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viernes, 21 de noviembre de 2014

El divino don de destruir



Una vez más, las dotes actorales de la diputada Elisa Carrió intentan distraernos de la discusión política. Pero no puede, porque para lograr un mayor impacto debe recurrir a acciones y declaraciones cada vez más descabelladas y por tanto, inatendibles. Que abandone UNEN para sumarse al PRO puede ser perjudicial para esa fuerza no-política. Y que agite como bandera la necesidad de armar una gran fuerza opositora para derrotar al kirchnerismo evoca los peores momentos de nuestra historia. Para Carrió –y no sólo ella- los K son los peores enemigos de la Patria, por encima de corporaciones, especuladores, evasores, explotadores y demás fieras carroñeras. ¿A quién defienden estos dirigentes cuando hablan de la República? ¿Al pueblo o a la gente? ¿A la mayoría o a una minoría desesperada por recuperar el control del país para conducirlo a su antojo?
A esta altura de los acontecimientos, las preguntas se responden solas. Los políticos de la oposición hace mucho que abandonaron a sus representados y sólo buscan complacer al Círculo Rojo. La nueva peripecia de la cada vez menos tierna Lilita busca forzar la polarización absoluta para las elecciones que se vienen. Después se quejan de grietas, divisiones y crispación. Ya escucharemos a los analistas mediáticos advertir sobre los peligros del bipartidismo, como si ellos no tuvieran nada que ver en ello, como si no estuvieran exigiendo la formación de un Frankenstein electoral para erradicar al kirchnerismo. Pero Carrió va más allá, porque es el peronismo en su conjunto lo que ella quiere eliminar de raíz, sin tener en cuenta que gran parte de la sociedad adhiere a ese movimiento. Si estuviera en sus manos, impulsaría la proscripción, como en aquellos tiempos de la democracia tutelada. Una democracia a medias que comenzó en 1955 y terminó en 1983.
A principios de este siglo, Elisa Carrió parecía expresar ideas de centro izquierda porque en aquellos convulsionados tiempos, tener como objetivo un nuevo pacto republicano ya era revolucionario. Pero ahora que sabemos qué es el progresismo, sólo podemos ubicarla cerca de la más extrema derecha. Por eso trata de arrastrar a toda la oposición hacia el macrismo, coronando a Macri como el líder de la restauración neoliberal. De tanto arrastrar, terminarán “revolcaos en un merengue y en un mismo lodo, todos manoseaos”.
La mitología siempre colabora con la construcción de analogías. Midas, rey de Frigia, recibió del dios Dionisio el poder de convertir en oro todo lo que tocaba con sus manos. Su vida se transformó en un infierno dorado, al punto de no poder siquiera alimentarse, pues todo lo que intentaba llevarse a la boca se volvía aurífero. Carrió también tiene un don transformador, pero el resultado de su toque no es valioso, vale aclarar. Todo lo que toca se convierte en denuncia, escándalo, insulto, descalificación. Estiércol es lo que produce su tacto, sin dudas. Y lo seguirá haciendo, con todo el hedor que lo acompaña.
Los contagiados de lilitismo
Aunque los opositores critiquen su estilo, en cierta forma, la envidian. No importa que cada vez obtenga menos votos: mientras mantenga su rating siempre será bienvenida. Y resulta muy funcional al establishment cuando destila su veneno hacia todos los que “no son ella”. Su discurso se orienta a destruir toda formación política que no la tenga como fuente y referente. Y todo lo que denuncia y anuncia no tiene más fundamento que su fantástica imaginación ni más fin que incrementar los prejuicios de un sector diminuto de la sociedad. Si bien a algunos exponentes de la oposición no les da el cuero para tanto, consiguen una mediocre imitación.
Sin dudarlo, desde hace mucho, diputados y senadores pisotean las instituciones para defender la República y los medios hegemónicos transforman estas tretas destituyentes en acciones ejemplares. Además, elevan a categoría de sentencia cualquier denuncia, presentan como concepto cualquier disparate, amplifican los defectos y ocultan los logros. Y, al no concretar sus objetivos, en lugar de revisar sus estratagemas, recrudecen los embates.
