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lunes, 27 de junio de 2016

¿El momento de la autocrítica?



Mientras el gobierno amarillo insiste en integrarse a un mundo que se desintegra por sus fracasos, el FPV se desgrana para desorientar aún más a sus seguidores. Cuando más se necesita una oposición que defienda los derechos de los más vulnerables y las conquistas históricas de estos años, una especie de complejo de inferioridad se expande como una pandemia y contagia a todos los integrantes del kirchnerismo. Y la demanda de una autocrítica está en boca hasta de los que no forman parte del frente, no tanto para alentar su resurgimiento sino para contribuir a su sepultura definitiva. ¿Qué autocrítica debe hacer el proyecto que logró reducir a la mitad la pobreza de principios de siglo, que bajó la desocupación hasta niveles nunca vistos, que duplicó la actividad industrial, que produjo un crecimiento constante del PBI, a pesar de la crisis internacional, que disminuyó la desigualdad a pesar de las protestas y celadas de los sectores más ricos y egoístas de nuestra economía? ¿Qué autocrítica debe hacer el gobierno que logró disminuir la deuda que nos asfixió desde el retorno a la democracia? ¿No deberían hacer autocrítica los que contribuyeron a que el exponente de la oligarquía empresarial más rancia y corrupta se haya convertido en presidente?
Desde el resultado del balotaje algunos sectores están reclamando un mea culpa como si la derrota hubiera sido pasmosa, pero ante una diferencia tan ínfima el derrotado no debería estar herido de muerte. Sin embargo, parece estarlo. Si Scioli hubiera ganado por tan escaso margen no estaría gobernando con la tranquilidad con que lo hace Macri. Y no por exceso de pericia, precisamente. Al contrario, hasta uno de sus ministros se da el lujo de reconocer que “están aprendiendo”, después de haber producido un descalabro económico y social con el sinceramiento de las tarifas en los servicios públicos. Con el escaso margen con que ganó, el empresidente nos ha integrado al mundo con una deuda superior a los 30000 millones de dólares sólo para contentar a los buitres y facilitar la fuga de divisas. Y después vienen a hacer cuentas con todo lo que se podría hacer con los nueve millones de López. Si el regalo que el Gran Equipo realizó a los carroñeros más atroces se hubiera invertido para el desarrollo no habría ningún túnel y no estaríamos contando los semestres. Después vienen a exigir autocrítica los que en seis meses deprimieron el mercado interno y firmaron el acta de defunción de la producción nacional.
Con forzada modestia, algunos dirigentes del gobierno de Cristina han reconocido algunos errores, pues no se puede ser perfecto durante doce años de gestión. Pero ese esfuerzo es en vano: el kirchnerismo no ha sido denostado por sus errores, sino por sus aciertos. Y la derrota en las urnas no se debió a un error en la estrategia de campaña: la abundancia de falacias y dicterios en los medios hegemónicos y la cobardía de algunos políticos que se sienten más cómodos como opositores todo terreno antes que enfrentar al establishment hicieron tal milagro.
Un mecanismo perverso
