lunes, 16 de enero de 2012

Intereses al desnudo

Sin lugar a dudas, las cacerolas están bien guardadas. A pesar de que los estancieros amenazan con volver a cortar las rutas si no se bajan o eliminan las retenciones, no van a conseguir el incomprensible apoyo que tuvieron en la vergonzosa asonada destituyente de 2008. El disfraz de pobres labriegos ya no les cabe más porque en estos años han engordado mucho. Y los que hacían de comparsa han enflaquecido tanto que casi ni se los ve. Si las elecciones presidenciales fuesen hoy, CFK obtendría más votos que el 23 de octubre, según una reciente encuesta de la consultora CEOP. Y los otros, menos, por supuesto. Mientras el Gobierno Nacional goza de una imagen positiva creciente, algunos gobiernos recién asumidos están enfrentando serios problemas, no sólo con la justicia sino con los ciudadanos. El intento de la prensa independiente de instalar la sospecha con el tiroides affaire ha quedado en ridículo, aunque algunos periodistas sigan clamando que en el quirófano hubo trampa. Antes, instalar una consigna malintencionada en la sociedad era más fácil. Ahora, ni los más emperrados fanáticos creen en las ficciones que narran desde los medios con hegemonía en decadencia. La política en serio produce estos milagros: construir ciudadanía.
No es una metáfora nueva, pero siempre sirve hablar del vaso medio lleno y medio vacío. Muchos pueden celebrar los diferentes récords económicos que se están batiendo en los últimos tiempos, como el incremento de las ventas en shoppings y supermercados, los más de 25 millones de turistas que se desplazarán por nuestro país este verano, el incremento de la construcción o la recuperación del empleo. En fin, aquellos datos que demuestran que estamos mejor y lo seguiremos estando mientras continuemos por este camino de crecimiento con inclusión. Otros, en cambio, hacen lo imposible para encontrar en los mismos hechos, aspectos negativos. Si en una recorrida por el barrio uno ve que empiezan a aparecer esos insólitos carteles en la vidriera de los negocios solicitando personal, piensa que es bueno porque los comerciantes tienen margen para contratar, no hay tanta gente desesperada buscando colocación y hay movilidad porque se encuentran mejores ofertas laborales. El trabajador comienza a cotizar, a ser un actor importante en la economía doméstica. Sobre este hecho, los vasovaciadores de siempre pueden decir que en este país son todos unos vagos, nadie quiere trabajar y es por eso que este año va a haber tantos feriados.
Esos carroñeros son capaces de negar no sólo la mitad del contenido sino el vaso completo. No son muchos pero molestan. Y, a diferencia de los buenos vinos que mejoran con el paso del tiempo, éstos se poner peor; se avinagran y pudren todo lo que tocan. En vano, por supuesto, porque a pesar de los intentos destructivos, la imagen de Cristina sigue en ascenso, a tal punto que hoy triunfaría por un poco más que en los comicios del 23 de octubre. Según la encuestadora CEOP, de Roberto Bacman, si las elecciones fueran hoy, obtendría un 61,5 por ciento de los votos. Y los demás –Binner y Alfonsín- bajan unos puntos. Por lo visto, es mucha gente la que ve el vaso medio lleno… y con el mejor de los líquidos.
A otros no les va tan bien. En CABA, el rechazo al aumento de la tarifa de los subtes se está convirtiendo en un petitorio. En medio de esas firmas, habrá muchos arrepentidos por haber votado a Macri. “El pueblo nunca se equivoca” reza una vieja frase de origen incierto, siempre y cuando el conjunto de los ciudadanos vote por un proyecto colectivo. El triunfo de Macri no fue producto del voto popular sino de un grupo enorme de individuos que eligieron por odio, capricho y desinformación. Las consecuencias son éstas: vetos a leyes de inclusión social, represión a los más vulnerables, ausencia del Estado y abuso de poder, entre otras desprolijidades. El 127 por ciento de aumento –‘adecuación’, para Mauricio- en la tarifa ya ha recibido un rechazo que se concretó en la recolección de 150 mil firmas y va por más. Aunque el Jefe de Gobierno intente echar las culpas al Gobierno Nacional por la quita del 50 por ciento del subsidio, debe buscar la manera de solucionar el faltante sin que sean los usuarios quienes paguen las consecuencias. Pero no entiende que él también es Estado y menos aún sabe qué significa una palabra tan difícil como ‘inclusión’.
En Rosario también se están recolectando firmas para protestar contra los cortes de energía eléctrica y de paso, reclamar ante tanta inoperancia para revertir el abandono del mantenimiento de la red de distribución. Que un directivo de la Empresa Provincial de la Energía –EPE- diga que las instalaciones son obsoletas, además de ser una película repetida por 25 años de ineficacia, es una confesión cínica de inacción e impotencia. Si bien los problemas serios de corte de energía se resolvieron, nada garantiza que un nuevo pico de demanda no produzca otra crisis en la distribución de tan importante fluido. Resolver estos conflictos requiere acción y compromiso. No basta echar culpas a otros ni desentenderse con explicaciones superficiales. La gestión no debe narrar la realidad, sino transformarla para beneficio de las mayorías. La política requiere ingenio para enfrentar el problema y probar nuevas formas para resolverlo porque las viejas han fracasado.
Y hablando de viejas formas, según muchos analistas, la sequía tan mentada no va a provocar daños tan severos como la de 2008/2009, a pesar del tan desconsolado llanto de los estancieros. Si en estos días se registran nuevas lluvias, la producción será más o menos igual que la del año pasado. Sin embargo, es importante buscar soluciones más profundas al problema del agua, sobre todo en aquellas zonas que están rodeadas por ríos caudalosos y que cuentan con abundantes napas. El presidente en ejercicio, Amado Boudou se reunió con el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri para analizar el mapa de la sequía y afrontar el “uso estratégico del agua”. El mandatario provincial tiene planes para promover el riego en zonas rurales de Entre Ríos a través de tres acueductos que se están proyectando. Boudou tendrá también una reunión con el santafesino Antonio Bonfatti y se espera que las soluciones vayan en ese sentido.  
Claro, nunca se escuchó a los popes de la mesita de enlace circunstancial hablar de riego artificial. Muchos sistemas de riego se están utilizando en zonas más áridas con resultados excelentes en el rinde. Pero claro, prefieren la plata en ladrillo y no invertida en extraños aparatos. Por eso claman por una baja en las retenciones, que no tiene nada que ver con este tema. No es solución que Eduardo Buzzi espute una frase como ésta: “que el ministro Yauhar se saque la corbata y se meta en un lote de maíz con 42 grados. A ver si se ensucia los zapatos”. Difícil creer que los zapatos del dirigente de la Federación Agraria estén sucios por la tierra de los campos, sino por patear todos los tableros posibles para defender sus intereses corporativos. Ese es el diálogo que quieren, el de la obediencia absoluta a los poderes económicos para satisfacer la avidez y la avaricia. Ahora querrán provocar un aluvión de cacerolas que se sacudan para defender sus intereses egoístas, pero no van a poder repetir la dramática rebelión del 2008. El “campo” ha dejado de aparecer como el símbolo impoluto de la argentinidad para mostrarse como lo que verdaderamente es: un factor de poder patricio que pretende apropiarse de todo. Por fuera de esta definición, están los verdaderos trabajadores de la tierra, los emprendimientos familiares, los pequeños productores que no buscan acumular divisas, sino vivir dignamente y en lo posible ahorrar y mejorar su rendimiento. Ese es el campo que necesita nuestra ayuda. Los otros sólo defienden sus abultados bolsillos que pueden expandirse hasta límites insospechados, aún a costa de alterar la convivencia democrática. Pero ahora hay un 61 por ciento que comprende algo más por dónde pasan los conflictos de nuestro presente, por donde pasaron siempre: por la presión de los pocos que quieren vivir a costa del trabajo y la miseria de los muchos.

