jueves, 15 de agosto de 2019

Una experiencia descontrolada


La Argentina cambiemita no es una comedia de enredos sino un drama de la vida real. Enredos hay, pero no hacen reír: enojan, indignan, irritan y hasta hacen llorar. Por más ridículo que sea, el empresidente Macri ya no provoca risa. Tan cerca estamos del drama que ni los tropiezos verbales de la vice Michetti resultan divertidos. El abismo está cerca en serio y no sólo desde el domingo, sino desde mucho tiempo atrás. En los últimos días explotó la bomba que comenzó con la asunción del tipo menos preparado para ser presidente. Tan poco preparado que no sabe cómo frenar la hecatombe que él mismo desató. No sólo él, por supuesto: el Mejor Equipo de los Últimos 50 Años también hizo lo suyo. Y, claro está, el tan idolatrado Mercado, beneficiario casi exclusivo de la impronta amarilla. Nada de esto hubiera sido posible, como ya sabemos, sin la contribución impune de los medios de comunicación dominantes y los periodistas acólitos que, con el incendio a la vista, sólo pueden simular sorpresa, indignación y un atisbo de autocrítica.
El resultado de las PASO sorprendió a todos, pero no es ése el punto de partida de la debacle que estamos padeciendo. Desde el primer día de su mandato, el Ingeniero puso la economía del país en manos del Mercado, eliminando controles cambiarios, obligaciones a los exportadores, elevando las tasas de interés y batiendo records de endeudamiento para alimentar ese círculo vicioso. La dolarización de la vida doméstica y la devaluación habilitaron que nuestra dignidad quede a merced de los especuladores y de los formadores de precio. El Mundo del que habla Macri y al que nos integró está fagocitando nuestro futuro, no por la certeza de que habrá un cambio de rumbo después de las elecciones, sino porque el modelo de Macri está en agonía.
En estos días, los medios se poblaron de expertos que analizaron la psiquis del mandatario por la reacción ante la contundente derrota y sus gestos robóticos y desencajados. Hasta Nelson Castro le destinó un diagnóstico de Hubris para no quedar afuera de la guardia médico-mediática. Psicótico, golpeador, perverso fueron algunas de las etiquetas que trataron de explicar las palabras que destinó Macri a los argentinos entre el domingo y el lunes. Primero, desencajado y demolido, nos mandó a dormir sin postre, como si fuéramos los autores de una travesura pueril. Al día siguiente, pronunció una frase muy estúpida para alguien con su responsabilidad: “el mundo no quiere al kirchnerismo”. Al día siguiente, los diarios especializados internacionales, las calificadoras de riesgo y hasta los integrantes del Círculo Rojo vernáculos dictaron una sentencia inapelable: el principal escollo es el Macrismo.
Psicosis de anti políticos
En estos días, muchos se encargaron de recordar la frase más amenazante de este impostor: “si me pongo loco, les puedo hacer mucho daño”. En realidad, lo está haciendo desde que asumió y por más que el candidato a vicepresidente Pichetto asegure que el presidente “está en control”, como si fuera un coche en la RTV o el Súper Agente 86 en su oficina, la situación está descontrolada. Tanto, que hablan de la institucionalidad con el cartel de presidencia de fondo y, en lugar de estar Michetti junto a Macri, está Pichetto. Claro que ninguno de los dos aporta demasiado, pero desplazar de ese papel a la rodante Gaby ya es poco institucional. Tan descontrolado está el panorama que a las pocas horas de anunciar un congelamiento del precio de los combustibles, los empresarios petroleros alzan su voz como si fueran indigentes.
Los perdedores oficiales, con los números –tanto electorales como económicos- estampados en sus rostros, salieron a lamentar la situación y a ofrecer toda su ayuda para aliviar a los padecientes. Imposible tanto cinismo: ellos no integran una red de beneficencia sino que conducen el país; no tienen que ayudar, sino gestionar para que no haga falta ayudar a nadie, salvo ante fenómenos imprevistos. Ellos ofrecen su ayuda angelical después de haber construido esta catástrofe innecesaria. Y, aunque pasó un poco desapercibido en medio del caos del dólar y los precios, el subsecretario de Cultura, Pablo Avelluto, ostentó su impudicia el lunes por la noche: si despidió a 1600 empleados de la cartera a su cargo fue porque tuvo “el coraje, la audacia y la voluntad política de hacerlo”. Valentía, audacia y voluntad con los trabajadores pero sumisión, obsecuencia y complicidad con los poderosos que se están llevando el país a paraísos fiscales.
Esta es la impronta PRO: generar tormentas para después repartir salvavidas de plomo. Ahora sale el buen Mauricio para disculparse por haber reprochado la decisión del voto ciudadano, a pedir perdón por hacernos escalar el Aconcagua, por convertir los alimentos en artículos de lujo. No está loco ni es psicótico sino es lo que es, lo que son todos los que pergeñaron el Cambio, le dieron forma electoral y garantizaron el nefasto triunfo de 2015: avarientos insensibles que jamás han asomado la nariz de la burbuja de lujos en la que siempre han vivido. Ese engendro, convertido en gobierno democrático, es lo que jamás deberemos volver a experimentar.

