lunes, 7 de junio de 2021

Una profesión necesaria

 


Siempre cabe una reflexión por el día del Periodista, aunque uno reflexiona sobre estas cosas todo el año y las vuelca en estos apuntes. Desde hace más de treinta años enseño algunas partes de esta profesión en una institución terciaria. Pasan muchos estudiantes por mis clases y muchos de ellos logran insertarse en algún medio local o desarrollar uno propio. Estos jóvenes colegas meten verdadera pasión en lo que hacen y construyen la información con mucha responsabilidad. Ellos entienden que el principal objetivo es informar, reconstruir un hecho para conformar un relato periodístico. Con las noticias, el público tiene algunas de las herramientas para constituir una realidad subjetiva que es el material necesario para erigirse como ciudadano. Ese público deposita su confianza en la veracidad de lo que está consumiendo y de esa manera participa del universo simbólico que llamamos sociedad.

Estos trabajadores periodistas de los medios locales se empeñan para hacer su trabajo de la mejor manera, pero eso no evita que el público esté expuesto a operaciones, falacias y malinterpretaciones que malogran la labor más honesta. Esta anomalía informativa que contamina el entendimiento nos distrae, porque debemos gastar tiempo en deconstruir las fábulas en lugar de destinarlo a la difusión de realidades. Como este bombardeo de patrañas proviene de los medios hegemónicos, la disputa discursiva es sumamente desigual: un megáfono contra el amplificador y los bafles más potentes.

Y por si esto fuera poco, gran parte de lo que consumimos como información nacional se genera en un solo punto del país. Los siete canales informativos -TN, C5N, A24, Crónica TV, IP, La Nación+ y Canal 26- son señales que se emiten desde la CABA. Canales instalados en la Capital Federal que se pretenden nacionales pero con contenidos absolutamente locales: el escenario de las noticias es la CABA, el AMBA y cada tanto se “meten en el interior”, que no es más que introducir algunas localidades de la provincia de Buenos Aires. Lo que pasa en el resto del país –el interior profundo, que le dicen- emerge cada tanto cuando promete escándalo y permite estigmatizar o estereotipar a los ciudadanos de las provincias. Una especie de colonización porteña para toda la Argentina.

Así, podemos encontrar que un corte de tránsito en el puente Pueyrredón, una demora en la línea C del subte o cualquier incidente absolutamente local de la CABA repercute en todo el país… A tal punto que un habitante de La Quiaca se muestra preocupado por una ola de robos en el AMBA. De esta manera, la cotidianeidad de unos pocos se impone para todos.

Pero casi todos estos medios porteños no sólo nos invaden con sus hechos domésticos, sino también con su manera alocada de llegar a las conclusiones. Una forma de pensar las cosas que constituyen un individuo que pone la queja en reemplazo de la crítica; que piensa que la disconformidad constante es mostrarse inteligente; que cree que la desconfianza es sagacidad.

Desde esas usinas –y sólo para poner un ejemplo- se propalaron pamplinas respecto a las vacunas: que portaban un gen comunista, que eran veneno, que era un negociado de Cristina; cuando se demostró que la Sputnik V es la más eficiente contra la Covid, el corifeo mediático opositor arrancó con el latiguillo de Pfizer al punto de convertirla en la panacea, el maná, la fuente de la juventud. Hasta podemos encontrarnos con algún transeúnte convertido en un fan del laboratorio alemán que, hasta no hace mucho, ni sabía de su existencia. En paralelo, este puñado de comunicadores que empañan la profesión, convirtieron su campaña a favor de Pfizer en la insustentable conclusión de “no hay vacunas”, aunque en realidad, hay muchas. Quizá la cantidad no alcance para una distribución pareja en todo el mundo, situación muy diferente que decir que no hay. Por eso refuerzan el desánimo con “no traen vacunas” o sobreactúan con desdén ante el desembarco de aviones cargados de Sputnik, Astrazéneca o Sinopharm; también cuestionan que la ministra de Salud, Carla Vissotti, esté siempre en el aeropuerto. Acá me tomo la licencia de un contrafáctico: si la ministra no supervisara personalmente la llegada de los paquetes, también la cuestionarían. Sin embargo, Argentina está entre los 20 países que más vacunas han recibido y más han avanzado con la inoculación. Y, por si esto fuera poco, no sólo vamos a producir nuestras propias vacunas para uso nacional, sino que las vamos a exportar a muchos países de Sudamérica. Después de haber desinformado y mentido durante tantos meses, ahora, estos monigotes mediáticos dicen que La Vacuna no debe usarse como tema de campaña. Esto es enloquecedor.

