martes, 21 de junio de 2011

Lo nacional y lo local: una discusión postergada

En una entrada anterior, Apuntes discontínuos se dedicó a hablar de la importancia del debate en todos los terrenos de la actividad humana. Por supuesto que el más interesante es en el ámbito de la política y más aún cuando se acerca algún tipo de elección. Podemos caracterizar mejor al debate desde el punto de vista de sus objetivos. En el debate parlamentario en principio, la idea es convencer al otro o por lo menos construir entre posiciones opuestas una idea en común. En este caso, comenzar la discusión es considerar la posibilidad de ser persuadido por el otro.  Esta es una apertura que enriquecerá el intercambio de ideas y permitirá que el juego verbal logre construir algo en común. No estamos hablando aquí del consenso, que es la imposición de una idea por parte de un sector poderoso, la acción de asentir las ideas del otro por una diferencia jerárquica. En el debate entre iguales entra en juego la habilidad discursiva, la convicción, el conocimiento pero no la hegemonía.
En un debate entre dos candidatos opositores en la proximidad de un acto electoral hay algunas diferencias. Vamos a señalar dos, para no cansar al lector. En primer lugar, el objetivo no es construir una idea en común, sino derrotar la idea del otro, obtener una victoria verbal, demostrar que la propia idea supera cualquier idea contrapuesta. Y en segundo lugar, el destinatario del discurso propio no es el contendiente, el adversario, sino el público, el espectador. Este último se convierte en una especie de árbitro silencioso que juzgará cuál es la mejor de las dos posiciones.
Hace unas semanas se instaló en los medios las dificultades que existen para alcanzar un acuerdo para concretar un debate televisado entre los candidatos a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri y Daniel Filmus. Si bien es interesante apreciar la puja verbal entre dos modelos contrapuestos, hay un tema que subyace que puede tener más alcance que las próximas elecciones municipales: la nacionalización de lo local.
En el programa de la TV Pública 678 se propuso realizar un debate entre los dos candidatos con más posibilidades, Macri y Filmus. Esta idea me parece desacertada porque no es un espacio adecuado para realizar un cotejo así, no por la postura marcadamente oficialista del programa –que comparto- sino por sus características estructurales. Hay otros espacios que se propusieron para la realización del debate en diferentes canales pero el actual Jefe de Gobierno sólo acepta acudir al programa “A dos voces” que conducen Marcelo Bonelli y Edgardo Alfano en la señal informativa por cable TN. De acuerdo a las versiones, Macri tendría un contrato de exclusividad con ese canal, lo cual resultaría algo extraño en alguien que no es un actor o un cantante sino el representante de todos los habitantes de CABA.
Para liquidar esta cuestión, lo más adecuado sería un encuentro organizado en el auditorio de una universidad o espacio similar, con la presencia de periodistas de todos los medios posibles y la televisación por todos los canales que quieran transmitirlo. Ahora vamos al asunto que interesa.
Si bien uno entiende que en Buenos Aires pasan cosas trascendentes porque está la Casa Rosada, el Colón, músicos, artistas, escritores y otras cosas de proyección nacional y mucho más, a veces se percibe, al menos desde el interior del país, que Argentina se reduce a esa ciudad, que nuestro país se termina en la General Paz. Uno lo nota en los candidatos presidenciales que incluso cuando hablan del interior, se están refiriendo al gran Buenos Aires o cuanto mucho a la provincia. Y estos apuntes están escritos desde la ciudad de Rosario, que es el interior pero no tanto.
En los canales informativos de alcance nacional, que se difunden a través del sistema de cable, tampoco existe la intención de informar al país lo que ocurre en el país, sino que por lo general, gran parte del contenido informativo está conformado por hechos que sólo interesan a nivel local: cortes de calles, problemas con la circulación en las autopistas, reclamos de vecinos de tal barrio y similares. No es un problema de actitud, no es mala intención por parte de los productores, sino que es un concepto que está anquilosado desde años. Hasta en Visión 7, el noticiero de la TV Pública cometen esas proyecciones, aunque en menor medida. ¿Qué pensaría un habitante de CABA si en un noticiero están informando durante cinco minutos sobre las dificultades en los accesos a la ciudad de Rosario o Córdoba? ¿Destinaría un informativo de alcance nacional cinco minutos de su emisión para informar sobre el horario de los transportes en alguna ciudad del interior?¿Darían el pronóstico extendido para todas las ciudades importantes del país? No. Sólo hacen ese despliegue para lo local, porque suponen que lo pequeño y cotidiano que puede pasar en Buenos Aires interesa a toda la Nación.
Uno entiende que el debate entre Macri y Filmus no sólo es la contraposición de propuestas para administrar CABA, sino que es el choque entre dos modelos de país; es la verbalización de dos ideas en pugna; es el intento de desterrar un concepto ideológico de la gestión. Uno quiere ver ese debate porque quiere ver la derrota de la derecha más cínica que se ha gestado en el país. Pero la discusión en torno a su concreción puede servir para encarar un verdadero debate a nivel nacional sobre las diferencias entre los asuntos locales y los que afectan a la totalidad de los ciudadanos de nuestro querido país y su difusión en los canales de alcance nacional.

