jueves, 24 de septiembre de 2020

Monstruosa impunidad

 

Los casos de coronavirus se incrementan de manera alarmante mientras los anticuarentena todavía gozan de prestigio y buena prensa, pero no de buena salud… mental, sobre todo. Indiferentes al peligro que recorre el mundo, son capaces de recitar cualquier estupidez para demostrar que son anti. En la capital del país no sólo son apoyados, sino también amparados. Tanto, que las autoridades prefieren alentarlos en sus odiadoras manifestaciones mientras reprimen brutalmente a los enfermeros en su día. Recuerden: allá gobierna Rodríguez Larreta, un tipejo tan nefasto como Macri pero, a pesar de eso se posiciona como un seguro candidato a presidente del modelo bestialmente desigualador de Juntos por el Cambio. Un modelo de despojo tan salvaje que prefiere exponer a los estudiantes pobres a dar clases presenciales en la plazas como si fueran animalitos en un zoológico antes que repartir las netbook que el gobierno nacional tiene preparadas y garantizar la conectividad. Tan malvado es que elige gastar el presupuesto en veredas constantemente renovadas antes que en salud y educación. Rodríguez Larreta está tan alineado con los poderosos que es capaz de mantener cerrada una calle pública para que los dueños del grupo Clarín la usen como estacionamiento exclusivo a cambio de unas monedas. Y ojo que los medios capitalinos lo presentan como honesto, transparente, dialoguista, republicano y no es nada de eso. No caigamos otra vez en esa trampa.

Así son los PRO y sus aliados: avaros despiadados que sólo piensan en un país para muy pocos. Tanto que uno de sus diputados, Ricardo Buryaile salió a justificar su oposición al proyecto de Aporte Extraordinario de las grandes fortunas de la peor manera. Como los que tienen un patrimonio personal superior a los 200 millones de pesos no llegan a diez mil, no tuvo mejor idea que eructar las leyes se hacen para defender minorías, no importa quienes sean esas minorías”. Claro, como tienen el poder mediático a su favor, pueden decir estas pavadas que socavan el entendimiento de algunos desprevenidos. Aunque no haga falta explicar demasiado dónde está el error en este absurdo argumento, por las dudas, va la explicación: las leyes, además de beneficiar a la mayoría, deben defender a las minorías desprotegidas, no a las más poderosas.

Tan embrutecedor es el discurso dominante que hay que aclarar las cosas más elementales. Si un juez amigo va a la quinta del ex presidente Macri para pedir las imágenes de las cámaras de seguridad porque un par de intendentes amigos difundieron fotos de una reunión en la que se incumplía con el aislamiento pos regreso de Europa, ¿Cómo puede ser que los medios hayan denunciado un allanamiento ordenado por los K?

¿Cómo pueden denunciar persecución política los que persiguieron en serio? Además de desigualadores y perseguidores, son sumamente hipócritas: denuncian corrupción cuando ellos han institucionalizado el latrocinio a cuatro manos. Ahora el fiscal Gerardo Pollicita está investigando la venta de terrenos públicos a precio vil con los que Macri favoreció a sus amigotes y aportantes de campaña, ante el silencio cómplice de la entonces titular de la Oficina Anticorrupción, la aún impune Laura Alonso. Y después se erigen como paladines de la democracia cuando durante su malamente inolvidable gobierno nombraron y ascendieron jueces a dedo, hicieron despedir periodistas que se negaban a silenciar sus trapisondas y desarmaron leyes por decreto. Hasta explotaron los mecanismos del Estado para espiar opositores, aliados y, lo más monstruoso, los familiares de las víctimas del ARA San Juan. Y a pesar de esto y mucho más, no sólo están sueltos sino que siguen en carrera para volver a hacer más daño. Vamos a tener que redoblar los esfuerzos para demostrar que Ellos forman parte del bando de los enemigos.

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