miércoles, 12 de febrero de 2014

Los pasos de la confabulación


Ya lo decían las abuelas: grita quien no tiene razón y miente el que no encuentra argumentos. Podría agregarse que busca la ayuda de Dios el que está muy desesperado. Y si Dios está ocupado o renunció hace rato, siempre viene bien un papa. Las ya famosas –por irresponsables- tapas de La Nación y Perfil del pasado domingo, en donde informaban sobre una convocatoria de Francisco a funcionarios, sindicalistas y empresarios para frenar la crisis argentina, posibilitan varios puntos de análisis. El que más se destaca es el de la obscena, insensata, provocativa mentira, que rompe cualquier pacto de confianza con un lector hartamente estafado. Otro aspecto es el de la intencionalidad porque, junto a otros medios, estas nocivas manipulaciones buscan pintar un irreal estado de calamidad para horadar la legitimidad del Gobierno Nacional, con vistas a un adelantamiento de las elecciones. A esta estrategia neo-golpista se suman algunos actores del Poder Económico que intentan sacudir la mesa de los argentinos especulando con los productos de nuestra tierra. Pero no debemos asustarnos: son los estertores de una oligarquía que se resiste a perder privilegios, de la bestia que se rebela a la domesticación.
¿Qué sentirá el lector de estos dos matutinos cuando se entera de que lo leído no es más que una mentira? ¿Se sentirá traicionado, burlado, embaucado? ¿A quién le creerá más, a los autores de la fábula o al propio Papa, que la desmiente? ¿O le importará medio pepino que sea una mentira, siempre y cuando su contenido alimente el desprecio que siente hacia el kirchnerismo? ¿Qué le interesa más a ese lector, informarse o nutrir sus prejuicios? ¿O pensará que el ex Bergoglio no interviene porque ha sido cooptado por La Cámpora?
Cuando el Vaticano se vistió con un papa argentino, la derecha vernácula esperaba recuperar todo el poder por medio de un golpe divino. Pero la ayuda papal no llegó como deseaban, porque desde hace casi un año Francisco se fue despojando de Bergoglio. Los que saboreaban el triunfo por contar con un opositor de buenas influencias celestiales, se habrán atragantado con la novedad de un pontífice con duros conceptos hacia el capital globalizado, usurero y angurriento. Y que no considera que la pobreza sea una epidemia o algo por el estilo, sino una consecuencia de lo anterior. Para mayor sorpresa, sostiene que la propiedad debe ser un bien social y no absolutamente privado. Por eso llamaron su atención con una noticia mentirosa. “Vaticano, tenemos problemas. Esta noticia que inventamos sólo Usted puede convertirla en realidad”, parecían decir. Y hacia el público: “vean, estamos tan pero tan mal que sólo Dios nos puede ayudar y, como no nos atiende, debemos llamar a Francisco”.
Pero tienen tanta mala suerte. Los astros parecen favorecer a los malandras de La Cámpora. Por intermedio de una periodista de Crónica, Francisco desmintió: “no, eso no es cierto: es un disparate”. No sólo él salió a desmentir esta patraña, sino todos los invitados a esa reunión imaginaria. “Es motivo de preocupación y de reflexión que medios de comunicación que atacan sistemáticamente al Gobierno, a la Presidenta o al jefe de ministros, a quien le piden la renuncia cada día, generen esta operación mediática, esta mentira que involucra a la máxima figura de la Iglesia Católica”, declaró el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich.
Todos sabemos que para que una mentira sea creíble, debe ser verosímil, posible dentro de las normas de lo real. Desde que Bergoglio se convirtió en Papa es el mandatario de un Estado, El Vaticano, por lo que tiene el estatus de un presidente. De haber existido una convocatoria de esas características, podría haber desatado un conflicto diplomático por entrometerse en los asuntos de otro país. Quizá esto no interese a los asiduos lectores de estos libelos, pues no buscan informarse sino justificar su desprecio. Si en unos días se encuentran con titulares que demonicen a Francisco, seguramente comenzarán a  sentir menos orgullo por el papa argentino.
