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jueves, 8 de diciembre de 2016

El peor de los magos



El Cambio está cumpliendo un año y en esto hay algo auspicioso: que falta menos para que la pesadilla termine. Eso sí, lo que quedará de nosotros cuando culmine el mandato de Macri es impredecible. Él prometía que íbamos a estar cada día mejor, pero los datos duros lo desmienten. Aunque sature su discurso con empalagosas metáforas, el universo simbólico que representa es por demás de amargo. Los logros que enumera en cada ocasión son pamplinas más propias de un embaucador que de un presidente. Que ahora hay más diálogo, que estamos más unidos o que se respira otro aire expresan el alivio de una clase privilegiada por haber recuperado el país para su exclusivo beneficio. Un puñado de angurrientos que se siente más libre para explotar, saquear, evadir, especular, acumular y fugar. En inversiones ni piensan porque el país que el empresidente sirve para ellos –y para él también- incluye un menú inagotable y por cuenta de la casa.
El retiro espiritual de Chapadmalal no relajó el talante del Ingeniero, sino que profundizó el gesto adusto del niño rico empecinado en romper la maqueta que recibió de regalo. Decepcionado por los resultados de un segundo semestre adverso y ante la perspectiva declinante de los próximos meses, el Macri de hoy ya no baila tanto, ni siquiera para burlarse de las víctimas de su gestión. Las arrugas de su rostro y la tensión de su ceño han alejado cualquier mueca de optimismo. Y junto al mar, dijo: “se generó una expectativa de cambio mágico y de eso hay que alejarnos”. Ahora dice que no es un mago, aunque de su boca salió el conjuro “sí, se puede” y anunció el truco del shock de confianza. Ambos produjeron el efecto contrario: cada vez se puede menos y el no-plan de gobierno genera más desconfianza.
Si Macri tuviera buenas intenciones, sería como aquel viejo personaje de Alberto Olmedo, el desventurado Mago Ucraniano, cuyos trucos divertían porque siempre fracasaban. El Gerente de La Rosada no es tan inocente ni tan divertido: sus trucos no fracasan porque producen el efecto deseado. No hay errores en el espectáculo que ofrece y el engaño sigue siendo efectivo para los que creen en él. Su gran acto está empezando y ya se pueden vislumbrar sus resultados: convertir un país rico capaz de albergar con holgura al triple de sus habitantes en un feudo desigual donde unos pocos gocen del esfuerzo de todos.
Abajo el telón
La magia de la televisión convirtió a Macri en presidente y los artilugios más oscuros transformaron su minoría parlamentaria en una mayoría funcional. Las peores leyes salieron de ese hechizo y la varita del decreto las empeoró. Lo que no pasó por el Congreso, corrió por cuenta de las decisiones de los funcionarios en la intimidad de sus despachos. El Boletín Oficial tomó la forma de un manual de embrujos para realizar los deseos del Poder Económico. Así como al aprendiz de hechicero se le descontrolaron las escobas, al Gran Equipo se le alborotaron los números, la lluvia de dólares se trocó en succión y la Revolución de la Alegría, en una lágrima. Con la magia PRO, la transparencia es opacidad, la verdad, mentira y los errores, pesada herencia; el diálogo es stand up, el consenso, imposición y la unión, disciplinamiento.
Macri dice que no es mago pero convirtió a una patota de ceos en un gabinete de gobierno; serviles mayordomos que no saben qué medida tomar para dibujar una sonrisa en la avarienta máscara de sus patrones. Y logró fabricar una crisis donde no había posibilidades, al punto de provocar la caída de los indicadores en todas las actividades imaginables. La venta de materiales de construcción, con una baja del 20 por ciento interanual, termina el año con un desempeño tan dramático como en tiempos del estallido de 2001. Las Pymes industriales bajaron su producción un 6 por ciento respecto al año pasado, de acuerdo a un informe elaborado por la CAME. La caída de las ventas en supermercados y autoservicios alcanza el 20 por ciento y menos de la mitad de los argentinos puede planear vacaciones. Macri dice que no es mago pero en menos de un año logró que las sombras del pasado sobrevuelen nuestras vidas, tanto que el Riesgo País empieza a asomar como un indicador cotidiano. Quizá por esto más del cuarenta por ciento de los argentinos ya considera que este gobierno es peor que el de Cristina.
