jueves, 5 de enero de 2017

El Cambio: fábrica de privilegios



El sinceramiento y la normalidad siguen estando entre nosotros. Mientras tanto, gran parte de la población observa atónita cómo se pulveriza el modesto bienestar que había alcanzado después de la explosión de 2001. Encima, el presidente vacacional, en un intento de brindar un conmovedor saludo de rigor por las fiestas, anuncia que termina “un año donde todos tuvimos que poner el hombro”. Un lugar común para expresar esfuerzo o solidaridad. Uno pone el hombro para realizar un trabajo dificultoso o para que algún amigo en desgracia descargue su congoja. Como el cinismo es el condimento que acompaña siempre todo lo que Macri dice, no sorprende encontrar bastante de burla en su mensaje de fin de año. En este año del cambio, no todos pusimos el hombro de la misma manera: algunos para enfrentar el embate de los incrementos tarifarios, otros para subsistir con un salario ajustado o para afrontar la vida como desempleados. Y sólo unos pocos –a los que el empresidente representa con énfasis- ponen el hombro para acarrear el botín que han conseguido en estos meses de multiplicación de la desigualdad. Como José López ante las puertas del falso monasterio, pero aumentado al infinito.
Para los memoriosos, este poner el hombro evoca frases de similar hipocresía que los argentinos hemos escuchado a lo largo de la historia, como “hay que pasar el invierno” o “debemos ajustarnos el cinturón”. El sacrificio que siempre han hecho las mayorías en beneficio de una minoría. Si a alguien le parece exagerada esta idea, este rudimentario GPS puede ayudar: la quita de retenciones a las exportaciones agropecuarias y la devaluación de la moneda encarecieron los alimentos pero enriquecieron a los productores, que pudieron comprar 4x4 importadas, fugar divisas y acumular más que antes. El sacrificio de los que menos tienen contribuye a llenar los barriles de los que más tienen. Y para colmo, tienen la habilidad de no derramar ni una gota.
Y aunque todavía resuenan los ecos de las promesas de Pobreza Cero, los miembros del Gran Equipo se enorgullecen de las medidas que la potencian. No sólo se vanaglorian por la eliminación del control de divisas, de impuestos a los bienes personales y de los aranceles a las importaciones sino que insisten por este camino. Si les parece inequitativo el reintegro del cinco por ciento del IVA a las compras de hasta mil pesos, que incentivaba el consumo de la clase media, no piensan lo mismo de los beneficios a los más ricos. Esa es la normalidad que están instrumentando: la carencia de los muchos debe subsidiar la opulencia de unos pocos.
Curiosidades que incomodan
A poco más de un año, el Gran Equipo empieza a mostrar fisuras proporcionales a la grieta que está produciendo en la sociedad. Al ministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable, rabino y farmacéutico Sergio Bergman están por mudarlo de despacho: como sus rezos no fueron suficientes para evitar incendios e inundaciones, lo trasladarán a Obras Públicas. La reaparecida titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso ya no puede disimular su inquina partidaria: mientras exige con énfasis la declaración jurada de Emilio Pérsico, del Movimiento Evita, omite la ausencia de la misma documentación a 23 mil funcionarios PRO. Una “persecución selectiva” que ya tiene una causa abierta en la Cámara Federal porteña. Dos casos de ineptitud que fueron advertidos desde el inicio: en el primero, el mismo Bergman reconoció no saber nada del tema; en el segundo, Alonso no es abogada y siempre ha demostrado una rabiosa militancia anti peronista.
Pero no son los únicos. El flamante ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne -que todavía no ha jurado porque Macri está de vacaciones- es portador de contraindicaciones que invitan a no confiar demasiado en él. Que siga llamando Falklands a las Islas Malvinas y que considere la disputa por su soberanía un ítem del relato K y no un mandato constitucional pueden ser detalles para paladares exquisitos. Que despotrique contra los empleados del Estado cuando él ha cobrado durante mucho tiempo por una asesoría en el Senado sin asesorar a nadie sea tal vez una mancha en la piel de un leopardo. Que sea un tentáculo más de Clarín en el gabinete amarillo es una invasión anunciada. Sin embargo, lo que más espanta son sus propuestas económicas.
