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viernes, 29 de agosto de 2014

Un sismo sindical de escala mínima



Un paro de minorías siempre está condenado a tener poca adhesión, por más amenazas y piquetes que desplieguen sus organizadores. Más aún cuando recibe el apoyo de sectores nefastos de la sociedad, como los medios hegemónicos, las patronales agropecuarias y los operadores de los fondos buitre. Si la intención fue regalar una gran noticia al ex Gran Diario ya no tan argentino en su aniversario, sólo pudieron ofrecer un simulacro en miniatura. Un anticipo más del fracaso que se viene: mientras más se confabulen con esos intereses destructivos, más solos quedarán. Porque a pesar de esta débil medida de fuerza, las especulaciones con el dólar ilegal, el denuncismo mediático que apela a mentiras y demás intentos de horadar la legitimidad del Gobierno Nacional, nuestro país sigue funcionando mejor que en las últimas décadas, cuando el neoliberalismo gobernaba a los gobernantes.
Mientras Argentina está a punto de convertirse en el octavo país con capacidad para fabricar satélites, un matutino revolea cifras sobre la destrucción de empleos. Unas horas después de aprobarse la nueva ley de Moratoria Previsional, piquetes y sabotajes tratan de fabricar primicias para las usinas de estiércol. A la par que algunos tratan de protegernos de los buitres, otros regalan argumentos para facilitar sus embestidas.
El segundo paro general del año parece evidenciar la disminución de la capacidad de daño del sindicalismo opositor, más preocupado por decorar un escenario que por representar a los trabajadores. En lugar de señalar esta anomalía, la respuesta del oficialismo sólo se basó en calificarlo de ‘político’, como si fuera una palabrota. Justo el kirchnerismo, que ha convertido en bandera la recuperación de la política en toda su magnitud. Toda acción ciudadana debe ser interpretada como política, aunque apunte a fines individualistas. Utilizar ‘político’ como una descalificación es abrazarse a los dicterios de los agoreros, que intentan retornar a la despolitización de los noventa. Para el próximo, deberán buscar mejores argumentos, aunque no haga tanta falta para precipitar la decadencia de esos exponentes de un sindicalismo perimido.  
En lugar de calificar de político a este paro, podrían haber dicho que era extorsivo, inoportuno y mal direccionado. Una huelga de estas características debe tener un fundamento razonable para su convocatoria: debe ser para conquistar derechos, no para exigir privilegios. Esto lo convierte en extorsivo. En medio de la defensa de la soberanía, en plena discusión por el cambio de jurisdicción para pagar a los bonistas, estos dirigentes inventan un conflicto para esbozar una división nacional. Por eso es inoportuno. Y si el problema es la inflación, lo mejor es presionar a los formadores de precios para que actúen con responsabilidad y dejen de saquear nuestros bolsillos. Por eso estuvo mal direccionado. Eso sí, lo de la inseguridad es una sorpresa. Que los trabajadores se abracen a esta demanda más parece responder a la agenda mediática que a las experiencias cotidianas.
Entonces, ¿a quién representan los organizadores de este festival con intenciones destituyentes? Uno está aliado con los estancieros para explotar trabajadores, otro es presidente de un club de fútbol y el tercero jamás ha pisado una cocina ni para preparar café. Por eso, este paro necesitó de la mano que la izquierda tendió a la derecha. Y en esto se basó la incidencia: en el corte de los accesos a las principales ciudades y algunos inocentes sabotajes. Todo para las cámaras, por supuesto, con maquillaje y vestuario incluido.
La tapa que se tapa
La previa del paro y sus posteriores análisis, desplazó de las páginas principales algunos hechos que merecen ser destacados. Claro, cuando la intención es desmoralizar, no hay lugar para las buenas nuevas. Axel Kicillof lo expresó con claridad, en su ponencia en el cierre del Concejo de las Américas: “en economía muchas veces sucede la profecía autocumplida: si a todos nos convencen de que las cosas van a ir mal, nadie consume ni invierte. Es decir que si todos piensan que todo va mal, probablemente todo vaya mal, aunque no haya razones de fondo que expliquen esa situación. Ese es el daño que generan las permanentes usinas del mal humor y del pesimismo”.
