Páginas vistas en total

viernes, 24 de octubre de 2014

Esquivando los embates



Cada vez con más insistencia, los miembros de todos los sectores de la oposición reclaman la búsqueda del diálogo y del consenso. Que quede claro: para ellos, la ausencia de esas dos civilizadas prácticas es culpa absoluta de la barbarie kirchnerista. Barbarie que nos ha sacado del pozo más profundo al que hemos llegado en nuestra historia reciente; un abismo al que nos arrojaron muchos de los que ahora se arrogan el derecho de salvarnos; esto sería, ni más ni menos, que volver a empujarnos a esos pestilentes sumideros. Barbarie que soporta insultos, mentiras y operaciones como nunca antes ha recibido otro gobierno. Mientras los bárbaros gobiernan con mano firme y buen rumbo, los civilizados arrojan estiércol, conspiran y desgastan. Pero nada dicen sobre la especulación, la evasión y el encanutamiento que practican los empresarios más angurrientos y destituyentes. ¿Acaso eso es dialogar y buscar consenso? No, señores. Esta vez no nos engañan: eso es estafar a todos los argentinos. Y si para ellos dialogar es sólo escuchar sus órdenes y el consenso es acatarlas, ya no estamos dispuestos a hacer eso.
Si aplauden a cuatro manos la posibilidad de expulsar a los extranjeros que delinquen, que sostengan la misma euforia con algún empresario foráneo que trate de gambetear al fisco o burle la ley para incrementar su rentabilidad. Sin dudas, los segundos deben abundar más que los primeros. Y encima, con un solo manotazo pueden hacer tambalear nuestra economía doméstica. O, por lo menos, dificultar su crecimiento. ¿O acaso es posible sostener un diálogo coherente con concesionarios y automotrices, que se muestran preocupados por un descenso de las ventas y, cuando el Gobierno elabora un plan, tratan de boicotearlo con todos los medios a su alcance? ¿O con los productores y exportadores agropecuarios, que no han liquidado los bienes de nuestra tierra para forzar una devaluación y obtener mayores ganancias? De una vez por todas, debemos comprender que no hay diálogo posible con los que nos quieren perjudicar.
Quienes evaden, especulan y aumentan los precios de manera indiscriminada no nos preguntan si estamos de acuerdo con sus trampas. Entonces, ¿por qué tenemos que dialogar en lugar de sancionarlos? Este año, la cosecha de soja alcanzó un 15 por ciento más que el año pasado. Sin embargo, por la angurria de los estancieros, no significará el mismo ingreso de divisas que si la hubieran liquidado en enero, cuando el precio internacional era mayor. Las exportadoras han prometido desempolvar unos 6 mil millones de dólares en porotos, aunque lo almacenado en los blancos gusanos rurales supera los 10 mil. Si no cumplen, como acostumbran, ¿no sería buen momento para nacionalizar la exportación y cuidar mejor nuestros intereses? Bastante tenemos que lidiar con los boicoteadores connacionales para soportar los embustes de los forasteros.
Un casting en Mar del Plata
Pero además de estas trapisondas, los que más tienen también fugan divisas. Y no sólo eso: son los mismos que reclaman la necesidad de inversiones extranjeras y exigen dólares frescos vía endeudamiento. ¿Para que el país crezca?, preguntará algún ingenuo. ¿Para aumentar la producción y mejorar la competitividad?, supondrá algún iluso. No, de ninguna manera: para seguir acumulando el resultado del saqueo en cuentas en el extranjero, como han hecho siempre. O, por lo menos, desde marzo de 1976, cuando conocieron las delicias de la bicicleta financiera y las estatización de deudas privadas. Cuando comprendieron que con un Estado cómplice podían multiplicar sus fortunas sin demasiado esfuerzo. Y la nociva conducta se hizo hábito. Casi una malsana adicción difícil de controlar y, más aún, de abandonar.
