jueves, 23 de julio de 2020

Paradojas del castigo


Aunque ya estamos acostumbrados, lo cotidiano registrado por las cámaras de seguridad alimenta diariamente los espacios informativos. Robos, asaltos, accidentes desfilan ante nuestros ojos como si fuéramos testigos de todo. A veces, esas cámaras muestran lo curioso, como el nene de cinco años que defendió a golpes a su mamá, víctima de un robo. Otras, vemos cómo asaltan un maxi kiosco o una granjita. En estos días, hemos visto hasta el cansancio al jubilado Jorge Ríos descargando su arma a un asaltante en plena huida. Cabe aclarar que la obtención de ese video por parte de los medios de comunicación es tan irregular como una escucha ilegal, por lo tanto, al compartirlo en las redes nos estamos convirtiendo en cómplices de una ilegalidad. Claro que muchos medios lo difunden para hacer apología de la defensa por mano propia o, como en este caso, un ajusticiamiento in situ.
Obvio que este caso tiene similitudes con el de Luis Chocobar, aunque la presencia del policía hace que sean diferentes. Pero en ambos se puede observar que la vida del ejecutor no corría peligro, como en el episodio del Carnicero Justiciero. Quienes justifican estos hechos –como Patricia Bullrich, Sergio Berni y algunos periodistas del establishment- olvidan que en nuestro país no existe la pena de muerte. Y en donde existe, no se aplica a delitos tan leves. Lo que pasa es que el sentido común emanado del discurso hegemónico acepta estas paradojas: que sea ley matar al paso a un asaltante de poca monta y defender a ladrones de fortunas como si fueran carmelitas descalzas.
Veamos, si por robar un celular alguien recibe un par de balazos de un transeúnte furioso, ¿qué penas deberían merecer los funcionarios macristas que incrementaron las tarifas de gas y electricidad hasta convertirlas en impagables, es decir, en un robo? ¿O los que aumentaron en dólares los peajes para que el Buen Mauricio pueda vender a mejor precio su empresa Autopistas del Sol? ¿O los administradores de Vicentín, que fugaron todas sus deudas y evadieron tributos para después declararse en quiebra? ¿Acaso los voceros del establishment plantean penas severas para tan sofisticados delincuentes? No, al contrario: denuncian persecución política o atentados contra la propiedad privada.
Durante meses, los rosarinos padecimos el humo de la quema de los terrenos de las islas destinados al pastoreo. Los periodistas locales llenaron las transmisiones con reclamos por el perjuicio a la salud y el daño ambiental sobre los humedales isleños. Ahora que se sabe quiénes son los responsables de las quemas, ¿aceptarán como sanción apropiada multas que no alcanzarán para cubrir gastos y menos reparar daños o pedirán sanciones más severas? No tanto como un disparo de Chocobar, sino apenas la pérdida de los derechos de propiedad de propietarios tan irresponsables.
Sigamos un poco en este juego de las paradojas. Si un ladrón merece el disparo de un justiciero desencajado, ¿qué castigo merecerían los funcionarios del gobierno anterior que endeudaron el país como nunca absolutamente para nada? Y encima, por cien años. Por supuesto, todo esto ha sido nomás un juego para poner en cuestión el sentido común punitivo al que nos quieren llevar los que sólo contribuyen a construir un país más horrendo. Lo mejor es educar al ciudadano en el respeto a la ley, lograr que nadie tenga necesidad de robar para poder vivir y que los que viven robando aunque tengan de todo reciban un castigo en serio para que no sirvan de ejemplo a nadie. Y menos aún que malgobiernen el país en un futuro no muy lejano.

1 comentario:

  1. Siguiendo la lógica del establishment y los energúmenos que la reproducen, todo el directorio de Vicentin debería haber sido fusilado por defraudar al estado en 300 millones de dólares. Pero claro, Vicentin fue uno de los principales aportantes en la campaña de Cambiemos. Y después ellos hablan de impunidad... cínicos.

    ResponderBorrar

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...