viernes, 13 de enero de 2012

Las fotos de un largo y ardiente verano

Parece que Macri concreta su venganza contra los manteros de la calle Florida porque no contribuyeron económicamente en su campaña. Mauricio y sus secuaces alegan que los manteros ejercen un comercio ilegal y es posible que la explotación y la trata no se encuadren en los parámetros PRO de ilegalidad. Por eso a los locales con prostitución encubierta no los molesta nadie. Los que están verdaderamente molestos son los vecinos de Rosario que pasaron unos días sin energía eléctrica. En eso Binner no estuvo muy iluminado. Aunque había prometido en su campaña de 2007 que en su gobierno no habría cortes de luz, los hubo. En el de Bonfatti –a pocos días de su estreno-, también. Y casi todos los gobernadores han dicho que la culpa la tuvieron los gobiernos anteriores que no invirtieron. Hasta ahora, Bonfatti no dijo nada de eso, porque él formó parte del gobierno de Binner y sería como una autocrítica, actividad que ninguno de los dos practican. Pero los que se quieren mostrar molestos en serio son los estancieros, que quieren re-estrenar la rebelión de 2008. Pero aunque la remastericen y la hagan en 3D, no van a tener mucho éxito de público. El calor los pone como locos y cuando se aburren de jugar con una glándula extirpada, se divierten pasando fotos de vacas moribundas y resecas, aunque sean viejas –tanto las vacas como las fotos- y de yerma tierra cuarteada tomada en el planeta Marte.
Y si de fotos se trata, hay una de Macri en Cancún junto a su esposa, Juliana Awada, acusada de explotar trabajadores textiles y Gabriel Conde, prófugo de la justicia y socio de Raúl Martins, ex agente de la SIDE, dueño de una cadena de prostíbulos encubiertos y contribuyente de la última campaña electoral del líder del PRO. MIX es el local que sirvió como escenario a la fotografía, uno de los boliches involucrados en la trata de personas en la ciudad Mexicana. Así es que, al calor propio del verano, este hecho seguramente no relatado con mucho despliegue en la prensa independiente amenaza la impunidad del pobre Mauricio. La denuncia se radicó ante la Unidad Fiscal de Asistencia en Secuestros Extorsivos –UFASE- y promete recalentar los próximos días.
Distintas son las fotos de la ciudad de Rosario. Todavía no repuesto de la repercusión nacional que tuvo el fusilamiento de los tres militantes sociales en Barrio Moreno, el Gobernador de Santa Fe decide afrontar la crisis energética con insignificantes excusas. Echar culpas al incremento del consumo y distribuir las facturas con los aumentos del 13 por ciento fue todo uno. Los vecinos, que en muchos casos han estado hasta tres días sin energía eléctrica, están al límite de su paciencia. Protestas y cortes de calle –que son los piquetes de la clase media- se realizan en distintos puntos de la ciudad. Y las respuestas son tan FAP que logran recalentar aún más los ánimos rosarinos. El ministro de Aguas, Servicios Públicos y Medio Ambiente de la provincia, Antonio Ciancio, declaró que “si tuviéramos hoy dos mil millones de dólares, igual no podríamos resolver todos los problemas en un año”. Como dicen desde décadas, solucionar la seguidilla de cortes de energía demandará tiempo y mucha inversión. A pesar de que con las lluvias del martes la temperatura bajó, el servicio no se ha restituido en muchas zonas. En una radio rosarina, el ministro destacó que “Rosario ha tenido en estos días una situación espectacular en cuanto al aumento de demanda. Más de 300 megavatios, es enorme. Tuvimos en un día la mitad de lo que una usina de Timbués genera en toda una jornada, que son unos 800 megavatios”. Nada se dice de los nuevos edificios inaugurados sobre la rivera más pituca que, al tener sólo artefactos eléctricos –cocina, calefacción, refrigeración y termotanque- consumen tanta energía como la ciudad de San Lorenzo, de casi 40 mil habitantes.  “El gobierno santafesino –declaró Roberto Sukerman,  concejal del Frente Para la Victoria, - debe hacer frente a la problemática, sin echarle la culpa a cuestiones climáticas o a la compra de aires acondicionados. Cuando uno tiene la obligación y responsabilidad de administrar lo que es de todos, no puede ser un comentarista de la realidad sino que debe modificarla”.
Quienes no modifican las fotos son los estancieros. Ante cada hecho que pueda parecer perjudicial para el campo –que se cancelen las repeticiones de los capítulos de “Bonanza”, por ejemplo- enseguida reclaman una baja o quita de las retenciones. Por la deforestación y la angurria desmedida; porque la soja es invasiva y pide más; porque no se invierte en sistemas de riego como en otras zonas del país; por La Niña y las demás carabelas; por los vuelos químicos, que según algunos, absorbe la humedad del ambiente; porque algunos no toleran que la política maneje la economía. Por todo esto, la sequía es mucho más que la falta de lluvias. Las fotos de la vaca reseca y los campos cuarteados que exhiben cada tanto sirven para poner en evidencia la avaricia de los poderosos.
En una entrevista con Página/12, el presidente del INTA, Carlos Casamiquela, afirmó que el proceso de sequía en curso no tiene nada que ver con la ocurrida en 2008 y que las lluvias producidas en esta semana atenuaron bastante la situación de crisis. “Hay una diferencia cultural –explicó Casamiquela- Existen zonas del país, áridas, donde no habría ninguna posibilidad de tener agricultura si no fuera por el riego artificial, como en Mendoza, San Juan y Catamarca, por ejemplo. En estas regiones los productores miran hacia abajo, las napas, y están preocupados por el manejo eficiente de este recurso. En cambio, en la zona núcleo están más pendientes de la lluvia. En un sentido figurado, el pampeano mira el cielo”. Por supuesto que es más fácil clamar con una baja o quita en las retenciones, aunque no sea una solución ni tenga mucho que ver con el tema. “Hay reformas estructurales –continúa el presidente del INTA- para el mediano plazo, como pueden ser obras hidráulicas de importancia. En el Chaco hay 20.000 metros cúbicos del río Paraná que podrían utilizarse para riego. En la región pampeana hay acuíferos de calidad. En las grandes obras debería tener un rol importante el Estado, porque es difícil desde el sector privado invertir en infraestructura, sobre todo porque hay muchos intereses en juego”.
Por eso –por lo de los intereses- el ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, aseguró que "el Estado nacional trabajará quirúrgicamente frente a las consecuencias del fenómeno climático”. Y de este tema debe saber mucho el líder de la CGT, pues el titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi aseguró que planea convocar a Hugo Moyano para conversar sobre los efectos del cambio climático y responsabilizar a dúo al Gobierno Nacional por la sequía. Yauhar explicó que la intervención del Estado "será una ayuda quirúrgica" y "no se trata de repartir dinero, sino de hacerlo llegar a aquellos productores que están en crisis" porque "la seca no le pegó a todos por igual". La provincia de Santa Fe, después de declarar la emergencia en seis departamentos recibirá el lunes cinco millones de pesos como ayuda sobre un total de quince, cuya entrega se concretará después de una reunión entre el gobernador y los funcionarios del área. La asistencia debe llegar a los que padecieron los efectos de la sequía y es por eso que la baja o quita de las retenciones es un reclamo más para seguir acumulando que para solucionar un problema.
Si lo pensamos bien, que los estancieros recurran a una baja o quita de retenciones como latiguillo, que lloren ante los micrófonos por la sequía que no padecieron, que agravien e insulten a los funcionarios del gobierno, que “mandoneen” como si estuvieran en sus chacras, es una foto que cae muy mal en estos tiempos que corren. Las retenciones constituyen en realidad un impuesto a las exportaciones; para exportar hay que producir; si tuvieron problemas con la sequía no pudieron producir; si no pudieron producir, no podrán exportar. Entonces, ¿qué tienen que ver las retenciones en todo esto? Una baja generalizada del impuesto a las exportaciones –retenciones- no va a beneficiar a los que no pudieron producir por la sequía sino a los que sí pudieron hacerlo a pesar de la sequía.
Las retenciones significan el emblema de la resistencia que otrora casi les brinda el triunfo a los nostálgicos del pasado, a los que quieren gobernar sin ser votados. Una foto vieja, ajada, que sumó en su momento a una sociedad engañada por los medios hegemónicos con la complicidad de un olvidable vicepresidente que selló su exclusión de la vida política con un vergonzoso voto no positivo. Esa película ya la vimos y es muy mala para padecerla dos veces.