Por eso no ven la hora de que llegue el fin de ciclo, tantas veces anunciado. Más aún cuando el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, en su informe bimestral en el Senado Nacional, destacó la necesidad de una comisión bicameral para investigar maniobras especulativas y terrorismo económico. “Es muy importante que el Congreso haga una exhaustiva investigación sobre por qué se hacen estas fugas de capitales y quiénes son los autores”, fundamentó. Mientras los senadores de la oposición se dedicaban al ritual de reclamar a Boudou un paso al costado, Capitanich denunciaba que entre 2003 y 2013 se fugaron casi 63 mil millones de dólares. Un importante contraste, vale aclarar; una foto para retener en la memoria durante décadas. Para quien no comprenda bien esta analogía, la oposición es el brazo ejecutor de la venganza del Grupo Clarín hacia quien logró la re estatización de los fondos de pensión. El actual vicepresidente quitó un jugoso negocio de las fauces de la bestia. Un monstruo muy herido porque por fin la democracia está encontrando su sentido.
Ya lo dijo la diputada Elisa Carrió, más como alarma que como denuncia: Clarín es la muralla de protección de los más importantes grupos económicos. Y si cae Clarín, caen todos. No todos, sino los más perjudiciales. Una aclaración: para ellos, caer es sólo acatar las leyes y someter sus angurrias a la vida democrática. No significa que a partir de ahora deban vivir debajo de un puente con sus pertenencias amontonadas en un carrito de supermercado. Caer no es el despojo, sino una contención de su avaricia. Como les molesta tener límites, en su horizonte vislumbran un Estado mínimo y, de ser posible cómplice de sus fechorías. Pero para alcanzar ese país paradisíaco deben acabar con el kirchnerismo, por las buenas o por las malas.
Para tal fin, organizaron un festín en Mar del Plata con formato de coloquio, música nostálgica y ganas de restauración. La 50° edición del encuentro de IDEA, que reúne a los más férreos defensores del neoliberalismo, se convirtió en un espacio para que los candidatos presenten sus propuestas electorales. En realidad, no es más que un lobby donde los empresarios comparten sus angustias y cantan los más emotivos tangos sobre los tiempos idos. Y los candidatos, como participantes de un casting, tratan de agradar a los miembros del jurado, acaudalados patricios que pagaron 15 mil pesos la tarjeta. El ganador será el que pueda convertir en plataforma política sus egoístas exigencias.
Pero ya no hay que escuchar los ladridos de estos oscuros personajes porque no quieren nuestro bienestar, sino todo lo contrario. En lugar de un fin de ciclo deberían recibir para Navidad de 2015 una auspiciosa continuidad. Y los que menean el rabo ante estos requerimientos succionadores merecen el vacío en las urnas, para que aprendan que el Estado democrático debe proteger los intereses de la mayoría y no defender los privilegios de una minoría destructiva.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Cortocircuito en la Metrópoli



Por un lado, se hacen campañas contra la explotación y la trata, se intenta desplazar la imagen de la mujer objeto y se prohíben los avisos de oferta sexual, pero por el otro, se galardona a Tinelli como personalidad destacada de la cultura de la CABA. ¿No es retroceder demasiado? Pero la trama es más compleja: no es sólo poner del lado del PRO a un propagandista eficaz, sino validar un sistema de superficialidad mediática, eso que las Fuerzas Amarillas entienden como cultura popular. Esa trituradora de cerebros que, entre luces y estridencias, pechos y traseros, propala consignas caceroleras para adecuar el terreno al retorno neoliberal. Y así celebró Tinelli su noche de gloria, vociferando que en este país, “si pensás diferente, te crucifican”. Una tontería que no merece un mínimo análisis. Pero el Alcalde y todo su equipo elevaron a categoría de cultura un exitoso producto mediático que, con un poco de esfuerzo, pronto resultará obsoleto. Este episodio no puede entenderse fuera del contexto electoral y hasta parece un paso desesperado para mejorar los números, tanto de las encuestas como los del rating.
