Páginas vistas en total

miércoles, 27 de mayo de 2015

Una Plaza para siempre



El miedo está en otra parte
Las imágenes del lunes en la Plaza difícilmente se borrarán de las retinas. El entusiasmo, la alegría, el orgullo no podrán ser minimizados con el refunfuño de los futuros derrotados. El absurdo recurso de contar colectivos, la envidiosa treta de mostrar choripanes, el tonto consuelo de las banderas partidarias parecen sólo los pataleos de un chico encaprichado. O como Margarita Stolbizer, que tuiteó las denuncias chicaneras de siempre para llamar la atención de los medios hegemónicos. Todos pasan por alto un pequeño detalle: en los últimos 50 años, ningún mandatario ha logrado exhibir tanto poder de convocatoria a pocos meses de finalizar su mandato. Y no sólo es una cuestión numérica, sino de pasión. Con sólo observar los rostros que escuchaban las palabras de Cristina, cualquier sospecha de asistencia coercitiva muerde el polvo del ridículo. Ellos, que no ven la hora de desterrarla, ni siquiera sospechan que estará para siempre entre nosotros.
Como si fuera una experta en discursear ante las multitudes, Margarita Stolbizer, además de reproducir el denuncismo mediático cuestionó los gritos de La Presidenta. En lugar de un esfuerzo por comprender el momento, sólo se preocupa por detalles que refuercen su discurso protestón, como la llorosa queja de una jovencita que se ha quedado sin pareja en un baile. Envidia de alguien que jamás ocupará ese lugar. Por si no se ha percatado, con su habitual tono orador –casi al borde del llanto- jamás despertará la pasión que necesita para conquistar la presidencia. Y no sólo es una cuestión de formas. En uno de sus mensajes por la red, Stolbizer, sorprendida, escribió: se olvidó que el festejo es del 25 de mayo de 1810 y sigue con Néstor. Solo habla de Él. Claro, también de Ella”. ¿Acaso querrá volver a aquellos festejos formales y aburridos, descontextualizados y superficiales, en medio de la desolación de un pueblo diezmado? Si el lunes ocurrió esa Plaza es porque hace doce años estuvo Néstor y hoy está Cristina.
Otro que no sabe mirar es Nelson Castro. ¿Tan enojado está con el presente que no descubrió ninguna de las miles de banderas argentinas que se agitaban en ese escenario tan emblemático? ¿Nadie le acercó al menos una galería de fotos en donde se puede apreciar que el celeste y blanco inundaba el espacio e iluminaba todas las miradas? Y todos al unísono, como hacen siempre, recitaron esa inconsistente idea de que no habló del 25 de mayo. Como si la felicidad conquistada con las jubilaciones, la recuperación del empleo, las viviendas, la AUH y todo el listado que les molesta no significara una refundación de la Patria que los miembros del Poder Fáctico se han encargado de destruir en el pasado no muy lejano.  
Pero no entienden… o no les conviene hacerlo. Como quieren restaurar el modelo que nos llevó a la ruina –de puro tozudos, porque con este proyecto les ha ido muy bien- arrojan la munición que queda; ésa que todavía convence a unos cuantos que, aferrados a sus prejuicios, son capaces de coronar como presidente al que seguramente los despojará de un plumazo. Ella les molesta por envidia y por impotencia. El capricho propio de los individualistas, como si el 25 de mayo hubiera sido una movida de individuos.
No, tanto en 1810 como hoy, las patrias se construyen en colectivo. “El proyecto no puede depender de una sola persona –explicó Cristina a los millones- ¡Depende de ustedes!”. Y para calmar las ansias, graficó: “muchos me miran con miedo y me dicen ‘¿qué va a pasar?’. Va a pasar lo que ustedes quieran que pase. Ustedes son los dueños de su destino”. En algo se equivocó La Presidenta: el miedo no estaba en la Plaza sino en las siniestras bestias que espiaban desde sus madrigueras.

