viernes, 16 de noviembre de 2012

Mentira y cacerola, la lucha es una sola


Algunos mal pensados –como este escriba- sospechan que Macri aceptó hacerse cargo del subte sólo como herramienta de disputa con el Gobierno Nacional y de paso, para generar malestar en la población porteña. Por supuesto que los habitantes de la CABA no son “el país”, pero hacen tanto ruido que lo parecen. Entonces, una sola chispita basta para encender la hoguera capitalina. Y en eso, el Jefe de Gobierno porteño es un experto. Como sabe que no mide aún para posicionarse de cara al 2015, la única posibilidad de aproximarse al podio es socavar la solidez de La Presidenta. “Está claro que esto va a ser un costo para la Ciudad –explicó la vice jefa, María Eugenia Vidal- porque estamos asumiendo un servicio sin ningún tipo de apoyo del gobierno nacional, violando la Constitución nacional que es clara y dice que los traspasos se tienen que hacer con recursos". Miente, por supuesto, porque nada dice de lo que se ha depositado en el Banco Nación a lo largo de todo el año. También miente Bartolomé Mitre, el director del diario La Nación, en una entrevista realizada en Brasil. En cada una de sus palabras hay una mentira y detrás de cada mentira hay un destinatario que cree en ella. Y después de creer, de grabar a fuego las falsedades a las que decide dar crédito sin dudar, sale a cacharrear, convencido de que lo que sostiene es verdadero, aunque el mundo cotidiano se estrelle en su narizota.
Quizá por eso, los carroñeros abusan de tanta credulidad. La revista brasilera Veja entrevistó a Mitre y permitió que esbozara un panorama de ficción que asustaría al más valiente. La incongruencia del título de la nota ya anticipa bastante: “Una dictadura con elecciones”. Y de dictaduras sabe mucho el director de La tribuna de doctrina, pues ha sido cómplice y beneficiario –casi instigador- de la dictadura más sangrienta instalada en nuestro país. Pero su preocupación esencial es el 7D y por eso afila sus pestilentes colmillos para mentir despiadadamente. "La limitación de la libertad de prensa en nuestro país afecta a todos –pontificó- La libertad de Clarín es la libertad de toda la prensa argentina". En primer lugar, el 7D no va a pasar nada con la prensa, pues la ley regula los medios de comunicación audiovisual y cualquiera puede deducir que los diarios no estarán afectados. Tampoco la ley cercena la libertad de prensa ni de expresión, porque sólo regula la titularidad de las licencias y de ninguna manera los contenidos. Y por último, decir que Clarín, que ha crecido a fuerza de hundir competidores, presionar anunciantes y endosar su deuda a todo el pueblo, representa la libertad de toda la prensa resulta contradictorio y hasta insultante.
Pero no conforme con estas alteraciones de la realidad, el sucesor de El padre de la historia denunció que "alrededor del 80% de los canales de TV, periódicos y radios ya están bajo control del Gobierno". Y no conforme con esa senil alucinación, explicó que "la intención es lograr un control total de canales de televisión abierta”. Para no abundar en las ridiculeces vertidas por este patricio en el exterior, un par de fragmentos bastan para confirmar sus intenciones. “Tenemos cero de publicidad oficial. Somos independientes”. La pauta oficial no representa más que el 6 por ciento del total de la torta publicitaria, por lo que no es esencial para el sostén de estos medios. Independientes del gobierno, pero no de las empresas más importantes del país, a las que protegen desde sus páginas. Independiente del poder político, pero no de los poderes fácticos. Después, la frase que inspira el título: “esencialmente, vivimos en una dictadura de los votos". Estas palabras encierran un enorme desprecio hacia la voluntad del pueblo. Desprecio que se multiplica en las plazas caceroleras. Ya es común por parte de los sicarios de ciertos medios el uso de la palabra ‘dictadura’ con absoluta liviandad, pero es más grave aún cuando la pronuncia alguien que estuvo ligado a las verdaderas dictaduras, orquestadas por los que siempre trataron de dominar la economía del país en su propio beneficio.
Como el patricio, son muchos los que, para construir una imagen demoníaca del Gobierno Nacional, apelan a la patraña del autoritarismo. Para ellos, el gobierno es autoritario porque no están de acuerdo con las medidas que toma la Autoridad, sobre todo aquéllas que tienen como objetivo limar un poco los privilegios del Poder Fáctico. El gobierno es autoritario porque impulsó los juicios a los genocidas, aunque pocos son tan audaces como para cuestionar esto. Pero sobre todo, es autoritario porque la Justicia está avanzando hacia los civiles, cómplices, instigadores y beneficiarios de delitos de Lesa Humanidad. En estos días, el juez federal Fernando Poviña decidió el procesamiento de Carlos Blaquier, de Ledesma, como cómplice en primer grado por privación ilegal de la libertad agravada sobre 29 personas en los primeros meses de la dictadura. Este es el primer caso de procesamiento a un civil, pero no será el último. Y eso es lo que temen. Aunque la Justicia tarda, siempre llega.
Y a veces se pierde en laberintos enmarañados, de esos que tan bien preparan los arquitectos periodísticos. Unos meses atrás, comenzó el culebrón de la no-causa de Amado Boudou. Muchas seseras mediáticas, hasta exigían la renuncia del Vicepresidente. En los cacerolazos de este año, Boudou aparecía como el corrupto número uno y despertó los insultos más creativos de muchos manifestantes. ¿Cómo se puede dar marcha atrás después de tanto estiércol arrojado? Un escrito de 110 páginas presentado ante el juzgado de Ariel Lijo, firmado por Alejandro Vandenbroele, demuestra que no fue Boudou el que puso dinero para salvar a la ex Ciccone Calcográfica, sino el financista Raúl Moneta. Esa fue la acusación inicial que dio origen a cientos y cientos de falaces informes mediáticos. Ahora, Vandenbroele rompe el silencio profesional y afirma, como lo ha hecho siempre, que no es amigo de la infancia ni testaferro de Boudou.
Pero si no es Boudou, será Moreno o don Juan de los Palotes. Siempre habrá una víctima para crucificar desde los medios, siempre habrá una denuncia infundada devenida de una falaz investigación que despierte la ira de los Indignados Argentinos. Ese es el nuevo nombre que portarán ahora los antiguamente llamados caceroleros. Indignados por enojados, no porque hayan perdido ninguna dignidad. No son como los indignados españoles, que, como muchos ciudadanos europeos, padecen en carne propia la crudeza de los ajustes que muchas veces sufrimos en estas tierras. Lo único que padecen los indignados de acá es una manipulación alevosa por parte de algunos medios de comunicación. Y sólo confían en ellos.
