martes, 28 de enero de 2020

Un pez con mucha boca


El Buen Mauricio interrumpe sus vacaciones para recalentar el ambiente y echar un poco de luz a sus seguidores. También, para demostrar –una vez más- que ha sido el peor presidente desde la vuelta a la democracia, además del más cínico. No sólo él, por supuesto, sino también el hato de vándalos que calificó como “el mejor equipo de los últimos 50 años”. Simultáneamente, la exhibición de sí mismo evidencia la calaña de los que aún lo aplauden y, ya que estamos, la desvergüenza de los que callan los latrocinios, traiciones y desastres que caracterizaron su gestión. Nada distinto se puede esperar en un escenario donde el guion lo escriben los medios hegemónicos para beneplácito del Poder Real, cada vez más expuesto después del fracaso del que creía su mejor candidato.
Aunque parezca mentira, ahora Macri simula hacer autocrítica. Y de la peor manera, como siempre: explotando el desinformado entendimiento de los que lo escuchan. Que el tipo que endeudó al país por cien años y que se vanagloriaba de ello venga a confesar que él estaba en contra resulta creíble sólo para zopencos. Que él, patrón y caprichoso, asegure que sus asesores no escuchaban sus opiniones, es por demás inverosímil. Que después de tanto reiterar el verso del “trabajo en equipo”, el que lo comandaba no tenía mando. Que el que llevó adelante una política para enriquecer a los especuladores cuestione el accionar de los mercados es la exteriorización de su hipocresía. Que él, que es un endeudador serial diga que “no se puede tomar deuda eternamente”, es una burla inadmisible. Que él, que generó pobreza, devaluación, desempleo afirme que tenía “sobre su cabeza a los 44 millones de argentinos”, cuando sus políticas cayeron como garrote sobre la cabeza de la mayoría, es una falsedad por demás repudiable.
Además de falso, hipócrita y cínico, el Ingeniero es siniestro. Con recordar su reacción después del resultado de las elecciones primarias basta y sobra para verificar esta afirmación. Después de 50 días de descanso –más para nosotros que para él- intentó mostrarse reflexivo sobre la victoria de les Fernández: “nos dejó esa situación amarga de no poder continuar”. ¿Con qué, con la destrucción del país; con la propagación de la miseria; con el camino al subdesarrollo y la dependencia? ¿Qué quería continuar este sátrapa? Encima, se planta ante sus seguidores como un héroe víctima de los caprichos de los dioses, con toda su ignorancia a cuestas. Como si fuera portador de una intelectualidad luminosa, el infame ex presidente –y da mucho placer decirlo con énfasis- pretende seguir jugando a la política y, con optimismo incomprensible, prometió que “no nos van a llevar puestos como en 2001”. En realidad –pocos se pueden confundir en esto- fueron “los mercados” los que se llevaron puesto al país y no es difícil dilucidar de qué lado estaba Macri en ese entonces.
El agujerazo sin fin
La nueva estrategia de Macri es usar un nuevo maquillaje para exculparse del país que ha dejado. Un maquillaje que sólo es efectivo para aquellos que desean creer en su efectividad, como su nuevo cargo en la FIFA, cuestionado por todos los que están ligados al fútbol. Este embaucador pasa de la presidencia del país a la de una fundación destinada a "contribuir a la promoción de un cambio social positivo y de recaudar fondos para la rehabilitación y reconstrucción de infraestructuras deportivas dañadas o destruidas alrededor del mundo". Menos mal que es ‘alrededor’ y no ‘en’ el mundo, sino estaríamos condenados a una pronta extinción. Lo del ‘cambio social positivo’ está dentro del catálogo de conceptos vacíos propio del establishment, pero poner a Macri a recaudar fondos es no conocer al personaje.
Con sólo echar un vistazo a algunos hechos que se están revelando en estos días basta para comprender que nada que venga de él puede ser positivo ni honesto. Aunque intente desprenderse de lo realizado por sus funcionarios y asesores, él los eligió, los elogió y hasta posó en muchas fotos con ellos. Por eso, el préstamo que el Banco Nación le otorgó a la empresa Vincentín, contra todo lo dispuesto por el organismo no es sólo responsabilidad de Javier González Fraga. El Buen Mauricio, además de consentir, debe haber ordenado esa generosa suma, de la que una minúscula parte retornó como aportes de campaña. Este episodio debe terminar con la estatización de la empresa sin poner un centavo y con un severo castigo para estos dos estafadores.
Todos, desde ministros hasta subsecretarios han operado en estos cuatro años para vaciar las arcas del Estado y transferir recursos a los más ricos con decretos, leyes votadas con engaños, sobornos y presión y con sobres ocultos en cajones secretos. El Fondo de Garantías de Sustentabilidad de la Anses no se utilizó para mejorar la vida de los jubilados ni la estabilidad del sistema de reparto, sino para devolver a las empresas las acciones de las AFJP. Los incrementos de las tarifas de los servicios públicos no se decidieron para mejorar la producción y distribución de la energía, sino para llenar los bolsillos de los amigotes del ex presidente. Y los que desde los barrios cerrados protestaban en contra de los subsidios y las tarifas baratas, terminaron convirtiéndose en enganchados VIP. Los directivos de Vialidad Nacional nombrados por Macri que fueron desafectados el 1 de enero, hurtaron varios bienes del organismo, como discos rígidos, computadoras, teléfonos y autos.
