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lunes, 22 de diciembre de 2014

La mejor crisis de nuestra historia




De acuerdo a lo que uno puede observar en el entorno, la hecatombe que pronosticaban los agoreros para después del Mundial brilla por su ausencia. Al contrario, la inflación ha bajado, del dólar ilegal ya nadie se acuerda y las reservas crecieron hasta superar lo previsto. Si en enero los periodistas y políticos de la oposición anticipaban la salida de CFK antes de fin de año, ahora no saben cómo lidiar con la imagen positiva que supera el 50 por ciento y sigue creciendo. Y eso, sin mencionar la intención de voto del FPV ni la capacidad de colmar la Plaza de Mayo en condiciones climáticas adversas para celebrar un nuevo aniversario del retorno a la Democracia. Hace unos años, los noticieros llenaban su espacio con videos de pasajeros que viajaban como ganado y ahora que los trenes ofrecen traslados con dignidad no aparece ni una foto. Lejos de eso, el nuevo servicio a Mar del Plata está batiendo récord de demanda como si fuera un clásico entre Boca y River. Algún cacerolero dirá que es a causa del precio bajo de los pasajes, sin embargo, las empresas de micros que cubren los lugares turísticos tienen reservas hasta en febrero. Sin lugar a dudas, a pesar del estiércol que arrojan los medios hegemónicos, somos testigos de una crisis que podrá ser catalogada como la mejor de nuestra historia.
Muy lejos de la peor, con la que estrenamos el siglo. Muy lejos, pero tan cerca. Porque trece años no es una cantidad que explique la amnesia. Aunque parezca mentira, algunos conciudadanos afirman que este gobierno es un desastre, que estamos viviendo peor que nunca, que no ven la hora de cambiar todo. Si uno los mira con sorpresa o incredulidad, enseguida reprochan: “se nota que usted no mira los noticieros”. Entonces recitan un rosario de titulares en el que se mezclan denuncias increíbles, datos dudosos y pronósticos sin fundamento. Ellos, manipulados por las malsanas operaciones de los que quieren retomar el poder, se ufanan de estar mejor informados cuando lo único que esgrimen es el justificativo mediático de sus propios prejuicios.
Claro, es comprensible: media hora de algunos noticieros es un peligro para el aparato digestivo más recio. Los gestos severos que aparecen en las pantallas no dejan lugar a dudas de que todo está muy mal. Y si cuando sale a la calle, el televidente se encuentra con otra realidad, si no le roban, no lo matan ni le golpea la cabeza un tornillo del Arsat es porque ha tenido mucha suerte. Que esto no se tome como una negación de las dificultades que se presentan a diario y que puede tener cualquier país. Hay tipos que roban y matan y policías que lo permiten y hasta lo alientan, pero hay mucha más gente que no hace nada de eso. Para las víctimas y sus familiares, esta frase puede sonar superficial pero los índices de criminalidad en nuestro país han bajado mucho en los últimos diez años. La OMS nos ubica entre los tres países más seguros de la región y no es el único organismo internacional que sostiene eso. Pero diez delitos amontonados en una hora de noticiero, con un despliegue que va del policial negro hasta el culebrón, da por tierra con cualquier análisis serio de los datos.
Bocaditos opositores
Aunque estemos muy bien –o al menos, mejor que como estábamos- igual muchos afirman que hay que cambiar. En este sentido, los candidatos de la oposición están en serias dificultades a la hora de ubicarse en el podio electoral. Para obtener el beneplácito del establishment y unos minutos en TV necesitan destilar pestes sobre cada acción del Gobierno Nacional. Una foto que circuló en la web puede resultar ilustrativa, además de patética: los diputados Roy Cortina, Néstor Pitrola, Federico Pinedo y Patricia Bullrich posaron sosteniendo cada uno una remera con la leyenda “no a lo que sea”. Y esto no es sólo una muestra de mal gusto, sino el sinceramiento de una estrategia que están desplegando desde hace un tiempo en el Congreso. El oficialismo presenta algún proyecto, los opositores zapatean ante las cámaras de TV, proponen modificaciones que se incorporan al texto original y, al momento de votar, se ausentan, se abstienen o se oponen. Un circo irresponsable que sólo busca generar un vacío de poder, pero sólo consigue el ridículo.
