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lunes, 26 de enero de 2015

En busca de la funcionalidad perdida



La Muerte –como el Tiempo- es tirana. Su guadaña cercena sin preguntar y como todo corte, interrumpe lo que sea: un abrazo, una crítica, un agradecimiento. En el caso de un suicidio, trunca cualquier explicación. Una especie de culpa quedará entre familiares y amigos por no haber podido disuadir esa voluntad destructiva. Los motivos que llevaron al fiscal Nisman a disparar en su cabeza con un arma prestada, teniendo otras más contundentes y seguras, quedarán sólo en el terreno de la especulación. También inspirarán lucubraciones fantasiosas los temores por la seguridad de sus hijas y la inconsistencia de pensar que con una pistola calibre 22 en desuso podría enfrentar esos supuestos peligros. Todo eso estaba en la cabeza del investigador de la causa AMIA al momento de tomar tan drástica decisión. Nadie se mata por presentar una denuncia inconsistente, salvo que eso sea crucial para su futuro. Acá terminan los mitos y comienzan las certezas. Las llamadas recibidas en los días previos a la interrupción de las vacaciones en España –dejando sola a su hija- pueden convertirse en la punta de una investigación reveladora. Los que exigieron su precipitado retorno para protagonizar la comedia de mediados de enero deberán dar explicaciones, porque fueron ellos los que lo condujeron a la angustiante soledad de su baño.
Ahora que está claro que fue un suicidio, los carroñeros dejarán de mordisquear los huesos del funcionario. Una muerte así no convocará nuevos cacerolazos. Los individuos afectos a estas manifestaciones no podrán convertir en carteles las evidencias del suceso. La indignación expresada en el “Yo soy Nisman” deberá esperar un nuevo titular que reavive las llamas de cualquier prejuicio. Todos los políticos que se engancharon al absurdo impulso de culpar a La Presidenta, deberán agachar la cabeza y reconocer públicamente cuánto se han equivocado. Macri con sus lamentos sobre la violencia, Massa y su ridícula querella y Carrió denunciando a los muchachos de La Cámpora que empezaron a matar a partir de noviembre. No es posible que vivan diciendo tonterías y nadie les pase factura.
Tonterías que portan una gravedad institucional de dolosas consecuencias, porque tienen intenciones destituyentes. Quien las tome como simples opiniones se está equivocando mucho. Cuando Macri habla de violencia, Massa prueba querellar al Gobierno y Carrió tilda de asesinos a los militantes están sentando en el banquillo a CFK. Sin pruebas pero con mucho desprecio, no sólo hacia la Primera Mandataria sino a todos los que nos sentimos consustanciados con su gestión. Ellos, personajes con cargos públicos, alientan que el pintoresco –para no decir ridículo, que suena irrespetuoso- Jorge Asís despliegue sus delirios golpistas y hasta se queje por la cantidad de elecciones que tenemos por delante. Ellos que se erigen como paladines de la transparencia republicana son los primeros que se precipitan para pisotear las instituciones.
Tras la feroz tormenta, despunta el sol
Ahora bien: desde que lo conocemos, el kirchnerismo se reformula ante los nuevos desafíos. La reconstrucción del país genera conflictos y estos episodios lo fortalecen porque es la única fuerza política dispuesta a profundizar las transformaciones de la última década. El golpe letal que había planeado el Círculo Rojo para asestar al Gobierno Nacional terminó convertido en una bombita de olor que estalló en sus propias manos y costará mucho disipar esos putrefactos aromas. El que arroja boñigas terminará manchado de estiércol.
Algunos no han aprendido esta ancestral lección y utilizan las redes sociales para cacerolear en sus ratos libres. Que un ciudadano común lo haga puede considerarse una catarsis; en un reconocido cineasta puede resultar penoso; a Diego Lagomarsino lo conocemos recién ahora, por lo que todo lo que haya escrito se encuadra en la primera categoría; en cambio, los caceroleos de la jueza designada para el caso Nisman, Fabiana Palmaghini, no deben tomarse a la ligera, no sólo por las diatribas dirigidas a La Presidenta, sino por la liviandad con la que habla de su profesión. Que se haya encargado de borrar su irresponsable paso por la web ni bien se hizo cargo de la causa, es una muestra de su malsana intencionalidad. Menos mal que ahora, que no hay causa, su capacidad de daño quedará reducida a la nada, aunque da mucha vergüenza que alguien así sea jueza federal.
