lunes, 6 de julio de 2020

Otra vuelta de tuerca


Los cambiemitas están bastante desorientados. Al parecer, no encuentran argumentos coherentes para oponerse. Sus intelectuales –dicho esto con mucha generosidad- sólo cuestionan la cuarentena desde la exageración del peligro o el atropello a las libertades individuales. Para que estas pamplinas tengan eco, necesitan aislar informativamente a su electorado cautivo, que ni siquiera se entera de que un militante anti-cuarentena murió de coronavirus. Sin embargo, en todos los idiomas, la cuarentena es –por ahora- la única manera de evitar el contagio y la caída de la Economía es la previsible consecuencia de la pandemia. La hegemonía discursiva siempre intenta mostrar lo que pasa en Argentina como si fuera una anomalía mundial donde el Estado es el único culpable, sobre todo cuando lo gobierna algo más o menos parecido al peronismo. Para lograr cierta aceptación, los voceros del establishment deben embrutecer a su público, aunque incurran en groseras contradicciones: aplaudir la estatización de una aerolínea en Alemania pero repudiar la intervención en Vicentín, por ejemplo. Lo que Allá es ponderable, acá es repudiable. Y el televidente responde con su manipulada indignación sin entender absolutamente nada.
Ese es el caldo de cultivo para transformar el asesinato de Fabián Gutiérrez en un crimen político, como intentaron hacer con el suicidio del fiscal Alberto Nisman, con total éxito en el sentido común. Además, tienen un poder discursivo en apariencia indestructible, seguidores capaces de creer cualquier cosa que fundamente sus prejuicios y la voluntad intacta de proyectar su vileza hacia todos los que detestan visceralmente. Por eso puede resurgir de sus cenizas Laura Alonso, para calificar de “G-R-A-V-I-S-I-M-O” lo que a todas luces es un homicidio por extorsión de quien fuera secretario de CFK durante poco tiempo y un arrepentido que no aportó nada en la inconsistente causa de los Cuadernos Quemados. Y todo para desviar la atención del cimbronazo judicial y político del entramado de espionaje ilegal.
A todo esto se suman los hondazos del titular de la UCR, Alfredo Cornejo que propone la declaración de la provincia de Mendoza como país independiente. O los miembros de FOPEA, que agitan las banderas de la libertad de expresión para defender a los periodistas que se beneficiaron con el espionaje ilegal. O los estancieros que convocan a protegerse con armas a los inexistentes atentados K contra los silo-bolsas. O los cómplices de Macri que firman una nota para denunciar persecución política en lugar de indignarse con el entramado mafioso orquestado por la fuerza política que los contiene. Si el Infausto Ingeniero deseaba enviar a la luna a 562 argentinos que le molestaban, ¿qué debería hacerse con estos tránsfugas cuya razón de ser es alterar la vida democrática para beneficio exclusivo de unos cuantos estafadores?
Porque los que se lo pasan pontificando sobre la República y las Instituciones, no han hecho más que vulnerarlas en cuanto han tenido oportunidad, desde el gobierno o fuera de él. Los que más han desgobernado el país son los que nunca han sido votados. El Poder Real no necesita elecciones para modelar la realidad a su más egoísta conveniencia. El caso de Macri es único: él no necesitaba acceder a la presidencia para incrementar sus negocios. Lo hizo por puro ego, por mero capricho de niño rico, de angurriento desmedido. Así nos fue y cuesta creer que algunos todavía se atrevan a defenderlo.
Pero el asunto no pasa por Macri, como quieren hacer creer los que están armando un buzón electoral sin tenerlo en cuenta. Lo que nunca está en discusión es lo más importante: el sistema que está detrás del monigote que designan; la defensa de un sistema empresarial corrupto que genera fortunas para sus accionistas sin invertir en producción real; el empobrecimiento creciente de la mayoría para el incremento bestial de fortunas personales. Hasta que no se comprenda quiénes son los que obstaculizan el desarrollo y la equidad, siempre estaremos perdidos en los mismos senderos escabrosos.

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