Ya todos sabemos que estos políticos –por llamarlos de algún modo- no tienen un destino más trascendente que la renovación de sus bancas o el recitado de sandeces apoltronados en el sillón de algún medio estercolero. El peor papel lo están haciendo aquellos que aspiran a la presidencia y ya no saben cómo hacer para mejorar sus números. Un poco desorientados, en lugar de dirigir sus propuestas de campaña a los posibles votantes, buscan la aprobación de los integrantes del Círculo Rojo, como si de esta manera tuvieran asegurado su camino a la Rosada. Ya no tienen vuelta atrás con su premonición del fin del ciclo kirchnerista o la negación de los innumerables logros alcanzados por este proyecto. Tampoco con la amenaza de achicar el gasto público, exención impositiva, derogación de leyes y códigos y eliminación de aquellos programas que generan disfrute gratuito, como el Fútbol Para Todos y la TDA. Menos aún con la promesa de re privatizar las empresas que han sido recuperadas para el Estado. Hasta sus serviles sonrisas producen enormes contradicciones al momento de hablar de las políticas de DDHH y la continuidad de los juicios a militares genocidas y civiles instigadores y beneficiarios de semejante oscuridad.
Un rápido paseo por las frases que buscan sintetizar sus programas sólo puede despertar indiferencia, después de unas sonoras carcajadas. El ex intendente de Tigre y virtual Diputado Nacional, Sergio Massa, empapeló nuestra vida con un afiche que lo muestra fresco y juvenil con la propuesta de un país distinto. De la Rúa utilizó el mismo calificativo para su gestión y así terminamos. El ex anestesista Hermes Binner, que siempre saca una crítica incomprensible de la manga, asegura que de su mano, tendremos un país normal. Y la normalidad versión socialismo liberal y caprilista incluye “el desarrollo de lo público para morigerar las desigualdades”, algo que está haciendo el gobierno K desde hace unos años. Por lo tanto, promete la normalidad en un país que ya está normalizado para resguardar los derechos de la mayoría, cuando ya están garantizados y sumamente ampliados.
Mauricio Macri, por su parte, está difundiendo un conmovedor escrito por las redes en el que, desde una mirada absolutamente individual, augura que “la Argentina, como país, irá por un rumbo distinto, y eso cambiará la vida de millones para siempre”. Con su gestión, “las cosas estarán siempre un poco mejor y no un poco peor, un poco más nuevas y no un poco más rotas, un poco más limpias y no un poco más sucias, un poco más felices y no un poco más amargas”. Las mismas naderías de siempre. Las generalidades proféticas que no constituyen ningún plan. Buenos propósitos que esconden sus malas intenciones.
Más allá de estas sombrías lecturas sobre la realidad de nuestro país, estamos mejor que nunca. Tan buena está esta crisis que desear Felicidades para estas fiestas puede provocar una sobredosis. Esta será la única crisis de la historia que amplía la cobertura previsional, mejora los ingresos, incentiva el consumo, alienta el turismo, se preocupa por la salud dental de los que menos tienen y hasta invita a volar a los que nunca lo han hecho. Entonces, no resultará extraño que muchos argentinos prefieran continuar con esta crisis antes que apostar por el inasible país que ofrecen los obedientes restauradores del neoliberalismo, ese modelo importado que ha producido crisis y así nos ha hecho padecer muchas veces. Pero en serio.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Cubanitos con dulce y chocolate



El año termina con una gran noticia a nivel internacional: el inicio de las relaciones entre EEUU y Cuba. Por ahora, más buena que mala, con la liberación de rehenes y la apertura de las respectivas embajadas. El final del bloqueo que afecta el desarrollo de la pequeña isla del Caribe deberá esperar la resolución del Congreso norteamericano. El país que bombardea indiscriminadamente para defender la paz, la libertad y la democracia ha sometido un estado soberano a un desproporcionado aislamiento económico que significó una pérdida superior a los 100 mil millones de dólares. El pueblo cubano resistió, estoico las tentaciones del capitalismo mientras los individuos cubanos se fugaron a Miami para hacer lobby contra el socialismo. Tal vez éste sea el primer paso para desterrar de este planeta la prepotencia de aquellas naciones que se creen dueñas del destino de todos. Por ahora, celebremos esta novedad de fin de año, pero que los festejos no afecten nuestro olfato.
