lunes, 19 de noviembre de 2012

Un legado con facha de futuro


La proximidad del estreno de la película documental sobre la vida de Néstor Kirchner puede convertirse en una tentadora invitación para evaluar la herencia que nos ha dejado. Cuando menos lo esperábamos, nos instruyó sobre la manera de encarar la reconstrucción del país. En cierta forma, nos impulsó a comprender lo que está en juego en ese desafío. Si la crisis de 2001 nos pareció entonces el resultado de la cleptocracia, ahora podemos comprender que eso era una parte, pero no el todo. Lo más importante –y lo dijo cuando asumió- es el compromiso con las convicciones. La célebre frase “convicciones que no pienso dejar en la puerta de la Casa Rosada” -en la multiplicidad de versiones que aporta la memoria colectiva- fue el abracadabra para trazar el camino hacia un país distinto. Hubo otra palabra mágica también muy poderosa: autoestima. Kirchner nos convenció de que podríamos salir del infierno con nuestros recursos y para eso, había que recuperar soberanía. Si la rebelión de los estancieros es un punto de inflexión en la construcción del kirchnerismo, la muerte del ex presidente lo convierte en una arquitectura más entrañable. Convicciones, compromiso, autoestima, soberanía. Y quizá abrazando estos términos, solidaridad. Solidaridad que no es caridad –una forma de camuflar la inequidad- sino la empatía con el otro, con su causa, con su padecer. Para ser solidario no hace falta regalar nada: tan sólo comprender lo que el otro necesita y celebrar cuando esa necesidad esté saldada.
Una fecha clave se aproxima y puede significar uno de los hitos fundamentales de la historia que estamos escribiendo. Y no es exagerado afirmar esto. Un poco de retrospección puede ser fundamental para comprender que lo que estamos viviendo es la oportunidad de alcanzar el país soñado. Si uno quisiera resumir en una frase breve la transformación más importante de estos años K sería, sin dudas, la recuperación del Estado en favor de las mayorías. El Estado como garante de la equidad. La Presidenta, en estos días, dijo “que cada vez que convencieron a argentinos -y hablo de otras generaciones- de que el Estado era un estorbo, de que el Estado era algo inútil, que el Estado impedía la libertad del mercado, primero destruyeron el Estado y después fueron por todos ustedes, por el trabajo de ustedes, por la salud de ustedes, por la educación de ustedes. Por eso la defensa del Estado es una defensa de los grandes intereses nacionales y también de la soberanía popular y también de la soberanía nacional, porque pueblo y nación son una sola y misma cosa”.
 Precisamente, los sones cacharreros cuestionaron ese rol del Estado en las últimas protestas. Aunque no todos los manifestantes estuvieran al tanto de esto, en muchas de las consignas lo que se pedía era otra función del Estado. Una retirada del Estado que lo muta en ‘ausente’ o “bobo”, aunque en otros tiempos resultó cómplice. Si todas las demandas de los protestones se convirtieran en medidas –es decir, si alguna fuerza política se atreviese a proponer todo eso como plan de gobierno- se dispararía la fuga de capitales por evasión impositiva y la especulación financiera enriquecería a pocos a costa del empobrecimiento de muchos. El resto, ya se conoce, devaluaciones, pérdida del poder adquisitivo, cierre de fábricas, desempleo, ajustes y demás delicias del neoliberalismo en estado salvaje. Si, como dicen algunos carroñeros disfrazados de periodistas, el Gobierno debe escuchar a la gente, nuestro país volvería a estar de rodillas como en los noventa, sometido a una sangría despiadada y perpetua. O desintegrado, como en los primeros años de este siglo.
Pero en esta casi década, el Estado recuperó el papel que le corresponde: estar al mando del curso del país en beneficio de todos. En el cacharreo del 13S, una de las demandas principales estaba referida a la compra libre de dólares. En la versión de noviembre, ese derecho se transformó en libertad. Una libertad centrada únicamente en lo individual sin ningún tipo de visión de conjunto. Para muchos bulliciosos manifestantes resulta más atractivo rellenar el colchón con los billetes verdes antes de que los atesore la yegua, Moreno, los Kirchner y otros demonios construidos por la imaginación mediática. Sin embargo, las medidas restrictivas a la compra de divisas están dando sus frutos. En el tercer trimestre de este año la fuga de capitales disminuyó en un 80 por ciento con respecto al año pasado. Además, las empresas multinacionales redujeron a la mitad la remisión de utilidades a sus casas matrices.
No es poca cosa. En los países europeos, el drenaje parece imparable y las consecuencias deben pagarlas los ciudadanos, sobre los que caen disminución de salarios, despidos y desahucios. Angustias conocidas que no debemos olvidar. Los más padecen la miseria que los angurrientos –los menos- dejan a su paso. La fuga se convierte inevitablemente en deuda y la deuda, en una sangría interminable que sufren los que jamás fugaron divisas. Muchos mandatarios de ese continente –el rey español, entre ellos- comienzan a observar con mayor atención el resurgimiento latinoamericano. Y advierten en este proceso que lo único que puede frenar esa vil y nociva práctica de los capitales financieros especulativos es la presencia del Estado como regulador. "Es una suerte tener un gobierno que ayuda –reconoció CFK la semana pasada- pero tenemos que saber que hay que tener un modelo de gestión para que esa ayuda no sea vista como un privilegio para otros”. Aunque parezca increíble, hay otros que ven como privilegio que haya vagos que vivan a costa de un subsidio. Incomprensión, sea cual sea la circunstancia. In-solidaridad, en definitiva.
In-solidaridad que se manifiesta también en las discusiones por el pago del mal llamado impuesto a las ganancias. Con mala intención, algunos hasta llegan a decir que es un impuesto al trabajo. En otros lugares del mundo –y acá también- se lo conoce como impuesto a los ingresos, uno de los más progresivos que existen, porque paga más el que más gana. Salvo los que están exentos, lo cual es injusto. El reclamo debería estar centrado en eliminar esas exenciones para después poder elevar el mínimo no imponible. Anticipándose al paro del 20, La Presidenta anunció que por única vez, el sueldo anual complementario se cobraría sin los descuentos correspondientes al pago de ese tributo. Pero además, se comprometió a reunirse con la CGT para actualizar los mínimos. Por supuesto, nada dijo de los privilegiados que no pagan este impuesto. Una de las iniciativas más esperadas es el tratamiento de una reforma tributaria en el Congreso, lo que tornaría más progresivo el proyecto de país en curso. Un Estado que recaude más entre los que más tienen y ganan para garantizar una disminución de la brecha.
