lunes, 15 de julio de 2013

El lado que molesta



Candidatos: ¿gurúes o predicadores?
En el inicio de la campaña electoral, el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, pronunció una frase desalentadora… para los opositores que veían en él una esperanza blanca, vale aclarar. “Con el modelo se está o no se está –definió el ex motonauta- Una mujer no puede estar medio embarazada y esto es lo mismo”. Y así desesperó a varios exponentes de los medios opositores. Aunque muchos seguidores del kirchnerismo lo consideran un poco tibio ­–tanto en sus palabras como en su gestión- su compromiso con los candidatos oficialistas es mucho más que una formalidad. “La fuerza de este proyecto y la mejor manera de honrar a su creador, Néstor Kirchner, es poner el hombro y todo lo que haya que poner pensando en nuestra gente”, explicó la semana pasada en la Casa Rosada. Desde hace un tiempo, la idea de los dos lados resulta enloquecedora, más aún para los que aseguran no estar en ninguno. Pero ya es indudable: los que afirman estas insostenibles sandeces ya se han definido por uno de los lados, pero se niegan a admitirlo. Y no es el lado K del mundo, precisamente.
Estos opositores que no se piensan como tales, parapetados en una equidistancia ficticia, simulan tener una mirada crítica sobre las cosas. Sin embargo, se lo pasan arrojando dardos criticones hacia uno solo de los lados. Y evidencian en sus dichos sólo las fuentes informativas que provienen del bando hacia el que nunca disparan. Estos son los que dicen que hay que escuchar las dos campanas o que todos mienten y necedades por el estilo. O que hay algunas cosas buenas pero muchas que hay que cambiar. O que no se puede estar en la permanente confrontación. En fin, un muestrario de rechazos disfrazados de neutralidad. Pero sobre todo, lo que más molesta a estos personajes es que haya dos bandos. Sin dudas, estaban más cómodos cuando había uno solo. Pero durante mucho tiempo eso no será posible, porque significaría una dolorosa derrota.
Ahora bien, esto no quiere decir que haya sólo dos posibilidades de analizar la realidad. Al contrario, puede haber una pluralidad de miradas, múltiples formas de afrontar los problemas, diferentes caminos para resolverlos. Pero, en lo crucial, casi todo termina reducido a dos bandos. Por ejemplo, la pobreza se puede reducir con distribución del ingreso o con exterminio de pobres. Y entonces, las miradas intermedias pueden sugerir distintas maneras de hacer una u otra cosa. Más drástica o más gradual. Abandonar a su penosa suerte a los ciudadanos más desprotegidos de la sociedad es un exterminio lento, por ejemplo. En estos diez años, la gestión K optó por la distribución del ingreso de una manera paulatina pero constante y progresiva. Y así y todo ha tenido y tiene una resistencia inusitada por parte de los que gozan de una posición más que cómoda. Tal vez debería haber sido más drástica. Todavía estamos a tiempo. 
Algo similar puede pensarse en torno al rol del Estado, aunque no es muy sencillo plantear las dos posiciones contrapuestas. Si partimos de la necesidad de un Estado presente para garantizar la redistribución del ingreso, la antípoda sería uno ausente para no garantizarla. Con casi nada de esfuerzo, llegaríamos a la conclusión de que es imposible que un Estado esté ausente. En el segundo caso, estaría muy presente para garantizar y hasta promover una distribución inequitativa del ingreso. Y así, generar pobreza, el exterminio lento. También profundizar las diferencias, los abismos que separan un estrato de otro. El Estado aportaría su presencia protectora para contener a las hordas que, hambrientas, pujan por unas migajas de dignidad para sus vidas. Y ‘contener’ presenta una serie de variantes, desde la represión hasta la caridad. Entonces, la contrapartida de un Estado presente no es uno ausente sino uno que es inexistente. Un no-Estado, algo imposible en una sociedad, por más pequeña que sea. Un grupo de personas que enfrentan el desafío de la convivencia –desde los distintos tipos de familia hasta una sociedad comercial- debe generar reglas para asegurarla. La división de los roles, puede ser una primera forma organizativa. Así, constituir una versión doméstica de Estado. Tarde o temprano, deberán abordar ese tema para evitar el fracaso.
