lunes, 17 de febrero de 2014

La capital de los patricios


Irresponsable, cínico, simplista. Como siempre, el Jefe de Gobierno porteño sorprende con todo esto y mucho más. Y uno no se explica qué le vieron sus votantes. Quizá, muchos de ellos estén padeciendo la angustia de no encontrar un lugar en la escuela pública para sus hijos como consecuencia de las políticas privatistas de Mauricio Macri. Nunca imaginaron, al introducir el voto amarillo, contenedores disfrazados de aulas o separadores de cartón prensado en medio de los pasillos de un edificio histórico. La falta de imaginación se suplanta con la información, vale aclarar. El Alcalde Amarillo no esconde nada ni pretende disimular sus intenciones. Quien se sorprenda por los conflictos originados por la inscripción on line y la falta de vacantes, seguramente estaba mirando otro canal. O, mejor dicho, los canales que sólo existen para acomodar a alguien como él en el sillón presidencial.
A la vez que las partidas presupuestarias para la educación pública sufrieron periódicos recortes, las sumas destinadas a los colegios privados fueron creciendo en cada ciclo lectivo. Cierre de cursos, falta de mantenimiento, casi nula construcción de nuevas escuelas, mientras afirma una y otra vez su preocupación por la educación pública. Eso es hipocresía. Por eso, lo que hoy ocurre con más de 10 mil chicos en la CABA –que a pocas semanas del inicio de clases no saben dónde van a estudiar- no es imposibilidad, descuido o negligencia, sino producto de la peor de las intenciones: provocar descontento y favorecer nuevamente a los privados.
Los medios, los funcionarios del PRO y él mismo se encargan de echar culpas al Gobierno Nacional, aunque nada tenga que ver con el asunto. Siempre la culpa será de Cristina y su séquito de aplaudidores. Un recurso cuasi infantil de demonización. Lo importante es enojar a la gente para que empuñe sus cacerolas en contra del kirchnerismo y facilitar su camino a la presidencia en 2015. Su única manera de llegar es caminando sobre las ruinas del país que sólo existen en su limitada mente y el descontento injustificado de una minoría despectiva. A no asustarse: Macri es demasiado clasista para representarnos a todos y muy porteño para gobernar a todo el país. Macri es un neo patricio despojado de valores patrióticos. ¿Cómo solucionará esta crisis escolar? Como mejor sabe hacerlo. Ante la falta de lugares, derivará alumnos a los colegios privados y becará las cuotas. El plan perfecto para desviar recursos y beneficiar a sus amigotes.
Un capítulo aparte merece una de sus últimas fases, aunque no le dedicaremos demasiado espacio. Ante un grupo de vecinos, Mauricio Macri dijo "son todos chorros los que nos gobiernan". Sin embargo, él es el único gobernante a las puertas de dos juicios orales, postergados al infinito por los jueces del círculo rojo. Pero, además del cinismo y la puerilidad que ostenta esta frase, subyace una constante: nunca se piensa como gobierno, sino como gobernado; ni siquiera se siente Estado. Una negación que se nota, sobre todo en sus constantes vacaciones. Una gestión más apoyada en el marketing que en la acción, cuyo único objetivo es facilitar negocios más que concretar una ciudad para todos, a la que muchos no son bienvenidos.
Una ciudad en donde todo pasa
Quizá sea porque es la capital del país y allí confluyen los intereses más insospechados o porque los medios generan los contenidos para que todo así lo parezca. Pero a la distancia, parece que en la CABA se concentran los actos más abyectos. Especulaciones, conspiraciones, escaramuzas. Todos los protagonistas parecen estar allí, en ese escenario dispuesto para entretenernos a todos. Allí parecen pasar las cosas más interesantes, las más dramáticas, las más absurdas. Tal vez sea así en todas las capitales del mundo, pero ésta es la nuestra, la que parece comandar el ánimo, los humores y los destinos de la Nación.
Mientras los rescoldos se niegan a apagarse después de diez días de trabajo esforzado de los bomberos y varios de lluvias, la tragedia de Barracas promete estar durante más tiempo en el interés informativo. Las imágenes tomadas por las cámaras de Iron Mountain inducen a pensar en la intencionalidad del incendio que se llevó diez vidas de manera inexplicable. Más que guardar archivos, esta empresa parece dedicada a transformar en humo documentos bastante comprometedores. La investigación empieza en la zona del siniestro y las pistas conducen a las oficinas del Gobierno de la CABA. Cuando comenzó el incendio, Macri viajó con sigilo hacia Villa La Angostura. Igual que en los tiempos de los apagones, también estaba allí. Como si fuera una maldición. Seguramente, si se quedara más, la ciudad estaría espléndida.
Y en esa ciudad parecen también darse los aumentos desproporcionados en los precios. No se dan por designio divino o como consecuencia funesta del alocado clima que se ha instalado. No, es avaricia desaforada, angurria incontenible, voracidad rapaz. Rapacidad voraz que ordena incumplir los acuerdos firmados, esconder mercadería, confundir al comprador, multiplicar el lucro. Las sanciones millonarias repartidas por las autoridades apuntan a desalentar estas mezquinas arremetidas.
Ya lo advirtió La Presidenta y algunos de sus funcionarios: que no vengan algunos jueces  serviles a diseñar cautelares a medida. Si algo así ocurre, sus rostros deberán convertirse en afiches. Porque eso que hacen para proteger los intereses de una minoría destructiva no es justicia, sino servilismo. Pero ahora hay ciudadanos que se unen al colectivo que se ha animado a perderse en el laberinto selvático de las góndolas. Una aventura apasionante que puede detener el saqueo empresarial. Y el primer viernes de apagón de consumo, Macri provocó por twitter: en su mensaje, relató que había salido de compras a un súper. Para que no haya confusiones: puede comprar cuando quiera y donde quiera, pero ¿por qué ostentar tanto desprecio hacia los intereses de todos?
Por esto y mucho más, esa ciudad parece estar enloquecida y no es muy alocado suponer que puede contagiarnos a todos. Algo hay que hacer. Algunas semanas atrás, el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, sugirió la posibilidad de trasladar la Capital Federal al norte del país. Una mudanza soñada pero cada vez más difícil desde el punto de vista material. En realidad, no hace falta semejante parafernalia para hacer que el país sea más federal. En estos diez años de proyecto K, la mirada hacia el resto del país ha sido más extensa que en las gestiones anteriores, aunque todavía falta para revertir tantas décadas de atraso. Sin embargo, todo arranca y termina allí. El bache de una de sus calles es el bache de todos. Y aunque algunos intentan mirar más allá de la emblemática General Paz, la miopía se acrecienta y a los pocos kilómetros, los párpados caen con pesadez.
 Si en la CABA y en provincia de Buenos Aires se concentra casi un 40 por ciento de la población, hay un 60 que se distribuye por todo el territorio nacional. Un montón de gente que ya se aburrió del espectáculo que ofrecen. Hay que encontrar la manera de trasladar la Capital sin mover un solo ladrillo. Un símbolo, un rasgo cultural que debemos transformar para construir el país con el que soñamos.

