jueves, 1 de diciembre de 2011

Está bueno revisar las cosas

El futuro ex gobernador de Santa Fe Hermes Binner se muestra preocupado –vía twiter- por los números de la inflación, a la que define como un impuesto injusto. Claro, no dice que en la “invencible” el servicio de Aguas Provinciales puede aumentar un 130 por ciento en los próximos meses, incremento desmesurado, exagerado y desproporcionado, que no es producto de la inflación, si no de vaya a saber uno qué. Puede ser que sea un poco más alta que la que difunde el INDEC, pero no es para tanto. A lo mejor está haciendo autocrítica vía web, como una especie de catarsis para su futuro de desocupado. La cuestión es que muchos, en estos días, están presentando como principal problema el aumento de las cosas. No es casualidad, después de que el Gobierno Nacional haya anunciado la quita de los subsidios a los servicios públicos para aquellos que están en condiciones de pagar una tarifa completa. Y eso sirve para que los desconcertados de siempre tengan alguna excusa para que el público no se olvide de ellos. Parece que el ex anestesista se olvidó de que ya pasaron las elecciones, que no está en campaña y que en pocos días deberá abandonar la Casa Gris para convertirse en un ciudadano más.
La inflación es el cuco más efectivo a la hora de provocar el enojo de la población. Claro, la híper de finales de los ochenta es un recuerdo imborrable en la memoria de muchos argentinos. Lo interesante está en pensar qué produce la inflación, si el libre juego de la oferta y la demanda, la escasez de ciertos productos, medidas gubernamentales, devaluación de la moneda, problemas estacionales o climáticos. O simple especulación por parte de aquellos sectores dominantes de la economía que se resisten a cambiar en un país que ahora quiere ser mejor. Pero hablar de la inflación como si fuera un designio divino, un estigma o una epidemia es poco menos que deshonesto. Ya se ha explicado en estos Apuntes que los índices –tanto del INDEC como de las consultoras privadas- no son más que números abstractos que no reflejan –ni deben hacerlo- la realidad del que va a comprar a un supermercado y se encuentra con un precio diferente. Los que se muestran preocupados por el aumento de los precios son los que quieren instalar en la sociedad un clima de incertidumbre y malestar. En realidad, no quieren discutir en serio el origen de la inflación, porque para eso deberían cuestionar a las empresas formadoras de precios, a los mecanismos de comercialización y por supuesto, a las especulaciones que no tienen que ver con el juego de la economía. Por ejemplo, ante una demanda creciente como la que se advierte mes a mes, no hay oferta que satisfaga ese fenómeno. Más claro: algunos quieren ganar más produciendo la misma cantidad que produjeron en los meses anteriores. Por otro lado, el consumidor no sabe lo que cuesta la elaboración de, por ejemplo, un kilo de azúcar, porque sólo conoce el precio final en góndola. Sólo puede establecer una comparación entre un negocio y otro para saber si está más caro o más barato. Pero no sabe si ese precio es el correcto o el justo. Y para el público debe ser más importante saber cuánto gana cada uno de los participantes de la cadena de comercialización. Por lo tanto, más que difundir quejas respecto de la inflación en abstracto, sería interesante que muchos se pongan a pensar en por qué se produce la inflación y cuánto de real tiene, cuánto de deshonestidad y de especulación hay en el aumento del precio de un producto. Revisar los mecanismos que están detrás del aumento de los productos. De esa manera, se podría poner un tope al porcentaje de ganancias para que las cosas no se encarezcan.
Pero parece que para muchos, revisar es peligroso. Basta recorrer las diferentes opiniones que se han vertido respecto a la creación del Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego. Algunos hasta llegaron a manifestar que la sola idea de reconstruir el hilo de nuestra historia les provoca urticarias. “La historia es una sola”, ladraron los que siempre ladran. Si así fuese, con un solo libro de historia bastaría. Pero no, la historia no es una sola. Por supuesto, para los que defienden la estructura pergeñada por Bartolomé Mitre, sí. Esa es la historia. Mitre es considerado –por ellos- el Padre de la Historia porque es el autor de la sucesión de hechos del siglo XIX para justificar el ordenamiento político y económico que dominó nuestro país hasta la llegada de don Hipólito Yrigoyen.
Revisionismos históricos ha habido siempre, porque lo que es único son los hechos del pasado. El resto es relato. Y los relatos se modifican de acuerdo a las fuentes, a los puntos de vista, a los narradores. Y no es cualquier relato: es un relato contemporáneo porque la historia siempre se cuenta desde un presente. Además, la historia es una reconstrucción ideológica. Pero Bartolomé Mitre no sólo se ocupó de ordenar los hechos, sino de acomodarlos a la visión anglofílica e hispanofóbica de su clase. No en vano el 25 de mayo de 1810 es presentado como la fecha en que se rompen las cadenas con el imperio español, aunque no sea tan así. El ilustre Bartolo ha ocultado detalles en su relato para amoldarlo a su visión anti hispana y pro británica.
Pero lo que importa es que el revisionismo es la ruptura con la linealidad defendida por el discurso hegemónico en decadencia. Y en esa historia dominante –que no es solamente la del Billiken- hay baches, personajes silenciados y demonizados. Hay muchos “porqués” que no se explican. Hay muchas mezquindades disfrazadas de heroísmos y traiciones presentadas como actos de justicia. Queda mucho para desempolvar en nuestra historia, que no es una simpática galería de estampas y estatuas inmaculadas.
Los revisionistas no son talibanes ni destructores de bustos. Tampoco el revisionismo es un invento de CFK, sino un movimiento que surge a principios del siglo XX. Los revisionistas simplemente son investigadores que buscan establecer otro relato y difundirlo. Un relato que no es más ni menos verdadero que la historia mitrista, aunque con mejores intenciones y objetivos. Por eso están inquietos los custodios de la verdad y la objetividad. No sea cosa que se difunda que El Padre de la Historia fue también el progenitor de los peores hechos sangrientos del siglo XIX, como la guerra contra el desarrollo industrial del Paraguay. Afortunadamente, ese ilustre personaje, ha quedado como adorno del billete de dos pesos, que aunque es el más usado, es el que menos se cuida.  