miércoles, 11 de enero de 2012

Sinceramiento espiritual y político

De no creer. Todavía siguen mordisqueando la tiroides estos carroñeros. Para los relatores de curiosidades históricas del futuro, el affaire tiroides merecerá muchos capítulos. Por obra y gracia de las operaciones mediáticas se ha convertido en la glándula más famosa del mundo y tal vez se transforme en pieza de museo o reliquia para algún culto. Mientras más desvían el eje de la discusión política, mientras más caen en la bajeza de destrozar el modelo con insignificancias, mientras sigan empecinados en hacer política desde la no-política, más se refuerza la adhesión del colectivo al proyecto en curso. Y no sólo en nuestro país se revaloriza la política. En otro país de la región la política está empezando a contener nada menos que a la Iglesia Católica. México se prepara para recibir en marzo al Papa y se prepara en todos los sentidos, hasta con severas advertencias.
Desde hace un tiempo, Benedicto XVI está haciendo campaña en contra del matrimonio homosexual. Cuando estalló el escándalo por las denuncias por abuso a menores por parte de sacerdotes, el Papa declaró que no permitirá que se ordenen homosexuales, como si una cosa tuviera que ver con otra. El voto de castidad es una renuncia a la sexualidad, en cualquiera de sus variantes. Por lo tanto, da lo mismo que el sacerdote sea heterosexual u homosexual; lo importante es la renuncia al goce de la carne. Tanto apelan a la naturaleza y la vida y los principales emisarios de ese mensaje se niegan a ambas cosas, pero eso pertenece a una discusión interna, aunque no tanto.
En su homilía pronunciada durante el acto de consagración del Templo de la Sagrada Familia, en Barcelona, Benedicto XVI confirmó el rechazo de la Iglesia Católica a las uniones homosexuales y defendió como “orden natural” el matrimonio entre el hombre y la mujer. Líneas argumentativas harto escuchadas en 2010 durante los intensos debates para la modificación del Código Civil que incluye la figura del matrimonio igualitario. “La Iglesia se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familiar”, recalcó el Papa durante la misa celebrada en la obra cumbre del arquitecto catalán Antonio Gaudí. Más allá de la contundencia de esta idea, la figura del matrimonio homosexual fue incluida en la legislación de varios países de tradición católica. Esto parece indicar que las normas internas de la institución eclesiástica han dejado de influir de manera definitiva en las leyes civiles. Ya había ocurrido algo similar en nuestro país con la sanción de la Ley de Divorcio Vincular a mediados de los ochenta. El dogma se oponía a la disolución civil del matrimonio y la política evitó que eso siguiera ocurriendo. En julio de 2010 se produjo otro episodio de la misma saga con el matrimonio igualitario.
La ley civil –la que ejerce influencia sobre todos los ciudadanos- no debe estar inspirada en principios dogmáticos de procedencia religiosa. Los dogmas religiosos son para aquellos que deciden adoptarlos, las leyes civiles son para todos. Y eso produce un sinceramiento en nuestra sociedad. Siempre se ha dicho que en nuestro país el 90 por ciento de la población es católico y, más allá de las creencias personales, esto no es así. La disminución de los horarios de misa en las principales iglesias demuestra que la concurrencia a los rituales propios de esa religión es cada vez menor. Según la primera Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas del Conicet, el 60 por ciento de la población argentina dice ser católica a su manera, con todo lo que eso puede significar. Hay una frase que se repite en muchos ciudadanos, que pretende ser original e inteligente, que es más o menos así: “soy católico, creo en Dios pero le rezo a mi manera”. No es original porque se repite en muchos que no comparten los principios o el accionar de los representantes de la Iglesia. Y no es inteligente porque está dicha sin pensar –del latín inteligens- demasiado y encierra profundas contradicciones.
“Soy católico” es una afirmación de pertenencia a una forma de representación simbólica construida por el catolicismo. Pertenecer a una religión es compartir los principios y rituales que esa religión difunde. Por lo tanto, ser y pertenecer encierran una praxis, una práctica religiosa cotidiana y activa. “Creo en Dios” no es un atributo exclusivo del catolicismo, pues todo dogma religioso incluye una construcción de Dios. No hay una correspondencia causal entre creer en Dios y ser católico. La idea de un dios es compartida por todas las religiones, más allá de las diferencias y estilos. “Le rezo a mi manera”  es la negación absoluta de la religión misma. No existen las religiones individuales pues todas son comunitarias. Lo individual es la creencia. Religión proviene de re-ligare, que significa reunir en una iglesia –eclesia- que quiere decir asamblea. Esa frase que tanto circula es, entonces, contradictoria porque en ella se afirma pertenecer a una determinada iglesia porque se cree en Dios pero a la vez no se participa de ella. No participar de los rituales cotidianos, no compartir parte de los principios religiosos –y en muchos casos desconocerlos- y resaltar la acción individual de cierto contacto con la divinidad significa no pertenecer a ninguna iglesia.
