viernes, 19 de noviembre de 2021

El desafío de entusiasmar

Después de las elecciones legislativas y del reencuentro en la calle, el FDT debe demostrar el compromiso para iniciar la recuperación del país. La energía de estos días alcanza para los próximos dos años y más allá. Pero no con los buitres amarillos y sus fotocopias, que cada vez con más énfasis evidencian que no quieren nada bueno para el futuro.

La multitud en la Plaza inocula tanta energía que la derrota atenuada tiene otro sabor. ¿Qué festejan?, se preguntan los rabiosos opositores. No sólo se quejan por la felicidad ajena sino también reclaman llamadas de felicitación. Una incongruencia entre tantas: ¿para qué exigen el reconocimiento de los que tanto desprecian? ¿En serio quieren congratulaciones de los que tildan de populistas, delincuentes o el "cáncer" del país? ¿De verdad esperan un par de palmadas en la espalda después de haber amenazado con copar la presidencia de las dos cámaras del Congreso y a partir de ahí forzar un cambio anticipado de gobierno? ¿No les avergüenza haber conquistado las urnas con mentiras y conspiraciones? ¿Acaso esperan que los feliciten por el endeudamiento con el FMI o por las cuentas off shore que abundan en sus filas? Ya lo sabemos: en realidad, no desean un amistoso gesto de reconocimiento sino que demandan una humillante rendición. Consustanciados con el establishment destructivo del que son serviles, actúan como conquistadores que quieren ver sumisos a los conquistados.  

Pero nada de eso ocurrió. Los salvajes oficialistas desbordaron la Plaza, no para quemar barbijos, clamar por la libertad o denostar vacunas como hacen Ellos con menor concurrencia, sino para celebrar con alivio el empate y reafirmar su adhesión al Presidente. Sí, ése que los opositores llaman Albertítere y algunos quieren "cagar a trompadas". Y de quien, a pesar de esto, esperan felicitaciones. Después de mucho tiempo, volvió la multitud a las calles y tanto asusta esto, que la Embajada advirtió a los turistas norteamericanos que ni se atrevan a pasar por ese lugar. La sorpresa oligarca por octubre del '45 aún mantiene su vigencia.

En el Día de la Militancia, Alberto Fernández consideró que "es un día oportuno para que demos inicio a esta segunda etapa de Gobierno y empecemos con toda nuestra fuerza a levantar lo que haya que levantar en Argentina". Y para eso insistió con la idea del acuerdo, diálogo o como quiera llamarlo, no con Milei ni Macri, claro. Entonces, ¿con quiénes?. Si denunció que el macrismo y los sectores económicos concentrados prepararon un estallido contra el gobierno esta semana, no quedan demasiados para dialogar. Por si esto fuera poco, la mesa nacional de Juntos rechaza cualquier forma de diálogo, salvo en el Congreso donde van a representar, seguramente, sus mejores actos circenses. Finalmente, no puede haber ningún punto de encuentro con los que quieren cercenar derechos, precarizar el trabajo y desigualar aún más para seguir enriqueciendo a los más ricos. 

Más que dialogar con los poderosos y sus escuderos, hay que tomar aquellas decisiones que cambien la vida de la mayoría sin pedir permiso a nadie. En lugar de mirar tanto a la derecha nociva -toda-, hay que dirigir la mirada más hacia la izquierda y construir poder con la fuerza de los hechos y sus resultados. No es de tibios exclamar ante una multitud exaltada que "el triunfo no es vencer, sino nunca darse por vencidos". La fuerza de los votos que permitió disminuir el avance amarillo y el entusiasmo de la Plaza invitan a algo más enérgico que conciliar con los que actúan como enemigos. Todo está dado para construir de una vez para siempre el país desarrollado e inclusivo que los angurrientos y sus mercenarios no quieren que seamos.

martes, 16 de noviembre de 2021

Vencedores vencidos

 

El oficialismo recuperó algo pero no lo suficiente. La oposición no logró la extinción del peronismo. Votantes cómplices de la destrucción de sus propias vidas.