Este ideario protestón se emana desde los canales informativos “nacionales” que recibimos por cable. Lo que más agrava la situación es que esta diatriba hegemónica también llega a los canales abiertos locales que incluyen en su grilla programas que se producen también en la CABA, con la misma impronta desinformativa y con similar mirada antojadiza de las cosas. Programas porteños pensados por porteños protagonizados por porteños para porteños se retransmiten a todo el país por canales locales para difundir esta mirada porteña de la vida. Y no es que uno tenga algo contra los porteños, porque esos canales no representan el pensar de todos los que viven en CABA, sino el interés angurriento de un puñado de unitarios; lo que uno rechaza es la invasión, la colonización que el Estado debería impedir para avanzar en la construcción de un país verdaderamente federal y más justo.

jueves, 3 de junio de 2021

Pandemia en la pandemia

 

La dinámica informativa en la que estamos envueltos nos impide detenernos a analizar con calma cada uno de los temas. Y eso que algunos estamos entrenados para estas cosas. Esta situación, por supuesto, no es nueva: la información circula a una velocidad mayor que la capacidad de lectura que tenemos. Pero lo que más confunde son las tretas y patrañas de los medios hegemónicos que han perdido la vergüenza y la insistencia de una porción del público que –por distracción o convicción- sigue confiando en ellas. Si este virus sigue haciendo estragos en la población se debe, en gran medida, a la campaña opositora que algunos comunicadores –es un decir- orquestan desde los inmerecidos espacios mediáticos que explotan.

Aunque parezca mentira, siguen vomitando falacias para sembrar miedo y desconfianza en la población y los exponentes de Juntos por el Cambio se suman a esta movida porque no tienen nada interesante para proponer. Las tapas de Clarín y La Nación se desmienten a media mañana y no sólo por los funcionarios del oficialismo, sino también por algunos cambiemitas. Hasta los directivos de Pfizer y de Covax se ven afectados por estas operaciones tan rústicas.

Tan ensordecedor es el barullo para horadar al Gobierno Nacional jugando con el tema de las vacunas que el presidente de la cámara de Diputados, Sergio Massa, convocará la semana que viene a los representantes de todos los laboratorios para que brinden información certera. Una buena intención que caerá en saco roto porque las mentiras seguirán circulando sin freno. Y si no es sobre este tema, será con otro. El Poder Real –comandado por Héctor Magneto y sus aliados- tiene como único horizonte gobernar el país a su antojo para incrementar sus ganancias, aunque para ello deba dejar en el camino a más de la mitad de la población. Y esa intención dañina no se reduce con diálogo, consenso y buenos modos. A ese monstruo discursivo y económico que creció descomunalmente en democracia se lo combate con coraje, energía y convicciones.

Si queremos que los salarios alcancen para vivir con comodidad hay que distribuir el ingreso de manera más justa. ¿De qué sirve una paritaria si las góndolas se devoran los porcentajes conquistados? ¿Para qué crear puestos de trabajo si los sueldos no alcanzan a cubrir la canasta básica? ¿Cuál es el sentido de ordenar la Economía si la angurria de los empresarios más grandotes no tiene límites? Ante la suspensión de las exportaciones de carne por parte del gobierno nacional para adecuar los precios, los agrogarcas organizaron un lockout, un cese de comercialización, algo que les encanta cuando hay un gobierno que no les obedece. Claro, los grandes productores están acostumbrados a acumular sin límites para convertir el país en una versión 2.0 del Granero del Mundo y hacer que sus productos sean el privilegio de unos pocos en el mercado interno. Ya esta actitud tan mezquina los hace merecedores de la expropiación de sus campos. Pero, no conformes con las ganancias extraordinarias que obtienen en las tierras de todos, evaden, contrabandean y falsean sus declaraciones juradas. En estos días, la Aduana denunció a 19 frigoríficos por operaciones fraudulentas en sus exportaciones para tributar menos.