La Revolución de la Alegría nos enseñó de la manera más didáctica que en el mundo capitalista los principales ladrones son los más ricos. No sólo los principales, sino los peores, porque no roban para comer, como puede hacer un pobre, sino para seguir acumulando y escalar el podio de las revistas financieras. Y lo más cínico es que pontifican sobre los valores, después de dejar a su paso millones de damnificados producto de su incontenible avaricia.

jueves, 23 de enero de 2020

El crimen y su más allá


El asesinato de Fernando Baéz Sosa en Villa Gesell por parte de los diez rugbiers no sólo puede servir para acrecentar el rating de los programas veraniegos: también puede inspirar una metáfora sobre lo que anda mal en nuestra sociedad. Claro que no a la manera de los que dicen que todos somos culpables o que hay un incremento de la violencia, sino en otro sentido. Menos hay que atender a los que afirman que el rugby no tiene nada que ver, porque son los que concluyen que “a los negros hay que matarlos a todos” ante el robo de una billetera. El hecho en sí se reduce al ensañamiento alevoso contra el otro, la muerte lenta y desigual, la proximidad del fin de una vida a fuerza de golpes desenfrenados. La tortura seguida de muerte, podría agregar, tan determinante en nuestra historia. Diez individuos contra uno: abuso de poder, desde donde se lo mire. Los agresores contra un indefenso, como el punto de partida para construir esta metáfora.
A veces parece que toda violencia se reduce a eso. Cuando digo ‘toda violencia’ me refiero precisamente a eso: a todas las situaciones de violencia que se producen en nuestro entorno. En todas, hay un individuo –o muchos- que encarnan un poder, temporal o permanente y ejerce violencia contra el más débil. En casos como éste, nadie puede negar su carácter violento, aunque traten de atenuar la responsabilidad de los ejecutores con elevadas dosis de alcohol o estimulantes. O el rugby. Si todos los practicantes de ese deporte, borrachos y drogados, salieran a las calles a matar a golpes a los demás, la extinción de la especie humana estaría a la vuelta de la esquina. Ni el deporte ni los consumos generan la violencia, aunque puedan contribuir. Los violentos son, sin vueltas, individuos que ven en la violencia su razón de ser, hagan lo que hagan y sean lo que sean.
La violencia está en los golpes, que se pueden presentar con diferentes formatos: los más evidentes son las patadas, los puñetazos y otras maneras de golpear, literalmente, al otro; pero también es un golpe al indefenso la arbitrariedad de los precios, el despido injustificado, la mentira mediática o las operaciones judiciales; formas no reconocidas de violencia, pero tan violentas como las otras. Y en todas está el abuso de poder, la dominación del otro y, si hay resistencia, su aniquilación. El capitalismo y su versión más bestial, el neoliberalismo, es violento y todos los que lo sostienen también lo son. Toda sociedad sumida en el sistema dominante está expuesta a todas sus formas violentas ejecutada por corporaciones, fuerzas de seguridad y hasta jugadores de rugby.
La oscuridad y la luz
El hecho en sí es atroz y nadie puede salir a justificarlo. La interpretación se torna confusa porque no es la primera vez que rugbiers producen escenas tan deleznables. Las características de ese deporte apresuran las conclusiones: como otros, habilita que la destrucción del adversario se convierta en el objetivo principal. Aunque parezca mentira, la inasible Cecilia Pando puede arrojar un poco de luz sobre el tema, para después pasar a otra cosa. "Para los que hablan tonterías, ¡¡¡el rugby no forma asesinos!!!", escribió en las redes el personaje que vive sólo para hacer apología del terrorismo de Estado y defender a sus oscuros pergeñadores. Y para que nadie tenga dudas de cómo se posiciona del lado de la oscuridad, agregó "todos mis hijos juegan al rugby y trabajan muchos valores en equipo", como si eso fuera garantía de algo viniendo de una férrea aliada al macrismo, que destruyó el país pontificando sobre los valores y trabajando en equipo.
Siempre hay que prestar atención a estas “luminarias” para reafirmar el lado en el que uno se planta. El Estado también se posiciona para establecer un antes y un después del hecho: Cromañón fue una catástrofe parte aguas, el maltrato hacia las mujeres obligó a elaborar la tipificación de violencia de género y las consecuencias de los abortos clandestinos están conduciendo a la legalización de la IVE, como algunos ejemplos emblemáticos. La última dictadura se convirtió en el Nunca Más, una expresión que reaparece ante cada situación límite. Así, el intendente de Villa Gesell, Gustavo Barrera decidió prohibir el consumo de alcohol en la vía pública, algo que no es una solución, pero simula serlo.
Pero los desubicados siempre encuentran lugares para desubicarse, como los que realizan esas sorprendentes guerras de botellas en las playas. Aunque se prohíba el alcohol, las botellas o el rugby siempre habrá individuos desaforados que exhiben la peor faceta de sí mismos. Los explotadores, los especuladores, los evasores son como rugbiers de la economía. Los expoliadores de derechos, los endeudadores, los conspiradores, los apátridas lo son de la política. No hace falta lucubrar mucho para concluir que los que más daño provocan son los más privilegiados, los más avarientos, los más ociosos. Ni tampoco para intuir qué medidas debería tomar un Estado que pretenda proteger a los ciudadanos de los violentos que sólo existen para abusar de su poder.