José María Arancedo, el flamante presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, respecto a este punto afirma que “el hombre es un ser espiritual y ese espíritu tiene un horizonte de absoluto, no se satisface con lo que recibe. Es una capacidad de pregunta y de respuesta trascendente. Ahora bien, la respuesta a esto debe ser institucional”. Y agrega que “la dimensión social de la Iglesia debe ser ese lugar donde las personas se encuentren con Dios, pero también con una comunidad: no simplemente un encuentro individual y egoísta con Dios”. Desde el seno de la Iglesia notan esta ausencia participativa del que se afirma como ‘católico’ pero “con los curas no quiere saber nada”. Más allá de las creencias particulares, lo que está en juego es la institución como poder político y social, a lo que contribuye esa afirmación contradictoria. La pregunta es: ¿cómo se puede afirmar la pertenencia a una religión de la que no se participa?
Hay muchas formas de participación que tienen que ver con rituales iniciáticos, como el bautismo, la primera comunión y el casamiento, pero están más ligadas a costumbres sociales que a prácticas religiosas en sí. Y también están las festividades de origen religioso que han perdido el sentido espiritual, como Pascua o Navidad. La Pascua se reduce a ‘comer pescado’ el viernes santo y consumir huevos de chocolate el domingo. Y la Navidad se conforma como un festejo familiar que no incluye ninguna celebración religiosa, más que el armado del pesebre. ¿O acaso son muchos los que abandonan la mesa servida con cuantiosos comestibles el 24 de diciembre a las diez de la noche para asistir a la misa de gallo? Con estas líneas no se están atacando las creencias personales sino que se pone en cuestión la afirmación de pertenencia a una institución que es un poder que va más allá de la espiritualidad.
En México, la diputada izquierdista Leticia Quezada exigió que en la visita que realizará en marzo a la ciudad, el papa Benedicto XVI limite sus opiniones respecto a los matrimonios homosexuales. Una de las intervenciones más duras del papa sobre este tema la realizó en una alocución de año nuevo para los diplomáticos acreditados ante el Vaticano. El pontífice dijo a los diplomáticos de casi 180 países que la educación de los niños necesita "lugares apropiados” y que "el primero es la familia, fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer". Y afirmó que “las políticas que suponen un ataque a la familia amenazan la dignidad humana y el porvenir mismo de la humanidad". No las guerras ni el hambre, no la explotación ni el saqueo de los recursos naturales, sino la unión matrimonial entre dos varones o dos mujeres. Sólo eso amenaza a la Humanidad, según el Papa.
La legisladora mexicana sostuvo que estas opiniones pueden generar “animadversión” y “denuncias en su contra”. Además, lanzó un llamamiento a los líderes religiosos para que “adopten un lenguaje acorde a los tiempos que se viven” y, sobre todo, “se manejen con respeto hacia la comunidad que integra la diversidad sexual”. “Ya va siendo tiempo de que más allá de consideraciones de fe y posiciones irrestrictas apegadas a una doctrina, los jerarcas en el mundo, comenzando por el papa, se den cuenta de que al hacer este tipo de comentarios, alientan el odio y la discriminación”, afirmó la legisladora en un comunicado.
En Ciudad de México, como en muchos otros lugares, la iglesia católica está perdiendo el poder, lo que demuestra que la política empieza a regular las relaciones entre la sociedad y las corporaciones. Por eso hace falta un sinceramiento mayor. En definitiva, quien dice que a Dios le reza a su manera, en realidad no lo hace de ninguna manera. Decir cada tanto Dios mío, gracias a Dios o si Dios quiere son fórmulas mecánicas y hasta especulativas y no significan espiritualidad alguna. El sinceramiento es asumirse como creyente individual sin pertenencia a ningún culto. Más que nada para que no nos corran con un noventa por ciento ficticio a la hora de discutir leyes.