Entonces, el Estado siempre estará presente para alcanzar el equilibrio que debe buscar una sociedad. La polaridad se constituye a partir del matiz que tomará el Estado para construir ese equilibrio; no de su presencia o ausencia, sino del recorrido que proyecte, de las decisiones que tome. En definitiva, optar entre una estabilidad casi horizontal entre dos platillos –y los que existan- o la pervivencia de uno solo. Una sociedad con abismos o con escalones; de privilegios o de derechos; con inclusión o con exclusión; de iguales o de desiguales; de dispares o de parecidos. Esa es la primera decisión que debe tomar un Estado y a partir de ahí se conforman los bandos. La confrontación entre los que quieren uno u otro. El conflicto, que tanto asusta. Las acciones y las reacciones. Esa toma de posición inevitable es el punto de partida para la generación de las ideologías. Ni más ni menos.
Posiciones ideológicas que se disparan a cada paso, ante toda decisión, ante un nuevo problema. Que seleccionan aliados, adversarios, socios y confidentes. Que construyen un imaginario, un discurso, un relato fundacional. Que generan causas y motivos; héroes, mártires y villanos; banderas y cánticos. Bandos, lados, polos o como quiera llamárselos. Partidos, frentes o movimientos. Y el primer paso define el camino. Esa primera huella sugiere las siguientes, y también la meta.
Por eso muchos se niegan a hablar sobre esa pisada primigenia, porque así delatarían el tipo de equilibrio que pretenden alcanzar. Por eso se disfrazan, actúan, recitan; prometen generalidades y auguran catástrofes. Por eso esconden sus pasiones y exageran su discreción. Por eso gambetean preguntas y balbucean respuestas. Por eso se acoplan hasta la obscenidad. Por eso se exponen al ridículo. Porque no pueden confesar qué tipo de sociedad quieren: si con abismos o con escalones, con redistribución o con exterminio, con privilegios o con derechos, con ciudadanos o con individuos.
Por eso los candidatos opositores parecen más adecuados para dictar un curso de autoayuda que para ocupar una banca en el Congreso. Por eso prometen más rechazos que propuestas. Mientras afirman no apelar a los slogans vacíos, apelan a los slogans vacíos. Para seducir a un electorado irascible que supieron construir, juran oponerse a una re re que La Presidenta no quiere. Nada dicen del espionaje, del lavado de dinero, de la JP Morgan, del maltrato europeo a Evo Morales. Sólo hablan de la reforma, que significaría dar un adiós definitivo al país neoliberal. Quizá temen que ese adiós los abrace también a ellos. CFK afirmó muchas veces que no le interesa seguir en la presidencia. Y lo ha dicho de muchas maneras. "Ya dije que no soy eterna, que se queden todos tranquilos –reiteró en Río Gallegos- ahora tenemos que pasarles la posta porque estamos viejos y cansados y otros tienen que seguir adelante". Cristina está segura del camino emprendido, de sus logros y beneficios. Y sabe el país que quiere. "El futuro es nuestro porque hemos logrado construir una conciencia colectiva en todos, sobre todo en los niños y en los jóvenes, de que es posible que todos tengamos las mismas oportunidades y derechos". Ese es el país que quiere y éste es el lado desde el que se construye. Lo otro es el otro lado.

sábado, 13 de julio de 2013

Las mentiras mediáticas ya no son un desafío



Un antídoto en manos del lector
Ahora sí empezó la campaña electoral para las PASO, aunque los medios con hegemonía en decadencia parecen más compenetrados en la contienda que los propios candidatos de la oposición. O, por lo menos, agudizan su creatividad y ostentan un mayor encarnizamiento. Pero ya no se preocupan por la obviedad de sus operaciones ni por la fugacidad de sus efectos. Lo importante es ametrallar con balas de estiércol que se desarman en plena trayectoria y no alcanzan siquiera a salpicar el blanco. Lo único que logran es emporcar el escenario y plagar de hedor el ambiente. Apenas consiguen que el núcleo duro de sus seguidores recite como autómata el latiguillo cotidiano. Las mentiras se desmienten a poco de disparadas y el que las toma como ciertas queda descolocado hasta ante su mascota. Quien no aprendió a desconfiar de esos libelos se ha convertido en un engañado a voluntad, en una complacida víctima de las manipulaciones más obscenas, en un súper desinformado convencido de no serlo. En un individuo que, enceguecido por una neblina de prejuicios, pretende actuar como ciudadano.