lunes, 20 de junio de 2011

El INADI como alimento para las fieras

En medio de la campaña electoral, es habitual que aparezcan casos y denuncias que resulten funcionales para utilizar como misiles ante la falta de alguna mínima propuesta alternativa para el modelo en marcha. Hay cosas que devienen de la propia naturaleza, como las cenizas que alteraron la vida cotidiana de Villa La Angostura y otras localidades del sur del país y parecen opacar la temporada turística, esencial para la vida económica de la región. Patética fue ayer la avidez del periodista Edgardo Antognana, de TN, preguntando por avalanchas a los encargados del operativo de emergencia, a pesar de la constante negación por parte de los expertos. Desconcertados, desorientados ante la falta de imágenes más impactantes, pasaban hasta el cansancio la escena del perrito que intenta tomar agua de la orilla del lago mientras aparta con su patita las cenizas volcánicas que flotan en la superficie. ¡Pobrecito!
El caso Schoklender, como ya se ha señalado en este espacio, seguirá inspirando hasta el fin de la campaña sesudos análisis de la prensa carroñera. El viernes se difundió la decisión de Marcela y Felipe, los hijos adoptivos –apropiados- de la cabeza del Grupo Clarín, de realizarse los análisis de ADN y compararlos con todos los perfiles genéticos archivados en el BNDG. O por lo menos esto es lo que manifestaron a través de sus abogados. Mañana será un día clave, pues los jóvenes deberán confirmar esa acción. Aunque todavía no se conocen los objetivos precisos de esta sorpresiva movida, se sospecha que el blanco sería desprestigiar otro de los organismos dedicados a la reconstrucción de la memoria, las Abuelas de Plaza de Mayo.
Y la semana pasada se desató un escándalo innecesario en una institución que se dedica a denunciar y resolver conflictos con los derechos humanos presentes, el INADI, Instituto Nacional contra la Discriminación.
Durante más de un año, este instituto funcionó de manera óptima como receptor y generador de denuncias sobre hechos que significaran alguna forma de discriminación racial, sexual o religiosa precidido por el actor, músico y conductor Claudio Morgado, que se dedicó a la política a partir de 2003. El año pasado, durante el tratamiento en el Congreso de la Ley de Matrimonio Igualitario, María Rachid, presi    denta de una ONG que lucha por los derechos de gays, lesbianas, travestis y trans, jugó un papel muy importante en apoyo a esa iniciativa. Eso la impulsó a manifestar un fuerte apoyo al modelo del Gobierno Nacional en marcha. Como premio, fue nombrada como vicepresidenta del INADI. Parece que ahí comenzaron los cortocircuitos.
Según los empleados del INADI, afiliados a ATE, a partir de la llegada de Rachid los malos tratos y las decisiones arbitrarias se convirtieron en moneda corriente. De acuerdo a las versiones, los empleados eran obligados a asistir a actos políticos como si fueran cursos de capacitación. Las discusiones entre las dos autoridades eran frecuentes y escandalosas. Cuando la explosión se hizo inevitable, los medios se hicieron eco y lo convirtieron en otro misil para la política de inclusión que defiende el actual modelo.
Denuncias cruzadas, llamadas a la policía, peleas, gritos, posibles hechos de corrupción y hasta actos de abuso de autoridad condimentan este divorcio que no sólo alcanzó la amplitud ávida de los medios sino la escalinata de Tribunales. En medio de toda esta polvareda, Rachid aparece como candidata a la Legislatura Porteña ocupando el cuarto lugar.
Por supuesto, este hecho tiene diferentes características de los anteriores. Pero el silencio oficial es funcional a las operaciones mediáticas que buscan horadar el modelo. Si María Rachid es sospechada por actitudes inadecuadas, lo peor que se puede hacer es mantenerla como candidata. Es más, si ella está comprometida como dice con el modelo, debería dar un paso al costado. No basta con que baje su perfil, que no se muestre junto con los candidatos principales. Que un organismo destinado a monitorear casos de discriminación se muestre con tantas aristas negativas le hace flaco favor al modelo. Este divorcio novelesco más adecuado para los programas de chimentos o revistas “del corazón” es el cuadro perfecto para los operadores del túnel del tiempo.
Según recientes encuestas, la sobre-explotación mediática del caso Schoklender, el intento de salpicar a Hebe de Bonafini y la internacionalmente reconocida organización que preside y de ser posible a cuanta organización que luche por la memoria, la verdad y la justicia no ha logrado disminuir la imagen positiva de la presidenta ni la intención de voto. Ya los medios no pueden operar como antes, cuando se decía que cuatro tapas adversas de un diario podían voltear a un gobierno. Y es una prueba que ante la cantidad de titulares que intentan relacionar los actos corruptos de los hermanos con funcionarios del Gobierno Nacional, el piso de la presidenta sea de más del 40 por ciento.
Con el escándalo INADI también se intenta salpicar. Las versiones cruzadas y las agresiones verbales entre los protagonistas sólo aportan más fango. No estoy proponiendo que no se ventilen los trapitos al sol, sino que no haya nada que ventilar. Los organismos del Estado no deben funcionar como una escuela de vedettes.
El proyecto en marcha tiene logros muy importantes y falencias que son urgentes. Una cosa es esquivar los embates de los adversarios y enemigos. Pero otra cosa es tener que lidiar con las desaveniencias, las desinteligencias, las angurrias de los que dicen apoyar el modelo y formar parte de él pero terminan pateando brutalmente en contra. Eso constituye la excusa perfecta para convencer a los que piensan que un cambio de rumbo puede ser lo mejor para el país. De esta manera se les da argumento a los que no tienen argumento para nada y mucho de lo conseguido en estos ochos años quedará sólo como un buen recuerdo. Todo por culpa de algunos desubicados que no entienden cómo comportarse dentro de un movimiento colectivo.

