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lunes, 4 de abril de 2016

El gobierno imposible



“Todo no se puede”, respondió el empresidente a un ex combatiente de Malvinas. ¿Todo? Si desde que comenzó la ceocracia amarilla no han tomado una sola medida a favor de los trabajadores. ¿Por qué no dio esa respuesta a los buitres? Después de haber coqueteado en el Imperio durante varios días para tramar la entrega del país y destinar menos de diez minutos a homenajear a los caídos, la contestación de Macri sobre la situación laboral de los familiares de los Héroes fue ésa: “todo no se puede”. Cuando la impronta es enriquecer a los que más tienen, el ciudadano de a pie queda desamparado ante un Estado injusto. En estos días, circuló la sensación del fin de la luna de miel con el flamante gobierno. Sin embargo, gran parte de los argentinos nos preguntamos cuándo comenzó tan idílico período, si desde mucho antes de asumir, Macri y su Gran Equipo sólo nos han destinado desprecio y mucha hiel.
Para las expresiones despectivas no tienen límites: grasa militante, vagos, ñoquis, chorros, basura. Para desechar voces críticas de los medios públicos y presionar para el silencio en los privados tampoco se contienen mucho. Menos aún para contribuir al llenado de las billeteras de agrogarcas, especuladores y fugadores. Hasta sorprendieron a las empresas mineras con una quita de retenciones que nadie había reclamado. El ocupante ocasional de La Rosada no respondió “todo no se puede” al Grupo Clarín, sino que desmanteló con un par de firmas las reglas para democratizar la comunicación y acondicionó el “Fútbol Para Todos” para que los medios dominantes se hagan un festín. No, para los sectores poderosos de la economía vernácula todo es posible porque la impronta empresarial ha colonizado el gobierno. Para el resto, hay imposibles de sobra.
Todo no se puede, aunque ya han batido los peores records desde que desembarcaron en la Casa de Gobierno, desde pisotear la Constitución a fuerza de decretos hasta incumplir con los más elementales derechos, desde las promesas de campaña que no pensaban hacer realidad hasta las mentiras más flagrantes que se puedan imaginar, desde el marketing embrutecedor hasta un silencio mediático que ensordece, desde el cinismo más evidente hasta el cipayismo más insultante. Desde que asumió Mauricio Macri la presidencia de la Nación, junto a su pandilla, no se ha privado de nada, pero a un soldado de Malvinas, en su día, responde todo no se puede.
Un listado que da miedo
Enumerar todas las medidas tomadas por el Gran Equipo en perjuicio de la mayoría resulta doloroso, pero a la vez necesario. La quita de retenciones, además de encarecer los alimentos, es una renuncia a la recaudación; la eliminación de los cupos de exportación también contribuye a despoblar nuestra mesa; la devaluación de la moneda y la supresión de los controles cambiarios facilitaron la fuga de divisas más alta de los últimos cuatro años; la eliminación de límites y aranceles a la importación no sólo desfinancia al Estado sino que amenaza la producción local y por tanto, generará desempleo; los masivos despidos en las áreas públicas empobrecen a los víctimas, ponen en riesgo el mercado interno, aplanan el salario y se convierten en una invitación al desempleo en el ámbito privado. Ningún funcionario dijo todo no se puede al tomar estas decisiones.
Mientras los medios cómplices nos aconsejan cómo espantar mosquitos con un diario viejo, la epidemia de dengue avanza ante la inacción de las autoridades. Lejos de iniciar una campaña para concientizar a la sociedad, desmantelan áreas del Estado que contribuyeron a frenar la expansión del brote en 2009, como las cooperativas del programa Argentina Trabaja. En lugar de apelar a la tarea comunitaria para descacharrizar los barrios, estigmatizan a la juventud militante mientras sus voluntarios siguen repartiendo globitos.