De una o de otra manera, apuntan a presentar al Gobierno Nacional como el culpable absoluto de todo lo malo que ocurre. Y lo poco bueno será por el viento de cola o porque Dios –de existir- debe ser argentino. O porque, a pesar del empeño que ponen los funcionarios K en hacer las cosas mal, tienen tanta suerte que les salen bien. El catálogo de casos es tan extenso que podría resultar agotador reproducirlo. Y un poco enloquecedor, también. Menos mal que el ministro Randazzo estaba en el país, sino lo hubieran responsabilizado por la explosión del tren cargado de combustible en Canadá o el descarrilamiento en Francia. Al menos, el choque de trenes en Castelar muestra una realidad diferente a lo que habían presentado en su momento. Tal vez por eso ahora digan poco.
El informe preliminar elaborado por la comisión investigadora –con ingenieros de cuatro universidades públicas y dos representantes del Estado- confirma lo que se sospechó desde un comienzo: más que una falla mecánica hubo una voluntad homicida. Después de haber examinado la caja negra de la locomotora, el video grabado durante la trayectoria, la información del GPS y el audio del recorrido llegaron a la conclusión de que en ningún momento se accionaron los frenos antes de la colisión ni se intentó disminuir la velocidad, sino todo lo contrario. De acuerdo a todos los datos revelados hasta ahora, el choque fue adrede, aunque el maquinista afirme que hizo todo lo posible para evitarlo pero nada funcionó. A partir de ahora, habrá que cuidar la vida de Daniel López que, como principal imputado puede ser un valioso informante. No sea cosa que termine asesinado en un dudoso atraco, como el testigo de la Tragedia de Once. Difícil creer que el maquinista ocasione semejante drama sin una oscura mente que lo haya inspirado.
Más inspirados estuvieron los cráneos del matutino La Nación en la nota “Pésima señal para un fisco en problemas”. A partir de los resultados de una encuesta, trataron de mostrar un panorama desalentador sobre el empleo registrado. Sin embargo, la Dirección General de los Recursos de Seguridad Social, dependiente de la AFIP, salió a desmentir semejante invectiva. El trabajo informal alcanzó su nivel más bajo de los últimos veinte años. En la actualidad, la cantidad de trabajadores que aportan al Sistema Integrado Previsional Argentino duplica la cifra de 1994, alcanzado los 7780885. Una más que no les sale.
Tampoco les salió lo del pan, a pesar de que intentaron amontonar a los compradores antes de las diez de la mañana. Los muchachos de TN y sus autómatas repetidores trataron de despertar la indignación del público y ejemplificaron muchas veces con la escena de un precio a las 955 y casi el doble a las 1005. Sin embargo, nunca dijeron nada de las ofertas de las grandes cadenas de supermercados que variaban su precio de un día para el otro. Tampoco intentan explicar que el incremento en el valor del pan se debe a una estrategia especulativa en la cadena de comercialización del trigo y sus derivados. En este caso, la culpa la tiene el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, que hace esfuerzos inhumanos para aparecer como culpable de todo. En realidad, si no fuera por él, la angurria empresarial nos hubiera pasado por encima.
Tantos esfuerzos para demonizar al funcionario tiene sus frutos: al menos, algunos en la calle lo mencionan como “Patota Moreno”, sin entender demasiado por qué. Sólo repiten lo que escuchan en los medios y los replicantes locales. Sin embargo, no advierten estar adoptando los argumentos de los que se resisten a ser controlados. En estos días, Moreno se presentó a declarar ante el juez Claudio Bonadío y el fiscal Ramiro González a raíz de una denuncia presentada por algunos dóciles candidatos opositores con escasa incidencia política. Obedientes a los dictados del Poder Fáctico, Patricia Bullrich, Eduardo Amadeo, Ricardo Gil Lavedra entre otros con menor representatividad denunciaron a Guillermo Moreno por las sanciones impuestas a tres consultoras privadas. Pero el juez federal Julián Ercolini no vio delito alguno y archivó la causa. Ahora insistieron con los mismos argumentos: incumplimiento de los deberes de funcionario y abuso de autoridad.