Pero los periodistas y politólogos hegemónicos tienen una responsabilidad relativa en la convivencia democrática. En cambio, los miembros del Congreso tienen la obligación de respetar la Constitución, cumplir con las leyes y resguardar el funcionamiento institucional. Las ausencias permanentes, el abandono de sus bancas y la negativa constante a acompañar las iniciativas, a pesar de coincidir y proponer cambios, apuntan más a debilitar que a fortalecer el Estado. Desde las elecciones legislativas no han hecho más que boicotear la gobernabilidad para acortar el mandato de CFK. Y como ellos suponen que estamos en transición, el Gobierno no debería hacer nada porque se aproxima el famoso fin de ciclo. Algo nunca visto que un fin de ciclo incluya un 49 por ciento de imagen positiva para La Presidenta y un piso del 35 por ciento de los votos a la fuerza gobernante. Pavadas que se convierten en regla en esos antros de conspiradores conocidos vulgarmente como estudios televisivos.
Que una parte del público crea estas patrañas, vaya y pase, pero que políticos con representación basen sus opiniones en ellas es una enorme irresponsabilidad. Cuando el año pasado los candidatos del Frente Renovador firmaron un compromiso ante escribano para no apoyar una reforma constitucional, muchos pensaron que se traspasaba la barrera del ridículo. Pero no, cuando falta un proyecto político no hay barrera capaz de frenar el afán paródico de los eternos candidatos.
Después de que el juez Eugenio Zaffaroni anunció su renuncia a partir de enero -en cumplimiento de los límites etarios- todos enloquecieron. Los opositores a ultranza, claro está. Enceguecidos por un desprecio irrefrenable, decidieron no acompañar al oficialismo en el nombramiento de un juez que complete el número de miembros de la Corte Suprema de Justicia. La Constitución lo exige, pero ellos se niegan. Y para que nadie dude de su decisión anti constitucional, 28 senadores firmaron un escrito para documentar su compromiso. A pedido del Poder Económico, liderado por las empresas más grandes y destructivas, estos representantes conspiran para debilitar las instituciones. Con la envestidura que les otorga la Constitución y por unos minutos de TV la pisotean sin rubor. Tanto que se llenan la boca cuando hablan de la Justicia, están dificultando su correcto funcionamiento.
Tan desesperados están por proteger los privilegios de una minoría y restaurar el orden neoliberal, que no dudan en incurrir en el delito de sedición. Justo antes del Día de la Soberanía se les ocurre este sainete, para que todos sepan que su única prioridad es despertar la mirada complacida del Amo. Para ellos, lo demás no importa nada.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Sinuosos intentos de profundizar el extravío



En los últimos tiempos, periodistas y políticos de la oposición fantasean con un futuro sin kirchnerismo. Y no sólo eso: además están planeando deskirchnerizar el país, como intentaron hacer los impulsores de la Fusiladora. Si la autoproclamaron “libertadora” fue, ni más ni menos, porque liberaron a Argentina de las garras del peronismo. Y tanto la liberaron, que hoy todavía estamos reciclando el ideario del General. Muchos no entienden que es imposible eliminar por decreto los mejores sentimientos de un pueblo y su impulso por alcanzar la felicidad compartida. Por eso deben recurrir a las amenazas de revanchismo. Algunos analistas lo hacen cuando auguran el fin de ciclo o exigen achicar el gasto; los políticos, anunciando que van a derogar todo lo que deba ser derogado; y los caceroleros, anticipando que cuando gobiernen los que ellos quieren, los demás nos quedaremos sin nada. Todo esto adornado con los más floridos insultos, las más desopilantes mentiras y las más obscenas manipulaciones.
Pero para llegar a La Rosada, hay que ganar las elecciones, un pequeño detalle que algunos pasan por alto. Con el aliancismo viciado que están pergeñando no van a llegar demasiado lejos. Sobre todo los radicales, que están doblando y retorciendo tanto al partido centenario que más que romperse, va a estallar en mil pedazos. El encuentro del lunes en San Fernando tuvo mucho de eso. En el documento final que tardaron siete horas en elaborar dejaron abierta la posibilidad de hacer cualquier cosa menos pensar en lo que harán en caso de llegar al gobierno. Desde el principio, el sólo considerar la posibilidad de sumar al macrismo y al masismo en una incongruente interna pan-opositora sugiere un extravío muy difícil de superar.