lunes, 25 de mayo de 2015

Más Patria para soñar



Desde la asunción de Néstor Kirchner, cada fecha patria se convierte en una fiesta popular. Mucha calle, música, euforia y alegría. Mucho “populismo”, mascullarán los agoreros desde un rincón y no es para menos, si Ellos aborrecen la felicidad de los pueblos. Populismo y demagogia, dictaminan apenas ven una sonrisa, porque sienten que con ella sus privilegios disminuyen. Mientras millones poblaron las calles para escuchar uno de los últimos discursos de Cristina como presidenta, unos pocos desesperan. Y tanto, que emergen de las sombras para marcar las pautas del futuro, que no es más que dejarles hacer lo que hacen desde hace años: practicar el vampirismo con nuestros recursos para aspirar al primer premio a la acumulación.
En nuestra memoria no podríamos encontrar festejos como éstos. Los que superamos el medio siglo sólo recordamos la solemnidad de los desfiles militares, más como demostración de fuerza que de alegría por tener una patria en construcción. Los soldados marchaban ante los asistentes más como fuerzas de ocupación que de liberación. Con la vuelta a la democracia, los desfiles perdieron su lugar, como es lógico suponer. Al principio, hubo intentos por reciclarlos pero no con mucho éxito. Después, el Infame Riojano aportó su granito de arena para hacernos olvidar de cualquier sentimiento patrio. Y tanta arena aportó que casi terminamos hundidos. El nuevo siglo nos encontró tan des-patriados que De la Rúa conmemoraba estas fechas en la soledad de su despacho, rodeado de algunos extras.
Por supuesto, estas fiestas callejeras tienen sentido cuando hay algo para festejar. Si la realidad fuera tan desastrosa como la cuentan los medios dominantes, ni con sobornos se lograría este clima. Ahí está la diferencia con la demagogia: el demagogo organiza estos acontecimientos para ocultar el dolor del pueblo al que oprime. La demagogia de Videla gritando los goles del Mundial ’78 o de Galtieri en el balcón, anunciando la ocupación de Malvinas. Menem prometiendo la “Revolución productiva y el salariazo”, los vuelos por la estratósfera o su famoso “estamos mal, pero vamos bien”. Eso es populismo. Cuando la mayoría padece el despojo, cualquier fiesta es simulacro. Hoy, por supuesto, no hay nada de eso porque el bienestar creciente es de todos los días y el encuentro con el otro es como un grito colectivo por el triunfo de haber conquistado tantos derechos.
No hay marcha atrás
Sin dudas, éste es un año crucial. Las elecciones presidenciales de octubre están presentes todos los días. Números que tratan de desalentarnos, deseos que se entretejen, alimañas que nos acechan. Mentiras que nos angustian y definiciones que nos inspiran. El cambio o la continuidad como sendero que se bifurca: por un tramo se vuelve al peor pasado; por el otro, se marcha hacia el mejor futuro. Dos píldoras: el veneno o las vitaminas. Dos banderas: la de remate o la celeste y blanca. Dos países: el sometido a la angurria de unos pocos o el independiente al servicio de todos. No es difícil elegir por cuál camino continuar; sólo basta poner nombre a las opciones.