lunes, 28 de noviembre de 2011

El neoliberalismo en las escuelas

Mientras el sistema financiero saluda a los nuevos gobiernos europeos jugando al tobogán en los mercados, lo que provoca serios dolores de cabeza a Angela Merkel, en nuestro país, la renuncia a los subsidios en las tarifas de los servicios públicos sigue desconcertando a los desconcertados de siempre. Pobres de argumentos, ya no saben cómo oponerse. Desde los medios con hegemonía en decadencia hablan de ajustes y tarifazos tratando de despertar un encono incontenible en la sociedad. Y no lo logran. Al contrario, se siguen acumulando las figuras públicas que han decidido pagar una tarifa normal para que los subsidios sean destinados a sectores verdaderamente vulnerables. Algunos lo harán con verdadera convicción, otros para no quedar en evidencia. Como sea, se están sumando a la construcción de un país más sólido, más solidario. Tan solos están en esta contienda, que deben recurrir a extra políticos –como Enrique Piñeyro y Adrián Suar- para llenar de incoherencias venenosas los espacios televisivos, con la complicidad marionetil de los periodistas de turno. Los políticos de verdad –es un decir- están lamiendo sus heridas y tratando de despegarse lo más posible de lo que significó su perdición: abandonar todas las banderas políticas para ondear banderines de papel de diario. Y el Gobierno Nacional sigue avanzando a pasos agigantados –de talla 54- tomando la iniciativa política sin esperar la asunción del nuevo mandato.
La idea de CFK, por lo visto en esta semana, es profundizar las transformaciones que se han realizado en estos años para consolidar el proyecto. Y para eso convoca a todos, porque falta un montón. Todavía quedan rémoras de décadas anteriores, leyes y sistemas que dificultan seriamente el crecimiento económico, como los tratados bilaterales de inversión, la Carta Orgánica del Banco Central y la Ley de Entidades Financieras. Pero el sábado, el diario Tiempo Argentino publicó un informe sobre uno de los más escabrosos resabios noventosos: una ONG estadounidense dicta cursos sobre neoliberalismo a estudiantes de escuelas públicas y privadas de nuestro país mimetizados en la currícula educativa. Medio millón de estudiantes reciben, dentro del horario escolar, interesantes instructivos para ser exitosos en el mercado financiero y en las altas esferas del empresariado privado. Uno de los fundadores de Junior Achievement afirma que de esta forma “les hacemos llegar a los chicos algo que la educación tradicional argentina en manos del Estado no ha enseñado”.
Esta organización llegó al país en los entreguistas días del menemismo, que declaró los contenidos de estos programas como de “interés nacional”, con la “noble misión” de despertar en los jóvenes “el espíritu emprendedor que les permita alcanzar sus metas en un marco de responsabilidad y libertad”. Durante veinte años se están inoculando contenidos individualistas y especulativos a estudiantes de entre cinco y veinte años, con el desconocimiento de los padres y con serias críticas de pedagogos y especialistas en políticas públicas. Con el aporte de importantes auspiciantes –corporaciones financieras, industriales, petroleras nacionales y extranjeras-, los responsables de esta entidad entienden que, con la promoción temprana del libre mercado están contribuyendo a construir un país mejor. Entre sus principales consignas se encuentra el crecimiento empresarial eludiendo los compromisos impositivos. Junior Achievement enseña a los jóvenes a ser especuladores y evasores, todo lo contrario de lo que se necesita para la construcción de un país más justo.
El actual director en Argentina y uno de sus fundadores, Eduardo Marty, está convencido de la importancia de educar a los jóvenes en el funcionamiento de los mercados y en la actividad empresarial sin límites ni regulaciones. Marty considera que los contenidos de los cursos que se dictan en numerosas escuelas del país son un “soplo de vida” porque enseñan a “chicos pasivos, inactivos, que esperan todo del Estado y que piensan que el destino no está en sus manos, a ganar plata en un período de tres meses”. 
Esta concepción económica que se imparte en algunas escuelas y que se mezcla con los contenidos aprobados por el ministerio, fomenta el comportamiento individualista y especulativo, alejado de toda idea solidaria y re-distributiva. Además, construye la idea del Estado como enemigo de la actividad económica y enseña a eludirlo de todas las formas posibles. Algunos legisladores e investigadores ya están llamando la atención sobre los estragos que puede ocasionar ese tipo de educación en las generaciones futuras y sería interesante que el Ministerio de Educación de la Nación, junto con los ministerios provinciales pongan freno a la difusión de las ideas económicas que tantos estragos ocasionaron en nuestro país.
La Presidenta está educando al conjunto de la sociedad en un sentido muy diferente. Los discursos de esta semana han sido claros y pueden sintetizarse en una sola frase: los intereses particulares y sectoriales no deben estar por encima del interés común. Y esto, por supuesto, está muy alejado de la concepción neoliberal, la del sálvese quien pueda, aplaste a quien aplaste. Los países del convulsionado Primer Mundo muestran de manera despiadada los resultados del salvaje aluvión -¿zoológico?- de la especulación financiera. Y resulta hasta absurdo que los estudiantes argentinos conozcan aquellas herramientas que pueden llevar al desastre a la economía del país, como lo están haciendo en las sociedades del Norte. No sea cosa que aparezca un pequeño Cavallo de guardapolvo blanco que mande a lavar los platos a los investigadores del Conicet o que un López Murphy de trenzas y falda escocesa tableada anuncie un ajuste del 13 por ciento en el salario de Jacinta Pichimahuida.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Tiempos de recuperación y compromiso