Aunque bajar la inflación parece ser la meta de todo funcionario PRO, el incremento que se viene en todos los rubros imaginables parece indicar todo lo contrario. Ante esto, Dujovne sólo propone abrir más nuestras fronteras: “si nos preocupa la inflación y queremos más competencia, es lógico que la competencia importada también nos ayude en la batalla antiinflacionaria”. Como se ha podido verificar en este tiempo, la importación indiscriminada no sólo no baja los precios internos sino que afecta la producción local, incrementa el desempleo y deteriora el mercado interno. Si reducir los impuestos tampoco ha dado resultado y la flexibilización laboral con la que sueñan siempre termina en fracaso, lo que habría que empezar a regular es la tasa de ganancia en la cadena de comercialización, a la manera de los países del Primer Mundo.
Quizá Dujovne ni sueñe con esta posibilidad que incomodaría a los patrones. Total, el doble discurso es una epidemia en la pandilla que ha copado La Rosada. Aunque juren que quieren bajar la inflación, son ellos los que la fomentan. Aunque aspiren al desarrollo, sólo alientan la especulación. Aunque auguren el crecimiento, sólo gestionan para la recesión. Cuando hablan de Justicia, sólo piensan en materializar prejuicios y ejecutar venganzas. Y si se muestran “vocacionados” por la creación de puestos de trabajo, hay que empezar a temblar porque se vienen más despidos.
En casi todo dicen lo contrario de lo que hacen. O hacen lo contrario de lo que dicen hacer. El ministro de Energía elimina los subsidios a los usuarios para recortar los gastos, aunque en realidad los desvía hacia las empresas. El ministro de Educación –también de vacaciones- porta el estandarte de la calidad pero despide a 3000 empleados que se encargaban de los cursos de capacitación docente. Si un hecho policial sacude a la opinión pública, inmediatamente piensan en la punibilidad de los menores y no en recuperar los programas socio-educativos que los contenían.
En lo único que son coherentes es en la deudo-dependencia. Ahí no hay contradicción alguna. Como si les doliera vivir en un país desendeudado, desde el primer día operaron para provocar un desequilibrio fiscal que justifique el retorno de los carroñeros financieros. En un año, Argentina se convirtió en el país emergente que más tomó deuda en los mercados internacionales en las últimas dos décadas. Para nada, sólo para alimentar la fuga y la evasión que en algunos meses se beneficiarán con una nueva amnistía. Un círculo más monstruoso que vicioso, una pesadilla recurrente, una película con un final conocido. Más que buscar metáforas creativas para ilustrar lo que promete el Cambio, tenemos que encontrar la manera de frenarlos. No es demasiado tarde para comprender que si a Ellos les va mal, al país le irá muy bien.

lunes, 2 de enero de 2017

Tropezar con la misma piedra



Mientras el ministerio de Educación deja afuera a casi 3000 empleados públicos, el presidente off shore Mauricio Macri afirma en Villa Traful “estamos vocacionados a generar trabajo”. Además del contraste, el Ingeniero cometió un nuevo furcio. Tal vez introdujo ese neo verbo confundiéndolo con ‘abocado’ o porque, a la vez que su boca se movía, su cerebro evocaba las vacaciones interrumpidas para simular ocupación. Antes de recitar sus líneas de stand up decidió alterar su trayecto para comprar alfajores y toparse, casualmente, con una marcha de los trabajadores del Estado. Un cristal roto en la camioneta –desde adentro y no desde afuera- sirvió como excusa para otro episodio de victimización al mejor estilo de Pimpinela. Un nuevo verso amarillo, por supuesto: si todos los perjudicados y disconformes de la Revolución de la Alegría arrojaran al menos un grano de arena, Macri y su Gran Equipo terminarían lapidados. El primer año del retroceso termina y el que empieza no promete ser mejor, más aún si insisten en transitar por este túnel oscuro y sembrado de piedras que no tienen otro objetivo que hacernos tropezar.
Después de inaugurar por segunda vez el Centro de Interpretación e Información Turística de Villa Traful y del simulacro de agresión, Macri brindó un muestrario de sus frases más incoherentes en una entrevista con radio Mitre, donde su pulsión confundidora recrudeció. Como si fuera un corresponsal de guerra, explicó: “soy responsable de exponerme, pero yo necesito conectarme con los argentinos para saber qué les pasa”. En realidad, lo que necesitaba en ese momento era comprar alfajores y si quiere saber qué nos pasa a los argentinos, que analice las consecuencias de sus políticas y lo sabrá con facilidad.