Los triunfadores se enojan porque los perdedores festejan y en eso demuestran cómo les molesta la felicidad ajena. Los amarillos querían aniquilar al gobierno; saboreaban la destrucción del peronismo con anticipación; deseaban cumplir el  anhelo de la oligarquía que lo ha intentado tantas veces con bombardeos, proscripciones y desapariciones. Con persecución judicial, demonización mediática y presiones con el blue, apenas lograron un empate. Los que se quejan de la Grieta lograron pintar de amarillo una franja del país y como en un TEG gigante las fichas azules resisten en los extremos. En estas condiciones, ¿cómo no ver como victoria una derrota atenuada?

Lejos quedó la tensa espera de los resultados del domingo. Los números cantaron pero nadie bailó. Unos esperaban un éxito arrollador; otros rogaban por un milagro. No ocurrió lo uno ni lo otro. Unos planeaban recuperar el control del país cuanto antes, copar el Congreso y hasta desplazar al Ejecutivo. Otros diseñaban formas de aguantar los golpes que ya estaban anunciando. Unos terminaron el domingo enfurruñados y otros, sonrientes. Pero las calles estuvieron vacías.

Algunos gobernadores lograron recuperar los votos que perdieron en las PASO, sobre todo los que no dudan en identificarse con el FDT. Los que no son ni chicha ni limonada, como Perotti, Bordet y Schiaretti, recibieron el vacío. Claro, los anti no quieren fotocopias, sino los originales. Una lección ineludible de cara al 2023. Y el oficialismo podría haber logrado un poco más si hubiera puesto en marcha el “Plan Platita” denunciado por los peleles mediáticos y la oposición malintencionada. Si la crítica rabiosa ya había instalado la patraña, ¿por qué no hacerla realidad para aliviar el bolsillo de los que menos tienen? Ésta es otra lección: actuar sin amilanarse por la reacción, si ya sabemos que van a cuestionar todo; mientras más se enojen, mejor. Si el acuerdo con el FMI incluye el listado de los que fugaron para que paguen la deuda, quedará en evidencia que los juntistas –antes cambiemitas pero siempre buitres- quieren que la pague el pueblo, que no recibió un centavo de esos 47 mil millones de dólares.

Bueno, lo de la evidencia es relativo: hay un 40 por ciento del electorado indiferente a las evidencias, inmune a los argumentos, empecinado en sus prejuicios y cómodo con la colonización. Casi la mitad que cree que la identificación con lo que no son ya los convierte en élite. Votantes despolitizados convencidos de que la bronca es el camino. Individuos adoctrinados con las bondades de la meritocracia que votan a farsantes sin méritos. Ingenuos a voluntad que concluyen que los salvadores son los que siempre nos hundieron y quieren profundizar su tarea.

Mucho se ha dicho en estas horas sobre el 14/11 y mucho se dirá. Si fue derrota, empate o victoria está en manos del FDT. Lo que haga el Gobierno desde ahora será determinante para garantizar la continuidad en 2023. El diálogo que propone no debe ser para congraciarse con los poderosos, sino para exigirles que devuelvan lo que nos han esquilmado durante tanto tiempo.

jueves, 11 de noviembre de 2021

Invitación a una sorpresa

 

A pocos días de las elecciones, la oposición se agranda y ya festeja. Les calzó tan bien el disfraz de salvadores que algunos olvidan que son culpables de gran parte de nuestros padecimientos.

 

Como era predecible, actores extra políticos invaden la campaña para inclinar un poco más el resultado electoral. La libertad condicional de dos ex funcionarios de Cristina y un caso de inseguridad forjan el más cómodo anillo para el dedo anti democrático del Poder Real. La indignación selectiva y la ametralladora de patrañas que inspiran estos temas refuerzan la insustancial batería de no-propuestas de los candidatos juntistas. Del otro lado, el oficialismo intenta aprovechar la inefable confesión de Macri sobre el destino de la deuda sin las potentes armas mediáticas ni la despiadada insistencia de los destructores. Mientras tanto, un porcentaje importante de la población deja conducir con docilidad su entendimiento sin sospechar que meterán la pata de la peor manera.

Una semana antes de las elecciones generales, el TOF 1 concedió la libertad condicional a José López, aunque en realidad podrían habérsela otorgado mucho antes. Un hueso oportuno para que las propaladoras de estiércol y las marionetas odiadoras de los medios incluyan el tema en plena campaña y jueguen con la idea de la impunidad K. Claro, se indignan a rabiar con los nueve palos verdes de López pero dan miles de volteretas para minimizar los 44 mil millones de dólares fugados –confusión mediante- por el “Mejor Equipo de los Últimos 40 años”. ¿Cuántos bolsos hay que revolear para fugar los millones M?