lunes, 12 de agosto de 2019

El principio del fin


Los votantes no hicieron caricias a Mauricio y menos aún lograron satisfacerlo. Aunque los candidatos suplicaron por votos hasta el último minuto de campaña y hasta durante la veda, los argentinos estamos soltando la mano de los embusteros del Cambio. A pesar de que gastaron fortunas para poblar de blindaje, amabilidad y apología los medios tradicionales y saturar las redes con el accionar de trolls y bots, el fin de la ceocracia amarilla está cerca. Los gestos ensayados, los discursos coucheados y los llantos oportunos no lograron colorear la gris realidad que viven muchos compatriotas. Las acusaciones falaces sobre el gobierno anterior y los inexistentes logros del actual no alcanzaron para convencer sobre la necesidad de seguir transitando este tortuoso camino.
La potencia plebeya de los candidatos del Frente de Todos pudo más que las poses angelicales, los exabruptos controlados y las huecas frases de posters de los postulantes del oficialismo. El público comienza a convertirse en Pueblo. La conciencia empieza a despertar colonizados. La verdad está opacando a la ficción. El verso del sacrificio, castigo, tormenta o cruce del río no fueron metáforas tan eficaces para renovar el mandato del Ingeniero. A pesar de la obscena manipulación de la opinión pública, las operaciones de prensa y el viejo truco de mostrar como ciudadanos a los Mercados, las urnas empiezan a señalar la salida de este túnel y, por tanto, el fin de la pesadilla del Cambio.
Con la soberbia de clase que siempre exuda, el Buen Mauricio salió a dar la cara después de las diez de la noche, sin lluvia de globos ni bailes robóticos. Una mala cara, sin dudas. "Me duele en el alma que tantos argentinos hayan creído que hay que volver al pasado", expresó sin autocrítica. Al contrario, le exigió a la oposición que “se haga cargo de las consecuencias económicas” y le reclamó que “explique” su proyecto a los mercados. El balde de agua fría de los resultados no fue suficiente para inspirar algo de empatía con los votantes que están padeciendo en serio las consecuencias de tanto entreguismo. Gobernar para especuladores tendrá sus privilegios, pero no seduce al votante. Ya no, porque, como nunca en nuestra historia, estos tres años y medio de inserción al peor mundo no han generado el bienestar tan prometido.
Un domingo inesperado
Las encuestas venían anticipando el triunfo de les Fernández, pero no por tanta diferencia. Tanta que el horizonte pinta un nuevo rumbo. Si las cosas siguen así, la victoria en las elecciones generales está a la vuelta de la esquina. Y más aún si Macri promete más de lo mismo pero peor: después de reconocer la mala elección y mandarnos a dormir sin resultados, el empresidente a un paso de dejar de serlo amenazó con “redoblar los esfuerzos para que en octubre continuemos con el cambio”. ¿Qué piensa redoblar? ¿La fuga de capitales y el consecuente endeudamiento? ¿El incremento bestial de las tarifas de los servicios públicos? ¿Los intereses de las Leliq? ¿El deterioro de las condiciones de vida de millones de argentinos? ¿Creerá que una reforma laboral va a seducir a los votantes que serán víctimas de ella? ¿Pensará que el triunfo depende de seguir culpando a los jubilados, pensionados y beneficiarios de la AUH o que la Pesada Herencia es causa de tanta decadencia?
Por suerte, no está entendiendo nada, sino volvería a engatusar a la población con promesas que, con este plan para una minoría especuladora, son incumplibles. Tocar el pavimento de una de las pocas obras inauguradas no sirvió para embaucar a los que no pueden comer todos los días. Prometer menos retenciones a los agrogarcas en la amarilla Rural no convenció a los que van entendiendo. La solidaridad le ganó a la demonización del otro. El egoísmo del medio pelo perdió por goleada. La unidad venció al pegote.
Los analistas cómplices tratarán de instalar la falacia del voto con el bolsillo para avergonzar a los que dieron la espalda a la Revolución de la Alegría. Como si la economía familiar fuera menos importante que la angurria de los que tienen de sobra. Si el ciudadano de a pie votó con el bolsillo es porque se cansó de ver como unos pocos colman sus arcas a paladas con dinero ilícito. Esta semana comenzó con el aire fresco de un mensaje esperanzador, pero quedan más de dos meses para las elecciones generales. Los amarillos pueden encarar esta nueva etapa montando una bonanza efímera o desatando una venganza insólita. Ninguna de las dos tretas servirá para revertir la decisión soberana de construir un país que esté al servicio de todos los que vivimos en él.