Nada de lo que difunden sobre nuestro aislamiento del mundo parece ser cierto. YPF, nuestra petrolera de bandera, además de descubrir nuevos yacimientos, despierta más interés de inversores extranjeros. La empresa Petronas, de Malasia, destinará –en una primera etapa- 550 millones de dólares para desarrollar hidrocarburos no convencionales y 1000 millones más en cinco años. Tampoco es cierto que las inversiones se hayan detenido. En lo que va de este año, nuestro país ha recibido más de 48 mil millones de dólares, lo que mantiene el promedio del 20,5 por ciento del PBI desde 2005. En pleno conflicto con los buitres, julio registró un desembolso por 7591 millones de dólares. Como siempre, los que reclaman inversiones del exterior son los ricachones locales que guardan sus fortunas en bancos extranjeros. Sin dudas, quieren plata fresca para succionar y fugar a cuentas paradisíacas.  
Y para demostrar que el aislamiento que cacarean es una más de sus falacias, la Asociación Internacional de Mercados de Capitales anunció un nuevo estándar de la cláusula pari passu, para evitar disputas como las que protagoniza nuestro país con los fondos buitre. Desde Zurich, esta asociación con miembros en 52 países comunicó que “la interpretación dada a la cláusula pari passu en el litigio de Argentina ha causado incertidumbre considerable para futuras reestructuraciones de deuda”.
Mientras desde Suiza nos tienden una mano, los perdedores de la política intentan provocar terremotos. Claro, como saben que no tienen la capacidad para construir nada, sólo atinan a destruir los logros colectivos. En el nuevo país que transitamos, personajes así parecen piezas de un museo del horror. Y no sólo éstos, sino aquellos que prometen lo peor de nuestro pasado como el mejor de los futuros. A ésos, además de archivarlos, hay que evitarlos.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Los bailarines de buitrelandia



No hace falta decir que Mauricio Macri tiene un interés especial en que el conflicto con los buitres se resuelva como sea y cuanto antes. En parte porque siempre está dispuesto a beneficiar a sus amigotes, sean empresarios o financistas. Y también por el crecimiento de la deuda externa de la CABA y su pulsión de endeudarse para pagar, esa ciénaga noventosa a la que es afecto. Triplicación de una deuda que no se vislumbra en obras de magnitud. Observar lo que ocurre en ese distrito es como leer su plataforma electoral, como mirar el documental del futuro desastre. Una advertencia para que nadie se confunda: abandonar a su suerte a los más desprotegidos, desinvertir en educación, prometer lo que no se cumplirá, clausurar centros culturales, apalear a quien se oponga es la directriz de su gestión. Pero sobre todo, desplegar un desprecio de clase que resulta hiriente parece ser la clave de toda acción de gobierno. A no asustarse: Macri no va a llegar a la presidencia porque su patricia estirpe le impide representarnos a todos.
Mientras tanto, cree que mintiendo, conspirando y echando culpas conquistará los corazones argentinos. Que no se esfuerce tanto que para eso hay muchos. O, mejor dicho, hay un cerebro que pergeña las falacias y los demás –periodistas, políticos y sindicalistas- las replican como si fueran ecos bobos. Eso sí, cuando se demuestra la falsedad de los dichos, los dicientes miran para otro lado. Como ocurrió con la famosa –e inexistente- bóveda de Lázaro Báez, a la que dedicaron kilos de papel y días de aire y ahora, cuando juez y fiscal desestiman las denuncias, sólo destinan un insignificante espacio para difundir la novedad. Seguramente, pocos lectores se habrán enterado y las valijas, armas y drogas que alimentaron tanto odio quedarán en la memoria de unos cuantos. Claro, al momento en que se desmiente una mentira, ya estarán preocupados con la nueva farsa que se está propalando.
Y es de todos los días. Pero no sólo manipulan a su público con hechos falaces, sino con interpretaciones maliciosas y pronósticos catastróficos de cualquier paso que intenten dar la Autoridades Nacionales. En el conflicto con los fondos buitre han apelado a toda su inventiva para forzar el fracaso de la posición argentina. Hasta han valorado más las caprichosas decisiones de un senil magistrado que las leyes soberanas de nuestro país. Y no han dudado en apoyar las extorsiones ejercidas por los operadores de Paul Singer, por más que porten el riesgo de boicotear nuestro futuro. Si el Gobierno acataba el fallo –como muchos siguen aconsejando- todo se hubiera desmoronado. Pero la firme posición de CFK y su equipo de seguir pagando la deuda a los bonistas sin responder a las presiones nos está salvando del abismo. Y también apuntala nuestra dignidad, algo valorado por casi todo el mundo. Quizá porque avizoren el triunfo parecen tan desesperados y sus fichas están puestas en las descontroladas declaraciones de Elisa Carrió y los insultos que destilan a los cuatro vientos algunos de los exponentes opositores.