Pero el próximo paso para avanzar por este sendero está cercano, porque el Estado va a demostrar su razón de ser y su fortaleza en la aplicación de la totalidad de la LSCA. El miércoles pasado Martín Sabbatella, titular de la AFSCA, brindó una conferencia de prensa que quedará para la historia. Puso fin a los rumores, mitos y leyendas en torno al 7D y presentó a la opinión pública el listado de los Grupos que están excedidos en la cantidad de licencias. “Esperamos sinceramente que no haya nadie que no cumpla –confesó el funcionario- La ley es para todos, no hay sociedad democrática en la que alguien elija cuál ley cumplir y cuál no”. Y si no cumple, la autoridad de aplicación actuará de oficio, ofertando las licencias de menor valor, “para no causarle un perjuicio económico al titular”. Hasta de esto se ocupa el Estado, de no perjudicar a los que siempre nos han perjudicado. Porque es un Estado para todos. Una herencia inesperada para alcanzar de una vez y para siempre el país soñado.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Mentira y cacerola, la lucha es una sola


Algunos mal pensados –como este escriba- sospechan que Macri aceptó hacerse cargo del subte sólo como herramienta de disputa con el Gobierno Nacional y de paso, para generar malestar en la población porteña. Por supuesto que los habitantes de la CABA no son “el país”, pero hacen tanto ruido que lo parecen. Entonces, una sola chispita basta para encender la hoguera capitalina. Y en eso, el Jefe de Gobierno porteño es un experto. Como sabe que no mide aún para posicionarse de cara al 2015, la única posibilidad de aproximarse al podio es socavar la solidez de La Presidenta. “Está claro que esto va a ser un costo para la Ciudad –explicó la vice jefa, María Eugenia Vidal- porque estamos asumiendo un servicio sin ningún tipo de apoyo del gobierno nacional, violando la Constitución nacional que es clara y dice que los traspasos se tienen que hacer con recursos". Miente, por supuesto, porque nada dice de lo que se ha depositado en el Banco Nación a lo largo de todo el año. También miente Bartolomé Mitre, el director del diario La Nación, en una entrevista realizada en Brasil. En cada una de sus palabras hay una mentira y detrás de cada mentira hay un destinatario que cree en ella. Y después de creer, de grabar a fuego las falsedades a las que decide dar crédito sin dudar, sale a cacharrear, convencido de que lo que sostiene es verdadero, aunque el mundo cotidiano se estrelle en su narizota.
Quizá por eso, los carroñeros abusan de tanta credulidad. La revista brasilera Veja entrevistó a Mitre y permitió que esbozara un panorama de ficción que asustaría al más valiente. La incongruencia del título de la nota ya anticipa bastante: “Una dictadura con elecciones”. Y de dictaduras sabe mucho el director de La tribuna de doctrina, pues ha sido cómplice y beneficiario –casi instigador- de la dictadura más sangrienta instalada en nuestro país. Pero su preocupación esencial es el 7D y por eso afila sus pestilentes colmillos para mentir despiadadamente. "La limitación de la libertad de prensa en nuestro país afecta a todos –pontificó- La libertad de Clarín es la libertad de toda la prensa argentina". En primer lugar, el 7D no va a pasar nada con la prensa, pues la ley regula los medios de comunicación audiovisual y cualquiera puede deducir que los diarios no estarán afectados. Tampoco la ley cercena la libertad de prensa ni de expresión, porque sólo regula la titularidad de las licencias y de ninguna manera los contenidos. Y por último, decir que Clarín, que ha crecido a fuerza de hundir competidores, presionar anunciantes y endosar su deuda a todo el pueblo, representa la libertad de toda la prensa resulta contradictorio y hasta insultante.
Pero no conforme con estas alteraciones de la realidad, el sucesor de El padre de la historia denunció que "alrededor del 80% de los canales de TV, periódicos y radios ya están bajo control del Gobierno". Y no conforme con esa senil alucinación, explicó que "la intención es lograr un control total de canales de televisión abierta”. Para no abundar en las ridiculeces vertidas por este patricio en el exterior, un par de fragmentos bastan para confirmar sus intenciones. “Tenemos cero de publicidad oficial. Somos independientes”. La pauta oficial no representa más que el 6 por ciento del total de la torta publicitaria, por lo que no es esencial para el sostén de estos medios. Independientes del gobierno, pero no de las empresas más importantes del país, a las que protegen desde sus páginas. Independiente del poder político, pero no de los poderes fácticos. Después, la frase que inspira el título: “esencialmente, vivimos en una dictadura de los votos". Estas palabras encierran un enorme desprecio hacia la voluntad del pueblo. Desprecio que se multiplica en las plazas caceroleras. Ya es común por parte de los sicarios de ciertos medios el uso de la palabra ‘dictadura’ con absoluta liviandad, pero es más grave aún cuando la pronuncia alguien que estuvo ligado a las verdaderas dictaduras, orquestadas por los que siempre trataron de dominar la economía del país en su propio beneficio.
Como el patricio, son muchos los que, para construir una imagen demoníaca del Gobierno Nacional, apelan a la patraña del autoritarismo. Para ellos, el gobierno es autoritario porque no están de acuerdo con las medidas que toma la Autoridad, sobre todo aquéllas que tienen como objetivo limar un poco los privilegios del Poder Fáctico. El gobierno es autoritario porque impulsó los juicios a los genocidas, aunque pocos son tan audaces como para cuestionar esto. Pero sobre todo, es autoritario porque la Justicia está avanzando hacia los civiles, cómplices, instigadores y beneficiarios de delitos de Lesa Humanidad. En estos días, el juez federal Fernando Poviña decidió el procesamiento de Carlos Blaquier, de Ledesma, como cómplice en primer grado por privación ilegal de la libertad agravada sobre 29 personas en los primeros meses de la dictadura. Este es el primer caso de procesamiento a un civil, pero no será el último. Y eso es lo que temen. Aunque la Justicia tarda, siempre llega.
Y a veces se pierde en laberintos enmarañados, de esos que tan bien preparan los arquitectos periodísticos. Unos meses atrás, comenzó el culebrón de la no-causa de Amado Boudou. Muchas seseras mediáticas, hasta exigían la renuncia del Vicepresidente. En los cacerolazos de este año, Boudou aparecía como el corrupto número uno y despertó los insultos más creativos de muchos manifestantes. ¿Cómo se puede dar marcha atrás después de tanto estiércol arrojado? Un escrito de 110 páginas presentado ante el juzgado de Ariel Lijo, firmado por Alejandro Vandenbroele, demuestra que no fue Boudou el que puso dinero para salvar a la ex Ciccone Calcográfica, sino el financista Raúl Moneta. Esa fue la acusación inicial que dio origen a cientos y cientos de falaces informes mediáticos. Ahora, Vandenbroele rompe el silencio profesional y afirma, como lo ha hecho siempre, que no es amigo de la infancia ni testaferro de Boudou.
Pero si no es Boudou, será Moreno o don Juan de los Palotes. Siempre habrá una víctima para crucificar desde los medios, siempre habrá una denuncia infundada devenida de una falaz investigación que despierte la ira de los Indignados Argentinos. Ese es el nuevo nombre que portarán ahora los antiguamente llamados caceroleros. Indignados por enojados, no porque hayan perdido ninguna dignidad. No son como los indignados españoles, que, como muchos ciudadanos europeos, padecen en carne propia la crudeza de los ajustes que muchas veces sufrimos en estas tierras. Lo único que padecen los indignados de acá es una manipulación alevosa por parte de algunos medios de comunicación. Y sólo confían en ellos.