Y si es difícil de superar es porque ellos mismos se encierran en la incoherencia. Por un lado, los radicales quieren “ratificar la construcción del Frente Amplio Unen, redefiniendo su conducción, sus reglas de funcionamiento e institucionalidad, con el objetivo de su fortalecimiento”. Pero por el otro, al amontonarse con el Frente Renovador y el PRO están desdibujando mucho más ese espacio. Para agregar más desconcierto al asunto, los mismos que alentaron esta ensalada no-política –periodistas y opinadores hegemónicos- ahora la consideran como “rejunte o bolsa de gatos”. Esto trastorna a cualquiera. El escrito también explicita la necesidad de “plantear a todas las fuerzas de oposición que compitan con la UCR un acuerdo de gobernabilidad que incluya un compromiso programático parlamentario”. Esta propuesta es mucho más grave de lo que parece porque sugiere que esa gobernabilidad tendrá como objetivo satisfacer los intereses del establishment. Los dirigentes del radicalismo sacrifican la historia de su partido y los pocos principios que quedan para obtener la aprobación de los integrantes del Círculo Rojo. Y a la sociedad ofrecen un Frankenstein que, como el personaje de Mary Shelley, no es otra cosa que un rompecabezas construido con los más hediondos cadáveres.
De héroes pequeños y traidores insignificantes
Aunque en esta historieta Macri y Masa aparezcan como los focos organizadores de la oposición, tampoco tienen las elecciones ganadas: ninguno de los dos alcanza una intención de voto que garantice la victoria. Mientras más elaboran su discurso en base al marketing, a medida que se alejan de las definiciones políticas, más riesgos tienen de perder terreno en esta carrera. Más aún cuando, en lugar de basar sus propuestas de campaña en estudios responsables, sólo repiten los alarmistas y amañados titulares de los diarios más importantes, aunque en notoria decadencia. Muchas veces los hemos escuchado hablar de la división en la sociedad, la crispación, el autoritarismo, el miedo, la crisis económica que siempre se avecina, la censura, el avance sobre la propiedad privada. Cuentitos que sólo apuntan a reforzar los prejuicios de un sector cada vez más reducido de la sociedad. Secuencias casi copiadas de otros momentos de nuestra historia pero presentadas a todo color y en HD.
Pero a pesar de que los hechos los desmienten a toda hora, a cada minuto, siguen insistiendo con estas sandeces. Lo de los dos países -la grieta- más que un invento del kirchnerismo es el sinceramiento de una sociedad que se está comprendiendo a sí misma. Hasta sería saludable asumir de una vez por todas que hay ciertos personajes que no consienten con reforzar nuestra posición soberana, sino que aspiran a restituirnos como neo-colonia. Y que no buscan el bienestar para todos sino ampliar sus privilegios para acrecentar el ya desmedido patrimonio que ostentan. Enemigos del pueblo que ya no pueden mimetizarse.
 “Aislados del mundo”, han recitado hasta el hartazgo, intentando una expresión de seriedad. Y lo siguen diciendo, sin considerar que una situación así sería imposible a esta altura de la vida. Ni siquiera en el caso de Cuba, que padece el injusto y desproporcionado bloqueo del Imperio, se podría hablar de aislamiento. Nuestro aislamiento telúrico incluye un creciente movimiento en comercio exterior, la participación en numerosos bloques multilaterales y el incremento de extranjeros que eligen nuestros paisajes para vacacionar o nuestras ciudades para iniciar una nueva vida. Si esto es estar aislado, ¿qué será la integración: la invasión o la disolución de las fronteras?
Tan aislados estamos que gran parte de los países del mundo están atentos a la batalla con los buitres. Batalla que no sólo es económica y legal, sino también simbólica, porque podría derribar el sistema de acumulación que bastante desequilibrio ha ocasionado en el planeta. Contienda que ha recibido la solidaridad de mandatarios de la mayoría de las naciones. Cotejo que apoyan los pueblos que padecen la desigualdad y la exclusión, provocadas por tanta avaricia descontrolada. Una lucha heroica contra un enemigo despiadado y omnipotente, que se transformará en un hecho significativo de este siglo. No sería exagerado afirmar que nuestro caso ya se ha convertido en un ejemplo y promete trocar en tendencia de temporada.