Sobre venenos y envenenados
Encima, para celebrar un nuevo aniversario del ex Gran Diario Argentino, las principales momias del sindicalismo organizaron un paro. Un regalo de cumpleaños vergonzante, que empaqueta con moño una herramienta esencial de los trabajadores para ponerla a disposición de los caranchos destituyentes. Lejos de la miseria que ahogaba a los trabajadores a principios de siglo, quienes protagonizan la protesta son aquellos que, por percibir salarios altos, tienen el privilegio de pertenecer a una minoría que tributa el mal llamado Impuesto a las Ganancias. Por supuesto, no hay actos en esta huelga porque no llenarían ni una plazoleta. Sólo los piquetes organizados por algunas agrupaciones de izquierda alimentarán los titulares agoreros del día siguiente como una manera de amplificar lo que tendrá una incidencia minúscula. La izquierda tiende la mano a la derecha para cerrar el Círculo Rojo que está al acecho para recuperar el Poder. Una muestra de las asechanzas que nos esperan.
Quizá en el futuro organicen un paro-resistencia a las leyes que buscan defender nuestros bolsillos de los saqueos que padecemos en las góndolas. Las pavadas que se han dicho en estos días son de antología. Que se vulnera la propiedad privada, que espantan inversiones, que se producirán despidos. Para Daniel Funes de Rioja, de la UIA, “el proyecto de ley es claramente inconstitucional, inconveniente, inoportuno e irrazonable”. Por lo que parece, su diccionario llega hasta la “i”, porque hasta allí llegan sus argumentos. Y como una muestra de la imperiosa necesidad de una ley que controle la angurria del sector al que representa, aseguró que “no se trata de un artículo u otro. Es la esencia y contenido”.
Como no podía ser de otra manera, el Alcalde porteño también aportó su insipidez al debate. “La Ley de Abastecimiento no contribuye, solamente ayuda a poner más nerviosismo y contribuye a generar cada vez menos confianza”, explicó, sin pensar un segundo en los consumidores. Y para simular una intención comprometida que no tiene, afirmó que “desde el PRO estamos a favor de todo instrumento que construya confianza, que va a ser la solución para resolver los problemas de pobreza”. Este argumento confuso encierra una trampa, como ocurre cada vez que realiza declaraciones. La confianza a la que hace referencia es la discrecionalidad de las grandes empresas para multiplicar los precios a su conveniencia y la facilidad para especular y evadir. Eso, desde todo punto de vista, nunca reducirá la pobreza, sino todo lo contrario. 
En síntesis, mientras el proyecto recibe un dictamen favorable en el Senado, llueven las paparruchadas por parte de los exponentes de la oposición. Y, después de recitar dicterios ante las cámaras, giran sus miradas hacia los integrantes del establishment para verificar si son merecedores de una cálida palmada en el lomo. Si no es así, se esfuerzan un poco más hasta que lo consiguen. Nada de lo que han vociferado apunta al beneficio de la mayoría. Ninguno de ellos se ha acercado a las organizaciones de consumidores para recabar alguna opinión. Sin dudas, también en este caso, han renunciado a representar a los ciudadanos para proteger los privilegios de una minoría. ¡Qué equivocado estará quien desperdicie su voto en alguno de estos individuos!
Porque de eso se trata la cosa: de ubicar en una banca al que defienda los intereses de todos y no al que mejor actúe en los estudios televisivos. La diputada Carrió, ausente perpetua a las sesiones, no falta a ningún programita de su canal favorito. Y no duda a la hora de protagonizar los más desopilantes gags. El lunes amenazó con exterminar a Capitanich. Como ningún juez se encargará de hacerlo, vaya una sana advertencia: muchas veces el exterminador termina intoxicado con el veneno que utiliza. Y si se expande su estilo, serán muchas las víctimas. De ser así, puede que no alcance el antídoto.