lunes, 20 de enero de 2020

La desvergüenza de los destructores


Atrás quedó el falso apotegma de que “en enero no pasa nada” y que los medios tienen que exprimir sus seseras para poder presentar noticias. En enero pasa de todo y más aún cuando los tilingos están de vacaciones y tiran corderos desde un helicóptero o se matan a golpes en la costa atlántica. Y los que no pueden vacacionar, se juntan en una plaza para volver a ser Nisman, en lugar de ser ellos mismos. El verano es intenso y no sólo por el calor: la reconstrucción del país después de los infaustos años de macrismo no se puede tomar descanso, como tampoco debe hacerlo la necesaria desmentida de las patrañas hegemónicas. Trabajo arduo el de la descolonización de las conciencias que quedaron enredadas en los titulares engañosos de la mafia mediática y las arremetidas de los espadachines judiciales.
Un trabajo muy complejo eso de no quedar como un apologista acrítico cuando hay que lidiar contra ataques discursivos nada arteros destinados a crédulos desbordados de odio. Mientras el gobierno apenas supera el mes, unos pocos ya piden su renuncia o se aferran a los lemas que instalan seudo periodistas resentidos por haber perdido el poder de idiotización que ostentaron durante más de cuatro años. Por eso, en las calles algunos hablan de ajuste, impuestazo o robo a los jubilados. Tanta es la confusión que los cordobeses se quejan de las reformas del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, aunque no les afecte en nada. La democracia debería erradicar la monstruosa manipulación informativa para conformar una ciudadanía plena. De lo contrario, la confusión convierte a los pobladores en un séquito incoherente de los poderosos: una pléyade de individuos rabiosos dispuestos a poblar las calles para preservar los privilegios de unos pocos.
El año empieza con dos desafíos titánicos: el primero es convencer de que en los cuatro años del macrismo se destruyó por pura ambición y maldad lo mucho que se había construido en los años anteriores, sin caer en la tentación de recurrir al tontuelo mote de Pesada Herencia que tanto explotaron los farsantes amarillos; si una mayoría creciente vislumbra que nada puede defenderse de lo realizado por los Gerentes de la Rosada SA más lejos estaremos de la posibilidad de que estos destructores neoliberales vuelvan camuflados en el futuro. El segundo desafío es ponderar las iniciativas reparadoras de la nueva gestión, exigir lo necesario, señalar lo contradictorio y denunciar lo oscuro sin ser tildado de chupamedias o tirapiedras ni ser de los que se vanaglorian por no estar ni de un lado ni del otro para terminar pegoteado con el peor. Una estrategia discursiva que logre todo esto garantizará la construcción de un país donde sus riquezas no sean disfrutadas sólo por un puñado de avarientos sino por todos los que habiten en él.
Telenovela interminable
Mientras los nuevos gobernantes tratan de restaurar lo destruido, los destructores siguen destruyendo. Como no pueden destacar un logro, los ex funcionarios de la Revolución de la Alegría tratan de arrojar todo el estiércol posible para mantener a sus sexagenarios fans. Como buenos cínicos, siguen denunciando actos de corrupción que no han podido demostrar en cuatro años de poder absoluto sobre una minoría judicial, cuando ellos han sido y son los verdaderos corruptos. Como la verdad no está de su lado, explotan la voz embrutecedora de los medios cómplices para imponer sus mentiras. Embaucadores de alta cuna, afirman que sentaron las bases para que el país crezca, una manera elegante de decir que nos han llevado hasta el fondo del pozo. Difamadores seriales, acusan de autoritarios a los actuales gobernantes y funcionarios, después de haber estado pisoteando leyes e instituciones que obstaculizaban sus maléficos planes. Hipócritas sin límites, denuncian persecuciones, censura y autoritarismo, proyectando lo que ellos han sido cuando coparon el gobierno.
Falaces incorregibles, ahora vuelven con Lodenisman para seguir alterando el orden democrático que jamás respetan. Y convocan muchedumbres selectas e indignadas para pasar papelones en público, tratando de explicar lo que no entienden, exhibiendo con orgullo su más absoluta ignorancia, ostentando desinformación en lugar de compromiso ciudadano. La indemostrable hipótesis del asesinato del Fiscal es el ejemplo de la manipulación perfecta, de la imposición de patrañas más allá de los hechos, el dominio de la falsedad sobre cualquier intento de veracidad.
Por más que simulen exigir la verdad, jamás aceptarán nada que discrepe con la fábula en la que creen: que a Nisman lo mató Cristina a través de asesinos que cometieron un magnicidio en un departamento cerrado por dentro, sin ser registrados por las cámaras de seguridad ni dejar huellas en el baño regado de sangre y el cuerpo trabando la puerta. ¿En qué universo es posible que algo así haya ocurrido? En el de los odiadores manipulados que no se interesan por los datos sino por las pamplinas que justifiquen su odio. Ni siquiera se perturban cuando uno les recuerda que el expediente de la causa que pronto irá a juicio oral desmiente todo lo que afirman los que dicen ser Nisman: que nadie provocó su muerte más que él mismo, que la bala entró por delante y no por detrás de la oreja, que no encontraron huellas de nadie extraño a su círculo íntimo. Y lo más importante es que nadie está imputado por homicidio: Diego Lagomarsino está acusado de ser partícipe necesario por prestar su arma a pedido del Fiscal y los custodios, por abandono de persona. La causa es tan insostenible que todo se tambalea por un documental de Netflix.