Por la enfermedad de La Presidenta, nos perdimos un discurso histórico. En Australia y ante los miembros del G-20, Cristina se hubiera lucido, como casi siempre. El ‘casi’ para no parecer un fanático. Pero viajó el ministro de Economía, Axel Kicillof, que logró representarnos muy bien. Por supuesto, los medios trataron de arrojar su habitual estiércol, cada vez menos efectivo. Su edad, el marxismo, el avión, la corbata, los deditos en V y demás refunfuños pueriles del que está desesperado por el deterioro de su otrora todopoderosa incidencia.
Hasta se han burlado de la estatura del funcionario, cuando aparece junto a presidentes que le llevan más de una cabeza. Pero en mitos y cuentos, las más heroicas hazañas son cometidas por los más pequeños. David, Pulgarcito, Frodo, Jack y Harry Potter han vencido a enemigos mucho más poderosos. En la vida real, Cuba o Palestina son pequeños que resisten el asedio de gigantes. El tamaño no importa en los espíritus valerosos, más aún cuando están impulsados por el interés colectivo. En cambio, los timoratos que se doblan ante el suspiro del Amo, los peleles que bailan al ritmo de los poderosos, los monigotes que tiemblan ante el menor enojo ya no son pequeños sino diminutos, casi insignificantes. Y estos personajes jamás ingresarán en el álbum de los héroes, sino en el de los traidores. Los tiempos que transitamos no permiten distracción y menos aún cuando las fotos están tan nítidas que resulta muy sencillo distinguir unos de otros. Hasta parece que de ahora en más, jamás nos equivocaremos en el cuarto oscuro.

lunes, 17 de noviembre de 2014

La retracción cacerolera y sus motivos



Aunque cada vez sean menos quienes hacen sonar sus cacerolas, lo que más duele es la furia con que se manifiestan. Quizá no todos destilen tanto veneno, pero por pocos que sean, con ellos no hay posibilidad de construir nada. Una soberbia de clase que hace difícil un horizonte colectivo. ¿Qué se puede argumentar ante un insulto desencajado? ¿Cómo se puede respetar a un grupo que exige la renuncia de un gobierno elegido por la mayoría? ¿Qué se puede esperar de tanto desprecio y discriminación? Y menos aún sin otro fundamento más que los prejuicios que se alimentan desde los medios hegemónicos que esta vez decidieron ignorar la catarsis vip. Para tener en cuenta: son capaces de traicionar al público que se empacha a toda hora con sus contenidos malintencionados y manipuladores. Esta vez no salió porque en las altas esferas del poder se está labrando uno de los peores engendros que se puede ofrecer a la sociedad: el licuado indigesto de un frente opositor a la venezolana tan descafeinado como sea posible para destronar al kirchnerismo para siempre.
El Círculo Rojo ha decidido que las cacerolas no son funcionales a los intereses de sus integrantes. Ya no alcanza con desgastar al oficialismo; el año que viene hay que derrotarlo, aunque para eso se haga imprescindible construir un Frankenstein electoral de limitada vida útil. Por lo que parece, la UCR se encargará de mediar una alianza entre los opositores que más miden, Macri y Massa, a cambio de sacrificar su estructura partidaria extendida en gran parte del país. Si el engendro no logra la restauración neoliberal, al menos llevará adelante un plan que conduzca a la tan extrañada crisis que llena las arcas de esa minoría siempre ávida de divisas.
El agónico cacerolazo del jueves, como todos los anteriores, presentó un abanico de demandas imposibles de transformar en programa de gobierno. Sin dudas, el objetivo fundamental del griterío fue manifestar el odio que despierta en esa minoría la figura de La Presidenta. Pero los improperios no pueden transformarse en plataforma política, por eso muchos de los que se acercaron a los pocos cronistas dejaron en claro que nadie los podría representar. Claro, pertenecen a una clase que nunca ha necesitado representación para gobernar a su antojo. Nadie no: un solo nombre aparecía inmaculado o, por lo menos mencionado entre los despreciativos alaridos, el de Mauricio Macri.