Los prejuicios de una parte de la población se activan, más aún cuando todos los candidatos juntistas gritan ante las cámaras amigables que éste es un gobierno de “chorros y delincuentes”, cuando las pruebas y las propias confesiones de los ex funcionarios muestran todo lo contrario. Las caprichosas interpretaciones importan más que los contundentes hechos. El homicidio del kiosquero de Ramos Mejía muestra bastante eso. Todo es culpa de la “liberación de presos” ordenada por Alberto –cosa que nunca ocurrió- y hay que “bajar la edad de imputabilidad. No importa si el asesino tiene 30 años y fue liberado por la Justicia Porteña después de cumplir su condena. Y encima, María Eugenia Vidal atribuyó a una menor el homicidio y hasta, en una mueca de humanidad, reconoció que no debería ir a una cárcel de mujeres. ¿De qué hablan estos candidatos, si ni saben lo que están diciendo? Menos aún los cautivos votantes de estos mentirosos seriales.

Ni falta les hace prometer nada de tanto que han dañado el escenario político. Blindaje mediante, pueden burlarse de la operación de CFK, mostrar la ignorancia más extrema o amenazar con eliminar la indemnización por despido. Hasta proponen condicionar al Ejecutivo o llevarse puesto al presidente si el establishment así lo exige. Con recitar Basta canalizan los deseos difusos de una parte del electorado; con un edulcorado “juntos” especifican la estrategia para el país que nunca definen, aunque con la Revolución de la Alegría ya mostraron demasiado.

Después de las PASO, los peleles televisivos inventaron lo del “Plan Platita”, que nunca ocurrió. Gracias a esa patraña, la jueza electoral María Servini suspendió dos proyectos de distribución para consumo cultural. Después vienen con el verso de la independencia de los poderes, como si los jueces no se metieran en ninguna decisión de los políticos. Los que presionaron hasta la obscenidad a jueces y fiscales cuando fueron gobierno y también ahora, no cesan de recitar esas pamplinas.

Y ahora no sólo padecemos el indignómetro: también inventaron el obligómetro. Cuando uno intenta destacar el buen manejo del oficialismo en pandemia con las restricciones y el exitoso plan de vacunación, retrucan con un escueto “es obligación del Estado cuidar la salud de la población”. Algo que no dijeron cuando Macri bajó el presupuesto en salud, degradó el ministerio a secretaría, dejó vencer vacunas o suspendió los remedios gratuitos para los jubilados. Ni media objeción cuando la ex gobernadora Vidal aseguró no inaugurar ningún hospital más en la provincia, aunque les faltase muy poco.

Como decía un mensaje en las redes, “el FDT no asegura el paraíso, pero los Juntistas –y sus fotocopias- nos garantizan el infierno”. Los amarillos acusan a los kirchneristas de delincuentes y ladrones, pero los evasores, contrabandistas, especuladores y fugadores están entre sus filas. Lástima que muchos no se den cuenta de semejante evidencia. El domingo está ahí nomás y los milagros son cosa del pasado. Lindo sería que las urnas nos sorprendan y deban guardar el triunfalismo burlón que ostentaron estos meses en el lugar más recóndito de sus oscuros espíritus.

domingo, 7 de noviembre de 2021

La injusticia electoral

 

Los contrastes que no se tienen en cuenta. La parafernalia mediática debilita la Democracia. El Gobierno no resalta sus logros. Los votantes distraídos coronarán a los peores.

 

Una pausa prolongada en estos apuntes confirma su característica: son discontinuos. Pero no es por eso que no he escrito nada en todo este tiempo. Un descanso necesario ante la evidencia de una injusticia. En Argentina hay muchas y es necesario reforzar el camino para desterrarlas. De eso han dado cuenta muchos apuntes desde el nacimiento de este espacio en abril de 2011. La injusticia que será el eje de éste es la electoral. Que sea la no-propuesta de los desigualadores la que ponga en jaque este camino que está comenzando provoca desazón. Y también desánimo, impotencia, incomprensión y mucho miedo porque si los juntistas logran repetir o mejorar el resultado de las PASO tendrán el poder para entorpecer todo lo bueno que proponga el Gobierno Nacional. Y eso, sin dudas, aumentará las injusticias.