viernes, 14 de febrero de 2014

Estrategias para gambetear un fallo adverso

    Lamentable, pero da la sensación de que el Poder Judicial no está dispuesto a romper su alianza con los poderosos. Por lo menos, algunos de sus miembros. El reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre la pauta oficial invade un espacio descuidado por el oficialismo, que debería haber legislado la manera de difundir los actos de gobierno y otros mensajes de interés por los medios de comunicación. El año pasado, al declarar inconstitucional la reforma del Consejo de la Magistratura, los Supremos asumieron el rol del Poder Ejecutivo, porque vetaron una ley legítimamente aprobada. Ahora, con esta nueva sentencia, se atribuyen el papel de legisladores al dictaminar cómo debe repartir el Ejecutivo el presupuesto para propaganda. Una Justicia corporativa no es sana para la convivencia democrática, más aún cuando con su accionar, protegen a los que nos quieren derrotados.
No importa. Mientras exigimos que apuren el juicio por la apropiación de Papel Prensa con delitos de Lesa Humanidad de por medio y que resuelvan sobre la cautelar que exime a La Nación de abonar cerca de 300 millones de pesos por aportes patronales, algo podemos hacer con la nueva sentencia corporativa. Este tema presenta, en principio, dos aspectos: uno monetario y otro simbólico. De más está decir que Clarín chilla por plata, aunque la pauta oficial sólo represente menos de un 6 por ciento de la totalidad de sus ingresos por publicidad. Porque ese monto que recibirá sin que lo necesite significa un triunfo en sus sueños hegemónicos, una manera de tener al Gobierno bajo su dominio, con la complicidad de algunos jueces. Ante lo inevitable, hay que explotar el aspecto simbólico: llenar de argumentos los medios del todavía monopolio. 
El fallo de la Corte no fue unánime. Lorenzetti, Maqueda y Fayt en la delantera, consecuentes con los intereses de la minoría; Highton de Nolasco, Petracchi y Argibay ocuparon el mediocampo, como defensores y atacantes a la vez; y Zaffaroni, en absoluta soledad, cubriendo el enorme arco de la democracia. Los tres primeros, con inusitada dureza, cuestionan los criterios esgrimidos por el Estado, respecto de la decisión discrecional en la asignación publicitaria. “La importancia de la libertad de expresión en el régimen democrático –expresan en el texto- tanto en lo referente a la libertad que tienen los ciudadanos de expresar sus ideas como en la protección de la actividad crítica de los periodistas y en el rechazo a todo tipo de censura”, como si Clarín necesitase las monedas del Estado para seguir emponzoñando el ambiente.
Enrique Petracchi y Carmen Argibay practican algunos vericuetos para llegar a una conclusión más o menos similar. Pero quien aporta un poco de oxígeno a este ambiente enrarecido es la vicepresidenta, Elena Highton de Nolasco. Sin sospechar que su fundamento pueda sugerir una salida, cita un fragmento del artículo 76 de la LSCA, para establecer criterios de equidad y razonabilidad en la distribución de la inversión publicitaria oficial”. Estos dos términos son por demás de ambiguos, sobre todo el primero.  La equidad es dar a cada uno lo que merece, por lo que los destinatarios del fallo no deberían considerarse tan beneficiados. Eso sí: todos –menos Zaffaroni- coinciden al afirmar que Canal 13 ha sido “discriminado”. Después de derramar unas lágrimas por semejante injusticia, podemos seguir analizando el tema.
 ¿El tamaño o la intención?
Si los directivos de Clarín se sienten victoriosos es porque del fallo parece sugerir una distribución proporcional de los recursos, de acuerdo a la repercusión que sus medios tengan en la sociedad. Entonces, si El Trece es el canal más visto debe recibir una porción mayor que cualquier otro de los canales abiertos. Recordemos que desde el punto de vista económico no lo necesitan. Sólo plantean este tema para someter la democracia a sus caprichos. Entonces plaguemos su programación con mensajes oficiales, sobre todo con los cortos de  Argentina en Noticias, en medio de los noticieros centrales.
Ahora bien, seguramente esta estrategia de saturación no convencerá al colonizado público de ese canal, por lo que será dinero desperdiciado. También puede suceder que, después de la difusión del mensaje oficial, salgan los cancerberos periodísticos a destilar su veneno. Supongamos que una marca de yogurt publicita en ese canal y, después de la emisión del spot, aparece un periodista para hablar mal de ese yogurt. La empresa retirará sin dudas la publicidad del canal o, al menos, hablará con los directivos para condicionar los contenidos de la programación. Si el Estado hace algo así, será denunciado como censura. Y encima, no puede retirar la propaganda pública porque, de acuerdo al fallo, afectaría la libertad de expresión. Entonces, mientras los privados pueden mudar la publicidad de un medio a otro, el Estado quedará como anunciante cautivo de medios opositores, sin opción para elegir los canales más adecuados para propagar la voz oficial.
Buen momento para retornar a la equidad y razonabilidad. Si bien es razonable que sean los medios más consumidos los destinatarios de los mensajes oficiales –aunque no sean bien recibidos por su público-, desde el punto de vista de la equidad, no lo es. Porque la equidad puede considerarse como la búsqueda de equilibrio entre los grandes medios y los pequeños, para garantizar la pluralidad de voces, esenciales para la libertad de expresión, como recuerdan los Supremos. Y aquí una disyuntiva: el aporte oficial como difusión o como subsidio; como garantía de llegada de la obra gubernamental o como apoyo para los medios que no pueden conquistar una considerable carpeta publicitaria.
El artículo 76 de la LSCA también establece que los titulares de licencias de radiodifusión deben emitir, sin cargo, mensajes de interés público de hasta dos minutos cada uno. Aquí se encuadraría la difusión de derechos, advertencias sanitarias o mensajes didácticos sobre normas de convivencia. Y no se computan como publicidad, por lo que podrán lucrar como hasta ahora. Si quieren pauta oficial, también tendrán estos mensajes que no le reportarán réditos económicos pero ocuparán una parte sustancial de la programación.
Pero éste es el momento adecuado para comenzar a legislar sobre estas cosas. Que diputados y senadores debatan en el espacio que dispone el sistema democrático para brindar una herramienta legítima para distribuir palabras, ideas, obras y recursos. Y ya que estamos, hay muchos problemas que requieren el compromiso de los representantes legislativos. En estos días de discusión sobre precios, ganancias empresariales y sus estrategias para apropiarse de nuestras billeteras resulta imprescindible que la sociedad tenga nuevas reglas para la comercialización de los productos básicos y de los otros.
Lo que se puso en evidencia desde la aplicación del programa “Precios Cuidados” es la desaforada tasa de ganancia que tienen los actores de la cadena comercial. Que un supermercado remarque los productos con un 100, 300 hasta el mil por ciento debería estar prohibido y debe recibir una sanción quien abuse de manera tan bestial. Algo así debería considerarse como traición a la confianza depositada por la sociedad a una empresa que cumple un servicio, como es la distribución y venta de los productos. Poner límites a las ganancias empresariales resulta esencial para frenar la avidez de los actores económicos y cuidar en serio nuestros bolsillos. El diseño del nuevo país requiere una profundidad legislativa en el lugar que corresponde: el Congreso de la Nación. Que los estudios televisivos y los despachos empresariales queden para los que cacarean en defensa de los que más tienen.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Los pasos de la confabulación