Algunas fuerzas políticas –por llamarlas de algún modo- están tratando de capitalizar a estos iracundos protestones. Para dar por tierra definitivamente al mito de la espontaneidad, los organizadores empezaron a moverse fuera del universo virtual y convocaron a una reunión para debatir la continuidad del movimiento cacerolero. Para que no queden dudas, la tertulia –con bocaditos incluidos- se realizó en el Salón Auditorium Manuel Belgrano del Banco Ciudad, por lo que el macrismo no está ajeno. Apenas unas treinta y cinco personas asistieron para no llegar a ningún acuerdo, pelearse entre sí y sumar más enojo a la indignación. Lo que pasa es que los del PRO están muy apurados. Ya está Mauricio molestando por teléfono y anunciando con voz angelical que tiene un sueño –no como el de Martin Luther King, por supuesto- y nos invita a formar parte de él. Como el autor de estos apuntes no oprimió la tecla 1, se perdió el resto de la historia. No hacía falta saber más. El sueño de estos individuos se transforma en la pesadilla de todos. Y ya nos resulta por demás de conocida. Para los que no tienen memoria, un paseíto informativo por algunos países europeos la puede refrescar.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

De la manipulación al odio

       En algunos caceroleros –reales o espirituales- el 8N dejó una sensación de triunfo y no entienden cómo La Presidenta continúa empecinada en su soberbia. ¿Acaso esperaban que diera marcha atrás con muchas medidas para conformar sus caprichos? ¿Tal vez pensaron que, por haber convocado a mucha gente, iban a quedar sin efecto aquellas decisiones producto de una visión de conjunto para satisfacer las miradas individualistas que reinaron durante ese día? Experto en echar leña al fuego, Hugo Moyano lamentó que “después de un reclamo y movilización multitudinaria como la del 8, desconozca el reclamo”. ¿Cuál de todos? ¿Presentar su renuncia? ¿Morirse? ¿O dejarse colgar de una soga como proponen las huestes de La Solano Lima? ¿”Viva Cristo Rey” es un reclamo o una amenaza? Además, los tópicos más aceptables de las exigencias caceroleras –como inseguridad o inflación- no pueden resolverse de un día para el otro. Con respecto al resto de las pretensiones, muchas son descabelladas y otras proponen un camino inverso al legitimado con el voto hace poco más de un año. Así es que no es el gobierno el que tiene la obligación de conformar a los protestones, sino la oposición. Ellos son los que deben asumir, de una vez por todas, el lugar que ocupan en el amplio arco ideológico y proponer sueños en consecuencia. Y para ello, deberán abandonar la agenda carroñera, que confunde y trastorna el entendimiento.
Poco de lo que se vociferó en la calle puede transformarse en acción. Una cacerolera de las que corrió a Cynthia García de la Plaza de la República, le gritó “devolvé la fragata”. Prejuicio, desinformación, ignorancia, bestialidad. Todo eso en tres palabras. Una orden difícil de cumplir, no sólo para la periodista, cuyo departamento no debe tener el espacio necesario para albergar esa nave, sino también para la Propia Presidenta. Esta señora pensará que el embargo en el puerto de Tema es una estratagema de Cristina para apoderarse de la fragata y recorrer con ella los glaciares. ¿Creerá eso en serio o tanto odio la torna irracional? Algunos también gritaban “autoritaria”, más como un insulto que como una categorización política. Este ignoto profesor de provincias recordó el final de la película “La lengua de las mariposas”, cuando todos los habitantes del pueblo exclaman “ateos” al paso de los detenidos por la dictadura franquista. Y Moncho, el niño –buscando en su memoria un insulto terrible- vocifera “lepidóptero” al anciano y adorable maestro que le había enseñado las maravillas del mundo de la naturaleza.
Aunque muchos medios traten de ocultarlo, el 8N –y todo lo que vendrá- tuvo intenciones destituyentes. Gran parte de los bulliciosos concurrentes clamaban por la renuncia de La Presidenta, algunos con sutileza y otros con fiereza. Aunque puede sonar paranoico, estamos asistiendo a la puesta en escena de un intento de golpe institucional. La magnificación de ciertos conflictos y la invención de otros, la presentación del discurso oficial como falso o mentiroso, la instalación de la duda en las intenciones del gobierno forman parte de los pasos previos a la formación de un clima cuya intención es ablandar, debilitar la legitimidad institucional. Y no sólo desde los medios hegemónicos, sino también desde los exponentes de la oposición que ofician como corifeos.
Algunas expresiones de los cacharreros dejan traslucir una segunda etapa, un refuerzo del afán golpista, sobre todo aquellas que acusan al gobierno de zurdo, autoritario, comunista, stalinista o la analogía con Venezuela, Cuba, la Alemania Nazi. Todo esto es el resultado de un proceso de manipulación que alimenta los prejuicios anticomunistas o antipopulistas. Las protestas contra los planes, la AUH, las jubilaciones inclusivas, las viviendas sociales forman parte de ese menú. “Con mis impuestos se alimentan vagos” es la frase que condensa los cuestionamientos a las acciones de inclusión. Como contrapartida, la patria blanca incluida reclama abstracciones como libertad de prensa, libertades individuales, respeto a las instituciones y demás correcciones políticas. Por eso, los mensajes mediáticos y sus refuerzos están poblados de un purismo republicano que oculta en realidad lo que quieren: un gobierno frágil y obediente a las angurrias de los poderes fácticos. El calentamiento de la calle también forma parte de esta aproximación al golpe. Alentar todo tipo de protesta urbana para que se genere un clima de malestar generalizado que dé una idea de ingobernabilidad.
El 8N fue una movida superadora del 13S. Ahora viene el 20N, con el paro de la CGT de Hugo Moyano y la CTA de Micheli, ambas opositoras al Gobierno Nacional, con el invalorable aporte de Gerónimo Venegas, Luis Barrionuevo y alguna momia más. Mientras el camionero descarta concurrir a la plaza, Micheli, que planea cien cortes de rutas, puentes y vías, recomienda –o amenaza- “a la gente no salir ese día, a menos que sea para ir a la movilización”. Y por si esto fuera poco, los operadores de algunas fuerzas opositoras están orquestando desde las redes sociales una gran movilización para el 6 de diciembre –que contra todas las predicciones, será conocido como 6D- para hacer el aguante al Grupo Clarín. Todos estos evidentes intentos de tomar la calle para demostrar fortaleza, produce el efecto contrario: tanta desesperación, tantos gruñidos y ladridos no hacen más que mostrar debilidad. Debilidad que no significa otra cosa que someterse a la ley, ni más ni menos.
“Tenemos que ser muy inteligentes, sensatos y tranquilos frente a las provocaciones que algunos quieren hacer para retornar al régimen ultraconservador que arruinó a la Argentina”, declaró La Presidenta el lunes, desde Villa Constitución. Y agregó: “es bueno tener memoria, no para refregar nada a nadie sino para no volvernos a equivocar”. Un ciudadano de a pie explicó al autor de estos apuntes que cada vez que Cristina agarra el micrófono despierta más odio en la gente. En realidad, esos que dice odiarla cada vez más, nunca se han sentado a escucharla. Por el contrario, son incapaces de asimilar algo diferente al anquilosado sentido común con que han conseguido alimentar su odio. Y el odio está en ellos desde hace tiempo, a veces dormido, cuando gobiernos títeres satisfacen sus angurrias. Ciegos de odio. “Aprendamos a mirar, no a que nos muestren –clamó CFK el lunes- entendamos para que nunca más nadie nos engañe y nos lleve a cometer equivocaciones que usufructúan unos pocos”.