A sabiendas de recitar sandeces en una radio cómplice, afirmó: “nosotros somos el Gobierno que más apoyo tiene en América Latina". ¿Apoyo de quién? ¿Del establishment internacional que sólo ve negocios jugosos en donde nosotros queremos construir un país? ¿De las grandes corporaciones, que esperan que Macri siga desmantelando nuestros derechos para volcar algunas gotas de especulación con formato de inversiones? ¿Del presidente entrante Donald Trump, que tiene en mente cerrar sus fronteras e invadir la región de todas las formas posibles? Según Macri, Trump le dijo: “vamos a tener la mejor relación, olvidate”. ¿Así habla el nuevo mandatario yanqui, como cualquier adolescente argentino o es una nueva patraña del estafador serial que copó La Rosada? 
La boca del mentiroso
Pero volvamos a la falacia original: Macri aseguró que su gobierno es el que más apoyo tiene en América Latina. Si su entusiasmo estadístico proviene del resultado del balotaje, no debería olvidar que superar a Scioli por menos de dos puntos no es un gran apoyo. Si hoy fuera opositor, estaría deslegitimando cualquier decisión del ex gobernador con esa excusa, como lo hizo con Cristina, que logró un porcentaje mayor contra seis candidatos en 2011. El apoyo que imagina Macri tampoco proviene de las recientes encuestas, que señalan una caída de casi 16 puntos en su imagen positiva. Si en diciembre del año pasado había un 46 por ciento de argentinos que se consideraban oficialistas, hoy no llegan al 32. Y si alguno piensa que el apoyo proviene de los empresarios vernáculos, se está equivocando: el partido gobernante tuvo que solicitar la contribución económica de funcionarios y voluntarios porque los principales beneficiados por el cambio archivaron la chequera hasta nuevo aviso.   
Aunque ya deberíamos estar acostumbrados a sus tretas discursivas, no dejan de exasperar. Esa manera de disimular sus embustes con un envoltorio campechano y el tono infantil con que trata de llegar a su gente todavía logra algún efecto. Y no hay que lucubrar demasiado para arribar a la siguiente conclusión: el empresidente abusa constantemente de la credulidad de sus oyentes porque el principal apoyo que tiene es el blindaje que construyen los medios de comunicación hegemónicos. Blindaje que pasa por alto las asperezas y tropelías amarillas y resalta las ficciones que surgen de la creatividad periodística y el afán servil de algunos fiscales y jueces que han abandonado hace rato cualquier idea de justicia.
El eje informativo que desde 2008 se centró en mostrar lo malo que es el kirchnerismo no se alteró un ápice. Por el contrario, desde la asunción del Gran Equipo, la estrategia se potencia de manera proporcional a los desastres que produce. Las tapas se han convertido en la mesa de entrada de los tribunales y desde allí se articula el accionar de fiscales y jueces. El procesamiento de Cristina decidido por el juez Julián Ercolini es una prueba de eso: sólo plasma con un lenguaje seudo tribunalicio los prejuicios que se publican en diarios, radios y canales televisivos. No importa la verdad tanto como que la acusación parezca lo más contundente posible. No interesan las pruebas, porque el Poder Fáctico no las necesita para hacer desaparecer sus obstáculos. Ni siquiera hace falta la existencia de un delito, como puede demostrarse no sólo con la causa de Ercolini, que transforma un gobierno de doce años en una asociación ilícita, sino con las otras dos que tratan de proscribir a La Presidenta: la del dólar futuro y la del memorándum con Irán. Sólo la oligarquía gobernante puede castigar al inocente con el único justificativo del odio y el desprecio: lo han hecho con el primer golpe de Estado de la historia, con los bombardeos, los fusilamientos, la represión y los desaparecidos y lo quieren hacer ahora, con menos crueldad pero igual saña.
