jueves, 31 de mayo de 2012

Las sombras que nos acosan


En estos días, Juan Carr, de Red Solidaria, afirmó que el hambre en Argentina ha disminuido notablemente, a tal punto que “es el momento en nuestra historia como país en que a menos argentinos les falta la comida”. De acuerdo a los datos de esta ONG difundidos por la agencia oficial Télam, “de cada 23 personas, una no tiene la comida garantizada, mientras que en América Latina, una de cada 14 y en el mundo, uno de cada 7”. Dicho de esta manera, las cifras son significativas, pero insuficientes. Esto sugiere que sobre 40 millones que somos, hay casi dos millones que no tienen satisfecha una necesidad básica como el alimento, algo que, en nuestro país, brota hasta de las piedras. No es para celebrar, sino todo lo contrario. Según Carr, el logro es mérito del Estado Nacional, Provincial, de las municipalidades y de las instituciones privadas que “asisten el tema del hambre”. Si hay tantos involucrados en este asunto y tantos recursos disponibles, que queden personas con hambre en nuestro país -y en tan impresionante número- indica que las cosas no se están haciendo tan bien como debieran. Y más aún, con los plazos en que se plantea el Hambre Cero. “Tanto para el sector público y privado hay una enorme unidad en este tema –explica Carr- a todos les parece que el hambre puede terminar en unos años”. Con las transformaciones profundas que se han realizado en nuestro país en los últimos nueve años, ése debería ser un problema ya resuelto o con inminente resolución. No hay paciencia que alcance en estos temas.
Pero señalar estas cuestiones no invita al retroceso, sino todo lo contrario. En nuestro país el hambre debería ser inexistente, no por el accionar de los organismos e instituciones que se dedican al reparto de alimentos, sino porque los recursos de los que disponemos deben estar mejor distribuidos. Mientras muchos protestan porque no pueden adquirir dólares, presionan por una devaluación del peso o lloran por el revalúo fiscal de sus redituables tierras, hay dos millones de personas con hambre. Algo parecido a la vergüenza deberían sentir. Y un poco de culpa también. Porque la pobreza de los muchos es consecuencia de la riqueza de los pocos. Y lo peor es que quieren más, todavía. La avaricia no tiene límites. La angurria carece de ética. La especulación no se conmueve ante nada.
La Presidenta, en uno de los actos de esta semana, ratificó “la economía social de mercado como política de Estado y generadora de empleo”. Con la entrega del crédito 250 mil del Programa Nacional de Microcrédito para la Economía Social, señaló que los 525 millones de pesos beneficiaron a 175 mil unidades productivas y generaron 275 mil puestos de trabajo. “Tenemos, no una Argentina justa –explicó CFK- pero sí más justa que la que teníamos en 2003”. “Falta mucho todavía –agregó- lo importante es saber lo que falta y saber cómo hacerlo. Para lo primero siempre hay anotados. Para lo otro, no tanto, porque hay que saber cómo hacerlo”. Y para aquellos confundidos que piensen que estamos entrando en un comunismo autoritario, Cristina señaló que algunos dirigentes “se olvidaron de la premisa fundamental del capitalismo, que es entender que la necesidad del capital es la de vincularse a la producción y el trabajo”. Por supuesto, siempre y cuando el salario de los trabajadores alcance para mucho más que satisfacer las necesidades elementales.
Y para ello, empresarios y productores deben comprometerse con el crecimiento de la economía con inclusión y redistribución. Nada de especulación, nada de desabastecimiento, nada de sobreprecios. Mucho de control por parte del Estado para que las reglas sean cumplidas. El país es de todos y no de unos pocos. Y no es mala idea que los que ganan muchísimo sin demasiado esfuerzo empiecen a ganar un poco menos –no perder- para lograr que los que están más abajo empiecen a subir algunos escalones. Solidaridad bien entendida, que se llama. Si la desigualdad es un problema, debe superarse con el serio compromiso de todos. Porque falta mucho y no nos podemos detener a discutir a cada paso con los individualistas de siempre.