Porque este modelo aplicado desde 2003 en nuestro país ha sido beneficioso para la sociedad en su conjunto, incluidos a los que viven quejándose a pesar del empacho. De acuerdo a un último informe del Banco Mundial, la clase media argentina se duplicó entre 2003 y 2009 y alcanza los 18,6 millones de personas. Para Augusto de la Torre, economista jefe para América Latina de ese organismo, en 1995 la clase media representaba el 38 por ciento de la población, en 2003 bajó al 24 y en la actualidad está formada por el 46 por ciento de la población. El Presidente de la entidad, Yong Kim, afirma que “la experiencia reciente en América latina y el Caribe le muestra al mundo que se puede brindar prosperidad a millones de personas a través de políticas que encuentran un equilibrio entre el crecimiento económico y la ampliación de oportunidades para los más vulnerables. Representa un cambio estructural histórico” y esto “se debe a las políticas implementadas por los gobiernos”. No hay viento de cola, sino una decisión de desarrollo inclusivo.
Pero de nada de esto se enterarán los caceroleros, que están decididos a someterse al régimen de manipulación más embrutecedor para alentar el retorno al peor pasado. Al modelo del derrame, que no es otra cosa más que un minúsculo goteo posterior a un despiadado drenaje invertido. La Presidenta puso el acento en "la idea comprobada de que los argentinos debemos avanzar todos juntos y no es posible que sólo un sector se beneficie mientras el resto se hunde". No existe posibilidad de odiar a quien pronuncia estas palabras. Muchos miramos esperanzados el 7D, que no es una fecha mágica, sino el principio de otra forma de distribución de la palabra. Ese día vence la medida cautelar que protegió la desmesura del Grupo Clarín. Pero la ley no incluye ninguna norma que restrinja la capacidad para manipular. Eso corre por cuenta del usuario que decide continuar siendo una simple marioneta que sale a hacer bullicio con sus cacharros de cocina cuando un titular se lo ordena.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Ingentes esfuerzos de comprensión


Los caceroleros no son todos iguales. Algunos más violentos, otros más ingenuos. Unos entienden más, otros menos. Todos estuvieron pero de diferente manera. Un grupo minoritario hablaba de “los montoneros que están en el gobierno” y pedían la renuncia de La Presidenta, aunque afirmaban no ser golpistas. Otros –quizá los más- transformaban en demandas titulares periodísticos. También abundaban los personalistas, que pretendían convertir en protesta sus tropiezos individuales. Y, mezclados en la multitud, los que no entendían nada pero celebraban la sana costumbre de tener como enemigo al gobierno de turno. Eso sí: entre los caceroleros porteños no hubo uno solo que emitiera una queja hacia el Alcalde de la Ciudad. Después de convivir durante días con bolsas de basura, que con el calor, apestaban el ambiente, a nadie se le ocurrió protestar por semejante indignidad. Raro, pero real. Masoquistas o mugrientos. O ambas. Y de las inundaciones, ni hablar. A pesar de tener el monto para la realización de las obras, nada ha comenzado el gobierno de la CABA. Por el contrario, Macri sólo sabe echar culpas y pedir autorización para nuevos endeudamientos. Su única acción es pedir créditos para después depositar el dinero en el banco. Tan manipulados están los manifestantes que consideran que la ausencia de gestión en la ciudad es culpa de Cristina. La protección mediática del danzarín de Gilda, además de provocar cierto enojo, puede resultar peligroso para el país si alguien así pretende ser presidenciable.
El heroico trabajo en vivo de Cynthia García en medio del cacerolazo con las cámaras de 678 aporta retazos interesantes para el análisis. Cuando la periodista indagó a un manifestante qué pensaba de las inundaciones en la ciudad, el muchacho re preguntó: ¿acaso la tormenta fue culpa de Clarín? Si la culpa no fue de Clarín, entonces fue de Cristina, no porque la crean capaz de dominar los fenómenos meteorológicos, sino porque se niega sistemáticamente a solucionar los problemas que el niño Mauri genera en la Capital. Para la historia quedará la respuesta que dio el empresario devenido en político cuando le preguntaron sobre su presencia en el recital de Kiss, en medio del caos en el que vivía la ciudad, con cortes de energía, de agua y de recolección de residuos. “No estaba de joda. Estaba trabajando”. ¿Cómo puede ser que eso no despierte el enojo de los caceroleros? Y no conforme con eso, agregó: “hubiera preferido estar en casa con Antonia”. De “solucionar los problemas de la gente”, ni hablar. Si La Presidenta hubiese tenido una respuesta de tal calibre, todos los medios y políticos de la oposición la estarían crucificando y habrían generado una nueva protesta pacífica y espontánea para exigir su renuncia.
Otro episodio recogido por Cynthia sucedió con una joven que clamaba por la libertad jurídica. Cuando la periodista le preguntó qué quería decir eso, la cacerolera contestó: no sé, no soy abogada. Un loro podría haberlo hecho mejor. Muy gracioso, pero algo así desprestigia la tan mentada libertad de pensamiento, de expresión, de opinión o como quieran llamarla. Una opinión, para ser respetable, debe tener un respaldo argumentativo, sino es la mera repetición de algo que dijo otro. Peor aún, la reproducción de un enunciado cuyo sentido se desconoce. Una opinión respetable debe ser respetuosa. Esa -como muchas de las que se pudieron escuchar durante el 8N- no lo es. Los medios de comunicación y los opositores “han instalado determinadas frases, títulos, que cuando uno le pregunta sobre el título, no saben explicar y no saben desarrollar –explicó CFK el viernes- porque solamente está el título como si fuera una muletilla, no hay argumentación, no hay sustento, no hay idea, es simplemente repetir lo que lee o lo que alguien le dice desde una pantalla de televisión”.
Pero Cynthia García no pudo terminar su trabajo. Los que claman por la “libertad de expresión” amenazaron la suya y tuvo que escapar de las hordas caceroleras. No fue el único caso. El video del golpe recibido por el notero de C5N fue visto por millones de personas. Un poco menos, tal vez, el de la agresión padecida por el equipo de Duro de Domar. Difícil esquivar las lágrimas ante esas imágenes. Escupidas, agua, cerveza, empujones, patadas, golpes y hasta gas pimienta. Y, por supuesto, una variedad de insultos extraídos del menú mediático. Chorros, vagos, vendidos, vendepatrias, negros de mierda, lacra. Expresiones de odio imposibles de sortear. Hasta un cronista de Telenoche la ligó, para demostrar la exaltación desorientada que dominaba el tumulto. Periodistas de Telefé, de América TV y de Radio Nacional también fueron víctimas de ese enojo irracional. Uno de los agresores gritó: “éste es un país católico. Viva Cristo Rey”. En ese contexto, parecía una amenaza. O una fotografía amarillenta. El que trabaja en los recitales y no es músico ni telonero siempre dice que “hay que bajar el nivel de agresión”. ¿Estará haciendo referencia a estos episodios?