Como con lo de Lázaro Báez estaban saturando a la teleaudiencia, Lodelópez llegó para potenciar el rating, justificar los estragos y reforzar los prejuicios. Ahora alternan entre uno y otro hasta que encuentren un arrepentido que pueda arrastrar a Cristina hasta la puerta de la cárcel, al menos mediáticamente. Para eso está la nueva ley, para convertir a los Elaskar, Fariña o Lanatta en impartidores de justicia televisiva. Para que un imputado en un delito venda cualquier verdura en pos de reducir su pena, aunque su testimonio no tenga valor jurídico alguno. A las enloquecedoras usinas de estiércol no les interesa lo que pase en Tribunales, mientras consigan embarrar lo más posible a La Presidenta y sus más emblemáticos funcionarios. Ni tampoco les interesa la transparencia, sino poblarían sus pantallas con las oscuras historias de los miembros del Gran Equipo: buitres encubiertos, fugadores seriales, especuladores incorregibles, coimeros a destajo y apologistas de un Estado mayordomo encargado de servir el festín.
Una vez que la ley del Arrepentido esté promulgada, la cadena nacional del monopolio y sus laderos poblarán las pantallas con una versión 2.0 de la proscripción de otros tiempos. Quienes duden de esto, sólo deberán calcular cuánto espacio han dedicado a alguien que se arrepintió hace ocho años y presentó documentación que prueba evasión y fuga de divisas por millones de dólares. Seguramente, gran parte del público cautivo ni sabe quién es Hernán Arbizu, un ex funcionario del JP Morgan que se inculpó para revelar una trama de corrupción que vacía en serio nuestras arcas. El juez Sergio Torres y el arqueólogo Guillermo Marijuán tienen esta causa desde el principio y recién ahora extraen los expedientes de los cajones, pero no para indagar a los principales empresarios que están involucrados en esta maniobra, sino para avanzar contra los hijos de Lázaro Báez. Otro tanto ocurre con Herve Falciani, que aportó información sobre 4040 cuentas de argentinos no declaradas en el HSBC Suiza. La justicia local, encarnada en el inefable Claudio Bonadio, en lugar de inculpar a los fugadores sólo imputa a Ricardo Etchegaray por haber vulnerado el secreto fiscal.  
Los jueces tampoco hacen autocrítica por las tropelías que cometen con sus ficciones procesales, porque el fin que persiguen no es impartir justicia, sino desterrar al kirchnerismo para que los amos puedan saquear el país a su antojo. Cuando deben procesar a los exponentes del poder real tratan de estirar los plazos y congelar las causas, sobre todo aquellas que incluyen delitos de lesa humanidad durante la dictadura. El único objetivo que cumplen es el de alimentar la perversión informativa del Monopolio y sus replicantes. Desde esas usinas de estiércol señalan el blanco y los obedientes peones judiciales hacen rodar los mecanismos de los tribunales por hechos absurdos, como la causa de dólar futuro.
Y vienen a exigir autocrítica los que deberían vivir avergonzados por los estragos producidos en nuestro país en los últimos cuarenta años, alentando secuestros, torturas y desapariciones, condicionando presidentes y demonizando un proyecto que intentó poner las cosas en su lugar. A los corruptos disfrazados de puristas no les interesa combatir la corrupción, sino hacer un uso exclusivo de ella. Tampoco les importa cómo vive la mayoría de la población, mientras puedan tener sus arcas saturadas. Unos 300 mil millones de dólares descansan en cuentas a nombre de argentinos en distintos paraísos fiscales. Y esas cifras no se alcanzan con trabajo, esfuerzo o sacrificio sino con un sistemático escamoteo de nuestros recursos.
En realidad, deberíamos instaurar la Semana de la Autocrítica pero no para rasgar nuestras vestiduras y flagelar nuestros lomos, sino para dilucidar por qué nos hemos dejado embaucar por los enemigos de siempre.