Así, uno puede pensar sin error que son idiotas que confían en los farsantes que eligen como dirigentes. En personajes impresentables como Patricia Bullrich, Laura Alonso, Elisa Carrió, Mauro Wolf y un puñado más que a pesar de las conclusiones de los peritos de la Corte, se apoyan en el absurdo informe de los inexpertos de Gendarmería. Estos mascarones de carnaval dan entidad a la denuncia del Fiscal que fue rechazada por cinco jueces antes de caer en las a-jurídicas zarpas de Bonadío. Estos fabuleros a conciencia dicen: "nadie que se crea dueño de una verdad se suicida”. Entonces, cuando se demuestre que lo del magnicidio es mentira, ¿se suicidarán como Nisman? ¿Las noticias hablarán del suicidio de todos los periodistas que vienen mintiendo desde hace tanto tiempo?
Nadie quiere más suicidios ni que se explote uno para imponer la no-política como normalidad democrática. Pero tampoco es deseable que las mentiras se tomen como verdad ni se conviertan en procesos judiciales absurdos. Nadie pide que se suiciden pero, al menos, que paguen las consecuencias de haber llevado tan lejos un lamentable episodio que se debería haber esclarecido en pocos días. Nadie quiere más suicidios, sino que digan claramente qué país proponen, porque el que han dejado después de cuatro años de mal gobierno es la peor de las pesadillas.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Memoria necesaria


Mientras los antropófagos que nos gobernaron durante cuatro años sigan enumerando logros inexistentes y cuestionando las medidas que toma el nuevo gobierno para solucionar los problemas que fabricaron, será inevitable recordar la Pesada Herencia de verdad que deja Macri. En lo económico, social, político, jurídico, simbólico el daño es un retroceso de varias décadas. Encima quedará en los medios un grupo de periodistas resentidos porque perderán los multimillonarios sobornos con que la gestión amarilla endulzó la opinión pública. Por eso, muchos de ellos destilan veneno en sus programas y columnas como si del paraíso hubiéramos pasado al infierno en un abrir y cerrar de ojos y desorientan al público cautivo con desinformación y patrañas como han hecho siempre.
La lista es nutrida y los nombres que aparecen en ella podrían servir como anti ejemplos para los profesionales del futuro. Y que esto no se tome como un cercenamiento a la libertad de opinión, sino como una valoración de ella: la opinión basada en información veraz y con el objetivo de construir una sociedad mejor. Penoso que tipos como Leuco, Majul, Morales Solá y tantos otros ocupen lugares destacados sólo para sembrar discordia y malograr la vida de millones. Porque eso significa ponderar los cuatro años de la Revolución de la Alegría: aplaudir un proceso de deterioro que sirvió nada más que para enriquecer a unos pocos. Lo que hacen esos manipuladores profesionales es reorientar el voto ciudadano hacia un modelo destructivo que seguirá siendo competitivo mientras no se lo condene como merece.
El video que se viralizó de la entrevista que Luis Majul realizó a Alberto Fernández el pasado domingo debería avergonzar a más de uno que lo sigue sosteniendo como periodista destacado. Mentira, ignorancia y mala intención abundan en “profesionales” como él. Y eso es dañino: nada bueno se puede construir así. La mejor manera de elevar el nivel comunicacional de la sociedad es dejarlos solos, mascullando en soledad su fracaso por ser tan serviles al Poder Fáctico.
Esto no es broma, porque gracias a tipos como éstos tuvimos a un presidente como Macri. Que muchos aún crean que fue de lo mejor, también es gracias a estos destructores del entendimiento. Y que el Ingeniero pueda decir, sin ponerse colorado, que durante su gobierno “se creció mucho”, a pesar de que los datos expresan todo lo contrario; aunque el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz asegure que el país que deja Macri es “el peor de todos los mundos posibles”. Como el blindaje hacia el ex empresidente continúa intacto, se puede dar el lujo de parafrasear una frase kirchnerista, “el amor supera al odio”, cuando su carrera política se ha basado en contagiar su desprecio de clase. Nadie debe salir impune después de hacer tanto daño y vanagloriarse de ello.
Condena imprescindible
Los primeros pasos del nuevo gobierno sugieren un camino diferente. Al menos, hay un giro en la manera de distribuir el ingreso: nada revolucionario, por supuesto, sino apenas dejar de succionar a los que quedaron secos después de la sangría amarilla. "Todos sentían que estábamos en un colectivo frente a un precipicio, manejado por alguien que pisaba el acelerador –graficó Alberto Fernández ante Majul- Ahora en el colectivo hay alguien que puso el freno, dio la vuelta y todos sienten que el precipicio se aleja". Ese ‘todos’ es un exceso de la metáfora, porque hay unos cuantos que votaron para seguir hacia el precipicio. Hasta hay algunos que incrementan sus fortunas cuando los demás se despeñan al abismo.