jueves, 8 de agosto de 2019

Insultos sin palabrotas


Primero gritó y después se disculpó. Macri pidió perdón -o sorry- por el 'carajo', nada más. Por todo lo otro, no: sólo por decir 'carajo'. Después, aplausos del público por no se sabe qué y el coro autómata del "sí, se puede". Los que antes acusaban a CFK de autoritaria por el tono de voz enérgico y el dedito levantado hoy babean por los gritos desaforados y vacuos del Buen Mauricio. Un nuevo acto para la vergüenza del presidente que nunca debió haber sido. Y que nunca deberá volver a ser. No sólo él sino todos los que en el futuro pretendan hacer lo que él hizo: gobernar para el exclusivo beneficio de una minoría privilegiada a costa de precarizar al resto.
Encima es tan hipócrita: "a mí me duele cada uno de los que la está pasando mal, cada uno de los que tiene dificultades porque vine acá para ayudar a cada uno de esos argentinos a que encuentre su lugar", recitó el farsante. Que vino para ayudar no se nota demasiado y si le duele que muchos la pasen mal o tengan dificultades, con sólo hacer lo contrario de lo que está haciendo basta para calmar su dolor. De lo que sí no quedan dudas es que quiere que cada uno encuentre su lugar y eso lo logra con los bastonazos de la policía de Bullrich. Por esto tendría que pedir disculpas, pero no lo ha hecho.
Ni lo hará, porque promete hacer lo mismo pero más rápido. Eso mismo que los amarillos consideran maravilloso pero el resto concluimos que es espantoso. Calamitoso. Tan calamitoso, que en casi cuatro años el Cambio provocó la destrucción de más de 19 mil empresas, una caída del 3,4 por ciento respecto a 2015. Tan espantoso que el artista plástico Julio César Báez sigue preso desde el 20 de julio por hacer una escultura de Santiago Maldonado. Tan calamitoso que el Gerente de La Rosada SA sólo pide aguantar que “con viento a favor” y con la iluminación “de Dios” vamos a salir adelante, aunque todos sabemos que vamos para atrás. Y por esto no pide disculpas.
Tampoco se disculpa por su cinismo, que lo lleva a afirmar que “el Estado debe estar al servicio de todos y no de la política”, aunque sus políticas sólo han beneficiado a un puñado y perjudicado al resto. Un cinismo que desborda a todos los integrantes de los conquistadores amarillos. Como María Eugenia Vidal quien, después de decir muchas veces que no hay que hacer campaña con los muertos, en la amable y oficialista mesa de Mirtha, evocó con mentiras –“un tren sin freno automático”- la Tragedia de Once. Ellos que coparon la CABA gracias al incendio en Cromañón y que conquistaron la presidencia con las víctimas de ese accidente ferroviario, el falso asesinato de Nisman y la acusación contra Aníbal Fernández, pregonan que no hay que usar a los muertos. Ellos que en tres años y medio baten el récord de muertes violentas y portan el hundimiento del ARA San Juan sobre sus espaldas. Por todo esto, jamás pedirán disculpas.
Una salida de emergencia
Ojalá fuese un ‘carajo’ su único error. Eso es lo de menos. Lo peor es todo lo que ha hecho desde el Bailecito en el Balcón. Como poner Comodoro Py al servicio de la persecución política, malgastando fortunas del Estado en causas judiciales sin fundamento. El juicio por la obra pública en Santa Cruz está por convertirse en un escándalo porque sigue adelante a pesar de que las pericias probatorias aún no están listas y ya se ha demostrado en un juicio provincial que no había ilícitos. Una pantomima para involucrar a CFK y nadie pide disculpas por ello. Como la causa de los Cuadernos Quemados, una ficción insostenible en el mundo real. O el juicio contra el Grupo Indalo, cuyos titulares Cristóbal López y Fabián de Souza están presos por negarse a que sus medios de comunicación se sumen a la causa anti K. Aunque las pericias de la Corte Suprema de Justicia indican que, si hay una deuda es porque la AFIP de Macri se negó a seguir cobrando, el juicio continúa para alimentar los prejuicios con titulares estigmatizadores.
La Argentina de Macri no pasa por una palabrota más o menos ni por la sobre actuación ensayada en un espejo. El Ingeniero recita tonterías convincentes ante un público controlado y poco numeroso. El país que diseña es para pocos, para los que ganan fortunas con la especulación sin producir más que deuda, para los que exportan alimentos sin pensar en los que hambrean, para los que consideran que los derechos de todos obstaculizan el enriquecimiento de algunos, para individuos absolutos que creen que los demás no merecen nada.
Hay otro camino, por supuesto y las elecciones primarias serán el primer paso para transitarlo. Una Argentina que no excluya ni sea indiferente ante el padecimiento de sus habitantes, donde los jubilados sean más importantes que los bancos y que tenga la ciencia como brújula del desarrollo; donde las escuelas sean un lugar para aprender y no para llenar la panza; un país en el que todos coman en su mesa y no en comedores comunitarios; donde todos puedan gozar de los servicios sin que eso signifique una estafa. El camino hacia una Argentina donde la felicidad colme a todos no es el que propone Macri: la derecha desdeña toda forma de equidad. Aunque proponga un centro amigable, el Frente de Todos es lo más parecido a una salida que tenemos a mano. Una vez que salgamos de este terreno pantanoso, podremos transitar un camino que nos lleve cada vez más cerca del país que todos soñamos, lo más lejos posible de las pesadillas que pergeñan los que se acurrucan del lado más oscuro de la grieta.