Los que sacuden la mesa
Que hayan pergeñado una mentira con el papa como protagonista, es huella de que no tienen límites y, como adolescentes, los están exigiendo. No son los únicos. De a poco, como la presión por una mayor devaluación les estalló en la cara, los cereales son vomitados por los gusanos blancos: por ahora, el dólar está bajando. Las grandes cadenas de supermercados multiplican sus ganancias y se burlan del acuerdo que ellos mismos habían firmado. Y también de sus clientes, vale recordar. Y los matarifes de Liniers patean hacia el cielo el precio de la carne. Todos están provocando, están clamando por regulaciones de las que, después, terminarán quejándose.
El caso del Mercado de Hacienda es por demás de evidente. La institución, privatizada apenas iniciado el gobierno del Infame Riojano, no opera con las reses que se distribuirán por todo el país, pero marca el precio al que se venderá la carne. De acuerdo a los principios de sus responsables, todo fluye de acuerdo al libre juego de la oferta y la demanda. Y la oferta es tan libre que la manejan como quieren, al igual que los precios: antes de la devaluación, los carniceros recibían la media res a 14 o 15 pesos el kilo y ahora, a 30. Claro, en esta semana apenas entraron 50 camiones con 1400 cabezas cuando a mediados de enero ingresaban 350 camiones. Y no hay motivos para tamaña reducción de oferta.
“Las carnicerías venían trabajando bien, con precios bastante razonables. Habrá que ver qué pasa con el mercado, porque todo nació en el Mercado de Hacienda de Liniers, ahí fue donde aumentaron los precios”, explicó Alberto Williams, vicepresidente de la Asociación de Propietarios de Carnicerías de la CABA. Una clara maniobra de los ganaderos para ganar más ofreciendo menos y de paso, una manera de realizar un aporte al malestar de la mesa familiar. De esta manera, abandonaron toda responsabilidad social para sumergirse en oscuras aguas destituyentes.
A sabiendas de ser merecedores de alguna sanción por parte de la Secretaría de Comercio, los dirigentes de la Sociedad Rural y de Confederaciones Rurales desafiaron al Gobierno Nacional. Con su accionar especulativo están pidiendo a gritos alguna forma de regulación, pero, a la vez, rechazaron cualquier presencia del Estado para controlar y evitar los recientes aumentos en el precio de la carne. Claro, ellos piensan que la libertad de mercado es un derecho constitucional cuando, en verdad, es una excusa para especular a su antojo y ganar mucho más de lo que corresponde. La libertad de mercado es la opresión de los trabajadores.
Los integrantes del Círculo Rojo están tratando de desbaratar nuestra vida desde todos los frentes posibles. Este movimiento de pinzas –productores, vendedores y financistas- tiene como claro objetivo provocar la caída del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Su angurrienta ansiedad le impide aguantar hasta 2015. Mientras ellos saquean nuestras billeteras, los políticos de la oposición se prueban el disfraz de candidato. No en vano, en estos días se ven tantos pases, alianzas, pactos. Mientras el casting de presidenciables desfila ante los ojos del poder fáctico, los medios hegemónicos aportan dramatismo para incrementar la angustia y la zozobra. Todos –que no son muchos- atentan contra la democracia clamando que lo hacen en su defensa. Pero no defienden otra cosa más que sus malsanos intereses. Ninguno de los que lloriquean tiene problemas reales. Sobreactúan para conspirar. Los Patricios –una clase minoritaria que se cree dueña del país- quieren retomar el mando y parecen dispuestos a todo. Bueno, después de treinta años de continuidad democrática ya deberíamos saber cómo funcionan las cosas y no hay máscara que esconda el rostro bestial de los carroñeros, que, otra vez, pretenden vernos en el fango para mordisquear nuestros despojos.

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