Para quienes trabajamos en la educación, la sensación de que el ciclo lectivo se estira como un chicle es una constante sobre las últimas semanas de clase. Y esto no es por vagancia, como vomitan algunos: es un agotamiento que va más allá del cansancio. La pretensión de extender el período de clases y anticipar cada vez más el comienzo puede ser contraproducente para la calidad educativa que se quiere brindar. La cantidad no garantiza calidad. Pero eso es para discutir. Lo que uno nota en los últimos veinte años es un abandono de la educación. No en el sentido estricto de las instituciones educativas. Al contrario, en estos ocho años se ha hecho mucho por la educación, como ningún otro gobierno ha hecho desde la recuperación de la vida democrática. Lo más importante pasa por la inclusión de sectores que ni soñaban con una educación formal. Pero la escuela pública se ha convertido en el único ámbito de la sociedad en donde niños y adolescentes se educan, con todo lo que esto significa. Las demás instituciones –sobre todo la familia y los medios de comunicación- parece que se han apartado de esa tarea y a veces, hasta llegan a patear en contra. En estos días la Presidenta ha brindado dos discursos clave para comprender que la reconstrucción del país no es tarea de una sola persona o de un equipo –por más sólido y capaz que sea- sino que el conjunto de la sociedad debe contribuir en la tarea de llevar adelante las transformaciones materiales y simbólicas que se han realizado hasta ahora.
CFK está convocando a la comunidad a asumir el compromiso de consolidar el camino que se ha iniciado en 2003. Los discursos en la UIA y en la inauguración de nuevas instalaciones de Aerolíneas Argentinas en aeroparque tienen ese sentido. No es por debilidad, agotamiento o decepción que Cristina afirma que sola no puede. Esa es una fantasía de los que sienten que están siendo cada vez menos hegemónicos. Una presidenta débil es el sueño soñado por muchos. Pero no: ningún mandatario es débil después de haber tenido un respaldo popular como el del 23 de octubre. Esos discursos de nuestra presidenta apuntan a romper toda forma de personalismo, demagogia o paternalismo. No es una reina, sino una representante. Los representantes absorben la fuerza de los representados. Sin éstos, la representación se debilita. El “sola no puedo” no es una muestra de debilidad, sino una convocatoria al compromiso ciudadano que construya la unidad necesaria para la consolidación del proyecto de país que está llevando adelante.
La asistencia masiva a los actos es la visualización permanente del apoyo del que ella es la principal destinataria. Pero el compromiso permanente de todos los actores sociales es la muestra cotidiana de ese apoyo, la solidez del camino que se está recorriendo para alcanzar el país con el que soñamos. Las renuncias a los subsidios de agua, luz y gas constituyen la materialidad de ese compromiso. Que muchos ciudadanos reconozcan que están en condiciones de abonar la tarifa de esos servicios al precio que corresponde es una señal de solidez de la sociedad. Es la decisión de que esos subsidios se destinen a sectores que verdaderamente los necesitan. Pero sobre todo, es la confianza que se ha ganado un Estado presente en la vida cotidiana de los argentinos; un Estado que está del lado de los ciudadanos –sobre todo los más vulnerables- y no contra ellos; un Estado que es de todos y para todos.
Este llamado a la actitud responsable de todos los sectores de la sociedad se transforma en una señal pedagógica por parte de la presidenta. Todos los ciudadanos somos responsables de lo que hemos logrado y de todo lo que falta lograr. Esa es la lección. Si bien las palabras dirigidas el jueves en aeroparque tenían como destinatarios a un grupo de trabajadores de Aerolíneas Argentinas que desde hace algunas semanas parecen estar boicoteando el crecimiento de la ahora empresa estatal, pueden extenderse a todos los que no han comprendido el cambio de paradigma que desde hace ocho años se está produciendo en nuestro país. La línea de bandera se está recuperando gracias a la gestión estatal después de años de despiadado saqueo y destrucción. Una de las críticas malintencionadas se basa en la edad de quienes son sus gerentes, Mariano Recalde y Axel Kicillof, entre otros. “¿Desde cuándo ser joven es un pecado?” preguntó La Presidenta. ¿No fueron personas de edad avanzada quienes destruyeron la empresa, además de la economía del país?¿O eran adolescentes Menem, Cavallo, de la Rúa, Marsans y todos sus secuaces? Para algunos que gruñen desde las sombras, los jóvenes sólo son funcionales a sus objetivos de destrucción si se emborrachan y pelean en las calles. Los jóvenes que se comprometen con un proyecto constructivo no sirven a los intereses de los cipayos de siempre.
Y para eso también se está fortaleciendo la educación, para formar a los que tomarán la posta dirigencial, a los trabajadores del futuro. Las instituciones educativas estuvieron durante mucho tiempo en un laberinto interminable porque no sabían para qué formaban a los jóvenes. Ahora hay un objetivo, ahora hay futuro: trabajo, investigación, conducción, representación. Pero sobre todo, los jóvenes se forman para gestionar en plena vitalidad, no después de los sesenta años. Y los que no son tan jóvenes debemos abocarnos a la tarea de formar, de educar, desde todos los sectores posibles, no sólo desde las instituciones educativas. La escuela tampoco puede sola. Necesita de todos, todos los días.