Esta maniobra es muy habitual en los exportadores y es hora de empezar a tomar un mayor control de los puertos. Para que quede claro: nos roban en impuestos y nos estafan con los precios… Y encima se hacen los santitos cuando los descubren y las víctimas cuando los sancionan. En los papeles, exportaban carne no apta para el consumo humano; en la realidad, la carne era para el consumo humano, pero con esta treta pagaban la mitad de impuestos. Si la ley se impone, deberán pagar multas de más de cinco millones de dólares y si la Justicia fuera menos cómplice, deberían quedar fuera de juego por ser tan tránsfugas.

Todo esto ocurre porque hay una minoría que conquistó su posición en la punta de la pirámide a fuerza de explotación, especulación, evasión y estafas múltiples al Estado y, por extensión, a todos nosotros. A esa minoría y sus apologistas no les importa el país, sino las sumas que amontonan en paraísos fiscales. Para construir un país más justo hay que limitar tanto egoísmo, erradicar la mentira de los medios de comunicación y sancionar la complicidad de algunos jueces y fiscales. Pero sobre todo nunca debemos olvidar que los antidemocráticos son Ellos, que ejercen la violencia de dejarnos cada vez con menos.

viernes, 28 de mayo de 2021

Servidores de la conspiración

 

Los Médicos por la Verdad lograron cierta visibilidad, aunque no de la mejor manera. Algunos medios de comunicación cedieron con reparos sus micrófonos para que algunos de sus exponentes difundan sus razones, que se contraponen a las admitidas en todas las latitudes. Ellos piden debate, pero es difícil debatir con un grupo que, de entrada, se erige como portador de la Verdad. La ciencia médica no es verdadera, sino probabilística y busca su razón en la evidencia numérica. Sus conclusiones son temporales y pueden ser desechadas cuando se alcanzan conclusiones más contundentes. No hay verdad, sino certeza que se construye en laboratorios y foros y no en plazas y calles. Los tratamientos médicos no se plebiscitan entre los que no sabemos nada de medicina. Si estos negacionistas de alcance internacional apelan a estos métodos para ser escuchados es porque no tienen cabida en los ámbitos de la ciencia.

Pero este apunte no estará dedicado a brindar argumentos científicos para desconfiar de este grupo tan disruptivo. Que su ideario esté absolutamente en contra de las recomendaciones de la medicina oficial emanadas desde la OMS y los ámbitos académicos ya genera sospechas. Desde hace mucho tiempo existen alternativas homeopáticas, naturistas, chamánicas y hasta mentalistas para tratar algunas dolencias a contramano del negociado medicamentoso que domina los consultorios. Cuestionar la concepción de la salud como mercancía de los laboratorios multinacionales siempre es bienvenido porque significa transformar uno de los tantos derechos que no deberían estar en manos del Capital. Y eso es siempre saludable, valga el juego de palabras. La ruptura con el capitalismo es una aspiración de muchos porque significa la construcción de una sociedad más justa.

Esta propuesta antisistémica es el mejor sueño cuando proviene de la izquierda; si se genera en la peor derecha, se convierte en pesadilla. Además de la negación para imponer una verdad absoluta, muchos integrantes de este grupo adhieren al ideario neonazi y eso da escalofríos. Nada bueno puede provenir de gente así y que se sumen a esta movida es un buen motivo para descartarla. Pero la derecha ha logrado convertir la anti política en una virtud y esconde sus intereses detrás de lemas que portan buenas intenciones. La pretensión de ser escuchados para encarar un debate es su pose más sobresaliente. Ahora, ¿qué debate se puede afrontar con posiciones diametralmente opuestas? ¿A qué consenso se puede llegar con los que consideran perjudicial el uso de barbijo, cuestionan la eficacia de las vacunas, desechan las restricciones y hasta niegan el virus? ¿Qué punto medio puede existir entre los que consideran medicina el dióxido de cloro y los que no? Los que se dicen portadores de la verdad, más que abrir el diálogo, deberían disputar el poder para imponer sus propias conclusiones.