No es para menos, pues el Alcalde Amarillo es la sublime expresión de la no-política y recibe la adhesión de la derecha más retrógrada, la que de ser posible, apoyaría un golpe de Estado y hasta los peores castigos para los actuales gobernantes. Si alguien duda de esta afirmación, sólo basta ver la foto en la que Cristina Boubeé, dirigente de la Sociedad Rural de Azul y amiga de la diputada Elisa Carrió, escribe “chorras” sobre los pañuelos blancos que simbolizan la memoria en Plaza de Mayo. No hicieron sonar sus cacharros porque les aprieta el bolsillo, sino porque su ideario de castas está perdiendo terreno. Un cartel sintetiza la movida: “Sabsay a la Corte”, sostenido por un anciano trajeado y rostro a tono con la indignación del momento. Por si alguien se ha perdido un capítulo de este apasionante culebrón, Daniel Sabsay es el constitucionalista mimado por los medios que, en el Coloquio de IDEA, dudó de los conocimientos de La Presidenta y exigió que muestre, una vez más, su título de abogada. Una absurda pretensión patricia que quedará para la sátira, como este minúsculo cacerolazo cada vez más afónico.
Un futuro que entusiasma
Mientras la convivencia democrática permite estas expresiones destituyentes, la imagen de CFK escala hasta sus niveles históricos. Un 49 por ciento de valoración positiva y un 35 por ciento de intención de voto al FPV puede angustiar a cualquier anti-K hasta la desesperación. Estos datos surgen de un estudio realizado por CEOP, la consultora de Roberto Bacman, realizado a fines de octubre y procesados la semana pasada, sobre más de mil casos en todo el país. Y algo interesante: la mayor aceptación se da en los sectores más vulnerables situados fuera de las grandes ciudades. Esto no es producto del clientelismo, como recitan los detractores, sino por la efectiva –aunque lenta- distribución del ingreso a través del crecimiento del empleo, las jubilaciones cada vez más dignas y la AUH, que significa mucho más que un poco de dinero. Por lo tanto, esos hipócritas rasgados de vestidura por la pobreza y la inflación que castiga a los más débiles quedan desdibujados ante esta nueva fotografía.
Contra todo lo que se vocifera en los foros caceroleros, no sólo los pobres adhieren a este proyecto de país. Otras decisiones del Gobierno Nacional seducen a diversos sectores de la sociedad. El conflicto con los buitres y la defensa de la Soberanía profundizó la grieta y dejó a más ciudadanos de este lado. Más aún cuando la posición oficial ha recibido el apoyo de casi todos los países nucleados en los organismos más variados y hasta el G-20 se ha pronunciado sobre el tema.
Además, lo que más seduce a una parte del electorado es el intento de contener la angurria de las grandes empresas. Para nada los convence que los exponentes de la oposición salgan en defensa de los que abusan de su posición dominante y saquean nuestras billeteras con sus alucinantes precios. Por el contrario, la gestión del secretario de Comercio, Augusto Costa, ha dejado al descubierto la estafa que se produce día a día en las góndolas. Algo que entusiasma, de más está decir.
La nueva Ley de Defensa del Consumidor permite sancionar a los succionadores de nuestros bolsillos con multas que deben ser abonadas antes de recurrir a la justicia para pedir un salvavidas. Para Costa, "con la nueva legislación que aprobó el Congreso ya no vamos a tener que esperar a que la justicia ratifique la multa”. La primera que se ha hecho merecedora de una sanción de 202 mil pesos fue la cadena Carrefour, confirmada por la Justicia. Ahora, “las multas van a tener el efecto que tienen que tener: disuadir a las empresas de incumplir con los compromisos", explicó el funcionario. Pero hay otros supermercados que están a la espera de que se confirme la punición por no haber cumplido con el programa Precios Cuidados. En la cola aparecen Coto, Chango Más, Walmart, Día, Jumbo, Disco, Vea y otra vez Carrefour con cifras que van desde los dos hasta los 13 millones de pesos.