Ya lo decían las abuelas: grita quien no tiene razón y miente el que no encuentra argumentos. Podría agregarse que busca la ayuda de Dios el que está muy desesperado. Y si Dios está ocupado o renunció hace rato, siempre viene bien un papa. Las ya famosas –por irresponsables- tapas de La Nación y Perfil del pasado domingo, en donde informaban sobre una convocatoria de Francisco a funcionarios, sindicalistas y empresarios para frenar la crisis argentina, posibilitan varios puntos de análisis. El que más se destaca es el de la obscena, insensata, provocativa mentira, que rompe cualquier pacto de confianza con un lector hartamente estafado. Otro aspecto es el de la intencionalidad porque, junto a otros medios, estas nocivas manipulaciones buscan pintar un irreal estado de calamidad para horadar la legitimidad del Gobierno Nacional, con vistas a un adelantamiento de las elecciones. A esta estrategia neo-golpista se suman algunos actores del Poder Económico que intentan sacudir la mesa de los argentinos especulando con los productos de nuestra tierra. Pero no debemos asustarnos: son los estertores de una oligarquía que se resiste a perder privilegios, de la bestia que se rebela a la domesticación.
¿Qué sentirá el lector de estos dos matutinos cuando se entera de que lo leído no es más que una mentira? ¿Se sentirá traicionado, burlado, embaucado? ¿A quién le creerá más, a los autores de la fábula o al propio Papa, que la desmiente? ¿O le importará medio pepino que sea una mentira, siempre y cuando su contenido alimente el desprecio que siente hacia el kirchnerismo? ¿Qué le interesa más a ese lector, informarse o nutrir sus prejuicios? ¿O pensará que el ex Bergoglio no interviene porque ha sido cooptado por La Cámpora?
Cuando el Vaticano se vistió con un papa argentino, la derecha vernácula esperaba recuperar todo el poder por medio de un golpe divino. Pero la ayuda papal no llegó como deseaban, porque desde hace casi un año Francisco se fue despojando de Bergoglio. Los que saboreaban el triunfo por contar con un opositor de buenas influencias celestiales, se habrán atragantado con la novedad de un pontífice con duros conceptos hacia el capital globalizado, usurero y angurriento. Y que no considera que la pobreza sea una epidemia o algo por el estilo, sino una consecuencia de lo anterior. Para mayor sorpresa, sostiene que la propiedad debe ser un bien social y no absolutamente privado. Por eso llamaron su atención con una noticia mentirosa. “Vaticano, tenemos problemas. Esta noticia que inventamos sólo Usted puede convertirla en realidad”, parecían decir. Y hacia el público: “vean, estamos tan pero tan mal que sólo Dios nos puede ayudar y, como no nos atiende, debemos llamar a Francisco”.
Pero tienen tanta mala suerte. Los astros parecen favorecer a los malandras de La Cámpora. Por intermedio de una periodista de Crónica, Francisco desmintió: “no, eso no es cierto: es un disparate”. No sólo él salió a desmentir esta patraña, sino todos los invitados a esa reunión imaginaria. “Es motivo de preocupación y de reflexión que medios de comunicación que atacan sistemáticamente al Gobierno, a la Presidenta o al jefe de ministros, a quien le piden la renuncia cada día, generen esta operación mediática, esta mentira que involucra a la máxima figura de la Iglesia Católica”, declaró el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich.
Todos sabemos que para que una mentira sea creíble, debe ser verosímil, posible dentro de las normas de lo real. Desde que Bergoglio se convirtió en Papa es el mandatario de un Estado, El Vaticano, por lo que tiene el estatus de un presidente. De haber existido una convocatoria de esas características, podría haber desatado un conflicto diplomático por entrometerse en los asuntos de otro país. Quizá esto no interese a los asiduos lectores de estos libelos, pues no buscan informarse sino justificar su desprecio. Si en unos días se encuentran con titulares que demonicen a Francisco, seguramente comenzarán a  sentir menos orgullo por el papa argentino.
Los que sacuden la mesa
Que hayan pergeñado una mentira con el papa como protagonista, es huella de que no tienen límites y, como adolescentes, los están exigiendo. No son los únicos. De a poco, como la presión por una mayor devaluación les estalló en la cara, los cereales son vomitados por los gusanos blancos: por ahora, el dólar está bajando. Las grandes cadenas de supermercados multiplican sus ganancias y se burlan del acuerdo que ellos mismos habían firmado. Y también de sus clientes, vale recordar. Y los matarifes de Liniers patean hacia el cielo el precio de la carne. Todos están provocando, están clamando por regulaciones de las que, después, terminarán quejándose.
El caso del Mercado de Hacienda es por demás de evidente. La institución, privatizada apenas iniciado el gobierno del Infame Riojano, no opera con las reses que se distribuirán por todo el país, pero marca el precio al que se venderá la carne. De acuerdo a los principios de sus responsables, todo fluye de acuerdo al libre juego de la oferta y la demanda. Y la oferta es tan libre que la manejan como quieren, al igual que los precios: antes de la devaluación, los carniceros recibían la media res a 14 o 15 pesos el kilo y ahora, a 30. Claro, en esta semana apenas entraron 50 camiones con 1400 cabezas cuando a mediados de enero ingresaban 350 camiones. Y no hay motivos para tamaña reducción de oferta.
“Las carnicerías venían trabajando bien, con precios bastante razonables. Habrá que ver qué pasa con el mercado, porque todo nació en el Mercado de Hacienda de Liniers, ahí fue donde aumentaron los precios”, explicó Alberto Williams, vicepresidente de la Asociación de Propietarios de Carnicerías de la CABA. Una clara maniobra de los ganaderos para ganar más ofreciendo menos y de paso, una manera de realizar un aporte al malestar de la mesa familiar. De esta manera, abandonaron toda responsabilidad social para sumergirse en oscuras aguas destituyentes.
A sabiendas de ser merecedores de alguna sanción por parte de la Secretaría de Comercio, los dirigentes de la Sociedad Rural y de Confederaciones Rurales desafiaron al Gobierno Nacional. Con su accionar especulativo están pidiendo a gritos alguna forma de regulación, pero, a la vez, rechazaron cualquier presencia del Estado para controlar y evitar los recientes aumentos en el precio de la carne. Claro, ellos piensan que la libertad de mercado es un derecho constitucional cuando, en verdad, es una excusa para especular a su antojo y ganar mucho más de lo que corresponde. La libertad de mercado es la opresión de los trabajadores.
Los integrantes del Círculo Rojo están tratando de desbaratar nuestra vida desde todos los frentes posibles. Este movimiento de pinzas –productores, vendedores y financistas- tiene como claro objetivo provocar la caída del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Su angurrienta ansiedad le impide aguantar hasta 2015. Mientras ellos saquean nuestras billeteras, los políticos de la oposición se prueban el disfraz de candidato. No en vano, en estos días se ven tantos pases, alianzas, pactos. Mientras el casting de presidenciables desfila ante los ojos del poder fáctico, los medios hegemónicos aportan dramatismo para incrementar la angustia y la zozobra. Todos –que no son muchos- atentan contra la democracia clamando que lo hacen en su defensa. Pero no defienden otra cosa más que sus malsanos intereses. Ninguno de los que lloriquean tiene problemas reales. Sobreactúan para conspirar. Los Patricios –una clase minoritaria que se cree dueña del país- quieren retomar el mando y parecen dispuestos a todo. Bueno, después de treinta años de continuidad democrática ya deberíamos saber cómo funcionan las cosas y no hay máscara que esconda el rostro bestial de los carroñeros, que, otra vez, pretenden vernos en el fango para mordisquear nuestros despojos.