Esto no es un vaticinio ni un pronóstico infundado: es una evidencia. No hace mucho estuvieron al frente del país y el resultado fue desastroso, no por herencia o errores, sino por voluntaria malicia de producir daño. Una caída del poder adquisitivo del 20 por ciento en gran parte de la población, crecimiento del desempleo, aumento de la pobreza, inflación potenciada, fuga de capitales y el consecuente endeudamiento externo histórico. Y lejos de arrepentirse o de elaborar tenues autocríticas, reivindican La Revolución de la Alegría como si fueran los mejores años de nuestra historia. Encima, hablan de la República como si Ellos no la hubieran atropellado desde el principio; denuncian inexistentes ataques a la libertad de expresión cuando en aquellos años despidieron periodistas de los medios públicos y presionaron hasta la extinción a los medios privados que osaban esbozar una crítica; declaman que no hay inversiones cuando lo único que fomentaron fue la especulación. Y por si esto fuera poco, lo que recitan los candidatos en los spots de campaña y en las amables entrevistas son generalidades, promesas que no están en su ADN y falacias hartamente desmentidas. El coro mediático y los cómplices judiciales decoran el engendro para que resulte apetecible para los desprevenidos.

 Mientras tanto, el oficialismo susurra con timidez los logros alcanzados en estos meses de pandemia. La OMS considera que Argentina está entre los países que mejor enfrentó la crisis mundial del coronavirus y que más población ha vacunado. Sin embargo, los amarillos culpan al Gobierno por las más de 100 mil muertes como si no hubieran orquestado marchas anti restricciones, anti barbijos, anti vacunas. Todavía recitan la pavada de “la cuarentena más larga del mundo” para que los pavos los voten. Y profundizan la estupidez con consignas a favor de la libertad que jamás fue vulnerada.

En temas económicos, también tienen que mentir para llamar la atención de los desatentos. Sin pudor, denuncian que estamos peor que nunca, que nadie confía en los gobiernos populistas, que estamos aislados del mundo. Lejos de eso, los números muestran otra realidad. Mientras países como Francia, España, Italia, Inglaterra recuperan este año la mitad del crecimiento que perdieron en 2020, nuestro país recuperará casi todo el PBI perdido a fines de este año. La inversión de este año subió un 20 por ciento respecto al año pasado, un 16,3 sobre 2019 y un 8,4 por encima de la de 2018. En síntesis, hay más inversión que en los años anteriores pero la sensación que construye la parafernalia mediática señala todo lo contrario.

Con las exportaciones ocurre algo similar. A esta altura del año superan los números de 2013 y el saldo comercial acumula más de 12 mil millones de dólares, algo muy lejano al aislamiento del mundo que tanto cacarean los impresentables opositores. También la actividad industrial está un 11 por ciento sobre la del 2020, más del 10 encima de la de 2019 y supera en un 8,8 por ciento la de 2018. Claro que estos números tardan en mejorar nuestra vida, pero no serán los juntistas los que acelerarán la redistribución.

La gran injusticia es que los cambiemitas estén en condiciones de triunfar en esta contienda después de demostrar que son los peores. Según el Banco Mundial, durante la gerencia de Macri el PBI per cápita cayó un 11 por ciento, la deuda pública trepó al 92 por ciento, la inflación se duplicó hasta el 52 por ciento, el desempleo escaló del 6,5 al 10,5 por ciento y el salario en dólares pasó de 580 a 275. A pesar de que nos hicieron pelota, siguen en carrera y conquistan adeptos con patrañas, denuncias infundadas y expresiones de odio. Y en el tema que más apasiona a los despolitizados –la tan mencionada corrupción- también se llevan los laureles.