jueves, 24 de noviembre de 2011

La soja ataca de nuevo

Aunque cueste creerlo, en algunos lugares de nuestro país parece que todavía quedan rastros del salvajismo que dominó durante la conquista española, con un sistema en el que se puede matar por unas hectáreas de tierra, con territorios que se transforman en cotos de caza para los que tienen mucho y quieren más. Santiago del Estero ha sido el escenario de otra muestra más de la avidez -angurria desmedida- que se cobra otra vida en un conflicto que parece no tener fin ni tampoco sentido. Monte Quemado es un nombre que suena curioso para un habitante urbano, pero encierra una historia cruda en la que se cruzan los derechos de los pueblos originarios, la locura terrateniente y la ausencia del Estado. Aunque la Justicia de Santiago del Estero tenga detenidos, luego procesados y tal vez condenados, este hecho no tendrá buen fin porque no ha tenido un buen principio. El Estado debe mediar en los conflictos para garantizar derechos y armonizar los intereses. Pero sobre todo, cualquier gobierno –municipal, provincial, nacional- debe preocuparse por proteger a los más débiles, a los más vulnerables, a los más desprotegidos, a los que reclaman desde hace siglos por un lugar en el mundo que les corresponde por historia.
El asesinato de Cristian Ferreyra a manos de Javier Juárez, sicario del empresario sojero Jorge Ciccioli, es el resultado de la falta de límites de aquéllos que se erigen como dueños de la tierra y también de la ley. Y sin exagerar, en estos tiempos caracterizados por la recuperación de derechos, también dueños de la vida ajena. Cristian era un militante del Movimiento Campesino de Santiago del Estero –MOCASE-, tenía apenas 23 años y mucha historia por vivir. Ese miércoles almorzaba con su familia en el paraje que ocupa la comunidad de San Antonio, tierras ancestrales del pueblo lule-vilela. Allí, unas 800 familias se autoabastecen y crían ganado, además de mantener sus costumbres y cuidar las tierras comunitarias del desmonte que avanza como un monstruo imparable. La falta de títulos oficiales sobre la tierra que desde hace mucho les pertenece dificulta aún más la defensa. Y por si todo esto fuera poco, la forma de producción artesanal de la comunidad molesta a los apologistas de Monsanto. El disparo de una escopeta calibre 12 accionada por Javier Juárez acabó con su lucha y convirtió a Cristian Ferreyra –a fuerza de injusticia- en un emblema inmortal. Después, realizó otros disparos que provocaron heridas de consideración a César Godoy, cuñado de Cristian y cuando se quedó sin cartuchos, atacó a culatazos al resto de la familia.
Gerardo Zamora, el gobernador de la provincia reelecto con un abultado porcentaje, sostuvo que el motivo del crimen fue “un conflicto por tierras entre gente humilde”, aunque no se explayó en el papel que jugó el empresario santafesino –Ciccioli- en esta trama. Jorge Ciccioli es tan humilde que compró unas 3500 hectáreas de tierra con una localidad adentro, San Bernardo, que desalojó a la fuerza, argumentando que sus pobladores habían recibido una paga por sus pertenencias. También había una escuela pública que cercó con alambre y amenazó con balear a quien se atreviera a acercarse a ella. El gobernador tampoco reconoció la existencia de guardias civiles, asesinos a sueldo, que no dudan en incendiar las propiedades de estos campesinos indefensos, golpearlos y hasta matarlos. La complicidad del poder político ya no puede silenciar estas aberraciones. La fiebre sojera no puede llegar a tanto. ¿Para qué gobiernan los que gobiernan si no es para cambiar las condiciones de vida de sus representados, es decir, las mayorías? No se puede seguir obedeciendo a una minoría insaciable a costa de la extinción de los que poco tienen.
La Presidenta de la Nación, desde el día del triunfo electoral que habilitó su reelección, afirma, en cada ocasión que se presenta, que su posición no es neutral, que siempre va a estar del lado de los que menos tienen, de los desprotegidos. Aunque no pueda intervenir de manera directa en estos conflictos regionales, puede hacerlo a través de su palabra, señalando aquellas conductas que opacan seriamente las transformaciones que se están produciendo en nuestro país. En la 17° reunión de la UIA, CFK aprovechó la metáfora de la partitura que Ignacio de Mendiguren había desarrollado en su exposición, como una búsqueda de la convivencia armónica en el crecimiento con inclusión que su gobierno impulsa. Y también llamó a todos a una innovación no sólo en la ciencia y la tecnología, sino también en las cabezas, en el comportamiento de todos los actores de nuestra sociedad. “Los que estamos adentro tenemos responsabilidades con los que todavía están afuera” explicó.
Y esas responsabilidades implican mucho más que condolernos por los que lo pasan mal. Desde Apuntes Discontinuos se ha ponderado en muchas ocasiones el crecimiento económico de nuestro país, la inversión del Estado en el desarrollo tecnológico e industrial y las medidas de inclusión que se han tomado en estos ocho años de gobierno kirchnerista. Pero casos como éste –y uno solo significa mucho- deben llamar la atención de una sociedad que necesita también un crecimiento en su dimensión humana. Quien mata a uno por ambición, está aniquilando a todos. Cuando el negocio es más importante que la vida, la barbarie capitalista está a la vuelta de la esquina. 