lunes, 10 de febrero de 2014

Los apagones por venir


Un alivio que Tinelli no intervenga en Fútbol Para Todos. Mejor, porque todo lo que toca lo convierte en estiércol. Que evacúe sus productos intestinales en la cloaca más afín. Después de un año de descanso –no sólo de él, sino de las mentes vulnerables a sus baratijas- volverá a El Trece para mostrar lo peor de una parte de la sociedad, su cara más mórbida y superficial, obscena y cruel. Mujeres y varones semidesnudos exponen las partes más retocadas del cuerpo para que espectadores-cavernarios babeen hasta la deshidratación. Aquí también vale el consumo responsable para despojarnos de una vez por todas de esos espectáculos noventosos, lascivos, retrógrados y humillantes. Tinelli es un forúnculo en el trasero de nuestra cultura y sería saludable que, en lugar del rating que espera, reciba el vacío que merece. Si el primer viernes de febrero los ciudadanos evitaron la compra en supermercados para protestar por el abuso en los precios, sería bueno que el nuevo ciclo de sus enloquecedores griteríos televisivos sólo despierte en el público un coro de grillitos. Que nadie interprete esto como una forma de censura, porque es una exigencia: si quiere ganar plata que se esfuerce un poco más, que sea respetuoso, creativo y que, desde el entretenimiento, apueste a un futuro mejor.
Alguno se estará preguntando si la idea es que Tinelli se dedique a un programa de ópera o música de cámara. No, hasta algo tan sublime sería bastardeado por su estilo vociferante y colorinche. El personaje que ha creado es el que está desenfocado, desactualizado, desubicado. El público es el que debe demandar un nuevo personaje para un contexto distinto. No tiene necesidad de seguir lucrando con lo mismo. Si debe tener la capacidad y los billetes para apostar a algo diferente, menos fácil. Quizá pueda hacer un aporte a estos tiempos, aunque no encabece las mediciones del manipulado rating. Así como los consumidores están organizando nuevos apagones para frenar el aumento de los precios, quizás deberían diseñar alguna estrategia para hacer click no sólo a Tinelli, sino a otros personajes que también nos roban durante nuestro tiempo libre.
Seguro que desde el otro lado denunciarán escraches o patrañas por el estilo. Ante los afiches que aparecieron el viernes en las calles porteñas, el repudio de cuatro entidades empresarias no se hizo esperar. Claro, los carteles exhibían la foto con el nombre de los responsables de Shell, Coto, Frávega, Carrefour y Jumbo y no están acostumbrados a estas cosas. Todo ladrón afirma su inocencia y se enoja cuando lo acusan. Por eso, en una actitud corporativa, ACDE, AEA, IDEA y la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina, Amcham repudiaron esta “metodología difamatoria” y, como asomo autoritario, pidieron “que se tomen las medidas necesarias para desalentarla y sancionarla para que no continúe”. Si quieren que no haya afiches, que dejen de saquear nuestros bolsillos. Mientras tanto, y envalentonados con la reacción de los popes de la economía, estas movidas deben continuar para domesticar a las bestias.
El círculo y sus mentiras
Porque no es exagerado afirmar que hay un poco de desesperación en los integrantes del círculo rojo. A no confundir: que sea rojo no quiere decir filo-comunismo o algo parecido; el círculo es rojo porque es muy peligroso y todavía conserva mucho poder. Y la angurria los obliga a tratar de desmoronar lo que hemos construido con tanto esfuerzo. No quieren cambiar las cosas para que todo mejore, sino todo lo contrario, porque ellos se benefician más con las crisis que con los tiempos de bonanza. Cuando hay desocupados y trabajadores empobrecidos, ellos consiguen mano de obra por unas monedas. Cuando hay un Estado que mira para otro lado o que sonríe complaciente, ellos pueden hacer los estropicios más descabellados para ganar un poco más. Cuando hay un mercado interno reducido, ellos pueden exportar lo poco que produzcan y forzar al Gobierno al endeudamiento para especular con los bonos. Ellos no quieren nuestro crecimiento porque cuando estamos abajo nos pueden pisotear mejor.