sábado, 18 de junio de 2011

ADN Noble: el zorro y el león o los ricos también lloran

Antes de abordar la lectura de este apunte discontinuo, no hay que perder de vista que detrás de cada personaje público hay una persona real, que tiene sentimientos, dudas, temores, inseguridades, dolores, angustias. Uno está habituado a ver a los seres mediáticos despojados de todas las características de los mortales habitantes de la llanura. Los amamos o los odiamos desde el absoluto que nos muestran las pantallas. Recuerdo una vieja telenovela mejicana, por la que fue conocida en Argentina la actriz y cantante Verónica Castro, madre de Cristian. En su versión original se llamaba Mariana pero aquí se la difundió con el pomposo título “Los ricos también lloran”, como un refuerzo del archi sabido refrán “la plata no hace la felicidad”. No se asusten: no voy a hablar de telenovelas porque nunca me han gustado. Pero ayer a la mañana, cuando desde las señales televisivas y radiales pertenecientes al grupo Clarín comenzó a difundirse la decisión de Marcela y Felipe de “renunciar a sus derechos constitucionales”  y realizarse los análisis de ADN para ser comparados con todas las muestras del Banco Nacional de Datos Genéticos, BNDG, no pude dejar de pensar en ese género que tanto cautiva a los espectadores.
También pienso en Maquiavelo, pero no en la mal citada frase “el fin justifica los medios”, sobre la que se han escrito toneladas de interpretaciones, la mayoría de ellas desacertadas. En El Príncipe hay otra frase casi olvidada. Para conservar su poder, el príncipe debe ser “astuto como el zorro y fuerte como el león”. En esta operación más mediática que judicial con la que los magnates del grupo Clarín decidieron alimentar los contenidos de sus productos en el inicio del fin de semana largo, hay algo de eso. Como ciudadano que ejerce un rol de periodista libre y verdaderamente independiente tengo el derecho y la obligación de sospechar. Que después de casi diez años de tironeo judicial, más de veinte de angustias por parte de las Abuelas de Plaza de Mayo, un juez destituido, escaramuzas legales e ilegales, apelaciones, dilaciones, muestras contaminadas y otras tantas sustraídas aparezcan de la nada a acatar la Ley genera desconfianza hasta en el más crédulo. En esta historieta, el zorro metió la cola. Ahora resta esperar el zarpazo del león.
Desde el inicio el caso genera sospechas. Marcela fue depositada en una caja de zapatos en la puerta de una casa que no era habitada por Ernestina y el hecho fue presenciado por personas que no estaban en el lugar. Cuando estaba realizando los trámites de adopción, apareció como de un repollo Felipe, y Ernestina, confirmando el vernáculo “deme dos”, no dudó en adoptarlo también. En realidad, Felipe no apareció de un repollo: la historia es más real. Una señora cuyo nombre no existe y dueña de un DNI masculino fue quien dejó al bebé en el juzgado. Ahora sí.
Pero esto no termina aquí. Para aportar un poco más de ilegalidad al asunto, anotó a los chicos con el apellido de su marido que había fallecido ocho años atrás. Sólo por una cuestión de herencia, nada más. Recuerden el título de la telenovela: los ricos también lloran.