Algunas fuerzas políticas –por llamarlas de algún modo- están tratando de capitalizar a estos iracundos protestones. Para dar por tierra definitivamente al mito de la espontaneidad, los organizadores empezaron a moverse fuera del universo virtual y convocaron a una reunión para debatir la continuidad del movimiento cacerolero. Para que no queden dudas, la tertulia –con bocaditos incluidos- se realizó en el Salón Auditorium Manuel Belgrano del Banco Ciudad, por lo que el macrismo no está ajeno. Apenas unas treinta y cinco personas asistieron para no llegar a ningún acuerdo, pelearse entre sí y sumar más enojo a la indignación. Lo que pasa es que los del PRO están muy apurados. Ya está Mauricio molestando por teléfono y anunciando con voz angelical que tiene un sueño –no como el de Martin Luther King, por supuesto- y nos invita a formar parte de él. Como el autor de estos apuntes no oprimió la tecla 1, se perdió el resto de la historia. No hacía falta saber más. El sueño de estos individuos se transforma en la pesadilla de todos. Y ya nos resulta por demás de conocida. Para los que no tienen memoria, un paseíto informativo por algunos países europeos la puede refrescar.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

De la manipulación al odio

       En algunos caceroleros –reales o espirituales- el 8N dejó una sensación de triunfo y no entienden cómo La Presidenta continúa empecinada en su soberbia. ¿Acaso esperaban que diera marcha atrás con muchas medidas para conformar sus caprichos? ¿Tal vez pensaron que, por haber convocado a mucha gente, iban a quedar sin efecto aquellas decisiones producto de una visión de conjunto para satisfacer las miradas individualistas que reinaron durante ese día? Experto en echar leña al fuego, Hugo Moyano lamentó que “después de un reclamo y movilización multitudinaria como la del 8, desconozca el reclamo”. ¿Cuál de todos? ¿Presentar su renuncia? ¿Morirse? ¿O dejarse colgar de una soga como proponen las huestes de La Solano Lima? ¿”Viva Cristo Rey” es un reclamo o una amenaza? Además, los tópicos más aceptables de las exigencias caceroleras –como inseguridad o inflación- no pueden resolverse de un día para el otro. Con respecto al resto de las pretensiones, muchas son descabelladas y otras proponen un camino inverso al legitimado con el voto hace poco más de un año. Así es que no es el gobierno el que tiene la obligación de conformar a los protestones, sino la oposición. Ellos son los que deben asumir, de una vez por todas, el lugar que ocupan en el amplio arco ideológico y proponer sueños en consecuencia. Y para ello, deberán abandonar la agenda carroñera, que confunde y trastorna el entendimiento.
Poco de lo que se vociferó en la calle puede transformarse en acción. Una cacerolera de las que corrió a Cynthia García de la Plaza de la República, le gritó “devolvé la fragata”. Prejuicio, desinformación, ignorancia, bestialidad. Todo eso en tres palabras. Una orden difícil de cumplir, no sólo para la periodista, cuyo departamento no debe tener el espacio necesario para albergar esa nave, sino también para la Propia Presidenta. Esta señora pensará que el embargo en el puerto de Tema es una estratagema de Cristina para apoderarse de la fragata y recorrer con ella los glaciares. ¿Creerá eso en serio o tanto odio la torna irracional? Algunos también gritaban “autoritaria”, más como un insulto que como una categorización política. Este ignoto profesor de provincias recordó el final de la película “La lengua de las mariposas”, cuando todos los habitantes del pueblo exclaman “ateos” al paso de los detenidos por la dictadura franquista. Y Moncho, el niño –buscando en su memoria un insulto terrible- vocifera “lepidóptero” al anciano y adorable maestro que le había enseñado las maravillas del mundo de la naturaleza.
Aunque muchos medios traten de ocultarlo, el 8N –y todo lo que vendrá- tuvo intenciones destituyentes. Gran parte de los bulliciosos concurrentes clamaban por la renuncia de La Presidenta, algunos con sutileza y otros con fiereza. Aunque puede sonar paranoico, estamos asistiendo a la puesta en escena de un intento de golpe institucional. La magnificación de ciertos conflictos y la invención de otros, la presentación del discurso oficial como falso o mentiroso, la instalación de la duda en las intenciones del gobierno forman parte de los pasos previos a la formación de un clima cuya intención es ablandar, debilitar la legitimidad institucional. Y no sólo desde los medios hegemónicos, sino también desde los exponentes de la oposición que ofician como corifeos.
Algunas expresiones de los cacharreros dejan traslucir una segunda etapa, un refuerzo del afán golpista, sobre todo aquellas que acusan al gobierno de zurdo, autoritario, comunista, stalinista o la analogía con Venezuela, Cuba, la Alemania Nazi. Todo esto es el resultado de un proceso de manipulación que alimenta los prejuicios anticomunistas o antipopulistas. Las protestas contra los planes, la AUH, las jubilaciones inclusivas, las viviendas sociales forman parte de ese menú. “Con mis impuestos se alimentan vagos” es la frase que condensa los cuestionamientos a las acciones de inclusión. Como contrapartida, la patria blanca incluida reclama abstracciones como libertad de prensa, libertades individuales, respeto a las instituciones y demás correcciones políticas. Por eso, los mensajes mediáticos y sus refuerzos están poblados de un purismo republicano que oculta en realidad lo que quieren: un gobierno frágil y obediente a las angurrias de los poderes fácticos. El calentamiento de la calle también forma parte de esta aproximación al golpe. Alentar todo tipo de protesta urbana para que se genere un clima de malestar generalizado que dé una idea de ingobernabilidad.
El 8N fue una movida superadora del 13S. Ahora viene el 20N, con el paro de la CGT de Hugo Moyano y la CTA de Micheli, ambas opositoras al Gobierno Nacional, con el invalorable aporte de Gerónimo Venegas, Luis Barrionuevo y alguna momia más. Mientras el camionero descarta concurrir a la plaza, Micheli, que planea cien cortes de rutas, puentes y vías, recomienda –o amenaza- “a la gente no salir ese día, a menos que sea para ir a la movilización”. Y por si esto fuera poco, los operadores de algunas fuerzas opositoras están orquestando desde las redes sociales una gran movilización para el 6 de diciembre –que contra todas las predicciones, será conocido como 6D- para hacer el aguante al Grupo Clarín. Todos estos evidentes intentos de tomar la calle para demostrar fortaleza, produce el efecto contrario: tanta desesperación, tantos gruñidos y ladridos no hacen más que mostrar debilidad. Debilidad que no significa otra cosa que someterse a la ley, ni más ni menos.
“Tenemos que ser muy inteligentes, sensatos y tranquilos frente a las provocaciones que algunos quieren hacer para retornar al régimen ultraconservador que arruinó a la Argentina”, declaró La Presidenta el lunes, desde Villa Constitución. Y agregó: “es bueno tener memoria, no para refregar nada a nadie sino para no volvernos a equivocar”. Un ciudadano de a pie explicó al autor de estos apuntes que cada vez que Cristina agarra el micrófono despierta más odio en la gente. En realidad, esos que dice odiarla cada vez más, nunca se han sentado a escucharla. Por el contrario, son incapaces de asimilar algo diferente al anquilosado sentido común con que han conseguido alimentar su odio. Y el odio está en ellos desde hace tiempo, a veces dormido, cuando gobiernos títeres satisfacen sus angurrias. Ciegos de odio. “Aprendamos a mirar, no a que nos muestren –clamó CFK el lunes- entendamos para que nunca más nadie nos engañe y nos lleve a cometer equivocaciones que usufructúan unos pocos”.