El Mundo ideado por el Imperio después de la caída del Muro de Berlín ha demostrado su fracaso. Fracaso relativo porque los que pergeñaron esa perversidad han multiplicado sus fortunas hasta tornarlas peligrosas. Para eso, en estas dos décadas y pico han tenido que fabricar enemigos que combaten con las armas que ellos mismos producen y a la vez, son atacados con el mismo arsenal. Ahora, ante la perspectiva de tener a muchos países contra su política internacional, EEUU empieza a poner paños fríos. Cuba es un primer paso. Auspicioso que este hecho histórico se produzca, más por el bien de Cuba y su pueblo. Pero ojo, los alacranes y las serpientes no son domesticables: en algún momento pueden destilar su veneno. Y otra comparación de Animal Planet: el abrazo del oso puede producir asfixia. La dignidad, independencia, valentía y paciencia del pueblo cubano no debe mancillarse con un intento de neocolonialismo. Una cosa es la apertura para adquirir aquellos artículos que necesita para su desarrollo y otra es que sea invadido por el consumismo patológico que pretende contaminar nuestro planeta.
De cualquier modo, el presidente Obama puso en la mesa de negociaciones un condicionante que surge de su mirada, que aunque devaluada, continúa siendo hegemónica: “Estados Unidos apuesta por una Cuba más libre y más próspera”. Como si ellos tuvieran la potestad de evaluar las condiciones internas de un país soberano, después de avalar las dictaduras que son funcionales a sus intereses. Ellos pontifican sobre la libertad y los DDHH mientras son los primeros en pisotear estos valores cuando se les antoja, tanto fuera como dentro de sus fronteras. Ellos ejercen un control de calidad de las democracias cuando jamás cuestionan las distintas formas de monarquía que existen en algunos países de Europa, Asia y África. Ellos quieren dar cátedra sobre la democracia mientras el nivel de participación en las elecciones nunca alcanza el 40 por ciento del padrón. Un poco por desinterés y otro poco porque los comicios se realizan en días laborables y la mayoría de los trabajadores no tienen justificada la inasistencia. Muchos no votan para no perder la paga. Ellos exigen democracia al resto de los países cuando son las grandes corporaciones económicas, militares y de inteligencia las que gobiernan el país. Descubrir los entresijos y falacias del discurso dominante es un indicio de que está comenzando a perder su poder.
Los motivos del lobo
Grandes dudas rondan esta novedad: ¿por qué tomó Obama esta decisión? ¿Cómo la concretará, sabiendo que no tiene el apoyo del Congreso para derogar el bloqueo? Si bien entre sus promesas de campaña estaba la finalización de esta vergüenza internacional, ¿por qué esperó hasta el final de su segundo mandato para comenzar a concretarla? ¿Por convicciones o para conquistar un lugar en la historia, además de ser el primer presidente negro de EEUU? ¿Para ofrecer una preciada presa al próximo presidente o para demostrar al mundo su debilidad política? ¿De dónde vienen las presiones, de la consolidación de la región, con la que busca congraciarse o de las grandes empresas que ven en Cuba una gran posibilidad de satisfacer sus apetencias?
Y a todo esto, ¿qué pensarán los ciudadanos norteamericanos de este asunto? No los que vivieron con miedo y pasión los tiempos de la Guerra Fría, sino los que creen que eso es una competencia de heladeros. No los que fueron espectadores de Bahía de Cochinos, sino los que suponen que con ese nombre se designa una playa nudista o una película porno. No los que tomaron como una afrenta la revolución socialista desarrollada a pocos kilómetros de la costa, sino los que no tienen idea de dónde queda. Las nuevas generaciones, las que no entienden qué amenaza significa esa pequeña isla para el gigante que habitan, pueden revertir las relaciones de fuerza en el Congreso imperial. Quizá contribuyan a que su presidente encuentre algún sentido al Premio Nobel de la Paz que recibió al comienzo de su mandato.