 En el medio, toda una historia que sería extenso recordar aquí, pero que pueden reconstruir con sólo recorrer la infinidad de notas que saldrán en publicaciones serias o no tanto. Me interesa ir a las dudas, que son más inquietantes.
Hace unos días, el Tribunal de Casación había ordenado la toma de análisis voluntarios o compulsivos, como dispone la Ley del BNDG aprobada en 2009 para ser comparados sólo con una fracción de las muestras archivadas. En el banco hay casi 250 perfiles genéticos pertenecientes a familias de desaparecidos durante la última dictadura militar cuyos hijos están siendo buscados para ser rescatados de sus apropiadores. Tanto los querellantes como los querellados, por uno u otro motivo, presentaron sendas apelaciones a este fallo ante la Corte Suprema de Justicia. Justo ayer, cuando se formalizaron las presentaciones, aparece esta decisión de Marcela y Felipe para someterse a los análisis para terminar de una vez con “las persecuciones de la que es víctima su madre”. Aclaremos: en el caso de que Marcela y Felipe sean hijos de desaparecidos, Ernestina no es víctima, sino victimaria, apropiadora; estos jóvenes no serían adoptados, sino apropiados; y la persecución no es más que la aplicación de justicia en el caso de un delito de Lesa Humanidad, que como todos los de este tipo, es imprescriptible.
Y ahora, lo que más despierta sospechas. Los abogados de estos jóvenes presentan un escrito, pero Marcela y Felipe no han dicho nada. Recién el martes podrán presentarse ante el juzgado para confirmar que por voluntad se someterán a la toma de muestras. Parece haber algo de heroico en esta acción: se presentan ante la justicia para limpiar la imagen de su madre adoptiva, para terminar con la persecución enceguecida de la justicia K. Muchos desconfiados –como el autor de estos apuntes- no ven nada de valiente en esto. Seguramente hay una trampa. Recordemos que Marcela y Felipe sólo son piezas en el gran tablero de una mega empresa hegemónica. Si antes eludieron esta acción porque son la prueba de un delito de lesa humanidad que podría poner tras las rejas a su madre adoptiva-apropiadora, ¿por qué entre gallos y medianoche toman la decisión contraria? ¿Por dónde viene el zarpazo del león después de jugar con la astucia del zorro?
La clave puede estar en un nombre: Ana María di Lonardo. Ella fue la fundadora del BNDG y directora del organismo hasta 2006, cuando fue despedida. Presentó una querella ante el Estado por una jubilación mal liquidada y sus representantes son abogados del grupo Clarín. También fue propuesta como perito de parte del mismo grupo, aunque no aceptó formalmente.
Y ahora las sospechas: ¿por qué se presentan justo ahora, a pocos meses de las elecciones? ¿Por qué, justo en el momento en que desde los medios hegemónicos se ataca sin pausa a los organismos de derechos humanos –sobre todo a las madres- como síntesis del caso Schoklender? ¿Será que ya saben los resultados negativos que darán las comparaciones con los perfiles del BNDG y esto se convertirá en un golpe para otro de los organismos, las Abuelas de Plaza de Mayo, que serán blanco de nuevos ataques de esta prensa carroñera? ¿Vendrá por ahí el zarpazo del león? ¿O será simplemente que, por fin, los ricos están dispuestos a comenzar a llorar, después de reír durante tanto tiempo?
 