Por eso no hay que mirarlos con inocencia. Detrás de sus manifestaciones hay mucho más que una preocupación sanitaria. En sus convocatorias confluyen más descontentos que convicciones y saberes: están los hartos de las restricciones y los que buscan cualquier excusa para manifestar su oposición. Y, sobre todo, sus actos son provocaciones en las que esperan ser dispersados, reprimidos y hasta detenidos. Ese es su mayor éxito: que se los vea más como víctimas que como funcionales a las malas intenciones de los destituyentes que siempre están conspirando para que estemos cada vez peor.

martes, 25 de mayo de 2021

El futuro no debe ser amarillo

 

Otro 25 de mayo en pandemia nos impide celebrar como corresponde: con una fiesta en la calle, una multitud cantando el Himno y el celeste y blanco inundando cada mirada. Ya llegará el momento de revalidar de esta manera nuestro camino al futuro. Los que se junten hoy no son los que quieren una patria justa y liberada, sino todo lo contrario. La Covid es un enemigo voraz, dañino, implacable y vil. Cualquier semejanza con los PRO, que son bichos de otra naturaleza, no es pura coincidencia, porque se construyen representando los peores sentimientos de una minoría destructiva.

Nadie se puede hacer el distraído: ya no son una alternativa política para guiar por buen rumbo el país. Lo han demostrado en el pasado, en el Principado de la CABA, en la provincia de Buenos Aires y en aquellos distritos que insisten en teñirse de amarillo a toda costa. Y en el gobierno nacional, por supuesto, con el Infame Ingeniero disfrazado con la banda presidencial y jurando con honestidad, sin saber lo que eso significa. Desigualar y endeudar son las claves de su proyecto y por eso nos dejaron esta pesada herencia en serio. Pero lejos de ser pasado, son también presente: lo que esputan hoy en los medios es lo que harían si fueran gobierno. No aportarían ni un centavo para contener a los afectados por las restricciones sanitarias, harían de la vacuna una mercancía y propagarían el virus insistiendo con una presencialidad imposible. Tal como hace Horacio Rodríguez Larreta como Jefe de Gobierno en la usurpada Capital del país y lo que hará si su sueño presidencial se convierte en una pesadilla en 2023.

No hay que tener demasiada imaginación, pues con sólo ver lo que hacen y declaran quedan pintados por completo. Más que pintados, embarrados. No ve sus entrañas el que insiste en cerrar sus ojos. Donde pisan, instalan su ponzoña. La provincia de Formosa estuvo sin Covid hasta que llegaron Ellos a clamar por la libertad y el único libre fue el coronavirus. Y hacen creer a los incautos que están ante un gobierno populista, autoritario y perverso que los quiere encerrar con la excusa de una enfermedad que ya está controlada en el resto del mundo. De más está decir que conquistan voluntades a través de obscenas mentiras que son bendecidas y amplificadas en los medios cómplices por seudo periodistas y conductores que ya han vendido varias almas al demonio de la oligarquía. Los ejemplos abundan y exponerlos sería vomitivo.

Impunes, claman que no hay vacunas, aunque hayan ingresado al país más de 12 millones de dosis que ya han sido administradas a casi el 20 por ciento de la población. Descarados, incitan al odio con feroces convocatorias destituyentes y hasta una conductora televisiva -ya inaceptable en democracia- expresó su deseo de incendiar la Casa Rosada. Falaces, denuncian delitos inexistentes, como la presidenta de esa fuerza política, Patricia Bullrich, que acusó de pedido de coimas al laboratorio Pfizer, hecho desmentido por los responsables de esa empresa.