La magia está terminando o las malsanas intenciones de esta ceocracia se están haciendo evidentes. Como sea, parte de la oposición comienza a comportarse como tal. El hechizo está perdiendo su efecto y los diputados asumen el lugar al que fueron destinados por el voto popular. El rechazo al proyecto oficial del mal llamado impuesto a las ganancias desató el descontrol de los amarillos. El empresidente inició un ciclo de declaraciones inconsistentes en una conferencia de prensa y desplegó un vergonzante rosario de mentiras: que es una actitud irresponsable, que es demagógica, que es una pesadilla. Ahora está preocupado por la recaudación, pero a pocos días de asumir renunció a recaudar con las retenciones a los sectores agropecuarios y mineros. Y es una falacia que crearon miles de puestos de trabajo: por el contrario, se produjeron casi diez mil despidos en esas actividades. Ahora habla de demagogia, pero prometía eliminar el impuesto a las ganancias y no afectar a más trabajadores como propone su proyecto. ¿Acaso no es demagogia eliminar impuestos para los más ricos? Y agregó –en ese tono de reproche tan propio- que no se creció en los últimos cinco años, con el absurdo de incluir el primero de su gestión en el paquete de la pesada herencia.
Además de sus mentiras, desplegó un desprecio muy lejano al diálogo y el consenso tan pregonados. Nada de lo dicho por él y sus laderos sirve para cerrar ninguna grieta. Encima, el desconocimiento por lo aprobado en la Cámara de Diputados los coloca en el escenario de los prejuicios más pueriles. El problema es que, para no desfinanciar al Estado, el proyecto con media sanción propone retenciones a la minería e impuestos al juego, a la renta financiera y a las propiedades improductivas. Estos ceócratas prefieren seguir empobreciendo a los trabajadores antes que incomodar a los más acomodados. Aunque son oficialistas, siguen actuando como opositores; aunque son los victimarios, reaccionan como víctimas. Ellos prefieren romper lanzas con los sectores políticos que garantizaron gobernabilidad en estos meses de destrucción antes que tomar una decisión que saque unas monedas a los que la levantan con pala mecánica.
La magia que los llevó al poder está dejando de funcionar. Sin magia, se aprecia mejor la torpeza política de los amarillos: amenazan con el veto en lugar de considerar que la ley puede incentivar el consumo al poner más dinero en los sectores medios. Sin hechizos, se los ve más cínicos: Macri exige poner más el hombro y se va a Alta Gracia para disfrutar del último feriado puente de la historia.
En estos días, Macri y sus secuaces abandonaron la expresión de feliz cumpleaños para adoptar una de condolencias. Ahora dice que no es un Mago pero las expectativas del cambio mágico las creo él en su campaña. Pero todos sabemos que en el mundo real, la magia no existe. Y, como quedó demostrado en la Década Ganada, no hace falta nada sobrenatural; sólo basta el compromiso para mejorar la vida de los ciudadanos.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Un gobierno de “idiotas”



Entre muchas cosas, los griegos nos legaron la Democracia, un sistema de organización política que se ha idealizado con el paso de los siglos hasta convertirse en el más adecuado para las sociedades contemporáneas. En aquellos tiempos, el Pueblo sólo estaba conformado por los varones que gozaban de un buen pasar económico. Mujeres, esclavos y pobres no estaban incluidos en el gobierno de la polis. Gran parte de las palabras que utilizamos provienen de esa antigua civilización y conocer las raíces puede evidenciar cuánto han conservado desde su origen o cuánto han perdido. Algunas se han transformado tanto que ya ni se parecen al concepto arcano. Una de ellas es idiota (ιδιωτης) que refería a aquellos que no se preocupaban de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses particulares. Hoy se le llama así a un incapaz, no a un egoísta. Sin embargo, la Ceocracia amarilla –sin saberlo, por supuesto- parece abrazar esos conceptos para producir una enorme distorsión que traerá graves consecuencias: es un gobierno de ricos para beneficiar a los ricos; de egoístas para egoístas; de idiotas para idiotas.