En realidad, muchas cosas dan vergüenza. No de ahora, si no de hace mucho tiempo. En el contexto de esta Década Ganada sorprende cuando algunos tópicos todavía están extraviados, pero no del todo perdidos. Aunque suene a perogrullada, los organismos del Estado deben estar al servicio del Estado. No del gobierno de turno, sino de todos nosotros. Siempre deben estar para proteger a la mayoría y no para resguardar los privilegios de una minoría. De la Justicia ya hemos hablado mucho en los últimos años. Necesario es seguir haciéndolo porque parece que estamos llegando al núcleo del problema. Con jueces que se ofrecen, presurosos, a obedecer los requerimientos del establishment, no hay democracia que aguante. La epidemia de las cautelares está saturando nuestra paciencia y la capacidad de congelar causas que involucran a los grandotes, ya la ha desbordado.
De una vez por todas, hay que apurar los procesos que involucran a los que se creen dueños del país. Si el juez Ercolini tiene miedo de continuar con el juicio por la apropiación de Papel Prensa, que lo diga, así le brindamos valor con nuestro apoyo. Si no le da el cuero para enfrentar a los poderosos cuando cometen delitos, se debería dedicar a cualquier otra cosa, menos administrar justicia. Ahora, si entre el que debe juzgar y el juzgado hay complicidad, no debe haber contemplaciones para castigar semejante usurpación. Eso no es independencia de poderes, sino todo lo contrario. Y eso no es democrático, sino el autoritarismo de los que más tienen. Ese magistrado no cumple con su función de castigar al que comete un delito y habilita a que cualquier empresario futuro apele a las mismas tretas para incrementar su patrimonio. Si los jueces permiten que se incumplan las leyes por parte de cualquier ciudadano, estamos en serios problemas.
Y eso no es nada. El Grupo Clarín parece ser el más protegido por los jueces, aunque no es el único. Pero su caso es el más paradigmático. Un símbolo de resistencia a la legitimidad de las leyes y de obediencia judicial. Ni siquiera los Supremos se atreven a intervenir en un conflicto que pisotea su propio fallo de constitucionalidad de la LSCA. De una vez por todas, todos los jueces, tanto los federales como los provinciales deben comprender que están a nuestro servicio y no al de las corporaciones. Todos, absolutamente todos los ciudadanos contenidos y al amparo de las leyes de la democracia. Y el que no esté de acuerdo con este principio republicano, que se aguante lo que venga, ya sea carterista, estafador, especulador o evasor.
El episodio del fiscal Nisman recalentó nuestro verano, pero no se ha convertido en un escollo para nuestro camino colectivo. Al contrario, señala con flechas y lucecitas dónde tenemos que aplicar el bisturí: la democratización de la Justicia en serio y la domesticación de los servicios de Inteligencia. Un esfuerzo más en la reconstrucción, tal vez uno de los últimos, para que, después de tan tortuoso transitar, podamos gozar del maravilloso país que, cada vez más, nos merecemos.

viernes, 23 de enero de 2015

Un policial para la playa



Desparramado en las arenas de Santa Teresita, este Ignoto Profesor de Provincias no dejaba de pensar en el inicio del texto sobre el “caso Nisman”. Muchas entradas pasaron por su cabeza, pero la dinámica informativa de la historia impedía elegir con precipitación. De ninguna manera da para creer en la versión de los carroñeros, como siempre. Tanto se excitan con la sangre, que sólo los prejuiciosos se dejan tentar por su malsana interpretación de los hechos. Más aún cuando pueden orientar algunas gotas del fluido vital hacia la investidura presidencial. Y en parte, algo lograron: que un puñado de caceroleros pueblen las calles clamando a los cuatro vientos ser Nisman. Tan desorientados están estos individuos que buscan cualquier excusa para renunciar a su identidad. En estos años fueron agrogarcas, kelpers, buitres, Campagnoli, Bonadío, Charlie y ahora, Nisman. En realidad, renuncian a cualquier cosa con tal de voltear a CFK. A la coherencia, a la razón, al compromiso. Sus referentes son sólo aquéllos que logran alimentar sus prejuicios. Y así, indignados, viven felices. Sin rumbo pero con mucho enojo.