La desesperación se pone en evidencia en las operaciones mediáticas que, de tan manipuladoras, parecen paródicas. Después de haber agotado los recursos creativos para demonizar a Capitanich y Kicillof –Moreno es inagotable-, reflotaron la comedia de Boudou. Por supuesto, con la inestimable colaboración de una justicia dilatoria y errática y de unos exponentes de la oposición dispuestos a todo con tal de conseguir pantalla. Después de dos años de investigación, todavía no ha sido procesado. En esta semana el fiscal sólo pidió al juez una declaración indagatoria, el primer paso para decidir la continuidad de un proceso.
Un proceso que se inició con las denuncias de Lanata en su programa radial, más destinadas a castigar al Vicepresidente por la estatización de los fondos de pensión que a construir un escenario político más transparente. Porque el enredo que armaron con esta historia, de transparente no tiene nada. A pesar de esto, muchas voces obedientes salieron a exigir la renuncia, el juicio político o cuanto mucho, una licencia. Las comparaciones serán odiosas para los que salen perjudicados con ellas, pero el Alcalde del principado amarillo, Mauricio Macri, está a un paso del juicio oral desde hace más de un año, situación mucho más comprometedora que la de Boudou. Un paso muy largo destinado a un integrante del mentado círculo rojo y su mejor exponente. Muchos dirán que no es lo mismo un vicepresidente que un Jefe de Gobierno, pero no es cualquier jefe de gobierno, sino el mandatario de la capital del país, una ciudad que es de todos los argentinos. Y, sin embargo, nadie sale a pedir su renuncia o su juicio político. Tampoco la licencia, innecesaria porque parece vivir en ese estado.
Y aunque muchos duden todavía de esta cuestión, los medios tienen una capacidad de daño enorme al contribuir al desánimo, la desconfianza, la desazón. Con las manipulaciones, distorsiones y mentiras construyen el universo cotidiano de su público y condicionan el humor social. A tal punto que si uno se encuentra con alguno en la calle y le dispara el clásico ¿cómo estás?, contestará, seguramente, “¿cómo querés que esté, con todo lo que está pasando? Y entonces, habrá que explicar demasiado para deslindar el precio de cualquier cosa con la caída de las reservas o la inseguridad jurídica con la delincuencia. Esa simple pregunta despierta una batería de titulares agoreros y uno, como un hábil tenista, devuelve los tiros con aclaraciones, desmentidas, datos y argumentos. Pero el interlocutor se quedará con la sensación de que se ha encontrado con un pobre tipo cooptado por el relato K y seguirá mascullando su odio y padeciendo por el catastrófico ambiente creado desde los medios que le dicen la verdad.
Una verdad que indica que el dólar blue –ilegal a todas luces- es el que vale, que los intereses de los poderosos son los de todos, que el Campo es Patria y que los precios aumentan porque Cristina está loca, Kicillof nació en Marxilandia y Capitanich habla mucho. Que el país está dividido, que transitamos hacia una caída estrepitosa, que Macri hace todo bien y que Massa es la esperanza de todos. Que nadie nos quiere, que somos los peores y que el mundo despegó mientras nosotros estamos en gateras. Que los K se roban todo, que La Cámpora es una pandilla de maleantes y que el Congreso es la escribanía de la presidencia. Hasta se dan el lujo de afirmar que el Papa quiere solucionar nuestra inexistente crisis. Y encima dicen que éste es un gobierno autoritario, que la libertad de expresión está en peligro y que no se puede pensar distinto.
A veces, uno tiene la sensación de que hay un público muy vulnerable a esas construcciones mediáticas. Un blanco fácil para esas sencillas manipulaciones. Y esto no quiere decir que no sean capaces para advertir estas nocivas estrategias, sino que les cuesta romper con el sentido común con el que han convivido durante tanto tiempo. Quizá teman admitir que han malgastado tantos enojos, tal vez no se animen a confiar, para no decepcionarse de nuevo. También puede ser que posterguen el click porque eso revelaría lo incautos que han sido. Una pena, porque se están perdiendo los momentos más apasionantes de nuestra historia.