Individualistas como los que pujan por el dólar y protestan por la idea de comenzar a pensar en pesos la economía doméstica. Minoritarios pero molestos como moscardones y más dañinos, no dudan en hacer correr cualquier rumor desde los titulares, micrófonos o cámaras con el objetivo de que la moneda verde se incremente en unos centavos. Los estancieros, que siempre protestan por las retenciones, retienen sus porotos a la espera de que la cotización se dispare para incrementar sus ganancias. A riesgo de perder lo acumulado en los silos. Después se quejarán porque, como usan insumos importados, todo les sale más caro. Si fuera por ellos, tendríamos un dólar a un peso para importar y a veinte pesos para porotear. Y eso sí, nada de aumentar impuestos, porque entonces sí se va a oír su solidaria voz de protesta.
Aunque el dólar como inversión no ha dado grandes ganancias en los últimos nueve años, resulta muy elegante tener ahorros verdosos en colchones o cajas de seguridad. No es lo mismo el precio de una propiedad en dólares que en pesos. El peso parece tan pobre que la propiedad se desvaloriza. Hasta un chicle parece más rico si le lo compra en dólares. Un abogado, Julio César Durán, presentó un amparo porque no pudo comprar 10 dólares para sus nietos por impedimentos de la AFIP. En el país colectivo que estamos construyendo, la desesperación por la moneda norteamericana es una amenaza de retroceso. “Solamente el 11% de los argentinos atesora en dólares –afirmó el senador Aníbal Fernández- el resto no tiene nada que ver con este tema. Hay que tomar políticas que nos comprendan a todos y nos den soluciones parecidas”. El ministro del interior, Florencio Randazzo, explicó que las medidas de intervención en el mercado de divisas “son para defender el valor de la moneda argentina y el bolsillo de los argentinos” y agregó que al Gobierno Nacional “no le preocupa el dólar paralelo, sino que la Argentina siga creciendo”.
Algunos, llegan a decir que las medidas para desdolarizar la economía afectan la libertad de los ciudadanos. Libertad para especular, para fugar, para boicotear. El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti precisó que “si alguien se siente afectado en sus derechos, puede recurrir a la justicia […] pero nosotros no podemos adelantar cuál es la decisión porque además los casos pueden ser muy diferentes”. El diputado nacional Carlos Heller calificó como positivas las medidas adoptadas en el mercado de divisas desde el último semestre de 2011 y consideró que “apuntan a ir desarmando esa cultura ‘dolarizadora’, fortaleciendo el modelo instalado en el país desde el 2003”.
Sin embargo, los propaladores de estiércol -que han tenido un papel muy destacado en la distorsión monetaria en los últimos treinta años- siguen intentando bombardear nuestra economía con la esperanza verde. Como la cotización del dólar es tan importante para la gran masa del pueblo, nada dicen de los avances que se están produciendo en los juicios a responsables de delitos de Lesa Humanidad en la última dictadura. Y están desesperados. Muchos de los grandes empresarios han incrementado sus fortunas en aquellos tiempos por colaborar con los planes de exterminio desde mediados de los setenta. O a la inversa, ese modelo económico que los enriqueció necesitaba el exterminio. Ideólogos del horror. Y verlos en el banquillo, envejecidos pero no enternecidos, es una contribución enorme a la construcción de un país más justo. Pero la Justicia también debe ser presente. Si los sectores más importantes de la economía no entienden que deben respetar las leyes y acompañar la consolidación de una economía para todos, deberán atenerse a las consecuencias. Las que sean.

2 comentarios:

  1. Todo muy bien, pero lo lamentable es que dirigentes K, como Anibal Fernadez, tengan (reconocido) sus ahorros en dólares y que declaren que no piensan cambiar y porque se le antoja (cita textual). Y no es el único...
    (La nota figura enm la sección noticias del Yahoo.ar)

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  2. Si. Esa contradicción surgió después de la publicación de este texto. Ellos, que son los impulsores de la desdolarización son los que tienen cuentas dolarizadas. De cualquier modo, una cuenta en dólares no quita de circulación esa moneda, a diferencia de las cajas de seguridad que sí lo hacen. Tira para atrás la situación, pero no es para tanto

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