El próximo domingo se puede concretar la paradoja de que ganen los peores. Si esto ocurre, las posibilidades de mejorar nuestra vida, domesticar a los poderosos, adecentar la comunicación pública, corregir el desordenado Poder Judicial estarán más lejos. La corrección política aconseja no cuestionar la decisión de los ciudadanos pero, en un caso como éste, no cabe la elegancia. Cuando el verdugo es votado por sus víctimas, la corrección política va camino al retrete. Si los resultados se repiten no será la derrota de una opción política sino la confirmación de que no hemos aprendido nada.

viernes, 29 de octubre de 2021

Una voz nos ilumina

 

El desenfreno expone a los empresarios aumentadores, evasores y fugadores. Encima, concentrados. Tan evidente es la cosa que, hasta Rodríguez Larreta –con mucha hipocresía- reconoció que los monopolios son el problema. No cambió sus ideas, sino que adoptó un vox populi. Oportunismo, por supuesto, pero un indicio de que muchos comprenden dónde está la raíz de nuestro gradual retroceso.

 A quince días de las elecciones generales, la ansiedad y la incertidumbre nos carcomen. La semana se carga de hechos, revelaciones y bravatas que contribuyen a incrementar ese estado. Piedras que nos hacen tropezar desde hace años y no nos atrevemos a apartar del camino. Todas se relacionan con el Poder Real y sus intenciones de seguir incrementando privilegios y riqueza. Personajes que nadie vota pero desgobiernan nuestras vidas. Villanos impunes que avanzan sobre nuestros derechos. Individuos indignos que pontifican sobre la República, la transparencia y el esfuerzo. Piratas del siglo XXI que saquean todos los mares y esconden sus botines en paraísos fiscales. Dueños de todo que colonizan el entendimiento de los distraídos con sus marionetas mediáticas, políticas y judiciales. Estas piedras son tan descomunales que para moverlas necesitamos fuerzas titánicas. Como no hay dioses ni héroes que acudan en nuestra ayuda, semejante tarea queda en manos de una conciencia ciudadana que tarda en despertar.

Un caso puede ayudar a seguir este hilo. El problema recurrente de nuestra historia es la inflación, a veces disminuida, a veces desbocada, pero nunca desterrada. Tanto la hemos padecido que parece formar parte de nuestro ADN y si alguien logra extirparla alguna vez, quizá la extrañaríamos. Sin embargo, a pesar de tan larga e intensa convivencia, no la conocemos del todo ni sabemos de dónde viene. Ahora algo cambió: escaló a tal extremo sin motivos que quedó al descubierto el origen. Con una devaluación del 20 por ciento y una emisión monetaria del 27, no se puede explicar que supere el 50 o más. “No hay mal que por bien no venga”, decían los abuelos y este episodio deja al descubierto que la inflación no es un espíritu maligno que se prendó de los argentinos. Los autores de este abuso tienen nombre y apellido. También son malignos pero no sienten amor por nosotros; por el contrario, nos consideran presas para satisfacer la angurria.

No sólo quieren ganar más produciendo menos, sino también llevar sus tesoros lo más lejos posible. Argentina ocupa el tercer lugar en cantidad de cuentas offshore con una fuga de capitales que podría superar varios PBIses. Gran parte de esa fuga es evasión y conforma las divisas que nos faltan para desarrollarnos y distribuir. Un puñado de empresarios desplegó una trama económica agobiante que encontramos en cada cosa que queremos comprar. La concentración inconcebible no se reduce con un temporal control de precios. Esta es la punta del hilo que nos conduce a la comprensión del problema central.

Los diez o veinte apellidos más ricos del país son los que nos empobrecen cada vez más. El caso Vicentín es una muestra: un grupo de estafadores disfrazados de serios robó más de 800 millones de dólares, además de triangular y sub-facturar exportaciones. Sobre eso hay que avanzar, sobre todos los que nos saquean. Y no esperar tanto una condena judicial: la política tiene que actuar. Si un juez interpone una cautelar para proteger a estos verdaderos corruptos, hay que sancionarlo. Y que no pase como con Carlos Rosenkrantz, vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia, que anunció sin pudor que podrá decidir en causas de 300 ex clientes de su estudio jurídico. Un escándalo mundial. Una atrocidad jurídica. Una confesión que debería dejarlo fuera del cargo.