lunes, 25 de agosto de 2014

Tribulaciones de un desacatador serial



Aunque parezca mentira, hermeneutas, semiólogos y exégetas se devanan los sesos para descubrir qué quiso decir Macri con la comparación entre el conflicto con los buitres y la final con Alemania. Mientras tanto, expertos criptógrafos consideran que en su incoherente balbuceo de rechazo al proyecto para ofrecer una alternativa jurisdiccional a los bonistas se esconde un mensaje cifrado a quienes quieren conquistar el país. El juez Thomas Griesa interpretó que debía declarar ilegal cualquier iniciativa en ese sentido, con lo que además de pisotear la soberanía, presenta una incongruencia notoria: ninguna ley puede ser ilegal. Cuanto mucho, inconstitucional, pero no es él quien debe dictaminar esas cosas. Ni Macri tampoco. Esto es lo que ocurre cuando alguien que no tiene idea de lo que opina, brinda una conferencia de prensa guiado sólo por desprecio visceral y cipayismo confesado. Algunos consideran que el Alcalde de la CABA es muy didáctico para explicar los asuntos. Sin dudas, están equivocados: es así como el patricio empresario entiende las cosas. Sólo memoriza y recita, como si fuera en un idioma desconocido.
A esta altura de los acontecimientos, lo más razonable sería que Griesa anule su fallo para que el asunto no se siga enredando. Pero como su tozudez y soberbia se lo impiden, la sensatez estará en manos de los integrantes del Tribunal de Segunda Instancia, que ha aceptado las apelaciones presentadas por el City Bank y el Gobierno Nacional. Y si no, ahora sí deberá intervenir la Suprema Corte de Justicia de EEUU, que, como consideran los entendidos, entre ellos Raúl Zaffaroni, no puede seguir indiferente. Porque con sus decisiones, Griesa obliga a todos los involucrados, tanto las entidades fiduciarias como nuestro país, a que incumplan con leyes y contratos.
El BONY debería haber cumplido con la distribución de los fondos depositados por Argentina a nombre de los bonistas y no preguntar al arbitrario magistrado y menos aún, obedecer sus absurdas órdenes verbales. Por algo no embargó las cuentas, porque no podía. Sólo agitó su martillo y el banco obedeció, más por conveniencia que por obsecuencia. Pero además, la malsana interpretación de la cláusula pari pasu –igual tratamiento a los acreedores- provoca que los bonistas no cobren lo que, por nuestra ley, tienen derecho a cobrar. Y un dato no menor: en el distrito de New York está prohibido comprar bonos de deuda soberana en default para litigar. Esto, a Griesa no le importó.
Siempre es de rigor reiterarlo: Argentina desatiende el fallo de Griesa no por un capricho de Cristina ni por el corpus ideológico de Kicillof, como recitan los caranchos mediáticos y políticos, sino porque nuestras leyes así lo dictaminan. Algunos especulan con el vencimiento de la cláusula RUFO, que establece que una oferta mejor debería equipararse a todos los acreedores, lo que multiplicaría nuestra deuda al infinito. Pero hay otras normas votadas en el Congreso antes de 2003 que condicionan el sometimiento a las presiones de los especuladores. Y estas leyes no tienen vencimiento. Por lo tanto, nunca se podrá acatar el fallo de Griesa, que insiste en repartir desacatos cuando, en realidad, el desacatado es él.
La soledad de los especuladores
No es tan difícil de entender: si Argentina obedece el fallo de Griesa, regalaríamos el futuro de muchas generaciones. Entonces, ¿por qué la estrategia opositora sólo se basa en oponerse? Y sin argumentos, como siempre ¿Por qué todos siguieron, con matices, el enfurruñamiento de Macri? ¿Acaso estarán disputando la misma porción del electorado? Radicales y socialistas dicen que el proyecto de ley enviado por el Ejecutivo no es necesario, aunque sea una manera de garantizar que los bonistas reciban el pago correspondiente ¿O será que quieren que todo estalle para poder echar culpas al kirchnerismo? Y Massa, como nos tiene acostumbrados, hace equilibrio en su ambigüedad: se opone proponiendo alternativas que el proyecto tiene incluidas. Todo para evitar decir que está de acuerdo. Y lo más novedoso del proyecto oficial –a lo que no atinan a oponerse- es que incluye una forma de pago para los acreedores que no entraron al canje. La voluntad cumplidora de Argentina está más que demostrada.