lunes, 5 de agosto de 2019

Las maravillas del Cambio


No es una novedad decir que estas elecciones no serán libres ni democráticas porque una parte de la ciudadanía asistirá a las urnas con información falsa. Individuos que portarán en su sentir el ficticio asesinato de Nisman o la inexistente imagen de López arrojando bolsos sobre los muros de un convento. Un imaginario malversador de todo entendimiento alimentado por periodistas tan falaces como el gobierno que defienden. Si bien las PASO son un ensayo, los resultados aliviarán un poco la ansiedad que muchos sentimos. Tan luminoso es el escenario que sorprende que todavía quede una nebulosa humana con la etiqueta de “indecisos”. Mientras los candidatos oficiales recitan vaguedades que ni ellos entienden, los opositores en serio a este plan de despojo van ganando terreno.
No estamos caminando por un túnel ni nadando en un río: estamos padeciendo la crisis que la Pandilla del Cambio fabricó para satisfacer sus angurrias. No somos víctimas de fenómenos naturales sino de artificios de rateros. No estamos soportando una andanada de errores cometidos por inexpertos sino presenciando un plan de expropiación del patrimonio de todos. Cuando los Cambiemitas recitan con emoción “es maravilloso lo que estamos logrando juntos” hay que tomarlo como lo que es: una perversa burla a los que sufren hambre, frío, abandono, censura, represión y cárcel. No están logrando nada maravilloso y quien así lo entienda está confundido o es tan maligno como Ellos.
¿Qué tiene de maravilloso reconocer que nos han metido en un túnel oscuro o en un río anchísimo? ¿Cuál es el mérito de “tener un INDEC que no miente” si no hacen nada para revertir los malos números que arroja? ¿Dónde está la maravilla de serruchar 12 puntos al poder adquisitivo del salario en un año? Para el empresidente todo está de maravillas porque incrementó su patrimonio en un 52 por ciento y los grandes medios miran para otro lado. Hasta tiene bonos de la deuda que él mismo decidió tomar desde La Rosada SA. Tan maravilloso es todo que Macri será un fondo buitre en el futuro.
¿Acaso es maravilloso encabezar los rankings negativos a nivel mundial? ¿Dónde está la maravilla de ser el país más vulnerable o con más inflación? Tan maravilloso es “lo que estamos logrando juntos” que el FMI ha prestado a Macri una suma similar a la del Plan Marshall, aunque éste sirvió para reconstruir un continente y aquél sólo para incrementar el patrimonio de unos cuantos vivos. Una maravilla convertirse en el principal deudor del Fondo. O tal vez sea maravilloso pedir por favor que los voten, como hacen los amarillos en los spot de campaña. Tan seguros están de la maravilla que apelan al voto suplicante.
Romper el hechizo
Por supuesto, no estamos ante ninguna maravilla, sino ante una estafa electoral histórica. El “Mejor Equipo de los Últimos 50 Años” terminó siendo una banda desaforada de vándalos. Como esos borrachos que entraban al pueblo disparando alocados en las pelis del oeste: unos bandoleros de parodia comandados por el peor de todos: un desubicado todo terreno en un rol de honor; tan desorientado que elogia la elegancia de un granadero como si fuera el disfraz para una fiesta colegial y recibe una respuesta que lo descoloca aún más: “no es por placer, es el uniforme de la Patria, señor presidente”; un individuo mediocre que sostiene a mediocres en el gabinete, como a Patricia Bullrich que, lejos de exhibir su capacidad para el cargo, ostenta la ineficacia de permitir que una ONG instale carteles de protesta justo sobre la cabeza del mandatario. ¿Qué maravilla puede acarrear semejante impostor?
Lo maravilloso es que todavía nos estén gobernando y tengan algunas chances de seguir haciéndolo. Lo maravilloso es que todavía pululen por las calles, codo a codo con nosotros, individuos que sigan defendiendo el Cambio y que reciten las tonterías que fundamentan su postura. Zombis que se indignan por las ficciones pero se muestran indiferentes ante las realidades; que babean de rabia por la Tragedia de Once pero ni se inmutan por el hundimiento del submarino; que gruñen al ritmo de los medios hegemónicos y sus ramificaciones en las redes; que desprecian de acuerdo al nuevo enemigo que señalan los titulares; que memorizan embobados la palabrería que el marketing más banal pone en boca de los maquillados personajes; que confían en los análisis basados en falsedades que predican los apologistas mediáticos; que prefieren padecer las consecuencias antes que reconocer cuánto se están equivocando; y que hacen suyas las ideas de los más ricos. Eso es lo maravilloso: que la víctima aplauda al victimario.
Eso es lo maravilloso, que a pesar de la inflación, del incremento de la pobreza, de los miles de desempleados, del sueldo precarizado, de la seguridad de estar cada vez peor, el malestar se manifieste a cuentagotas. Lo sorprendente es cómo han logrado dividirnos aún más a pesar de haber prometido lo contrario; cómo han expandido el odio de clase que exudan por sus poros; cómo han hecho para destruir tanto en tan poco tiempo con el beneplácito de los afectados. Por supuesto, nada de esto es maravilloso. Al contrario, podrá ser macabro, siniestro, malvado pero nada de maravilloso. En todo caso, lo maravilloso sería romper el hechizo y que jamás vuelva a gobernarnos una minoría en su exclusivo beneficio. Lo maravilloso sería convencer a los encantados de que la sonrisa de los Poderosos no nos hace partícipes de su poder. Que el Poder somos todos cuando convertimos en derechos lo que Ellos consideran mercancía, cuando asumimos que la Justicia no es la protección de privilegios ni la persecución de opositores, que la comunicación pública no puede convivir con los grupos concentrados de medios. En definitiva, lo maravilloso lo encontraremos cuando el Cambio comience a ser un mal recuerdo.

