viernes, 7 de octubre de 2011

Un responso para el pequeño Cobos

Aunque los reclamos de Binner y las maneras extrañas de ejercer la justicia en el caso del incendio de las formaciones ferroviarias de mayo sean temas tentadores para abordar en este espacio, el autor de estos apuntes mirará para otro lado. Pero antes de dirigir la mirada hacia ese otro lado, resulta llamativa la desesperación con que el gobernador de la invencible Santa Fe, el ex anestesista Hermes Binner, convoca con urgencia al diálogo con el Gobierno Nacional. Claro, es vocero de la preocupación por la baja de los precios internacionales de la soja y si en 2008, cuando la Presidenta parecía estar en caída, hablaba de la necesidad de consenso -la obediencia de los derrotados- ahora apela a la necesidad de diálogo, como futuro derrotado que es. Los vencedores convocan al consenso y los derrotados, al diálogo.
Y algo de eso habrá en este apunte. En aquellos años de la rebelión sojera una figura surgió de las sombras del oficialismo para erigirse como luminaria opositora. El vicepresidente Julio César Cleto Cobos, elegido por el voto popular para ser intermediario entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, para acompañar en la gestión de la Presidenta, se transformó en el escorpión dentro de la zapatilla. Primero desde sus palabras y después con su voto, traicionó la voluntad del pueblo y a su compañera de fórmula. En aquellos tiempos se apelaba a la idea del disenso para justificar lo que lisa y llanamente fue una traición. De la noche a la mañana, el insignificante Cleto se transformó en líder de la oposición, no del disenso. Admirado por su valentía, recibía los “hurra” de la oligarquía destituyente y de la clase media con ilusiones de más. Con cacharros de teflón importados coreaban su nombre. De traidor, se convirtió en héroe. La peor manera de ser héroe. Su heroísmo y su traición se produjeron en un mismo acto. Su mediocridad se hacía evidente en cada una de sus palabras. Pero fue un héroe por su voto “no positivo”. Héroe y cobarde. Ni siquiera se animó a votar como correspondía, con un voto negativo. De tan mediocre que es, llegó a confesar que fueron sus hijas las que lo impulsaron a votar así. Si lo manejan unas niñas en algo tan importante, ¿qué harían con él los poderes concentrados de la economía, los terratenientes, la oligarquía gorila, el capital financiero?
Los medios entonces hegemónicos lo coronaron como líder de la oposición. Muchos recordarán la imagen de Hugo Biolcatti y su regodeo ante la posibilidad de tenerlo como presidente después de la “segura renuncia” de la presidenta, en una emisión del programa de otro desestabilizador como Mariano Grondona. Dada su pequeñez, Cobos fue un héroe descartable. Los mismos que lo entronaron, que lo construyeron como figura opositora se encargaron de sepultarlo, de olvidarlo. El traidor fue traicionado. El castigo ideal para un traidor.
Su mezquindad y pequeñez lo engrandecieron por un tiempo. Era el traidor y el héroe. Aunque parezca mentira, la traición se convirtió en un valor, casi en ejemplo. A pesar de que no estaba para disentir sino para acompañar un modelo, lo suyo fue construido como un acto patriótico. Y él se lo creyó. Ovacionado como nunca, el pequeño ingeniero se imaginó que el presente lo coronaba de futuro. Hoy no le queda siquiera un pasado honroso. Dejó de ser héroe hasta para los beneficiados por su despreciable voto “no positivo”. La “cletocracia” fue efímera. En ese momento pensó sellar su futuro de gloria, se veía como nuevo presidente, soñaba con estatuas y avenidas. Pero no. También fue traicionado por su incapacidad. Como mediocre ingeniero, no pudo construir nada, ni siquiera una maqueta de su despacho en el Senado.
Si su voto hubiera sido verdaderamente heroico, si en lugar de obedecer el mandato de los “amos” hubiera escuchado el clamor popular, el popular en serio, no el de las cacerolas destituyentes, hoy tendría algunas posibilidades de continuar su vida política. No por capacidad, que se entienda, pero al menos podría esconder sus limitaciones con aquella valentía oportuna, la que correspondía en ese entonces. No merecería un monumento, pero sí un caluroso aplauso de despedida y agradecimiento por haber ahorrado a los argentinos tantas angustias y amagues de retroceso. Pero, para algunos es mejor una tibia caricia en el lomo que el cariño perpetuo y caluroso del pueblo. Que quede esto como un esbozo de moraleja: los pueblos nunca olvidan a los que los dañaron y siempre recuerdan a los que jamás se apartaron de su lado. En el medio quedan infinidad de bichos cuya errática trayectoria está condenada al olvido colectivo.
Aunque nadie se acuerde de él, todavía preside la Cámara de Senadores, humillado, ignorado. El rencor de los oficialistas y la desconfianza de los opositores lo condenan a una soledad intolerable. Ya no es nadie. No puede ostentar siquiera la categoría de un secretario. Desde aquel voto “no positivo”, que se parodia hasta el cansancio en la calle,  se ha convertido en un intruso, un usurpador, un saboteador. En un “okupa”, aunque la “K” no le corresponda. Si tuviera un poco de dignidad, debería haber renunciado. Pero permanecerá aferrado hasta el final, vaya uno a saber por qué. A algunos de los otros opositores por lo menos les queda el consuelo del camino al ocaso dando una perdida batalla en las elecciones presidenciales. El pequeño Cleto no podrá aspirar ni a presidente de una vecinal. La voluntad popular y la potencia de una gestión terminaron de sepultarlo. Como un insignificante incidente en la historia, sólo le queda esperar el tiempo que resta hasta el fin de su mandato. Aunque apenas son dos meses y unos días, al pobre ingeniero le parecerán eternos. Probablemente, salga por la puerta de servicio y entonces sí, que en paz descanse.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Publicidad y política: un paseo por la tele (2da parte)