Por si no se entendió, los que antes se preocupaban exclusivamente de sus asuntos particulares, ahora simulan ocuparse de los asuntos públicos para incrementar sus privilegios en detrimento de los intereses colectivos. Y si simulan eso, también pueden aparentar que son espirituales. En medio del retiro espiritual que reunió al Gran Equipo en Chapadmalal, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich explicó que “el Presidente quiere que los ministros nos focalicemos a fondo, que no nos olvidemos, que nos ocupemos, que no nos distraigamos, que estemos atentos al estar al frente de la gestión”. No explicitó para qué y para quiénes tienen que hacer todo eso. Si tomamos lo realizado en este primer año de gobierno, sería más beneficioso para todos que no se focalicen, que se olviden, que se des-ocupen, que se distraigan y que no estén tan atentos.
 A pesar de que los números de la economía señalan una situación alarmante –reconocida hasta por algunos de sus apologistas mediáticos- el empresidente Macri se puso un ocho. Claro, se ve que está acostumbrado a los establecimientos educativos donde los estudiantes son clientes y las calificaciones corren por cuenta de la chequera. Más allá de eso, el Gerente de La Rosada enfatizó –quizá inspirado por el retiro- que uno de sus principales logros fue volver a relacionarnos entre los argentinos, dialogando y diciéndonos la verdad”. Enorme tontería, como si en lugar del mandatario de un país que no tiene grandes problemas de convivencia fuera el coordinador de un campamento de verano. Más aún cuando muchos personajes que no saben cómo disimular su entusiasmo por la segregación que pergeñan dejan volar sus oscuros pensamientos al viento. Expresiones como “grasa militante”, “inmigración de poca calidad”, “blancos, hermosos y puros” y “las niñas de 14 años se preñan por un subsidio” aportan poco a la buena relación. Y lo de dialogar y decir la verdad, ésa te la debo.
Diccionario bilingüe amarillo-humano
Si dialogar es imponer y decir la verdad es falsear hechos y conceptos, podemos acordar con el espiritual Ingeniero. Un caso: los berrinches que desplegaron los PRO por el rechazo del Senado a tratar la reforma política y las veces que argumentaron que el voto electrónico se usa en todo el mundo, cuando son pocos los países que lo han implementado. Y siguen insistiendo en confiar la decisión de los ciudadanos a una máquina cuando expertos informáticos han demostrado la vulnerabilidad del sistema. Si quieren decir la verdad, que confiesen que detrás de esta transformación modernosa se esconde un enorme negocio y la intención de hacer fraude. Si no dicen esto, están mintiendo.
Si dialogar es pisotear por decreto el artículo más importante de la ley de blanqueo para borrar de un plumazo el escándalo de las empresas en paraísos fiscales, ha contribuido bastante a promocionar esa cotidiana práctica. Tres firmas convirtieron en legal lo que estaba prohibido, sólo para despertar las críticas tanto de los opositores como de los propios. Precisamente por revertir el espíritu de un artículo que insumió mucho diálogo en las dos cámaras del Congreso. ¿Y con quién dialogó el Gerente antes de firmar ese decreto? Bastante se benefician esos corruptos que pueden blanquear sin repatriar sus fortunas ilegales para que un dictamen trasnochado incluya a familiares de funcionarios. Porque esto hay que aclararlo: en las cuentas y empresas off shore de esos paraísos, el 5 por ciento proviene de la política, el 30 del narcotráfico y la venta de armas y el 65 por ciento restante, de evasión de las grandes empresas. Esto rompe el mito tan cacareado por los no-políticos y señala a los verdaderos responsables del padecer de los pueblos.