A esta embestida contra la propiedad privada, como recitan los periodistas obsecuentes del poder económico, se le suman los allanamientos a las cuevas y financieras que operan para blanquear y fugar dinero. La AFIP, la CNV y el Banco Central están decididos a desanimar a los especuladores que tanto daño hacen a nuestra moneda. Y, por lo que han afirmado los funcionarios, esto recién empieza. El vamos por más en su máxima expresión. Por eso la imagen positiva del Gobierno Nacional está trepando hacia una mejor posición, a pesar del estiércol cotidiano que arrojan los medios carroñeros.
Sin dudas, contra esto se manifiestan los caceroleros, contra un Estado decidido a proteger a los más vulnerables, contra un Gobierno resuelto a enfrentar a los poderosos. Estos protestones minoritarios no tienen apretado su bolsillo, pero les molesta que sea una plebeya quien nos gobierne. Cuando son los más ricos los que protestan, debemos sentir orgullo por el camino que transitamos.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Sobre la democracia y su sentido



La oposición al Gobierno Nacional se encuentra muy presionada y parece cada vez menos capacitada para responder a las demandas de un sector considerable de la sociedad. Pero las más duras exigencias provienen de los medios hegemónicos, voceros indiscutibles del establishment. Los periodistas no dejan de reprochar, apretar y hasta insultar a los que pretenden conquistar la presidencia el año próximo. Algo que no se entiende, si se están oponiendo muy bien: no aceptan nada de lo que proponga el oficialismo y se ausentan hasta la obscenidad a las sesiones del Congreso. Una deslegitimación insólita hacia el mandato popular. Y en el colmo de la obediencia, basan sus críticas –por llamarlas de algún modo- en los ya increíbles titulares de Clarín y La Nación. Sus rechazos también están fundamentados en los editoriales alucinantes que se publican en esos decadentes pasquines. Por obedecer las angurrias destructivas de los integrantes del Círculo Rojo, como nunca, le dan la espalda a los que votaron por ellos.
Un dato interesante es el extraño caso del 13N, el cacerolazo que se venía organizando desde algunas semanas atrás pero fue suspendido hace un par de días, aunque finalmente se realizó con minúscula concurrencia. Por lo que parece, el bombardeo permanente de denuncias, exageraciones y augurios nefastos no resulta tan efectivo. Esta manipulación constante ya no se convierte en indignación descontrolada y destituyente. El sainete que se representa en la escena política ya no despierta el interés de los espectadores. El público se aburrió de la absurda coreografía de los principales dirigentes, de los cambios de pareja, de los diálogos incongruentes. Estos eternos candidatos que pretenden conquistar voluntades, apenas logran alimentar las esperanzas de una minoría prejuiciosa y avarienta. El resto de los que no acuerdan con el kirchnerismo ha quedado huérfano de toda representación. Eso es lo que exigen con la indiferencia: una alternativa de gobierno para el 2015.
Y el oficialismo también presiona a la oposición, pero invitando a sus exponentes a la coherencia, a la responsabilidad, a la autonomía ideológica. A que abandonen la funcionalidad permanente a los intereses del Poder Fáctico, algo diferente a lo que están haciendo. El Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, consideró en estos días que los adversarios políticos no tienen objetivos y en eso se equivocó. El único proyecto que pretenden llevar adelante es erradicar al kirchnerismo del futuro, aunque eso signifique la restauración del modelo de país que tanto daño nos ha hecho en los noventa y a principios de este siglo.
Si la oposición está confundida es porque las órdenes que reciben sus integrantes son enloquecedoras. Claro, con periodistas que actúan como directores de orquesta desde sus espacios mediáticos no se puede esperar otra cosa. Para antología quedará el histriónico exabrupto de Jorge Lanata, cuando en Radio Mitre vociferó que “la oposición no junta un balde de bosta”. Algunos de los aludidos llegaron a pedir disculpas al aire pero otros se sintieron ofendidos por haber sido considerados como estiércol. Los demás formadores de opinión tratan de instalar la idea de que mientras el Gobierno gobierna, los opositores están en “la luna de Valencia” y demás originalidades. ¿Qué quieren que hagan estos extraviados políticos más de lo que están haciendo? ¿Acaso que organicen un golpe de Estado, para sacarse de encima a Cristina y su pandilla? Si ya abandonaron sus convicciones, su historia, su rumbo y hasta la poca dignidad que les quedaba. Parece que también quieren que pisoteen los principios democráticos en defensa de la Democracia. Y eso ya es demasiado, además de peligroso.