lunes, 9 de enero de 2012

Consejos para mitigar el desencuentro

Algunos pueden pensar que no está mal compartir cualquier cosa con cualquiera. Hasta un partido de fútbol con Macri. Un asado con Binner resultaría por demás de tedioso. No todos pueden desarrollar con éxito la habilidad de la palabra… ni de las ideas. Muchos hablan de la necesidad de diálogo pero, en los hechos, no demuestran ni mínima intención de un acuerdo. El ex gobernador de Santa Fe, en sus insistentes e insustanciales declaraciones a la prensa de los últimos días, demuestra todo lo contrario al deseo de diálogo. Aunque afirma encabezar una oposición responsable y dialoguista, sus dichos parecen más una declaración de guerra. Decir que la imagen positiva de La Presidenta se incrementó debido a la intervención quirúrgica a la que fue sometida con éxito es de una miopía política inconmensurable, porque significa casi un insulto. No conforme con eso, el ex anestesista se explayó sobre sus sospechas respecto al cambio de diagnóstico de la enfermedad de CFK. Claro, para sus planes electorales parece ser mejor una confirmación que una corrección.
Mientras tanto, los intelectuales anti K reunidos en Plataforma 2012 también se niegan a la posibilidad del diálogo al tildar de voceros del gobierno a los integrantes de Carta Abierta. Pero además, sostienen la hipótesis del gobierno autoritario que hegemoniza el discurso, lo que representa una lectura caprichosa de la realidad. Cuando no hay puntos en común, cuando no hay acuerdos iniciales en la lectura de un hecho, no hay posibilidad de diálogo. Y menos aún si se menosprecia y subestima a la persona con la que se quiere dialogar. Pero sobre todo, no se puede dialogar cuando en una de las partes hay mala intención. Mientras en el arco opositor siga primando el odio, mientras continúen con la saga del gobierno impostor e ilegítimo, mientras agiten consignas en defensa de los poderes económicos concentrados, mientras se nieguen a discutir de política en términos políticos, no hay diálogo posible. En estas condiciones, el resultado es el desencuentro, un estigma que recorre casi toda la historia de nuestro país.
La semana pasada hubo algunos incidentes frente al edificio de Uatre, que lidera Gerónimo Venegas. La entrada en vigencia de la ley 26272, que crea un nuevo régimen de trabajo agrario y reemplaza al RENATRE por la RENATEA, pone en evidencia la imposibilidad de cualquier acuerdo. El líder sindical, Venegas, afirma que esta nueva norma perjudica a los trabajadores rurales, cuando en realidad, es todo lo contrario. Y no porque se equivoque en la interpretación de la ley, sino porque no conviene a sus intereses. En este caso, no hay acuerdo posible porque hay deshonestidad en los argumentos iniciales de una de las partes.
Y lo mismo ocurre con los agoreros, los que advierten la catástrofe venidera, los que afirman que todo es simulación y relato, los que vocean que todo está mal… No hay dato que los convenza. Puede resultar entendible que en plena campaña electoral se recurra a las consignas efectistas para captar al electorado, pero a poco de iniciado el segundo período presidencial y ante un año que no va a estar signado por las elecciones es necesario que las fuerzas políticas se replanteen una nueva articulación con la sociedad. La actitud de campaña permanente empobrece el clima político porque se desarrolla en un plano muy superficial y no presenta soluciones a los problemas del ciudadano.
Negar las transformaciones afirmando que la brecha entre ricos y pobres creció es una mentira atroz. En una nota del último número de la revista Debate, el especialista en economía Roberto Navarro, sostiene que “en el tercer trimestre de 2011, las familias que pertenecen al decil más alto de la sociedad recibieron ingresos 16 veces mayores que el 10 por ciento más pobre. En 2003, la diferencia era de 37 veces”. Esto significa un avance enorme en términos de distribución del ingreso. Como la reducción en un 29 por ciento del Índice de Gini, que mide el grado de desigualdad de 0 a 1. En 2003 había llegado a 0,54 y hoy está en 0,39. Reconocer esto es un primer paso para seguir mejorando. Para entablar un buen diálogo hay que saber dónde se está parado.
La CEPAL –Comisión Económica para América Latina- presentó un informe detallado sobre la evolución socioeconómica de la región en los últimos ocho años, en el que se advierte que todos los indicadores de nuestro país mejoraron notoriamente. En este período, Argentina casi cuadruplicó a precios corrientes su Producto Bruto Interno, mejoró la penetración de sus exportaciones industriales y más que multiplicó por seis la inversión extranjera directa. Además, se redujo la pobreza y la indigencia, se produjo una mejora del nivel de empleo y se destaca el incremento del gasto –‘inversión’ queda mejor- público en educación y salud.
El crecimiento sostenido de la economía logró un descenso de la pobreza y la indigencia. Mientras que en 1999 un 8,6 por ciento de la población era pobre, hoy ese índice alcanza al 3,4 por ciento. En el mismo período la indigencia pasó del 3,4 al 1,4 por ciento. En el trabajo de más de 180 páginas, llamado Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe 2011, también se destaca un crecimiento del Producto Bruto Interno cercano al 285 por ciento, mientras el Producto Bruto per Cápita pasó de 3409 dólares en 2003 a 9088 en 2010. Como este despliegue de números puede resultar abrumador, basta decir que el crecimiento económico muestra una expansión a un ritmo promedio del 8 por ciento, lo que es una novedad en la historia económica de nuestro país, al menos en las últimas décadas.
Hay material para dialogar en serio. Muchas cosas faltan y éste es el mejor camino que ha encontrado este colectivo K para transitar y nadie propone otro. Sólo se escuchan chicanas. Del otro lado, nadie habla en serio con datos sobre la mesa. Estos logros son presentados como simulación o cortina de humo, tomando como verdaderos tontos a millones de ciudadanos que apoyan este proyecto. Binner, Macri, los intelectuales de Plataforma 2012, la legisladora del PRO Marta Varela y muchos otros insisten con la negación, con dejar de lado la discusión ideológica, con aplicar la lógica noventista de la corrupción sistémica como modelo de análisis de la situación actual. Cuando la ex candidata a gobernadora bonaerense, Margarita Stolbizer escribe en su twiter "no se puede hacer diagnóstico y comunicación oficial de cáncer y después decir que no era; ¿nos están cargando? Muy poca seriedad", está cancelando toda ocasión de diálogo. Está ignorando el sentimiento de millones. Con esa poca seriedad que denuncia –junto a todos los que se le sumen- está sentando bases sólidas para un nuevo desencuentro. La diferencia con otros tiempos es que están cada vez más solos.

