miércoles, 29 de febrero de 2012

La herencia en una mochila

“Volver a los 17” es una muy profunda canción de Violeta Parra, más conocida por la versión de Mercedes Sosa, aunque son muchos quienes la incluyen en su repertorio. Pero este Apunte no tratará sobre bellas canciones sino sobre espantosos alaridos. Y sobre otras cosas también. Pero antes, volvamos a los 17 que, en este caso, no será una reflexión sobre el recorrido etario que plantea en su canción la gran cantautora chilena, sino a los 17 intelectuales que presentaron sin bombos ni platillos una alternativa para recuperar Las Malvinas en clave británica. O para los británicos. Aunque parezca mentira, esa carilla abundante en despropósitos y carente de genialidad, es defendida a capa y espada por sus autores, a pesar de las críticas recibidas y las escasas muestras de adhesión que despertó. Si esperaban algún premio internacional por ese exabrupto epistolar, quedarán decepcionados. Tal vez alguna medalla con el perfil de la reina, pero no más que eso. O una miniatura del Big Ben en terracota. Quizá quieran redoblar la apuesta con alguna segunda parte, si es que les da la cara para continuar con esa postura de pobre rigor histórico y jurídico. También, carente de todo sentimiento nacional. Con ese documento no sólo demuestran su odio hacia el kirchnerismo, sino hacia todos los que amamos nuestro país.
Y si de patriótico se trata, el lunes se conmemoró el bicentenario del izamiento de la bandera en las barrancas de Rosario. Muchas expectativas por la presencia de CFK en el acto oficial y algunas débiles críticas posteriores. Lo primero porque se esperaba su palabra después del accidente de Once. “No esperen de mí jamás –expresó ante la multitud reunida en avenida Belgrano-  ante el dolor de la muerte, ante la tragedia, la especulación de la foto y el discurso fácil, porque sé lo que es la muerte, lo que es el dolor”. Interesante respuesta para los que casi exigían desde los medios algunas palabras de ocasión a las pocas horas de ocurrido el accidente ferroviario. Para eso está Macri, dijo La Presidenta con otras palabras. Lo segundo, las críticas fueron las de siempre y tan poco pensadas que dan pena. Claro, para algunos un acto en conmemoración de un hecho histórico debe ser híbrido y anodino, a la manera de los actos escolares de antaño, tantas veces parodiados, plagados de lugares comunes y giros retóricos que no conducen a nada. Pero, por si no lo entendieron, Cristina no tiene un discurso fácil, fútil. Cada vez que abre su boca, exhala política. Y sus manos también expresan política en cada movimiento. El izamiento de la bandera en febrero de 1812 se re-significa con el hoy. Y el hoy es política pura. Cristina es política pura, por si no lo entendieron. Lo otro es Macri, con su corrección de la nada y su insistencia en la obviedad marketinera.
Otras críticas estuvieron relacionadas con el público. Para algunos el casting falló. Si esperaban alumnitos inmaculados y juiciosos agitando banderitas es comprensible su enojo ante la barbarie K. Lo que pasa es que envidian la relación que Cristina tiene con su público, algo que jamás podrán lograr porque les falta pasión, compromiso y contenido. Mucho contenido. Carecen de comprensión histórica y muchos de ellos tienen que esconder sus ideas detrás de fingidas intenciones y grandes generalidades porque si no, no los vota nadie. Como hizo el cínico riojano en 1989. O Macri. Cuando habla Cristina, su auditorio es militante, político, sudoroso, inquieto y bullicioso. No van a escuchar una ópera ni asisten a un acto solemne. Los militantes van a escuchar a Cristina, con todo lo que eso significa. Si no lo entienden, guarden silencio porque quedan ridículos con esas críticas de catálogo.
También dijeron que no dijo nada. Sordos de vocación y con insistencia.  “Tenemos que volver a tener un sistema de ferrocarriles en la República Argentina” es nada más que compromiso para recuperar lo que se fue perdiendo a lo largo de medio siglo. Y, por si no quedó claro, después agregó más compromiso: “voy a tomar las decisiones necesarias”. Y para demostrar que no hay inacción, sino todo lo contrario, denunció: “todo cuesta, porque todo son trabas, son muchos los palos en la rueda por donde vayas, son muchos los intereses”. Y para rematar, una sentencia: “lo que sí tendrá que haber es justicia. De una buena vez y para siempre”. Todo esto, para algunos, es no decir nada. Pero además, como acostumbra en sus intervenciones, dejó un lugar para la emoción. Para demostrar que no estuvo ajena a la tragedia, mencionó algunos de los casos, como “el del hijo de Jesusa, de Esteban Echeverría”, el de “José, quien perdió a su mujer, madre de una hija de tres años y que debió enviar el cuerpo a Paraguay, donde la señora había nacido” y el de “Francisco, el sereno de Merlo con siete hijos, que estuvo en terapia intensiva y ahora se recupera”. No habló de “el Cacho” o “la María”, sino de historias reales. Como el caso de Lucas Menghini Rey, un emblema de la desatención que agrega más dolor.
Un breve paréntesis respecto al tema. En medio del drama, cualquier reacción es esperable. El repudio al comunicado del Ministerio de Seguridad a poco de hallarse el cuerpo de Lucas, en ese contexto, se entiende. Pero el escrito firmado por Nilda Garré no responsabiliza al joven por su muerte, sino que explica por qué se había demorado tanto su hallazgo. Una confusión comprensible en los padres, familiares y amigos. Con el tiempo, todo quedará más claro.
La Presidenta habló de todo, de lo que se hizo y lo que todavía falta. Porque falta mucho. Pero cada vez están más expuestos los motivos que dificultan el avance. La tragedia de Once expone la avariciosa conducta de un grupo empresarial en pos de acumular ganancias sin invertir lo necesario. Algo similar ocurre con las petroleras. O con las grandes cerealeras que no pagan ganancias y encima evaden. O con la inflación, producto de estrategias de apropiación de renta por parte de grupos económicos con posición dominante que atentan contra la competencia. “Muchas veces para ir por todo es necesario que todos entiendan todo”, expresó CFK el lunes.
No eran necesarias tantas muertes para dejar expuesto lo evidente. Todavía quedan muchos huesos duros para roer. La sintonía fina parece insuficiente ante las distorsiones groseras de ciertos grupos económicos. La herencia neoliberal es una pesada mochila de normas y conductas. En esa mochila hay desinversión, fuga de capitales, especulación, evasión y algunas joyitas más que merecen ser reconocidas y cuanto antes, sancionadas o eliminadas. Esta mochila es tan pesada que entorpece la marcha hacia un país más justo. Muchos ya hemos entendido cómo vaciarla. Otros, en cambio, insisten en mantenerla llena, a sabiendas de que su considerable peso nos arrastrará a los momentos más oscuros de nuestra historia.

1 comentario:

  1. Es por eso, por todo lo brillantemente enuciado, es que uno se pregunta: ¿Bastarán 4 años?, el que siga, ¿mantendrá el rumbo o volveremos a defeccionar?. Dios dirá.

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