lunes, 21 de noviembre de 2011

Sobre la legitimidad de las autoridades

Mientras la sociedad santafesina evalúa la manera de reaccionar con contundencia al intento de tarifazo del gobernador Hermes Binner, la Presidenta busca un intersticio legal para que el insignificante Cobos no sea quien le acomode la banda celeste y blanca en la asunción de su segundo mandato. No es un problema menor. Para muchos sería la manera perfecta de humillar aún más al vicepresidente opositor. Pero por más que la escena sea tentadora, el estilo que ha llevado adelante CFK en los últimos tiempos es más de conciliación que de confrontación. Lo más adecuado es que sea el propio Cobos quien dé un paso al costado y se retire por la puerta de servicio sin saludar a nadie. El futuro ex vicepresidente desempleado ha traicionado la voluntad popular y no merece estar en ninguna ceremonia festiva. El protocolar acto del 10 de diciembre se convertirá en un festejo popular y el ingeniero será más un infiltrado que un convidado, pues él hizo lo imposible para que la Presidenta no llegue a ese momento. Aunque puede resultar divertido ver su cara de nada en el instante mismo de entregar el cetro -que en algún momento soñó portar- en manos de Cristina, no sería conveniente empezar el nuevo período presidencial con semejante símbolo de venganza.
Sin embargo, no le vendría mal como lección de civismo. Traicionar a los representados tiene sus consecuencias. La crisis política en algunos países del hemisferio norte es una clara muestra de ello. Muchos presidentes han tenido que renunciar por haber actuado más en defensa de la virtual y destructiva economía financiera que de la calidad de vida de sus representados. Otros están perdiendo legitimidad y transitan por la cuerda floja. Mariano Rajoy, el recién electo presidente español promete sacar al país adelante, aunque no aclara dónde quedará el pueblo en ese intento. Por si no queda claro, la crisis en los países europeos es el resultado de la supremacía de la economía por sobre la política. Los argentinos hemos vivido en carne propia la tiranía de los mercados durante décadas. Ahora parece que lo tenemos claro: nunca más los representantes del pueblo deben estar a las órdenes de los especuladores financieros. La economía debe estar al servicio del hombre y no a la inversa.
Sin embargo, algunos pretenden no entenderlo así. Hace unas semanas, el doctor Mariano Grondona -en un exceso de republicanismo sin precedentes- intentó invertir la ecuación. En relación al resultado de las elecciones del 23 de octubre, con su sereno tono de pedagogo en retirada dijo que los mercados votan todos los días. Claro, por si no se entendió, la eminente pluma del diario La Nación, otrora tribuna de doctrina, minimizó la importancia del voto popular expresado en las urnas. Para él –y muchos otros, por supuesto- valen mucho más los votos especulativos que se realizan en la oscuridad de las cuevas financieras. Pero los mercados no votan. Saquean, golpean, desestabilizan. Pero no votan, eso es seguro.
Notorio ejemplo de golpes son los que intentan todos los días las ficciones terroríficas del ex Gran Diario Argentino y sus anexos audiovisuales. Convierten en tarifazos, persecuciones, autoritarismo cada medida que el Gobierno Nacional toma para controlar a los que más tienen. Atacan al Estado cuando quiere tomar protagonismo en la vida cotidiana del ciudadano. Convocan a cualquier converso iletrado para dibujar alguna profecía agorera. No importa si con el contenido de sus titulares y comentarios ofende, asusta o engaña a sus lectores. Es más, ya no importan sus lectores. No en vano las ventas de Clarín bajaron más de un 22 por ciento desde 2008 a la fecha y Radio Mitre ocupa el quinto lugar en encendido cuando llegó al segundo o tercer lugar en la preferencia del público en los tiempos de la rebelión de los estancieros. Lo que ocurre con esos medios es una alegoría de lo que ocurre en los países del norte: por defender a los mercados se olvidan de los ciudadanos. Y éstos aprenden a olvidarse de ellos.
A los políticos de la oposición les pasó algo parecido. De tanto alimentarse de tinta, construyeron sus no-propuestas políticas en base a una realidad entintada y la realidad les pasó por encima, a tal punto que muchos de ellos no asoman ni la punta de la nariz cuando ven la cámara de algún canal televisivo. Margarita Stolbizer declaró en la revista Debate que le “generó un enorme impacto el apoyo que obtuvo el proyecto oficialista pues realmente no estaba viendo ese apoyo”. Claro, lo mismo le pasó al arrepentido Felipe Solá. Ambos estaban viendo otro canal, cuando deberían haberse asomado a la ventana. En la convención del radicalismo que se realizó algunos días atrás llovieron los reproches por el fracaso electoral de la fórmula presidencial. Y también las botellas. Pero el error del partido centenario no es haberse aliado con De Narváez, como piensan los botelleros radicales, sino haber abandonado las banderas nacionales y populares de Yrigoyen. La alianza con el colombiano es una consecuencia y no la causa de la crisis del radicalismo. El error es haber convertido un partido que en sus principios fue revolucionario –radical- en una alianza casi conservadora. Por seguir ciegamente los titulares malintencionados quedaron solos en su ceguera.
Muy solos no. En las redes sociales algunos ciudadanos se juntan virtualmente para clamar a los cuatro vientos –virtuales, también- que conforman el 45 por ciento que no votó a Cristina. Y desde esos espacios virtuales construyen un tango de indignación injustificada que se alimenta esencialmente de titulares independientes. El tango es una queja por los tarifazos, por el autoritarismo, por los mocosos de La Cámpora en Aerolíneas Argentinas, por las netbooks a negritos que ni tienen electricidad, por las pibitas que se embarazan por la platita, por los ciudadanos de bien que no pueden comprar dólares. En síntesis, es el tango de la incomprensión. Incomprensión que muchas veces se confunde con gorilismo. O viceversa. Todavía falta mucho camino por recorrer para alcanzar el país proyectado para todos y estos ciudadanos, empantanados en una ciénaga de tinta, quieren que retornemos al punto de partida. Y eso no es negociable.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Un ajuste versión Binner