sábado, 7 de enero de 2012

Relatos y re-latosos

Una palabra puede transformar nuestra visión de la historia. Ni más ni menos. Y también de la vida en general. Estar cansado no es lo mismo que estar agotado. Jorge Rial podrá afirmar que está en ambos estados. Agotado como que no da más o no puede dar más. El bajo rating baja al gran hermano de Gran Hermano. El relato marcará las diferentes maneras de analizar este hecho. Otras palabras juegan con asuntos más siniestros. Reemplazar “dictadura” por “régimen militar” no es una cuestión simplemente estilística, sino de matiz ideológico. Calificar de régimen militar a una dictadura es instalarla a un paso de “gobierno”, que suena más democrático. Como aproximarla un poco a los límites de lo humano. Humanizar una dictadura es toda una audacia en el actual momento de hermandad que transita la región.
De esa manera, se da por tierra con una frase que en sí puede tener poco sustento: “que la Historia me juzgue”. Poco sustento porque no siempre la Historia juzga y el juzgado tal vez esté muerto para entonces. La Historia juzga el pasado desde el futuro cuando es presente. O algo más o menos así. El que hoy dice “que la Historia me juzgue” sabe que quizá no se juzguen sus actos porque en el presente no se juzgan los actos de los personajes del pasado. Pasado, presente y futuro no son conductos separados, sino que se entrecruzan, mezclan, se entorpecen o aceleran, pero siempre están interactuando para constituirse en algo único.
Podemos pensar en la historia de un país, por ejemplo. Argentina y Chile compartieron dictaduras más o menos a un tiempo, sin embargo, los gobiernos democráticos subsiguientes no tuvieron una mirada similar hacia ellas. En el país trasandino hubo una continuidad entre la dictadura del dictador –para decirlo con todas las letras- Augusto Pinochet y los gobiernos democráticos que se sucedieron, no una ruptura condenatoria, con sus idas y venidas, como en nuestro país. Aunque recién ahora se haya habilitado la posibilidad real de juzgar a todos los responsables de delitos de lesa humanidad, el primer gobierno democrático juzgó a las cúpulas. Después cedió a las presiones para no llegar hasta el fondo. Pero desde el principio del retorno a la democracia se construyó una ruptura con el período dictatorial, salvo en el lapsus menemista, insultante indulto mediante. Los relatos sobre sendas dictaduras difieren entre un país y otro y eso construye distintas formas de ciudadanía.
El Ministro de educación chileno, Harald Beyer, explicó que la modificación corresponde a la decisión de referirse a ese período de la historia con un concepto "más general". “Régimen militar” es más general, por supuesto, que “dictadura”. Aunque el juego de palabras entre “general” y “militar” resulta tentador, es más importante aclarar que los términos generales pierden precisión. Las voces opositoras a la medida no se hicieron esperar. Ahora todo vuelta atrás. Se arrepintieron porque, a pesar de todo lo realizado por los gobiernos democráticos para ocultar la magnitud del accionar de la dictadura chilena, el cambio de un término por otro cayó muy mal. Esas discusiones parecen estar superadas en nuestro país.
Pero no todo es claridad en este lado de la cordillera. Todavía quedan algunos zoquetes que vociferan esas frases paupérrimas como “acá tendrían que volver los…” o “estas cosas no pasaban con los…”. Pero son pocos, al menos los que se animan a decir esas barbaridades ante un público abundante. Otros son peores. Con un halo de intelectualidad, afirman estar luchando –esgrimiendo sus doctas y fértiles plumas- contra un gobierno autoritario que nadie advierte.
“Plataforma para la recuperación del pensamiento crítico” es el nombre de un grupo de intelectuales que quiere erigirse como la voz opuesta a Carta Abierta. Escapar al efecto impositivo de un discurso hegemónico no es una tarea fácil. Pero es necesario y posible generar una voz colectiva que enuncie este problema y lo transforme en acto de demanda”, anuncian en su primera emisión. Y los intelectuales anti-K continúan así “si algo nos define como intelectuales es pensar sobre el mundo y la sociedad en la que vivimos, poner en cuestión los problemas que nos plantea, promover el debate de ideas, intentar leer más allá de la letra manifiesta y visibilizar lo oculto, tratar de salir de la mera apariencia de los efectos para bucear en las causas que los determinan”. Hasta acá, todo más o menos bien. Pero lo que se nota en la primera carta pública de este grupo de intelectuales es que alzan su voz en defensa de la corporación mediática. Y lo peor es que usan un listado de muertes violentas como excusa para lograr cierta identificación con la sociedad. “Efectivamente, en torno a estos y muchos otros hechos se elabora un discurso oficial que construye consensos, porque aparenta dar cuenta de una serie de necesidades sociales y reivindicaciones nacionales mientras se afianza la persistencia de lo mismo que aparenta cuestionar”. La apariencia que oculta lo que en verdad pasa, algo de lo que se trató en el Apunte anterior, “Amanecer de un año agitado”.  
Y el eje de este texto está puesto en el control discursivo desde la hipótesis del gobierno autoritario: “este relato disciplinador y engañoso utiliza la potencia de los recursos comunicacionales de que dispone crecientemente el gobierno para ejercer control social mediante la inducción de mecanismos alienatorios sobre las formas colectivas de la subjetividad”. Impresionante es este análisis de la sociedad realizado por lúcidos intelectuales observadores de la realidad, como se declaran. Y todo esto se efectiviza, de acuerdo a estos alucinados personajes, a través de un programa de la TV Pública, porque es de lo que hablan en la siguiente idea: “cuando desde los medios públicos se utiliza la denigración de toda voz crítica por medio de recortes de frases, repeticiones, burlas y prontuarización como procedimiento intimidatorio y se invalida a esas mismas voces cuando se expresan en otros medios, se produce una encerrona que por una u otra vía sólo promueve el silencio”. Pavada de intelectuales que se sienten seriamente alienados e intimidados por 678.
Hace unos días, un grupo de intelectuales en serio, de los que no se desgranan a los dos días, los de Carta Abierta, difundieron la carta número once, en la que realizan una interpretación de la victoria de CFK en las elecciones de octubre, en el sentido de la reafirmación popular de los logros alcanzados desde 2003. Pero también como compromiso hacia el futuro. Aunque el texto es muy largo, en un solo párrafo, es posible advertir que estos pensadores en contacto con la sociedad que observan, expresan una idea que es en realidad fruto de una construcción colectiva: “si la Igualdad es el horizonte de estas políticas, lo es como igualdad en la diferencia y reconocimiento de la heterogeneidad. Lo es como ampliación de la ciudadanía, que se va desplegando en un recorrido desde la inclusión –con las múltiples estrategias de reparación social– hacia la Igualdad. No es poco lo que falta en este sentido y seguramente nunca el camino estará cumplido. La igualdad en la diferencia debe ser también el signo de una democratización profunda de la cultura, a la que las mayorías tengan acceso, generando disposiciones al conocimiento y el disfrute de lo creado por este país”.  En estas líneas es posible advertir otro nivel en la elaboración de las ideas porque es otra la intención, más allá de los gustos.
En ambos grupos hay una puja por el relato, algo crucial en una sociedad. Si no fuera por el relato, el mundo sería una sucesión de hechos caóticos, inconexos, incomprensibles. El relato ordena los datos de la experiencia y construye la realidad. Sin relato no habría más mundo que nuestro entorno inmediato. No sabríamos más que lo percibido por nuestra propia experiencia y nada más que eso. En toda sociedad coexisten innumerable cantidad de relatos, algunos más expandidos que otros. El discurso dominante es el que más se comparte. Los militantes que acamparon en la puerta del Hospital Austral de Pilar en estos días para acompañar a La Presidenta, constituyen un hecho que puede generar distintas lecturas. Puede ser contado como un grupo de manifestantes agradecidos que pretenden dar fuerza a Cristina en este trance o como una caterva de vagos que viven de un subsidio y no tienen otra cosa para hacer que veranear en los alrededores de un hospital. La primera versión tiene el encanto de la mística y el espíritu de una épica; hay un sentimiento colectivo que conmueve, una fuerza que promete. La segunda versión, en cambio, está inspirada en el desprecio hacia la expresión popular. Esta última versión es el relato que siempre han sostenido los que sometieron al país a la peor de las historias, a la destrucción, a la aniquilación, a los índices más escandalosos de desigualdad, pobreza y desocupación. Ahora, los personeros de ese relato quieren volver a instaurarlo con la excusa de defender a los indefensos. Eso sí, envueltos en un inmaculado y límpido manto de intelectualidad.