Porque este modelo aplicado desde 2003 en nuestro país ha sido beneficioso para la sociedad en su conjunto, incluidos a los que viven quejándose a pesar del empacho. De acuerdo a un último informe del Banco Mundial, la clase media argentina se duplicó entre 2003 y 2009 y alcanza los 18,6 millones de personas. Para Augusto de la Torre, economista jefe para América Latina de ese organismo, en 1995 la clase media representaba el 38 por ciento de la población, en 2003 bajó al 24 y en la actualidad está formada por el 46 por ciento de la población. El Presidente de la entidad, Yong Kim, afirma que “la experiencia reciente en América latina y el Caribe le muestra al mundo que se puede brindar prosperidad a millones de personas a través de políticas que encuentran un equilibrio entre el crecimiento económico y la ampliación de oportunidades para los más vulnerables. Representa un cambio estructural histórico” y esto “se debe a las políticas implementadas por los gobiernos”. No hay viento de cola, sino una decisión de desarrollo inclusivo.
Pero de nada de esto se enterarán los caceroleros, que están decididos a someterse al régimen de manipulación más embrutecedor para alentar el retorno al peor pasado. Al modelo del derrame, que no es otra cosa más que un minúsculo goteo posterior a un despiadado drenaje invertido. La Presidenta puso el acento en "la idea comprobada de que los argentinos debemos avanzar todos juntos y no es posible que sólo un sector se beneficie mientras el resto se hunde". No existe posibilidad de odiar a quien pronuncia estas palabras. Muchos miramos esperanzados el 7D, que no es una fecha mágica, sino el principio de otra forma de distribución de la palabra. Ese día vence la medida cautelar que protegió la desmesura del Grupo Clarín. Pero la ley no incluye ninguna norma que restrinja la capacidad para manipular. Eso corre por cuenta del usuario que decide continuar siendo una simple marioneta que sale a hacer bullicio con sus cacharros de cocina cuando un titular se lo ordena.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Ingentes esfuerzos de comprensión


Los caceroleros no son todos iguales. Algunos más violentos, otros más ingenuos. Unos entienden más, otros menos. Todos estuvieron pero de diferente manera. Un grupo minoritario hablaba de “los montoneros que están en el gobierno” y pedían la renuncia de La Presidenta, aunque afirmaban no ser golpistas. Otros –quizá los más- transformaban en demandas titulares periodísticos. También abundaban los personalistas, que pretendían convertir en protesta sus tropiezos individuales. Y, mezclados en la multitud, los que no entendían nada pero celebraban la sana costumbre de tener como enemigo al gobierno de turno. Eso sí: entre los caceroleros porteños no hubo uno solo que emitiera una queja hacia el Alcalde de la Ciudad. Después de convivir durante días con bolsas de basura, que con el calor, apestaban el ambiente, a nadie se le ocurrió protestar por semejante indignidad. Raro, pero real. Masoquistas o mugrientos. O ambas. Y de las inundaciones, ni hablar. A pesar de tener el monto para la realización de las obras, nada ha comenzado el gobierno de la CABA. Por el contrario, Macri sólo sabe echar culpas y pedir autorización para nuevos endeudamientos. Su única acción es pedir créditos para después depositar el dinero en el banco. Tan manipulados están los manifestantes que consideran que la ausencia de gestión en la ciudad es culpa de Cristina. La protección mediática del danzarín de Gilda, además de provocar cierto enojo, puede resultar peligroso para el país si alguien así pretende ser presidenciable.
El heroico trabajo en vivo de Cynthia García en medio del cacerolazo con las cámaras de 678 aporta retazos interesantes para el análisis. Cuando la periodista indagó a un manifestante qué pensaba de las inundaciones en la ciudad, el muchacho re preguntó: ¿acaso la tormenta fue culpa de Clarín? Si la culpa no fue de Clarín, entonces fue de Cristina, no porque la crean capaz de dominar los fenómenos meteorológicos, sino porque se niega sistemáticamente a solucionar los problemas que el niño Mauri genera en la Capital. Para la historia quedará la respuesta que dio el empresario devenido en político cuando le preguntaron sobre su presencia en el recital de Kiss, en medio del caos en el que vivía la ciudad, con cortes de energía, de agua y de recolección de residuos. “No estaba de joda. Estaba trabajando”. ¿Cómo puede ser que eso no despierte el enojo de los caceroleros? Y no conforme con eso, agregó: “hubiera preferido estar en casa con Antonia”. De “solucionar los problemas de la gente”, ni hablar. Si La Presidenta hubiese tenido una respuesta de tal calibre, todos los medios y políticos de la oposición la estarían crucificando y habrían generado una nueva protesta pacífica y espontánea para exigir su renuncia.
Otro episodio recogido por Cynthia sucedió con una joven que clamaba por la libertad jurídica. Cuando la periodista le preguntó qué quería decir eso, la cacerolera contestó: no sé, no soy abogada. Un loro podría haberlo hecho mejor. Muy gracioso, pero algo así desprestigia la tan mentada libertad de pensamiento, de expresión, de opinión o como quieran llamarla. Una opinión, para ser respetable, debe tener un respaldo argumentativo, sino es la mera repetición de algo que dijo otro. Peor aún, la reproducción de un enunciado cuyo sentido se desconoce. Una opinión respetable debe ser respetuosa. Esa -como muchas de las que se pudieron escuchar durante el 8N- no lo es. Los medios de comunicación y los opositores “han instalado determinadas frases, títulos, que cuando uno le pregunta sobre el título, no saben explicar y no saben desarrollar –explicó CFK el viernes- porque solamente está el título como si fuera una muletilla, no hay argumentación, no hay sustento, no hay idea, es simplemente repetir lo que lee o lo que alguien le dice desde una pantalla de televisión”.
Pero Cynthia García no pudo terminar su trabajo. Los que claman por la “libertad de expresión” amenazaron la suya y tuvo que escapar de las hordas caceroleras. No fue el único caso. El video del golpe recibido por el notero de C5N fue visto por millones de personas. Un poco menos, tal vez, el de la agresión padecida por el equipo de Duro de Domar. Difícil esquivar las lágrimas ante esas imágenes. Escupidas, agua, cerveza, empujones, patadas, golpes y hasta gas pimienta. Y, por supuesto, una variedad de insultos extraídos del menú mediático. Chorros, vagos, vendidos, vendepatrias, negros de mierda, lacra. Expresiones de odio imposibles de sortear. Hasta un cronista de Telenoche la ligó, para demostrar la exaltación desorientada que dominaba el tumulto. Periodistas de Telefé, de América TV y de Radio Nacional también fueron víctimas de ese enojo irracional. Uno de los agresores gritó: “éste es un país católico. Viva Cristo Rey”. En ese contexto, parecía una amenaza. O una fotografía amarillenta. El que trabaja en los recitales y no es músico ni telonero siempre dice que “hay que bajar el nivel de agresión”. ¿Estará haciendo referencia a estos episodios?