Pero Moreno explicó que las consultoras divulgaban índices de precios de manera irregular para producir incrementos en las tasas de interés, del riesgo país y de los intereses de los bonos que se ajustan por el índice inflacionario. Aunque algunos no lo crean, el Secretario de Comercio defiende los intereses del país y sus habitantes. Quizá por eso –y no por presiones oficiales- los jueces cumplen con el ritual de interrogarlo pero descartan iniciarle alguna causa, porque no advierten irregularidades en su accionar. Al contrario, avalaron las sanciones impuestas a los economistas que juegan más a favor de intereses privados, en detrimento de los públicos, a los que siempre anticipan fracasos y nunca dan cuenta de sus errores predictivos. Hasta hay una denuncia penal formulada contra la consultora de Melconian y Santángelo, por inventar un índice de inflación, “producto de una reunión con agentes de mercado y destinado a crear inestabilidad con el objeto de obtener ganancias”.
Por supuesto que es más fácil y menos conflictivo actuar como manipulado que como un informado autónomo. Con los títulos leídos de reojo o escuchados al pasar basta para estar en contra. En otros tiempos se podía hablar de la eficacia de los medios en su accionar manipulador, cuando el público no tenía demasiadas posibilidades de contrastar los contenidos masivos. Hoy, un paseo por distintos diarios no insume mucho dinero: sólo requiere invertir un poco de tiempo y voluntad. Compromiso, también. Y un poco de desconfianza hacia los que han gobernado desde siempre sin someterse a elecciones, provocando los mayores desastres de nuestra historia. Porque no estamos hablando de un conjunto de medios que expresan una opinión sobre las cosas, sino de operadores que defienden intereses nocivos para nuestro futuro. De una vez por todas, hay que comprender lo que está en juego y sólo la responsabilidad del ciudadano puede cambiar la historia. Y quien no lo entienda no es porque no puede, sino porque no quiere.

miércoles, 10 de julio de 2013

Juramento, mentiras y silencio



Mientras algunos comercios se preparan para rechazar el billete de cien pesos con la imagen de Evita, en Bogotá, la Conferencia Latinoamericana de Imprenta de Alta Seguridad le otorga un premio por su diseño y excelencia. Claro que no es eso lo que inspira la repulsa, sino un odio ancestral. Después se rasgan las vestiduras por la división que existe en nuestro país. Esa brecha ha existido siempre y resultará difícil de superar. A riesgo del Autor, imposible. Pensar en una sociedad de cuarenta millones sin conflictos y unida en pos de objetivos comunes no es una utopía, sino una ingenuidad, para no utilizar un adjetivo que podría herir la susceptibilidad de algún lector. Quien prometa eso, está mintiendo con descaro. En todo caso, lo que se esconde detrás de esa consigna es el sometimiento de las mayorías a los intereses de la minoría. Porque de eso se trata tanta declamación dramática con que algunos candidatos tratan de seducir al electorado. Una vez más habrá que aclararlo: cuando desde algunos sectores se exige diálogo es porque quieren obediencia. El país normal que algunos quieren imponer es el del consenso para la inequidad.
Algo nunca visto ocurrió en estos días. El candidato y creador del Frente Renovador, Sergio Massa, lanzó su campaña asumiendo un “compromiso público de fuego”: los integrantes de la lista firmaron una declaración ante escribano público en la que juran no “avalar en el Congreso ninguna iniciativa de reforma de la Constitución Nacional ni de reelección indefinida”. Lo que no es un compromiso sino apenas una promesa es que defenderán con “uñas y dientes” la AUH y la “inclusión jubilatoria”. Con uñas y dientes pero no con sus firmas. El intendente de Tigre aseguró, además, que no dará “ni un paso atrás” en la política de DDHH. Nada dijo sobre pasos hacia adelante, justo ahora que se vienen los juicios a los beneficiados civiles –instigadores, en realidad- de la última dictadura.
Cuando alguien jura es porque el otro desconfía. Los motivos de la desconfianza pueden ser muchos. La suspicacia permanente mimetiza la ausencia de criterio para evaluar los hechos. Quien siempre duda parece más inteligente, aunque no lo sea. El que está en contra cree estar más iluminado. El recelo es más fácil porque un solo dato lo respalda. Y si no existen datos, con los prejuicios basta y sobra.