jueves, 5 de enero de 2012

Amanecer de un año agitado

Ninguna universidad con prestigio internacional podrá avalar esto con estudios serios, pero los primeros días del año son, por lo general apacibles en estas latitudes. Las resacas y las despedidas tardías se reparten en los números iniciales del almanaque. La experiencia demuestra que el cerebro, en enero, funciona aletargado después de los festejos de fin de año y el calor hace que todo movimiento se produzca en cámara lenta. Un mes tranquilo también desde el punto de vista informativo. Los noticieros desarrollan su agenda a partir de los accidentados con pirotecnia y los imprudentes al volante. Y las infaltables cámaras en la terminal de ómnibus y los centros turísticos con clima de balneario en cualquier lugar del país completan los contenidos noticiosos. El ciclo lectivo parece determinar que enero es un mes entre paréntesis, como de vacaciones aunque todavía no hayan comenzado efectivamente. Sin embargo, estos primeros días del año no se presentan como apacibles y algo agita el ánimo de los argentinos.
La operación programada de La Presidenta por un carcinoma en la tiroides confirma el carácter épico del ciclo K, que pasa del festejo al drama en un abrir y cerrar de ojos. Y del drama al festejo. Porque a pesar de todas las macumbas, gualichos, muñecas con alfileres y unas cuántas cosas más, algunos van a tener que guardar las cornetas, bocinas y espumantes para otra oportunidad porque la operación de CFK finalizó sin complicaciones. Los que acamparon en la puerta del Hospital Austral de Pilar para compartir la angustia se fundieron en un alivio colectivo cuando sobre las dos de la tarde del miércoles el vocero presidencial, Alfredo Scoccimarro, anunció que todo estaba bien. Aunque el funcionario fue parco al leer el comunicado, los expectantes asistentes recibieron sus palabras como un canto de victoria y de inmediato comenzaron a saltar y cantar. Eso sí, sin hacer demasiado barullo, para no perturbar el descanso de La Mandataria y los demás internados. El happy end llegará en unas semanas, cuando, después de descansar en El Calafate y relajarse con la vista de los glaciares, vuelva a la actividad con toda la energía, creatividad y compromiso que la caracteriza.
Pero el thriller se asoma para opacar el brillo de esta épica con una pizca de realidad. La sorpresiva muerte del gobernador de Río Negro en un confuso episodio familiar parece corregir un error político al momento de tejer alianzas electorales y se convierte en una manera extraña de castigar el pasado reciente. Y como si formara parte de la misma historia, a la mañana siguiente de este episodio desaparece el Jefe Comunal de Colonia Catriel, una localidad de la misma provincia. Como si respondiera a una profecía ancestral, al tercer día reaparece, pero no para revelar arcanos, sino para confirmar el misterio. Un pedido de renuncia parece cerrar el caso sin otra explicación más convincente.
Esta primera semana del año también incluye otro hecho policial que puede tener trascendencia nacional y provocar una importante sacudida a la política de seguridad de la provincia de Santa Fe. Un submundo delictivo con complicidad policial deja en la impotencia a las autoridades políticas santafesinas. Asesinatos que se entrecruzan y construyen una red de venganzas piden a gritos un saneamiento de las fuerzas de seguridad. El fusilamiento de tres militantes sociales de no más de veinte años en Villa Moreno, un barrio de Rosario, fue interpretado en un primer momento como un ajuste de cuentas, esa forma tan cínica y macabra de ocultar un hecho delictivo. Una venganza con blancos equivocados vuelve a poner bajo la lupa a la policía santafesina y se convierte en un preocupante regalo de reyes para el recién asumido gobernador Bonfatti.
Estos hechos están relacionados a través del relato caprichoso de este apunte. No hay épica, thriller o policial, sino la vida mediatizada que se asoma en este mes desacostumbrado a tanto movimiento informativo. Pero así es nuestra relación con la realidad, la recepción de un relato basado en hechos que ocurren y que construye nuestro ánimo. Por eso, después de las elecciones presidenciales del 23 de octubre, se está colando un preocupante clima de misterio, como si detrás de todo lo visible hubiera algo oculto; como si las intenciones fueran diferentes de las palabras; como si todo lo bueno que se hace, fuera en realidad malo; como si la sintonía fina significara un retroceso; como si la alianza con el sector industrial fuera un complot contra los trabajadores; como si la muerte de Iván Heyn tuviera relación con el acto de Huracán en donde Moyano instauró su distancia.
El sábado pasado, en la contratapa de Página/12, Sandra Russo desarrolló un interesante análisis sobre la “teoría de la simulación política” y el desencuentro que provoca. A grandes rasgos, la periodista pone el eje en el facilismo de la desconfianza, disfrazada de mirada crítica hacia el Gobierno Nacional. Las transformaciones realizadas en nuestro país significarían para ciertos sectores una cortina de humo que oculta lo que en verdad sucede. Cada nuevo hecho, medida o decisión se engloba de esta forma en una especie de teoría de la conspiración. Todo es una gran puesta en escena para engañar al electorado. Tal vez, hasta la operación de Cristina forma parte de ese perverso plan actoral.
 Esta manera de analizar los actos de gobierno actualiza la desconfianza hacia la clase política que explotó hace apenas diez años. Desplazar el eje analítico al terreno de la no-política, impide que pueda apreciarse la esencia de las transformaciones que se han realizado hasta ahora.
Los que acordamos con este modelo siempre tenemos que aclarar –por pudor- que no está todo perfecto, que todavía falta un montón; que siempre va a haber conflictos y siempre va a faltar más inclusión y más distribución y no porque seamos insaciables, sino porque el daño que se ha hecho a nuestra sociedad es monumental y monstruoso.
Pero no se puede comprender este proyecto de país si lo analizamos desde la mirada no-crítica de los noventa. En aquellos tiempos no se apreciaba el daño neoliberal. Lo que parecía afectar nuestra vida era la corrupción y no el modelo de acumulación elitista, de inequidad, de desindustrialización y destructivo endeudamiento. Desde el discurso dominante achicar el Estado era evitar la corrupción. En realidad significaba trasladar al ámbito privado las acciones corruptas porque los políticos no servían para proteger a las mayorías.
Hoy hay una nueva lógica, un nuevo discurso, una diferente actitud. Es posible tener un estado activo, fuerte, que garantice desarrollo con equidad y que medie en los conflictos en beneficio de las mayorías. Las instituciones no son corruptas en sí mismas. Son los actores que están en ellas los que pueden cometer actos corruptos. Analizar este proyecto de país desde la corrupción y la farsa es hacer el juego a los nostálgicos de los noventa. No hace falta aclarar que todavía falta mucho. Pero todo lo que hay que corregir debe hacerse sin abandonar este camino lleno de intención y compromiso. Y de muchos logros, también.