jueves, 23 de junio de 2016

La Patria no tiene vallas



Rosario no olvidará fácilmente la mancha que Macri ha dejado en el Monumento a la Bandera. El Patio Cívico vallado, la invasión de gendarmes y los francotiradores apostados en el palacio Vasallo –donde funciona el Concejo Deliberante- serán las postales de un 20 de junio infame. Los pibes, alentados por organizadores fuera de cámara, gritaban un “sí se puede” que no comprendían, mientras padres y maestras miraban desconcertados tamaña manipulación. Dicen que una piedrita intrépida golpeó la combi del empresidente y eso desató el salvajismo de las fuerzas de seguridad. Eso dicen, pero ambos hechos estaban separados por más de cinco cuadras, con la Catedral y la propia torre del monumento en medio del trayecto. Una mentira más de este cambio que se está transformando en una atroz pesadilla de la que nos costará mucho despertar.
En los primeros seis meses del año, la Cuna de la Bandera vio cerrar más de 1500 negocios. El aumento de los alquileres, el tarifazo en los servicios y la abrupta caída de las ventas provocaron que muchos deban abandonar sus emprendimientos. Empleados y dueños buscan otras formas de llenar la olla, aunque la recesión desalienta cualquier idea. Nuevos taxistas a los que hay que guiar en los recorridos más sencillos y largas colas de desesperados aspirantes en los pocos lugares que ofrecen alguna posibilidad de trabajo ya forman parte del paisaje cotidiano. Las calles del centro vuelven a poblarse de vendedores ocasionales y de ojos tristes que claman por alguna monedita. Las organizaciones que brindan asistencia a las personas en situación de calle señalan que la demanda es creciente. Umbrales y recovas vuelven a convertirse en dormitorio de los que no tienen dónde pasar la noche. La Revolución de la Alegría está entristeciendo bastante.
Y no sólo en Rosario comienza a advertirse esta forzada crisis. El fin de semana extra largo resultó bastante modesto para los que esperaban recaudar algo con la actividad turística. Según la CAME, la ocupación hotelera se ubicó entre el 40 y el 75 por ciento y sólo se movilizaron 610 mil turistas por todo el país. En los años anteriores, el día de la Bandera cayó en sábado o domingo pero en 2013, que fue viernes, el fin de semana largo registró el doble de turistas. Semejante caída preocupa a los operadores del sector que no esperan salvarse con las vacaciones de invierno.
La capacidad de ahorro de la clase media se vio vulnerada por la inflación, que ya acumula un 26 por ciento en los primeros seis meses del año. La Dirección de Estadísticas y Censos de la CABA estima que una familia tipo sin casa propia necesita casi 20 mil pesos para la canasta de consumo. El sueño de los ideólogos PRO se está cumpliendo: los sueldos medios sólo deben alcanzar para lo básico. Lo demás es una ficción. Si la clase media apenas llega, duele imaginar a los que están algunos escalones más abajo. “Sí se puede” gritaban los pibes alentados por los asistentes amarillos. Sí se puede caer más bajo, donde ya hemos estado a principios de este siglo, mientras seguimos esperando una lluvia de dólares que difícilmente se producirá.
Un túnel cada vez más largo