Los medios con hegemonía en decadencia explotan esto hasta el hartazgo. Gran parte de los contenidos que difunden no tiene otro objetivo más que confirmar los prejuicios existentes en algunos de sus seguidores. Con cada palabra, apuntan a alimentar el núcleo duro de los desconfiados. El año pasado, cuando comenzaron las primeras emisiones del PPT opositor, el impacto de sus operaciones informativas con forma de serias investigaciones duraba unos días. Recién hacia mediados de la semana el universo kirchnerista podía respirar tranquilo porque se desmantelaba la mentira. Ahora, la fecha de vencimiento está muy próxima a la de elaboración.
Pero a Jorge Lanata no le preocupa la fugacidad de su hacer periodístico. Tampoco se avergüenza por traicionar sus propios principios o lo que sea que guíe sus pasos. De acuerdo a su lógica, cobra por hacerlo. Quienes no ganan nada son los individuos que memorizan cada uno de sus informes. Y son los que deberían avergonzarse en serio por creer gratuitamente en las fábulas que se desarman al momento de su emisión. Seguramente ni se enteran de esas desmentidas. O están tan empantanados en la desconfianza prejuiciosa que nada logra rescatarlos. Además, una denuncia de corrupción es más sencillo de entender que un argumento político. Y, aunque parezca paradójico, la búsqueda de la transparencia es uno de los tópicos más descomprometidos en la puja electoral. La tan mentada corrupción se confirma con un solo caso y sirve para mancillar a la Política en su conjunto.
Con esto no se pretende validar el accionar delictivo de algunos individuos que se montan a la función pública sólo para garantizar su fortuna. Pero de ellos tiene que hacerse cargo la Justicia y no un grupo de periodistas reunidos en un estudio televisivo como si fueran jurados celestiales. Que un funcionario vaya a la misma taberna que un narcotraficante no lo convierte en un bandido. Tampoco que vivan en el mismo barrio. Desde las desalentadoras usinas mediáticas, Puerto Madero se presenta como una cueva de piratas y con sólo transitar por la zona, cualquier ciudadano se transforma al instante en un peligroso filibustero. Las propaladoras de estiércol se han esforzado también por demonizar a algunos personajes del staff gubernamental. Desde hace un tiempo, ‘Moreno’ ha dejado de ser un apellido para convertirse en el monstruo que inspira las más terroríficas pesadillas de niños y adultos. Y tanto empeño de los odiadores tiene sus frutos: el casi linchamiento de Axel Kicillof en un buquebus es un claro ejemplo de ello.
Con estas estrategias discursivas que muchas veces incluyen la mentira, la calumnia o la extorsión evitan abordar una comprometida discusión basada en un honrado posicionamiento ideológico. Claro, saben que ahí pierden; que en ese terreno no tienen nada para proponer y mucho menos para defender. Lo que importa es terminar de una vez por todas con este gobierno que los desvela. No incumbe cómo. Lo grave del asunto no es sólo que muchos periodistas se trepen a ese tren denuncista, sino que lo hagan también los candidatos. Porque ellos tampoco encuentran la manera de contrarrestar la potencia del kirchnerismo en el plano de las ideas. Por eso sus intervenciones verbales son tan erráticas y confusas, tan contradictorias, tan poco propositivas. Los candidatos integran listas multicolores cuya única promesa es la disolución.
Y aunque están cada vez más solos, siguen insistiendo con la misma treta: pegotearse de manera incongruente para conquistar un público cada vez más disperso. Un manojo de individuos que se amontonan más por el espanto que por el amor. Y de tan confundidos, marchan a la calle no para conquistar derechos sino para exigir privilegios. Cualquier cosa cabe en las pancartas que blanden, desde la exención impositiva para los altos ingresos hasta los insultos más inaceptables. Minorías que niegan toda legitimidad a la mayoría. Sujetos que pisotean todo principio democrático para imponer sus más desconcertantes caprichos con formato de demandas atendibles.
Con tal de estar en contra, niegan cualquier logro. Hasta llegan a dudar de la veracidad del lema “la década ganada”. Para fundamentar su rechazo, se sumergen en el absurdo, como hablar de dictadura, censura, persecución, entre otras alucinaciones nocivas. Con tal de estar en contra, hasta parecen traidores. Si en los conflictos internacionales se ponen de parte de los otros y, por más doloroso que parezca, han festejado los tropiezos y celadas que hemos padecido en estos años. Aunque en el Congreso todas las fuerzas políticas votaron por una declaración de rechazo a la humillación padecida por el presidente Evo Morales, ante los micrófonos evitan cualquier mención al asunto. ¿Será porque se saben espiados y no quieren quedar mal con el Imperio?  "Me corrió un frío por la espalda cuando me di cuenta que nos espían a través de sus servicios –confesó CFK en Tucumán -y del otro, de mi país, solo escucho silencio".