Estas son algunas de las piedras y un apunte no alcanza para enumerarlas. Pero ésta define a todas. La lucha es desigual y asusta. Convencer de su necesidad es una tarea ardua. Y lo peor es que sabemos que las urnas no alcanzan para emprenderla. Esta semana recordamos a Néstor Kirchner, que supo mucho de eso. Y su mejor enseñanza: la mejor batalla no es la que no se abandona, sino la que se gana.

sábado, 23 de octubre de 2021

El mejor de los desafíos

 

El congelamiento es una tregua para diseñar una relación más racional entre los productos y los precios. Humanizar el consumo no sólo por tres meses sino para siempre. Este episodio evidencia quiénes son los villanos y se convierte en una invitación para que aparezcan los héroes.


La pelea por los precios es lo que necesitamos para recuperar el entusiasmo en la construcción del camino hacia la equidad. Este episodio es lo más parecido a una épica porque conjuga todos los componentes de una batalla histórica entre los que quieren una distribución más justa de la riqueza y los que no. El botín es el bienestar de gran parte de los argentinos, que urge restablecer después de La Revolución de la Alegría y el año y pico de pandemia, con el agregado de la ingenuidad del Presidente al creer que el diálogo, el consenso y la amable explicación catedrática bastan para ello. Quienes niegan que ésta es una puja entre buenos y malos se equivocan: no hay mayor maldad que convertir la comida en un privilegio.

El Gobierno advirtió tarde que cualquier acuerdo es imposible con los angurrientos. Empresarios que, además de avaros, son necios, porque durante el mandato del Buen Mauricio los balances de las empresas mono y oligopólicas estuvieron en negativo y, a pesar de que desde el 2020 han ganado como nunca, prefirieren a los ceócratas antes que a los despreciables populistas. Aunque tambaleen con el modelo neoliberal, les encanta escuchar las consignas de bajar los impuestos, someter al Estado y anular derechos laborales; se excitan cuando escuchan proponer meritocracia y llegan al orgasmo cuando alguien menciona “Libertad”; de Mercado, por supuesto.

Como no podía ser de otra manera, los juntistas, antes cambiemitas pero siempre buitres, se pusieron del lado de los empresarios que se niegan a los precios congelados. Con un cinismo nada sutil, la siempre dulce aunque ya poco convincente María Eugenia Vidal aseguró, desde su ignorancia, que “la culpa de la inflación no la tienen los empresarios, sino la emisión monetaria”. Los datos la desmienten porque la emisión siempre estuvo por debajo de la inflación. Después están los “economistas astrólogos” que cacarean al unísono que “el control de precios nunca ha funcionado”, algo que no es cierto pero de ser así, hay que hacer que funcione. Tampoco es cierto que el control de precios traerá desabastecimiento y si lo hay, como amenaza Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, la Ley obligará a estos destituyentes a que produzcan más y especulen menos.

En estos días, las ganancias de las empresas más concentradas estuvieron sobre la mesa. Mientras muchos perdían poder adquisitivo estos ladinos acumulaban fortunas y repartían dividendos trabajando con apenas el 60 por ciento de su capacidad instalada: produciendo menos quieren ganar más. Arcor, con una ganancia de 4894 millones de pesos en el segundo trimestre del año, un 27 por ciento más que en los meses anteriores; Molinos Río de la Plata, con casi mil millones de pesos en medio año; el azúcar Ledesma le reportó a la impune familia Blaquier más de 5200 millones de pesos, quintuplicando las cifras del 2020. Estas ganancias no las obtuvieron trabajando más, como el sentido común embrutecido por el discurso dominante induce a creer, sino porque aumentaron sus productos hasta la locura. No sólo son codiciosos y mezquinos, sino también inhumanos. Ciegos de avaricia, exponen su vileza. También los que se aglutinan en torno a esta movida desestabilizadora en plena campaña. Esos que hablan de “respetar las reglas de juego” para los grandes empresarios pero pisotearlas cuando se trata de los trabajadores. Esta actitud extorsionadora los expone y si no deponen su actitud, no pueden terminar indemnes. Y si esta contienda sale bien y si gran parte de los votantes comprende dónde están los generadores de problemas y verdaderos enemigos de nuestro desarrollo, este escueto capítulo puede ser el comienzo de una novela épica que nos lleve a la mejor historia: la de lograr una distribución más justa de las millonadas que generamos entre todos.

domingo, 17 de octubre de 2021

Una humillante bandera blanca

 

El abuso de los precios no se soluciona con consenso. Como dicen por ahí, las leyes están para volverse efectivas y los actores principales de la Economía están en rebeldía desde hace mucho. El diálogo es insuficiente ante tanta avaricia.