No es lo mismo la quita de un subsidio que un aumento de tarifas. En estos días, el ministro de economía, Amado Boudou y el de planificación federal Julio De Vido, anunciaron una quita de subsidios a la energía eléctrica y el gas a sectores de posición económica privilegiada. Además, extendieron esa medida a todos aquellos que consideren que no necesitan consumir energía subsidiada por el Estado. Mientras tanto, aprovechando el revuelo y ante la posibilidad de deslindarse de culpas, el gobernador saliente de la provincia de Santa Fe, doctor Hermes Binner, anunció monumentales aumentos en las tarifas de luz y agua. Eso sí, a diferencia de las medidas tomadas por los ministros nacionales, en la “invencible” bota los aumentos son parejos para todos. Un socialismo a la medida de los que más tienen.  
Para avanzar en este tema, es necesario recordar una frase que la Presidenta pronunció en el marco de la Cumbre del G-20, una de las tantas que merece formar parte de una antología: “prefiero enfrentar el enojo de los poderosos antes que la furia de la sociedad”. Sin ostentación de fanatismo, esta idea es toda una declaración de principios, más aún cuando proviene del discurso de una mandataria que participa de una reunión en la misma cueva donde se cocinan las crisis. O Binner no la entendió o precisamente toma la decisión de hacer todo lo contrario. Enfrentar a los poderosos de Santa Fe significaría replantear el sistema tarifario para lograr que aquellos que tienen mayores ingresos abonen un precio de los servicios más alto. Sin embargo, inspirado tal vez en la hibridez del partido que representa –y en la suya propia- decide realizar un aumento parejo para todos. Los que menos tienen subsidian  a los que más tienen, a diferencia de la medida anunciada por el Gobierno Nacional. Una palabra que en el hemisferio norte circula como el pan: ajuste.
El esquema tarifario de la Empresa Provincial de la Energía –EPE- establece un precio hasta los primeros 120 KWh consumidos, otro para los segundos y de ahí en adelante, casi el doble. A simple vista uno puede suponer que alienta un ahorro energético y favorece a los sectores que menos consumen. Sin embargo, los primeros 240 KWh consumidos se pagan a un mismo precio tanto en familias de clase media baja como en las de clase alta, con la diferencia de que estos últimos no necesitan cuidarse porque pueden pagar todo lo que consumen, sin límites al bolsillo. En cambio, en el primer caso, pasar de un precio a otro puede significar la diferencia entre llegar o no llegar a fin de mes. Así es el socialismo modelo Santa Fe. El confort para los que más tienen. La precariedad, la angustia y el ahorro para el resto.
El aumento pedido por la EPE es de más del 23 por ciento, escalonado entre diciembre y marzo. Según la empresa, "esta medida aportará a la sustentabilidad de la prestación del servicio eléctrico en la provincia y obedece a la variación de costos en materiales y servicios que la empresa ha debido afrontar". Como dicen siempre los que se excusan cuando no tienen excusa.
Peor es el sacudón que dará Aguas Santafesinas SA. La empresa acuífera formalizó un pedido de suba al Ente Regulador de Servicios Sanitarios de 138 por ciento, también de manera escalonada pero con un 80 por ciento de incremento en el primer bimestre de aplicación y el resto en los períodos subsiguientes. Binner justificó de todas las maneras posibles este monstruoso incremento que se producirá en los meses de mayor consumo, aunque le faltó decir que quien no tenga plata que no se bañe. Cabe aclarar que en el caso del servicio del agua, sólo una parte de los domicilios cuenta con medidores, por lo que la tarifa es independiente del uso que se le dé al fluido.
El rechazo del Partido Justicialista de la provincia no se hizo esperar. En un documento firmado por Ricardo Spinozzi y Jorge Fernández –presidente y vice respectivamente- “rechaza en forma terminante los exagerados aumentos en las tarifas de electricidad y agua que ha dispuesto el gobierno de Frente Progresista”. También “exige que se convoque de manera inmediata a audiencias públicas para que los funcionarios del Ministerio de Servicios Públicos, la EPE y ASSA expliquen de manera fehaciente los motivos por los cuales se apela a este tarifazo que perjudica a la población en general y a los sectores de la industria, el comercio y la producción en particular de la provincia de Santa Fe”. En ninguna parte del texto solicita al ejecutivo provincial que establezca un cuadro tarifario en relación con los ingresos de los usuarios, a tono con las medidas tomadas por el Gobierno Nacional. Eso sí, aclara que las tarifas de los servicios han sido retocadas en siete oportunidades por la administración de Hermes Binner.
No debe sorprender a nadie, pero este incremento en la tarifa de los servicios públicos ya estaba pensado desde antes de las elecciones. Y tampoco es sorpresa que haya esperado el anuncio de la quita de subsidios a nivel nacional. En relación con lo primero, es fácil deducir que si el pedido de “tarifazo” se hubiese dado antes del 23 de octubre, hubiera restado aún más votos a la fórmula presidencial encabezada por el ex anestesista. Con respecto a lo segundo, trata de que este desproporcionado aumento aparezca como consecuencia de la decisión de la quita de subsidios del Gobierno Nacional. Además, al tomar esta medida antes del cambio de autoridades, evita que su sucesor en la Casa Gris dé un primer paso antipático.
Sólo resta esperar la reacción de los santafesinos, que todavía no han tomado verdadera dimensión del impacto que ocasionará en sus bolsillos. Una medida así debe producir un rotundo rechazo de la sociedad, en principio desde lo numérico, lo material. Y después desde lo simbólico pues, una vez obtenidos los votos traiciona a los votantes con un ajuste descomunal, inesperado y extorsivo. Sería bueno que el Gobernador experimente por una vez la furia de la sociedad, para entender qué quería decir la Presidenta con esa frase.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Rebeldía, colonialismo y boicot