El caso genera muchas dudas y porta una gravedad institucional insólita. Pero no hay que olvidar que Nisman presenta su insustancial denuncia en plena feria judicial, cuando millones estábamos disfrutando de una temporada veraniega auspiciosa. El año pasado no terminó con revueltas policiales ni saqueos aunque éste –crucialmente electoral- comienza con lo que promete ser un culebrón. Y si está en manos del juez Ariel Lijo, seguramente se convertirá en una nueva herramienta de desgaste.
Ningún cacerolero se pregunta a quién beneficia la oportuna muerte del fiscal. Como siempre, quieren como culpable a Cristina y cualquier funcionario K, más allá de toda prueba, porque eso es lo que dicen en los medios que consumen a diario. Tampoco llama la atención de los cacharreros la premura con que el fiscal interrumpió sus vacaciones en España para presentar una denuncia que, además de pruebas, carecía de urgencia. O sí: el apuro de horadar la sólida y creciente imagen de la Presidenta de cara a un año electoral que augura la contundente derrota de los candidatos del establishment. El moño de la operación fue su suicidio –o lo que sea-, justo un día antes de presentarse en el acting pergeñado en el Congreso por los opositores. Sesión que se iba a desarrollar de manera reservada con los representantes de las corporaciones como únicos actores. Cuando los diputados oficialistas decidieron sumarse, todo perdió su gracia.
Tampoco se preguntarán los caceroleros qué hacía Patricia Bullrich en el departamento de Nisman a pocos minutos de conocerse el hecho, porque los medios hegemónicos sólo dudan de la presencia de Berni. Ni las relaciones que tenía el fiscal con oscuros personajes de seguridad privada, con la CIA, la embajada norteamericana o con la agrupación no-política de Macri parecen mitigar la fe en los medios que los manipulan. Sólo les importa que este extraño caso conduzca al cadalso a Cristina y sus secuaces.
La vieja treta de sembrar sospechas
Aunque cuesta creerlo, los que tanto se quejan de los discursos de CFK ahora le están exigiendo una Cadena Nacional. Y si hubiera aparecido, también se lo reprocharían. Los caranchos periodísticos y políticos se tuvieron que conformar con mordisquear los dos mensajes de Facebook y algunos opinaron sobre el escrito sin haberlo leído. Desde el mismo lunes, los eternos candidatos trataron de posicionarse para sacar réditos en la campaña, a la vez que afirmaban que no debía hacerse eso. Ante las cámaras, trataron de manifestar una indignación que siempre es funcional a los gerentes de la no-política. Mauricio Macri apeló a generalidades sobre la violencia, haciendo un forzado parangón con los trágicos setenta. Sergio Massa se presentó como querellante de cualquier cosa, demostrando que de Derecho sabe poco y nada. Algunos miembros del coro hasta buscan adelantar las elecciones y demás propuestas tan poco democráticas.
En un caso tan confuso como éste, cualquier certeza se hará esperar. Los vínculos oscuros y cerrados, el procedimiento mafioso y la contaminación de la escena del crimen dificultan tomar una postura racional. Pero una sola pregunta puede ordenar la investigación, aunque tenga muy difícil respuesta. Todo ronda el porqué de esta extraña historia. Un porqué enorme que abarca toda la secuencia, desde el retorno del fiscal hasta su escabroso final. Si la hipótesis es el suicidio, lo de Nisman parece inmolación en beneficio de la causa opositora, no de los políticos, sino los integrantes del Círculo Rojo, siempre ansiosos por retomar las riendas del país. Si fue un homicidio, habría que preguntarse a quién le sirve semejante escenario. Pensar que Cristina lo mandó a matar sería una torpeza, porque los fundamentos de la denuncia son tan endebles que no constituyen siquiera un delito. En cuanto el documento de 300 páginas se dio a conocer, perdió el valor para denostar al Gobierno Nacional. Entonces, la muerte le aporta una trascendencia que no tiene; garantiza que el tema se mantenga durante algunas semanas, más en los medios que en los juzgados. Hasta que saquen un nuevo tema de la siniestra galera.