  Porque los políticos de la oposición tienen más responsabilidad en todo esto que los sicarios mediáticos. Como no pueden articular una plataforma alternativa al modelo en curso, sólo atinan a sacudir el tablero. Ellos son los que dan legitimidad a las manipulaciones des-informativas. Si un periodista afirma en su programa que la presidenta da miedo, que se parece a Hitler, está rifando el país o le pega a su criada deberá asumir la ridiculez de sus palabras. Pero si estas cosas las repite un político con representación, el asunto es distinto, porque denunciar estas tonterías profana la responsabilidad de su cargo. Y esto no puede englobarse en el pensar diferente. No se debe opinar sobre una realidad inexistente. Pero con esto, cayeron en su propia trampa. El esfuerzo por construir una imagen monstruosa del Gobierno Nacional y de la situación del país obtuvo como resultado un amasijo de individuos cargados de ira difícil de representar. Para el analista Artemio López, “la marcha profundiza la crisis opositora que fue explícitamente ausentada de la convocatoria de los ciudadanos que se manifestaron contra el gobierno. Le dieron la espalda a los políticos opositores”. Como diría cualquier abuela, les salió el tiro por la culata.
Los periodistas insisten con el armado espurio de la realidad para que los políticos opositores le den legitimidad. Entonces, afirman que Cristina no hizo comentario alguno sobre la asonada cacerolera, que de lo único que habló fue de la elección del nuevo Presidente chino. CFK sí habló del tema, pero lo que dijo molestó y resulta muy complejo para transformar en titular carroñero. “Yo lo único que les pido a cada uno de los argentinos, y fundamentalmente a sus clases dirigentes, que realmente diga lo que piensa y lo que quiere para el país, con sinceridad, que nadie se va a ofender, que nadie se va a molestar”. Precisamente, puso el dedo en la pústula. Porque si algunos periodistas y exponentes de la oposición sostienen consignas deleznables para socavar la legitimidad del Gobierno Nacional es porque no pueden decir cuál es su propuesta. Claro que tienen un modelo alternativo, pero les da vergüenza exhibirlo. El país que quieren es el infierno del que estamos saliendo.
Otra falsedad que trataron de instalar fue la figura del arrepentido. Muchas veces afirmaron en off sobre las imágenes que muchos de los protestones perpetuos habían votado por Cristina. Una afirmación que por intuición puede ser fácilmente descartada. Si alguien votó a CFK en las elecciones pasadas, parece insostenible que se haya pasado a la oposición extrema. Sobre todo porque lo que ha hecho La Presidenta es cumplir con el mandato de las urnas. Quien la eligió hace poco más de un año no puede convertirse en un cacerolero. O hay algo que no entiende.
No todos los caceroleros son iguales, pero lo que piden, es más o menos lo mismo. Un experimento interesante sería alojarlos a todos en un mismo territorio sometidos al programa de gobierno que exigen, a ver cómo les va. A los pocos meses terminarán caceroleando en contra del gobierno por el que antes caceroleaban. Difícil convivir con ellos cuando utilizan sus cacharros bullangueros fuera de la cocina. Dicen que no son escuchados, pero ellos son incapaces de escuchar. Afirman no ser respetados cuando se niegan respetar la voluntad de la mayoría. Sostienen que son odiados cuando las más despiadadas expresiones de desprecio provienen de ellos. Eso sí, hay que tener mucha paciencia y compresión. Quedan muchas catarsis callejeras por delante y el país que soñamos necesita que estemos despiertos. Más que nunca.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Sobre ladridos y cabalgatas

   Mucho ruido y nada de nueces. Los rumores previos a la catarsis cacerolera caldearon el ambiente más de lo que estaba. Que portarían armas, que habría sicarios disfrazados de K, que cercarían y hasta tomarían la Rosada, que los de Quebracho y los de Biondini. Nada de nada ocurrió, salvo algunas muestras de violencia hacia los móviles de ciertos canales, el cobarde golpe al cronista de C5N y otros desbordes que se irán revelando con el correr de las horas. Lo previsible cuando una protesta no tiene consignas ni objetivos precisos. Lo propio en una masa de individuos: nadie actúa en función de ningún conjunto. Lo que suele ocurrir cuando los protestones camuflan con valores ciudadanos una malsana y caprichosa repulsa. Que están en contra es lo único que quedó claro. Sólo en contra y nada más. Los ‘no’ y los ‘basta’ saturaron las consignas que rezaban los carteles. Algunos dicen que los dirigentes de la oposición deben tomar nota de la manifestación del 8N, pero resulta difícil transformar semejante amalgama negativa en un plan de gobierno. Para construir en política, se debe partir de un deseo, no de un rechazo. Dicen que Don Quijote le dijo a Sancho Panza: “ladran, señal de que cabalgamos”. Los anti K ya ladraron; ahora sólo queda seguir cabalgando.
Una cuestión que debe quedar en claro: el modelo K obtuvo un indiscutible 54 por ciento de los votos hace poco más de un año. En aquel entonces hubo un 46 por ciento que no votó por la reelección de CFK y se repartió entre las variadas ofertas opositoras desde un 17 por ciento hacia abajo. Ese 46 por ciento no acordaba con el estilo y el fondo del primer gobierno de Cristina y por eso no la votaron. Pero ese 46 por ciento no puede considerarse como un todo porque en las elecciones presidenciales optaron por caminos diferentes entre sí. Si bien con pocos argumentos, aún no aprueban las medidas del Gobierno Nacional –y no tienen por qué hacerlo- lo que no significa que hayan alcanzado alguna forma de unidad. Ni tampoco que tengan en claro qué es lo que desean de un gobierno porque –vale la pena reiterar- el rechazo no es un deseo, punto de partida esencial de cualquier plan de acción. En todo caso, ese 46 por ciento sólo objeta lo que el 54 por ciento aprobó.
Que si hubo más asistentes que el cacerolazo del 13S es indiscutible, pero eso no significa tanto. Las demandas por la negativa eran tan diversas que cualquiera podría haberse sumado. El límite, por supuesto, estaba en muchas de las fuerzas convocantes y adherentes que podrían despertar cierta desconfianza. Más allá de estas especulaciones, el requisito principal de esta movilización era estar enojado. Enojado por algo, por todo o por el enojo mismo. De ahí que los problemas que los porteños padecieron el día previo suenan a confabulación. Paro sorpresivo de la línea del Ferrocarril Sarmiento sin motivos a la vista; cortes en el suministro de agua; un sospechoso corte de energía en un día de extremo calor sin superar el pico de demanda; la basura amontonada en las calles por un conflicto con la empresa recolectora; los semáforos del centro fuera de servicio en la hora del regreso; líneas de subterráneo interrumpidas hasta en mitad de los túneles con pasajeros en los coches. Todo pareció responder a la fórmula: enójese hoy y descárguese mañana. Enojos concretos que reforzaron los enojos abstractos. Ambos con un solo destinatario: La Presidenta. Enojos que cruzaron la General Paz y hasta las fronteras del país.