Estamos en plena campaña y la tele nos marca el ritmo. Nos muestra a un candidato o a otro. Hay un esfuerzo de los creativos por mostrar lo mejor de la propuesta. Y algunas cosas subyacen en esos mensajes que nos permitirán elegir a algunos y descartar a otros. Apuntes Discontinuos culminará con el paseo por los spots de los candidatos a presidente comenzado unos días atrás.
Jorge Altamira: el representante de la izquierda de los trabajadores no modificó la estructura de los anuncios que presentó en la campaña de las PASO, sólo el final. En aquellos tiempos suplicaban alcanzar el porcentaje para superar esa instancia. Ahora ya se basa en propuestas. Parten de una situación cotidiana en donde se vulneran derechos de los trabajadores y la reafirmación por parte de los candidatos de solucionar esos problemas en el Congreso Nacional. No hay propuestas presidenciales sino legislativas, porque ahora a eso pueden aspirar, la representación parlamentaria. Desde el punto de vista de la construcción estética, son muy primitivos. Parece ser la primera propuesta que surge en una mesa de trabajo; una reelaboración hubiera generado un spot más producido, no tan directo y dogmático. Como trabajo práctico de estudiantes de publicidad pueden estar bien; como spot de campaña dejan mucho que desear. Sin embargo, transmite la esencia de ese espacio político. En la sencillez, está su fortaleza. Esos cortos expresan la política realizada desde abajo y por eso, contiene autenticidad y transparencia. Esta campaña proyecta el trabajo en equipo en medio de la mística militante.
Hermes Binner: el candidato del FAP intenta proyectarse como segunda fuerza a partir de dos spots principales. En uno de ellos, se cuenta la experiencia del candidato, tanto como médico (anestesista)  y como político. El narrador hace una comparación entre los problemas de un país y las enfermedades que puede tener una persona. Como médico, sabe qué remedio usar; como político, cómo solucionar un problema. Las imágenes demuestran las soluciones a las que ha apelado durante su gestión para reducir la mortalidad infantil, entre otros. La solidaridad es un remedio efectivo. En realidad, en un país con un pueblo solidario, las “enfermedades” no aparecen. Precisamente es la falta de solidaridad lo que nos ha enfermado en el pasado. Solidaridad entendida no como la caridad despreciativa, sino como la construcción de algo sólido. Binner se presenta como el presidente de todos los argentinos, como una declaración de principios y garantía de que no habrá favoritismos partidarios con los gobiernos provinciales, una de las principales críticas que realiza al Gobierno Nacional.
El otro spot es terrible. Tiene mucha elaboración visual y está destinado a un público joven, por los protagonistas que aparecen seccionados por mitades en la pantalla. Mientras se produce esa caótica sucesión de medios rostros jóvenes, diferentes voces se encargan de enumerar las demandas que el candidato solucionará en caso de llegar a la presidencia. Lo que los jóvenes quieren es estudiar, trabajar, salir, participar, debatir, relacionarnos, ser amplios de ideas y alguna otra cosa más. En realidad, el que quiere hacer todo eso, puede hacerlo tranquilamente cuando quiera. El candidato promete satisfacer demandas que no son tales, que no son falencias. No hay impedimento alguno para hacer las cosas que esos adolescentes angustiados quieren hacer. Por lo tanto, no haría falta un nuevo presidente. Ese spot es tan superficial que exaspera. Su clima es apropiado para vender zapatillas de moda o celulares de última generación, más que para posicionar a un presidente.
Ambos cortos terminan con una frase mística: nace una esperanza.  En esta última frase se esboza la lectura de la realidad que realiza esta agrupación política. Las esperanzas son necesarias en situaciones extremas y desesperadas. Ahí se revela un cierto clima alarmista, negativo, caótico que necesita una nueva esperanza para ser superado. Además, el calificativo “nueva” permite pensar en que hay una vieja esperanza, que vaya a saber uno dónde ha quedado. Finalmente, una crítica estética presentada como pregunta: ¿qué necesidad de apelar a un primer plano cerrado del rostro del candidato? Más aún cuando, para ocultar el despiadado paso del tiempo por la cara del ex anestesista, recurren a un exagerado photoshop que la transforma en una máscara que asusta. Probablemente, gran parte del electorado no lo votará porque no lo reconoce.
(Antes de abordar al próximo candidato, es necesario aclarar que el autor de estos apuntes intentará despojarse de toda pasión exagerada para no malograr la seriedad desplegada hasta aquí. Un pequeño agregado: todo análisis es subjetivo, por lo que no puede pretender objetividad. Siempre es necesario abrir el paraguas)
Cristina Fernández de Kirchner: los spots televisivos del FPV para la reelección de CFK están inspiradas en una única idea: una historia individual que se funde con lo colectivo. El primer corto que se dio a conocer es la historia de Cecilia Mendive, una investigadora que trabajaba en Alemania. En 2009 la embajada argentina la convoca para retornar al país y a partir de allí se construye un relato conmovedor, que termina con una frase muy bien construida, tanto por su forma como por su efecto: “un país puede sufrir una fuga de cerebros, pero nunca puede sufrir una  fuga de corazones”.
La segunda historia es la de Braian Toledo, el lanzador de jabalina que aspira a ser olímpico. Es la historia de una inclusión. Es el fundamento del Estado como garantía de las oportunidades. Es la síntesis de este modelo político.
Las dos historias parten de una particularidad – la de un individuo que se funde con el pueblo- que termina siendo una muestra de lo que se está haciendo: fluir hacia la unidad, hacia lo único, El País. Por eso, la frase final apuntala un colectivo. Todo esto es posible cuando se piensa en la unidad, gracias a la fuerza de un país. No hay presencia del “YO” del candidato, sino que responde a una potencia que la impulsa, que la nutre.
Por supuesto que hay mucho más para decir de las campañas televisivas. Estos apuntes no pretenden acabar con el análisis. Simplemente transformarse en un punto de partida para arribar a los conceptos más escondidos, las intenciones más disimuladas de los candidatos a presidente. Ahora para cerrar, no es el estilo de este espacio realizar anticipaciones de textos por venir. Pero está en preparación algo que puede resultar agresivo, pero necesario. El título será Un responso para el pequeño Cobos. En un par de días verá la luz. Hasta entonces.