Las señales son claras: la recomposición de los ingresos de los más vulnerados vía recursos y congelamientos tarifarios sugiere una tregua a la sangría. Eso que desde el oficialismo llaman Pacto Social implica un cese en la succión desaforada de los más ricos. Ahora hace falta una explicación permanente de cada medida para erradicar el exterminio en cuotas que comenzó en diciembre de 2015. Frenar el exterminio, no terminar con los exterminadores. La impronta desigualadora de los cambiemitas seguirá intacta, por más que en los próximos cuatro años la mejoría sea evidente. Hay que educar mucho a nuestros pares para que comprendan que el modelo neoliberal nunca conduce a buen puerto. Y mucho más para que dejen de asustarse cada vez que las fieras del Círculo Rojo lanzan sus protestas. Al contrario, si aúllan, gruñen o rascan el suelo con sus zarpas, más tranquilos debemos estar, porque es la más clara muestra de que vamos por el buen camino. Mientras más furiosos estén, mejor será el resultado para la mayoría.
Algunos considerarán exagerado el uso del término exterminio, pero nadie puede hacer tanto daño sin que ése sea su objetivo. Hambrear, desocupar, precarizar, reprimir y balear son maneras de concretar la extinción del más debilitado. Ni hablar de la reducción de las partidas para vacunas, que terminan enfermando; o del cese de la distribución gratuita de medicamentos o el descontrol en el aumento en sus precios. Incrementar la inflación aunque se prometió lo contrario es desamparar a casi todos. Dejar todo en manos del Mercado es avanzar hacia el darwinismo social, a la supervivencia no del más apto sino del más poderoso, aunque sea apenas un heredero que no llegaría a nada por sus propios medios.
Que una pendenciera de carnaval como Patricia Bullrich haya ocupado el ministerio de Seguridad es una demostración desfachatada de esa intencionalidad. El aliento etílico a la ejecución de ladronzuelos desarmados y en retirada; la defensa a ultranza de los efectivos que asesinaron a Santiago Maldonado, Rafael Nahuel y muchos más; el premio de otorgar el Complejo Turístico de Chapadmalal para que los gendarmes se entrenen; todo esto y más concluyen en lo mismo: en el país que pergeñaron sobraban varios millones y desde el primer día pusieron todo para lograr ese objetivo.
De haber conseguido la reelección, hubieran avanzado por ese tortuoso camino hacia el paraíso al que llegan muy pocos. Si ése es el precipicio del que habla el Presidente, debería ser menos metafórico, más enérgico al denunciar las verdaderas intenciones del plan que Macri y sus secuaces ejecutaron en estos cuatro años de pesadilla. Una verdadera asociación ilícita con un insólito consenso electoral, sólo explicable por el extravío de algunas conciencias que prefieren basarse más en prejuicios que en certezas.
La batalla que tenemos por delante no es sólo por más plata en los bolsillos, sino por comprender por qué nos los vaciaron. Una disputa conceptual, ideológica, discursiva, jurídica. Convencer de que el modelo de Macri no es democrático porque desiguala, despoja, empobrece y no por errores en su aplicación sino porque ésos son su fines. No es apenas un pensar diferente coincidir con algo así, sino avalar un plan delincuencial con la pátina de elecciones amañadas por la mala información de los votantes. La batalla por venir es cultural para romper la colonización que algunos padecen desde hace mucho tiempo. Sólo el triunfo en esta contienda garantiza el tránsito hacia un país más justo.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Imágenes de la demolición


A dos semanas de asumido el nuevo gobierno, la confusión discursiva es atroz. Por la calle uno vuelve a escuchar en boca de algunos transeúntes las interpretaciones más amañadas, además de fabulosos absurdos presentados como hechos. No es para menos: los medios dominantes vuelven a ser opositores y son capaces de publicar cualquier cosa para demostrar que lo son. Los apologistas de la destrucción macrista son ahora denostadores de la reconstrucción y los saqueadores que coparon La Rosada durante cuatro años fingen ser defensores de los que fueron saqueados. Diputados y Senadores cambiemitas argumentan en contra de lo que sea como si el modelo amarillo nos hubiera llevado al paraíso. Encima, cualquier aclaración que uno quiera hacer en una discusión cotidiana sólo recibe desdén, indiferencia y en muchos casos, hasta gestos de asco. En estos catorce días, una parte del 40 por ciento no hace más que anticipar que en los próximos años protestarán por todo, hasta por las mejoras que empezarán a experimentar en su vida cotidiana.
Ahora muchos se horrorizan por los datos pero omiten indignarse con los que los generaron. No es por una epidemia que el 80 por ciento de los trabajadores no llegue a cubrir la canasta básica. No es por un mandato divino que el decil más pobre de la población reciba apenas el 1,3 por ciento de los ingresos mientras el más rico absorbe más del 33. Este es, sin dudas, el resultado de las políticas ejecutadas por el Buen Mauricio y su Gran Equipo. Y no es que se equivocaron, pasaron cosas, hubo sequías y tormentas o cualquier excusa que vomiten estos cínicos: así lo quisieron, aunque ahora se rasguen las vestiduras por el estado de las cosas. Mientras se conduelen por los pobres que fabricaron, están pergeñando una rebelión ante cualquier medida que trate de atenuar el dramático cuadro del presente.
