viernes, 5 de marzo de 2021

La mafia al descubierto

 

Esta semana arrancó con énfasis. En el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, el presidente Alberto Fernández abandonó la tibieza para remarcar el rumbo. Nada de diálogo ni conciliación para los que destruyeron nuestra economía y lo quieren seguir haciendo. Eso tranquiliza un montón porque sonreír a estos bárbaros es una muestra de debilidad. Después de las bolsas mortuorias colgadas en las rejas de La Rosada, ningún diálogo es posible con el núcleo duro del PRO. Si una investigadora del Conicet –Sandra Pitta- considera que cuando esta derecha bestial regrese al gobierno van “a pisar como cucarachas” a los kirchneristas, si el aún fiscal Carlos Stornelli quiere tener un encuentro de hombre a hombre con Alberto cuando ya no sea presidente y si muchos exponentes cambiemitas todavía sostienen que representan la eficiencia, la transparencia, el progreso, la República y coso, ¿qué se puede acordar con Ellos?

Lo han demostrado en los cuatro años de desgobierno macrista: lo único que saben hacer es potenciar privilegios para una minoría enriquecida a costa del empobrecimiento del resto. Y eso deberán pagarlo, si no en los Tribunales, al menos con una disminución de los votos. Si los jueces no castigan las atrocidades institucionales, económicas y jurídicas implementadas por la Revolución de la Alegría, que sean las urnas las que los condenen al ostracismo que merecen.

El discurso de Alberto sacudió la modorra veraniega. Las dos horas de definiciones, propuestas, proyectos y acusaciones –salpicadas con algún tropiezo lingual— definen un nuevo estilo de gobierno. Si a esto agregamos el alegato de Cristina ante los jueces de Casación por la causa Dólar Futuro, el sendero está marcado. Ningún país puede ser construido sobre las bases de un Poder Real que sólo planea la destrucción. Tanto el presidente como la vice explicaron con claridad que parte del Poder Judicial, los medios de comunicación hegemónicos y las empresas formadoras de precios son un obstáculo para un país más justo. Y lo urgente es que dejen de serlo.

Por más que Clarín, La Nación y toda la cadena de medios falaces y mafiosos señalen a CFK como agresiva, amenazante, injuriosa, la mayoría sabe que no es así. Cristina demolió no sólo a los jueces que la escuchaban sino que dejó al descubierto el entramado del Law Fare. Por más que digan que los K buscan la impunidad, gran parte de la población no come vidrio y los que vieron su intervención de casi una hora quedaron convencidos de que no hay convivencia posible con jueces y medios que –explotando una independencia inexistente- condicionan la vida democrática del país. Que anulen o no esta causa ya no tiene importancia: hagan lo que hagan seguirán demostrando que no están a la altura del cargo que usurpan. Tarde o temprano, esa corporación mafiosa liderada por Héctor Magneto y sus secuaces periodísticos, políticos y judiciales deberá ser desarmada si queremos consolidar un proyecto de país en el que todos gocemos de sus riquezas.

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