El corte de energía llama la atención. Edesur informó que la interrupción se produjo por un problema en dos líneas de alta tensión que –según parece- afectó a los clientes de Edenor, por estar interconectado el sistema. Para el Gobierno Nacional no hubo un problema por la demanda que superó la oferta, sino un simultáneo error de funcionamiento en esas dos líneas. El ministro de Planificación, Julio De Vido, sostiene que el caso requiere una profunda investigación administrativa porque, al parecer, “alguien bajó la palanca”. El funcionario explicó que no se detectó ninguna irregularidad en las líneas de transmisión colapsadas. “Hemos recorrido la línea que interconecta la estación transformadora de Hudson con la Central Costanera, en forma terrestre y por inspección aérea, a lo largo de sus 23 kilómetros, y no se detectó ninguna falla física –aseguró De Vido en conferencia de prensa- ningún transformador que haya tenido problema alguno, lo cual nos mueve por lo menos a curiosidad. Y cuando un funcionario público tiene curiosidad, lo que tiene que hacer es investigar”. No sólo investigar, sino también presentar una demanda judicial “por la posible comisión de delito de destrucción total o parcial del servicio público”. Además, el ministro resaltó que “no tuvo absolutamente nada que ver con un problema de mantenimiento. Una de las líneas fue totalmente reconstruida, el 50 por ciento por la actual gestión, y la otra fue mantenida y está fehacientemente determinado en los libros de control que, en la semana anterior, había tenido un mantenimiento especial”.
Pero el éxito de este episodio opositor no se debe sólo a estos inconvenientes sembrados para enojar. También hubo una difusión por las redes sociales que se retroalimentaba con los medios tradicionales, en una simbiosis casi conspirativa. Los instructivos con recomendaciones apuntaban a convertir la protesta en una casi inocente obra teatral del cole. Nada espontánea, por supuesto, aunque algunos insistan con esa idea. El diputado radical Ricardo Gil Lavedra señaló que "ha sido una manifestación popular de un alcance extraordinario. Ha sido espontánea y de enorme magnitud, demuestra que hay un reclamo de cambio de estilo, de modo, de forma de gobernar, es un reclamo contra la soberbia, contra la falsedad y el totalitarismo de este gobierno". En estos dichos también están marcados los falsos motivos de la protesta. Tan espontánea como las máscaras que repartía el legislador Christian Ritondo, las de Anonymous, pero con un ‘7D’ en la frente y una cruz tachando la boca. Y tan claras las intenciones.
Como la idea de los organizadores era permitir el vuelo creativo de los asistentes, las pancartas contenían consignas de muy dificultosa concreción como “Estamos fuera del mundo” o “examen psiquiátrico a los candidatos”.  El Partido Liberal Libertario difundía por una radio libre el curioso lema “libertad para disponer de tu sueldo”. Cada una de estas frases está basada en ideas falsas que se difunden en los medios y tiene tres objetivos: sembrar desconfianza hacia la política (los candidatos necesitan exámenes psiquiátricos); el Gobierno Nacional debería abrirse al mercado de capitales –más endeudamiento- porque “estamos aislados del mundo”; y el Estado no debe meterse en el patrimonio de las personas, lo que implica permitir la evasión, la especulación y el lavado de dinero, entre otros actos de corrupción.  
Infaltables los reclamos por la inseguridad, la inflación y el rechazo al inexistente proyecto de reforma constitucional. Algunos denunciaban que La Presidenta siembra odio y otros pedían la “renuncia de la yegua”. Mientras algunos mostraban aversión por planes, asignaciones y subsidios otros se quejaban del desempleo y la pobreza. Otros reclamaban más derechos para los discapacitados. Eso sí, todos estaban enojados y desaforados. Todos se sentían valientes y hasta un poco patriotas. La recuperación de la Fragata Libertad también estaba entre los reclamos, aunque muchos de ellos recién se enteraban de la existencia de ese barco. También hubo insultos hacia el polémico Moreno, de cuya función conocen poco, pero están convencidos de que la cumple muy mal. En fin, todo viene bien para mutarse en protesta.
Pero tragarse todo esto es muy doloroso. Tanto rechazo es inmerecido. Este enorme apoyo a las no-propuestas de los opositores provoca cierto desaliento. Esta amnesia grupal resulta incomprensible. No ha pasado tanto tiempo desde la crisis de 2001 y sin embargo, esos tiempos parecen tan lejanos. A pesar de esto, el grueso de los manifestantes parece no recordar lo que es estar verdaderamente mal. Pero sobre todas las cosas, lo que queda en evidencia es la falta de discernimiento al momento de identificar a los responsables del problema que padecen. Y también que los medios sólo tienen poder si los espectadores lo permiten. Ya gruñeron y ladraron. Ahora, a seguir cabalgando.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Lo que rechazan y lo que apoyan los del 8N

   El discurso del miedo fue el disparador del cacerolazo del 13S. Cristina había dicho una cosa y las propaladoras de estiércol –con sus fieles servidores- presentaron otra. Los caceroleros, como tiernas ovejitas, respondieron a la manipulación y salieron a manifestar que no tenían miedo con sus cacharros y cuanto utensilio ruidoso encontraron en el desván. Tamaño valor. Valor dólar, el verdadero motivo que provocó la ira de la mayoría de los manifestantes. Lejos de avergonzarse por consumir tan mala información, los percusionistas cacharreros recrudecen su accionar protestón sin advertir siquiera quiénes son los compañeros de ruta que engrosarán sus filas. Páginas y páginas cargadas de nombres que figuran como los organizadores apolíticos del 8N, todos relacionados con agrupaciones de derecha y más allá -como los neonazis de Biondini y hasta militares retirados- que ellos, por supuesto, jamás leerán. No tienen tiempo ni ganas de preocuparse por esas cosas mínimas. Nada de lo que se diga podrá convencer a un cacerolero de desistir de sus ruidosos planes expresivos. Porque el cacerolero quiere desterrar de la faz del planeta todo lo que huela a kirchnerismo, porque ya no lo soporta, aunque no entienda bien por qué. En esta nueva versión se incorporará el problema por la basura y el paro sorpresivo de los confabuladores ferroviarios. Por más que el Gobierno Nacional no tenga responsabilidad por estas cosas, bienvenido sea el reproche. El cacerolero sabe de antemano que todo lo que ocurre es culpa de Cristina, blanco de todos los torpes prejuicios que lo movilizan.
El 8N es la combinación de los instrumentos de 2001 con los orquestadores de 2008. En tiempos de la rebelión de los estancieros, muchos de los que acompañaban fervorosos las protestas callejeras y los cortes de ruta poco entendían de retenciones, pues con los preconceptos bastaba para sumarse. Lo mismo ocurrió en el 13S: aunque se recitara de forma textual lo que Cristina había dicho, la fantasía autoritaria ya estaba rodando y no había vuelta atrás. Todos clamaron en contra del miedo. Ahora, la Corte Suprema decidió separar al juez federal de Quilmes, Luis Armella, de la ejecución del saneamiento de la cuenca Matanza-Riachuelo y hasta elevará una denuncia penal. De eso hablaba Cristina en ese discurso, de ese juez que multaba a los funcionarios que denunciaban irregularidades en la elección de las empresas encargadas de la obra. Con la excusa de cumplir los plazos, Armella no aceptaba las denuncias y “tenía aterrorizado a todo el mundo”. Y entonces viene la frase tan manipulada, tan distorsionada, tan confundida. Pero no hay que aterrorizarse, solamente hay que tenerle temor a Dios, y a mí en todo caso también un poquito, por lo menos los funcionarios que dependen de mi nombramiento”. Y eso fue todo. Una trampa muy tonta en la que cayeron muchísimos individuos que se creen ciudadanos. “Cristina se compara con Dios”, “Cristina dice que hay que tenerle miedo”, “no se puede amenazar a la población” y demás sandeces acompañadas por rostros severos y constipados.
