Hugo Morales en referencia a las Villas. La dignidad del pobre rompe con la estigmatización construida desde los medios hegemónicos. Si bien enoja mucho que se hayan ensañado con El Charrúa, es una muestra auspiciosa de que están perdiendo la batalla, si destinan sus dardos a estas minucias. Antes fue Damián Szifrón, después Pablo Rago, ahora Víctor Hugo y será cualquiera que se atreva a pronunciar una palabra amable hacia el kirchnerismo. El funesto modelo que defienden los agoreros resulta ahora tan insostenible que cualquier palabra deja al descubierto su vileza.
 Si prestamos atención, sus principales dicterios tienen como blanco a los que se atreven a romper con el discurso otrora dominante. No les molesta cualquier palabra, sino aquélla que pone en cuestión las verdades de antaño. Por eso denuestan la ideología y desprecian la mirada histórica. Extrañan los tiempos en que el neoliberalismo era sentido común. Ahora que no es más que un modelo contrapuesto no saben cómo defenderlo. En la asamblea de la ONU, donde se decidió por abrumadora mayoría la necesidad de regular al mercado financiero, la delegada de Canadá consideró que ese tema no debía politizarse sino quedar en manos de expertos. La economía cavilada desde tecnicismos perversos y no desde el pensar político, única garantía de la voz popular.
 Y esta idea es la que tratan de remozar los candidatos del Poder Fáctico, un poco cansados porque han salido a pelear la campaña con inusitada antelación. Envalentonados por lo que consideraron un anticipo del fin de Ciclo K, desde la finalización de las elecciones legislativas del año pasado ya anunciaron su postulación a la presidencia. Sin muchas ideas pero con mucha presión, realizan varios actos por semana con la intención de despertar, al menos, una tímida adhesión de los votantes. Obedientes y desesperados, las caras visibles y las máscaras impresentables de la dispersa oposición dicen presente en los medios hegemónicos aunque no tengan demasiado para proponer, aunque deban opinar sobre cualquier cosa que propongan los conductores del programa al que asisten. El único requisito es que vomiten ante los micrófonos injurias, mentiras y diagnósticos que perjudiquen lo más posible la legitimidad de CFK y su equipo.
Generalmente, los años no electorales deben destinarse al debate de ideas para seguir construyendo un país. La premura de esa minoría patricia angurrienta y antipopular convirtió a 2014 en una extensa campaña sin comicios a la vista. Lo que debía comenzar en marzo de 2015 arrancó en noviembre del año pasado, con mucho frenesí pero nada de propuestas. En realidad, desde el principio, los integrantes del Círculo Rojo apostaron a una salida anticipada de La Presidenta y sus operadores actuaron en consecuencia. Si las principales consultoras de opinión encuentran una sociedad deprimida, es por el accionar pernicioso de las propaladoras de estiércol, que insisten en montar un escenario caótico y en dibujar la soledad del kirchnerismo. Lejos de eso, la adhesión a Cristina sigue en punta y sus posibles sucesores encabezan las encuestas. Ninguno de los integrantes del casting opositor está en condiciones de convocar multitudes fervorosas para que escuchen su palabra, porque no la tienen. La han abandonado desde hace años por responder más a las demandas de los destructores que a los requerimientos de los argentinos. Y eso, a mediano o largo plazo, tendrá sus consecuencias.