lunes, 3 de octubre de 2011

Publicidad y política: un paseo por la tele

En tiempos de campaña, todo parece estar circunscripto a ella. Hasta las acciones judiciales se presentan como actos de campaña funcionales o no a uno de los sectores en pugna. Por eso es interesante reducir el análisis sólo a aquello que se propone difundir las ideas de cada partido político a través de los spot televisivos. Estos están pensados para presentar una síntesis de lo que se pretende hacer en caso de acceder a la presidencia. Y es esclarecedor alcanzar el trasfondo, el contenido profundo del corto promocional, preparado, generalmente, por publicistas. Un equipo de expertos elabora un mensaje de pocos segundos con la intención de sumar voluntades a la fórmula que representan. Aunque parezca increíble –y tal vez exagerado- allí está todo el espíritu y las intenciones de los candidatos y, por supuesto, el posible votante al que está dirigido. No es, como sostienen algunos distraídos, que todos prometen lo mismo. Hay diferencias notables y esa diferencia está en el espíritu que sobrevuela a la emisión televisiva. Por último, se presentan ordenados, pensados, elaborados para convencer o persuadir al espectador. Hay mucho tiempo de elaboración detrás de cada uno y sólo por ello merecen nuestra atención.
Eduardo Duhalde: el eje de la campaña está basado en la capacidad del candidato para pilotear tormentas. Hay un “Yo” fuertemente posicionado en su discurso que sabe qué es lo que hay que hacer. Uno de los spots enumera los destinatarios de su mensaje: a los que esperan el regreso de sus hijos por la noche y a los indignados por la corrupción son los primeros. Esa enumeración parte de una visión absolutamente negativa de la realidad, basada en el corpus de una sociedad que está a punto de estallar. Su mensaje parte de la situación previa a su asunción como presidente provisional (y de prepo), unos meses después de la crisis de diciembre de 2001. Sus propuestas son necesarias a partir de esa imagen que presenta de nuestro país. El gran logro que ostenta en su carrera política es haber calmado la situación hace diez años y establecer las condiciones para el regreso a la vida institucional. Por eso presenta un escenario caótico para que su “Yo” se haga necesario.
El cierre está basado en su recurrente idea de lograr la “unión de todos los argentinos”. Algunos preguntarán qué tiene de malo eso. La unión es la adhesión de cosas diferentes que se van a mantener como cosas adheridas sin integrarse ni modificarse. Nunca llegan a ser una cosa única. La unidad, en cambio, es la propiedad de cada cosa y separar una parte de ella significa la pérdida de su esencia. Prometer la unidad es alcanzar que el país sea uno y no un montón de cosas pegoteadas. Prometer la unión es garantizar la calma y no la paz.
Ricardo Alfonsín: el mensaje de sus spots intenta presentar al candidato como un líder. Para lograr ello tomaron la decisión de mostrarlo enérgico, orador exaltado, gesticulante, sudado en diferentes actos de campaña. La exageración y sobreactuación no resultan atractivas ni convencen de su capacidad de liderazgo. Su mensaje se presenta en dos spots diferentes. En uno de ellos hace eje en la confianza que los trabajadores depositarán en él, porque él los va a favorecer y enumera las medidas. En el otro, se hace una patética analogía con personajes internacionales –Kennedy, Mandela- porque llegaron a la presidencia sin haber tenido cargo ejecutivo anterior. En esa comparación está la debilidad del candidato: jamás ocupó un ejecutivo. Funciona mal, porque buscar el aval de la analogía con esos personajes es la confesión de su falta de experiencia. Al negarlo lo confirma. La fuerte presencia del “Yo” anula la posibilidad de un “entre todos”.
Alberto Rodríguez Saa: hay mucha magia en esos spots. El clima que presenta el candidato es más adecuado para un animador de fiestas infantiles que para un presidente, y esto dicho sin ánimo de contrariarme con los animadores de fiestas infantiles. El tono de su voz es amable, confiado, alegre, ilusionado más que esperanzado. Promete todo, desde conexión wi fi gratis para todo el país hasta casas a noventa pesos. Y todo se hará realidad gracias al pase mágico del voto. No sé si serán efectivos estos spots para conseguir votos, pero son encantadores, en todo sentido.
Elisa Carrió: en sus spots abandona el honestimo que tanto ostentó durante la campaña para las primarias, al menos en parte, en función de resaltar la labor política del equipo con el que trabaja. Hay un “nosotros” que presentó proyectos de ley y anticipaciones de medidas que tomó el Gobierno Nacional. Entre ellas, aparece una propuesta de asignación universal por hijo mucho antes de la decisión presidencial de instaurarla, como la distribución de neetbooks y la ley de tierras. Es algo así como “yo lo dije antes”. Y en esto meten la pata. En sus enumeraciones anticipatorias al Gobierno Nacional, se desliza una coincidencia anterior. Ellos proponían lo mismo que se está haciendo ahora. Entonces, ¿por qué han sido opositores tan rabiosos durante todo este tiempo, si se estaba haciendo lo que ellos proponían?
 Sus quince años de trayectoria son la tarjeta de presentación y la garantía para seguir trabajando y construyendo. Más que aspirar a la presidencia,  apuntalan las candidaturas legislativas. En ello hay mucho de resignación que demuestra que la agrupación política está modificando su lectura de la realidad. Y, confirmando su coincidencia con el kischnerismo y su resignación a la labor parlamentaria, desliza la frase final: “no somos parte de la oposición, somos parte del debate”.
En el próximo apunte seguiremos recorriendo las campañas y pensando a partir de ellas en el candidato que vamos a elegir. Aunque, por si no se notó en estos casi seis meses de presencia en la blogósfera, el autor de estos Apuntes Discontinuos no necesita spots para decidir su voto. Mi abuelo decía en la pista se ven los pingos… y ése es el mejor spot para una campaña.