Nada de esto sería posible sin el apoyo incondicional de unos cuantos jueces y fiscales que protegen sus espaldas archivando las causas o los sobreseen a pesar de las pruebas contundentes que los involucran en los más atroces chanchullos. Que el nosesabequé Fabián Rodríguez Simón, cuyo seudónimo “Pepín” queda demasiado simpático para un personaje tan oscuro, se haya fugado a Uruguay para pedir asilo político porque una jueza lo convocó a una audiencia indagatoria sugiere abundante suciedad. Y no sólo propia, sino también ajena. Este personaje es la clave para desentrañar el perverso modelo judicial dispuesto a perseguir en serio a opositores políticos durante el gobierno de Macri al servicio del Poder Real.

Tan nefastos son los PRO, que hasta el diario británico The Guardian puso el ojo en la politización de la pandemia encabezada por estos desaforados. "La coalición opositora de centroderecha Juntos por el Cambio luchó con uñas y dientes" contra las medidas de cuidado dispuestas por el Gobierno nacional para frenar la exponencial suba de contagios de covid-19, publicó en sus páginas. Ni vergüenza tienen, porque siguen como si nada mientras sean funcionales a esa minoría a la que representan muy bien. Si hay un deseo para este 25 de mayo es que los incautos seguidores de estos enemigos disfrazados de partido político sean cada vez menos.

martes, 18 de mayo de 2021

El más allá de una medida

 

A pesar de las diatribas de los agoreros, el gobierno nacional está timoneando bastante bien la crisis provocada por la pandemia, sobre todo con el ingreso de vacunas, el plan de vacunación y los vaivenes de las restricciones. Que más de un veinte por ciento de la población haya recibido al menos una dosis va en contra de lo que vociferan los opositores mediáticos y políticos con la insostenible frase “no hay vacunas”. Y si tenemos en cuenta que los menores de 18 años no están incluidos y la vacunación es voluntaria, el porcentaje es aún mayor. En lo sanitario, las medidas van en sintonía con las que se tomaron en la mayoría de los países y si los contagios crecen y la ocupación de camas críticas roza el colapso es, en gran parte, por el boicot y la irresponsabilidad de algunos individuos que se niegan a ser ciudadanos.

Claro que las restricciones pueden resultar molestas pero de ninguna manera se deben interpretar como un atentado contra la libertad, como esputan algunos impresentables. Y además de molestas, también afectan los ingresos de gran parte de la población, tanto trabajadores formales como informales. Pero eso no sólo es por la pandemia; el reparto de la torta está tan desequilibrado que el salario de la mayoría no alcanza para cubrir la canasta básica de alimentos. Mientras cuatro de cada diez hogares recurren a comedores comunitarios, las principales empresas de alimentos han tenido ganancias extraordinarias. Y no por un incremento de las ventas, precisamente, sino porque la angurria desmedida de unos pocos eleva los precios a niveles inhumanos.

A esta altura de las cosas sería por demás de ingenuo pedir solidaridad a Ledesma, la empresa de la familia Blaquier, que en el primer trimestre obtuvo una ganancia de 1239 millones de pesos, 216 por ciento más que el mismo período del año pasado; o a Molinos Río de la Plata, de Pérez Companc, que ganó 1180 millones de pesos, a diferencia del año pasado que padeció una pérdida de 162 millones; ni a Luis Pagani, de Arcor, que informó 3857 millones de pesos de ganancia, un incremento de 469 por ciento respecto a 2020. Lo que ellos ganan de más vía aumento de precios, la mayoría lo pierde en poder adquisitivo. La redistribución del ingreso debe significar una disminución de las ganancias de estos succionadores seriales. De nada sirve un acuerdo de precios si no se sabe cómo está compuesto cada precio. Para revertir este “derrame de miseria” hay que abandonar la prudencia y la corrección y encarar una puja distributiva, que no es otra cosa más que la lucha de clases. La solidaridad no significa nada para los que se la llevan siempre en pala y consideran el salario como una caridad para los que –según ellos- merecen un poco más que una propina.

