domingo, 5 de febrero de 2012

Entre estos calores, algunos clamores

Como hace mucho calor, se impone hablar del calor. Prepotente, invasivo y grosero, hace que nos sintamos como la muzzarella burbujeante que se desparrama por la pizza. Hasta las ideas parecen salir derretidas de nuestra mente, pre-cocidas, a punto de caramelo. No hay sintonía fina que pueda hacer retroceder a esta estación que, sin dudas, tiene una peligrosa posición dominante a lo largo del año. Y el ciclo lectivo pretende invadir parte de la estación más larga, más molesta y más cruda del año en gran parte del país. El Ministro de Educación, Alberto Sileoni, propone alcanzar los doscientos días de clase para mejorar la calidad educativa. Si la cantidad garantiza o no calidad, es una vieja discusión. Y si de cantidad se trata, habría que averiguar cuánta carne sobró del asado convocado por Hugo Moyano, el líder de la CGT, en el edificio de la calle Azopardo. Algunos dicen que por más que los invitados comieron como si les pagaran horas extras por cada masticada, las ausencias se notaron por la presencia de costillares abandonados en la parrilla a la hora de los postres. Y ante los no muchos presentes, Moyano negó la posibilidad de pasarse a las filas de la oposición porque “yo estoy en nuestro propio bando”. Mientras el camionero toma rumbos inciertos y solitarios, aparecen pintadas en algunas paredes que claman “Cristina 2015”. Otro clamor que crece con más insistencia es el del retorno de una YPF estatal comprometida con el crecimiento y no con la especulación. Aunque el calor haga que todo parezca más lento y pegajoso, la acción no se detiene.
A fin de mes comienzan las clases. Así lo dispuso el Ministerio de Educación. Y la idea es seguir agregando días de clase hasta llegar a los doscientos. El calor no es excusa para no hacerlo, aunque influye. En gran parte del país, hasta mediados de abril sigue implacable y ya para esos tiempos, con tanta acumulación calórica, 27 grados resultan agobiantes. Y en un salón poblado de adolescentes acalorados, con un módico ventilador destartalado que desparrama aire sobrecalentado y un ventanuco que ni siquiera promete la posibilidad de ventilar, resulta muy difícil impartir educación. De este modo, la cantidad no garantiza calidad. Menos aún si algunos colegios no incorporan un uniforme adecuado para los días de altas temperaturas. Con el calor no se puede pensar. No dan ganas de pensar cuando todo parece derretirse.
Los expertos en estas cuestiones climáticas hablan del calentamiento global, pero no explican por qué el este europeo se está congelando desde hace algunos meses. Si la avidez capitalista está alterando el equilibrio del planeta, las minorías beneficiadas no se dan por aludidas. Las topadoras sacuden los bosques para continuar con la avanzada híper explotadora de la tierra. En Perú, los miembros de una comunidad indígena amazónica que vive aislada en los bosques, los mashco-piro, comenzaron a hacerse ver en un balneario para ecoturismo. Claro, entre las topadoras y los aviones de las petroleras, se sienten expulsados de las tierras que ocupan desde hace generaciones. Los capitalistas angurrientos producen el calor, el frío, las guerras, el colonialismo, el hambre, la exclusión. En las provincias del norte de nuestro país ocurre algo similar y los gobiernos correspondientes, en lugar de aplicar la ley, se ponen de parte de los que la incumplen. Y hay patotas armadas que desalojan campesinos indígenas a los tiros, con impune puntería. Eso no provoca el calor, pero recalienta el ambiente.
Y otros recalientan los motores. “Nadie duda –afirma Moyano- que desde la Casa Rosada se quieren rebajar los porcentajes salariales y de esta manera se terminan las paritarias libres”. Una sugerencia no es una orden, aunque algunos lo tomen de esa manera. Pero el camionero emprendió un rumbo propio con un objetivo incierto. Los que lo siguen son los que nunca pensaron seguirlo. Paradoja. Aunque enojado con exageración, descartó un paro general “porque no hay motivos, por ahora”. Las demandas del sindicalista no explican el rol que está asumiendo. La suba del mínimo no imponible para el pago del impuesto a las ganancias y el retiro del tope a las asignaciones familiares son transformaciones ineludibles. Y también el reparto de las ganancias empresariales entre los trabajadores y el incremento de los días de vacaciones mejorarían sustancialmente las condiciones laborales. Pero esos reclamos no justifican una ruptura.