Si en septiembre fue el miedo, el dólar y la libertad, para el 8N hay todo un catálogo de demandas –analizadas en el apunte anterior- que pretende expandir el universo quejumbroso hasta límites insospechados. Lejos de reclamar una solución a los problemas que denuncian, lo único que quieren es que Cristina se vaya, que se esfume, que se desvanezca en el éter. Quizá un número importante de manifestantes no tenga plena conciencia de esto, pero los organizadores y algunos partidarios, sí la tienen. Y apuestan con sones de cacerolas a conseguir lo que no pudieron en las urnas: apoderarse nuevamente del país para someterlo a su antojo.
Simpatizantes y adherentes engrosarán con su presencia la convocatoria de una minoría patricia que no debería ser más que anecdótica. Si entendieran qué rechazan, si supieran lo que apoyan, tal vez muchos de ellos ni se molestarían en revolver las alacenas buscando algún trasto bochinchero. Si observaran bien quiénes son los que convocan, seguramente se quedarían en su casa observando, espantados, las escenas difundidas por TV.
En septiembre se oponían a una posible reforma constitucional que habilite la reelección de CFK, aunque, por ahora, nadie habla de iniciativa alguna en ese sentido. De cualquier modo –y para reforzar la idea- más de cien diputados de amplio espectro ideológico firmaron un documento cuyo fin es rechazar cualquier proyecto que intente declarar la necesidad de una reforma constitucional. En este jueves cacerolero se agregará este nuevo viejo reclamo. En el rechazo a la reforma también se incluye un poco de repulsa hacia el modelo, al que no pueden comprender en su totalidad. No los organizadores, sino muchos de sus adherentes. Como tampoco comprenden por qué los bancos privados deben obedecer a las decisiones del Banco Central o por qué este organismo toma acciones que se apartan del catecismo de encumbrados economistas vernáculos. No importa que los bancos, entre julio y octubre, hayan prestado más de siete mil millones de pesos para inversión productiva a tres años con una tasa no mayor al 15 por ciento. Una acción muy importante que sólo ocupa un 5 por ciento de los depósitos bancarios. Tampoco importa si más de la mitad de esa línea crediticia haya tenido como destinatario a mini, pequeñas y medianas empresas.
También rechazan la recuperación de Aerolíneas Argentinas, de YPF y el importante rol de la ANSES, con la AUH, los nuevos jubilados, las netbooks. Y el plan Pro.cre.ar y todo lo que se ha hecho en obra pública. De más está decir que entre todo lo que despierta la aversión de organizadores y caceroleros está también la ley de SCA y el advenimiento del 7D. Seguramente, los que espantarán la fauna urbana a golpe de cacharros no se han enterado que los trabajadores de prensa de TN y Canal 13 se reunieron la semana pasada con Martín Sabbatella para expresar su apoyo a la ley. “Tenemos una posición que apoya el cumplimiento de la ley de la democracia y estamos reclamando el cumplimiento del Estatuto del Periodista y del convenio colectivo de trabajo que no se cumple dentro de los noticieros”, detalló Daniel Raichijk, delegado de la Comisión Interna de trabajadores de esos dos canales.
Si sorprende lo que rechazan, espanta lo que apoyan. Los adherentes aprueban que Argentina sea el país en el que circulan más dólares por habitantes, después de Estados Unidos. Mientras Brasil tiene un promedio de 6 dólares en billete, en nuestro país supera los 2000 per cápita. También aceptan las seis corridas cambiarias que hubo desde la asunción de Cristina en 2007, que significaron una fuga de más de 70 mil millones de dólares. Y acceden complacidos a que sean las calificadoras de riesgo y los fondos buitre los que califiquen nuestra economía y sellen nuestro destino.
Los caceroleros adherentes y muchos de los simpatizantes no forman parte del grupo minoritario y clasista que fomenta y organiza esta nueva marcha de la incomprensión. Si supieran que detrás de esta nueva catarsis quejumbrosa están los que han provocado nuestras peores crisis y se han beneficiado con el hundimiento de la economía nacional, se abstendrían de salir a la calle el 8N. La Fundación Pensar –que aunque parezca mentira es la usina de ideas PRO-, la Sociedad Rural y otras fundaciones relacionadas al macrismo están detrás de la organización de esta riesgosa manifestación. El senador Aníbal Fernández sostuvo que el 8N “es un invento de una facción de ultraderecha cuyo único objetivo es la defensa del Grupo Clarín”. Pero además, esta convocatoria tiene un inocultable componente de sectores procesistas, de militares y personal de fuerzas de seguridad. El Congreso Nacional de Suboficiales Argentinos llamó a concentrarse en repudio al gobierno de CFK, pero lo más inquietante es que convoca a “todos los militares de la República” a una jornada de “reencuentro nacional”.
Sin dudas asistirá mucha gente a esta concentración tan poco constructiva. Quizá, un número importante de los asistentes ignore estas cosas y no mida las consecuencias de su adhesión. O tal vez sí, pero no le importe demasiado. Puede ser que lo consideren un juego. Más allá de todo esto es necesario que tengan en claro que están trocando un país cargado de futuro por un conjunto de acciones cuyo fin es socavar un modelo que está sacando a Argentina del peor de los pasados. De ese país al que la mayoría no queremos retornar.

lunes, 5 de noviembre de 2012

La inasible ideología cacerolera


En los últimos tiempos, las propaladoras de estiércol se lamentan por la profunda división que reina en nuestro país. Periodistas, columnistas, diputados y demás plañideros culpan al Gobierno Nacional por las discusiones en la vida cotidiana de los argentinos. Que si unos amigos han dejado de verse porque no tienen la misma visión sobre la realidad del país; que si una familia no puede compartir un momento de televisión porque los programas preferidos son opuestos; que si dos hermanos se pelearon dos días antes de las elecciones… Insignificancias cotidianas que no pueden transformarse en plataforma política. Además, no debe ser la única sociedad del mundo que presenta fracturas por diferencias ideológicas. Claro, en otros lados hay bombardeos por esos motivos. Acá, cuanto mucho, algunos insultos y, quizá, empujones. Como si la historia no fuese una sucesión de constantes cambios, que producen en su transcurrir divisiones y enfrentamientos. Que un periodista afirme que el odio reina como nunca antes en Argentina es, si no mentiroso, al menos exagerado. El odio, en otros tiempos, ha provocado fusilamientos y desapariciones. El odio y la división provienen de los defensores de un modelo en extinción y ese fingido lamento es una muestra más del resentimiento ante la disminución de cuantiosos privilegios de los que goza una minoría patricia. Disminución mínima, vale aclarar. Pérdida de privilegios que no atraviesa esencialmente lo económico, sino el codiciable universo de lo simbólico.