Por eso es auspicioso que Alberto Fernández haya decidido suspender por 30 días la exportación de carnes, como una forma de disciplinar a un sector que se cree dueño de todo. Una medida oportuna pero no suficiente; una iniciativa para que el Estado tome protagonismo en la mesa de los argentinos, no sólo con ayudas económicas, mercados comunitarios y ofertas temporarias. De una vez por todas, el Estado tiene que exigir a las empresas que revelen por qué ponen los precios que ponen y qué porcentaje se lleva cada participante de la cadena de comercialización. En cierta manera, es un primer paso para que no sea el Mercado quien rija nuestras vidas en función de sus apetencias, sino el Estado con la mira puesta en la dignidad de todos los habitantes de este promisorio país.

jueves, 6 de mayo de 2021

Para contagiar entusiasmo

 

El revuelo de la semana lo armó la Corte. En un fallo predecible, los Supremos intentaron ganar una vez más una nefasta centralidad en política que no les corresponde, después de amparar por un tiempo a los acomodados Bruglia y Bertuzzi en la Cámara Federal. Ahora, quedaron peor que nunca porque, además de señalar de manera obscena su posición partidaria y horadar un poco el poder presidencial, realizan una tentadora invitación para un juicio político ejemplar. Pero no son los únicos que se arrastran para servir al Poder Real. Los jueces José Luis López Castiñeira y Luis María Márquez de la sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal también buscan un poco de atención por parte del poder político después de dictar una medida cautelar a favor de Telecom y Clarín para estafar a los usuarios. Estos exabruptos –más los englobados en el Law Fare- muestran a las claras que el aparato judicial no funciona y con urgencia hay que repararlo porque, además de ser un obstáculo para la concreción de un país más justo, operan para sembrar el desánimo en una ciudadanía que se resiste a estar desanimada.

Desde hace un tiempo, los jueces federales –sobre todo los de Comodoro Py- bailan al ritmo de las tapas de Clarín, convirtiendo en procesos los prejuiciosos titulares del diario y las fabulosas patrañas de un programa dominguero. En la enorme cadena de medios que ostentan ilegalidad, la difusión de semejantes panfletos intenta convencer a los argentinos de que la situación es más calamitosa de lo esperable en medio de una pandemia. El resultado es una caída en el rating de las emisiones de su principal caballito de batalla: el canal de noticias TN. También, de todos los medios que le siguen en esta comparsa de desinformación e información falaz. Ya no conformes con eso, el Poder Fáctico exige a los magistrados que se inmolen para disputar poder político, algo que contradice la principal función de impartir justicia. Sus representantes –los amarillos y sus secuaces- aprovechan esta anomalía para recuperar su razón de ser después de haber perdido las elecciones de 2019. Las clases presenciales se convierten en una absurda bandera para ondear de cara a las elecciones legislativas, como si eso pudiera formar parte del paquete propositivo insustancial que incluye la República, la Libertad y “Coso”.

A pesar de sus dubitaciones en algunos aspectos, el Gobierno Nacional puede exhibir mucho más que una ponderable administración sanitaria, más allá de los intentos manipuladores de los agoreros. Aunque Argentina se sitúa entre los veinte países que implementaron el mejor plan de vacunación –con casi ocho millones de inoculados- y entre los diez que más dosis han conseguido, algunos individuos guardan con tozudez denostadora el vergonzoso –e insignificante- episodio que titularon “Vacunatorio VIP”. A eso se agregan los convenios para fabricar en nuestro país las vacunas Sputnik V,  Sinopharm y Soberana, aunque los opositores sigan haciendo campaña para la colonizadora Pfizer.

Si bien la situación económica de la mayoría de los argentinos es angustiante, la red de contención multisectorial funciona con eficacia, pero no alcanza para enorgullecerse con énfasis del rumbo emprendido. Aunque la recaudación haya crecido respecto al año pasado un 105 por ciento –lo que indica una mejora de la economía- esta tibia bonanza debería verse reflejada en una mejor distribución del ingreso. Aunque Ford esté construyendo una nueva planta para la fabricación de vehículos y el desempleo decrezca tímidamente, el poder adquisitivo del salario pierde por goleada ante el inaceptable crecimiento del precio de los alimentos y de casi todo. Que se haya potenciado la obra pública y se inauguren viviendas populares no basta para equilibrar el déficit habitacional. Nada alcanza porque hemos perdido mucho, pero avanzamos de a poco. La agenda informativa debe empezar a mostrar estos logros para ganar impulso hacia más transformaciones. Algunas necesarias, como hacer más accesible la canasta básica y contener la angurria de los empresarios inescrupulosos y otras épicas, como recuperar el tránsito de mercancías en el río Paraná y hacer de la comunicación mediática algo mejor que propaladoras de estiércol. El entusiasmo debe sobrar para dar estos próximos pasos no sólo de cara a las elecciones sino para las próximas décadas.