 Ambos están alicaídos y han decidido darse una mano. Hasta aquí llega toda concepción de cultura, por más definiciones de Wikipedia que recite Tinelli. Macri, en cambio, no se atrevió a tanto. Si la cosificación de la mujer es cultura, habrá que dejarlos cada vez más solos. Porque la cultura construye y respeta, no avasalla ni abusa. La cultura siempre es popular porque crece desde abajo, desde la raíz de los pueblos. Lo otro sólo es masivo, vertical, impuesto. Por eso Tinelli necesita que Macri le dé su aval político. Y Macri requiere que Tinelli le aporte su potencial mediático. Rating a cambio de votos. O viceversa. El creador de Showmatch supo ser buen vendedor y Macri se ha convertido en el nuevo producto a promocionar. Si antes llenaba su boca con alfajores, ahora la colmará de lemas, bravatas y generalidades para conducir el voto de un público menos entusiasta por semejante bulla televisiva.
Con cada paso que da Macri hacia la Rosada, revela lo más oscuro de su pensar. Despectivo, cínico, clasista, hipócrita y machista son algunos calificativos que inspiran sus declaraciones. Y a partir de eso devela que su proyecto de país es el que, con tanto esfuerzo, comenzamos a abandonar desde hace un tiempo; ese modelo importado que nos hundió en lo más profundo del pantano cuando reinaba el discurso único proveniente de la ortodoxia económica. Los que quieren retornar a aquellos angustiantes días denuncian a los cuatro vientos que son víctimas de la intolerancia cuando, en realidad, son ellos los intolerantes. Como nuestra democracia está encontrando su sentido –defender los derechos de los ciudadanos- hay una minoría que manifiesta su fastidio. Después de obtener la legitimación del PRO, el conductor televisivo pondrá su voz a disposición del discurso que tanto daño nos ha hecho y, como recompensa, podrá seguir pisoteando toda dignidad.
Vientos pestilentes en la popa
Pero ésta es una pieza más de una estrategia de desgaste. Quizá, la menos dañina, la menos antipática. Mientras desde los medios se disputa por el objeto simbólico, en los antros de la economía se batalla por dinero. Y los principales contendientes no son los trabajadores menos favorecidos, sino los empresarios que tienen de sobra. Unas 1200 empresas –muchas de ellas, las más grandes- enfrentan causas penales por facturas falsas en operaciones de evasión. Para evitar suspicacias, entre las investigadas, hay cuatro que pertenecen al archi-enemigo de Clarín, Lázaro Báez. Alguien debería investigar el porqué de este ensañamiento; tal vez una vendetta similar a la emprendida contra Boudou, por citar un ejemplo, para no hacer tan extenso este apunte. Como si fuera el único empresario corrupto.
Unas semanas atrás, el Estado recibió información sobre más de 4000 números de cuentas bancarias del HSBC Suiza pertenecientes a individuos y sociedades argentinas, pero sólo 125 de ellas son reconocidas en las declaraciones juradas. El listado no incluye a pobres jubilados que quieren resguardar sus ahorros, sino a individuos de altos ingresos que sólo buscan evadir para incrementar sus enormes fortunas. Esto, en otros tiempos, era visto como una travesura, como un acto de heroísmo cívico, como una peripecia apasionante y envidiable. En eso también estamos cambiando: hoy sabemos que quien evade, nos perjudica a todos. “Nos están engañando –graficó Ricardo Echegaray, el titular de la AFIP- nos hacen trampa los contribuyentes que ocultan cuentas en el exterior”.
Estas no son, por supuesto, las únicas tretas a las que apelan estos insaciables succionadores. No hay que quitarles la mirada de encima porque siempre están a la espera de un descuido para darnos el zarpazo. Y después exigen libertad de mercado y hablan de la mano invisible; llaman autoritario a cualquier funcionario que los quiera controlar; buscan nombres de fantasía para los organismos oficiales, como gesta-AFIP, por ejemplo. Lo cínico es que se presentan como tiernos corderitos cuando en realidad son lobos enceguecidos por su avidez. Lo indignante es que siempre lagrimeen, a pesar de estar cebados a punto del empacho. Lo hipócrita es que aseguran que, colmando sus arcas, nos benefician a todos.