viernes, 7 de febrero de 2014

Un paso más en la construcción de ciudadanía


Ante las maniobras especulativas de los formadores de precios, militantes, cíber-usuarios y algunas organizaciones sociales convocaron a un Apagón de Consumo en supermercados, cadenas de electrodomésticos y en las estaciones de Shell. Una manera de defender los bolsillos, víctimas de los mordiscones de los angurrientos de siempre. Esta idea rompe el sentido común enloquecedor de los medios hegemónicos, que tratan de culpar al Gobierno Nacional por la suba injustificable de los precios. En realidad, desde las usinas de estiércol y de la oposición patológica, todo, absolutamente todo, es culpa de Cristina. Una mirada pueril sobre la vida política argentina a la que sólo pueden adherir los prejuiciosos, distraídos y desmemoriados. Porque si a esta altura de los hechos todavía creen en las catástrofes -más deseadas que cercanas- que anuncian a cada rato, en la torpe demonización que realizan de algunos funcionarios, en la lectura maniquea que exponen sin rubor, en las fábulas con pretensión analítica y en las mentiras necesarias para justificar tanto desquicio, nada podrá hacerse para rescatarlos de esa nociva burbuja agorera.
Desde hace unas semanas, las caras famosas de la tele y las ilustradas plumas de los diarios más vendidos manifiestan un indisimulable placer por los números que parecen desmadrarse. El dólar blue –ilegal, vale aclarar siempre- y el pronóstico del clima sirven por igual para condimentar el ambiente apocalíptico que dibujan para su alucinado público. Ni una sola crítica se les escapa hacia las pocas empresas que fabrican todo ni a las grandes cadenas de supermercados que multiplican sus ganancias a fuerza de saquear nuestras billeteras. Y si La Presidenta solicita a la ciudadanía que fiscalice las góndolas, salen los pavotes a decir que ése no es trabajo para los compradores. Claro, para los individualistas extremos, deberíamos salir acompañados por un policía, un inspector de tránsito, un funcionario de la secretaría de Comercio y otro de Bromatología para protegernos durante el escabroso paseo por las góndolas. En el ideario destructivo que presentan todos los días no hay espacio para la construcción de la ciudadanía.
Como era previsible, los serviles periodistas hegemónicos se escandalizaron por el Apagón de Consumo y, como contrapropuesta,  llamaron a consumir como nunca. Esto demuestra que no les importa nada, ni la economía, ni el público ni el futuro del país. Como son representantes del Poder Económico, aunque se disfracen de objetivos, no hacen más que defender los intereses de los que quieren succionar nuestros recursos, de los que fugan divisas, de los que nos estafan, de los que nos quieren ver otra vez de rodillas.
El pequeño escenario de los medianos
 Nada de esto sería posible sin el aporte imponderable de los políticos de la oposición extraviada, que, aunque son representantes elegidos por el voto popular, actúan como guardianes de los intereses de una minoría. No se equivocan nunca y jamás se distraen. Mientras se maquillan para las masas, desfilan para los buitres. Aunque se muestren como republicanos, pisotean las instituciones. Aunque cobren como legisladores, trabajan como columnistas en los grandes medios. Aunque afirmen tener propuestas, sólo recitan consignas dictadas por la ortodoxia.
Fieles cancerberos, las estrellas del radicalismo convocaron a una conferencia de prensa, más como un casting para llamar la atención del Círculo Rojo que como una acción esclarecedora para defender los intereses de todos. El eje del guión que interpretaron fue una crítica lapidaria de la caótica situación económica, política y social a la que nos ha conducido el proyecto K. Aunque los periodistas escarbaron para encontrar algún atisbo de definición o propuesta, sólo balbucearon algunas quejas sobre la inflación calamitosa y el despilfarro de los recursos del Estado. Javier González Fraga, ex presidente del Banco Central en tiempos del neoliberalismo, gambeteó: "no se trata de plantear ahora medidas. Lo primero es reconocer el problema y para eso necesitamos un índice de inflación creíble. No el del INDEC. Es la única manera de ponerse metas para bajar la inflación y trabajar sobre las expectativas inflacionarias, que son centrales".
Para que se entienda, detrás de las expectativas inflacionarias no hay una preocupación por el bolsillo del trabajador. Bajar la inflación significa, para los defensores de la ortodoxia económica, achicar el mercado interno, acotar las posibilidades de consumo de la clase media y, sobre todo, reducir las asignaciones que reciben los que menos tienen. En definitiva, la única propuesta que podría mejorar la situación del país es dejar la economía en manos de los expertos, que no son más que operadores del sector financiero nacional e internacional para que la vida cotidiana quede a merced de las impiadosas leyes del mercado. Lo que quieren es que los ciudadanos se conviertan en servidores del capitalismo salvaje para seguir llenando las arcas de una minoría empachada que quiere seguir engordando.
Lo más grave es que no confiesan lo que piensan ni aclaran qué harían en caso de estar en el poder. El senador Ernesto Sanz inició el diálogo con los periodistas con una capciosa lectura sobre el discurso que el martes brindó CFK en cadena nacional. "Otra vez la presidenta perdió la oportunidad de transmitir certezas y, por el contrario, con su discurso sembró más incertidumbre", sin aclarar para quién sembró semejante cosa. En realidad, la incertidumbre para los que más tienen son certezas para los que menos tienen. Y viceversa.
Lo que Sanz y sus secuaces querían escuchar en boca de la Primera Mandataria era un plan de ajuste al estilo noventoso o los recortes al mal llamado gasto público que pergeñó la Alianza a comienzos de este siglo. Por el contrario, Cristina anunció incrementos en los haberes jubilatorios y la ayuda escolar, para que el mercado interno se movilice desde abajo. Y ésta es la manera más efectiva para garantizar la redistribución del ingreso, porque si los recursos van a hacia los que más tienen -el famoso modelo del derrame- los miserables sólo dejarán caer algunas gotas y el resto irá a parar a algún paraíso fiscal.
Un día antes, fue el diputado socialista Hermes Binner el encargado de decir inconsistencias, como sus deseos de que el Gobierno Nacional “dé en la tecla con las medidas que mejoren la situación económica del país”. Como si de un juego de azar se tratara y no de un proyecto que en diez años recuperó lo que durante mucho tiempo se rifó al capital internacional. Después, dijo lo de siempre, bajar la emisión monetaria, cuidar las reservas y las tonterías del diálogo y el consenso. No olvidar: para los poderosos, el diálogo es el espacio para dictar órdenes y el consenso es la obediencia. Conceptos alejados de cualquier ideario socialista que se piense como tal.
Todos los integrantes de la desconcertada oposición evitan confrontar con los grupos concentrados de la economía. Por el contrario, hablan de ellos como si fueran víctimas y no victimarios. Víctimas de un gobierno que se ha comprometido a construir un nuevo futuro, en el que todos gocemos de los bienes que se producen en el país. Víctimas porque tienen que renunciar a una mínima porción de sus ganancias espurias porque Cristina se ha encaprichado con la idea de la redistribución del ingreso. Víctimas de una horda politizada de jóvenes -y no tanto- dispuesta a defender lo conquistado. Víctimas porque el despreciable populacho se resiste a convertirse en esclavo. Víctimas porque, de una vez por todas, deberán devolver lo que nos han escatimado durante todos estos años.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Las dos caras del futuro