En su último informe sobre inversión extranjera, la CEPAL anticipó que la recesión y la caída del mercado interno desalientan la orientación de nuevos capitales hacia nuestro país. Lo único que vendrá en el segundo semestre, al igual que en el primero, serán esos flujos especulativos que se ven tentados por las altas tasas de interés. El blanqueo tampoco se convertirá en un impulso para la economía doméstica porque no incluye la repatriación y la contribución es muy baja. Encima, la reparación para los jubilados vip encierra una trampa que dejará a la ANSES al borde de la quiebra: las cifras a pagar y las acciones a vender. Haberes superiores a 100 mil pesos para trabajadores que cobraban menos de diez mil y retroactivos calculados en la Corte para los amigos de siempre. Y la recaudación caerá no sólo por la recesión sino también por la renuncia del Estado a cobrar más a los que más tienen. El combo perfecto para seguir endeudando al país y beneficiar a los especuladores internacionales.
“No creo en el sacrificio, pero sí en el esfuerzo”, tartamudeó Macri en el Monumento a la bandera, mientras con sus medidas clasistas sacrifica a gran parte de la población que creyó en sus increíbles promesas para beneficiar a un puñado de privilegiados. Después de asegurar su creencia en la verdad, el empresidente recitó una de sus mentiras favoritas, desmentida hasta por sus propios funcionarios: que no se ha creado empleo en los últimos cinco años. Y otra vez prometió la patraña de la pobreza cero, en la que ni Marcos Peña cree. Tanto criticar los actos patrios de Cristina, que se convertían en cátedras de historia y política, el ocupante ocasional de La Rosada sólo logró un pálido remedo de sus peores alocuciones de campaña. Apenas eso le dedicó a la bandera.
Claro, confía demasiado en la protección mediática y en las operetas magnificadas que entretienen al público cautivo. Hasta que se pueda desentrañar su verdadera naturaleza, Lodelópez servirá para tapar el infierno que el Gran Equipo está produciendo. El intento de coima a los policías no fue denunciado por ninguno de ellos y no forma parte del expediente de la fiscal Alejandra Rodríguez. Si así fuera, tendría que abrir una causa por cohecho y no hay nada de eso. La excusa para ascenderlos ya no existe y no podrán brindar un nuevo capítulo de esta telenovela. Quien frenó esta iniciativa fue el senador bonaerense Jorge D’Onofrio, del Frente Renovador, que aseguró que la demora promedio de las patrullas es entre diez y treinta minutos por lo que “nos pareció raro que aparecieran a los dos minutos”. Y lo más raro de esta jugada es que los representantes de Cambiemos en el Parlasur se abstuvieran de suspender o expulsar a José López de ese organismo, cuando el artículo 30 de su reglamento así lo dispone. Cuando este acto se desmorone, encontrarán uno nuevo que les permitirá continuar con sus fechorías.
Raro, pero por ahora es efectivo este nuevo episodio de distracción que impide que muchos que aún no padecen las consecuencias de la gestión amarilla se preocupen por cosas realmente graves. Los errores de Aranguren en beneficio de sus socios, el rol buitre del presidente del Banco Nación, la fuga de capitales de la que ni se preocupan, el crecimiento de la emisión monetaria que niegan y el tercer semestre que no existe. Cuando las aguas pestilentes de esta artificial crisis lleguen a los umbrales de los aún ilusionados con el cambio ya será tarde para rehuir de sus hedores. Y la bandera que nos envolverá a todos no será la celeste y blanca, sino otra que nos terminará asfixiando.

