jueves, 16 de julio de 2020

Oposición tóxica y oficialismo errático


En medio de la pandemia, no hay tiempo para estadísticas banales. Sin embargo, uno puede arriesgarse a afirmar que la palabra ‘diálogo’ ha sido la más usada en estos días. En realidad, es un término que nunca pasa de moda, aunque expresa mucho más de lo que nos quieren hacer creer. Además, algunos usuarios anulan su sentido en el momento mismo en que la pronuncian, porque ponen como encendido prólogo, “estos ladrones y asesinos nos tienen que convocar al diálogo”. ¿Cómo aceptar tan extraña invitación? Más aún cuando robo y homicidio son inexistentes, por tanto, indemostrables y menos aún condenables. Y la gran paradoja: esos que claman por el diálogo no se cansan de afirmar que estamos en una infectadura con un gobierno tan autoritario como el de “Valenzuela”. ¿Cómo exigir diálogo a quien uno califica como autoritario?
Y peor aun cuando los que tanto reclaman diálogo no han dialogado con nadie cuando fueron gobierno. Macri, en sus nefastos cuatro años al frente de la presidencia, jamás convocó a los diputados y senadores de la entonces oposición, ni siquiera a aquéllos que simulaban serlo. En verdad, ¿qué conversación más o menos seria se puede tener con alguien que propuso construir puertos en Santiago del Estero? ¿O con el que afirmó que en algunos lugares falta agua y en otros, sobra? ¿O con el cráneo que aseguró, como una genialidad en la que ningún científico había reparado, que "en esta globalización no se tiene en cuenta que hay unos que están en el invierno y otros en el verano? Todos estos aforismos de brutalidad fueron dichos por la misma persona, por si alguien se distrajo. Mauricio Macri es el autor de estas vergonzantes burradas y la fuerza política que lidera es la que quiere dialogar.
Pero hay más, porque los PRO son una catarata de sandeces. La presidenta de ese club de élite, Patricia Bullrich en un encuentro por zoom con sus pares amarillos, expresó, iluminada: futuro rima con oscuro y también rima con Maduro. Esta exquisita muestra de brillantez intelectual fue esputada en la presentación del libro Juntos, ideas para el desarrollo y la libertad. Conversaciones de cuarentena. Un libro escrito por las luminarias que fueron funcionarios de la Revolución de la Alegría, como Oscar Aguad, Hernán Lombardi, Laura Alonso, Federico Pinedo y algunos exponentes más de la inexistente intelectualidad de la derecha vernácula. En ese encuentro virtual, Bullrich vomitó una frase de poster que debe haber robado de algún revolucionario en serio: “hay momentos en la historia en los que hay que dialogar y otros en donde hay que luchar”.
Por otra parte, y como han demostrado cuando fueron gobierno, lo que menos les interesa es gobernar para mejorar la vida de los argentinos, sino todo lo contrario. Lo único que pueden aportar son planes de negocios privadísimos para sus amigotes. Además, el presidente Fernández ya los ha convocado tres veces para llegar a acuerdos políticos en el armado de una agenda parlamentaria y los aportes PRO han sido sólo berrinches encaprichados. Ellos no quieren diálogo, sino obediencia. Como en este último episodio, que exigían tener un encuentro a solas, sin otras fuerzas políticas. No son opositores saludables ni responsables: son tóxicos destituyentes que lo único que buscan es aprovechar la crisis provocada por ellos y por la pandemia.
Con estos tipos no hay que ser obsecuentes ni conciliadores: hay que desnudar su vileza porque no buscan el bien del país sino el incremento de los privilegios de sus verdaderos representados; los PRO operan para una élite y muchos de los que votan por ellos no quieren advertir esa anomalía. De democráticos no tienen nada.
Por eso sorprende que Alberto sea tan condescendiente. Por eso duele que en estos días, el primer mandatario se muestre arrepentido por proponer la intervención de Vicentín. De manera sorprendente, reconoció que deseaba el festejo de todos por el rescate de la empresa. ¿Qué esperaba? ¿El aplauso de los mega-empresarios fugadores, timberos y estafadores? ¿Esperaba acaso los vítores exaltados de los palcos VIP; que los títulos de Clarín y la Nación celebren con bombos y platillos como hacen cuando un mandatario del primer mundo toma una medida similar? Muchos esperamos que esta sea una treta para que el apoyo a la intervención y expropiación de Vicentín sea más eufórico. Si no es así, que nadie cuestione que empiece a estar decepcionado.

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