 

 

domingo, 2 de mayo de 2021

Escape del laberinto

 

De no creer. Nos entretienen con estupideces mientras el Poder Real nos saquea a todas horas. No conformes con succionar nuestras billeteras con precios inadmisibles, buscan la manera de eludir las leyes y continúan socavando el aparentemente menguado poder presidencial, que debería ser el de casi todos. Durante una semana y un poco más, la “gran discusión” se centró en la presencialidad en las escuelas, con el eje puesto en las sandeces vomitadas por los dirigentes de la oposición que, cuando fueron gobierno, hicieron lo imposible para bombardear la Educación. Por supuesto, con el condimento de los des-comunicadores consustanciados con los intereses de una minoría que ven crecer sus ingresos al ritmo de las tonterías que destilan por todos los medios a su alcance. Sin darnos cuenta, entramos en el juego de los manipuladores cuestionando las zonceras de los covidiotas en lugar de exigir al Gobierno Nacional que emprenda con energía las transformaciones necesarias para un país mejor.

Ningún educador negará que la presencialidad es mejor que la virtualidad. Claro, si la comparación la hacemos con la presencialidad pre pandemia, no con ésta que, gracias a la división de los cursos en burbujas, obliga a los docentes a repetir la misma clase cuatro veces, la asistencia de los alumnos es alternada en días o semanas y la convivencia y socialización es extremadamente acotada. El año pasado, un profesor daba cuatro clases al mes; este año, sólo una cuadriplicada. La virtualidad es mejor que esta presencialidad, además de ser menos peligrosa. Defender la presencialidad en pandemia es un perverso capricho de una minoría que sólo sabe esputar insultos sin sustento a un otro que desconoce; ese puñado de odiadores que está contra todo lo que no sea bendecido por las voces hegemónicas; que tilda de vagos, chorros, inútiles y hasta ordena “garrá la pala”, cuando ninguno de ellos en su vida ha usado una. Si corremos detrás de estos tipejos terminaremos tan desorientados como una brújula en una fábrica de imanes.

En lugar de responder a los covidiotas que rechazan las restricciones sanitarias escudándose en los artículos de la Constitución que ignoraron durante el gobierno de Macri, deberíamos preocuparnos por recuperar todo lo que nos han sacado desde la dictadura para acá con el verso del diálogo, el consenso y la libertad de mercado. No sólo hemos perdido poder adquisitivo porque se alteró la distribución del ingreso: también perdemos soberanía a pasos agigantados. Y como resultado de todo esto, de a poco, vamos perdiendo la Democracia porque gobiernan siempre los que nunca se someten a elecciones. Que un juez permita que TELECOM –y el Grupo Clarín- siga estafando a sus abonados desdibuja el sentido de la Justicia y es, además, una tentadora invitación para echarlo sin dudar. Que la Corte Suprema sea la encargada de validar medidas sanitarias de emergencia en medio de una pandemia tomadas por el Ejecutivo es una intromisión antidemocrática no sólo en la política sino también en la salud. Que el Gobierno Nacional titubee a la hora de estatizar el río Paraná y dejar de llamarlo “Hidrovía”, de expropiar empresas que nos patean en contra o de destituir a los jueces y fiscales que actúan contra las leyes, es una señal de confusión. Un año y pico de pandemia nos ha educado en la emergencia y ya sabemos cómo actuar con responsabilidad, salvo esos descarriados que no entienden nada. Pero no esperemos a que termine este episodio para comenzar a reconstruir todo lo que nos falta: el coronavirus no debe ser una excusa para dejarnos pasar por encima por los que ni se preocupan por el destino del país.  

 

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...