Como en todos los temas, en esto también especulan. Sólo el Alcalde porteño exhibe cierta sinceridad en su minoritaria posición. La soberanía debe sacrificarse en la piedra sagrada del neoliberalismo y hasta ahí llegan sus sentimientos patrióticos. Si hay incoherencia en sus dichos es porque no puede ser tan sincero y por eso recurre al cinismo, al balbuceo, a la superficialidad del marketing, al infantilismo de su estilo. Pero la transparencia de su personaje sólo puede convencer a los que pertenecen a su élite. Si alguien de otra clase siente que un individuo como él puede representarlo, seguramente está confundido.
¿Con qué especula el resto de la oposición? Ya está dicho: si el Gobierno Nacional fracasa en esta contienda, podrán considerar ganadas las elecciones del próximo año. En cambio, si acompañan lo que seguro tendrá un éxito considerable, no podrán convertir en consigna la estrategia del oficialismo. Para esa mirada mezquina -más basada en el conteo de porotos que en la construcción política- importan más los escollos que puedan poner en el camino que garantizar el futuro. Sin exagerar, quieren dejar en soledad al kirchnerismo, tanto en el fracaso como en el éxito. Como si fueran los espectadores de un partido que no les interesa demasiado.
Pero en esto se equivocan: el Gobierno no está solo. De acuerdo a la mayoría de las consultoras, el apoyo a la posición oficial ha ido creciendo a medida que se conocían más detalles del conflicto. La propuesta del proyecto de ley ha recibido el apoyo de los ministros de la UNASUR, organismos financieros y hasta del premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz. Y por si fuera poco, los principales grupos de bonistas han manifestado su voluntad de aprovechar la ocasión de modificar la jurisdicción para poder cobrar lo que Griesa no permite.
Si este proyecto se convierte en ley y los acreedores no-buitres aceptan la propuesta, el juez Griesa volverá a ser el ignoto, cascarrabias y senil magistrado de distrito, sin poder pero con mucho rencor. Los que quedarán solos son los que se abrazan a los detractores argumentos del establishment. Por buscar la complacencia del Poder Fáctico perderán la confianza de los votantes, salvo que la desmemoria se convierta en epidemia y este doloroso episodio de traiciones y especulaciones quede en el olvido.

viernes, 22 de agosto de 2014

Los caranchos se defienden



Desde que se anunció el envío del proyecto para reflotar la tan pisoteada ley de Abastecimiento, los popes del empresariado están bastante alterados. Como no se puede impedir que lloren, al menos habría que exigirles una explicación del motivo de sus lágrimas. Claro, se la ven venir. A la hora de justificar las subas escandalosas en el precio de los productos, quedará en evidencia el latrocinio que significa la tasa de ganancias en la cadena de comercialización. Sobre todo, aquella que proviene de los que ostentan una posición dominante en el mercado. Como cualquier grandote, abusan de su poder y es hora de ponerles un límite. La Asociación Empleados de Comercio de Rosario difundió los resultados de un estudio que revela los desproporcionados aumentos en algunos productos a lo largo de tres meses. “Encontramos una remarcación de precios obscena, vergonzosa, de entre un 50 y casi un 300 por ciento”, señaló Silvana Crocci, de AEC. Si los empresarios están descontrolados y producen estas distorsiones, que no se quejen si el Estado quiere reprimir tanta angurria.  
Lo que indigna es que algunos exponentes de la oposición salgan a defenderlos,  a sabiendas de que no tienen razón. Obsecuentes como siempre con el Poder Fáctico, argumentan que se disparará la inflación, que no habrá inversiones, que se incrementará el desempleo. No resulta creíble que digan que con la aplicación de esta ley la actividad privada se verá perjudicada. Lo que se verá perjudicado será el privilegio del que gozan para robar nuestros bolsillos al ritmo de su descomunal avaricia. Que no hablen de la libertad de mercado porque ellos la han convertido en un libertinaje de piratas. Si tuvieran vergüenza, apoyarían en silencio la nueva ley y tratarían de adaptarse a la convivencia democrática y responsable. Pero como hasta la vergüenza han fugado y descansa junto a millonarias cuentas en el extranjero, patalean como doncellas ultrajadas.
Como siempre, el peor, el más cínico, es el presidente de la SRA, Luis Etchevehere, cuando afirmó que “este proyecto pretende institucionalizar y profundizar los mecanismos de intervención que venimos viviendo los productores hace varios años”. Intervención que les ha permitido acumular, especular y evadir como nunca. Los ciudadanos deberíamos exigir a estos personajes que exhiban la evolución de sus fortunas en estos años antes de coronarlos como voces autorizadas. Y de paso, promover una ley que multe el caradurismo flagrante, porque ya está haciendo mucho daño.