Si dialogar es incumplir sus promesas de campaña, Macri merece un diez. La eliminación del mal llamado Impuesto a las ganancias se trocó en una medida que incluyó a más trabajadores y ahora en un proyecto que afectará a muchos más si prospera en el Congreso. Y decir la verdad es mentir a los cuatro vientos o afirmar lo que antes se negaba. El ministro de Hacienda Prat Gay –ahora preocupado por la pobreza generada por sus medidas- sostiene que el aporte de los trabajadores contribuirá más que el de los exportadores agropecuarios y mineros en la redistribución del ingreso. Macri –cuando era candidato- consideraba injusto ese impuesto y se sumaba a las protestas de algunos representantes sindicales, pero ahora busca incrementar la recaudación con ese tres por ciento de los trabajadores.
Para dialogar hay que ser coherente. No se puede conversar con quien reinventa el pasado y no entiende nada de lo que dice o simula hacerlo. Y menos aún cuando sus intenciones contradicen sus acciones. Nadie que quiera unir a los argentinos –o al menos, relacionarlos- puede utilizar los mecanismos de la Justicia para ejecutar venganzas personales. El caso de Milagro Sala ya excede la política doméstica y hasta algunas plumas que construyeron a Macri están reclamando su liberación. Los organismos internacionales no están cuestionando las condiciones de su detención, sino la detención misma. Por eso, la respuesta de un presidente no puede ser “por eso pedí al gobernador que transmita con claridad y sin segundas intenciones lo que pasó en Jujuy”.
Lo que pasó en Jujuy es que Milagro Sala está presa por encabezar las demandas de juicio a Pedro Blaquier por delitos de Lesa Humanidad y por arrojar dos huevos al gobernador Morales cuando era Senador. Lo demás es un invento habitual de la oligarquía cuando se usan los dineros públicos para dignificar la vida de los más postergados. La explicación de Macri significa una imposición de clase: "a la mayoría de los argentinos nos pareció que había una cantidad de delitos importante cometidos por Sala”. La Justicia no es un parecer ni puede ejecutarse por el sentir de la mayoría, más aún si está manipulada por libelos malintencionados.
Macri y su Gran Equipo no han venido a dialogar ni unir a los argentinos: han venido a disciplinar al país para producir la mayor transferencia de recursos de la historia. La Ceocracia amarilla es un amontonamiento de mayordomos serviles que quieren convertir nuestro país en una colonia-estancia, donde muchos trabajan a destajo por unas monedas, otros padecen miseria y una minoría disfruta de las riquezas que alcanzarían para más de 400 millones de personas. En estricto sentido griego, es un gobierno de idiotas para idiotas (egoístas para egoístas). Quien quiera agregar el sentido contemporáneo, tampoco estará tan errado.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Las huellas de Cristina



La Presidenta tocó el pianito por un capricho del juez que está acusado por haber permitido que se cometa el supuesto delito del que se la acusa. Por el mismo hecho hay dos causas: una con funcionarios del gobierno anterior y la otra, con funcionarios del actual. Los primeros, no se beneficiaron con la decisión política pero los segundos, sí, con el agravante de que tomaron la iniciativa de devaluar la moneda y determinar el monto de las ganancias. Si el juez Claudio Bonadío hubiera impedido que se liquide la operatoria del Dólar Futuro cuando el presidente del Banco Central le preguntó, no habría daño alguno en las arcas del Estado. Un conflicto de intereses que sólo involucra a muchos de los amarillos. Sin embargo, la única que aparece demonizada en las tapas es Cristina, víctima de una persecución judicial con tintes políticos. La promesa del respeto a las instituciones merecerá un nuevo te la debo, porque para seguir adelante con esta amarga Revolución de la Alegría es necesario pisotearlas a todas.
Cristina toca el pianito porque la prepotencia nos gobierna. El entusiasmo inicial que muchos sentían ante un nuevo gobierno comenzó a transformarse en pasmo apenas conocieron las primeras medidas. Los decretazos para desmantelar leyes lo convirtieron en un violador serial de las normas constitucionales. La minoría parlamentaria que parecía ser un obstáculo se trocó en una desconcertante mayoría a fuerza de sobornos y amenazas. Los uniformados de todos los colores y todo terreno comenzaron a poblar las calles para aplicar los silenciadores de toda protesta. Los desfiles que en tiempos de la dictadura adornaban las fechas patrias hoy es el espectáculo de todos los días.
