jueves, 6 de agosto de 2020

Ni bombos ni platillos

La noticia festiva de la semana fue el acuerdo conseguido con los acreedores privados. Muchos elogios al ministro Guzmán y su equipo por lograr una negociación dura con los prestamistas más implacables. El presidente Fernández está más aliviado porque durante su mandato los pagos serán casi inexistentes y permitirá destinar recursos al desarrollo económico. La síntesis es que gracias a este “triunfo”, los argentinos nos ahorramos cerca de 40 mil millones de dólares en intereses. Lo ideal sería ahorrarnos todo lo que estos especuladores prestaron al peor equipo de los últimos cincuenta años. 66 mil millones es un ahorro mayor que 40 mil, ¿no? Aunque sea un dólar, ¿por qué tenemos que saldar lo que no sirvió para nada?

Si algunos cambiemitas están satisfechos y se deshacen en elogios, es para desconfiar. Claro, cuando estuvieron en el gobierno, endeudaron el país como nunca y bajo legislación extranjera para habilitar la fuga de capitales y la especulación financiera. En cierta forma, la actual gestión está tapando agujeros heredados pero no es eso lo que celebran los cambiemitas; tampoco que se les pague menos a los usureros internacionales, que son sus aliados. Lo que quizá celebren los macristas sea que hasta ahora no han sido tan criticados por el brutal endeudamiento que generaron apenas asumieron. Criticados, quizá sí, pero no imputados penalmente por el daño. Esto habilita que el cínico ex ministro Alfonso Prat Gay haya dicho que se podría haber logrado un acuerdo mejor. Caradura, si él fue el que comenzó el ciclo de apertura cipaya a los tránsfugas internacionales. En lugar de pedir disculpas, critica a los que solucionaron el problema que él y otros más nos dejaron.

Otro cambiemita que sembró su malicia es el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, que refunfuñó sobre “el relato eterno de este Gobierno que va a plantear que esto es épico y todas esas cosas”. Si sacar a Argentina del default es un relato épico, ¿cómo llamaría este canalla al hundimiento que provocó Macri? ¿Proeza bélica? Como siempre, el más desvergonzado fue el Buen Mauricio quien, desde sus inmerecidas vacaciones en Francia vomitó: “defautear jamás puede estar bien”. Hipócrita, si fue él el que nos dejó en default usando el eufemismo “reperfilamiento”.

Después vienen a hablar de relato cuando ellos nos bombardearon cuatro años con la vuelta al mundo, la revolución de la alegría, la pobreza cero, la lluvia de inversiones, el crecimiento invisible, los brotes verdes y demás nombres de fantasía para la estafa que estaban desatando sobre nuestras cabezas.

El acuerdo está muy bien, pero no debemos ser nosotros, los ciudadanos que no vimos un solo dólar de esos 66 mil millones, los que tengamos que sacrificarnos para pagarlo. Los que fugaron y especularon con esa cifra deben ser los que, por primera vez en la historia, paguen los platos rotos. Lo mismo debería pensarse con la deuda contraída con el FMI. Nosotros no nos enamoramos de Christine Lagarde, sino Macri y sus secuaces. El préstamo del organismo internacional –el más voluminoso de que se tenga memoria y contra sus propios estatutos- fue gestionado por Donald Trump para que Macri gane las elecciones para seguir rifando el país. Que lo pague él, entonces, que perdió la apuesta.

De una vez por todas, debemos decir Nunca Más al endeudamiento irresponsable y para eso debemos castigar a los ex funcionarios que irresponsablemente nos endeudaron: Prat Gay, Sturzenegger, Nicolás Dujovne, Luis Caputo y, por supuesto, Macri. También Marcos Peña, que parece inmune al barro que salpica a los amarillos. Y a todos los que hicieron apología de esta estafa histórica, desde sus bancas en el Congreso y desde los medios dominantes. De una vez por todas tenemos que sacarnos de encima a los endeudadores seriales sino, pueden aparecer lobos con piel de cordero, como Rodríguez Larreta o Vidal, que con una eficaz campaña publicitaria ganen las elecciones y nos hagan retroceder muchos casilleros.

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