Mientras la mayoría estaba de fiesta con nuestra fecha fundante, el Foro de Convergencia Empresarial, que nuclea a los principales grupos económicos que operan en nuestro país, anunció sus deseos de restauración neoliberal. Si antes imponían su avidez desde las sombras, ahora necesitan dar la cara para suplicar el triunfo de sus voceros políticos. Como han dejado de ser invisibles, su poder ya no es imbatible. En noviembre de 2013 conformaron este foro como un ámbito de diálogo, aunque, en verdad, es una usina de imposiciones.
Como si explotaran nuestra amnesia, en diez páginas sintetizaron el mejor programa de gobierno en su exclusivo beneficio. No el de la Patria, por supuesto, sino en el propio. Como siempre, el problema es el Estado, no sólo su tamaño sino también su rol: pequeño, débil y obediente, que garantice la saturación de sus arcas. En su documento lo explicitan, como hace años lo anunció Martínez de Hoz y en los noventa Cavallo: "le cabe al Estado establecer reglas de juego claras y hacer cumplir las leyes, pero más allá de este marco, su injerencia en el ámbito propio de la actividad privada, interviniendo arbitrariamente en la toma de decisiones empresarias lesiona gravemente la economía y obstaculiza el desarrollo económico y social".
Caraduras. Con todas las letras. Como si Ellos no tuvieran nada que ver con nuestros fracasos, nuestras crisis y nuestras deudas. Como si Ellos no se hubieran enriquecido con nuestros muertos cuando las FFAA estaban a su servicio. Hipócritas, como si no fueran los artífices del vaciamiento y la entrega de décadas anteriores. Cínicos, porque no ven la hora de volver a hincarnos los colmillos, aunque en estos años han ganado como nunca. Terroríficos, porque prefieren hacer fortuna a fuerza de impartir miseria en lugar de reinvertir lo que ganan en la producción y redistribución del ingreso. Suicidas, porque si no fuera por la intervención del Estado, el consumo no existiría.
Ellos reclaman libertad para hacer lo que quieran. Sin embargo, ya lo están haciendo. Las cuentas no declaradas en Suiza son una muestra de esa nociva libertad porque son producto de la más brutal evasión. Y hay más: con esa reclamada libertad, nos están estafando desde hace años con los precios. El Sindicato de Empleados de Comercio de Rosario realizó un relevamiento en las principales cadenas de supermercado y detectó remarcaciones inconcebibles, merecedoras de durísimas sanciones, sino la clausura. Mientras en EEUU y otros paraísos liberales la tasa promedio es del 8 por ciento, el estudio descubrió una tasa de ganancia de hasta el 240 por ciento entre el precio de costo y el de venta.
Una vez más, queda demostrado su descontrol, que la sociedad no necesita más libertad de mercado, sino todo lo contrario. Que cuando ellos están muy libres, a nosotros nos toca la opresión. No, ya no nos engañan más. Los miles que poblaron la Plaza desde distintos puntos del país no quieren volver a ese pasado nefasto. El futuro que soñamos no es el del libertinaje especulativo de unos pocos. Ese país ha quedado muy atrás y sólo unos pocos quieren convertirlo en realidad. Nosotros, los muchos, queremos un país verdaderamente libre y en él, esas sanguijuelas no tienen lugar.