Este accionar no sería tan preocupante si, como muchos candidatos y periodistas recitan a diario, tiráramos todos para el mismo lado por una ancha y armónica avenida. Pero para ellos, eso sólo significa facilitar los negocios y no meterse con sus chanchullos. Para nosotros, la mayoría, no. En estos primeros años del nuevo siglo hemos aprendido que este sendero necesita transitarse en colectivo. Por lo tanto, deberán abstenerse los individuos que sólo piensan en su exclusivo beneficio en detrimento de los derechos ajenos. También cómplices, apologistas y meros espectadores deberán deponer su actitud si quieren acompañarnos en esta novedosa excursión. El paisaje que nos espera es de sueño y sólo nos faltan algunas volteretas; quizá sean los tramos más difíciles del periplo, los más temibles, los más desalentadores. No importa: la multitud se transforma en fuerza, sobre todo cuando los monstruos del pasado soplan su fétido aliento y nos pisan los talones.

lunes, 20 de octubre de 2014

Relato con nubes pero muchas estrellas



Che, esa famosa mano, además de invisible, debe ser bastante miope. Porque los precios internacionales de algunos productos han bajado y por acá nadie se entera. La tonelada de trigo, por caso, disminuyó un 25 por ciento y eso debería reflejarse en los derivados de la harina. El petróleo tuvo una baja de nueve dólares y eso tendría que incidir en el descenso de unos puntos en el precio de las naftas. Nada de eso pasa –o al menos de manera notoria- porque estamos en manos de unos inescrupulosos que manejan la economía al ritmo de sus angurrias. Encima, el presidente de la UIA, Héctor Méndez, amenaza con acudir a la Justicia para conseguir una cautelar que frene la Ley de Defensa del Consumidor. Antes de que se produzca una nueva intromisión judicial como con la LSCA, que estuvo frenada cuatro años en dos de sus artículos –los más necesarios- los miembros de la Corte deberían manifestar algo al respecto. Porque si la de los setenta, con penas de prisión y todo, era constitucional, ésta aún no estrenada también lo es. Pero como la lucha contra las corporaciones –entendidas como aquellos poderes no electivos- parece ser muy larga, deberemos armarnos de paciencia y consolidar con nuestro voto a los que nos quieren defender en serio.
Un año atrás, apenas terminadas las legislativas, los que se creyeron triunfadores comenzaron su campaña presidencial, apostando tal vez a un recambio institucional anticipado. Ahora, cuando falta un año para las elecciones de verdad, ya están con la lengua afuera y el cerebro trastocado. Tanto que no saben qué proponer. A sus habituales caceroleos -algo impropio en ciudadanos con representación-, a su oposicionismo full time, a su asistencia perfecta a los estudios televisivos, a sus incansables vaticinios destructivos, ahora suman una deliciosa jugarreta: amenazan derogar lo que después prometen que no derogarán. Un guiño para los poderosos y un engaño para los votantes. Claro, como el Infame Riojano confesó hace un tiempo: si anunciaba en campaña lo que pensaba hacer en la Rosada, no lo votaba nadie. En aquellos años, las promesas se basaban en la revolución productiva y el salariazo. Ahora es conservar lo bueno y cambiar lo malo en cualquiera de sus variantes. En ninguna de ellas se aclara a quién beneficia lo bueno o perjudica lo malo.  
