domingo, 21 de febrero de 2021

El Todo y sus partes

 

El episodio que sacudió el escenario político en la mañana del viernes es inaceptable. Tanto pontificar en contra de los privilegios de una minoría y desde el ministerio de Salud –reinstaurado por el presidente después de la degradación amarilla- se organiza una campaña casi secreta de vacunados a dedo. Y ninguno de los actores que pergeñaron esta instancia –ministro, asesores, secretarios y el personal del Hospital Posadas- evaluaron su gravedad. Extraño. Más extraño es la manera en que se hizo pública la trapisonda. El periodista Horacio Verbistky lo reveló –no como denuncia ni travesura- en su habitual columna en el programa “Habrá consecuencias” que se emite por El Destape Radio. Un relato en primera persona, conmovedor, familiar. Hasta recordó que su padre había fallecido en el Hospital Posadas, a donde iba a acudir por consejo de su querido amigo, Ginés González García, hasta que lo invitaron al Ministerio para agilizar la inmunización. Por intentar contrarrestar un petardo de Clarín, arrojó un bombazo contra el oficialismo.

Ginés fue expulsado al instante por el presidente; Verbistky fue despedido por Roberto Navarro de su emisora radial. Y ambos reconocen que no habían evaluado la dimensión de esas acciones. Ambos piden disculpas por lo que no deberían haber hecho: facilitar privilegios, el primero y aprovecharlos, el segundo. No hay justificativo ni atenuantes.

El dolor entre los simpatizantes del oficialismo es enorme. Igual que el desconcierto. El daño es inmenso porque aporta argumentos para los que han hecho cosas peores. Por eso algunos apelan al contraste, enumerando las tropelías de Macri y su pandilla que no tuvieron la misma repercusión. Otros, tratan de minimizar el incidente para “no hacer el juego a la derecha”. También están los que suman un desencanto más a los tantos acumulados. Y, por último, los que aplauden a Alberto Fernández por pedir la renuncia de un funcionario con muchos logros en su haber.

 De ahora en más, tanto el presidente como la nueva ministra, Carla Vizzotti, deberán garantizar el cumplimiento a rajatabla del plan de vacunación en todo el territorio nacional. Cualquier anomalía que se cometa en el más pequeño pueblo será responsabilidad de ellos. La consigna debe ser clara y el control estricto. Ni “borrón y cuenta nueva” ni diatribas a perpetuidad. Este hecho indignante no se debe repetir y si el gobierno nacional quiere remontar su imagen debe abandonar la amabilidad –como hizo con GGG- y tomar las decisiones con energía y compromiso si en verdad quiere construir un nuevo país

En definitiva, es preferible que los poderosos se enojen porque el Estado ejerce el control de las exportaciones, porque intima a los que especulan, porque busca contener la criminal inflación, porque desmantela el contrabando de granos y no porque un funcionario inauguró un vacunatorio VIP, como ya bautizaron al caso los medios hegemónicos. Si el discurso dominante intenta denostar con etiquetas –la parte por el todo- el oficialismo debe resignificar sus intenciones, no con discursos bonitos y pedagógicos sino con acciones concretas y con resultados casi inmediatos si no quiere que los que confiaron en Les Fernández abandonen la esperanza de una vida más justa. Para corregir las partes hay que fortalecer el Todo.

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