jueves, 1 de agosto de 2019

Terremoto oficialista

  La escenografía del Cambio se tambalea cada vez más. Los 150 pseudo intelectuales que firmaron su apoyo a la postulación de Macri pierden los estribos a la hora de justificar su adhesión en los medios amigables. Al igual que los votantes, no encuentran nada bueno en la gestión amarilla salvo que "no están los K", como si eso bastara para que todo marche bien. Y no marcha bien, claro está, sino peor de lo que cualquiera con medio dedo de frente puede apreciar. Las frases recitadas no alcanzan para ocultar el daño profundo que está realizando el Gran Equipo. Tan frágil es el equilibrio construido que la promesa de Alberto Fernández de aumentar las jubilaciones en un 20 por ciento es calificada como "terrorismo económico".
Desde lo discursivo, el bombardeo es constante. El relato falsario se evidencia cada vez que dicen "esto no es relato" o cuando, con su tono fingido, la gobernadora bonaerense desempolva la frase “hechos, no palabras” y se vanagloria del incremento de chicos que asisten a los comedores escolares. Pero lo más irritante es cuando hablan de la transparencia, la honestidad y los valores para un público absolutamente "aislado del mundo". O cuando, con un tono ensayado recitan lo del respeto por las instituciones o la pluralidad de voces. Todas estas imposturas se desmoronan con apenas unos segundos de atención informativa.
En lo único que se les puede dar la razón es lo de la transparencia, porque concretan sus trapisondas a plena luz del día, transformando cada decisión de gobierno en un negocio propio o para alguno de los amigotes presidenciales. Desde el incremento de las tarifas hasta el impulso a los parques eólicos, desde el remate a precio vil de los bienes del Estado hasta las políticas macroeconómicas. Con un poco de compromiso informativo por parte de los grandes medios, Macri y su banda, en lugar de candidatearse para la reelección, deberían prepararse para el resto de su vida a la sombra.
Ellos pontifican sobre el respeto a las instituciones pero desde el primer día hicieron lo imposible para someter los mecanismos del Estado al ocultamiento de sus chanchullos y a la persecución política de opositores; denuncian inmateriales mafias cuando las principales están en La Rosada SA, Comodoro Py y la AEA, que agrupa a la élite empresarial; hacen una cruzada antidrogas pero muchos de sus exponentes están ligados al narcotráfico y el hijo del gobernador Morales utiliza terrenos públicos para cultivar marihuana que luego se convertirá en el oficialista aceite de cannabis para vender en las farmacias; se trepan al podio de la libertad de expresión pero los medios del Estado no paran de hacer campaña por los candidatos amarillos. Las contradicciones son tantas que abruman.
Inmundicias a traluz
La entrevista de Carla Pelliza a Ibar Pérez Corradi revela una trama oscura que inspiraría lapidarias tapas en cualquier país del mundo: que una ministra de Seguridad presione a un narcotraficante para que pronuncie un guion contra Aníbal Fernández a cambio de mejores condiciones carcelarias debería precipitar la renuncia de los involucrados, desde funcionarios hasta magistrados. Sin embargo, sólo grillitos, más aún cuando otro condenado –Leonardo Fariña- es tratado como rey por inventar la necedad “se robaron un PBI”.
Y por supuesto, eso de reparar la Grieta está muy lejos de los objetivos de los PRO. Por el contrario, la ensanchan cada vez que abren la boca. Y las inmundicias que vomitan hacen mella en los zombis que las tragan. El escultor Julio César Báez está preso porque un vecino denunció que estaba modelando una estatua en homenaje a Santiago Maldonado. Los veganos fueron corridos a rebencazos de La Rural por una demanda por los derechos de los animales. Tanto pregonar con el ajuste que la falta de vacunas o medicamentos para los enfermos de VIH no preocupa a los encantados. Al contrario, todas las víctimas del ideario amarillo son transformadas en peligrosos delincuentes en el entendimiento de los colonizados. Colonizados que ya no deberían mostrarse tan inocentes en la escena cotidiana, sino como cómplices de un engendro destructivo.
Una fila de un kilómetro de postulantes a guardiacárceles no es interpretada como una postal del desempleo creciente, sino como un sorprendente interés por estudiar. Estos farsantes transforman todo en un cuento inverosímil con la seguridad de que así van a garantizar su triunfo. Ahora se han prendido a la metáfora del río que estamos atravesando hacia una orilla venturosa. Pero no es riachuelo transparente y de correntada amigable sino un pantano torrentoso que nos conduce a una cascada abismal.
El ambiente está enturbiado y los números son confusos. Los prejuicios están servidos y los comensales parecen cada vez menos. Si la coherencia contagiara a los votantes, se convertirían en ciudadanos y contribuirían a desalojar de una vez y para siempre a esta tropa de asalto. Si no, seguiremos por el túnel pestilente en el que, por confusión histórica, nos zambullimos sin necesidad.