Y aunque haya una explicación judicial, las sospechas mediáticas perdurarán por siempre. El fiscal pide prestada un arma pequeña, a pesar de tener otras más contundentes; está preocupado por su seguridad, pero ordena a sus custodios que se retiren hasta el domingo a la mañana; la muerte se produce mientras los demás están tratando de ingresar al departamento; el fiscal no respondió a ninguna de las llamadas; tardaron casi ocho horas en solucionar los problemas de la cerradura; un médico entró al baño para confirmar la muerte antes de la llegada de las autoridades. Raro, muy raro.
Una pregunta que tal vez nunca halle su respuesta: ¿por qué el Gobierno permitió que Nisman llevara adelante una causa de semejante envergadura, a pesar de las dudas que generaban sus visitas a la embajada norteamericana? ¿Por qué el fiscal investigó a espaldas del juez Canicoba Corral, sin que nadie le exija una rendición de cuentas? ¿Después de diez años advierten la calaña en la que habían depositado su confianza?
Si con esto esperan erradicar definitivamente al kirchnerismo, otra vez se llevarán un chasco. En este extraño episodio se advierte una siniestra garra: la de los enemigos de cualquier pueblo. Y ya nuestro olfato está suficientemente entrenado para detectar su pestilencia. A tal punto que este dudoso capítulo no inclinará el tablero como los carroñeros desean. Lo único que debemos exigir es que los encargados de esclarecer, no congelen la causa, como han hecho con tantas que se han convertido en arietes políticos o en protección de asesinos y mafiosos. Paciencia, cuando los velos se corran, confirmaremos una vez más cuánto han mentido los que se resisten a perder sus descomunales privilegios.

viernes, 9 de enero de 2015

Los comediantes después del drama



Cuando la muerte se convierte en herramienta, estamos en serios problemas. El asesinato de periodistas, dibujantes y policías en la redacción de la revista Charlie Hebdo seguramente será aprovechado para reprimir, segregar y controlar a todo el mundo. La extrema derecha sabe cómo dominar el planeta y transformar en negocio las peores tragedias. El capitalismo global fabrica armas, conflictos y reconstrucción y en los tres rubros genera fortunas. La libertad de expresión y el ensañamiento de las sátiras publicadas por ese medio no tienen que ver con la violencia del atentado. Los que apretaron el gatillo buscaron una excusa para ejecutar una venganza o provocar a la civilización con la que están enemistados. ¿La reacción sería la misma si los muertos fueran albañiles o jardineros? A partir de ahora, presidentes y ministros reforzarán controles y alentarán expulsiones para simular una solución. Tal vez, un alocado mandatario desplegará su prepotencia imperial con algunos bombardeos no tripulados. En el medio estarán siempre las víctimas que, con nombre propio o como números voluminosos, no sólo están expuestas a perder su vida, sino que son vulnerables al uso espurio de su memoria.
En estas tierras, aunque parezca mentira, este hecho fue explotado por algunos sectores de la oposición descarnada para denostar al gobierno de CFK. Entre otros, el ex periodista Jorge Lanata abusó del artilugio de la comparación para acusar al Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, por limitar la libertad de expresión. Como si las críticas que el funcionario destina a las fábulas de los medios hegemónicos tuvieran el poder destructivo de las balas. Un absurdo que sólo un manipulado acrítico puede asimilar como concepto.