  Porque los políticos de la oposición tienen más responsabilidad en todo esto que los sicarios mediáticos. Como no pueden articular una plataforma alternativa al modelo en curso, sólo atinan a sacudir el tablero. Ellos son los que dan legitimidad a las manipulaciones des-informativas. Si un periodista afirma en su programa que la presidenta da miedo, que se parece a Hitler, está rifando el país o le pega a su criada deberá asumir la ridiculez de sus palabras. Pero si estas cosas las repite un político con representación, el asunto es distinto, porque denunciar estas tonterías profana la responsabilidad de su cargo. Y esto no puede englobarse en el pensar diferente. No se debe opinar sobre una realidad inexistente. Pero con esto, cayeron en su propia trampa. El esfuerzo por construir una imagen monstruosa del Gobierno Nacional y de la situación del país obtuvo como resultado un amasijo de individuos cargados de ira difícil de representar. Para el analista Artemio López, “la marcha profundiza la crisis opositora que fue explícitamente ausentada de la convocatoria de los ciudadanos que se manifestaron contra el gobierno. Le dieron la espalda a los políticos opositores”. Como diría cualquier abuela, les salió el tiro por la culata.
Los periodistas insisten con el armado espurio de la realidad para que los políticos opositores le den legitimidad. Entonces, afirman que Cristina no hizo comentario alguno sobre la asonada cacerolera, que de lo único que habló fue de la elección del nuevo Presidente chino. CFK sí habló del tema, pero lo que dijo molestó y resulta muy complejo para transformar en titular carroñero. “Yo lo único que les pido a cada uno de los argentinos, y fundamentalmente a sus clases dirigentes, que realmente diga lo que piensa y lo que quiere para el país, con sinceridad, que nadie se va a ofender, que nadie se va a molestar”. Precisamente, puso el dedo en la pústula. Porque si algunos periodistas y exponentes de la oposición sostienen consignas deleznables para socavar la legitimidad del Gobierno Nacional es porque no pueden decir cuál es su propuesta. Claro que tienen un modelo alternativo, pero les da vergüenza exhibirlo. El país que quieren es el infierno del que estamos saliendo.
Otra falsedad que trataron de instalar fue la figura del arrepentido. Muchas veces afirmaron en off sobre las imágenes que muchos de los protestones perpetuos habían votado por Cristina. Una afirmación que por intuición puede ser fácilmente descartada. Si alguien votó a CFK en las elecciones pasadas, parece insostenible que se haya pasado a la oposición extrema. Sobre todo porque lo que ha hecho La Presidenta es cumplir con el mandato de las urnas. Quien la eligió hace poco más de un año no puede convertirse en un cacerolero. O hay algo que no entiende.
No todos los caceroleros son iguales, pero lo que piden, es más o menos lo mismo. Un experimento interesante sería alojarlos a todos en un mismo territorio sometidos al programa de gobierno que exigen, a ver cómo les va. A los pocos meses terminarán caceroleando en contra del gobierno por el que antes caceroleaban. Difícil convivir con ellos cuando utilizan sus cacharros bullangueros fuera de la cocina. Dicen que no son escuchados, pero ellos son incapaces de escuchar. Afirman no ser respetados cuando se niegan respetar la voluntad de la mayoría. Sostienen que son odiados cuando las más despiadadas expresiones de desprecio provienen de ellos. Eso sí, hay que tener mucha paciencia y compresión. Quedan muchas catarsis callejeras por delante y el país que soñamos necesita que estemos despiertos. Más que nunca.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Sobre ladridos y cabalgatas

   Mucho ruido y nada de nueces. Los rumores previos a la catarsis cacerolera caldearon el ambiente más de lo que estaba. Que portarían armas, que habría sicarios disfrazados de K, que cercarían y hasta tomarían la Rosada, que los de Quebracho y los de Biondini. Nada de nada ocurrió, salvo algunas muestras de violencia hacia los móviles de ciertos canales, el cobarde golpe al cronista de C5N y otros desbordes que se irán revelando con el correr de las horas. Lo previsible cuando una protesta no tiene consignas ni objetivos precisos. Lo propio en una masa de individuos: nadie actúa en función de ningún conjunto. Lo que suele ocurrir cuando los protestones camuflan con valores ciudadanos una malsana y caprichosa repulsa. Que están en contra es lo único que quedó claro. Sólo en contra y nada más. Los ‘no’ y los ‘basta’ saturaron las consignas que rezaban los carteles. Algunos dicen que los dirigentes de la oposición deben tomar nota de la manifestación del 8N, pero resulta difícil transformar semejante amalgama negativa en un plan de gobierno. Para construir en política, se debe partir de un deseo, no de un rechazo. Dicen que Don Quijote le dijo a Sancho Panza: “ladran, señal de que cabalgamos”. Los anti K ya ladraron; ahora sólo queda seguir cabalgando.
Una cuestión que debe quedar en claro: el modelo K obtuvo un indiscutible 54 por ciento de los votos hace poco más de un año. En aquel entonces hubo un 46 por ciento que no votó por la reelección de CFK y se repartió entre las variadas ofertas opositoras desde un 17 por ciento hacia abajo. Ese 46 por ciento no acordaba con el estilo y el fondo del primer gobierno de Cristina y por eso no la votaron. Pero ese 46 por ciento no puede considerarse como un todo porque en las elecciones presidenciales optaron por caminos diferentes entre sí. Si bien con pocos argumentos, aún no aprueban las medidas del Gobierno Nacional –y no tienen por qué hacerlo- lo que no significa que hayan alcanzado alguna forma de unidad. Ni tampoco que tengan en claro qué es lo que desean de un gobierno porque –vale la pena reiterar- el rechazo no es un deseo, punto de partida esencial de cualquier plan de acción. En todo caso, ese 46 por ciento sólo objeta lo que el 54 por ciento aprobó.
Que si hubo más asistentes que el cacerolazo del 13S es indiscutible, pero eso no significa tanto. Las demandas por la negativa eran tan diversas que cualquiera podría haberse sumado. El límite, por supuesto, estaba en muchas de las fuerzas convocantes y adherentes que podrían despertar cierta desconfianza. Más allá de estas especulaciones, el requisito principal de esta movilización era estar enojado. Enojado por algo, por todo o por el enojo mismo. De ahí que los problemas que los porteños padecieron el día previo suenan a confabulación. Paro sorpresivo de la línea del Ferrocarril Sarmiento sin motivos a la vista; cortes en el suministro de agua; un sospechoso corte de energía en un día de extremo calor sin superar el pico de demanda; la basura amontonada en las calles por un conflicto con la empresa recolectora; los semáforos del centro fuera de servicio en la hora del regreso; líneas de subterráneo interrumpidas hasta en mitad de los túneles con pasajeros en los coches. Todo pareció responder a la fórmula: enójese hoy y descárguese mañana. Enojos concretos que reforzaron los enojos abstractos. Ambos con un solo destinatario: La Presidenta. Enojos que cruzaron la General Paz y hasta las fronteras del país.