lunes, 29 de julio de 2019

La campaña en el tamiz


De todos los caminos posibles, el peor es el de la banalización de la discusión política. Sin embargo, en una campaña electoral orientada por el más importado marketing, eso es inevitable. Por eso, muchos candidatos dicen lo que dicen y los que no lo son, también. La reaparición de Cuchuflito y la venganza de Aníbal se discuten como si fueran las mejores propuestas para el futuro. Las frases de poster adornan el recitado de los postulantes para encantar el oído de los indecisos, que, de manera incomprensible, aún son muchos. Y los spots del oficialismo, por supuesto, que enumeran logros inexistentes a la vez que refuerzan las pocas obras realizadas con la desopilante frase “esto no es relato”. En fin, en medio de tanto caos discursivo siempre se puede sacar algo en limpio después de una comprometida sesión de tamizado.
Los amarillos tienen poco para ofrecer y es por eso que sólo apuntan a reforzar lo que se conoce como núcleo duro. Ya no hay lugar para promesas encantadoras como en 2015 que –siempre es necesario recordar- se han incumplido no por imposibilidad sino por la decisión de hacer todo lo contrario. Por eso apelan a exageraciones, imprecisiones y distracciones para conformar un licuado que pueda atrapar a algún incauto que deposite otra vez su estafada confianza en las urnas. En una muestra de derechización extrema, no sólo han lanzado el plan de formación en valores a cargo de Gendarmería sin discusión parlamentaria, sino también proponen premiar a los soldados que combatieron la guerrilla en los años previos al golpe del 76. Ellos que siempre pregonan eso de que no hay que revisar ese pasado, ahora buscan reciclar una vez más la Teoría de los Dos Demonios. Una provocación para polarizar al electorado con pavadas que no van a modificar la situación que padecen muchos conciudadanos.
Hay que estar muy desorientado para suponer que una medallita hará que la economía se reactive y reduzca el desempleo. Los que asumieron con la firme decisión de reparar la Grieta no han hecho más que profundizarla. Y tanto que uno de los candidatos de la oposición, Alberto Fernández, aseguró que su gobierno terminará con la Grieta. Un poco difícil porque esa metáfora exhibe una indeleble división entre los que quieren un país para pocos y los que quieren todo lo contrario. Imposible superarla si los que tienen de sobra no reconocen cuánto han explotado y estafado al resto para amasar sus fortunas.
Hipnosis o conciencia
Mientras tanto, Macrilandia continúa. Al “es maravilloso lo que estamos logrando juntos”, el Ingeniero agrega una serie de frases abstractas y superficiales para insuflar ánimo a sus acérrimos seguidores. “Los argentinos juntos somos imparables” es una idea más propia de un gurú de autoayuda que la de un mandatario. O la imagen del río que estamos cruzando, que evoca el lema de campaña del presidente implicado en casos de pedofilia en la película “Mentiras que matan”. Como si los oyentes fueran tan desmemoriados como él, arriesgó que “muchos se olvidan dónde estábamos hace tres años y medio”. Al contrario, si lo recordaran, la carrera del Buen Mauricio hubiera terminado a poco de empezar.
Tonterías como "imagínense lo que vamos a poder hacer los próximos cuatro años con un poquito de viento a favor", deja en manos del azar nuestro destino, olvidándose de las tormentas que antes nos asediaron. Boberías que no van a solucionar el brete en el que nos han metido sino que nos van a conducir, no al matadero, sino al más profundo abismo. Hasta los más convencidos ortodoxos reconocen que un nuevo gobierno de este embustero resultaría desastroso. En estos días se conocieron los conceptos que Guillermo Calvo, un economista argentino, profesor y académico de la Universidad de Columbia, vertió en medios chilenos. “Macri no ha mostrado ninguna capacidad de manejar esta situación –explicó- más bien la ha empeorado". Y aunque no es partidario del keynesianismo ni está a favor de Los K, reconoció que “Cristina es lo mejor que le puede pasar al país”, aunque no sea candidata a la presidencia.
Y por si esto no bastara para demostrar el tortuoso pantano en el que estamos metidos, la agencia Bloomberg nos coloca como el país emergente más vulnerable del mundo. A esto llegamos no por tormentas, sequías o terremotos, sino por la incompetencia, la maldad y sobre todo la avaricia de los gobernantes y sus pocos representados. A esto llegamos por el endeudamiento monstruoso, la provocada inflación, la liquidación de reservas, la aniquilación del mercado interno y la consecuente caída de la actividad. En un nuevo gobierno de Macri los argentinos seremos imparables hacia el suicidio colectivo. No es tan difícil de entender pero la alucinación odiadora que están inyectando desde hace años hace estragos en el entendimiento de los afectados. Sólo seremos imparables cuando comprendamos de qué lado debemos estar todos juntos y que ese ‘juntos’ será totalidad cuando tengamos en claro quiénes son los enemigos de siempre.