Como no podía ser de otra manera, el PRO, liderado por Mauricio Macri, encontró en esto un espacio para remozar el cuestionamiento a las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. En su comunicado, los amarillos no mencionan las explosiones en la AMIA y la Embajada de Israel; sólo se les ocurrió homologar el atentado con la dictadura, que no tiene nada que ver con lo ocurrido. El final del escueto texto realiza una forzada alusión a la violencia de los setenta: “los argentinos tenemos que recordar que supimos vivir enfrentamientos fratricidas que han quedado sepultados en el pasado y que allí deberán quedar por siempre”. Llamar ‘enfrentamientos fratricidas’ al terrorismo de Estado es no encontrar los límites del cinismo, además de la arbitraria analogía. ¿Qué relación guarda que tres tipos disparen sus ametralladoras al plantel de una revista con militares de las tres armas reprimiendo, secuestrando, torturando y despareciendo al pueblo que debían proteger? Y esto para no hablar de los bombardeos del ’55, único caso en la historia del mundo contemporáneo. La desmemoria del final, no sólo es hiriente, sino que contradice lo que dicta nuestra Constitución y muchas leyes que impiden que ese oscuro pasado se repita. Esto no es pensar distinto, sino intentar frenar los procesos judiciales que, con mucha lentitud, intentan condenar a los responsables civiles del genocidio. De paso, pegarle a Cristina con los argumentos más flojos que puedan encontrarse.
Una escuela carroñera
Porque a eso es a lo que más acostumbrados estamos. Pase lo que pase, la patota K tiene la culpa. Tanta desesperación hay entre los dueños del Poder Fáctico que ya no saben qué hacer para recuperar el control del país. Hasta se presentan como paradigma de la transparencia y paladines de la equidad. Ni ellos se lo creen. Si el allanamiento judicial que se realizó en la sede central del HSBC los dejó helados, porque todos sus chanchullos de fuga y evasión quedarán expuestos ante la opinión pública. Tanto como eso no, porque se encargaron de minimizar el hecho con la torpeza de siempre. “En distintos portales de noticias a nivel internacional se observa un gran impacto y una gran cobertura –destacó Capitanich en su conferencia del jueves- mientras que en la Argentina se advierten altos niveles de ocultamiento en los principales medios de comunicación”. Como este tema no les conviene, prefieren juguetear con lo de la libertad de expresión y apelar a analogías alocadas.
O arrojar sus pestilentes bombas de estiércol hacia cualquier blanco, a toda hora y sin descanso dominical. Todo es válido a la hora de sembrar confusión en la sociedad. Los datos y las estadísticas son como la arcilla en sus creativas manos y pueden modelar los más aterradores esperpentos. Además, hacen escuela porque sus malintencionados procedimientos son adoptados por otros sectores. En estos días, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, CAME, anunció que las ventas en los comercios minoristas cayeron el 6,5 por ciento el año pasado, a pesar de que la mayoría de los sectores que la integran afirman lo contrario. En un intento de explicar el fenómeno, los expertos de la CAME atribuyen esta disminución a la reducción del poder adquisitivo de los salarios. Pero no se atreven a mencionar el porqué de esa reducción. Si no hubo recortes en los haberes, el poder adquisitivo se malogra por el desquiciado aumento de los precios. Y ellos son los que colocan esos vistosos numeritos en los productos. Un poco más de claridad: denuncian un problema del que ellos son –al menos, en gran parte- responsables. Como cuando los grandes representantes de la industria pontifican la necesidad de inversiones, mientras amontonan divisas debajo del colchón.
Los políticos de la oposición también demuestran ser aplicados seguidores de sus técnicas estercoleras. Cuando recitan una consigna sin brindar datos ni argumentos, están demostrando lo eficaz de la lección. Cuando se comportan como quejosos derrotados antes de que empiece el juego, están absorbiendo parte de la desesperación de esa minoría destructiva. Cuando, a pesar de declamar por el respeto a las instituciones, apelan a prácticas deslegitimadoras, se están mimetizando con esa impronta destituyente.