Para echar luz sobre el tema y con una obsecuencia vomitiva, el senador Ernesto Sanz se comprometió, en la madriguera mediática, a derogar todo lo que moleste al patrón. Un poco más astuto, pero no por eso más creíble, Mauricio Macri ahora dice que la AUH, la jubilación estatal y la YPF recuperada se mantendrán de alcanzar la presidencia. Algo totalmente opuesto a lo dicho unas semanas atrás. Pero como el caradurismo extremo rinde sus frutos en los reductos en que se mueve, explicó que desde el oficialismo “agitan las banderas del miedo porque es el último recurso que le queda a un PJ muy desgastado”. ¿Acaso no son ellos –todos- los que desde hace casi diez años vienen diciendo que el país se va al abismo? ¿O qué otra cosa significa la tontuela expresión “estamos aislados del mundo”? ¿O cuando hablan de dictadura K, autoritarismo, relato, inflación, inseguridad están tranquilizando a los argentinos y afirmado que todo está muy bien?
Lo bueno de todo esto es que no hay que ser muy astuto para descubrir a los falsarios. Sólo pueden creer en ellos los incautos incurables, porque los odiadores no necesitan de la creencia para decidir su voto. Los primeros son los que ni se enteraron del Arsat I; los segundos son los que mascullan, casi envidiosos, descalificaciones insostenibles contra ese logro nacional insólito. Los primeros no aplauden a nadie porque no se atreven a comprender de qué va la cosa; los segundos son los que aplaudieron los dos momentos de Macri: cuando declaró que el Gobierno malgasta dinero en “empresas satelitales que no funcionan” y cuando ponderó el lanzamiento del satélite y destacó la importancia de la investigación para el desarrollo. Justo él, que no dudaría en convertir al lavarropa espacial en un jugoso negocio para sus amigotes, después de mandar a los científicos a lavar los platos.
Lo opaco y lo brillante
Muy lejos del fin de ciclo con el que tanto sueñan los agoreros, el Frente Para la Victoria sigue siendo la fuerza política más convocante. Ninguna figura de la oposición podría realizar actos verdaderamente masivos. Ninguno de ellos supera la imagen positiva ni la intención de voto de La Presidenta, aunque no pueda presentarse. Ningún gobierno transitó el último tramo con tanta firmeza y aceptación. Salvo el de Kirchner, claro está. Y, finalmente, será también novedoso que un presidente saliente entregue al entrante un país mucho mejor. Eso es lo que ocurre desde 2003 y seguirá ocurriendo por mucho tiempo más, salvo que nos desviemos de este luminoso camino que estamos transitando.
También, a diferencia de las fuerzas políticas –es un decir- que pretenden conquistar la alternancia, el oficialismo mantiene intacta la iniciativa política, mientras los otros siguen detrás de la caprichosa y errática agenda mediática. Además, los candidatos kirchneristas son los únicos que pueden compartir un escenario y exhibir una indiscutible solidez en sus discursos. Con matices y diferencias, que es lo que logrará conquistar la voluntad popular. En cambio, los candidatos de la oposición parecen recitar el mismo libreto y seguir la alocada agenda que ordenan los que quieren recuperar el Poder.  
El viernes, -entusiasmados por el exitoso vuelo del Arsat y embelesados por la liturgia del día de la Lealtad- los delanteros del oficialismo salieron a marcar la cancha. Desde el partido de Moreno, los precandidatos K mostraron sus distintas versiones del proyecto en curso y el firme compromiso de garantizar su continuidad. Daniel Scioli, quien en los últimos días ha comenzado a abandonar la tibieza habitual, criticó a la oposición porque “está amenazando con derogar todas las leyes que hicieron avanzar en estos años al país” y solicitó “duplicar los esfuerzos y contrarrestar los ataques corporativos”. Por su parte, Florencio Randazzo, que le sigue en las preferencias, sugirió “tomar un compromiso para que la política siga siendo independiente de los intereses corporativos”. De eso se trata: que el país deje de ser manejado por quienes lo han conducido siempre hacia la ruina en su exclusivo beneficio.