El corte de energía llama la atención. Edesur informó que la interrupción se produjo por un problema en dos líneas de alta tensión que –según parece- afectó a los clientes de Edenor, por estar interconectado el sistema. Para el Gobierno Nacional no hubo un problema por la demanda que superó la oferta, sino un simultáneo error de funcionamiento en esas dos líneas. El ministro de Planificación, Julio De Vido, sostiene que el caso requiere una profunda investigación administrativa porque, al parecer, “alguien bajó la palanca”. El funcionario explicó que no se detectó ninguna irregularidad en las líneas de transmisión colapsadas. “Hemos recorrido la línea que interconecta la estación transformadora de Hudson con la Central Costanera, en forma terrestre y por inspección aérea, a lo largo de sus 23 kilómetros, y no se detectó ninguna falla física –aseguró De Vido en conferencia de prensa- ningún transformador que haya tenido problema alguno, lo cual nos mueve por lo menos a curiosidad. Y cuando un funcionario público tiene curiosidad, lo que tiene que hacer es investigar”. No sólo investigar, sino también presentar una demanda judicial “por la posible comisión de delito de destrucción total o parcial del servicio público”. Además, el ministro resaltó que “no tuvo absolutamente nada que ver con un problema de mantenimiento. Una de las líneas fue totalmente reconstruida, el 50 por ciento por la actual gestión, y la otra fue mantenida y está fehacientemente determinado en los libros de control que, en la semana anterior, había tenido un mantenimiento especial”.
Pero el éxito de este episodio opositor no se debe sólo a estos inconvenientes sembrados para enojar. También hubo una difusión por las redes sociales que se retroalimentaba con los medios tradicionales, en una simbiosis casi conspirativa. Los instructivos con recomendaciones apuntaban a convertir la protesta en una casi inocente obra teatral del cole. Nada espontánea, por supuesto, aunque algunos insistan con esa idea. El diputado radical Ricardo Gil Lavedra señaló que "ha sido una manifestación popular de un alcance extraordinario. Ha sido espontánea y de enorme magnitud, demuestra que hay un reclamo de cambio de estilo, de modo, de forma de gobernar, es un reclamo contra la soberbia, contra la falsedad y el totalitarismo de este gobierno". En estos dichos también están marcados los falsos motivos de la protesta. Tan espontánea como las máscaras que repartía el legislador Christian Ritondo, las de Anonymous, pero con un ‘7D’ en la frente y una cruz tachando la boca. Y tan claras las intenciones.
Como la idea de los organizadores era permitir el vuelo creativo de los asistentes, las pancartas contenían consignas de muy dificultosa concreción como “Estamos fuera del mundo” o “examen psiquiátrico a los candidatos”.  El Partido Liberal Libertario difundía por una radio libre el curioso lema “libertad para disponer de tu sueldo”. Cada una de estas frases está basada en ideas falsas que se difunden en los medios y tiene tres objetivos: sembrar desconfianza hacia la política (los candidatos necesitan exámenes psiquiátricos); el Gobierno Nacional debería abrirse al mercado de capitales –más endeudamiento- porque “estamos aislados del mundo”; y el Estado no debe meterse en el patrimonio de las personas, lo que implica permitir la evasión, la especulación y el lavado de dinero, entre otros actos de corrupción.  
Infaltables los reclamos por la inseguridad, la inflación y el rechazo al inexistente proyecto de reforma constitucional. Algunos denunciaban que La Presidenta siembra odio y otros pedían la “renuncia de la yegua”. Mientras algunos mostraban aversión por planes, asignaciones y subsidios otros se quejaban del desempleo y la pobreza. Otros reclamaban más derechos para los discapacitados. Eso sí, todos estaban enojados y desaforados. Todos se sentían valientes y hasta un poco patriotas. La recuperación de la Fragata Libertad también estaba entre los reclamos, aunque muchos de ellos recién se enteraban de la existencia de ese barco. También hubo insultos hacia el polémico Moreno, de cuya función conocen poco, pero están convencidos de que la cumple muy mal. En fin, todo viene bien para mutarse en protesta.
Pero tragarse todo esto es muy doloroso. Tanto rechazo es inmerecido. Este enorme apoyo a las no-propuestas de los opositores provoca cierto desaliento. Esta amnesia grupal resulta incomprensible. No ha pasado tanto tiempo desde la crisis de 2001 y sin embargo, esos tiempos parecen tan lejanos. A pesar de esto, el grueso de los manifestantes parece no recordar lo que es estar verdaderamente mal. Pero sobre todas las cosas, lo que queda en evidencia es la falta de discernimiento al momento de identificar a los responsables del problema que padecen. Y también que los medios sólo tienen poder si los espectadores lo permiten. Ya gruñeron y ladraron. Ahora, a seguir cabalgando.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Lo que rechazan y lo que apoyan los del 8N

   El discurso del miedo fue el disparador del cacerolazo del 13S. Cristina había dicho una cosa y las propaladoras de estiércol –con sus fieles servidores- presentaron otra. Los caceroleros, como tiernas ovejitas, respondieron a la manipulación y salieron a manifestar que no tenían miedo con sus cacharros y cuanto utensilio ruidoso encontraron en el desván. Tamaño valor. Valor dólar, el verdadero motivo que provocó la ira de la mayoría de los manifestantes. Lejos de avergonzarse por consumir tan mala información, los percusionistas cacharreros recrudecen su accionar protestón sin advertir siquiera quiénes son los compañeros de ruta que engrosarán sus filas. Páginas y páginas cargadas de nombres que figuran como los organizadores apolíticos del 8N, todos relacionados con agrupaciones de derecha y más allá -como los neonazis de Biondini y hasta militares retirados- que ellos, por supuesto, jamás leerán. No tienen tiempo ni ganas de preocuparse por esas cosas mínimas. Nada de lo que se diga podrá convencer a un cacerolero de desistir de sus ruidosos planes expresivos. Porque el cacerolero quiere desterrar de la faz del planeta todo lo que huela a kirchnerismo, porque ya no lo soporta, aunque no entienda bien por qué. En esta nueva versión se incorporará el problema por la basura y el paro sorpresivo de los confabuladores ferroviarios. Por más que el Gobierno Nacional no tenga responsabilidad por estas cosas, bienvenido sea el reproche. El cacerolero sabe de antemano que todo lo que ocurre es culpa de Cristina, blanco de todos los torpes prejuicios que lo movilizan.