Por último, un sector cada vez más minoritario del público bebe del veneno mediático como si fuera sabiduría. En el colectivo, en la cola de un súper o en la sala de espera del dentista encontramos al despotricador cotidiano: ese individuo en permanente estado de irritación cuya única razón de ser es la queja. Esos impresentables que encuentran lo malo hasta en las cosas más bellas, manchas en la más pura limpieza. Pesimistas irremediables que se niegan a la más exigua sonrisa.
Tanto han aprendido del maestro mediático que hasta explotan la muerte de un niño para desgastar la imagen de La Presidenta. Por la web circuló la foto de Néstor Femenia, el chico qom que murió por un cuadro de tuberculosis y desnutrición. Nada dicen los comprometidos cibernautas de la dedicación de los médicos que atendieron el mal durante más de tres meses ni la resistencia de los padres al tratamiento. El que tomó la imagen se preocupó por el cartel que, en un primer plano, reza: “Amada Cristina, piedad”. Tanto aprendieron que hasta absorbieron el cinismo: utilizan una foto para dar por tierra con el único proyecto en más de cuarenta años que se ha dedicado a disminuir la desigualdad, a pesar de la resistencia de los que accionaron el obturador de la cámara. Y al pie de la imagen, la peor burla: el Néstor que no tendrá estatua. Ese puñado de individuos se graduará con honores en la putrefacta escuela que los medios hegemónicos dirigen, porque ya están a punto de perder el corazón. Eso pasa cuando la muerte deja de ser dolor para transformarse en treta politiquera. Acá y en cualquier rincón del planeta.

miércoles, 7 de enero de 2015

Bocaditos y tarteletas en la cena del caníbal



Las críticas del oficialismo a la presencia de Daniel Scioli en la inauguración del Espacio Clarín en Mar del Plata –con imitación de Cristina incluida- tienen dos claves de lectura: como advertencia o como condena. El vice Gabriel Mariotto, después de manifestar sorpresa y dolor por este gesto del precandidato, concluyó que “el problema de ir a la casa de los caníbales es que uno puede ser la cena”. Pero ser devorado por la bestia no es lo más grave, sino que haya asistido siguiendo un impulso de individuo farandulero. Una satisfacción personal –acompañar a Carlín Calvo o al Muñeco Mateyco- que puede ser fatal para el espacio al que dice pertenecer. Nada le reportaba políticamente mostrarse en ese espacio, sino todo lo contrario. Los caceroleros lo tomarían como un gesto oportunista de cara a las elecciones y los kirchneristas como una traición, como una afrenta, como una profunda contradicción. Conciliador como siempre, explicó que concurre a todos los lugares a donde lo invitan, algo poco criterioso para alguien que aspira a la presidencia. Todavía no entiende que el futuro no depende de acciones individuales, sino de un tránsito colectivo y solidario.
Minimizar este incidente, es no comprender la dimensión del símbolo. Con su impulso amigable puede provocar una fractura, una tensión innecesaria en este año crucial. Al actuar como individuo, no sólo desató las críticas de los demás candidatos kirchneristas, sino que alimentó las fantasías carroñeras sobre el fin de ciclo. Ahora que no se queje si recibe palos de todos lados, porque no fue ingenua su decisión. Pero tampoco productiva, aunque sirve para delinear un proyecto. Lo sintetizó el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich el lunes por la mañana: "o están con los grupos mediáticos que conspiran contra los intereses del país o están con este proyecto político que ha transformado a la Argentina”. Por si no queda claro: Clarín no es sólo un diario y Scioli debería ser mucho más que un individuo. Pasar una tarde cordial en esa cueva es una manera de avalar su insistencia destituyente.
Tampoco fue un acto institucional de trascendencia, pero es la conjunción de muchas cosas lo que le aporta gravedad. Con su cómoda sonrisa, aporta legitimidad a una empresa que gambetea desde hace cinco años el cumplimiento de una ley. Y esto no es un detalle, sino una cuestión de fondo. Casi como legitimar la resistencia del Grupo. Casi dar entidad a las fábulas que difunde por todos sus medios. Casi estar de su lado y acordar con su ideario destructivo. Tan delicada la situación que plantea este incidente, que casi cruzó la grieta para acomodarse en el lado más oscuro. Si no pensó en estas cosas antes de asistir, no es un digno continuador de este sendero. Si pensó en todo esto, no debería haber asistido. Y si lo hizo y a pesar de eso asistió, deberá tomarse como un sinceramiento de su postura. Tarde advertirá que no es el dueño de los votos y que fuera del kirchnerismo, sólo podrá disputar con Massa o Macri los porotos caceroleros.