Cada vez que se anuncia un discurso de La Presidenta, los carroñeros de siempre se ilusionan en vano. Los que esperaban que los aprietes pergeñados desde las oficinas de las grandes empresas conviertan en realidad el tan añorado ajuste se quedaron con las ganas. Por el contrario, CFK incrementó la inversión del Estado para fortalecer la inclusión social y dinamizar al mercado interno. Ante el aumento del precio de los artículos de consumo, ella habló de otros aumentos que le dan sentido a esta década ganada. Y, para señalar un contraste que enloquece, hizo referencia a la fuga de capitales que se ha producido en estos años, que supera los 140 mil millones de dólares. Si esa descomunal cifra hubiera quedado en el país, los números de la economía serían mucho mejores. En cierta forma, esa fortuna fue generada por todos y es injusto que la disfruten unos pocos, un disfrute que sólo pasa por la acumulación y la mera contemplación avarienta. Pero ya lo sabemos: el capital no se lleva bien con la democracia, porque tiende a quedar en pocas manos. Entonces, el desafío que se viene para consolidar el camino hacia un país más inclusivo será la democratización del capital.
Para eso es necesaria la presencia de un Estado comprometido con los que menos tienen. Para los confundidos, no existe el Estado ausente, como muchas veces se dice por ahí. Parafraseando una vieja canción, aunque no lo veamos, el Estado siempre está. La diferencia está en la manera en que esa institución manifiesta su presencia. Con el retorno a la democracia, Alfonsín empeñó sus esfuerzos al fortalecimiento de las instituciones, desafiando a la corporación militar y sus cómplices. En aquellos tiempos, poco se hablaba de los beneficiarios económicos de la dictadura y por eso, pudieron extorsionar a su antojo a las autoridades legitimadas por el voto popular. En los noventa, el Estado se convirtió en cómplice de la economía global concentrada y nuestro país se integró al mundo para desintegrar su soberanía y aniquilar el ya magullado bienestar. No sólo cómplice, sino también cínico, hipócrita y algunas esdrújulas más. Después llegó el anestesiado y servil Estado de la Alianza, que nos dejó al borde de la extinción.
Y aquí estamos, transitando el onceno año del Estado kirchnerista, que ostenta más aciertos que ningún otro gobierno desde el retorno a la democracia y, a pesar de eso, tiene que refundar su razón de ser a cada paso. Los pocos errores que pueden contarse, pasan por no haber atacado el hueso del poder en su debido momento, por haber confiado más en la persuasión que en la coerción, por haber creído que el sueño del país más inclusivo era compartido por todos. Errores que desatan el asqueroso regodeo de los periodistas del establishment, la sonrisa torcida con forma de burla, el acento triunfante en cada palabra. Errores corregibles que son presentados con excesivo fatalismo por las usinas de estiércol y replicados en la vida cotidiana por prejuiciosos, confundidos y desmemoriados transeúntes.
Un cuadro explicativo para todos… y todas
En estos días, algunos medios capitalinos no encontraron la manera de responsabilizar al Gobierno Nacional por la crisis educativa en el Principado Amarillo. Entonces, apelan al silencio o, con un poco más de esfuerzo, al simulacro. En la CABA, hay un 25 por ciento de chicos en edad escolar que están fuera del sistema educativo público. Los gremios docentes y los legisladores de la oposición vienen denunciando desde algunos años atrás la decisión de la gerencia del PRO de desinvertir en la escuela pública. Mientras disminuyó el presupuesto para el sector público, se incrementó el del sector privado. A esto se suma el nuevo sistema de inscripción on line que sembró el desconcierto en muchos padres desde mediados de diciembre. En síntesis, a pocas semanas del comienzo de las clases, más de 17 mil chicos no tienen lugar en la educación estatal y no por falta de recursos, sino por una artera decisión política.
El Alcalde Amarillo, Macri, no deja de prometer exquisiteces y de ufanarse por el éxito de su gestión. Todo es un éxito aunque casi todo sea un desmadre. Claro, en los medios que lo entrevistan, los periodistas evitan rozar las llagas de su gobierno, una tentación para dedos comprometidos con la información. El sistema on line ha sido un éxito, aunque ha provocado más de un dolor de cabeza a los padres. Sin profundizar demasiado, un éxito es un triunfo, cuando todo sale bien, no cuando provoca angustia en una parte de la población, salvo que ése sea el objetivo. Entonces sí puede hablarse de éxito. Desde la lógica empresarial del ingeniero, si logra que una parte de los desplazados se vuelque al sistema privado, su movida podrá considerarse exitosa. Porque el Estado, en la concepción PRO de la vida, sólo debe garantizar las ganancias empresariales y un tenue goteo para los ciudadanos, que no siempre son bienvenidos. No hay que perder de vista a este siniestro personaje que los porteños nos regalaron como amenaza para el futuro.
Porque el PRO promete el Estado cómplice de los noventa, pero recargado, recrudecido, enceguecido en su brutalidad destructiva. Sin exagerar, todo lo contrario de lo que intenta el kirchnerismo. Quien duda que entre Macri y Cristina existe un abismo insalvable no entiende nada o se hace el distraído. Quien piense que pueden sentarse a dialogar con calma y alcanzar algunos acuerdos tiene trastocada su percepción. En nada pueden coincidir, porque Macri es apologista del ajuste y de la desigualdad, mientras Cristina sólo piensa en garantizar la equidad. Macri es creador de privilegios, mientras que Cristina sólo quiere ampliar derechos para los que nunca han gozado de nada parecido.
Pero un objetivo tan imprescindible no es nada fácil cuando hay tanto angurriento desenfrenado. La inflación no es un castigo divino ni un fenómeno climático, sino el accionar destructivo de los que se quieren apropiar del excedente para el consumo. Cuando el Estado destina recursos para los que ascienden de a poco por la escalera del bienestar, estos depredadores afilan sus colmillos para destinar eficaces dentelladas. Entonces, La Presidenta pidió a los empresarios que “dejen de fugar y reinviertan en el país, para apostar a lo que nunca hubo en la Argentina, una burguesía con conciencia nacional”.  Porque lo que ellos llaman gasto público, en realidad es una inversión para el mejor funcionamiento del mercado interno. El círculo virtuoso que muchas veces menciona CFK, a diferencia del círculo rojo que exhala su fétido aliento.
Por si alguno no ha entendido, la economía no es una ciencia exacta, sino pura acción política. Y el Estado –en todas sus versiones imaginables- nunca está ajeno a su funcionamiento. Para Cristina, el Estado es una construcción política institucional que no dejará a los argentinos al arbitrio de las leyes del mercado. Un mercado despiadado, impiadoso, desaforado y sobre todo, antidemocrático.