sábado, 1 de octubre de 2011

Estatuas y aprietes en medio de la campaña

Aunque los spots de campaña que han comenzado a difundirse por los canales de televisión tentaron al autor de estos Apuntes Discontinuos para dedicar un merecido análisis, en el medio se cruzó una señal de alarma. El jueves por la noche, en el programa de TN conducido por Nelson Castro, El juego limpio –al que ya nada le queda de lúdico ni de inmaculado- pudo escucharse algo sobrecogedor. Por supuesto, de boca de su conductor, en la reflexión final que siempre regala a sus espectadores sobre las once de la noche. Comenzó con  la estatua de Néstor Kirchner que en Río Gallegos reemplazará a la de Julio Argentino Roca. Entonces, se lanzó a enumerar todas las cosas que a partir del fallecimiento sorpresivo del ex presidente, comenzaron a portar el nombre “Néstor Kirchner”, desde el torneo nacional a calles, avenidas y vaya a saber uno cuántas cosas más. Después apeló a la analogía histórica y recordó que en tiempos de Perón  llegó a haber una provincia que llevaba el nombre de Eva Perón. Con gesto de alivio, contó que “el propio Perón había reconocido el exceso”. Pero acá vino lo increíble. El doctor Nelson Castro afirmó que por esos excesos a nuestro país le fue muy mal. Por si no se entendió, a nuestro país le fue muy mal porque a Perón se le ocurrió poner el nombre Eva Perón a una provincia argentina. No fue por la “Revolución libertadora”, la “Revolución Argentina” ni el “Proceso de Reorganización Nacional”; no fue por la sucesión de dictaduras atroces con nombres rimbombantes que anularon nuestra vida democrática que nos fue mal en nuestra historia. Con marcada sabiduría, esclarece a todos los argentinos que los bombardeos a Plaza de Mayo, los fusilamientos, la desperonización del país, los bastones largos, las proscripciones, los gobiernos democráticos condicionados, el desmantelamiento del sistema productivo, el genocidio de la última dictadura cívico militar fueron respuestas al nombre de una provincia. Con un poder de síntesis merecedor de algún prestigioso premio al análisis de la historia política, el doctor Nelson Castro iluminó sobre las causas que provocaron los mayores desastres en el país. Por el nombre de una provincia. Pero el cinismo de sus reflexiones no se detuvo allí. Sin lugar a dudas, en sus palabras había una advertencia: si siguen inmortalizando a Néstor Kirchner nos va a ir mal.
Ya causa risa tanta amenaza ridícula, tanto ladrido en la oscuridad. Lo que le molesta a Nelson Castro es que la clase a la que representa haya perdido la potestad sobre el universo simbólico de los argentinos. Que los símbolos que ellos se ocuparon de desplegar por todo el territorio nacional –representantes de los valores de la oligarquía dominante- sean desplazados por los símbolos de la plebe.
No es que hayan perdido todo el poder. Todavía tienen y bastante. Pero antes apelaban a los tanques y ahora apenas si pueden con rifles de aire comprimido con balines de plástico. La semana pasada, se dio a conocer la renuncia del actor Mike Amigorena a la miniserie “El Pacto”, que hace referencia a la historia de la adquisición –torturas de por medio- de la empresa Papel Prensa por parte de Clarín y La Nación. Amigorena interpretaba a un personaje que podría identificarse con Héctor Magnetto, el Ceo de Clarín. De acuerdo a las versiones, una llamada telefónica le advirtió que si seguía trabajando