Con una ley así, evitaríamos soportar al infame Domingo Cavallo que pontifica sobre las bondades de su modelo económico desde cualquier letrina. Y ya que estamos, todo el mundo está cuestionando a quienes lo agredieron con insultos y huevos y está bien que así sea. Pero la responsabilidad de un hecho como éste es de los jueces que llevan la causa del Megacanje porque se están tomando demasiado tiempo. Como en el caso de Papel Prensa, los magistrados deben estar esperando que los imputados mueran impunes. Y esto es una enorme provocación. También lo es que canales y radios lo entrevisten y algunas instituciones lo convoquen como si fuera un sabio ilustre. Cada vez que apareció Cavallo en escena ocasionó desastres en nuestra vida cotidiana. Un poco de respeto por todo el dolor que desató en el pueblo argentino es lo menos que podemos pretender.
Una ley así –la del caradurismo- no tendría demasiado apoyo porque definir esa práctica resulta dificultoso. Pero nadie puede dudar sobre la existencia de los caraduras. Y encima tienen voz. Máximo Fonrouge, titular del Colegio de Abogados de la CABA, afirmó en el Senado que “Brasil, Uruguay, Chile no tienen tanta animosidad contra las empresas y tan mal no les va”. Pero allá no debe haber empresarios tan voraces como los nuestros, que multiplican sus ganancias a costa de succionar nuestros salarios. Como no se puede erradicar con ninguna normativa, el caradurismo abunda en todos los que se oponen al proyecto de la llamada ley de Abastecimiento y Defensa del Consumidor.
El porqué de una medida
Una regla de oro que hemos aprendido en estos tiempos: cuando los sectores más concentrados de la economía se incomodan ante una iniciativa, hay que seguir adelante porque ahí está la clave para solucionar un conflicto. El informe de la AEC de Rosario sugiere que una ley que ponga freno al descontrol de los precios no sólo es necesaria para cuidar los bolsillos del consumidor, sino que es imperiosa para neutralizar una peligrosa herramienta de desestabilización. ¿O qué otra cosa es una tasa de ganancia que se proyecta a más del 200 por ciento en los productos de la canasta familiar? Y que no vengan a hacer comparaciones con otros países porque pierden como en la más desigual de las guerras.
En Europa y en EEUU la remarcación sobre el valor de compra se ubica entre el 7 y el 9 por ciento. Un ejemplo puede ayudar a comprender mejor el hurto que nos espera en las góndolas del súper. El litro de leche Sancor tiene un valor de compra de 10,15 pesos. El Coto lo vende a 15,35 (51,23 por ciento), Carrefour a 15,99 (57,54), Jumbo a 15,39 (51,63) y Libertad a 15,60 (53,69). Si la ganancia fuera como la de los países siempre citados, lo que pagaría el consumidor sería algo más de 11 pesos. Entonces que no protesten si ya hemos descubierto el abuso que practican a diario y el Gobierno quiere poner límites.
Y tampoco agiten fantasmas que no existen. “No asustemos a la gente con que desde el Estado se busca perjudicar a las empresas –advirtió La Presidenta, desde la Bolsa de Comercio- Son leyes que existen en todo el mundo”. Desde hace mucho, la empresas concentradas generan inflación con ganancias desmesuradas. En distintas ocasiones se les ha pedido responsabilidad, pero están tan envilecidos que han hecho oídos sordos. Ni los acuerdos voluntarios respetan, porque apelan a todas las trampas posibles para boicotearlo.
Si hace falta una ley que ponga límites a sus ganancias es porque los usuarios estamos padeciendo las consecuencias de su avaricia. Y además, si el país experimenta altibajos en la actividad económica es porque no invierten un centavo de lo que nos birlan. Sobre que están subsidiados y gozan de algunas exenciones impositivas, nos amenazan con despidos y nos estafan con los precios. Evidentemente, lo que nos sobra a los argentinos es la paciencia. Y ya que nos han provocado, no sólo habría que controlar los productos de primera necesidad sino todo lo que se comercializa en el territorio nacional, desde un tornillo hasta un campo, porque el desenfreno no respeta ningún rubro. En una democracia, el bienestar de la mayoría está por encima de los privilegios de una minoría. Eso es lo que debemos comprender para construir un país más justo y equitativo.