Ahora que los que se creen dueños del país gobiernan con una apariencia de legalidad, su pulsión destructiva se ha desatado. Como si fueran predadores hambrientos en un redil, tratan de asestar la mayor cantidad de mordiscones posible antes de que los estafados por el cambio reaccionen. Mientras Macri prepara la mesa para el festín de los más ricos, el malestar de la población crece cada vez más. Con casi 200 mil despidos y 40 mil suspendidos no se puede esperar otra cosa. El deterioro de estos meses fue medido en un reciente estudio realizado en conjunto por el Conicet, Flacso y las universidades públicas sobre las consecuencias de las medidas neoliberales aplicadas por Cambiemos.
La situación es alarmante: la salud física  y mental de los trabajadores se ha resentido notablemente. Los sectores medios son los más afectados porque en estos meses han perdido el bienestar alcanzado con el gobierno anterior. La situación económica disminuye la sensación de felicidad y afecta la alimentación y el descanso. El temor a ser despedido, suspendido o ajustado altera el ánimo y baja la autoestima. Ya hemos vivido una situación similar y la fabulación simbólica de las pantallas nos han hecho caer nuevamente en la trampa.
Mientras un puñado de jueces generan titulares con los no-delitos de Cristina y Milagro Sala, los medios cómplices ocultan o amortiguan la gravedad de las 50 cuentas en paraísos fiscales de la familia Macri, el acuerdo reservado con Qatar, las irregularidades en las fundaciones PRO, las incompatibilidades de casi todos los funcionarios, los negociados millonarios de familiares y amigos, la ineptitud de ministros, secretarios y subsecretarios y encima, la ministra de Desarrollo Social de apellido colonialista nos serrucha el mapa. ¿Cómo sería el ánimo del público cautivo si todo esto ocurriera con un gobierno populista? Seguramente estarían prestos a un cacerolazo destituyente pidiendo la cabeza de todos los involucrados.
Por necedad o distracción, los argentinos estamos tropezando con las mismas piedras que nos han hecho caer varias veces. Lo saludable para este nuevo año sería despertar del letargo antes de que la caída se convierta en un sometimiento perpetuo.

jueves, 29 de diciembre de 2016

La alegría de unos pocos



La realidad argentina insiste en arruinar las vacaciones del Ingeniero. Un cambio de ministro resulta inoportuno en medio del descanso, más aún cuando los números de la economía no son adecuados para el relax. Algunos episodios relacionados con la inseguridad y el hartazgo de los vecinos pueblan las pantallas de impaciencia. El segundo Fin de Año de la Revolución de la Alegría promete el alivio de abandonar un 2016 para archivar en el arcón de los malos recuerdos. Menos mal que siempre hay jueces dispuestos a inventar procesamientos que permitan alzar la copa a los predadores que gobiernan desde las sombras. El mismo magistrado que sobreseyó a los responsables de la apropiación de Papel Prensa en complicidad con la dictadura elaboró el dictamen contra Cristina y sus funcionarios para que el Poder Real pueda gozar del verano. Macri sonreirá satisfecho al leer los diarios que facilitaron su camino a La Rosada y que ahora desplazan de sus tapas los amargos tragos que genera su gestión para seguir denostando al gobierno que logró sacarnos del fondo del pozo.
Cambiar al ministro de Hacienda y Finanzas no es una decisión que toma un presidente en vacaciones. Tampoco puede entenderse que un integrante estrella del Gran Equipo elija este momento para “dar un paso al costado” de manera tan amigable. Más aún cuando puede darse el lujo de brindar en conferencia de prensa el rosario de logros de su gestión. Logros que sólo puede aplaudir un puñado de beneficiarios como la quita de retenciones, la eliminación de los controles cambiarios, la cancelación de deudas de empresas eléctricas y la exención impositiva a los productos de alta gama. Ni hablar del blanqueo, que permite que evasores históricos exterioricen una porción del botín para simular honestidad. Aunque la AFIP sume más de 5000 millones de dólares a la recaudación, poco significa en relación al brutal endeudamiento pasado y por venir.