en esa serie nunca más tendría un contrato con la productora Polka. También está el relato de una cena compartida con María Laura Santillán y Esmeralda Mitre, hija del dueño de La Nación. Síntesis: los aliados del verdadero Magnetto le sugirieron abandonar la tira para no enojar al “jefe”. Ahora viene lo extraño: el medio encargado de denunciar estos aprietes fue el diario Perfil, aliado incondicional de “gran diario argentino”. No fue Página/12 o Tiempo Argentino, es decir, medios afines al gobierno nacional y, por tanto, competidores y mucho más del diario fundado por Roberto Noble y todo lo que representa. Fontevecchia ha sido cómplice de la defensa de la dictadura encarada por los medios beneficiados con la adquisición de Papel Prensa. Y sigue siendo cómplice en su afán destituyente del actual Gobierno Nacional. Y a pesar de eso, denuncia las amenazas que el Grupo Clarín hace a un indefenso –y maleable- intérprete.
En primer lugar, es sospechosa la actitud poco profesional del actor. No es que lo convocaron para hacer una versión vernácula de Heidi y de golpe le dicen que tiene que interpretar a Magnetto. Le dieron un guión que leyó, con un personaje al que tuvo que conocer para poder interpretarlo. El actor debe haber hecho comentarios con sus compañeros de trabajo en los momentos de descanso y más aún con los nombres que figuran en el elenco. Es imposible pensar tanta desinformación e inocencia, más aún cuando encarnó el personaje de Alfredo Astiz en el unitario “Lo que el tiempo nos dejó”.
En segundo lugar, comparte cartel en una adaptación de Hamlet con Esmeralda Mitre. Algo le tiene que haber comentado del trabajo que estaba haciendo en televisión. En algún momento, Esmeralda le debe haber dicho algo así: “qué casualidad, a mi papá y a su socio les pasó algo parecido”.
Por otro lado, en el supuesto caso de que haya habido un verdadero “apriete” al actor, los tiempos son diferentes. El poder simbólico del grupo clarín está en decadencia o al menos no tiene la influencia que tenía en otros tiempos. Una evidencia de esa actitud mafiosa sería funcional para el oficialismo en estos tiempos electorales. Y lo que más hace ruido, es que el semanario de Fontevecchia haya puesto el tema a disposición de la opinión pública.
Además, si lo que querían los autores de la amenaza era impedir que la serie saliera al aire, la movida les salió mal. Ya se grabaron ocho capítulos –sobre trece- y se emitirán sin modificaciones, por lo que Mike Amigorena interpretará a Héctor Magnetto (no con ese nombre) a pesar de las supuestas amenazas.
Los amantes de las teorías conspirativas pueden pensar en una estrategia de los productores para lograr una mayor difusión de la mini serie a partir del escándalo. Pero hay muchos involucrados que no pueden confabularse en algo así. Santillán, Mitre, Fontevecchia, Suar. No pueden asociarse para favorecer una tira cuyo contenido no parece favorecerlos. Hasta ahora, todo suena raro.
Pero eso sí, este escandalete le pone un poco de gusto a la campaña electoral que, al menos desde los spots televisivos, comenzó con todas las intenciones de fracasar. O como dijo Nelson en su programa, que es la peor campaña que haya visto y eso le va a permitir a Cristina Fernández ganar con comodidad el 23 de octubre. Claro, la Presidenta va a ganar porque la campaña de los opositores es mala. Una muy poco hábil manera de negar la realidad. Pero ya no les sale.