 El presidente Fernández estuvo en el coloquio de IDEA para hablar de asuntos que los asistentes no quieren escuchar. Claro, los grandes empresarios sólo tienen una idea: la de ganar más invirtiendo menos. En su carta de presentación, los organizadores de este encuentro anual y sus patrocinadores declaran que “las empresas tenemos un rol fundamental en la generación de valor y de trabajo de calidad, que necesitamos potenciar” y para eso convocan “a todos los actores sociales a sumarse en un diálogo plural acerca de los temas estructurales que necesitamos abordar para lograr el desarrollo sostenible de la Argentina en el marco de las grandes tendencias globales”. Como para creerles, si siempre reclaman “soluciones” para engrosar sus enormes arcas: baja impositiva, quita de derechos a los trabajadores, subsidios, eliminación de controles, devaluación de la moneda de acuerdo a sus apetencias. Y encima nos saquean los bolsillos con los precios de lo que producen.

No es una revelación: maquillan con palabras bonitas la depredación que ejecutan desde hace años para obtener el abultado botín que esconden en paraísos fiscales. Detrás del “diálogo plural acerca de los temas estructurales” se oculta la exigencia de un Estado cómplice que les facilite la multiplicación de sus fortunas a costa de empobrecimiento de la mayoría. Ante estos nefastos personajes, Alberto no abandonó su tono conciliador y pedagógico para invitarlos a "abandonar los insultos y las quejas altisonantes" para dejar de ser una sociedad “con bandos en pugna”. En otras palabras, el mandatario les pidió que dejen de ser como son.

En la explicación está la solución: "Argentina necesita empresarios que sean los primeros trabajadores. Sin lobbyes y con creatividad. Sin especulación y con producción. Sin codicia y con solidaridad”. En cierta manera, les señaló la puerta de salida. Pero no nos entusiasmemos: Alberto ladra pero no muerde y los grandes empresarios saben que tienen el poder suficiente para frenar cualquier tarascón. Por eso no se alteraron cuando el presidente –en referencia al descontrol de los precios- advirtió “seremos inflexibles con la especulación”. Si en estos casi dos años de pandemia se han mostrado tan flexibles como invertebrados practicantes de yoga, ¿cómo esperar que empiecen a actuar con dureza?

En su nuevo rol de secretario de Comercio, Roberto Feletti se muestra dispuesto a solucionar la destituyente locura de los precios. Quizá por indicación de Alberto, busca un acuerdo para congelar el precio de 1247 productos por noventa días, después de retrotraerlos al 1 de octubre. En una entrevista radial, el funcionario señaló que espera “cerrar este acuerdo y ponerlo operativo el lunes” y advirtió que de no alcanzar ese objetivo “aplicaremos las leyes”, en referencia a la ley de Abastecimiento de 1974. ¿Cómo es esto? ¿Lograr un acuerdo para no aplicar una ley? ¿Desde cuándo ejecutar una ley es una amenaza? ¿Hay que suplicarles un poco de cordura? Esto es como agitar la bandera blanca para que dejen de considerar el país como un coto de caza.

Demasiada consideración para quienes no la merecen. Ni siquiera en pandemia los formadores de precio contuvieron su angurria y ahora les piden solidaridad. Las leyes están para protegernos de los poderosos y hay que aplicarlas ya para que no nos pasen por encima. Desconcentrar la producción de alimentos y controlar la tasa de ganancia de cada actor de la cadena de comercialización deben ser las acciones prioritarias para humanizar el consumo. Fomentar la competencia en serio, no con marcas de la misma empresa ni con intentos cooperativos más simbólicos que efectivos. Disminuir la macrocefalia productiva de Buenos Aires y promover en cada provincia la industrialización de sus consumos para que las economías regionales tan prometidas no se reduzcan a los alfajores. Ya que los desigualadores tanto insisten con la flexibilización laboral, habría que contraponerles una flexibilización empresarial para dejar fuera de juego a los que están empeñados en dificultarnos la vida.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...