lunes, 20 de junio de 2016

Lo que López nos dejó



A partir de Lodelópez se fabricarán muchas excusas. Detrás de ese inverosímil episodio se tenderán miles de trampas. No sólo resulta funcional a los prejuicios que pregona el discurso hegemónico, sino que permitirá a la oligarquía gobernante saquear nuestro país a su antojo, como ya lo está haciendo. No es que sus integrantes no lo hayan hecho hasta ahora, sino que continuarán acumulando fortunas con mayor impudicia. Gracias a López, le sacarán el jugo al cheque en blanco que algunos distraídos han firmado y seguirán profundizando la desigualdad. Como buenos carroñeros, estas fieras olfatean la muerte del kirchnerismo, tantas veces anunciada. Durante un tiempo, podrán saciar su avidez y blanquear sus inmundicias con leyes a medida. Pero los que bregamos por un país para todos no abandonamos nuestros sueños, aunque debamos cambiar el nombre al proyecto que los convertirá en realidad.
Para sorpresa de muchos, a Macri le está yendo muy bien en su gobierno. Tan bien que hasta parece un espectáculo minuciosamente ensayado. Todos los actores entran al escenario y cumplen su papel sin fallar en una coma. Hasta los incidentes parecen piezas de un mecanismo complejo. Después de su apretado triunfo en el balotaje, nadie anticipaba tanto control. Con tan poca diferencia, el presidente impensable parece manejar los hilos de los tres poderes con una precisión de relojería. Por supuesto, no es por su capacidad ni por el 51 por ciento de los votos que ha logrado tal milagro. La facilidad con que Macri concreta sus planes se debe a que el establishment está bien representado y sus exponentes han copado La Rosada. Por eso nadie se preocupa por la grieta, aunque cada día se ensanche más. Ahora todas las instituciones se ordenan en función de las apetencias de los sectores más ricos del país.
Tan bien le está yendo a Macri que el escándalo de los Panamá Papers -que en otros países provocó renuncias y cimbronazos- pasó sin pena ni gloria. Tan bien le está yendo a Macri que sus omisiones maliciosas se transforman en inocentes olvidos. Como cuando uno encuentra unos pesos en un rincón del cajón, los 18 millones quedaron como la travesura de un playboy. Y la burla, siempre presente, como un abuso de la protección mediática: “soy el político que más transparencia ha tenido sobre su situación personal, siempre he declarado todo”. Salvo las cuentas off shore en paraísos fiscales, entre muchas cosas ocultas de su patrimonio; como si alguien pudiera creer que uno de los empresarios más ricos sólo tiene 110 millones de pesos.
Al gobierno de Macri le está yendo bien; mejor de lo que él mismo esperaba. Incluso las reacciones adversas no se hacen visibles y parecen episodios aislados: apenas respuestas de grupúsculos indómitos que se resisten al cambio. Sin embargo, aunque las pantallas entretengan con las locuras del ingeniero López o las siliconas del Bailando, el descontento crece y la alegría está cada vez más lejana.
La fiesta de unos pocos
Una atrocidad se convierte en hábito en estos tiempos amarillos: vallar los espacios públicos. La celebración del 20 de junio encontró al Monumento a la Bandera vedado para gran parte de los rosarinos. El empresidente –como buen clasista- no se lleva bien con la chusma y sus actos necesitan asistentes controlados, como extras examinados en un riguroso casting. Jamás se ha visto que efectivos policiales soliciten documentos y autorizaciones para permitir el acceso al lugar donde Belgrano izó por primera vez la Enseña Patria. Hasta estuvo prohibida la venta de choripanes en la zona. Aunque pueda parecer un exabrupto, ni siquiera en tiempos de la dictadura pasaban estas cosas. Claro, la poca asistencia de otrora era un rechazo a los uniformados que habían copado el mando. Ahora son muchos los que quieren estar ante Macri, pero no para expresar su amor, precisamente. Y eso es lo que temen los organizadores: que miles de rebeldes arruinen la postal del simulacro patriótico.
Entonces, a pesar de que al gobierno de Macri le va muy bien, a los que deberían ser sus representados no les pasa lo mismo. Algunos ya estarán padeciendo el desempleo, el deterioro de su salario o el tarifazo. Otros se sienten cercados por esas amenazas. Y los que están seguros con sus ingresos y la posición obtenida perciben un ambiente denso en su entorno. Sólo los confundidos pueden interpretar los padecimientos ajenos como un mal necesario para la salvación eterna y -enturbiado su entendimiento- aplauden junto a los insensibles que parecen disfrutar el tortuoso experimento amarillo.
Ensayo que incluye todas las recetas probadas en la dictadura, en los últimos tiempos del gobierno de Alfonsín, en la ominosa década del menemato y en la agónica farsa de la Alianza, todo en un comprimido diminuto y de una sola toma. La única dosis contiene una bestial transferencia de recursos hacia los sectores más beneficiados, a los que no necesitan ni un centavo si su deseo es contribuir al desarrollo del país. A pesar de que les sobra para hacer crecer a un continente, siempre piden más en pos de una promesa que ni piensan cumplir.
Los grandes empresarios, productores y financistas no hacen más que reclamar ventajas para sus negociados, subsidios, quitas de impuestos, devaluaciones, reducciones salariales y devaluaciones como condición necesaria para soltar algunas monedas cada tanto. Miserables que miran en su entorno, dispuestos a pisotear las cabezas que traten de elevarse más de lo admisible y estallan de rabia si el Estado destina recursos para los que menos tienen. Ellos, estafadores, evasores y fugadores seriales, envueltos en sus elegantes trajes y carísimas fragancias, califican como corruptos a los que intentan seguir sus pasos. Ellos, que no necesitan leyes porque tienen todo el poder, presionan al Congreso para que legitimen su vampírica acumulación y conminan a los jueces para que limpien sus prontuarios. Ellos, que no necesitan gritar porque son los patrones, tienen en sus manos todos los medios para convalidar su mezquino ideario. Ellos, que nunca pierden, siempre se muestran como víctimas. Ellos son los que festejan cuando el pueblo está más triste. Ellos explotaron, bombardearon, fusilaron, desaparecieron, reprimieron. Por Ellos, un país que produce alimentos para 400 millones de personas no puede alimentar a 40. Por Ellos, todo es desigualdad, miseria y corrupción. Por Ellos estamos a punto de vivir viejos dramas. Para Ellos gobierna Macri, que forma parte de ese nocivo Ellos.