Muy lejos de tanta luz, el ex vice Julio Cobos intentó seguir el juego propuesto por La Presidenta y, como era previsible, otra vez terminó derrotado. Ante uno de los micrófonos amigos, manifestó que CFK “intenta derogar la realidad, reemplazándola con un relato que la choca y la niega permanentemente”. Y siguió, para tropezar con sus palabras: “no podrá derogar la esperanza y la ilusión de miles y miles de argentinos que quieren una Argentina mejor y en paz”. Increíble que justo él, que es pre candidato del partido que desencadenó la crisis de 2001, incluya términos como ‘esperanza’ e ‘ilusión’. Que él hable de paz cuando intentó desgastar al gobierno del que formaba parte, sumándose a la oposición para favorecer a los avarientos estancieros, parece una falta de respeto. Que él hable de relato, cuando sólo opina en base a los cuentitos que lee en el ex Gran Diario Argentino, es un despropósito. Él y todos los que se amontonan en la multicolor oposición son los que agitan miedo y elaboran su discurso sobre situaciones que no existen. En definitiva, la victoria de todos ocurrirá cuando comprendamos cuáles son nuestros peores miedos y quiénes son los que, con sus relatos, los pueden convertir en realidad.

viernes, 17 de octubre de 2014

¿Heladera en órbita o barrilete cósmico?



Una promesa no debe evaluarse en relación con la verdad, sino con las posibilidades de su cumplimiento. Que alguien nos prometa un par de alas para revolotear por el parque podrá ser encantador, pero, por ahora, incumplible. En cambio, cuando Néstor Kirchner anunció la soberanía satelital, allá por 2006, además de encender nuestros corazones, nos invitó a participar de un sueño. Cuando despertamos, el Arsat I voló más alto que la inflación opositora para instalar la celeste y blanca entre las estrellas más brillantes. Néstor también había prometido la recuperación de nuestra autoestima, y a eso estamos llegando, a pesar de los graznidos amenazantes y los picotazos que nos asestan a cada paso. Y vamos a seguir llegando, aunque los candidatos opositores prometan la Revolución Derogadora. Algo nunca visto: sólo proponen desandar el camino y volver al punto de partida, como si la construcción del país fuera el Juego de la Oca. Como si fuera posible el récord del Frente Renovador, que, de alcanzar Massa la presidencia daría de baja a unas 150 leyes. Una promesa de campaña condenada a no ser cumplida y que sólo sirve para conquistar las simpatías del establishment, verdaderos jefes políticos de este tipo de candidatos.
Esos que, como niños encaprichados, desprecian y denuestan lo que son incapaces siquiera de planear. El Jefe de Gobierno porteño, el ingeniero que compró coches de subte que no entran en los túneles y que hace y deshace estaciones de Metrobús, consideró que el Gobierno Nacional malgasta dinero en empresas satelitales que no funcionan. Tan mal funciona Arsat –sociedad anónima del Estado argentino- que ya puso en órbita el primer satélite diseñado y ensamblado con ingenio nacional. El otro de los candidatos, no el neo-patricio Macri sino el mayordomo Massa, consideró que esto es como poner una heladera en órbita. Una heladera de tres toneladas y dimensiones considerables. Los demás postulantes al casting opositor evitaron hablar del tema porque no encontraron nada malo para decir, y así, no vale la pena abrir la boca.
Para enfermar más a los agoreros, el lanzamiento salió como estaba previsto y la demora se debió a dificultades no del satélite argentino sino del Intelsat, el norteamericano. Nosotros, vírgenes en estas cuestiones, teníamos todo en orden y ellos, que son veteranos, tuvieron algunos apuros. Ni la impuntualidad aparece como excusa para reprochar a este momento histórico. Porque aunque traten de minimizarlo, esto es así: hemos ingresado al grupo de los ocho únicos países con capacidad para fabricar satélites geoestacionarios. Y se vienen dos más en los próximos años. Si en 2001, cuando la vida de la mayoría de los argentinos estaba desbordada por la angustia, cuando ni siquiera había asistencia para los más necesitados, cuando la crisis penetraba por cada uno de los poros, alguien prometía algo así, se hubiera convertido en el humorista del siglo. A trece años de esos dramáticos momentos, el Arsat I nos mira desde el cielo, como si fuera el sol de la bandera.