Pero estas improvisadas dudas no podrán opacar la grandeza del evento. No tanto de Obama, sino de los principales protagonistas de esta historia: el pueblo cubano, que ha encontrado en su pacífica construcción de la igualdad la principal arma contra el Imperio. Un aire de triunfo sobrevuela este capítulo de nuestra historia que comenzó hace más de medio siglo. El triunfo de un pueblo por conquistar su dignidad, a pesar del fétido aliento que soplaba desde el Norte. La victoria de un Estado sobre intereses económicos globales, lo colectivo sobre lo individual, lo solidario sobre la mirada mezquina de la vida. Algunos temen que los cubanos, que han resistido las más temibles amenazas, se rendirán a los encantos del capitalismo. Seguramente, no. Tal vez comiencen a incorporar en sus modestas vidas algunos goces novedosos, pero no se ahogarán en las salvajes aguas del consumo compulsivo.
Mientras Barack Obama y Raúl Castro daban a conocer este avance de la diplomacia vaticana, la capital entrerriana servía como escenario a la nueva Cumbre del Mercosur. La noticia otorgó un nuevo color a la reunión de los mandatarios de Uruguay, Brasil, Paraguay, Venezuela, Bolivia y Argentina. Incontenibles sonrisas se dibujaron en esos rostros protocolares. Siempre tan entusiasta, CFK consideró que la decisión de Obama debía servir como ejemplo para que Gran Bretaña se siente a dialogar sobre la soberanía de Malvinas y el fin de la ocupación. Pero ese imperio, de tan viejo, está completamente sordo. Lejos de acceder a los reclamos internacionales, decidió instalar en las lejanas –para ellos- islas del Atlántico Sur un monumento en homenaje a Margaret Tatcher, un indiscutible emblema de la soberbia colonial. Una provocación agónica, un desafío pueril en un mundo que comienza a madurar. Un gesto de poder casi paródico del que sabe que, a pesar de haber ganado una guerra, está a punto de ser derrotado. La tercera década del nuevo siglo nos espera con un mundo diferente que empieza a comprender cuáles han sido sus principales errores. Los pueblos de todas las latitudes ya están preparados para recibirlo y comenzar, por fin, a disfrutarlo.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Viejos argumentos sin maquillaje



Desde ahora y para siempre, descolgar un cuadro tendrá su precio. Aquel 24 de marzo de 2004 no fue un día cualquiera ni una pose para una foto impactante, sino el inicio de una nueva historia. Desde ese día el país comenzó a despojarse de sus máscaras. Ninguna democracia podrá ser completa mientras siga honrando a sus dictadores. El presente de Chile, Brasil, España demuestra que las alfombras no pueden esconder semejante basura durante tanto tiempo. En cambio acá quedan pocas máscaras y eso parece descolocar a unos cuantos. Mientras los juicios se destinaban a militares sanguinarios y algunos civiles desconocidos, sólo un puñado de apologistas hacía oír su extemporánea voz. Pero cuando deberán sentarse en el banquillo muchos empresarios que han sido instigadores y beneficiarios del sistema económico impuesto en aquellos años oscuros, algunos candidatos amenazan con poner un freno. Macri y Massa fueron los primeros en sincerar lo más oscuro de sus pensamientos. Después de esto, otros se sumaron con aclaraciones poco convincentes, lo que deja al desnudo cuánto incomoda este tema en algunos sectores. Bajar un cuadro tiene su precio y también sus consecuencias, pero es lo más saludable para construir un país que quiere abandonar para siempre los peores fantasmas del pasado.
Macri empezó con lo del curro de los DDHH y después, intentando diferenciarse –aunque de peor modo- Massa se sumó con su propuesta de cerrar esa etapa. El Alcalde Amarillo no se embarró con explicaciones, pero sus laderos sí. En cambio, los guionistas del ex intendente de Tigre y diputado en ausencia perpetua agregaron un ‘bien’ que le aporta mayor confusión. Tanto esto como lo de “mantener lo bueno y cambiar lo malo” son conceptos tan imprecisos que suman más ambigüedad a sus no-propuestas de campaña. Y después aprovechó para destinar palazos: “me parece que el Gobierno olvidó que hay nuevos derechos humanos. Las víctimas de la inseguridad tienen derechos humanos, los chicos que son víctimas de las adicciones tienen derechos humanos, las comunidades como Tartagal, que no tienen agua, tienen derechos humanos, los jóvenes que no tienen casa tienen derechos humanos”. Un licuado manipulador que sólo busca alimentar titulares mediáticos y extraviar una política ejemplar como la recuperación de la memoria, la búsqueda de la verdad y la aplicación de Justicia.