lunes, 2 de enero de 2012

Sobre el progresismo y sus versiones

Desde hace un tiempo, algunos tratan de adjudicarse la etiqueta del progresismo. Pero cuando se indaga a fondo, ese progresismo es llano, plano, raso. En algunos casos es inexistente y en otros, no más que una máscara que se cae inmediatamente. Para desmenuzar este término habrá que recurrir a definiciones y ejemplos que pueden traer algo de luz al asunto. El diccionario de la RAE dice que progresista “es aquella persona, colectividad, grupo con ideas de avanzada y de la actitud que ello entraña”. Un progresismo es un “conjunto de ideas y doctrinas progresivas”. Lo progresivo es aquello que “favorece el avance o  lo procura, que aumenta en calidad y perfección”. En los noventa no se discutían estas cosas, no porque estuviera prohibido o algo así. Pero no cabía la discusión porque el muro de Berlín y su estrepitosa caída significaban mucho más que una transformación urbanística. Cualquier idea que intentase escapar del corset del discurso único era desvalorizada sistemáticamente por reivindicar un modelo que había caído junto con el famoso muro. El fracaso de un modelo parecía traer consigo el triunfo indiscutible del modelo opuesto. La muerte de las ideologías y el fin de la historia condenaban a la Humanidad a un presente continuo en un mundo donde las cosas ocurrían por simple fluidez. El mundo desde el que se defendía ese triunfo del capitalismo extremo hoy se enfrenta a una crisis de la que no saldrá con las mismas recetas fracasadas. Otro muro es el que se está derrumbando, pero más allá de cualquier espacio geográfico conocido. No hay muro material para derrumbar, sino el que impide visualizar una salida menos onerosa a la crisis del hemisferio norte. Una salida que incluya a todos los que no provocaron la crisis pero están padeciendo sus miserias.
No caben dudas que avanzar es estar mejor que antes. A nivel personal uno puede encontrar muchos motivos para decir que ha avanzado o progresado, siempre y cuando esté mejor que en un período anterior. Desde el punto de vista de una sociedad es más difícil evaluar la idea de progreso. Pero al menos se puede pensar en lo que abarca. Si se considera que la proporción de la población que cuenta con cobertura de salud en nuestro país aumentó más del 20 por ciento en los últimos diez años, es un dato evidente que muestra un notable avance. En 2001, la población con cobertura sanitaria por obras sociales, prepagas u otros planes no llegaba al 52 por ciento. De acuerdo a los últimos datos procesados del censo 2010 la cobertura sanitaria alcanza al 64 por ciento de la población. Esto indica el acceso a la salud a través de la incorporación al mercado formal de trabajo o un incremento de los ingresos. Además disminuye la carga sobre la salud pública que asiste a quienes todavía no han podido mejorar económicamente sus condiciones de vida.
Otro dato de progreso es el número de personas que se han jubilado. Mientras que en 2001, sólo el 70 por ciento de los mayores de 65 recibían una jubilación o pensión, en 2010 la cifra alcanza un 93 por ciento. Más allá de que el monto de los haberes no alcance a cubrir las necesidades con comodidad, la cobertura no es sólo económica, sino que incluye la atención sanitaria de PAMI que ha mejorado sustancialmente la prestación.
Con todo esto, se puede arribar a una definición más o menos aproximada de lo que es el progresismo en el marco de una sociedad. Progresismo abarca la idea de la inclusión social y la búsqueda de solución a los problemas de las mayorías. Alguien podrá decir que el modelo del derrame era, en cierta forma, progresista porque a través del incremento de las arcas de las minorías el goteo beneficiaría a las mayorías. Si alguno que está leyendo estas líneas acuerda con la idea anterior, vale aclarar que no ocurrió así, ni nunca ocurriría. Lo que sobra de sus apetencias es lo que gotea, no lo necesario ni lo justo. Para crecer, hay que empezar desde abajo, no desde arriba. Para avanzar, hay que mover los pies, que están abajo. Por lo tanto, todo progresismo debe buscar la inclusión y construir ciudadanía. El progresismo no es definible en sí mismo sino dentro de un contexto y en comparación con períodos anteriores. Y se conoce por sus acciones, es decir, por las transformaciones que produce. El progresismo es la izquierda más aceptable para una sociedad determinada.
Los que se dicen y no lo son
Los integrantes del FAP se dicen progresistas y sin embargo, lo disimulan bastante. Al votar en contra de la ley de papel para diarios no ayudaron a que una situación mejore para la mayoría de los diarios y periódicos de nuestro país. Aunque la decisión de esa agrupación beneficie a una corporación económica poderosa, se siguen considerando “progresismo”. La progresista Mónica Fein, intendenta de Rosario, no dudó a la hora de vetar una ley que transformaba a los cuida coches en trabajadores casi formales. Su progresismo los corrió con la policía e incautó las escasas pertenencias con las que contaban. Sin embargo, Hermes Binner, ex anestesista y actual asesor del Gobernador Antonio Bonfati, no se cansa de repetir que encabeza una fuerza progresista. En su momento, había confesado cierta coincidencia con el Gobierno Nacional en algunos aspectos, pero no en otros, lo que convertía al FAP en una oposición constructiva y responsable. Sin embargo, en los últimos tiempos el ex candidato presidencial ha realizado algunas declaraciones que lo alejan de esa oposición responsable y de toda idea de progresismo.
En primer lugar, suena un poco extraño que aproveche la intervención quirúrgica de La Presidenta para alimentar su postura opositora. Decir que la operación causó “una intranquilidad generalizada porque se produce en un momento de debilidad institucional del país” es una villanía. Y reforzar con “la Presidenta se va a curar, por la ciencia médica y por el deseo de todos, pero también necesitamos que se 'cure' la democracia” es un abuso de los juegos de palabra con poco nivel de elaboración.
Pero en segundo lugar, lo que afirma como crítica tiene una inconsistencia conceptual alarmante para alguien que aspiraba a la presidencia y una intencionalidad malsana para quien se dice encabezar una oposición responsable. Las chicanas sin sentido son aceptables en el marco de una campaña electoral, pero fuera de ella indican una pobreza enorme. No es posible afirmar que hay debilidad institucional con un gobierno que acaba de ser reafirmado con el 54 por ciento de los votos. Si para este buen señor la debilidad institucional es la mayoría parlamentaria del oficialismo, olvida que fue ésa una decisión de los votantes. Una mayoría electoral no puede producir debilidad institucional, sino todo lo contrario. Y si esto para el ex anestesista es el síntoma de la enfermedad de la democracia, entonces está restando valor a la voluntad popular. Y eso, de ninguna manera es progresismo. Con estos dichos, Binner no actúa como un opositor responsable ni constructivo, sino como un adversario que corre serios riesgos de convertirse en enemigo.
Para el ex gobernador santafesino, la democracia se cura “con más democracia, que asegure el diálogo y la participación para recuperar la confianza entre los argentinos”. Por si no se dio cuenta, en este año que acaba de terminar la democracia se ratificó en el clima electoral que recorrió todos los rincones del país para la renovación de autoridades, con un alto grado de participación. También se aplicó por primera vez lo dispuesto por la nueva ley electoral que garantiza el espacio publicitario gratuito en radio y televisión, además de concretarse con absoluta transparencia las Primarias abiertas y obligatorias. Con respecto al diálogo eso está asegurado, siempre y cuando no signifique la obediencia a los dictámenes de los poderes fácticos. 
El ex mandatario provincial debería aclarar por qué considera que la democracia está enferma. Tal vez porque la solución de los problemas genera conflictos; o porque la oposición no logró la representación parlamentaria suficiente; o porque no ganó él; puede ser que porque el gobierno gobierna y no es gobernado; porque los ministros responden al Ejecutivo y no a las corporaciones; o porque sabe que sólo defendiendo a los poderes económicos concentrados puede conseguir el apoyo necesario para acceder a algo. O simplemente porque se vio tentado por la idea de presentar una frase vacía que nada tiene que ver con el contexto que estamos viviendo. Y eso no es responsable ni constructivo… y mucho menos progresista.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...