Por más que zapateen, la década ganada es un hecho indiscutible. En eso se basa tanta desesperación, tanta saña criticona. "Buscan bajarnos el ánimo. No nos perdonan haber levantado la autoestima de los argentinos", clamó La Presidenta el día de la Independencia. Y el 197 aniversario cobra sentido porque, sin dudas, estamos mucho mejor que diez años atrás. Si hoy refrendamos la independencia es porque el Estado se ha convertido en el “gran constructor de las políticas económicas y sociales”. Eso es lo que más molesta, pero no lo pueden confesar. Por eso tiemblan ante la posibilidad de una reforma constitucional que consolide esos principios. Por eso se asquean ante la promesa de Cristina: “a la década ganada le tiene que seguir otra década ganada”. Por eso todo lo que antecede, porque piensan el bienestar como un privilegio y sienten rabia cuando deben compartirlo. Y odian perder privilegios.

lunes, 8 de julio de 2013

Bronces del mañana



Y los villanos de hoy
Sin lugar a dudas, los héroes siempre han sido necesarios. Tanto los del pasado como los del presente. Con sus acciones heroicas, los héroes no sólo contribuyen a la solución de un conflicto sino que marcan un camino. Aunque la empresa termine en fracaso, su participación quedará en el recuerdo como un invaluable aporte, casi una entrega. La literatura, el cine y la historia guardan un listado que tiende al infinito. Pero el presente también tiene lo suyo. Porque mientras existan villanos, el mundo precisa personajes que enfrenten la villanía. Mientras haya en el mundo individuos dispuestos a lo que sea con tal de satisfacer sus más mezquinos intereses, habrá paladines que esgriman ideales colectivos para ponerles un freno. Pero para dotar a la imagen un poco de realidad, dejemos de lado antifaces, capas y espadas. Ni hablar de súper poderes, difíciles de adquirir en los últimos tiempos. La fuerza del héroe proviene de su convicción, pero se consolida y agiganta cuando se conjuga con las multitudes.
Generalmente, los héroes se reconocen a la distancia, mucho tiempo después de haber abandonado la escena. En el caso del comandante Andresito, casi dos siglos han pasado desde su desaparición y un documental viene a rescatarlo del olvido. Andrés Guacurarí nació a fines de 1778 en Santo Tomé o San Borja, ligado indiscutiblemente a las raíces guaraníes del litoral. De la mano de Artigas, luchó para defender el territorio misionero de las fuerzas portuguesas y fue un impulsor de los principios federalistas que por aquel entonces surgían como ordenamiento de nuestra patria en pañales. La historia oficial en decadencia lo excluyó de libros, pedestales y homenajes. Ahora que hasta nuestro pasado requiere una reconstrucción, reaparece junto a otros gigantes anónimos que entregaron todo para garantizar un futuro.
Cristóbal Colón nunca debió considerarse como héroe, al menos en estas tierras. Sin embargo, calles, teatros, plazas y ciudades ostentan su nombre. El traslado de una escultura en su honor provocó una absurda polémica algunas semanas atrás. Con sinceridad, resulta contradictorio que en la Casa Rosada, el centro del poder político de todo el país, se venere la estatua del conquistador. No es un héroe nacional, sino todo lo contrario. Que en su lugar se instale el recuerdo de Juana Azurduy parece mucho más coherente con la concepción de la Historia que estamos escribiendo. "Me gustaría que más argentinos levantaran la voz para defender a nuestros próceres –solicitó CFK, en Bariloche, antes de partir hacia Bolivia- Miren cómo nos tratan afuera". "Queremos trasladar el monumento de Cristóbal Colón y queremos poner ahí a la Juana Azurduy, a esa heroína de la independencia –explicó- y no es una decisión caprichosa; creemos que en la Casa Rosada, que es la casa de todos los argentinos, tienen que estar los que lucharon y dieron su vida por la independencia".