La advertencia tomó forma con la captura de Milagro Sala, presa en cárcel común desde hace casi un año sin que se haya realizado una acusación concreta. A pesar de las protestas de organismos de DDHH nacionales e internacionales, el republicano gobernador de Jujuy asume el rol de juez y carcelero para ejecutar la venganza de un impune empresario de la zona: Pedro Blaquier. Una forma algo papelonera de integrarnos al mundo, pues los reclamos contra semejante atrocidad ocurren casi todos los días. Ni Macri ni Morales esperaban tanto revuelo por “una coya en cana”. Que la ONU, la OEA y la CIDH reclamen su inmediata liberación indica que la ceocracia amarilla ha traspasado un límite oscuro. En su visita al país, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau mencionó el tema y descolocó al Gerente de La Rosada. El secretario de DDHH Claudio Avruj también recibió demandas parecidas en su visita a Francia. Hasta funcionarios propios susurran sobre la incomodidad del asunto. Todos piden la liberación de la militante social indígena Milagro Sala pero la respuesta oficial es más que indignante: Morales se sienta sobre el emblema arrebatado y Macri sólo ofrece una visita guiada por las instalaciones carcelarias. Parafraseando un célebre dicho popular, son más peligrosos que un mono con navaja. O que un gorila con sable, sería más adecuado.
Yira yira: nada es amor
Mientras Cristina toca el pianito, las fuerzas gobernantes se preparan para atenuar las consecuencias de su penosa gestión. La desocupación creciente, la recesión y el cierre de negocios han dejado a muchos argentinos con poco para sobrevivir. Hasta la militante social Margarita Barrientos –villera estrella de los amarillos- describe con dolor y asombro cómo ha crecido el número de concurrentes al comedor que administra en el barrio Los Piletones. Pero el Gran Equipo, lejos de asumir toda responsabilidad en el incremento de la pobreza, habla del tema como si fuera una epidemia.
Para enfriar un mes caliente, los avarientos ceócratas decidieron acordar una Emergencia Social con las principales organizaciones de base del país. La cifra para paliar la miseria profundizada en este primer año es irrisoria: 30000 millones de pesos en tres años a cambio de que se abstengan “de cualquier situación conflictiva, cualquiera sea su naturaleza”. Si hacemos unas cuentas no muy complejas, cada beneficiado sólo recibirá unos 3000 pesos hasta 2019. Una limosna. Y encima los firmantes aseguraron que este acuerdo fue bendecido por el Papa Francisco, una nueva mentira que se tropieza con sus cortísimas patas.
Además de mezquinos, ostentan un cinismo que irrita. Ya se ha dicho hasta el hartazgo que sus promesas de campaña fueron incumplidas a voluntad. Una de ellas –la eliminación del mal llamado Impuesto a las Ganancias- se convertirá en un proyecto de ley que incorporará a más contribuyentes. En lugar de pedir disculpas por no cumplir con uno de los tópicos que más votos debe haber conquistado, se justifican de la peor manera. Después de eliminar retenciones a las exportaciones agropecuarias y mineras, aranceles por importaciones y el tributo por bienes personales, Alfonso Prat Gay explica por qué no prescinden del descuento a los trabajadores: “a todos nos gustaría bajar impuestos, pero sepamos que la consecuencia es bajar recursos para las políticas sociales”.
Al cinismo, le agrega una insultante hipocresía, como si a él le importaran las políticas que tanto ha criticado toda su vida. Gran parte de los votantes del Cambio ha caceroleado contra los que cobran sin trabajar. Ahora usa los planes sociales –el asistencialismo tan denostado- para mantener el impuesto a las ganancias pero no dice cuánto más podría hacerse con todos los tributos que les han perdonado a los más ricos. Una hipocresía que se contagia a los dirigentes de la CGT, que hicieron cuatro paros generales durante el gobierno de Cristina y hoy guardan un vergonzoso silencio. No sólo se callan sino que patean una medida de fuerza al infinito; hoy, que la situación de los trabajadores está en la cuerda floja.