viernes, 17 de junio de 2011

En la pista se ven los pingos

Antes de comenzar con el tema de hoy, quisiera hacer justicia con algunos blogs amigos y como no sé “linkear” por ahora, recomendaré algunos de ellos de la manera más precaria y tradicional. Primero el del reconocido músico y otrora Sonia Bragueta, Horacio Fontova, que con Comando Amelia despliega su creatividad más profesional y realiza una selección de videos y textos por demás de interesantes. El otro, al que recurriré en algún momento es compudesdecero.blogspot.com que enseña los primeros pasos para los vírgenes en temas informáticos. Por último, Kikito Dulce, un músico y humorista originalísimo que apoya el modelo de una manera divertida y desprejuiciada en “¡Socorro… en poco tiempo seré hombre”. Ahora sí, vamos a lo mío.
Uno de mis trabajos consiste en enseñar periodismo en un colegio secundario a chicos de trece años, en una materia curricular que la dicto tipo taller. Muchas veces, mientras están realizando algún práctico en el aula un grupo empieza a tararear una canción y poco a poco, como en una comedia musical de los cincuenta, todos empiezan a cantar al unísono hasta que logro frenarlos. Generalmente, son canciones románticas, cumbias o alguna cancioncilla de moda. El miércoles pasado no me atreví a silenciarlos. Uno empezó a tararear y todos terminaron cantando… el Himno Nacional Argentino en su versión futbolera. Y no lo cantaban en clave paródica, sino con emoción.  Una preceptora me vino a preguntar por qué les hacía cantar el himno y cuando le expliqué que lo hacían por motu proprio me miró con sorpresa. En fin, yo también quedé sorprendido y por eso lo comento.
Los que no cantan el himno con emoción verdadera son los candidatos presidenciales ya confirmados. Ricardo Alfonsín ya había dicho la semana pasada que su gobierno –de llegar, je- sería austero. Ya expliqué en este espacio que la austeridad significa ajuste y no para los que viven en la abundancia sino para los que menos necesitan estar ajustados. Pero Ricardito presentó oficialmente su candidatura en España y en una reciente entrevista con el diario El País (de carnales relaciones con Clarín) declaró que derogaría la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. La semana pasada, en el programa de Marcelo Longobardi en C5N, había dicho que modificaría aquellos artículos que alteraran la libertad de expresión –que no se ve alterada en ninguno- y se mostró muy satisfecho cuando le preguntaron sobre ese tema. Pero en España, la cosa cambió. Se ve que el apoyo de los medios hegemónicos se consigue si se deroga esa tan trascendente y democratizadora ley. También dijo en el diario español que nuestro país está aislado del mundo, estupidez con la que concuerdan Macri, De Narváez, Lilita Carrió, Eduardo Duhalde y vaya uno a saber cuántos más. ¿Qué significa estar aislados del mundo para ellos? No ser más la muñeca inflable del FMI y de los especuladores financieros internacionales. Mientras tanto, nuestras relaciones dignas con el resto de los países del mundo se solidifican en el terreno político y económico. Y no se nos “cagan de risa”, como dice el mutante periodista Jorge Lanata. Basta revisar las palabras de elogio que el Secretario Nacional de la ONU, Ban Ki-Moon, destinó en su visita a nuestro país en estos últimos días.
Más a la derecha de Alfonsín –si es posible algo así- se encuentra el ex presidente de prepo Eduardo Duhalde, que también promete derogar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y sugiere una amplia amnistía para los condenados por delitos de Lesa Humanidad. Lo de él sería como un golpe de Estado pero con voto popular, si es que alguien lo vota. También desde las mismas sombras ideológicas del Peronismo Federal, está Alberto Rodríguez Saá, que como caudillo decimonónico, basa su campaña en su figura provinciana y no en sus propuestas de gobierno.
Un poco hacia el centro, tirando a la derecha ocupa un lugar ideológico impreciso pero descomunal Lilita Carrió para quien está todo mal, todo lo que venga de alguien que no sea ella estará todo mal y si no gana ella estará todo mal, aunque no dice de qué manera hará que las cosas vayan bien. Algo así. De propuestas, ni hablar, salvo la construcción de un monumento a Héctor Magneto en lugar a designar. Claro, sin él ella no sería quien es.
Proyecto Sur presenta una alianza sureña que no pasará de anecdótica, al igual que Altamira cuyos afiches parecen los mismos de veinte años atrás y sus propuestas más apolilladas, todavía.
La frutilla del postre, por eso lo dejo para lo último, es el FAP, el Frente Amplio Progresista que de tan amplio ha perdido el progresismo y no sabe dónde apoyar su frente. Hermes Binner, su candidato a presidente, hace lo imposible para disimular los cortocircuitos ideológicos que tiene con la candidata a vice, la pluma de oro y senadora Norma Morandini cuyos pasos progresistas consisten en haber votado en contra de la 125, de la estatización de los fondos de las AFJP, de la re-estatización de Aerolíneas Argentinas, de la Ley de ADN, entre otras acciones. Y como buena progresista y también periodista estuvo ausente durante la votación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Pero Binner no se queda atrás. No conforme con amenazar con una baja de las retenciones a las exportaciones del sector agropecuario y una –gradual, eso sí- liberación de la cotización del dólar que beneficiaría al mismo sector, prometió mayor seguridad jurídica y una construcción política basada en el consenso. La seguridad jurídica sería declarar a nuestro querido país como zona liberada para que los sectores financieros especulativos hagan su fiesta con nuestro esfuerzo. La construcción del consenso no es otra cosa que la claudicación ante los sectores poderosos de la economía. Tanto progresismo me empacha.
Ante este panorama electoral, aunque todavía no se haya confirmado el candidato o la candidata –todos sabemos cómo se resolverá este enigma, aunque no sabemos cuándo- el equipo gobernante con algunos aciertos, sus muchas asperezas, su opaca transparencia y sus tantísimos déficit, es el único que garantiza un camino que en sus ocho años de recorrido ha demostrado ser el adecuado para construir el país que la mayoría queremos. Falta mucho, muchísimo para eso. Pero el camino es el más audaz que nuestra conservadora sociedad puede tolerar. Por ahora.