jueves, 25 de julio de 2019

La suciedad del Cambio


La campaña avanza y todo lo que los amarillos ponen en sus spots termina desmentido por una situación que se torna cada vez peor. Hasta el FMI tiene que corregir los pronósticos y modificar las metas a la medida de la bestialidad de Macri y su Gran Equipo. El discurso oficial sólo se basa en una realidad paralela construida con el apoyo de los medios acólitos. Apoyo muy costoso para las arcas públicas, por supuesto. Si no fuera por eso, esta pesadilla ni habría comenzado. Gracias a la vocinglería mediática, todavía pueden imponer una agenda alocada que no se basa en logros ni promesas, sino en la demonización absurda de lo que sea y la mirada puesta en un horizonte lejanísimo.
En un presente de ajuste inacabable, el des gobierno nacional ha gastado ya el 88 por ciento del presupuesto para pauta oficial de este año. Y le quedan cinco meses y dos elecciones –con suerte- por delante. Unos 2177 millones de pesos invertidos en blindaje, distracción y distorsión para engañar colonizados. De esa descomunal cifra, casi 380 millones fueron a engrosar las arcas del Grupo Clarín y será por eso que sus periodistas ya no saben cómo dar vergüenza ajena protegiendo a los pésimos candidatos del Cambio.
 Mientras la vida de los argentinos hace agua por todos lados, cambiemitas, voceros y apologistas tiran –desesperados- cualquier patraña para demostrar que éste es el camino y que lo propuesto por los demás es pésimo. Como si el votante fuese un nene que no quiere tomar la sopa, las distintas versiones del Hombre de la Bolsa surgen de bocas que están para decir cosas más fundadas. Desde hace años, el cuco de Venezuela se recicla para un público que ya no se renueva, sino que decrece a medida que la decepción conquista conciencias. La revolución bolivariana iniciada por Hugo Chávez –con aciertos y errores- se convierte en el anti-ejemplo utilizado por todos los bandos en disputa. Primero empezaron Ellos, con eso de que el kirchnerismo nos iba a convertir en Venezuela o lo hará en el futuro; la respuesta opositora es que el Cambio nos está llevando a ser Venezuela. De un lado o del otro, el país caribeño aparece como un lugar horrendo al que no se quiere llegar y todo dicho sin profundidad ni demasiado sustento.
Cuando se discuten pavadas, los contendientes pueden parecer pavos. Como el pre candidato oficial a vice, Miguel Ángel Pichetto no tiene nada mejor que decir, decidió tildar a Axel Kicillof de ‘comunista’. El primo del empresidente, Jorge Macri reforzó la tontería con eso de que todavía no se curó. Aunque nada tiene de malo ni de enfermo ser comunista, el PC salió a desmentir la pamplina. Por su parte, la pre candidata a vice opositora, Cristina Kirchner decidió redoblar el estigma: “esto es un régimen no capitalista porque la gente no puede comprar lo que quiere; los soviéticos son ellos”. Responder al estigma de manera tan simplista conduce a convertir la discusión en un partido de tenis donde la pelota nunca deja de ser pelota.
Mentiras al desnudo