Que a Prat Gay lo reemplacen dos personas no es indicativo de su valor, sino de la cantidad de estropicios que tienen en mente. De la mano de Clarín y La Nación, Nicolás Dujovne será el suplente de una mitad de Prat Gay en Hacienda. Su impronta es endeudadora y ajustadora, además de sostener la idea de abaratar los salarios para incentivar el empleo, un experimento que ha fracasado en varios momentos de nuestra historia. Para él, sobra un millón de empleados públicos porque el Estado funciona más como un seguro de desempleo que como dadora de servicios. La otra mitad de Prat Gay la ocupará Luis Caputo, primo de Nicolás, amiguito de la infancia del empresidente. El nuevo ministerio de Finanzas, entonces, estará a cargo de quien pagó a los buitres más de lo que pedían e incrementó su patrimonio en un 584 por ciento gracias al dólar futuro. Con semejantes mascarones de proa,  este barco no tendrá buen destino.
Una distracción permanente
Qué descaro el de Dujovne eso de hablar de empleados que sobran, cuando a los que son como él les sobra de todo. Desde desprecio hasta avaricia. Prepotencia y soberbia, también porque hablar de las personas como sobras es inhumano. Más aún en un contexto laboral que viene en declive gracias a las medidas tomadas por el Gran Equipo. Si piensa que va a combatir la recesión, la inflación y el desempleo ajustando y despidiendo ya debería estar renunciando. No nos preocupemos demasiado por memorizar su nombre porque no durará ni un suspiro. Cuanto mucho será golondrina de un verano.
Pero la culpa no es sólo de él: el mayor despreciador es el Turista Perpetuo. ¿O qué otra cosa inspiró el veto presidencial a la expropiación del Hotel Bauen? Sus dueños abandonaron la empresa y sus empleados con incontables deudas y los trabajadores la convirtieron en un emblema del emprendedorismo que tanto pregonan los amarillos. ¿O será que es un mal ejemplo que laburantes sin patrones lleven adelante un negocio exitoso? Como siempre, el cinismo de los PRO está presente en los argumentos: "el proceso expropiatorio implicaría un severo perjuicio en la posibilidad de asignar por parte del Poder Ejecutivo nacional los recursos económicos disponibles a otras necesidades básicas insatisfechas para el conjunto de la población”. No dijeron eso al beneficiar a los agrogarcas, minegarcas o champangarcas con las bajas impositivas, con un perjuicio fiscal mucho mayor.
Si no fuera por la confusión que siembran a diario los medios hegemónicos, estas contradicciones estarían en boca de gran parte de los argentinos. Sin embargo, cronistas, analistas y comentaristas operan para atribuir las malarias del presente a las políticas del kirchnerismo, sobre todo a la tan efectista corrupción. No importa si sólo un cinco por ciento del dinero de los paraísos fiscales pertenece a políticos y casi el 70 es de empresarios inescrupulosos. Tampoco interesa si los hechos que denuncian correspondan a coimas abonadas a algunos funcionarios por muchos de los anunciantes de sus programas. Los blancos de sus diatribas son siempre los políticos, los únicos actores sociales elegidos por el voto popular.
El gerente de La Rosada puede descansar tranquilo en la estancia de su amigo Joe Lewis porque tiene las espaldas cubiertas por las estrategias de manipulación que Noam Chomsky deschavó unos años atrás. La primera que aparece en el listado es la de distracción, que consiste en desviar la atención del público para que no se centre en lo importante. Cuando un hecho es adverso a la imagen del gobierno, los medios cómplices imponen una agenda para taparlo. En esta semana, los damnificados por algunos hechos delictivos y las inundaciones más la salida de Prat Gay del gabinete y los datos negativos sobre el segundo semestre amenazaban con oscurecer la última semana del año. La condena de Milagro Sala por un hecho absurdo y no demostrado y el procesamiento de La Presidenta permiten alimentar los prejuicios y justificar el malestar económico.