jueves, 16 de junio de 2016

Sobre paraísos y conventos



Justo cuando la inflación pinta como la más alta desde los noventa y la imagen del empresidente está en picada, aparece el ex subsecretario revoleando bolsos con plata sobre el muro de un convento. Justo cuando comienza a tratarse la ley ómnibus y el kirchnerismo es uno de los bloques que se opone a todas sus amargas sorpresas; justo cuando el diario español El País y la BBC de Londres vierten sus opiniones adversas al gobierno de Macri; justo cuando el segundo semestre que está por comenzar pinta tan magro como el primero, salvo por las inversiones convenidas por el gobierno anterior; justo cuando las cínicas declaraciones de Melconian recibían críticas desde todos los frentes, José López comete esta torpeza de comedia barata. Más allá de la oportunidad, indigna descubrir que este personaje pueda dar por tierra con los sueños de millones y que, después de acompañar durante doce años un proyecto reparador, se vuelva tan funcional a la derecha que ha vuelto para saquearnos y sumergirnos en sus recurrentes crisis.
Mientras tanto, los operadores mediáticos ya cosecharon las fantasías de los bolsos con plata y los sembradíos de dólares que abonaron durante tanto tiempo. De las bóvedas, todavía nada. Pero ya van a aparecer. Alguien se está ocupando de eso. Mientras tanto, la telenovela de las monjitas reemplaza a la de Lázaro Báez que, además de que la investigación se está aproximando peligrosamente a Macri, ya comienza a aburrir. Una vez más el presente comunicacional demuestra que la corrupción que excita es la que proviene de un solo lado. Los que callaron sobre los Panamá Papers, sobre los funcionarios que devaluaron la moneda para enriquecerse con el dólar futuro, sobre la treta de Aranguren de comprar gas caro a la empresa de la que es accionista, sobre los funcionarios de la UIF que no investigarán a los bancos de donde provienen, ahora sí hablan de la corrupción. Los que nada dijeron de la fuga de divisas del JP Morgan o las 4040 cuentas en el HSBC Suiza ahora sacan cuentas sobre todo lo que se podría hacer con esos casi nueve millones de dólares que volaron sobre los muros del convento. Ahora sí los medios apologistas transmiten en cadena un caso que los sacó de la modorra y les permitirá destilar todo su veneno contra la década que los colocó del peor lado de la grieta.
No hay apología posible para el ex funcionario. Ni para la cifra escamoteada ni para la alucinada puesta en escena de la madrugada del martes. Muchas preguntas rondan estas líneas y no todas encontrarán su lugar. ¿Por qué hizo de esa manera lo que otros hacen con más elegancia? ¿Cómo confundir un convento con un paraíso fiscal? ¿Por qué esa demostración de frenesí a tan pocos pasos del blanqueo? ¿Qué pasó antes de que tomara tan absurda decisión? Lo que se convierte en un ejemplo es la premura de los capitanes, que llegaron al lugar del hecho en menos de tres minutos. Si todos atendieran las emergencias con tanta rapidez, cuántos delitos se evitarían.
Una postal dolorosa
Que un ataque de pánico producto de alguna amenaza o un repentino brote místico haya impulsado los donativos al monasterio no le quita gravedad al hecho de que ese dinero y los extraños objetos que componen el botín hayan estado en manos de López. Que no recuerde quién es o golpee su cabeza contra la pared no atenúa nada. A partir de ahora, detrás de cada una de las más de 2000 escuelas construidas, de cada tramo vial, de cada casa, de cada usina estará López arrojando dinero sobre los muros del convento. De cara al futuro, resultará difícil argumentar porque López es la excusa que necesitaba la oligarquía que ahora nos gobierna para instaurar sus planes destructivos. Gracias a López, la Corte Suprema ya tiene dos jueces funcionales a los intereses del Poder Fáctico y el blanqueo de capitales está a un paso de ser realidad. Los López más sutiles no necesitarán bolsos ni muros para disfrutar de sus fondos espurios. Gracias a López, las jubilaciones del futuro corren peligro de estar en manos privadas.
López es el oxígeno que necesitaba el gobierno amarillo para arrasar con nuestros derechos y zambullirnos de cabeza al Tratado Trans Pacífico. En las entrañas del Gran Equipo, antes del regocijo hubo sorpresa. Expresiones como “un hecho bochornoso”, “parece de película”, “estamos sorprendidos por el nivel de impunidad” recorrió las bocas de todos sus integrantes. “No se puede entender”, dicen que dijo el empresidente Macri. Claro, revolear valijas es de bárbaros. Los civilizados utilizan los buenos oficios de los bancos internacionales para que las fortunas evadidas caigan con suavidad en paraísos fiscales. Melconian lo confesó en estos días: “como todos los argentinos, muchos de nosotros tenemos dinero guardado en el exterior”. Para Melconian y los que son como él, ‘todos los argentinos’ es un conjunto reducido de ciudadanos, algo más de un diez por ciento de la población. Los demás somos apenas un número; cuanto mucho, un mal necesario; un obstáculo, casi siempre.
Lo de López ahora es funcional a ese ideario. Y la cifra que López revoleó sobre los muros del convento servirá para justificar cualquier recorte, aumento o ajuste. En rigor, es una abultada suma para una persona pero diminuta para todo un país. Si sumamos todo lo escamoteado por los funcionarios amarillos con todas las trapisondas ejecutadas en estos meses tendríamos para inundar varios conventos con valijas voladoras. Con sólo pensar en el crecimiento de la deuda externa para satisfacer a los buitres y alimentar la fuga de divisas más generosa de la década basta para tomar el caso López como uno más.
Pero no será así. Las pantallas nos brindarán López a toda hora y en todos los formatos. Eso sí: tratarán de evitar los detalles peligrosos, aquéllos que puedan afectar los intereses que representan. Mientras puedan, seguirán etiquetando el episodio bajo el genérico ‘corrupción’. Cuando empiece a aparecer el trasfondo de coima, intentarán evitar el otro extremo de la cadena. Cuando sea inevitable hablar de los empresarios que untaron las manos de López para facilitar las licitaciones, comenzarán a olvidar este sonado caso. Si López recupera memoria y cordura podrá enumerar a los que contribuyeron con su novedosa encomienda. Si no, basta con echar una mirada sobre el listado de empresas contratadas por el gobierno K. De algo tan obsceno puede salir algo útil para toda la sociedad: llegar hasta el hueso de la corrupción, que es el conjunto de los corruptores. López nunca se convertirá en un héroe, pero su traición servirá para algo.