Para revertir la profunda brecha entre ricos y pobres, primero hay que admitir lo intolerable de esta situación. Inadmisible que mientras unos vivan empachados, muchos no puedan ni comer. Más aún si tenemos en cuenta la relación de causalidad que existe en esa brecha: la riqueza de los más ricos produce la pobreza de los más pobres. Así las cosas, los primeros tienen que ceder una parte de sus privilegiadas ganancias por todas las vías posibles: tributando más, especulando menos, rebajando precios, pagando mejores salarios, invirtiendo en serio. Y todo esto sin berrear como desaforados porque tienen que renunciar a una mínima parte de los millones que están habituados a ganar. Pensar que será fácil lograr esto es un exceso de ingenuidad: los que están acostumbrados a especular, expoliar, explotar y evadir no van a dejar de hacerlo por propia voluntad y en silencio; por algo son ricos, porque son egoístas y angurrientos. Y que muestren sus colmillos para defender el botín, aunque nos enoje, resulta previsible. Lo que más desconcierta es que algunas de las víctimas de este afán desigualador sean las que salgan a respaldar a los desigualadores. Ese es el mayor logro de la confusión discursiva: la empatía de los que tienen poco y nada con los que se quieren quedar con todo.
Dentelladas de la bestia
Entre las fotos de hoy hay otro 40 por ciento: el número de la pobreza que Macri prometió llevar a cero con medidas que ni por casualidad podrían conducir a ese objetivo. Esta es la Pesada Herencia en serio que recibe el gobierno de Les Fernández, entre muchos otros números que tratan de sintetizar las tragedias que viven millones de argentinos. Todo esto mientras los sátrapas salientes aseguran que han dejado sentadas las bases para crecer. Claro, como cantaba Joan Manuel Serrat: “bienaventurados los que están en el fondo del pozo, porque de allí en adelante sólo cabe ir mejorando”. Nos hundieron, nos endeudaron, nos enfrentaron y ahora dicen que fue por nuestro bien.
Como jugando de manera cruel con sus víctimas, los amarillos claman en defensa del haber de los jubilados, después de que han perdido entre el 15 y el 30 por ciento contra la inflación gracias a la fórmula de actualización defecada por Ellos. Tanta crueldad hay en el pensar de estos ladinos que hasta han demonizado a los jubilados por moratoria. En la jerga hegemónica, son los jubilados sin aportes, estigma que ha prendido en buena parte de los colonizados. Una moratoria exige un pago, como muchos empresarios que acceden a algo así y no dejan de ser empresarios por hacerlo. Y si estos jubilados no lograron completar sus aportes fue porque perdieron el empleo formal o porque fueron estafados por sus empleadores. Una explicación necesaria, aunque sea mucho más extensa que la etiqueta que pegotea la hegemonía discursiva en su afán de ensanchar la Grieta.
La confusión tiene como objetivo generar descontento y desesperanza. También indignación, que es el alimento imprescindible para montar cacerolazos que desgasten al nuevo gobierno. Aunque desde las usinas del Pensar Único hablen de diálogo y consenso, lo que exigen es la temerosa obediencia al Poder Económico. El Círculo Rojo no acepta que limen sus privilegios para derramar derechos y observa con recelo cómo, tímidamente, el actual oficialismo tantea el terreno con suba de retenciones, incremento de impuestos y una lupa puesta sobre los gastos. Ya suenan los tambores de guerra de los agrogarcas, que sólo producen para exportar y siempre se están lamentando de lo pobres que son, aunque acumulan fortunas con cada cosecha. Los grandotes, porque los medianos y pequeños, que son los que más contribuyen al mercado interno, están dando la bienvenida a la equidad tributaria.
Lo que viene es complicado: deconstruir el discurso ahora opositor y aclarar conceptos tergiversados nos convertirán en fanáticos apologistas. Tanto tiempo habrá que destinar a des-confundir a nuestros pares que no nos quedará espacio para la crítica orientadora de transformaciones más profundas. Tanto esfuerzo tendremos que hacer para desmentir hechos inventados que no nos quedarán fuerzas para hablar sobre hechos certeros. Cuánto tendremos que desgastar nuestra voz para contrarrestar la vocinglería amplificada de los medios dominantes. Mucho de todo, seguro. Y valdrá la pena si logramos que unas cuantas orejas nos escuchen en serio.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Los “anti” al desnudo


A menos de una semana de iniciado el gobierno de Les Fernández, los desorientadores del 40 por ciento ya están convocando a un cacerolazo. Como son tan poco democráticos, lo de los cien días de gracia quedará para otra vida. En las redes ya están instalando las tendencias Alberto nos mintió, Por la Democracia y la República, No a la Emergencia Económica y algunas sandeces más que dan por tierra con la oposición responsable prometida por el ex empresidente Macri. Una promesa incumplida más después de las tantas de su desgobierno. Eso sí, que la convocatoria esté en marcha no significa que tenga éxito. Hay que ser muy anti para saltar como leche hervida por las primeras medidas que intentan paliar el desastre ejecutado a propósito por la gestión amarilla. Y, sobre todo, poner el cuerpo para salir en defensa de los que, en estos cuatro años, la juntaron con pala en detrimento de casi todos, caceroleros incluidos.
