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miércoles, 11 de junio de 2014

Los esbirros de Clarín: mucho más que un casting




Esta semana comenzó con la indagatoria de Boudou y las pintorescas interpretaciones de las plumas que insisten con la novelesca trama de la causa Ciccone. Mientras erigen como ciudadano ilustre al fiscal José Campagnoli y evitan mencionar a Macri para no llamar la atención sobre su inoperancia, ya no saben qué hacer para que su cautivo público desempolve sus cacerolas para pedir la renuncia del vicepresidente. Campagnoli es un héroe y Boudou, el peor de los villanos. Y como Macri estará de campaña en las tribunas brasileras, mejor ignorarlo, porque ni con magia pueden enaltecer su figura. ¿Qué dirán esos ilustres republicanos si el controvertido fiscal sale mal parado del jury de enjuiciamiento por mal desempeño? ¿Lo convertirán en mártir o guardarán un avergonzado silencio? ¿Sabrán algo de la causa o sólo se dejan llevar por los libelos carroñeros? Estructurar un texto en base a preguntas puede resultar tedioso para el lector pero se desliza una última: ¿por qué muchos exponentes de la oposición aún siguen confiando en las oscuras fantasías que día a día se publican en los medios dominantes?
Este apunte no busca responder estos interrogantes, pero sí fundamentarlos. O, por lo menos, dejarlos planteados. Porque una cosa es el accionar de los medios dominantes y otra, la actuación de los exponentes de la oposición, muchos de los cuales han obtenido un mandato de representación en las últimas elecciones. Como han demostrado en los últimos años, no responden al interés de los votantes sino a las angurrias de las corporaciones. Como comprometidos republicanos legitiman el asedio de los que se quieren llevar puesta a la República, sin pensar que en el futuro, también serán sus víctimas.
Apelar a la distinta vara sería utilizar la estrategia del adversario. Tanto el vicepresidente como el famoso fiscal son inocentes hasta que haya una sentencia judicial. Ambos son ciudadanos sospechados, ni más ni menos. Entonces, resulta desproporcionado que dispongan un patíbulo para Boudou y un monumento para Campagnoli. Pero lo que despierta indignación es que legisladores de la oposición se prendan a cualquier estrategia mediática para obtener unos segundos de pantalla y brinden exabruptos con formato de opinión sin haber consultado siquiera media línea de los expedientes. Como viven en los estudios televisivos no tienen tiempo para informarse en serio. Total, con recitar los titulares alcanza para despertar el agradecimiento del amo. Y, de paso, intentan horadar un poquito la paciencia del Gobierno Nacional y de todos los que simpatizamos con esta construcción. Y esto es una irresponsabilidad enorme si de fortalecer el funcionamiento institucional se trata.
Porque a pocos días de que la Legislatura porteña homenajeara al fiscal, la Cámara en lo Contencioso Administrativo confirmó su suspensión hasta la decisión definitiva del Tribunal de Enjuiciamiento. No es difícil imaginar el escándalo que armarían si alguien decide otorgar un premio a Amado Boudou en medio del proceso judicial en que lo han enredado, aunque provenga de la sociedad de fomento del pueblo más pequeño del país. Lo que han hecho estos legisladores es presionar a la Justicia, enviar un confuso mensaje a la sociedad y, lo más grave, ignorar las denuncias de vecinos del Barrio Mitre y empleados de la fiscalía de Saavedra, víctimas del abuso de poder del ciudadano ilustre, José María Campagnoli. Entre la Justicia y Clarín, eligieron al más fuerte, no al más justo.
Algunos dirán que Boudou ha recibido el apoyo de funcionarios y militantes, pero eso no es lo mismo que premiarlo, como han hecho con Campagnoli. En este caso, los que claman por la independencia de los poderes son los mismos que la pisotean; los que hablan de respeto y consenso han vomitado insultos salvajes hacia el vicepresidente. Estas líneas no tienen como objetivo ponderar a uno y denostar al otro, sino buscar un equilibrio o, al menos, un poco de prudencia. Que no pase como con Aníbal Ibarra, que lo destituyeron como Alcalde y al poco tiempo la Justicia lo declaró inocente. “Zapatero, a tus zapatos”, decían los abuelos. Y los políticos, a hacer política, y dejarse de jugar a los jueces o hacer de monigotes en los medios. No los hemos puesto donde están para eso –para estar en permanente campaña- sino para contribuir a la construcción del país con el que todos soñamos, aunque sean de la oposición.

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