El privilegio de gobernar sin someterse a elecciones es lo que defienden, con todo lo que eso puede significar. El privilegio de convertir el territorio nacional en un coto de caza para satisfacer sus angurrias, a costa del sometimiento de las mayorías. El privilegio de amoldar las instituciones al patrón de sus apetencias. Y por supuesto, el privilegio de convertir su discurso en dominante para poder justificar sus atrocidades. Lo que ellos llaman división, en realidad es resistencia. El odio que ellos denuncian no es otra cosa que la disminución de su poder de daño a través de los límites que disponen las instituciones democráticas. Cuando ellos se definen como medios independientes del Gobierno, en realidad están exigiendo el retorno de los gobiernos dependientes de los medios, que no son otra cosa más que la vidriera de las grandes corporaciones. Claro que hay división en nuestro país: entre los que quieren un país gobernado por las ambiciones predatorias del Poder Económico y los que desean un país conducido por un Estado que contenga a todos sus ciudadanos. 
Y como falta un año para las próximas elecciones, el escenario elegido para esa disputa es la calle principal de cualquier ciudad del país. Además del escenario, cuenta con una fecha épica conocida como 8N. Lo que sobran son los motivos, o mejor dicho, las excusas. Porque muchos de los que se manifestarán ese día ignoran las razones reales de esa expresión callejera. Otros –un poco menos, seguramente- sí conocen esos motivos, pero los ocultan, los disfrazan, los adornan. Los que comandan esta rebelión mimetizan la defensa de las corporaciones con ornamentos republicanos y llaman a defender las libertades, lo que equivale a decir ‘sus privilegios’.
Para eso han elaborado una trama de consignas de tan diversa especie que parece destinada a todos los habitantes del país, incluidas mascotas y aves de corral. Algunas de ellas, de tan abstractas, son difíciles de transformar en acción, como “basta de sembrar odio”, “basta de dividir a la sociedad”, “basta de impunidad”, “basta de patoterismo”. La más curiosa es, sin dudas, “basta de violencia verbal”. No resulta fácil imaginar un proyecto de ley que prohíba los insultos en una cancha de fútbol, en un embotellamiento a la hora pico o en cualquier discusión entre vecinos. Otras consignas reclaman por más inclusión, como “basta de desnutrición infantil”, “basta de villas sin urbanizar”, “basta de barrios sin agua, cloacas ni electricidad”. Ideas que no tienen nada de malo sino proviniesen de quien provienen. Hasta los más empachados se lamentan por el hambre y la pobreza, siempre y cuando solucionar esos problemas no implique tomar una sola de las migajas de su perpetuo y suculento banquete. Otras consignas de inclusión no comienzan con ‘basta’, aunque suenan como si ese deverbal estuviera presente, como “educación sexual para los más jóvenes” y “más empleos dignos y menos planes”.
También están las consabidas “basta de inseguridad”,  “basta de corrupción”, “basta de impunidad”, que son amplias, a la vez de oportunistas. O las que están basadas en simples ficciones en la percepción, como “basta de autoritarismo”, “basta de liberar asesinos para hacer política” o “basta de adoctrinar políticamente en las escuelas”. Este último es curioso porque permite otros adoctrinamientos, como el religioso, por ejemplo. Entre este listado de ‘bastas’, se colaron pretensiones de los que llevan adelante esta movida. Estos constituyen el leit motiv del 8N: “basta de trabas a las importaciones y exportaciones”, “basta de perseguir con la AFIP al que piensa distinto” y “basta de estigmatizar gente por Cadena Nacional”. Lo que significa, lisa y llanamente, que el Estado permita que hagan lo que se les dé la gana en beneficio de sus mezquinos intereses aunque perjudiquen a los demás. Para evitar las ridiculeces y exabruptos del 13S, no incluyeron en este antojadizo listado nada referido a la compra de divisas o los viajes al exterior. Los organizadores de este piquete paquete y espontáneo quieren evitar que esa consigna –la esencial- se destaque entre las otras. Como buenos defensores de la libertad de expresión, dictaron a los manifestantes –esbirros a conciencia o no- lo que tienen que manifestar, además de las recomendaciones para la vestimenta y la difusión on line de las pancartas que deben exhibirse, listas para imprimir.
Este abanico multicolor de consignas opositoras –muchas de las cuales no tienen sustento en la realidad- no busca siquiera la solución de esas demandas. Los diseñadores de este colorido acto y algunos de los asistentes sólo quieren terminar con este modelo que amenaza con limar un poco sus privilegios y los deja descolocados. Pero como son tan pocos que no alcanzarían a cubrir las veredas de una plazoleta, quieren disfrazarse de mayoría y por eso convocan con consignas tan variadas y confusas. Hasta desquiciadas.
Desquiciadas y peligrosas, como la última puesta de escena de la diputada Elisa Carrió. Hablar de su estado psiquiátrico minimiza sus intenciones. El loco puede no tener plena conciencia de lo que dice o su discurso ser tan luminoso que no puede entenderse. El loco es inimputable. Pero Carrió, no. En su aparición de temporada, pidió a los jueces “que recuerden otra Argentina” y denunció que La Presidenta “da asco institucional”. ¿Qué otra Argentina deben recordar los jueces, la oligárquica, la dictatorial, la fusiladora, la saqueadora o la que estaba permanentemente de remate? El asco institucional, ¿tendrá que ver con quiénes son los principales beneficiados de este modelo? Pero lo más sospechoso de este reciente show de Carrió es la conmovedora invitación al 8N, día en que no estará presente. Pidió a la ciudadanía que no tenga miedo de manifestarse porque no va a pasar nada. Y si pasa algo será culpa de Cristina, como siempre. Cuando uno aconseja a alguien que no tenga miedo de algo es porque ese algo puede despertar temores. No sea cosa que en esa puesta en escena esté la confesión encubierta de que se está preparando algo que rompa con la tranquilidad con que se desarrolló el 13S. Un grupo de sicarios con remeras de La Cámpora y sumamente agresivos con los manifestantes caceroleros, por ejemplo.
Confusiones que se producen cuando las cacerolas no se usan para cocinar, porque el propósito de su sonido es errático. Como señala una humorada que circula por las redes: una cacerola no entra en la urna. Tampoco se pueden sembrar, porque de ellas no brota nada. No hay futuro en un cacharro ruidoso, sino pasado. Un pasado de corporaciones que ordenan y presidentes que obedecen. Porque el 8N quiere frenar el 7D. Y ésa es la división de la que tanto se lamentan. Para alcanzar el país con el que muchos soñamos el 7D debe convertirse en la despedida al modelo predatorio y excluyente. El 7D comienza una siembra y después que florezcan mil flores. O más.