El novelón que escribió el Juez Julián Ercolini es un monumento a la incongruencia y, en un exceso de servilismo, embargó a Cristina por la descomunal cifra de 10000 millones de pesos. Sus fundamentos son las declaraciones de Leonardo Fariña, el informe oficial “El Estado del Estado” y la denuncia de Javier Iguacel, titular de Vialidad Nacional y ex candidato a intendente de Cambiemos. Además de que las dos primeras fuentes no son objetivas ni confiables, lo llamativo es que la tercera contradice la auditoría elaborada por los técnicos de Vialidad Nacional. En este informe los técnicos aseguran que no hubo sobreprecios y “no se perciben deficiencias de relevancia en las construcciones, los desajustes de certificaciones de obras no se consideran relevantes, el ambiente de control imperante resulta razonable, no se encuentran desvíos significativos”. En síntesis, no existe nada de lo que denuncia la pata judicial del PRO. Y los tan mencionados retornos por el alquiler de los hoteles no alcanzan ni el 0,03 por ciento de los montos de obra pública recibidos por Lázaro Báez. No hay pruebas de sobreprecios, de coimas ni de sub ejecución pero el juez denuncia. Ni siquiera hay delito, porque la asociación ilícita no puede aplicarse a un gobierno elegido por el voto popular.
La denuncia de Ercolini, las fantasías judiciales de Bonadío y la sentencia a Milagro Sala sólo tienen como objetivo distraer al público, confundir las causas de la actual crisis y demonizar al kirchnerismo. Como ya son muchos los que advierten lo bien que estábamos cuando estábamos mal, en lugar de buscar una salida alternativa al tenebroso túnel en que nos metieron, el Gran Equipo y las Usinas de Estiércol insisten en reforzar las falacias que permitieron el copamiento de La Rosada. Todo tiene un límite: hasta la alienación de las conciencias. Y no hay nada que frene a un Pueblo cuando, por fin, se despierta.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Reflexiones navideñas a la sombra del Cambio



El Cambio cada día sorprende más. Con un par de berrinches y algunos sobornos, los amarillos consiguen imponer sus proyectos nefastos y hasta logran que Papá Noel visite por primera vez La Rosada. Un Papá Noel tan magro como las ventas navideñas. Los insultados de la semana pasada sonríen felices por haber abandonado sus principios. Los sindicalistas que hicieron cinco paros al gobierno anterior por el Impuesto a las Ganancias brindan con el empresidente porque, en lugar de eliminarlo como prometió en campaña lo modificó para que haya más contribuyentes. Al gobierno del cambio le va tan bien que logró frenar el impuesto a las empresas mineras que incluía el proyecto opositor que había triunfado en Diputados y que, después de los insultos oficialistas, se transformó en lo que Macri quería. Un año con los PRO ha puesto en cuestión la tan recitada frase “si al gobierno le va bien al país le irá bien”. Y si esto no basta, la sanadora de confianza de Macri aportó una señal insoslayable: preocupada por su salud, le aconsejó que saque todo lo que Cristina dejó en casa de Gobierno y Olivos, “especialmente las flores amarillas, porque para empezar el amarillo es traición”.
Si Ángeles Ezcurra hubiera advertido con más énfasis las contraindicaciones de ese color en la antesala del balotaje, quizá algunos votantes se habrían abstenido de confiar ciegamente en las angelicales promesas del Ingeniero y su troupe. Tan evidente es la traición a la voluntad democrática que el Jefe de Gabinete, Marcos Peña tuvo que admitir en una entrevista radial que los mensajes de campaña no debían tomarse al pie de la letra. Ya tuvieron que disculparse de la peor manera con la fantasiosa idea de la Pobreza Cero. Conmigo no vas a perder nada de lo que tenés se convirtió en pérdida de empleo, poder adquisitivo, vacaciones y en algunos casos, hasta la libertad. En estos días, la contradicción del impuesto a las ganancias casi hace trastabillar al Gran Equipo. “Eso fue en un spot” soltó Peña, a la manera del Infame Riojano cuando reconoció que si decía lo que iba a hacer no lo votaba nadie.
Claro, si Macri hubiera dicho en el famoso debate que iba a devaluar la moneda, eliminar impuestos a los más ricos, liberar el comercio exterior, producir inflación, recesión y desempleo, desmantelar la creciente industria nacional y expoliar a los usuarios con tarifazos de miedo, en lugar del 52 por ciento, sólo lo hubieran votado masoquistas, suicidas y sádicos. En lugar de esto, recitó “¿en qué te han convertido, Daniel? Parecés un panelista de 678”. Y con esa magistral síntesis de desprecio, alimentó los prejuicios que faltaban para conquistar las urnas.