Aunque el inicio de la semana promete calma, aún resuenan los ecos de los artificiales conflictos que se generaron algunos días atrás. La plaza cambiaria retoma la tranquilidad, a pesar de la obsesiva andanada de títulos adversos que recibió la medida de la AFIP de controlar el origen de los fondos para comprar dólares. Basta recordar que apenas un diez por ciento de la población tiene una relación cotidiana y material con la moneda verde, mientras el resto de los ciudadanos convive tangencialmente con sus altibajos insignificantes. En este tema se mezclan una historia de proximidad a veces tortuosa con verdaderas especulaciones económicas. Pero lo que persiste aún con sospechosa intención es el conflicto desatado entre algunos de los controladores aéreos y el personal técnico con las autoridades de Aerolíneas Argentinas. Y por si esto fuera poco, el documento emitido por la CGT en rechazo al pedido de suspensión de la personería gremial de APTA agrega un poco de incertidumbre al culebrón.
El documento firmado por los principales exponentes de la entidad sindical -Hugo Moyano, Julio Piumato y Juan Carlos Schmid- afirma que “no es una medida acertada el planteo de la suspensión de la personería gremial” y reclama “que se utilice el diálogo social para superar los diferendos”. Si bien es comprensible que la Central Obrera asuma la defensa de un gremio, es injusto que reclame diálogo sólo al Ministerio de trabajo y no a los trabajadores de la empresa. Ricardo Cirielli, el representante de APTA, se ha expresado en duros términos respecto de las autoridades de la empresa aérea. Cirielli declaró en numerosos medios que Mariano Recalde y Axel Kicillof son nenes de La Cámpora que manejan la aerolínea como si fuera un kiosco. Hasta han hecho oídos sordos a la conciliación obligatoria dictada el viernes por el ministro Carlos Tomada y han dejado sin vuelos a miles de viajeros, provocando una pérdida de 80 millones de pesos a Aerolíneas Argentinas. De ninguna manera esto puede considerarse como predisposición al diálogo.
En los cuatro días de conflicto, Cirielli ha dado innumerables explicaciones al cese de actividades, menos motivos concretos relacionados con problemas gremiales. Muchos de los que analizan este conflicto afirman que las motivaciones son más políticas que laborales. En efecto, a pesar de que los gremios resistieron la privatización de la empresa durante los oscuros noventa y denunciaron su desmantelamiento y abandono en manos privadas, ahora parecen actuar en contra de la gestión que la ha recuperado para el Estado. Entre las razones que esgrimen hay un licuado imposible de dilucidar y menos aún de catalogar como sindical o política y ni hablar cuando aparecen problemas técnicos, como el estado de las aeronaves y demás aspectos relacionados con la seguridad, por ejemplo. Lo que sí es claro que hay una rebeldía corporativa que cuestiona y desautoriza a los directivos de la empresa que son ni más ni menos que elegidos por el Poder Ejecutivo que acaba de ser reelecto. Y esta sospecha se confirma cuando entra en escena la proximidad de Ricardo Cirielli a la línea sindical de Luis Barrionuevo, seguidor hasta la extinción del agonizante Eduardo Duhalde, sector que cuando no logra el poder a través de una elección limpia, intenta conseguirlo con la agitación social.