Un buen olfato detectaría que detrás del 18D se esconde el intento de remasterizar la Rebelión de los Estancieros de 2008, pues entre las primeras medidas está el retoque de las retenciones y el incremento del impuesto a los bienes personales. Disposiciones que afectarán a los que más tienen y no a los que ya están preparando sus cacharros para salir a meter ruido por las calles el próximo miércoles. Como se cuestionaba once años atrás, se identifican con el concepto de Campo los que apenas tienen un par de macetas en el balcón. “Gauchada viene de gaucho” intentó ilustrar el Buen Mauricio un tiempo atrás. En pocos días, individuos disfrazados de ciudadanos harán una gauchada a los que fueron poco gauchos, a los que pusieron el precio de los alimentos por las nubes y el dólar en el infinito y más allá.
Además de anti democráticos, también carecen de crítica porque se dejan llevar de las narinas por los mensajes troleros de las redes. Tanto despotricar contra los que se movilizan por el chori y la Coca –una muestra más de la estigmatización- algunos de los que componen el 40 lo harán por mucho menos. O por nada: ni siquiera en defensa de una idea; ni siquiera para reivindicar los logros del Cambio. Al contrario, se convertirán en un obstáculo para solucionar los problemas que los cambiemitas generaron adrede para llenar las arcas de los que tienen de sobra y ahora que les toca devolver unas monedas, consiguen el apoyo de los expoliados de estos cuatro años.
Por supuesto, la pregunta no sólo es, como siempre, a qué se oponen sino, sobre todo, qué apoyan. ¿Acaso el incremento de la pobreza que Macri prometió llevar a cero o el récord de inflación que aseguró “bajar en dos minutos porque es la muestra de la incapacidad para gobernar”? Si acusan a Alberto de haber mentido, ¿qué queda para el Ingeniero, que en estos cuatro años mintió hasta el último minuto?
 Marcas en la cancha
Y eso no es todo. Engaños, embustes y mentiras que llevaron al país a la crisis necesaria para desigualar aún más. Los que creyeron que los sin techo eran militantes de La Cámpora rentados para desprestigiar al Gran Equipo ahora van a dar lecciones de republicanismo a las puertas mismas del Congreso. Los que ni se inmutan por las trapisondas de Macri y su pandilla en todo lo que tocaron saldrán a la calle a acusar de chorros a los que la Justicia no pudo demostrar un solo ilícito. Quizá no se hayan enterado de la estafa del Correo Argentino, de las triquiñuelas para incrementar el valor Autopistas del Sol o del negociado fabuloso de los parques eólicos. Tal vez ni sepan que gran parte de las obras públicas anunciadas quedaron sólo en anuncios o terminaron con sobre precios escandalosos. Los que creen en pamplinas indemostrables desdeñan las evidencias de los vándalos que han votado. Con tanto desinterés por la verdad, no es posible construir un país en serio.
Los que antes clamaban por la plata de los jubilados demuestran indiferencia ante la pérdida de casi el 50 por ciento del Fondo de Garantías de Sustentabilidad de la Anses. Y todo para papelitos que los especuladores harán valer como oro ante el actual gobierno. Los que babearon de rabia con la grasa militante ni fruncen el ceño por el decreto con el que Macri pretendía dejar a sus apóstoles como clavo en la función pública, unos 3000 acomodados con indemnizaciones millonarias. Los que claman por la vida en contra de la IVE no se inmutan por avalar al gobierno más criminal de nuestra vida democrática, que ha cometido un homicidio cada 19 horas por violencia institucional, el 26 por ciento de los casos desde 1983 hasta acá.
¿Acaso no les da vergüenza que se tenga que instaurar la solidaridad por ley, como pretende la iniciativa del Ejecutivo que comenzarán a debatir los Diputados? Evidentemente, a los que se harán presentes el 18D se ve que no. No se avergüenzan de avalar al peor gobierno desde el retorno a la democracia ni de que se note tanto la intención boicoteadora. Tampoco se ruborizan por ser tan manipulables ni responder tan bien a la colonización que padecen. Al contrario, se enorgullecen de poner el cuerpo para defender privilegios que jamás atravesarán el umbral de sus viviendas.
Mientras la conciencia de una parte del 40 esté tan extraviada será difícil transitar este sendero de recuperación de derechos. Lo único que sí, se pudo desde la usina confundidora del establishment fue deformar el entendimiento de los que se dejan llevar por la impronta odiadora. Y ahora será con ellos con los que tendremos que debatir todos los días, prejuicios contra certezas, fábulas contra hechos, dibujos contra datos. Convencer es el desafío para consolidar los avances y conseguir nuevos derechos. Una vez más, pero debemos hacerlo para empezar a construir un futuro que sea luminoso para todes. 

jueves, 12 de diciembre de 2019

Estreno en La Rosada


La pesadilla macrista terminó, por ahora. El Buen Mauricio dice que encarará una oposición responsable, algo que ni él cree. Ya ha dado muestras de eso en el pasado, antes de convertirse en el peor presidente de la democracia y no hace mucho, cuando comenzó a despedirse de sus incomprensibles seguidores después de la derrota del 27 de octubre. La cadena nacional del viernes 6, las tonterías que dijo el 7 D y el video Momentos del domingo 8 muestran que vive en otro planeta o que es más cínico de lo que todos suponemos. ¿Dónde está la responsabilidad en un tipo que a pesar de dejar tierra arrasada, se vanagloria de haber transformado el país para construir un futuro próspero? Quien crea en las pavadas que Macri recita sin avergonzarse es tan irresponsable que se convertirá en un peligroso escollo para los necesarios pasos que deberá realizar el flamante gobierno.