Si a este panorama sumamos el decreto simple con que Macri incorporó al blanqueo a familiares de funcionarios, además de hipócritas y cínicos, son tránsfugas con obscenidad. Precisamente a eso han venido: a indultar sus inmundicias y convertir el país en un coto de uso exclusivo. Tan transparentes que se nota a la legua que son unos estafadores. Corruptos históricos que se enriquecieron a costa del Estado y que ahora lo gobiernan para saquear a destajo.
Cristina toca el pianito mientras Macri califica su gestión con un ocho y el jefe de Gabinete, Marcos Peña asegura que no dedicaron “el primer año a hablar mal del gobierno anterior”. Con unas risas grabadas parecería un chiste, pero es la máxima burla a la que apela uno de los tantos funcionarios que ha agotado a sus oyentes con el verso de la pesada herencia. Hay que estar muy enceguecido para no sentirse estafado por estos piratas desbocados.
Pero es Cristina la que toca el pianito para satisfacer los caprichos de un vengativo juez. Este servidor del Enemigo ignora que Ella ya ha dejado sus huellas en el corazón de millones de argentinos que desde hace un año sueñan con su retorno a La Rosada. El Juez y muchos como él tratan de impedirlo pero no advierten que, con sus trapisondas y refunfuños, no hacen más que acelerar los tiempos para el reencuentro.

lunes, 28 de noviembre de 2016

A la sombra del gigante



Festejar una muerte es de miserables. Alguien puede alegrarse en la intimidad de su baño y hasta alzar una copa en una mesa familiar por el fallecimiento de alguien detestado, pero salir a las calles y armar un jolgorio es una enfática exhibición de la oscuridad de su espíritu. Más aún cuando los mortuorios festejantes están asilados en las entrañas del Imperio que ha producido más asesinatos que cualquier dictadura del planeta. Eso, si consideramos que Cuba lo es. El estándar de democracia que se impone desde la hegemonía mundial no tiene como objetivo el bienestar de ningún pueblo, sino el sometimiento de todos. Que una pequeña isla bloqueada, demonizada y con escasos recursos logre el menor número de mortalidad infantil del continente, un elevado nivel en salud reconocido por la OMS y una bajísima tasa de delincuencia debería tomarse más como ejemplo que como blanco de diatribas. Y los que se llenan la boca con los DDHH, recuerden que el único centro de torturas de ese territorio está administrado por EEUU.
En fin, la hipocresía es ciega pero no muda. El final del documental Sicko, de Michael Moore, es muy ilustrativo de eso. El periodista se traslada a Cuba con un grupo de rescatistas con severas secuelas por sus tareas después del atentado a las Torres Gemelas, donde reciben la atención médica que la Nación que los considera héroes les niega. Entonces, que un país donde el presidente es elegido con apenas la mitad de sus votantes porque las elecciones se realizan en días laborables, las corporaciones gobiernan más que los políticos y los derechos se garantizan de acuerdo al tamaño de la billetera no puede ser la vara para medir la Democracia. Un país que genera guerras para facilitar los negocios de sus grandes empresarios tampoco es parámetro de Democracia y menos aún de humanidad. Que un gobierno democrático sólo genere desigualdad y destrucción no debería ser una buena publicidad de ese sistema. Y menos aún erigirse como juez supremo para ponderar o condenar las democracias del planeta.
Después de tantos intentos por terminar con su vida y de las muchas veces que anunciaron su muerte, murió Fidel, uno de los pocos nombres que no necesitan el apellido. Otros ni siquiera el nombre precisan: con el apodo alcanza, como el Che. Los dos emergen de la misma isla, como demonios para unos y ángeles para otros. Como oscuridad o como faro, pero inevitables. Ejemplo de lo que sí y de lo que no, todo a la vez. Un lugar indiscutible en la Gran Historia que sólo le niegan los que no dan ni para una historieta.