Massa declaró que hay que cerrar esa etapa, por lo que su concepción inicial se relaciona sólo con los juicios a todos los implicados en el terrorismo de Estado. Lo otro que añade es puro verso, inspirado por sus intenciones conciliadoras, sobre todo con los integrantes del Círculo Rojo. No es lo mismo un Estado que secuestra, tortura, desaparece y se apropia de bebés que un delincuente que asalta, golpea o mata a un ciudadano. El primero es una atrocidad sistémica de lesa humanidad; el segundo es sólo un delito cometido por un individuo descarriado. Cualquier equiparación conlleva una intención malsana. Estos días estuvieron atravesados por los mismos argumentos de siempre: los dos demonios, la reconciliación, la venganza, el perdón. El cuadro que ordenó bajar Kirchner todavía sigue molestando. No sólo eso: también asusta.  
La hipocresía de siempre
Con una agudeza que no hiere a nadie, Sergio Massa introduce la idea de los nuevos derechos humanos. ¿Desde cuándo la seguridad, el agua, la protección a la niñez, la vivienda son derechos nuevos? Tan nuevos que están incorporados en nuestra constitución desde 1994. En realidad, el único derecho que parece interesarle es el de la propiedad privada de los que más tienen. Lo otro es simulacro. Un reproche sin argumentos. En un país que ha padecido la desigualdad durante tantos años, siempre encontraremos ciudadanos a los que hay que rescatar del olvido. No se alcanza la equidad con un toque de la varita mágica, como nos quieren hacer creer personajes como éste. Menos aún cuando la resistencia de una minoría enriquecida a nuestra costa dificulta todo intento de redistribución del ingreso.
Ahora hablan de DDHH los que apoyaron y se beneficiaron con la dictadura, los que instigaron devaluaciones, los que aplaudieron privatizaciones, exigieron ajustes y festejaron el endeudamiento del país. Esos que mienten, tergiversan, difaman y sentencian desde los medios hegemónicos, esos que conspiran para voltear a CFK desde principios de 2008, esos que buscan restaurar el modelo importado que nos dejó en la lona, los que fugan, evaden y especulan, ésos son los que ahora obligan a los siervos de la oposición a horadar la políticas de DDHH. Esos que resguardan sus privilegios son los que ahora pretenden pontificar sobre los derechos que han pisoteado durante tantas décadas. Y se la pasan haciendo reproches al único proyecto de país de los últimos tiempos que se ha empeñado en conquistar derechos para la mayoría de los argentinos.
Aunque muchos intenten minimizar lo de la década ganada, nunca hay que olvidar que comenzamos este siglo con el fango hasta el cuello. ¿Acaso algún alucinado pensaba en aquellos tiempos en la salud dental de los menos favorecidos? Si más de la mitad de la población apenas tenía para comer, qué importaba el estado de su dentadura. ¿Alguien pensaba en repartir computadoras a alumnos y profesores cuando las escuelas tenían el comedor como su principal función? ¿O en calefaccionar los salones cuando muchos edificios apenas tenían paredes? Si hasta organismos internacionales como la OCDE –que nuclea a 34 países con el 80 por ciento del PBI mundial- y la ONU destacan que Argentina es el país que más ha invertido en educación en América Latina.
También en el derecho a la vivienda el Estado K ha extendido su mano, brindando soluciones habitacionales a los que ni siquiera soñaban con eso. Tampoco soñaban con jubilarse los trabajadores informales o los estafados por sus patrones, ni las amas de casa o las trabajadoras domésticas. La mayor cobertura previsional de toda la región con una obra social que satisface las necesidades de la salud de nuestros viejos, además de ofrecer actividades recreativas que contribuyen a la socialización, la recreación y el aprendizaje de disciplinas gimnásticas, artísticas e informáticas. Antes los trataban como trapos viejos y ahora como sujetos de derecho con mucho para disfrutar y mucho más para recibir. Esto sin hablar del incremento del consumo y de las escapadas vacacionales de los que nunca habían planificado algo así.