Rastreros vs voladores
Claro que una mayoría empobrecida no podría aplaudir algo así. ¿De qué sirve la capacidad de un Estado para fabricar satélites si no puede garantizar las necesidades básicas de los ciudadanos? Esto es lo que intentaron construir los medios hegemónicos en los días previos al lanzamiento, con los números de la informalidad, la falta de medicamentos para enfermos de VIH y demás delicias destructivas. Infaltable, el IPC de los opositores, que siempre es el doble del que anuncia el INDEC. O más, si los resultados de las encuestas electorales que ellos mismos contratan no resultan favorables. Todos –es decir, apenas unos pocos que apuestan al fracaso- esperaron una explosión, una falla o al menos una postergación como excusa para recitar sus habituales diatribas hacia nuestro país. Pero, con unos minutos de demora que suspendieron la respiración de millones, el Arsat I surcó los cielos con un salto más ovacionado que un gol de la Selección. Como satélite, heladera o lavarropa, hoy te convertís en héroe.
Antes de alcanzar el espacio, el proyecto K decidió recuperar un país. Ese país que quieren romper los derogadores seriales, ésos que prometen el paraíso pero no para todos, sino en beneficio exclusivo de una minoría privilegiada. Y si no, ¿a qué otra cosa apunta la eliminación de las retenciones, del impuesto a las ganancias, de los controles cambiarios y del comercio exterior? ¿O a quien enriquecerá el ajuste que prometió apoyar el camionero Moyano, que ya no encuentra GPS que lo re-posicione en su órbita? Además, los que ametrallan con derogaciones saben que no cumplirán con sus promesas. Primero porque para eso hay que conseguir mayoría absoluta, algo que ninguna fuerza política tiene garantizado, ni siquiera el oficialismo. Por ahora. Segundo, porque no asisten nunca a las sesiones del Congreso. ¿Cómo las derogarán, por mail, mensaje de texto o twitter?
No es nada nuevo, pero gobernar es más hacer que deshacer. Y si La Presidenta promete que va “a seguir construyendo esta Argentina que estamos haciendo desde hace más de una década”, es porque cumplirá su cometido hasta el último día de su gestión y no como exigen desde el año pasado los contras, que se someta a una transición ordenada. Esto significa que deje de gobernar para que sean otros los que gobiernen. Así no es, señores. Ya no. CFK no es de los que hacen la plancha, porque está empecinada en ir “por más sueños, por más trabajo, por más igualdad”. Seguir avanzando, algo que detestan los detractores.
Además de satélites, hay un futuro que se construye: en breve, los chicos de cuatro años estrenarán 500 nuevas salas para sumarse al sistema educativo. Salas que serán construidas por 15 mil trabajadores nucleados en el nuevo plan Cooperar. Redistribución del ingreso con todas las letras. El Estado como principal garante de la inclusión. En realidad, el único porque los privados se borran a la hora de generar nuevos puestos de trabajo o remarcan los precios para apropiarse de la inversión que ellos no hacen. Ni eso les pedimos ya, sino que dejen de enloquecer nuestros oídos con sus constantes llantos.
En los noventa, los integrantes del Círculo Rojo intentaron convencernos de que los privados eran los mejores para hacer las cosas que hacían falta en el país. Y en parte, lograron hechizar a muchos. Pero el Primer Mundo de cartón pintado que prometía el Infame Riojano terminó incendiado apenas comenzado el nuevo siglo, con el invalorable aporte del Chupete Volador. Gran parte de lo que se destruyó en la última década del siglo pasado se reconstruyó en estos diez años de kirchnerismo. Además, surgieron muchas cosas impensadas, como el fortalecimiento de una soberanía que es mucho más que un deseo. Pero la principal conquista –además de la insólita e imparable ampliación de derechos- es la convicción de que sólo se puede alcanzar el país soñado con un Estado fuerte y siempre presente para proteger a los más vulnerables. Sólo así se puede volar alto, tanto como un satélite.