Chocadores de calesitas
Por eso, aunque ellos insistan con la idea del sinceramiento, estamos experimentando un escandaloso engaño que se renueva día a día. Una extraña manera de sinceridad que sería inaceptable en otro escenario. El estamos aprendiendo estuvo en boca de muchos de los integrantes del Gabinete Amarillo, incluso de la vicepresidenta, Gabriela Michetti, que no deja de pasar papelones en el Senado. Ahora se suma el nuevo presidente de Aerolíneas Argentinas, Mario Dell’Acqua, que declaró no conocer nada de una compañía aérea. Si sumamos esta sinceridad a su apellido, que parece más adecuado para la actividad acuática, es lícito sospechar que quieren fundir la línea de bandera para liquidarla por unas monedas.
Antes de ecualizar su voz, el Ingeniero al que le brotan empresas off shore por cada uno de sus poros recrudeció sus falacias sobre el gobierno de Cristina: “recibimos un país quebrado”. Una descomunal mentira que hasta el propio INDEC de Todesca desmiente. El crecimiento del año pasado sigue creciendo con cada estimación: en junio dijeron que la economía en 2015 había crecido un 2,4 por ciento, en septiembre, 2,5 y ahora admiten un 2,6. Un país quebrado no puede ostentar una expansión así, con un 6 por ciento de desempleo, una industria que se duplicó en diez años, desendeudado, con alto nivel de consumo, una cobertura jubilatoria casi total y reservas mayores que las de hoy. Eso no es un país quebrado, señor Macri. El país lo está quebrando usted con sus alocadas medidas que ni los economistas más ortodoxos comparten.
En el tercer trimestre se produjo la mayor baja del año en el PBI, con un 3,8 por ciento de caída interanual. Ni brotes verdes ni lluvia de inversiones: el segundo semestre fue cuesta abajo y, contra toda previsión oficial, no habrá rebote porque el plan económico del PRO más que una pelota es un chicle. En el mismo período, el consumo privado –el 72 por ciento de la demanda- cayó 3,1 puntos en comparación con el año pasado. Y si esperaban que las ventas navideñas hicieran repuntar los números, la CAME –Confederación Argentina de la Mediana Empresa- considera que, en cantidad de artículos, el retroceso fue de un 2,1 por ciento. No se puede esperar otra cosa si el poder adquisitivo ha perdido más de seis puntos. La inflación –que iban a bajar con pericia- la multiplicaron con sus propias medidas hasta superar el 40 por ciento. Y si agregamos que las exportaciones registraron una baja del 2,5 por ciento y las inversiones cayeron 8,3 puntos, el empresidente debería mirarse en un espejo más que denostar al mandatario anterior. Menos aún enorgullecerse porque beneficiaron a los más ricos con una disminución de impuestos que representa 1,6 puntos del PBI, como hizo Marcos Peña hace unos días.
Tanto sinceramiento abruma, sofoca y un poco indigna. O bastante. Como la explicación que dio el ministro de Gobierno y Justicia de Jujuy, Agustín Perassi sobre la represión a la diputada Mayra Mendoza por parte de la policía provincial. Según el funcionario, merecía ese trato porque estaba “histérica”, lo que agrega violencia de género a la institucional. Un poco más y la referente de la Cámpora debería agradecer la terapia psiquiátrica, la descompresión de sus vértebras cervicales y las exitosas pruebas sobre su capacidad respiratoria.
Ellos dicen que son sinceros pero no pueden ocultar el tono burlón que acompaña cada declaración. No es sinceridad asumir un cargo sin el conocimiento necesario, sino irresponsabilidad. Y jactarse de ese desconocimiento, es puro cinismo. Quizá de esta forma quieran explotar el mito del hombre común que no viene de la política como garantía de transparencia. Pero son tan alevosos los chanchullos que ni los familiares se lo creen.
A medida que avanza por esta maraña de fracasos voluntarios, el Gran Equipo se va desgranando más lentamente de lo que debería. La ceocracia de Macri, atrozmente ajustadora, bestialmente persecutoria e indiscutiblemente incapaz, está por chocar una calesita mientras algunos dirigentes opositores –por temor o conveniencia- alientan el dramático trayecto. Total, el estropicio no lo padecen ellos sino los que se abalanzan sobre un contenedor como si fuera la góndola de un súper. Algo de responsabilidad tienen, pero nadie merece semejante castigo por meter el voto equivocado.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...