¿Qué derechos pueden garantizar aquellos que sólo prometen beneficiar a los poderosos con la eliminación de las cargas impositivas, la liberación del dólar y el endeudamiento compulsivo? ¿Qué futuro espera a los que están en la base de la pirámide social si llegan a la presidencia los que aseguran que hay que bajar el gasto público? ¿Qué podemos esperar de todos los que sólo piensan la seguridad desde la vigilancia televisiva, la represión y el castigo? Un Estado mínimo que se convertirá en cómplice de las corporaciones económicas y sus cortesanos, acólitos y sirvientes. Mientras los medios hegemónicos pisotean nuestro derecho a la información con sus fantasías noticiosas y sus descabellados análisis, La Presidenta sigue sumando felicidad para su pueblo. El lunes, cuando anunció el programa “Argentina Sonríe”, las 4,7 millones de netbooks y los aportes a las escuelas para mejoras edilicias, nos regaló una frase para sostener como faro: “Estado e igualdad son dos términos inseparables”. Olvidar esta idea nos hará retroceder varios casilleros, justo cuando estamos llegando al final del juego y casi lo tenemos ganado.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Contrastes ineludibles



Una vez más, el kirchnerismo demostró su fortaleza en la plaza. Sin la excusa de los recitales ni la promesa de choripanes aguados, la multitud volvió al escenario más importante de nuestra historia. Si el repentino y violento fenómeno climático obligó a suspender lo que estaba programado, la fiesta improvisada tuvo una mayor potencia. Aunque el clima forzó a un acto interior, el calor del exterior dispuso otra cosa. La Presidenta desafió los peligros de electrocución y brindó diez minutos de lo que más disfruta: el contacto con su pueblo. Con un poco de malicia, uno podría preguntarse quién de los que pretenden ocupar la presidencia el próximo año goza, al menos, de la mitad de semejante convocatoria. ¿Cuál de todos esos que simulan tenerla clara despertaría tanto entusiasmo en los votantes? Si la estrategia de la campaña opositora se basa en el augurio del fin de ciclo y en la promesa de cambiar todo, con una mano en el corazón, está condenada al fracaso. Porque una vez más la mística K que tanto desprecian demostró que los planes para el futuro no incluyen de ninguna manera el retroceso a los peores momentos de nuestra historia.
Por eso, Mauricio Macri nunca intentará modificar la posición del PRO hacia los DDHH. Ni la podrá disfrazar de ninguna manera. Al decir curro, además del desprecio al que estamos acostumbrados, antepone un caso de estafa a uno de los organismos para desestimar una amplia política de recuperación de la memoria y el castigo a los culpables del genocidio. Un recurso que se conoce como metonimia, que significa tomar una parte como si fuera el todo. Sin dudas, el latrocinio de Shocklender a Sueños Compartidos le sirve como excusa al Alcalde Amarillo para anunciar que durante su gobierno los DDHH no tendrán ningún lugar. O que serán para la gente decente, como graficó hace unos años un falso ingeniero que tuvo súbita notoriedad por convertir en marketing un drama familiar. Este candidato al fracaso ya está señalando la cancha y dentro de sus límites cabe muy poca gente.
Tampoco Sergio Massa logrará engañar a muchos votantes con sus teatrales gestos y sus naderías discursivas. Prometer que no vivirá en Olivos no expresa un plan de gobierno. Ni nada de lo que dice lo hace. Una nada con formato de mucho. Palabras vacías que no conmueven ningún corazón y una mirada que genera más temor que confianza. Un spot no autorizado para su difusión mostraba a un tigre eligiendo con su garra una hamburguesa de moto-chorro del menú de un restaurante. Mensaje que, además de vacío, es atroz. Lo que está detrás de su candidatura -esos rostros feroces que ninguna máscara puede ocultar- sólo despierta pavor. Por más fortunas que blanquee con su campaña, el ex intendente de Tigre no llegará a La Rosada.
Los demás opositores tampoco podrán despojarse del estiércol con que cargaron sus mochilas. Siempre recordaremos que Cobos traicionó el mandato de las urnas, que Sanz denunció que la AUH se iba por “la canaleta del juego y de la droga” y que Binner seguirá votando por Capriles, muy confiado en la mano invisible del mercado. El nuevo país que ofrecen es el viejo laberinto del terror que estamos abandonando. Y eso no se disfraza con ningún artilugio. No existen posibilidades de camuflar tamaña monstruosidad. El futuro los espera para que sigan refunfuñando por los rincones, serviles al Amo y temerosos de su enojo, olvidados como un juguete que ya ha dejado de entretener o un utensilio que no sirve ni como nostálgico adorno.