Aunque Macri ya fue, seguiremos hablando de él porque la herencia que nos deja es verdaderamente pesada. Un legado desastroso multidimensional que nos costará mucho desmontar. Desde la economía malograda en favor de unos pocos hasta esos pocos habituados a enriquecerse sin esfuerzo; desde la obediencia plena a los dictados internacionales hasta el pisoteo permanente a las instituciones; desde la apología del gatillo fácil hasta la estigmatización venenosa del Otro. Y lo peor que nos deja es ese 40 por ciento de antis que protestarán por todo sin entender absolutamente nada.
La placita del 7 D los mostró a pleno: odiadores empecinados, escupidores seriales, vomitadores de zonceras dictadas por la hegemonía mediática, absurdos opinadores, intolerantes detractores y muchas caracterizaciones más que los pintan como lo peor del peor lado de la Grieta. Mientras Alberto Fernández predica sobre la unidad, el todos juntos y la solidaridad ciudadana, esos furiosos perdedores vomitan su desprecio basado en infamias indemostrables. Y lo más grave de todo es que, a pesar de que se desmonten las falacias, seguirán vomitando hasta vaciar sus ponzoñosos estómagos prestos a recargarse. Quizá en unos días los veamos quejándose a viva voz de la alta inflación que hasta anteayer soportaron, la inseguridad que ahora estará en los titulares y los hechos de corrupción que inventarán las usinas de noticias falsas. Un solo pobre les bastará para anunciar el fracaso de las políticas inclusivas; un número adverso les servirá para exigir la renuncia de quien ni saben qué cargo ocupa. Los que toleraron a los ceos de las empresas beneficiadas en sillones públicos ya están poniendo el grito en el cielo porque La Cámpora invadió La Rosada. Tan extraviados están en sus conceptos que hasta creen que el Ingeniero es honesto. Lo que viene será tan movido que debemos estar más preparados que antes para las discusiones cotidianas si no queremos que estos devastadores personajes retornen al poder dentro de cuatro años, con un rostro distinto pero con las mismas intenciones malsanas.
El futuro es por acá
Mientras el nuevo mandatario presentaba los primeros pasos de su gestión, muchos integrantes del 40 por ciento promovían un apagón de medios por 24 horas o hablaban de la lapicera con que firmó CFK. Hasta llegaron a cuestionar el gesto de Cristina cuando saludó a Macri. ¿Qué cara quieren que ponga ante ese nefasto personaje que se montó a falacias inadmisibles para intentar meterla presa? ¿Cómo sonreír ante el infame personaje que la acusó de asesina? Bastante con que le dio la mano.
Pero Macri ya fue. Y por eso la plaza fue una fiesta: para que Macri no sea nunca más. No sólo macri, sino también todo lo que representa: un modelo de saqueo destructivo y de sometimiento a las angurrias de una minoría empachada; esa minoría que a pesar de su nocividad, recibe el apoyo de un cuarenta por ciento dispuesto a cacerolear para defender sus egoístas intereses; explotados que admiran a sus explotadores; expoliados que justifican a sus expoliadores; estafados que aplauden a sus estafadores.
Ahora está Alberto Fernández con CFK de vice, una foto histórica después de tantos años de demonización más propia de un cuento de hadas. Ella no paraba de sonreír y él no podía disimular la emoción. Algunas definiciones indican el nuevo rumbo. Sus conceptos sobre una reforma judicial que no ponga en jaque a la democracia, la intervención de los servicios de inteligencia para que no estén al servicio de las embajadas imperiales, el fin de los fondos reservados para que no se usen para premios y extorsiones y la suspensión de los sobornos millonarios a periodistas cómplices del saqueo que se termina.
Quizá la frase que más resume la impronta de la gestión recién estrenada es “queremos un Estado presente”. Como muchos, Alberto se equivocó. Durante años hemos escuchado caracterizar al Estado con múltiples calificativos antagónicos. Un Estado mínimo de los neoliberales se opone al gigante de lo que se condena como gobiernos populistas. El Estado ausente es la síntesis de los primeros y el presente de los segundos. Ninguna de estas dicotomías es verdadera. El Estado siempre está presente y nunca es mínimo. Lo hemos experimentado en todos los períodos en que la derecha conquistó el gobierno: el Estado mínimo sólo sirve para desemplear y que los ricos paguen menos impuestos; el Estado ausente es la falacia para la gilada, porque en estos cuatro años estuvo bien presente y fue enorme, pero para favorecer a un puñado.
En cualquier país del mundo, el Estado debe ser grande y presente. El asunto es al servicio de qué debe estar el Estado, si para proteger los privilegios de una minoría empachada o para ampliar los derechos de las mayorías agobiadas por la avaricia de unos pocos. Por supuesto, lo que se tratará de construir de ahora en más es el segundo Estado, a pesar de las protestas de los malintencionados y el coro callejero de los que se niegan a entender. O sí, pero se hacen. El Estado grande y presente a favor de la base de la pirámide con distribución de ganancias es lo que se avizora. No es una revolución, por supuesto, pero es a lo que podemos aspirar cuando tenemos a las fieras expeliendo su fétido aliento en nuestras narices. La revolución sería deshacernos de las fieras de una vez y para siempre, pero para eso falta mucho.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...