martes, 27 de septiembre de 2011

Recta final con pocos corredores

Aunque parezca mentira, ya estamos a punto de entrar en la recta final de la campaña electoral más larga y más extraña de nuestra historia. La más larga porque comenzó allá por marzo de 2008 con el conflicto entre el Gobierno Nacional y los productores agropecuarios. En ese momento, soñaban con tener a Cobos como inquilino de la Casa Rosada. Cada uno de los opositores pregonaba, descalificaba, insultaba, proponía, amenazaba como si fueran dueños de la voluntad popular. Claro, el decreto de las retenciones móviles significaba un atropello de la plebe para con los patricios de la oligarquía nacional. Y como dueños de la verdad absoluta, acostumbrados a marcar el ritmo del relato, enceguecidos por la propiedad del discurso único, comenzaron a jugar con los símbolos. Y como malos intelectuales que son, les salió mal. Quisieron ser El Campo, La Tradición, La Cultura, El País. No les dio el cuero. A pesar de que el Gobierno Nacional parecía derrotado, siguió adelante. Avanzó para desmantelar la coraza que los protegía: la ausencia de política. Mientras los patricios seguían embarrando la cancha, los representantes legítimos la politizaron. Poco a poco comenzaron a llenar de política a los argentinos, destruyeron viejos símbolos y presentaron otros nuevos y lo que parecía imposible lo hicieron concreto.
Y por eso estamos comenzando una campaña electoral extraña. Desde el retorno a la democracia, es la primera vez que no se vota en medio de una crisis; que se vota por un modelo; que se vota convencido de que hay mucho más para hacer; que se sabe con certeza que el porvenir será mucho mejor. Y los más extraño es que hasta los opositores están convencidos de eso y apenas logran disimularlo. En definitiva, son opositores y deben mostrarse como tales, aunque ni ellos se la crean. Como opositores que son tienen que resistirse, aunque ya no sepan cómo. No advierten que de esa manera están cada vez más solos. No se dan cuenta de lo patéticos que resultan. No todos son así. El otrora anestesista y actual gobernador de la invencible Santa Fe, Hermes Binner, aceptó la realidad y estas elecciones –según él- servirán para posicionarse de cara al 2015, cuando supere los setenta años. De cualquier modo, seguramente no será capaz de resistir los embates de las corporaciones económicas ni de los sectores financieros. Tampoco hará oídos sordos a los cantos de sirena que susurran la necesidad de achicar el gasto público, de hacer ajustes, de disminuir la influencia del Estado en la vida económica de nuestro país. Como no es muy político, para garantizar la gobernabilidad deberá abandonar poco a poco la política en beneficio de Su Majestad, La Economía. Y el Alberto, que es incomprensible, extemporáneo, increíble en el contexto actual. Con cumbias y propuestas desideologizadas, parece un candidato escapado de un lugar mágico.
Los otros políticos de la oposición –Duhalde, Alfonsín, Carrió- parecen no encontrar el rumbo (Perdón, separo a Elisa Carrió del trío porque no sé en qué está la Coalición Cívica en este momento, en qué lugar del globo estará estallando en mil pedazos. Ahora, sigamos). Lo único que hacen es responder a una agenda no-política dispuesta en bandeja descartable por los medios en-otros-tiempos-hegemónicos y ahora con dominio decadente. Agitan fantasmas que no existen, anuncian catástrofes que no llegan, denuncian fraudes que no son tales. Se podría decir que se “carriotizaron” (¿será por eso que Carrió no nos hace falta?). Estos políticos opositores ya se saben derrotados y por eso tiran tarascones como perros ciegos. Están así porque abandonaron la política hace rato. No se puede hacer política sin construir. No saben construir porque abandonaron la política. O viceversa. Representan una negación de la necesidad de construcción. Sólo prometen y amenazan; denuncian y rezongan; farfullan incoherencias alucinantes. Y la mayor parte de los votantes entendió que eso no es hacer política, que por ese camino no se llega a ningún lado. O sí, se llega, pero nadie merece llegar a lados como ésos. Ya lo comprobamos una década atrás, y no nos gustó. Por eso estamos acá.
Además de la incapacidad para la construcción, la falta de política se deja ver cuando cuestionan la hegemonía del gobierno nacional. Cuando decían que el ex presidente Néstor Kirchner estaba “enfermo de poder” estaban demostrando ese desconocimiento, en los muchos sentidos posibles de este término. O cuando afirman sin ponerse tan colorados como Carrió (ya me preocupa su ausencia, hay que hacer algo) que no es conveniente darle todo el poder a la Presidenta, que hay que garantizar el equilibrio de poderes y otras sandeces por el estilo. ¿O acaso un político no se somete a la voluntad popular para tener una evidencia palpable del traspaso del poder soberano del pueblo? ¿O no consiste en eso la representatividad? Un político no puede negar la necesidad de poder, porque es eso lo que garantiza la gobernabilidad, es decir, aplicar el programa o modelo que se quiere llevar adelante. De eso se trata gobernar, de eso se trata la política. De tener una potestad de acción sobre la realidad de un país.
Y para todo esto hay que ser políticos, actuar como políticos y pensar como políticos. Proponer, gobernar, gestionar. Y eso hace que estas elecciones resulten tan extrañas. Y tan desproporcionadas a menos de un mes. Una Presidenta que sabe ser política ante un grupo desarmado que se niega a hacer tal cosa. Por eso estas elecciones son extrañas y también, maravillosas.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El viejo truco de los viejos trucos