¿Tendrá su monumento el ex agente Edward Snowden dentro de algunos años? En el País del Norte, seguro que no. En el resto del mundo, se verá. Por ahora, parece ser un emblema para los países que se oponen a la prepotencia imperial. Por él, algunos países abandonaron todo principio diplomático para congraciarse una vez más con los peligrosos caprichos de Estados Unidos. Y dejaron que el presidente boliviano Evo Morales se pierda en los cielos europeos con destino incierto. Tal vez sin pensarlo, los mandatarios de Francia, Portugal, Italia y España actuaron como villanos para construir el escenario propicio para los héroes contemporáneos. Esos personajes tan presentes desplegaron su potencia heroica en Cochabamba para defender la soberanía latinoamericana.
No pensó en estas cosas el topo Snowden cuando denunció la red de espionaje estadounidense extendida a todos los habitantes del planeta. "Yo, Edward Snowden, les escribo para solicitar asilo dado el riesgo que existe de que sea juzgado por Estados Unidos y sus agentes debido a mi decisión de hacer públicas las graves violaciones de la Constitución y de algunos tratados de Naciones Unidas perpetradas por el gobierno de EEUU", comienza el texto dirigido a las autoridades nicaragüenses. "Como resultado de mis opiniones políticas y mi deseo de ejercer mi derecho a la libertad de expresión -a través del cual he demostrado que el gobierno de EEUU intercepta la mayoría de las comunicaciones mundiales- este gobierno anunció públicamente una investigación criminal contra mi persona". No es la primera vez ni será la última que la imagen de ese país se desploma por la contradicción en que incurren sus dirigentes con tanto accionar hegemónico. Pocos creen en los principios que tratan de imponer al Mundo a fuerza de muerte y destrucción. Quizá por eso, sus héroes sólo perviven en el celuloide.
Otros no llegarán ni a eso. Si los involucrados en la comercialización del trigo pensaron que especular los conduciría al bronce, no comprenden demasiado el espíritu de estos tiempos. Tampoco el polémico Licenciado Guillermo Moreno fantasea con homenajes futuros, aunque su lucha esté centrada en poner límites a la angurria de los villanos corporativos. La ausencia del trigo sirvió para que algunos vivos ganen un poco más y, a la vez, para inspirar algunos titulares y análisis políticos con intenciones agoreras. Ausencia que en realidad era escamoteo para forzar un falaz juego de oferta y demanda. Una vez que el Gobierno detectó la maniobra y la hizo pública, el trigo se vendió a mil pesos menos que la semana anterior. Ahora se espera que el precio de la harina baje para que los panaderos puedan trabajar con más calma. Un dato para el futuro: lo que se cosechó alcanza para abastecer el mercado local hasta la próxima temporada.
Tampoco será recordado como héroe el camionero Hugo Moyano, que aniquiló una trayectoria de lucha contra el neoliberalismo para asociarse con sus nostálgicos personeros. Usuario de un GPS averiado, conduce, enloquecido, por una autopista sinuosa que lo conducirá hacia el olvido. Pronto, será un mal recuerdo. Por ahora, sólo una piedra en el zapato. O una llaguita que molesta un poco. No llega a provocar dolor, porque se ha convertido en una parodia de lo que fue. Si antes defendía derechos, ahora reclama privilegios. Su paro-feriado-puente tiene un objetivo mezquino: la clara intención de formar parte de una campaña electoral en la que no encuentra nada para proponer. Cada vez más alejado de cualquier fin colectivo, aseguró que la medida de fuerza es “contra la presidenta Cristina Fernández, no contra los trabajadores”. Si piensa que “la bronca” de los perjudicados que “no puedan cargar combustible o sacar dinero del cajero” se dirigirá contra la Primera Mandataria, está confundido.
Cristina no es una heroína, aunque tiene pasta para serlo. Difícil adivinar qué lugar le asignará la historia, aunque se puede suponer que no será un rol secundario. Mientras tanto, ocupa un espacio muy importante en el corazón de la mayoría de los argentinos. Y en el mejor lado, por supuesto. Claro, con su gestión hemos recuperado parte del botín que nos rapiñaron en otros tiempos. Aunque los villanos conspiren, mientan, difamen, nuestro querido país está cada vez más lejos del feudo que gobernaron. Los héroes de ayer, de hoy y de mañana marcharán siempre a nuestro lado.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...