El 8N es la combinación de los instrumentos de 2001 con los orquestadores de 2008. En tiempos de la rebelión de los estancieros, muchos de los que acompañaban fervorosos las protestas callejeras y los cortes de ruta poco entendían de retenciones, pues con los preconceptos bastaba para sumarse. Lo mismo ocurrió en el 13S: aunque se recitara de forma textual lo que Cristina había dicho, la fantasía autoritaria ya estaba rodando y no había vuelta atrás. Todos clamaron en contra del miedo. Ahora, la Corte Suprema decidió separar al juez federal de Quilmes, Luis Armella, de la ejecución del saneamiento de la cuenca Matanza-Riachuelo y hasta elevará una denuncia penal. De eso hablaba Cristina en ese discurso, de ese juez que multaba a los funcionarios que denunciaban irregularidades en la elección de las empresas encargadas de la obra. Con la excusa de cumplir los plazos, Armella no aceptaba las denuncias y “tenía aterrorizado a todo el mundo”. Y entonces viene la frase tan manipulada, tan distorsionada, tan confundida. Pero no hay que aterrorizarse, solamente hay que tenerle temor a Dios, y a mí en todo caso también un poquito, por lo menos los funcionarios que dependen de mi nombramiento”. Y eso fue todo. Una trampa muy tonta en la que cayeron muchísimos individuos que se creen ciudadanos. “Cristina se compara con Dios”, “Cristina dice que hay que tenerle miedo”, “no se puede amenazar a la población” y demás sandeces acompañadas por rostros severos y constipados.
Si en septiembre fue el miedo, el dólar y la libertad, para el 8N hay todo un catálogo de demandas –analizadas en el apunte anterior- que pretende expandir el universo quejumbroso hasta límites insospechados. Lejos de reclamar una solución a los problemas que denuncian, lo único que quieren es que Cristina se vaya, que se esfume, que se desvanezca en el éter. Quizá un número importante de manifestantes no tenga plena conciencia de esto, pero los organizadores y algunos partidarios, sí la tienen. Y apuestan con sones de cacerolas a conseguir lo que no pudieron en las urnas: apoderarse nuevamente del país para someterlo a su antojo.
Simpatizantes y adherentes engrosarán con su presencia la convocatoria de una minoría patricia que no debería ser más que anecdótica. Si entendieran qué rechazan, si supieran lo que apoyan, tal vez muchos de ellos ni se molestarían en revolver las alacenas buscando algún trasto bochinchero. Si observaran bien quiénes son los que convocan, seguramente se quedarían en su casa observando, espantados, las escenas difundidas por TV.
En septiembre se oponían a una posible reforma constitucional que habilite la reelección de CFK, aunque, por ahora, nadie habla de iniciativa alguna en ese sentido. De cualquier modo –y para reforzar la idea- más de cien diputados de amplio espectro ideológico firmaron un documento cuyo fin es rechazar cualquier proyecto que intente declarar la necesidad de una reforma constitucional. En este jueves cacerolero se agregará este nuevo viejo reclamo. En el rechazo a la reforma también se incluye un poco de repulsa hacia el modelo, al que no pueden comprender en su totalidad. No los organizadores, sino muchos de sus adherentes. Como tampoco comprenden por qué los bancos privados deben obedecer a las decisiones del Banco Central o por qué este organismo toma acciones que se apartan del catecismo de encumbrados economistas vernáculos. No importa que los bancos, entre julio y octubre, hayan prestado más de siete mil millones de pesos para inversión productiva a tres años con una tasa no mayor al 15 por ciento. Una acción muy importante que sólo ocupa un 5 por ciento de los depósitos bancarios. Tampoco importa si más de la mitad de esa línea crediticia haya tenido como destinatario a mini, pequeñas y medianas empresas.
También rechazan la recuperación de Aerolíneas Argentinas, de YPF y el importante rol de la ANSES, con la AUH, los nuevos jubilados, las netbooks. Y el plan Pro.cre.ar y todo lo que se ha hecho en obra pública. De más está decir que entre todo lo que despierta la aversión de organizadores y caceroleros está también la ley de SCA y el advenimiento del 7D. Seguramente, los que espantarán la fauna urbana a golpe de cacharros no se han enterado que los trabajadores de prensa de TN y Canal 13 se reunieron la semana pasada con Martín Sabbatella para expresar su apoyo a la ley. “Tenemos una posición que apoya el cumplimiento de la ley de la democracia y estamos reclamando el cumplimiento del Estatuto del Periodista y del convenio colectivo de trabajo que no se cumple dentro de los noticieros”, detalló Daniel Raichijk, delegado de la Comisión Interna de trabajadores de esos dos canales.
Si sorprende lo que rechazan, espanta lo que apoyan. Los adherentes aprueban que Argentina sea el país en el que circulan más dólares por habitantes, después de Estados Unidos. Mientras Brasil tiene un promedio de 6 dólares en billete, en nuestro país supera los 2000 per cápita. También aceptan las seis corridas cambiarias que hubo desde la asunción de Cristina en 2007, que significaron una fuga de más de 70 mil millones de dólares. Y acceden complacidos a que sean las calificadoras de riesgo y los fondos buitre los que califiquen nuestra economía y sellen nuestro destino.
Los caceroleros adherentes y muchos de los simpatizantes no forman parte del grupo minoritario y clasista que fomenta y organiza esta nueva marcha de la incomprensión. Si supieran que detrás de esta nueva catarsis quejumbrosa están los que han provocado nuestras peores crisis y se han beneficiado con el hundimiento de la economía nacional, se abstendrían de salir a la calle el 8N. La Fundación Pensar –que aunque parezca mentira es la usina de ideas PRO-, la Sociedad Rural y otras fundaciones relacionadas al macrismo están detrás de la organización de esta riesgosa manifestación. El senador Aníbal Fernández sostuvo que el 8N “es un invento de una facción de ultraderecha cuyo único objetivo es la defensa del Grupo Clarín”. Pero además, esta convocatoria tiene un inocultable componente de sectores procesistas, de militares y personal de fuerzas de seguridad. El Congreso Nacional de Suboficiales Argentinos llamó a concentrarse en repudio al gobierno de CFK, pero lo más inquietante es que convoca a “todos los militares de la República” a una jornada de “reencuentro nacional”.
Sin dudas asistirá mucha gente a esta concentración tan poco constructiva. Quizá, un número importante de los asistentes ignore estas cosas y no mida las consecuencias de su adhesión. O tal vez sí, pero no le importe demasiado. Puede ser que lo consideren un juego. Más allá de todo esto es necesario que tengan en claro que están trocando un país cargado de futuro por un conjunto de acciones cuyo fin es socavar un modelo que está sacando a Argentina del peor de los pasados. De ese país al que la mayoría no queremos retornar.

lunes, 5 de noviembre de 2012

La inasible ideología cacerolera


En los últimos tiempos, las propaladoras de estiércol se lamentan por la profunda división que reina en nuestro país. Periodistas, columnistas, diputados y demás plañideros culpan al Gobierno Nacional por las discusiones en la vida cotidiana de los argentinos. Que si unos amigos han dejado de verse porque no tienen la misma visión sobre la realidad del país; que si una familia no puede compartir un momento de televisión porque los programas preferidos son opuestos; que si dos hermanos se pelearon dos días antes de las elecciones… Insignificancias cotidianas que no pueden transformarse en plataforma política. Además, no debe ser la única sociedad del mundo que presenta fracturas por diferencias ideológicas. Claro, en otros lados hay bombardeos por esos motivos. Acá, cuanto mucho, algunos insultos y, quizá, empujones. Como si la historia no fuese una sucesión de constantes cambios, que producen en su transcurrir divisiones y enfrentamientos. Que un periodista afirme que el odio reina como nunca antes en Argentina es, si no mentiroso, al menos exagerado. El odio, en otros tiempos, ha provocado fusilamientos y desapariciones. El odio y la división provienen de los defensores de un modelo en extinción y ese fingido lamento es una muestra más del resentimiento ante la disminución de cuantiosos privilegios de los que goza una minoría patricia. Disminución mínima, vale aclarar. Pérdida de privilegios que no atraviesa esencialmente lo económico, sino el codiciable universo de lo simbólico.