viernes, 2 de noviembre de 2012

La batalla por un sueño


Todo parece formar parte de la misma historia. Todo ronda más o menos sobre lo mismo. El sueño que muchos sentimos como propio o la pesadilla que se quiere apropiar de todos nuestros sueños. Una pesadilla ya vivida y pergeñada por los mismos –o casi- que hoy quieren reinstaurarla. A pesar de los años y el deterioro, se resisten. A pesar de estar avejentados, frágiles y enfermizos, intentan dar miedo, amenazan, gruñen desde los rincones más oscuros. Algo de épico tienen estos tiempos, como una novela de caballería, con héroes y villanos, nobles e innobles, doncellas y brujos malvados. Tramas siniestras, conspiraciones, celadas, trampas. Aliados y cómplices, guerreros y sicarios. Monstruos que asoman sus hocicos para propagar pestilencias. Esto que parecen fábulas salidas de la más alucinada –y extemporánea- imaginación no es otra cosa que el tránsito hacia el 7D, fecha en que uno de los grupos económicos y mediáticos más importantes del país deberá acatar una ley surgida de las instituciones democráticas. En los últimos tiempos, el Grupo Clarín ha dejado al descubierto la potencia de sus tentáculos, que se tienden hacia los ámbitos más intrincados de la sociedad. Pero como nada es suficiente para detener estos tiempos de cambios, ha sido el propio Magneto el que emerge de las sombras para comandar esta batalla.
Desde Montevideo, el CEO de Clarín se presenta como el líder de esta fuerza de choque. Agotados todos sus recursos y desarmados sus espadachines, asoma la máscara para ordenar sus tropas. Ante algunos medios, confirmó que el conglomerado empresario que conduce no presentará un plan de adecuación, de acuerdo a lo establecido por el artículo 161 de la LSCA. Fiel al latiguillo dictado a sus acólitos, el empresario afirmó que "no hay libertad de expresión, sin prensa independiente; si se debilita una de ellas, entran en peligro las dos". Libertad de expresión entendida como el privilegio de una minoría para gobernar el país detrás de un muro de papel entintado. Prensa independiente que no es otra cosa más que la elaboración de libelos para mantener un sentido común destructivo y proteger la avidez de esa minoría. Después habla de debilidad y peligro y ahí está la clave. Magneto, por primera vez en toda su historia, se siente débil y en peligro. De personaje siniestro y enigmático, pasó a ser un hombre casi derrotado que promete resistir hasta agotar sus fuerzas. Por eso pide algo que nunca ha necesitado: ayuda.
En sus mensajes institucionales exhibe la alianza con el público como un idilio indestructible. Ahora convoca a sus seguidores para que se conviertan en guerreros. Por eso se mostró "optimista, porque la sociedad está empezando a reaccionar y pienso que tiene reservas para sostener esta batalla en el tiempo". La sociedad, la gente, esa entelequia a la que siempre recurren para erigirse como representantes apócrifos, es la que saldrá a la calle para defender los intereses del Grupo. Y de todos los que se escudan detrás sus muros. El CEO está azuzando sus cuadrillas para la contienda del 8N; las instruye sobre el uniforme y las acciones, las consignas y los cánticos; les veda los motivos pero los colma de excusas.
Excusas que circulan en las redes pero que se inician en sus medios, en la palabra de sus más incondicionales compinches, dispuestos a propalar indecencias disimulando el embarazo, ignorando toda alarma de vergüenza. Cómplices que no sólo son periodistas, sino también jueces, políticos, abogados, expertos en estiércol y productores de boñiga. No importa el absurdo al que llegue el relato, lo importante es que haga, al menos, un poco de mella o que aporte prejuicios para los prejuiciosos perpetuos. Que nadie venga a decir que Marcelo Bonelli cree en las fantasías entorpecidas de la diputada Carrió, quien, en el colmo de su histrionismo, denunció que los porteros de los colegios públicos del conurbano están con la remera de La Cámpora escuchando lo que dicen los profesores para detectar a un contrera. O que el voto de los adolescentes se va a comprar con dinero o droga.
Si la diputada Elisa Carrió ya no tiene respeto por sí misma, que al menos simule tenerlo por los ciudadanos, que se esfuerce un poco más en sus lucubraciones agoreras. Pero no es la única. Con sólo escuchar de vez en cuando al elenco estable de invitados a TN se podrá demostrar que siguen un confuso guión que ni ellos alcanzan a comprender. Un Moyano que dice que ahora Clarín miente menos o un Binner que acusa al Gobierno Nacional de la herencia que dejó en la provincia por él gobernada. O economistas que afirman que el rumbo de la economía está tan mal que parece ir muy bien. O constitucionalistas que declaran que la reforma constitucional es anticonstitucional. Afirmaciones que no requieren siquiera una comparación con los hechos para descartarlas.
Y muchos de estos personajes están tan comprometidos con la defensa de las corporaciones que hasta son capaces de montar un show fuera de los estudios televisivos. El Congreso sirvió como escenario para el “Operativo Cuervo”. Después de horas de destilar insultos, agravios y descalificaciones, además de dibujar intencionalidades oscuras en el proyecto de ley, todos los actores –que simulan ser diputados- se mostraron exageradamente ofendidos por una ironía chicanera de Andrés Larroque. Y volvieron los insultos, agravios y descalificaciones, con el agregado de agresiones y retos a duelo. De esa manera lograron opacar un triunfo más de la Democracia en la ampliación de derechos. En lugar de celebrar la conquista, titularon con el escándalo.
La palabra “narcosocialismo” parece ser más ofensiva que fascismo, totalitarismo, dictadura, bipolar, viuda, “me siento más tranquila con este hombre muerto”, corrupta, ladrona, asesina… Y la lista puede poblar el espacio restante de este apunte sin haberse completado. Hay que ser muy pero muy bobo para engancharse con esa opereta. Tal vez muchos la tomen como excusa, como combustible para alimentar la caldera. Ninguno de los que se escandalizan con el exabrupto de Larroque ha dicho una sola palabra sobre las maniobras del Monopolio para eludir el cumplimiento de la ley que muchos de ellos aprobaron. Tampoco dicen nada de los incentivos que han recibido muchos jueces para pronunciarse contra la ley desde las playas de Miami. Su actuación sólo tiene el objetivo de contentar al amo, a riesgo de transformarse en los bufones del rey.
Durante un acto en Casa de Gobierno, CFK advirtió que estamos ante una verdadera campaña anti Argentina, producto del éxito que tuvo nuestro patrón de acumulación”.  No es la primera vez que se refiere a nuestro presente como mal ejemplo para la concepción ortodoxa de la economía, ese tornado que azota Europa. Pero esa campaña no viene sólo del exterior. Carroñeros internos apuestan al fracaso de este modelo y afirman que estamos aislados del mundo para alentar el ingreso de los destructivos especuladores financieros. Sirenas horrorosas que aconsejan no pagar deuda para retornar al sometimiento. “¿Cuál es el negocio de los bancos? –preguntó La Presidenta- Es que no pagues, para que tengas que hacer revolving y entonces hacés la bicicleta financiera a la que estuvo sometida la Argentina desde 1976 hasta que vino Néstor Kirchner”. Esos oscuros personajes “saben que de esa manera se derrumban muchas cosas y ellos, unos muy poquitos, se llenan de oro y de plata a costa de la miseria de los argentinos. Por eso quieren quebrar”. El país hacia el que vamos es el sueño de la mayoría. Sólo unos pocos quieren destruir ese sueño para retornar a las pesadillas. Sería lamentable que lo logren.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...