miércoles, 15 de junio de 2011

Las caras de 2011

Ante todo debo pedir disculpas a mis lectores y seguidores. Soy nuevo en esto de la blogósfera y el diseño gráfico no es lo mío. Sólo soy un periodista libre y verdaderamente independiente, no más que eso. En estos tiempos, Apuntes discontinuos ha recibido muchas visitas y la casa no es todo lo acogedora que debería ser. El diseño es lo más primitivo y elemental que puede esperarse en un blog. Mis visitas a otros blog me revelan lo poco atractivos que son los recursos de este espacio. Para suplir esas falencias, voy a concentrar todos mis esfuerzos en los contenidos, que es lo que mejor me sale. Por todo esto, gracias a todos. Ahora, a disimular las desprolijidades visuales, es decir, a trabajar.
Mis padres siempre dicen que notan una particularidad en las caras de los actores políticos y periodistas que ven a diario por televisión. Por supuesto, uno no tiene culpa por la cara que tiene, pero sí la responsabilidad de la expresión. A partir de la observación realizada por mis queridos progenitores, comencé a prestar atención a esos rostros  que día a día tratan de convencernos sobre el estado de nuestro país.
Hay caras de extrema preocupación, como si el portador estuviese en un bote inflable en el medio del mar plagado de hambrientos tiburones. Otros ostentan una expresión asqueada, como si toda la materia fecal del mundo se depositara a sus pies. Algunos aparecen ceñudos y severos, fustigando al futuro votante para que no se equivoque más y confíe en los que siempre lo han traicionado. Los menos sonríen satisfechos ante las mínimas complicaciones, como si quisieran expresar un “¿vieron? se los dije”. Pesimistas y malhumorados escupen ante las cámaras o borronean en las páginas de un diario relatos dantescos de una situación no verificable empíricamente. Otros se relamen como ante un manjar cuando declaman el número de pobres que queda en nuestro país. Sólo unos cuantos intentan reprimir un gesto de fatal resignación al mencionar los recursos que se destinan a planes sociales, viviendas, escuelas y, con indisimulada avidez, exigen achicar el gasto público, a favor de la llamada austeridad; por supuesto, en sus manos, los dineros del Estado tendrían mejor destino y calmarían a las fieras con unas gotitas de distribución, que es lo que se conoce como derrame.
Y hay otras caras, más satisfechas, más optimistas, más relajadas. Pero no voy a profundizar en ellas porque algunos van a decir que soy muy exagerado en la ponderación del camino que emprendimos en los últimos años y que debemos continuar, mejorar, profundizar, sanear para construir un país solidario, inclusivo, equitativo y en donde la dignidad alcance a todos los habitantes. Estamos en los primeros pasos, nada más.
Esas caras, las portadoras de las pesadillas inexistentes, son las que se posicionan como las defenestradoras de este modelo incompleto. El acto de ayer: la presentación del IPC (Índice de precios al consumidor) opositor. Con enorme satisfacción mostraron en sociedad la crudeza de un número que debería espantar a los espíritus más valientes. En efecto, gracias al promedio de consultoras privadas, el IPC de mayo alcanzó el 1,5 por ciento. Corre un sudor frío por la espalda ¿no? ¿Los fantasmas del pasado hiperinflacionario parecen rondarnos en la noche? Así es, como no tienen propuesta ni argumentos ni plan quieren convencer –asustar, angustiar- a la opinión pública con una abstracción que es intraducible en nuestra vida cotidiana. Si en la puerta del supermercado uno aborda a una señora que acaba de hacer su compra y se le pregunta: ¿le parece que la inflación de mayo es de 0,7 como dice el INDEC? Por supuesto que esta señora va a decir: “no, es mucho más” y recitará el incremento de los precios de los artículos que constituyen su habitual consumo. Ahora bien, si abordamos a esa misma señora y le preguntamos por el índice opositor, el 1,5 por ciento, contestará exactamente lo mismo. Porque el IPC no revela lo que la señora gasta de más en su compra mes a mes, porque eso depende de los productos que integran su consumo. Por otra parte, el índice se difunde un mes después, por lo tanto la comparación debería hacerse entre abril y mayo, no entre mayo y ahora. Sería demasiado pedir que la pobre señora se acuerde de cuánto le costó el yogurt digamos, cincuenta días atrás. ¿Se entiende cómo se apuesta a la confusión? Ni uno ni otro porcentual se relaciona con la realidad del bolsillo, pues ambos son una abstracción.  Además, las consultoras privadas basan sus estimaciones de precios a partir de los datos que aporta el INDEC, que, aunque criticado a diestra y siniestra, tiene una estructura más sólida e integral para hacer un relevamiento de precios. Simplemente, duplican lo que el organismo oficial difunde como IPC. ¿O no han notado acaso que es siempre el doble?
Y una última cara que amenaza. Esta mañana, el diario -es un decir- La Capital de Rosario, en su versión on line, realizaba su habitual encuesta. La mayoría de las veces son preguntas por demás de tontas, como “¿cree que Rosario Central saldrá de la B?” o “¿está de acuerdo con que amanezca a la mañana y anochezca a la noche?” y otras sandeces por el estilo. Pero esta mañana colgó una pregunta para amargarle el desayuno a cualquiera: “¿Le parece que Carlos Reutemann será el vice de Cristina?”. Esa es una cara que muchos no queremos –y que no nos conviene- volver a ver. Uno puede hacerle frente a los fantasmas, pero con las hienas no hay manera.    