sábado, 23 de mayo de 2015

Lágrimas de mayo



Karina Rabolini ha demostrado nula aptitud para los culebrones porque su llanto es poco creíble. Más allá de que en otras oportunidades no se ha molestado por las referencias al brazo ausente de Scioli, el gag protagonizado junto a Alejandro Fantino la deja un poco descolocada. Cualquier kirchnerista que se precie de tal activa su escudo protector cuando un titular de Clarín atraviesa su camino: cada gota de tinta del ex Gran Diario Argentino exuda hedor a operación, entre otras cosas. Ella, por el contrario, baja todos sus escudos y se deja llevar por el relato que su interlocutor le hace de los dichos de Florencio Randazzo en la asamblea de Carta Abierta y se zambulle como un inocente conejo a las fauces del lobo. Si ella hubiera minimizado el incidente, tal vez su marido saldría fortalecido. En cambio, como ella se entregó al juego del monopolio, él también tuvo que hacerlo. De ser así, este episodio sólo está destinado a conquistar esa porción cacerolera del electorado que sueña con el fin de ciclo.
Ya casi no importa si Randazzo dijo lo que dicen que dijo. Si la metáfora del proyecto manco se refería o no a Scioli ya no tiene trascendencia. Hacia el interior del FPV se percibe una cierta tirantez que, mientras no se convierta en aversión, todavía es saludable. Las dos versiones del proyecto se tornan cada vez más evidentes, aunque todavía puede haber algunos confundidos. De cualquier modo, las diferencias no son, por ahora, promesa de división, como esperan los medios hegemónicos. Ni deberán serlo porque, después de las PASO, todos deberán encolumnarse detrás del elegido para conducirlo hacia la continuidad del proyecto iniciado doce años atrás.
Durante un tiempo, CFK celebró todas las candidaturas y evitó intervenir en las internas. Pero, desde que introdujo el concepto de baño de humildad, el menú se redujo a dos, un “cara a cara” –para no decir mano a mano, por las dudas- que convoca la atención de más de la mitad de los argentinos. Dos estilos discursivos, dos versiones del proyecto, dos posibles maneras de continuar por este camino. Algunos consideran que Scioli no será un fiel continuador, a pesar de lo que afirman sus colaboradores. Sus gestos y coqueteos lo hacen parecer tibio y este último incidente, con su esposa como estrella, puede despertar recelo.
El mañana que emociona
Quizá por eso, aunque nadie se atreva a decirlo en voz alta, Cristina está señalando, con sutileza, a su elegido. Incluir la promulgación de la ley de Refundación de Ferrocarriles Argentinos en las celebraciones de la Semana de Mayo puede interpretarse como un indicio. “Recuperamos los ferrocarriles para todos los argentinos porque creemos que es una herramienta fundamental para el desarrollo económico”, afirmó el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, antes de la Cadena Nacional de La Presidenta. “Estamos reparando una deuda que tiene más de medio siglo –agregó- devolviendo parte de la memoria que les habían robado a muchos argentinos que crecieron en torno del desarrollo del ferrocarril”.
La Memoria ya había estado presente en los festejos durante la inauguración de un nuevo espacio en la ex ESMA. Allí Cristina comenzó a enumerar la herencia, el legado que debemos defender, la antorcha que no debemos olvidar para no extraviar el camino, para no volver a ese pasado tan destructivo, pleno de sangre y despojo, de derrota y humillación. Con la recuperación del tren, no sólo hay memoria, sino futuro. Un desarrollo que se extenderá a todo el país. Con este acto en Retiro, Randazzo ocupó protagonismo en el presente con proyección hacia más allá de diciembre.
Y entonces, también señaló a otro de sus continuadores. A un lado estaba Randazzo, del otro, Aníbal Fernández y un lugar más allá se ubicaba un funcionario insólito: Axel Kicillof, el ministro sin corbata, el que nos ha enseñado tanto de economía como de honor, el que enfrentó a enemigos monstruosos con rotundo éxito. Kicillof es mi mano derecha –confesó CFK- mi mejor asesor y mi mejor asistente, pero las decisiones son siempre políticas en economía”. Una diferencia enorme con aquellos tiempos en que el presidente estaba sometido a un ministro que, en realidad, era vocero de los poderosos. Además, como líder indiscutible de este momento histórico, marcó lo que hace falta para afrontar lo que se viene. Por eso instó a los candidatos del oficialismo a “hablar de las cosas que queremos hacer” y agregó no los necesito haciendo pantomimas, los necesito con ideas, propuestas, diciendo cuál va a ser la dirección que va a tener la patria a partir del 10 de diciembre”.
Tantas definiciones y símbolos están circulando en estos días que la prensa opositora no puede frenarlos. Una vergüenza que el jueves no hayan publicado nada en sus suplementos de cultura sobre la inauguración del CCK en el edificio del Correo Central y que al día siguiente sólo hayan entintado su rencor. Tanto veneno destilaron que no sólo hablaron de plata sino que dudaron de que los argentinos estemos al nivel de merecer algo así. Tan deslumbrante es el resultado de la restauración edilicia que, como no encuentran objeciones, sólo pueden adoptar la pose del niño enfurruñado.
Tanto los desespera la derrota futura que ya no se conforman con desinformar, ocultar, mentir, manipular, demonizar al kirchnerismo; ahora intentan otra vez silenciar la voz de La Presidenta. La Cadena Nacional es el objetivo y mandan a los serviles políticos de la oposición para que presenten cautelares y proyectos de ley que las prohíba o, al menos, las restrinja. Tan frágiles se sienten que cuentan minutos y segundos, que parecen mucho más potentes que las horas que tienen a su disposición para alimentar la indignación cacerolera. Tan lejos están de recuperar el control del país que ya dejan de apostar a sus propios candidatos -amontonados en un cóctel explosivo- y acomodan su ficha en el casillero de Scioli, que sería la continuidad más aceptable. Tanto han pronosticado el Fin de Ciclo que por fin está llegando, pero para Ellos.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Laberintos y pantanos en los Tribunales