lunes, 3 de febrero de 2014

Las cartas echadas y el tanteador enloquecido


Según dicen los expertos, en los demás planetas no pasa lo que en el nuestro, que está lleno de hipócritas, cínicos, agoreros, conspiradores, paracaidistas, desmemoriados y distraídos. Y encima, la mayoría habita en el país. Los dirigentes de la Mesa de Enlace por fin se sinceran –es un decir- y presentan la plataforma política de sus sueños, que, de concretarse, no sería otra cosa más que la pesadilla que hemos vivido muchas veces. La gula los enceguece y presionan para lograr mayores beneficios en la liquidación de los granos que descansan en el vientre de los gusanos blancos que invaden el terruño, antes de que empiece la próxima cosecha. Mientras tanto, el Gobierno Nacional apela una vez más a las tácticas de persuasión, con advertencias, denuncias y datos que dejan en evidencia las oscuras tretas de los carroñeros. Pero nada es suficiente cuando el adversario se perfila como un enemigo cegado por la angurria, cuando lo único que calmaría sus ansias es la renuncia de Cristina o cuanto mucho, un adelantamiento de las elecciones. El tablero de este juego tiene muchas piezas emponzoñadas y los que se sientan enfrente no conocen las reglas o las omiten a su entera conveniencia.
En este escenario agitado, transcurre el segundo mes de un año crucial. El kirchnerismo intentará consolidar las transformaciones realizadas desde su aparición en 2003 y garantizar este camino hacia el futuro. Los otros quieren todo lo contrario. Como saben que la política se les niega, apelan a las artimañas más deleznables, aunque pongan en riesgo la tranquilidad de los ciudadanos.
Abandonemos por unos párrafos a los cabecillas de esta partida y veamos cómo actúa uno de los peones, sin saber que lo es, claro está. Sonia Alessio, Secretaria General de AMSAFE, uno de los gremios docentes santafesinos, solicitó al ministerio de Educación de esa provincia que postergue una semana el inicio de las clases, previsto para el 26 de febrero. Como el socialismo es renuente a esas concesiones, Alessio aporta la posibilidad de responsabilizar al Gobierno Nacional por esa solicitud. Como las paritarias comienzan esta semana, considera que “la falta de certezas respecto al impacto que tendrá la devaluación en los precios” hará que la negociación sea compleja, como si nunca lo hubiera sido.
Y para que no queden dudas de la intención de brindar un argumento más a favor de que todo está muy mal, agregó:  "más que nunca es necesario fijar la fecha de inicio de clases el 5 de marzo, nos daría un poco más de tiempo para evaluar la evolución de los precios". Que el inicio de clases en la última semana de febrero sea inadecuado no significa que se deba apelar a cualquier excusa para lograr su aplazamiento, salvo que el objetivo sea echar un poco más de leña a la caldera. No será la única en aprovechar la coyuntura para alcanzar beneficios sectoriales, pero el poder adquisitivo del salario es mucho más que una cifra, más aún cuando hay personajes siniestros que intentan succionarlo.
El gusano por los cuernos
Por fin los estancieros demostraron que saben escribir, además de contar. En un comunicado que difundieron estos días, apelaron al diálogo que tanto reclaman y exigieron una serie de medidas que calmaría sus exaltados ánimos. O su descomunal avaricia, para ser más claros. El contenido, el paquete neoliberal de siempre: bajar el gasto público, combatir la inflación y la reducción de impuestos. Para ellos, bajar el gasto público no es la eliminación de los subsidios al gasoil y los créditos blandos con los que se benefician los productores agropecuarios, sino recortar hasta el mínimo todas las medidas de inclusión. La reducción de los impuestos es una demanda histórica de los que más tienen, aunque sea una necesidad de cualquier estado que quiera profundizar la redistribución del ingreso, la generación de empleo y el desarrollo de infraestructura, entre otros objetivos. Bastante reducción tienen con el 50 por ciento del IVA en el paquete de insumos necesarios para la producción agrícola.
Y la demanda por la inflación, como si les interesara lo que pasa en la cada vez más nutrida mesa de los trabajadores. Como si la inflación fuese un fenómeno climático o una epidemia y no el resultado de un accionar inescrupuloso. Como si fuera un organismo con vida propia y no una marioneta sin autonomía, sino con los movimientos que le imprime quien mueve los hilos. Como si fuese un agente externo y no un hábito indomable de los principales actores económicos. El Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, ha expresado muchas veces desde su asunción que el incremento de los precios es el resultado de conductas inescrupulosas y abusivas. En sus últimas apariciones, profundiza la contundencia de su discurso: “acá podemos tener dos sistemas: uno cooperativo, donde cada uno de los actores efectúe una contribución para beneficiar al conjunto, o un sistema destructivo, que implica usar todas las herramientas destinadas efectivamente a hacer valer el poder riguroso del Estado”.
El Código Penal puede orientar las posibilidades de acción para domesticar a las bestias. En su artículo 300, establece que serán reprimidos con prisión de 6 a 24 meses, “el que hiciere alzar o bajar el precio de las mercaderías por medio de noticias falsas, negociaciones fingidas o reunión o coalición entre los principales tenedores de una mercancía o género” para retenerla o venderla a un precio determinado. Parece redactado a la medida de la coyuntura que estamos protagonizando y no necesita demasiada interpretación: sólo su aplicación.
Esto desde el punto de vista de la acción punitiva en el corto plazo, una vez que los jueces sacudan la feria de sus ánimos y decidan enfrentarse a los poderosos que quieren desmadrar nuestro presente. Desde el punto de vista estratégico, combatir la inflación es enfrentar intereses desmesurados, que parecen imbatibles, salvo que el conjunto de la sociedad decida sumarse a esta contienda. Los ciudadanos debemos dejar de ser víctimas y espectadores para convertirnos en los protagonistas principales de esta saga. El programa Precios Cuidados es un primer paso, porque la cifra de cada producto puede tomarse como referencia al momento de efectuar la compra, más allá de las trampas a las que algunos apelan. La información siempre debe ser la principal herramienta para la construcción de la ciudadanía en una sociedad democrática.
El segundo paso exige un diseño más delicado y la presencia del Estado es fundamental. De todos los Estados: nacional, provincial y municipal. El nuevo vicepresidente del Mercado Central, el empresario Alberto Samid, anunció algo que debió haberse profundizado en estos años: la expansión de la influencia de esa institución en todo el país. Samid aseguró que “saldrá a la calle, para vender productos hasta un 50 por ciento más baratos que en el supermercado”. Esta experiencia debería extenderse a todo el país con espacios fijos en donde productores y compradores se vean las caras. Por ahora, comenzarán con ferias móviles en Paraná, Rosario, Tucumán y Resistencia.
Pero hay mucho más que hacer para desarmar el nudo de nuestra economía doméstica que permanece en pocas manos, a pesar del peligro que acarrea. Reordenar la escena implica que el Gobierno desarticule a los grupos concentrados en la producción y venta de los artículos esenciales y que favorezca el surgimiento de nuevos actores. También, impedir que una misma empresa tenga diferentes marcas del mismo producto, un simulacro de competencia que resulta nocivo. Además, restringir las variantes de un mismo artículo, para evitar las trampas y los agregados medicamentosos. Reordenar no es otra cosa más que regular, con el objetivo de consolidar la idea de un Estado comprometido con todos los ciudadanos y no obediente a los intereses corporativos.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...