martes, 14 de junio de 2011

Apuntes sobre apuntes: los presidentes que se vienen

Parece que causó cierto revuelo la entrada anterior. La lectura del actual estado del periodismo desde el eje sarmientino civilización o barbarie puede sonar un poco brusco. Como también es brusco que un periodista como el autor de estos apuntes discontinuos tome abiertamente partido por un modelo político. Nunca me había sentido identificado tanto con un recorrido como el que estamos protagonizando en estos últimos ocho años. Y todo parece jugar como refuerzo. Allanan las oficinas de los Schoklender para documentar la estafa que los hermanos realizaron a la Fundación Madres de Plaza de Mayo. Contra todo lo que dijeron en estos días los exponentes de la prensa carroñera, las investigaciones judiciales avanzan hacia el camino del esclarecimiento. No hay defraudación al Estado porque el dinero se ha convertido en viviendas, que no tienen sobre precios, como también decían, sino que cada unidad costó cerca de 40 mil dólares, con tres dormitorios, equipada y amueblada. Lo que hubo fue el vaciamiento de una entidad no gubernamental: la Fundación Madres de Plaza de Mayo. No se llevó el dinero de todos los argentinos, como dicen muchos que se niegan a entender los hechos.
Pero hay otro hecho simbólico que conmueve. El pintor malvinense James Peck se convirtió en el primero en adoptar la ciudadanía argentina. Hoy, a los 43 años, recibió de manos de la Presidenta el documento nacional de identidad. Sus palabras indican que es un predicador de los cambios que se han producido en nuestro país en los últimos años. Junto con esto, visitó nuestro país el Secretario General de la ONU Ban Ki-Moon y sus palabras elogiaron de manera contundente el cambio experimentado en nuestro país. Seguramente dirán que el traductor no traducía, sino que recitaba un libreto escrito por Aníbal Fernandez o alguien cercano. Puedo asegurar que no: ese intérprete es fiel a su trabajo y por demás eficiente. Pregunto ¿todos están confabulados para hablar bien de este gobierno? Entiendo que tanto James Peck como Ban Ki-Moon exhiben una notoria “K” en sus apellidos, pero no creo que sea determinante a la hora de hacer sus evaluaciones sobre el estado del país.
Recuerdo que desde Inglaterra siempre han dicho que respecto al tema Malvinas respetarán la decisión de sus habitantes. ¿Qué pasaría si todos o gran parte de los malvinenses deciden obtener la ciudadanía argentina?¿No sería una buena forma de recuperar ese insulto a nuestra soberanía que son las queridas Islas?
Espero que Ricardo Alfonsín no quiera trasladarlas como quiso hacer su padre con la Capital. Aunque no creo que proponga algo así porque prometió que su gobierno sería más austero. Ya en una entrada anterior expliqué lo que ha significado para nuestra economía la austeridad presidencial, porque está destinada sobre todo a donde más se tiene que distribuir. Y el derroche siempre se destina a quienes no lo necesitan. En sus actos públicos lo traicionó el subconciente. No voy a profundizar en esto porque pueden revisarse los videos en la web. Los fallidos evidencian aquellas cosas que estos exponentes tratan de reprimir. Pero en cierta forma, los dichos que se le escaparon a Junior sugieren quiénes van a ser las víctimas de su ajuste y quiénes los beneficiarios.
También sospechamos quiénes serán los beneficiarios de un posible gobierno de Eduardo Duhalde. Aunque tiene menos posibilidades de llegar a la presidencia que yo al Nóbel, es bueno dedicarle algunas líneas. Ya escuchamos hasta el hartazgo esas nefastas declaraciones radiales del seguro perdedor candidato en las que decía que había que construir un país para todos, para el que quiere a Videla y el que no lo quiere. Con esa desfachatez y superficialidad, el ex presidente de prepo está ostentando toda la oscuridad de su pensamiento. Como en unas recientes declaraciones, en donde citó lo que el zigzagueante Pepe Mujica dijo sobre la ley de medios: “la mejor ley de medios es la que no existe”. Si la frase suena tonta en boca del vecino presidente, suena mucho peor en su repetición porque ese aforismo puede aplicarse a todas las leyes existentes y llegaríamos a la conclusión de que Duhalde es un anarquista y no creo que lo sea. De cualquier modo, prometió que de acceder a la presidencia derogaría la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Y eso más que a promesa, suena como amenaza.
Y por último, la promesa blanca y republicana, la civilización progresista que recién se está posicionando en la disputa presidencial, el que piensa más en acuerdos y alianzas que en propuestas de gobierno. Sin embargo, algo dejó escapar en estos días y después de recitar que representa una propuesta progresista que “privilegia lo colectivo sobre lo individual” prometió que “iba a bajar las retenciones y liberaría gradualmente el dólar”. Quisiera saber dónde está lo progresista y lo colectivo en esas primeras medidas que promete. No dijo mucho más. Se perfila como un Reutemann más potable. A veces el nombre puede sugerir mucho. Hermes es un dios de la mitología griega. Era el mensajero de los dioses y el que guardaba los secretos –aunque no siempre- y de ahí viene la palabra hermético y todos sus derivados. También era el dios del comercio, de los viajeros, de los pesos y medidas, de los inventos. Por eso en las estatuas que lo representan podemos verlo con un despliegue de accesorios sorprendente. Pero –y espero que esto no resulte contundente en mi apreciación sobre este candidato- Hermes también era el dios de la astucia de los ladrones y los mentirosos. Bueno, no fue él quien eligió su nombre. Sólo tendrá culpa si verifica o re-significa la etiqueta que le destinaron al momento de su bautismo.
Y finalmente, en la lista de presidenciables confirmados, está Lilita Carrió, un extremadamente rico personaje de la política vernácula. Ni ella sabe el país que quiere. De lo único que está segura es que está destinada a gobernar después de una catástrofe destructiva proveniente del peor de los infiernos, lo que la convierte en una candidata casi mesiánica.
Entonces, James Peck y Ban Ki-Moon ¿opinan a partir de lo que ven o son traducidos por manipuladores K?



lunes, 13 de junio de 2011

Periodismo: ¿civilización o barbarie?