El privilegio de gobernar sin someterse a elecciones es lo que defienden, con todo lo que eso puede significar. El privilegio de convertir el territorio nacional en un coto de caza para satisfacer sus angurrias, a costa del sometimiento de las mayorías. El privilegio de amoldar las instituciones al patrón de sus apetencias. Y por supuesto, el privilegio de convertir su discurso en dominante para poder justificar sus atrocidades. Lo que ellos llaman división, en realidad es resistencia. El odio que ellos denuncian no es otra cosa que la disminución de su poder de daño a través de los límites que disponen las instituciones democráticas. Cuando ellos se definen como medios independientes del Gobierno, en realidad están exigiendo el retorno de los gobiernos dependientes de los medios, que no son otra cosa más que la vidriera de las grandes corporaciones. Claro que hay división en nuestro país: entre los que quieren un país gobernado por las ambiciones predatorias del Poder Económico y los que desean un país conducido por un Estado que contenga a todos sus ciudadanos. 
Y como falta un año para las próximas elecciones, el escenario elegido para esa disputa es la calle principal de cualquier ciudad del país. Además del escenario, cuenta con una fecha épica conocida como 8N. Lo que sobran son los motivos, o mejor dicho, las excusas. Porque muchos de los que se manifestarán ese día ignoran las razones reales de esa expresión callejera. Otros –un poco menos, seguramente- sí conocen esos motivos, pero los ocultan, los disfrazan, los adornan. Los que comandan esta rebelión mimetizan la defensa de las corporaciones con ornamentos republicanos y llaman a defender las libertades, lo que equivale a decir ‘sus privilegios’.
Para eso han elaborado una trama de consignas de tan diversa especie que parece destinada a todos los habitantes del país, incluidas mascotas y aves de corral. Algunas de ellas, de tan abstractas, son difíciles de transformar en acción, como “basta de sembrar odio”, “basta de dividir a la sociedad”, “basta de impunidad”, “basta de patoterismo”. La más curiosa es, sin dudas, “basta de violencia verbal”. No resulta fácil imaginar un proyecto de ley que prohíba los insultos en una cancha de fútbol, en un embotellamiento a la hora pico o en cualquier discusión entre vecinos. Otras consignas reclaman por más inclusión, como “basta de desnutrición infantil”, “basta de villas sin urbanizar”, “basta de barrios sin agua, cloacas ni electricidad”. Ideas que no tienen nada de malo sino proviniesen de quien provienen. Hasta los más empachados se lamentan por el hambre y la pobreza, siempre y cuando solucionar esos problemas no implique tomar una sola de las migajas de su perpetuo y suculento banquete. Otras consignas de inclusión no comienzan con ‘basta’, aunque suenan como si ese deverbal estuviera presente, como “educación sexual para los más jóvenes” y “más empleos dignos y menos planes”.
También están las consabidas “basta de inseguridad”,  “basta de corrupción”, “basta de impunidad”, que son amplias, a la vez de oportunistas. O las que están basadas en simples ficciones en la percepción, como “basta de autoritarismo”, “basta de liberar asesinos para hacer política” o “basta de adoctrinar políticamente en las escuelas”. Este último es curioso porque permite otros adoctrinamientos, como el religioso, por ejemplo. Entre este listado de ‘bastas’, se colaron pretensiones de los que llevan adelante esta movida. Estos constituyen el leit motiv del 8N: “basta de trabas a las importaciones y exportaciones”, “basta de perseguir con la AFIP al que piensa distinto” y “basta de estigmatizar gente por Cadena Nacional”. Lo que significa, lisa y llanamente, que el Estado permita que hagan lo que se les dé la gana en beneficio de sus mezquinos intereses aunque perjudiquen a los demás. Para evitar las ridiculeces y exabruptos del 13S, no incluyeron en este antojadizo listado nada referido a la compra de divisas o los viajes al exterior. Los organizadores de este piquete paquete y espontáneo quieren evitar que esa consigna –la esencial- se destaque entre las otras. Como buenos defensores de la libertad de expresión, dictaron a los manifestantes –esbirros a conciencia o no- lo que tienen que manifestar, además de las recomendaciones para la vestimenta y la difusión on line de las pancartas que deben exhibirse, listas para imprimir.
Este abanico multicolor de consignas opositoras –muchas de las cuales no tienen sustento en la realidad- no busca siquiera la solución de esas demandas. Los diseñadores de este colorido acto y algunos de los asistentes sólo quieren terminar con este modelo que amenaza con limar un poco sus privilegios y los deja descolocados. Pero como son tan pocos que no alcanzarían a cubrir las veredas de una plazoleta, quieren disfrazarse de mayoría y por eso convocan con consignas tan variadas y confusas. Hasta desquiciadas.
Desquiciadas y peligrosas, como la última puesta de escena de la diputada Elisa Carrió. Hablar de su estado psiquiátrico minimiza sus intenciones. El loco puede no tener plena conciencia de lo que dice o su discurso ser tan luminoso que no puede entenderse. El loco es inimputable. Pero Carrió, no. En su aparición de temporada, pidió a los jueces “que recuerden otra Argentina” y denunció que La Presidenta “da asco institucional”. ¿Qué otra Argentina deben recordar los jueces, la oligárquica, la dictatorial, la fusiladora, la saqueadora o la que estaba permanentemente de remate? El asco institucional, ¿tendrá que ver con quiénes son los principales beneficiados de este modelo? Pero lo más sospechoso de este reciente show de Carrió es la conmovedora invitación al 8N, día en que no estará presente. Pidió a la ciudadanía que no tenga miedo de manifestarse porque no va a pasar nada. Y si pasa algo será culpa de Cristina, como siempre. Cuando uno aconseja a alguien que no tenga miedo de algo es porque ese algo puede despertar temores. No sea cosa que en esa puesta en escena esté la confesión encubierta de que se está preparando algo que rompa con la tranquilidad con que se desarrolló el 13S. Un grupo de sicarios con remeras de La Cámpora y sumamente agresivos con los manifestantes caceroleros, por ejemplo.
Confusiones que se producen cuando las cacerolas no se usan para cocinar, porque el propósito de su sonido es errático. Como señala una humorada que circula por las redes: una cacerola no entra en la urna. Tampoco se pueden sembrar, porque de ellas no brota nada. No hay futuro en un cacharro ruidoso, sino pasado. Un pasado de corporaciones que ordenan y presidentes que obedecen. Porque el 8N quiere frenar el 7D. Y ésa es la división de la que tanto se lamentan. Para alcanzar el país con el que muchos soñamos el 7D debe convertirse en la despedida al modelo predatorio y excluyente. El 7D comienza una siembra y después que florezcan mil flores. O más.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...