Cómo entender la política sin perecer en el intento
Esta última idea puede confundir al lector. Desde la asunción de Raúl Alfonsín, en 1984, el sistema democrático se ha consolidado y casi nadie duda de que su continuidad esté garantizada. El principal daño lo han producido los gobiernos que traicionaron el mandato de las Urnas: Carlos Menem y Fernando de la Rúa, que optaron por aplicar un plan en beneficio de una minoría acaudalada. Si las experiencias se convierten en aprendizaje, los argentinos no deberemos dejarnos engañar más con generalidades. Un nuevo Nunca Más surge de estas líneas: la Revolución Productiva y el Salariazo se han convertido en los caramelos más amargos que hemos saboreado. El cinismo condujo al Infame Riojano a una confesión burlona: si anunciaba lo que tenía en mente hacer, no lo votaba nadie. Lo que atenta contra la democracia es que algunos candidatos atiendan ese consejo tan monstruoso.     
No hace falta ser un iluminado para entender que Mauricio Macri nunca podrá conducir un proyecto de mayorías. Con coherencia electoral, no debería recibir más de un diez por ciento de los votos. Quien crea que con él las cosas estarán mejor para todos, está severamente confundido. Su impronta es clasista y su norte, una sociedad de castas, donde la movilidad social sea inexistente y la Soberanía, una grandilocuente palabrita para recitar en fechas patrias. Sergio Massa, con su estilo de predicador campechano, está agotando su incidencia. De tan demagogo, resulta empalagoso. Más que un timonel, no será más que el servil mayordomo de un amo siniestro. Los demás, candidatos de un progresismo desdibujado, abandonado hace tiempo, sólo prometen ser los felpudos de una minoría avarienta. 
Nuestro tránsito democrático desde el fin de la dictadura ha superado muchas dificultades, pero también ha cambiado sustancialmente la vida de los argentinos. Y para mejor, por supuesto. Sin embargo, queda pendiente un aspecto que aún actúa como una espada sobre nuestras cabezas. Si bien en estos años los gobiernos K han logrado una sustancial distribución del ingreso, todavía falta mucho para alcanzar la equidad. Y esto no es por ineficacia de gestión, sino por la feroz resistencia de los que más tienen. Lo que la democracia no ha democratizado plenamente es la economía.
Y esto no significa más que ponerla al servicio del bienestar de los ciudadanos. Si no es así, la economía es destructiva, como podremos comprobar con sólo echar una ojeada al mundo. Por primera vez en mucho tiempo, disfrutamos la experiencia de un Estado que, en defensa de la mayoría, se enfrenta a las corporaciones, las contiene, las regula. Aunque, a gusto de este escriba, con demasiadas contemplaciones. Sobre algunos personajes oscuros habría que caer con todo. No sobre el que piensa distinto, como recitan a diario y en cadena nacional los comunicadores hegemónicos, sino sobre los que, con su accionar avariento, ponen en jaque nuestra vida cotidiana. Formadores de precio, especuladores, estafadores, evasores y fugadores forman parte de este grupete y más merecen perder lo que tienen que seguir operando para multiplicar su repugnante acumulación.
Tanta preocupación por la inseguridad y salen a cacarear por los allanamientos que los organismos de control han realizado en las cuevas financieras, donde la timba impide profundizar nuestro desarrollo con inclusión. Esos que se dicen periodistas consustanciados con la gente, que claman por la cabeza de un carterista, pero recitan alabanzas hacia los grandotes que saquean millones de un solo manotazo. Esos que protestan por el tamaño del Estado benefactor porque añoran los gobiernos cómplices de antaño. A eso apuntan con sus diarias intervenciones: a someter la democracia a los intereses patricios o destruirla para siempre. Y esto es lo que debe orientar nuestros pasos: la consolidación de un Estado que nos conduzca hacia ese país que casi tenemos al alcance de la mano.