Blanco sobre naranja
Difícil creer que Scioli no encuentre en la tapa de los medios hegemónicos la malsana intención de terminar con todo. Si no le molesta la tergiversación permanente, el bombardeo constante a cada una de las decisiones del Gobierno Nacional, las acusaciones infundadas para descafeinar la política o las operaciones de prensa disfrazadas de informaciones objetivas es porque está embalsamado. ¿Cómo no se va a incomodar por el ataque despiadado a todo lo que él afirma representar y promete continuar? ¿Cómo no va a sentirse ofendido por el ninguneo de los logros? ¿Cómo puede permanecer inmune al desprecio hacia la felicidad de la mayoría?
Más aún cuando la provincia que él gobierna es la más beneficiada por el movimiento turístico hacia la costa. Si está convencido de que este proyecto iniciado en 2003 transformó para bien el país, ¿cómo puede presentar su sonrisa complaciente a los que quieren retrotraernos a los peores momentos de nuestra historia? Si tanto le interesan las fotos, podría echar un vistazo a las que mostraban las playas vacías en las temporadas veraniegas de principios de siglo y compararlas con las de ahora, repletas de turistas. ¿Cómo puede mirar los ojos de los que inventan informes sobre las pérdidas de la aerolínea de bandera, cuando cubre casi todas las plazas hacia destinos nacionales e internacionales, a pesar de la crisis y el cepo cambiario?
A esta altura de las cosas, no es exagerado asegurar que conciliar con Clarín significa ser complaciente con el sistema que proponen: el de la desigualdad sin límites; el del dominio absoluto del peor mercado; el del saqueo a nuestros bienes para engrosar cuentas en el extranjero. Por eso ocultan los avances, exageran los errores y tratan de instalar a los candidatos más serviles. Si algún lector distraído todavía no ha comprendido plenamente la idea, vale una síntesis: Clarín es la oficina de prensa y centro de operaciones de los grandes empresarios que quieren volver a gobernar la Argentina. Y no tienen derecho a hacer eso porque no se someten a la voluntad popular. Desde mediados del siglo pasado hasta los primeros años de éste lograron canalizar sus apetencias con golpes de Estado y presidentes títeres. Con el Infame Riojano alcanzaron el éxtasis, porque encontraron en él un mayordomo cómplice de la peor calaña. Pero en los últimos años, la historia cambió.
Con la llegada de Néstor Kirchner, comenzamos a comprender que ese poder que parece imbatible dificulta nuestra vida. Con Cristina Fernández, el camino se profundizó y la resistencia, por su parte, recrudeció hasta niveles temibles. Quien coincida con esta impronta, no puede sonreír en la madriguera, porque la conquista de derechos depende de limar esos privilegios. El crecimiento de nuestro país está condicionado por la contención de estos sectores antagónicos con cualquier objetivo colectivo.
Las explicaciones que brindó el Gobernador Naranja parecen más caprichosas excusas que motivos valederos. Esto sugiere que, de alcanzar la presidencia, continuará desplegando estos desconcertantes gestos. Dolorosos y contradictorios, también. El compromiso de continuidad de este proyecto no admite las sonrisas con los que nos desean lo peor, porque genera confusión en la sociedad. Los integrantes de ese Grupo son los que mienten, conspiran, manipulan y desgastan. Ellos no piensan distinto, sólo están en contra. Ellos no quieren un bienestar compartido, sino privilegios de uso exclusivo. Ellos no apuntan a la construcción de un país libre, justo y soberano, sino a la conformación de una colonia sometida y desigual. El menor gesto de simpatía puede hacernos perder lo que hemos recuperado en estos años. Y todo por una tonta foto veraniega en un momento tan crítico.