Agitación que también han tratado de hacer desde las tapas de siempre, inspiradas más por el desprecio que por la información. El domingo pasado, CQC presentó un informe que debería llamar a la reflexión a los constructores del discurso hegemónico durante tanto tiempo. Un cronista del programa realizó una serie de entrevistas a ciudadanos de CABA y de la ciudad brasilera de San Pablo en relación al dólar. Cotización, preferencia, transacciones comerciales y confianza eran los aspectos sobresalientes de la encuesta. Más allá de la selección de los entrevistados y de las dudas de veracidad después de la edición, los ciudadanos argentinos consideraban al dólar tan propio como el peso, o tal vez más. En CABA desde las propiedades hasta los cigarrillos pueden comprarse en dólares mientras que en San Pablo los operadores inmobiliarios afirmaban que jamás habían hecho una operación en la moneda norteamericana. Cuando los comerciantes brasileros contestan con énfasis que jamás hacen ventas en dólares, uno no puede dejar de sentir un poco de vergüenza por tanta colonización local. Aunque gran parte de los argentinos no tengamos una relación cotidiana con el dólar y no nos acerquemos jamás a una casa de cambio, seguramente sabemos el precio en que está valuada nuestra propiedad o el sueldo que cobramos o lo que cuesta un viaje a Brasil en esa moneda. Un informe del Tesoro Norteamericano revela que Argentina es el país en el que más moneda verde circula, además del país de origen: en nuestro país hay 1300 dólares por habitante, contra 8 en Brasil. Un dato que evidencia el daño que ha producido durante tres décadas el discurso dominante en el universo simbólico nacional.
El lunes CFK comenzó a llamar a la cordura, cuando aconsejó “no boicotear a la Argentina” desde la fábrica re-inaugurada en Tierra del Fuego. Pero no se refirió sólo a un sector de los trabajadores aeronáuticos, sino a todos los representantes sindicales y a muchos empresarios. “No confundan mis palabras –expresó La Presidenta en Santa Fe al día siguiente- el llamado a no boicotear a la Argentina fue para todos los que tienen responsabilidades: sindicatos y empresarios”. Y para que no queden dudas, agregó a “los sindicatos con prácticas que no son aceptables y también los empresarios que ganan formidables sumas de dinero y no las reinvierten en el país sino que las llevan afuera”.
Durante el recorrido por el cierre de la Muestra Agroindustrial de Las Parejas, los empresarios le presentaron una imponente máquina pulverizadora que se exporta a Estados Unidos. La Presidenta solicitó al titular de la firma Plá que desarrolle “alguna máquina para pulverizar el egoísmo, la mediocridad, la falta de solidaridad, la avaricia, la envidia, la falta de patriotismo”.
Aunque algunos hayan pensado en malinterpretar las palabras de CFK en un sentido autoritario, no se atrevieron a traducir sus oscuras ficciones en titulares. A tanto no pueden llegar los destinatarios de esa tan soñada máquina de imposible fabricación. Sólo un verdadero ciudadano en unidad con miles puede pulverizar esos no-valores que tanto daño han hecho en la historia de nuestro país.

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  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...