Desde hace un tiempo, tal vez como nunca antes, se está discutiendo el rol de los medios de comunicación en la sociedad y, sobre todo, el papel que juega en ellos el periodismo. Por supuesto, todo está en relación con la Nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y las dificultades para su aplicación por la resistencia judicial que realizan los medios hegemónicos. Pero también con el posicionamiento de algunos profesionales de prensa ante la profundización del modelo de país que está en marcha desde mayo de 2003.
Esta discusión involucra muchos temas que, lanzados en un licuado mediático sin precedentes, producen bastante confusión al público consumidor. En efecto, acostumbrados como estábamos a la confianza depositada hacia un diario, un noticiero, un canal informativo, la realidad mediática contemporánea resulta más compleja. Ante un titular o un informe, nos vemos obligados a cotejar por otros medios los hechos relatados. Como público, hemos descubierto que la noticia está expuesta a manipulaciones, intencionalidades, intereses que van mucho más allá de informar con nobleza sobre los hechos de la realidad.
Por supuesto, hay mucha ingenuidad en el párrafo anterior. Quien piense que la lectura de un diario, por ejemplo, puede aproximarnos a la Verdad de un hecho peca de credulidad. Los que estamos en la profesión sabemos que por las características propias del trabajo periodístico, que incluyen limitaciones de tiempo, espacio y humanas, el relato de un hecho jamás puede ser la verdad de un hecho; que La Realidad, entendida así como un absoluto, está muy lejos de ser el resultado del trabajo del ser humano-periodista; que gran parte de los materiales que ayudan a la reconstrucción de un suceso se basa en relatos subjetivos tan imprecisos o interesados como los del propio periodista. Y todo esto acotado al trabajo serio y responsable de un profesional.
Sin embargo, vemos a diario en los grandes medios –diarios, revistas, radios y canales de TV- a conocidos y reconocidos periodistas –antes eminentes y respetables- que recitan al unísono argumentaciones que no son propias. Parecen repetir un guión memorizado como si fuera la salmodia de un oficio religioso. A veces declaman sin ponerse colorados que de su boca sólo sale la verdad de los hechos, con absoluta objetividad, que son independientes y absolutamente confiables. Otras veces, imponen no sólo la agenda –arbitraria y reiterativa-, sino la interpretación dominante de los hechos que la componen. A veces propuncian emocionantes diatribas a favor de la libertad de expresión y explota su histrionismo si otros colegas los critican o señalan sus contradicciones. Como dueños de la verdad, como íntegros y desinteresados escribas y relatores de la palabra celestial, disponen de una serie de gruesos calificativos hacia quienes no coinciden con ellos. Estos son los periodistas blancos, los que portan las nobles ideas de la civilización.
Del otro lado está la barbarie. Los otros periodistas que por convicción o por conveniencia, además de buenos salarios en algunos casos, conforman un frente de defensa de las acciones y decisiones del Gobierno Nacional. Salen al cruce de las mentiras y manipulaciones que los medios dominantes –siempre ligados al poder económico y otrora defensores y propagadores del accionar oscuro de la dictadura cívico-militar- tratan de imponer a los miembros de la sociedad.
En los párrafos anteriores mencioné la clásica división sarmientina, civilización o barbarie, que parece atravesar toda la historia argentina y que hoy se actualiza en las denominaciones periodismo independiente o periodismo militante. Lo que sería el blanco y el negro de una profesión. Los buenos y los malos, de acuerdo a la poderosa división de los representantes del establishment.
Describamos los dos bandos. Empecemos por los malos, los que insultan, editan, tergiversan, utilizan métodos stalinistas, agravian, son fascistas, goebelianos y parecen hordas hitlerianas. Estos son los bárbaros, los que desde los medios oficialistas defienden las principales acciones del Gobierno Nacional. Los que con marcada habilidad deshilachan las contradicciones de la oposición política y revelan de manera indiscutible las operaciones machaconas y cada vez menos convincentes de la prensa blanca.
Y el otro bando es el de los periodistas civilizadores, independientes, ascépticos, republicanos, objetivos, iluminados por la revelación de la verdad, heróicos defensores de la libertad de prensa cuando no está amenazada, pero cómplices de las censuras dictatoriales y  predicadores obedientes de los poderes perpetuos. Lo único que pretenden con su accionar fabulario es destruir este modelo político para suplantarlo por el que anteriormente los enriqueció, dejando a la mayor parte de los habitantes de nuestro país casi al borde de la extinción.
En la visita que la ensayista Beatriz Sarlo realizó al programa 678 el 24 de mayo, explicó que los diarios Página/12 y La Nación eran la expresión de los dos extremos ideológicos y que con la lectura de ambos uno podía realizar una síntesis más o menos sólida sobre los hechos y sus posibles interpretaciones. Ese ejercicio era factible hace algunos años, no ahora. Uno de ellos ha perdido absolutamente su credibilidad, abandonando totalmente el contacto con cualquier realidad. El diario La Nación –al igual que su primo hermano Clarín- presenta el relato de una realidad deseada, del recuerdo ensoñador de un pasado que se resiste a volver, cuentan en sus páginas una pesadilla inexistente. El diario La Nación ya no es lo que era, esa “tribuna de pensamiento” liberal pero honesta. Desde hace más de treinta años se convirtió en cómplice y eso ensucia.
 Que me perdonen los buenos, pero me parecen más confiables los malos, la indiada con micrófono que pondera la construcción del actual modelo, comprometidos con los ideales de un país para todos, identificados con las mayorías, aplaudiendo la equidad y despreciando la exclusión. Y si uno no está de acuerdo con todo esto, hay un límite simbólico y moral: la utilización que han hecho del caso Schoklender y la misión Sueños Compartidos. Tamaña bajeza no permite dudar. Los buenos traspasaron todo límite para horadar, para destituir, para dividir.  
Algunos piensan que esta manipulación del caso es el inicio de una seguidilla. Creo que éste es su último intento porque más bajo no pueden caer. Después del fango, no hay nada que ensucie más. No pueden quedar más en evidencia sus perversas intenciones.
Ahora es el público el que debe tomar protagonismo, el que debe comprometerse con la información que más contribuya en la construcción del universo simbólico y colectivo.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...