¿Quién no se acuerda de esa muletilla de Maxwell Smart, el Súper Agente 86? Cuando algún agente de Kaos lo burlaba en sus fechorías, con el tono de quien descubre una verdad inaccesible y a la vez evidente, apelaba a la célebre: “el viejo truco de…”. No abusaba del recurso humorístico. Cada tantos capítulos, para no saturar. Total Max tenía muchas salidas similares. En la Argentina de hoy tendría que usarla todos los días y a cada rato. Porque las constantes operaciones y movidas que realizan los opositores perpetuos ante las cámaras de televisión no son más que “el viejo truco de...”. Podríamos hacer un catálogo de trucos usados hasta el hartazgo en los últimos años, ordenados prolijamente por temas, fechas, horas del día, canales, titulares, personajes. Hay “viejos trucos” referidos a inflación, corrupción, inseguridad, autoritarismo, psiquiatría, confrontación, clientelismo, despilfarro, crispación, fraude, censura, hoteles, zapatos, aislamiento, catástrofe…
Para no ostentar de memoriosos, tomemos las últimas semanas desde las elecciones primarias del 14 de agosto. Lo primero que surgió de la derrota opositora es la denuncia de fraude. De autocrítica nada de nada. De repercusión, tampoco. Y tanto algunos opositores como periodistas de  medios gráficos y radiales invirtieron ríos de tinta y saliva en la operación. Y todo culminó con el informe oficial del Ministerio del Interior y del Tribunal Electoral en el que se descartaba toda posibilidad de fraude. Hasta el Presidente de la Corte Suprema de Justicia Ricardo Lorenzetti afirmó que nuestro país se ha caracterizado siempre por la transparencia electoral. En un montaje casi cinematográfico, de las denuncias de fraude se pasó en un solo corte al tema preferido del establishment, que ha inspirado muchas otras operaciones: la libertad de expresión. Mariano Obarrio respondió con duros términos al cuestionamiento que Florencio Randazzo realizó ante la contradicción entre el título y el texto de una nota que llevaba su firma en la tapa del diario La Nación. Como gallinas famélicas ante un puñado de maíz, todos se lanzaron a picotear ante la posibilidad de aparecer unos segundos en la pantalla chica.
Después ocurrió el secuestro de Candela y aunque parezca mentira, los casos reales también pueden ser utilizados como viejos trucos, por más dramáticos que sean. Al principio, entró como es de suponer, en el rubro inseguridad. Cuando todo terminó de la peor manera y después del despliegue miserable de muchos medios de comunicación en la cobertura casi en cadena, volvió, como era de esperarse, el viejo truco de la libertad de expresión. Esta idea surgió ante la posibilidad de establecer un protocolo en el trabajo de cronistas y camarógrafos para no entorpecer las investigaciones policiales. Tampoco tuvo eco.
En el rubro despilfarro se destacan las denuncias por la estadía de la Presidenta en un lujosísimo hotel de chiquicientas estrellas y meteoros en su reciente viaje a París. Un informe oficial del establecimiento tuvo que salir a desmentir tal versión. En el mismo rubro aparecieron rumores sobre la compra de una veintena de pares de zapatos carísimos que, ante la contundencia e importancia del hecho, nadie se preocupó de confirmar o desmentir. Contrafáctico: si Cristina apareciera oficialmente vestida con un sencillo batón, alpargatas bigotudas, cartera de La Salada y ruleros al tono, también recibiría críticas virulentas. Criticar tonterías es bueno para bajar el colesterol.
Un ítem interesante es el de las denuncias de corrupción. Seamos honestos: los denunciadores de este apartado tuvieron sobrado entrenamiento durante los años del menemato y por eso ahora están desconcertados porque no abunda materia prima. Las valijas de Antonini Wilson –que inauguraron la mini-serie-, el caso Skanska, las denuncias de Sadous y alguna que otra más no llegaron a buen puerto. No por ocultamiento, precisamente, sino por falta de sustento. Insisten, eso sí, con el caso Shocklender, porque pretenden matar varios pájaros de un tiro. Lástima que Sergio no era funcionario del gobierno porque en ese caso el viejo truco les hubiera resultado un poco más efectivo, aunque no tanto.
Y ya sobre finales de esta semana reaparece el favorito: la libertad de expresión. Cualquier cosa que se parezca a una amenaza -aunque tengan que forzar la realidad al máximo- de censura, se preparan para entrar en escena y representar el papel que mejor les sale: los ultrajados ante las arbitrariedades autoritarias del gobierno para controlar a periodistas libres e independientes. Lo de amenaza de censura es una exageración, porque ni eso ha habido. Sólo un juez que convocó a periodistas que escriben sobre economía en algunos medios para presentarse como testigos en una causa contra una consultora privada. Ah, y la presentación es voluntaria. Nada de policías, esposas, grilletes ni cepo.
Pero todas estas cosas no las hacen porque son malos. Simplemente se resisten al cambio porque no lo entienden. Se resisten porque creen que está bien resistirse. Están acostumbrados a ser hegemónicos, a generar el discurso único, a ser escuchados y leídos como voceros de la verdad, como luminosos y esclarecidos. Están habituados a ser intocables, incuestionables, infalibles. Tanto políticos como periodistas encuadrados en la oposición al Gobierno Nacional han dejado de ser hegemónicos. Ya no son escuchados y seguidos por las mayorías. Tan sólo por las minorías empecinadas en ver todo mal. Y esas minorías no cambian. Y ellos tampoco, porque se resisten. Por eso añoran los tiempos en que los viejos trucos daban resultado y podían construir la realidad como querían. Eran los buenos tiempos en que con tres viejos trucos volteaban a un presidente. En cambio, ahora ni siquiera pueden con el viejo truco de instalar un candidato para el 23 de octubre.