Hipocresía de los enanos
Las condolencias y las condenas inspiraron mensajes que recorrieron el mundo. Los medios internacionales recogieron las palabras de los principales líderes del mundo. De Macri, por supuesto, sólo los propagandistas locales se acordaron. Claro, un tibio pésame para el gobierno sin acordarse del pueblo no es para lucirse. Y que la canciller, Susana Malcorra dictamine el “cierre de una etapa” es buscar más las pullas que los aplausos en la interpretación de la política internacional. Pero los PRO son así: cuando se esfuerzan por disimular el desprecio, lo ponen más en evidencia. De estadistas no tienen ni una letra; de serviles mayordomos, varios alfabetos. Una recorrida por los twits que los amarillos y sus acólitos hicieron circular por las redes sería redundar en prejuicios y desinformación: más aportes para profundizar la grieta.
Muchos se rasgan las vestiduras por los exiliados de Miami sin recordar los millones de refugiados y migrantes que genera Occidente con sus bombardeos indiscriminados y la pobreza a mansalva. Como si el Capitalismo no excluyera a nadie de las tierras donde clava sus garras. ¿Acaso los mexicanos que arriesgan su vida para cruzar la frontera hacia EEUU no huyen de la exclusión que genera el neoliberalismo en su propio país? ¿Cuántos se fueron de Argentina a principios de siglo cuando la Alianza nos estaba llevando a la mayor crisis de nuestra historia? ¿Cuántos estarán preparando sus valijas ahora, que una nueva alianza nos conduce a un colapso parecido?  
Los panegiristas de la Libertad ni piensan en la opresión que genera la desigualdad del capitalismo más salvaje. En inspirados análisis, hablan de ciudadanos que no pueden acceder al jabón, a la carne o a Internet a miles de kilómetros de distancia, sin tener en cuenta a los que están impedidos de hacer lo mismo a pocas cuadras de donde escriben. Y denuncian lujos desmesurados de mandatarios socialistas cuando los anunciantes que los mantienen los superan ampliamente. Y de gran parte de los políticos de la democracia burguesa, ni hablar. O muchos de los jueces de alto rango, que deben vivir holgados con sus altísimos sueldos libres de impuestos. Cuando los capitalistas logren incluir a todos los ciudadanos en una vida digna, recién podrán erigirse como modelo. Hasta ahora, el camino es a la inversa.  
Y si la cuestión es que los cubanos eligen muchos cargos menos el de presidente, es lo mismo que en muchas de las democracias europeas que se ponen como ejemplo. ¿O acaso los españoles, ingleses, holandeses o suecos pueden elegir a sus monarcas? Aunque nadie los vote, los apologistas de la democracia jamás los llamarán dictadores. ¿Acaso Pinochet no fue recibido con honores en su amada Gran Bretaña y fue uno de los más emblemáticos dictadores de América Latina? ¿Cuántas dictaduras son bendecidas por el Imperio mientras sean funcionales a sus intereses? ¿Y cuántas fueron desmanteladas cuando se movieron un milímetro de los lineamientos imperiales? 
Tan democráticos son estos defensores del capitalismo que conquistan sus cargos a fuerza de promesas que no piensan cumplir y se lo pasan mintiendo a sus propios votantes. Y hablan de la pobreza que hay en la Isla cuando en los barrios de las capitales que gobiernan la miseria desborda las calles. O se horrorizan con los que cruzan a Miami cuando en los países que padecen sus gestiones los habitantes cruzan las fronteras para escapar de la dictadura de las góndolas. Hipócritas, ignorantes y cínicos.
Bestiales, como el voluntario de Cambiemos, Walter Gutiérrez, que escribió “Murió Fidel, falta Cristina”. ¿Qué lecciones puede dar alguien así? Celebrar las muertes es de miserables pero desearlas en público evidencia un corazón despojado de toda humanidad. A la sombra de un gigante los pequeños se cobijan para buscar protección y los enanos refunfuñan con desesperación, perdidos en la oscuridad de sus oscuros espíritus.