A la vez que las usinas de la alegría –que antes eran de estiércol- nos sugieren tretas para ahorrar energía, los funcionarios amarillos multiplican las tarifas de los servicios públicos. Y los verdaderos periodistas militantes ni se inmutan ante las absurdas justificaciones que dan los funcionarios. Por el contrario, se abrazan a la terminología amarilla y apelan a falacias como ‘sinceramiento’, ‘readecuación’ y ‘gradualismo’ sin que les tiemble la voz. Hasta son capaces de exaltar las bondades de la bicicleta antes y después de ir a trabajar porque contribuye a fortalecer nuestros músculos y bajar el colesterol, además de ahorrar las suculentas cuotas del gimnasio. Aunque ahora simulen ser críticos con el crecimiento de la pobreza, sólo están presionando para obtener más ventajas.
El ministro de Energía, Juan José Aranguren, apeló al latiguillo de la mirada a largo plazo para justificar los groseros porcentajes de incremento en las tarifas de su área. Esto es para “poder tener la energía necesaria para sostener la actividad económica”, aseguró el funcionario, sin pensar que con todas las medidas tomadas la actividad económica tenderá a la baja. Si en 2015 tuvimos un crecimiento de 2,1 puntos –reconocido por el actual INDEC- el primer año de Macri será de notoria decadencia. Los voceros mediáticos del establishment no se percataron de esta paradoja ni de la bestial defensa que el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, realizó de los aumentos en trenes y colectivos. “A la gente esto le impacta –expresó el funcionario- parte del populismo es esto de acostumbrarte a recibir cosas gratis”. En primer lugar, si bien las tarifas de transporte en CABA y el área metropolitana eran mucho más bajas que en el resto del país, no eran gratis. En segundo lugar, y esto es lo más preocupante, si para los funcionarios amarillos ayudar a que la población viva mejor es populismo, estamos al horno.
Nada de todo esto sorprendió a los apologistas de la prensa hegemónica. Ni siquiera las declaraciones de la siempre sorprendente –para mal- Gabriela Michetti. “El Estado se tiene que encargar de lo que se tiene que encargar –sentenció la vice presidenta- y las cosas que no puede hacerse cargo, porque en definitiva no le corresponde, las tiene que pagar el ciudadano”. Después apeló al nivel de atraso, locura, demagogia y populismo, pero no es eso lo importante. Ella dio en la tecla, aunque muchos no lo puedan comprender. No existe un parámetro universal y válido de lo que tiene que hacer un Estado por los ciudadanos: es la mirada ideológica lo que define ese punto. Mientras reniegan del Estado de bienestar, implementan uno que algunos consideran mínimo pero que está al servicio del enriquecimiento de una minoría. Mínimo para los de abajo, máximo para los de arriba. No hay pesada herencia, sino puro egoísmo.
Entonces, el todo no se puede de Macri no es imposibilidad, sino una decisión política. Querer es poder, dice un conocido refrán. Ellos no pueden porque no quieren. O mejor, porque no nos quieren. En el país con que sueña el Gran Equipo no caben 40 millones sino menos de la mitad. Como no pueden echarnos, tratan de excluirnos. Pero por más que provoquen los desastres más disparatados, no abandonaremos lo que es nuestro. La luna de miel que todavía no empezó está a punto de terminar. Y si continúan gobernando para una minoría en perjuicio de todos, lo más probable es que terminemos en divorcio. Como todo no se puede, habrá que hacer lo que quiera la mayoría, aunque en las urnas haya metido la pata.

4 comentarios:

  1. Germán Rizzo
    A mí también me molestó mucho el acto de compromiso de Macri, sin público ni medios, en soledad, como el oligarca que es. No sabía como decirlo hasta que leí su blog. No nos quiere, nos desprecia, le molestamos en su plan de repartir el país a la minoría que siempre se benefició con nuestro trabajo. Gracias

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  2. No me canso de leer sus entradas del blog, siempre poniendo en palabras lo que muchos piensan y otros no se atreven a decir. Saludos. Ricardo Restrepo

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    1. Un poco de intuición y mucho corazón. Además, lectura y el oído presto a los que me encuentro por ahí. Esa es la receta. Abrazo

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  3. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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