Pero los PRO quieren ganar a toda costa y no les basta con el financiamiento bestial del FMI ni las trampas que diseñan para el conteo de votos. Esta vez, el engaño debe ser más contundente y con apariencia de proximidad. Un mensaje de whatsapp a un grupo determinado resulta efectivo si su contenido vale la pena. Como los amarillos se ahogan en la superficie del pensamiento, nada mejor que mandar a miembros de la comunidad judía una frase que estremece: “si gana la Pasionaria del Calafate, será una reminiscencia de la Alemania nazi". Claro está que la defensa no puede ser un buen ataque con la misma patraña ni tampoco dar largas explicaciones para desmontarla. A veces hay que confiar en que la mayoría de los destinatarios no se hará eco de la burrada y si hay algunos que sí, habrá que concluir que son insalvables.
Más que devolver la banal pelota que Ellos tiran, hay que invadir el bando del contrincante con miles de pesados balones que destruyan la impunidad que goza la pandilla gobernante: esa soberbia de clase que los conduce a afirmar que hacen las cosas bien pero salen mal. Como si la caída del 17 por ciento del consumo de pan fuese una treta opositora y no el resultado del descontrolado incremento de insumos y tarifas: entre 25 o 30 pesos costaba el kilo en 2015 y ahora cuesta entre 80 y 100. Si en el primer semestre cerraron más de 150 panaderías en el país no fue porque sus dueños se hayan visto tentados por la cerveza artesanal o el piloteo de drones. La crisis del símbolo del alimento se produce porque la bolsa de harina costaba 230 pesos el año pasado y ahora está en más de 900. Y el manual del PRO no incluye solucionarla, sino mirar para otro lado y arrojar migajas al viento.
La Revolución de la Alegría produjo una reducción inusitada del poder adquisitivo de la mayoría y es por eso que la caída de las ventas en supermercados y shoppings pinta un panorama de decadencia. Negocios de proximidad que hacer malabares para subsistir, pymes que deben bajar sus persianas y grandes empresas que suspenden a sus trabajadores o se van del país. Nadie está alegre salvo los especuladores, que multiplican sus fortunas a costa de nuestras penurias y fugan a paladas para legarnos una deuda histórica. Pero Ellos aconsejan no volver al pasado: una pelota que sirven para que del otro lado la devuelvan con un “Ellos son el pasado”.
Un juego que miramos impávidos mientras todo se desmorona. El tono monocorde de Macri recita para un público infantil “ya terminamos más de 7600 kilómetros entre autopistas y rutas”. Pero el sitio Chequeado.com –con periodistas de La Nación y financiado por la Embajada Imperial- lo desmiente: apenas se han terminado 461 kilómetros. Y Vialidad Nacional deja en evidencia que en los spots hay puras mentiras al expresar la necesidad de declarar la emergencia vial. Lo único que han hecho hasta ahora es financiar sus negocios con dinero del Estado, como la estafa del Correo Argentino o las Autopistas del Sol, dos de los escándalos que deberían precipitar la caída.
En realidad, todo debería precipitarla. Si el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Roselló desató, con unos chats, una ola de protestas callejeras que lo obligó a renunciar, ¿qué debería pasar con Macri, que desde hace tres años y medio nos está sumergiendo en un pantano hediondo? La luz al final de este túnel no sólo debe estar en el compromiso de un candidato de “poner dinero en el bolsillo de la gente” y no buscar las sonrisas del Fondo o de los operadores de Wall Street. También en la comprensión de que un futuro luminoso jamás estará en los planes de los que sólo distribuyen oscuridad.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...