Ni los exabruptos. Declarar que seguirá al frente de la central sindical “hasta junio si no hay un golpe de Estado en la CGT”, además de jugar con algo muy doloroso para la historia de nuestro país, es hacer el juego a los impresentables que mastican su odio fantaseando con un gobierno autoritario que sólo existe en la imaginación de trasnochados etílicos.
Y en su afán de ejercer presión, está perdiendo poder y precisión. Muchos de sus allegados se han diferenciado de sus posiciones extremas. Claro, homologar la sintonía fina con la flexibilización laboral menemista es de una injusticia hiriente. Y quienes salieron a apoyar públicamente sus palabras simbolizan lo más cuestionable de la representación gremial. Gerónimo Venegas y Luis Barrionuevo, ligados al duhaldismo, y Pablo Micheli, afín al ex gobernador Hermes Binner, se montan al acoplado de Moyano para ganar posiciones en la vereda de enfrente. El calor produce esos milagros.
Milagros como el de la resurrección de Julio Cobos que, ante los rumores sobre una reforma constitucional que permita la re-re de CFK, encontró un micrófono misericordioso que le otorgó la posibilidad de iluminar a la opinión pública. Para el ex vice opositor –conspirador, también- “intentar una reforma de la Constitución para permitir otra reelección presidencial es subestimar a 40 millones de argentinos y a la dirigencia política”. Claro, el ex gobernador mendocino sabe mucho sobre el tema de respetar la voluntad popular y las instituciones democráticas. Y también de política, de la profunda. Por eso sostuvo con esa claridad que lo caracteriza que “siempre es mejor la alternancia porque facilita la renovación”, como si hablase más de su vestuario que de política. Y como buen conocedor, concluyó que “la reforma de la Constitución no es hoy una prioridad para la ciudadanía”. Sin embargo, muchos se entusiasman con esta idea, aunque sea para dar letra a algunos opositores y alterar su descanso estival. Como el diputado Francisco De Narváez, que reclamó a La Presidenta que defina si va a impulsar o no la reforma constitucional. “Si se va a modificar para las re elecciones indefinidas –declaró el empresario que juega a la política- voy a decir que tienen el derecho de pedirlo pero me voy a oponer". Da miedo, ¿no?
Quien no tiene miedo es el Ministro de Planificación, Julio De Vido, que a través de un comunicado anunció la suspensión de los programas Petróleo Plus y Refino Plus, con los que otorgaba beneficios fiscales a petroleras y refinerías por 2000 millones de pesos al año. Un poco de sintonía fina y otro poco de revancha. Los sobreprecios en la venta a granel de gasoil ponen el foco en el accionar de las distribuidoras de combustible que abusan de su posición dominante. Estos incentivos comenzaron a entregarse en 2008, cuando las condiciones de mercado eran diferentes de las actuales y tenían como objetivo la exploración, producción de petróleo y la refinación. Pero las empresas beneficiarias no respondieron de forma satisfactoria. La importación de combustibles no se condice con el potencial productivo de las reservas del país. Tal vez esta medida sea un anticipo de la estatización de YPF, que controla el 60 por ciento del mercado total. Y los accionistas, aunque están obligados a distribuir el 90 por ciento de las utilidades que genera la compañía, distribuyen el 144 por ciento. Vale aclarar que en el mundo, lo que se reparte no es más del 40 por ciento y es por eso que el grupo conformado por Repsol y Petersen (Eskenazi) no tiene resto para destinar a exploración y explotación. El Estado les ha dado tiempo para que se encuadren en la ley y no lo han hecho. No estaría de más re-estatizar la empresa creada por el General Mosconi noventa años atrás. Un paso más en la recuperación de la soberanía nacional abandonada por peligrosos espejitos de colores.

1 comentario:

  1. Espejitos de colores y un Moyano que se preocupa ante un gobierno que promete inclusión. Si dentro de un tiempo los trabajadores no tengan de que quejarse, ¿que rol ocupará el sindicalismo?.¿No será una especie en extinción?. Sería muy bueno deshacerse de estos gordos mafiosos.

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