Un sábado para enmarcar
En la tarde del sábado, muchos pensamos que la lluvia era un nuevo artilugio de los carroñeros para arruinar la fiesta de la democracia. Pero ocurrió todo lo contrario: convirtió el festejo en un nuevo episodio épico. “La democracia no se suspende por mal tiempo”, anunció CFK, apenas comenzada la Cadena Nacional. Ese era el tema: hablar de la democracia y su sentido. Como siempre, la historia estuvo presente en su discurso, como contraste de lo que estamos disfrutando, como faro para el futuro. “Desde 2003, con errores y aciertos el kirchnerismo ha comenzado a construir la noción de igualdad en Argentina”, algo esencial en una verdadera democracia. Sin la igualdad como meta, la democracia es sólo el capítulo de un manual.
Para descreídos y desmemoriados, La Presidenta realizó un rápido recorrido por las principales medidas que convierten a estos once años en los mejores desde 1983. Lejos del 25 por ciento de desocupación y de la pobreza que sacudía a la mitad de la población a principios de siglo, vivimos números diferentes como resultado de “cambiar la matriz del modelo económico, de industrializar el país, de crear millones de fuentes de trabajo”. Y gracias a eso protagonizamos la recuperación de numerosos derechos, se profundizaron otros y se alcanzaron conquistas impensables en otros tiempos. Gracias a eso, tenemos el sistema jubilatorio más abarcador, una educación pública, gratuita, inclusiva, una mejora en la calidad de vida de los trabajadores, un desendeudamiento que provoca la envidia de muchos países y la angurria de los buitres, una integración regional que nos fortalece y mucha memoria, verdad y justicia.
Un pequeño contraste: ajeno al nuevo aniversario de la recuperación de la democracia, Mauricio Macri se paseó por otras latitudes. Una foto con Ángela Merkel lo confirma. Y para demostrar el patriotismo PRO, el legislador Cristian Ritondo dio el puntapié inicial a la campaña presidencial en Miami, capital mundial del auto-exilio para los que no tienen patria. Allí también estuvo el ex periodista Jorge Lanata, destilando su veneno y alimentando los prejuicios de los caceroleros versión Disney. Los demás candidatos, en estos días, se escondieron. Si el radicalismo organizó algún acto para recordar que la vuelta a la democracia los tuvo como protagonistas, nadie se enteró. Mientras dicen que Binner quiere volver a la gobernación de Santa Fe, Massa recorre salones minúsculos como si estuviera conspirando. Y el resto hace lo que puede.
Estas torpezas de los candidatos de la oposición fueron advertidas por La Presidenta y las convirtió en discurso. La oposición se muestra “como si fuera un shopping en el que hay veinte marcas diferentes de zapatos”, ironizó pero “la historia dice que en la Argentina siempre hubo dos proyectos”. Uno apátrida, entreguista, traicionero que comenzó con Rivadavia y culminó en 2001 en una dramática explosión. Este proyecto es el de “los que siempre estuvieron a favor de la rendición”. “¿Qué diferencia hay entre los que le decían a Belgrano que se entregue y los que me dicen a mí que negocie en cualquier término con los fondos buitre? No hay ninguna diferencia”, desafió La Primera Mandataria.
El otro proyecto es éste, el que nos hace sentir orgullo, el que nos emociona, el que nos invita. Una construcción que nos incluye y nos convoca. Un camino que nos entusiasma. Un futuro inundado de ‘nos’ porque no puede ser más que colectivo. Un presente en el que todos nos hemos vuelto jóvenes. Cuánto vacío para llenar cuando Ella no vista más la banda. ¡Qué minúsculos parecerán los que la sucedan! La lluvia, en realidad, más que frustrar la fiesta, extendió su refrescante riego para que las flores estén más lozanas y coloridas. Alguno debe haber pensado que no era lluvia sino lágrimas emocionadas de los héroes que por fin ven concretado el país por el que tanto han bregado. Tal vez sea demasiado, pero cuando la épica se entrecruza con la mística, todo es posible.