viernes, 23 de septiembre de 2011

Ya no somos los que fuimos

Desde unos días atrás habían comenzado a crecer las expectativas por la presentación discursiva de la Presidenta en la apertura de la 66° Asamblea de las Naciones Unidas (ONU). Los temas resultaban por demás de atractivos: Malvinas, AMIA, Palestina y sobre todo, la economía mundial. El lunes, en Rosario, Cristina hizo un pequeño entrenamiento de esgrima verbal con el gobernador de Santa Fe, el otrora anestesista y actual orador insufrible, Hermes Binner. Ya es sabido, quiso ir por lana y salió trasquilado (quienes no entiendan este dicho, consulten con el abuelo). Y eso sin mucho esfuerzo: simplemente enumerando logros de gestión.
Para los que nos sentimos atraídos por la política, escuchar, leer los discursos de los principales exponentes, tanto locales como internacionales, despierta mucho entusiasmo. Tan es así que el autor de estos Apuntes estaba tan ansioso ante la sucesión de expositores en la inauguración de la asamblea  como puede estarlo un fanático futbolero ante un partido de la selección en la final de la copa del mundo.
Algunos pueden pensar que esas intervenciones no son más que formalismos, palabras huecas discretamente eslabonadas, cháchara sin sentido. Muy lejos de eso, representan una exposición de principios, líneas de acción, bajadas discursivas, búsqueda de consenso. La presidenta del Brasil, Dilma Rousef, sostuvo una posición muy firme con respecto a la unidad de la región y a la importancia de las economías emergentes en medio de la crisis en algunos países del llamado Primer Mundo. Hasta puso en duda la capacidad de esos países para buscar soluciones a los problemas que ellos mismos crean.
El presidente norteamericano Barack Obama  no hizo más que jugar con la hipocresía que, por el lugar que ocupa el país en el escenario mundial, siempre sobrevuela en los discursos de todo presidente norteamericano. Y, por si fuera poco, ostentando la intención de buscar “la paz en un mundo imperfecto.  La paz que intentan construir en el mundo no es otra cosa que obediencia, aunque adornen sus dichos con palabras al estilo de soberanía, libertad, democracia, justicia, dignidad. La paz perdurable que pregonó Obama no es más que la obediencia ciega. Quien más habla de paz representa al país que más conflictos bélicos genera. También se dio el lujo de deslizar algunas frases “pacifistas” que pueden sonar como amenaza. “La forma en que las cosas funcionaban antes no será la forma en que las cosas van a funcionar”. Y agregó: “nuestros destinos están entrelazados; o nos salvamos todos o nos hundimos todos juntos”. Por si no se entendió, la crisis económica generada por sus propios desmanejos será solventada por todo el mundo. Hermoso mensaje de paz.
Después Felipe Calderón, presidente de México, sorprendió con los pormenores de su gobierno y los esfuerzos por disminuir la desigualdad a través de recursos del Estado. Una posición que sorprende en un mandatario que no es precisamente de izquierda. A continuación, el presidente francés, Nicolás Sarkosy, no aportó más que retórica y algunos conceptos que ni él mismo cree.
Y luego de más de dos horas de discursos en diferentes idiomas… Nuestra Presidenta. Aunque estaba un poco tensa, la fortaleza de sus palabras debería despertar una especie de orgullo nacional. No sólo reivindicó los principios que defiende en su gestión sino que se dio espacio para esclarecer un poco el escenario político y económico mundial. No fue muy destacado por la prensa local, salvo honrosas excepciones. Casi todos los medios se dedicaron a difundir el momento conflictivo de su exposición respecto a la soberanía de las islas Malvinas y la posibilidad de suspender los vuelos de Lan Chile con escala en Río Gallegos y destino insular. Pero omitieron la forma en que Cristina abogó por el otorgamiento a Palestina el estatus de nación con derecho a formar parte de la ONU. Por si no lo recuerdan, dijo que esa instancia era una garantía de seguridad para el Estado de Israel. Claro, es la forma en que las partes en conflicto puedan negociar en igualdad de condiciones y eliminaría la coartada para cualquier atentado. Y eso es muy importante. Hasta dedicó un párrafo para poner en cuestión el funcionamiento del Consejo de Seguridad de la ONU tanto por sus integrantes permanentes como por su derecho a veto, totalmente innecesario en el contexto internacional contemporáneo.
Con respecto al tema económico y sin intenciones de poner al país como modelo –aunque lo hizo- puntualizó algunos logros del modelo en curso desde el 2003, como la disminución de la relación entre deuda y PBI, la baja de los índices de desempleo y de pobreza, la aplicación de medidas por fuera de la ortodoxia económica mundial, entre otros. Pero también tuvo la “osadía” de cuestionar el funcionamiento de ciertos organismos internacionales, como las calificadoras de riesgo y reclamó la necesidad de reglamentar la manera de operar. Y, por si esto fuera poco, instó a los países miembros a tomar medidas que frenen el accionar del capital financiero internacional, que es el que ocasiona las crisis, dejando a los países en donde opera con índices de desocupación, pobreza y desindustrialización. En pocas palabras, invitó a frenar la especulación destructiva, que tanto daño ha hecho en el pasado y tanto hace en el presente.
En estos días posteriores a la presentación de Cristina en la asamblea de la ONU, fue imposible no hablar de ello. Los conceptos vertidos y recordados a través de los fragmentos televisivos no dejan lugar a dudas de su capacidad intelectual, su compromiso con la transformación del escenario regional, el alcance de sus ideales y, por supuesto, su capacidad de oradora. Muchos elogios provienen de algunos que no son sus partidarios, precisamente. A un mes de las elecciones nacionales y más allá de encuestas y pronósticos, los números serán un poco más generosos que los del 14 de agosto. Y por si esto no alcanzara, algunos están volviendo con el rabo entre las patas.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...