Una vez más, un fallo judicial nos conduce a planificar la justicia del futuro. Aunque la sentencia es del año pasado y una parte de la discusión involucre apenas una diferencia de tres años en la pena, es imperioso reflexionar en estas cosas. Un castigo mínimo, una minucia en comparación con el tamaño del delito. Un disparate que el abuso sexual de un niño de seis años se castigue con tan poco. Pero lo más grave es que los argumentos presentados por los jueces para aliviar la prisión del abusador suenen tan bestiales. A esta altura de la vida, que estos magistrados consideren a la víctima en colaboración con el victimario, que se busque al menos una excusa en la vejación, no puede interpretarse más que como una renuncia al cargo que ocupan. Que no se quejen si gran parte de la sociedad los repudia. Que no se escuden en la interpretación de las leyes o en la independencia de los poderes. Que no se asombren por nuestra indignación si han desafiado, una vez más, nuestra paciencia.
Aunque el caso ha trascendido en la opinión pública, siempre es adecuada una síntesis antes de comenzar a evaluar un hecho. Los jueces Benjamín Sal LLargués y Horacio Piombo redujeron de seis a tres años la condena de Mario Tolosa, vicepresidente de un club de Vicente López en un caso de abuso sexual a un menor. No fue un “abuso sexual ultrajante” sino simple porque no había producido “un torcimiento del desarrollo sexual del menor”. Según esta atroz sentencia, el niño de seis años ya había elegido ser gay y por lo tanto, no es un ultraje que un adulto lo haya violado. Y lo explican con una erudición que asquea: “es claro que la elección sexual del menor, a pesar de la corta edad, a la luz de los nutridos testimonios de sus próximos, ya habría sido hecha”, de acuerdo “a las referencias, a la recurrencia en la oferta venal y al travestismo”. Hasta parecen decir que ellos mismos hubieran sucumbido a los “encantos del nene”.
En primer lugar, una violación siempre es un ultraje, más allá de la elección sexual de la víctima. De todas las maneras como se piense el hecho, implica el sometimiento de la voluntad del otro. Uno obliga al otro a que haga lo que no quiere. El desequilibrio de poder se redobla cuando un adulto doblega a un menor. Y después, pensar que un niño de seis años ya tiene decidida su sexualidad sugiere demasiada ignorancia. Pero, aunque así fuese, no puede atenuar el hecho de la violación. Más aún, aunque el niño se haya insinuado al mayor, el delito sigue existiendo.
El desafío por venir
Sin dudas, los jueces están comenzando a ser un problema. Muy seguros se sienten en sus cargos, al punto de no necesitar nuestra aceptación. Los políticos, siempre tan denostados –a veces justamente- deben, cada tanto, seducir al electorado para seguir en carrera. En cambio, algunos jueces pueden hacer lo que se les antoja pues, además de la perpetuidad de la que gozan, es muy engorroso sancionarlos. Tal vez habría que simplificar los mecanismos para revisar la trayectoria de un magistrado o incorporar formas de evaluación periódica con participación ciudadana; que deban revalidar sus puestos cada cinco años y que eso no incluya sólo sus sentencias, sino la celeridad de su actuación y el número de casos abordados. De esa manera, dejarán de ser un supra poder, dejarán de estar por encima de los otros dos poderes, que son precisamente, los democráticos en serio.
Por primera vez en mucho tiempo, el futuro está en nuestras manos. A nuestro alcance está la construcción de un nuevo país. Para eso, la Justicia debe ser el objetivo. Una nueva Justicia para nuestro nuevo país. Después la crisis de 2001, comenzamos a comprender muchas cosas y desde 2003 despojamos de sus máscaras a los más horrorosos rostros. El último hormiguero a patear es ése: el Palacio de los Tribunales.
En el inicio de la Semana de Mayo, La Presidenta nos recordó una bandera: la de los DDHH, de estrecha relación con la administración de Justicia. A comienzos de año, la Corte Suprema nos sorprendió al vedar la posibilidad de castigar a los torturadores de los Héroes de Malvinas. En los meses subsiguientes, nos siguió sorprendiendo. Ahora, casi que nos provocan asco. De ahí para abajo, la funcionalidad de algunos magistrados y fiscales a los intereses del Poder Fáctico resulta vomitiva. No es casualidad que Cristina haya decidido comenzar allí los festejos patrios, en la ex ESMA, que debería ser capital mundial de la memoria.
En ese escenario, CFK escribió la primera página de su legado: "somos un ejemplo en el mundo en materia de derechos humanos, defendamos ese papel que es patrimonio de la Argentina, no de un gobierno". Claro, que lo que debemos defender no sólo es la Memoria, sino su interacción con el presente, imprescindible para garantizar el futuro. La Justicia necesaria es la que reguarde los derechos de todos, tanto de los ex combatientes como de un niño de seis años. Lo otro, es puro simulacro.