jueves, 1 de noviembre de 2018

El bolsonarismo vernáculo


Aunque un poco ignorado por el triunfador, Macri está exultante con el resultado de las elecciones en Brasil. Tanto que se atrevió a recitar, ante los asistentes al encuentro Urban 20, que “las cosas van para mejor en el mundo”. No tanto por Bolsonaro, sino por la derechización que significa. El sueño de desterrar eso que catalogan como populismo está a la vuelta de la esquina. Más aún cuando las proscripciones ya no se materializan con un decreto del Ejecutivo, como antaño, sino con caprichosas sentencias judiciales. Claro, si todos los kirchneristas están presos o demonizados, la reelección está servida en bandeja, aunque las usinas de estiércol deban inventar falacias para encauzar al distraído electorado.
Para el futuro que pergeña el Ingeniero, tendrán que apelar a engaños perversos,  como el de ese pastor evangelista que, ante sus fans, afirmó haber visto a Cristina bañarse en sangre humana para concretar un pacto con el diablo. ¿Dónde hay que tener el cerebro para creer eso? ¿No habría que hacer un control de calidad más estricto en los pregoneros de Dios? O, por lo menos, explicar que las almas tienen que llegar puras al paraíso, no idiotizadas. Pero para acceder al cielo que vende ese pastor no sólo hay que demonizar a los K sino también seguir penando por la Revolución de la Alegría como si fuera el Purgatorio. Aunque la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas asegura que no apoya a ningún partido en especial, los piropos vertidos por algunos amarillos logran que muchos líderes espirituales abonen la campaña del PRO.
Si los pastores vociferan estas sandeces será porque se sienten habilitados. El buen Mauricio, en el U 20, sorprendió a sus internacionales oyentes con una declaración de parodia: “cuando uno mira, cada vez hay menos pobreza en el mundo, menos muertos por guerras, por enfermedades”. ¿Qué mundo está mirando? ¿Por dónde lo mira? ¿O su cinismo no tiene límites? Y los que lo escuchan sin risas ni objeciones, ¿padecen alucinaciones o son tan cínicos como el orador? ¿Tan descerebrados como los que creen que CFK se baña en sangre humana?
De ahí a creer que la ex mandataria escondió un PBI en el Arsat hay medio paso. O que mandó a matar a Nisman con un comando iraní-venezolano entrenado en Cuba más un karateca. Y con un piolín. La batería de titulares falaces está haciendo estragos hasta en los que accionan el gatillo.
El veneno en la tinta
Para alimentar esta andanada de falsedades no sólo hace falta mucha imaginación: también excesiva maldad. No es inocencia malversar la democracia desorientando al votante para que elija a quien va a deteriorar su vida. Convencer al ciudadano de la necesidad de sacrificar su presente por un futuro que nunca llegará requiere crueldad. Aliviar las angustias cotidianas con excusas, apelar a la resignación y vomitar consejos para disfrazar la miseria exige mucho desprecio por el otro. Más aún cuando todo está orquestado para que unos pocos potencien sus privilegios a costa de tanta pérdida de derechos mayoritarios.
Los episodios que bombardean el entendimiento alternan entre la apología del presente y la demonización de lo anterior. Ambos sin fundamentos, por supuesto. La tapa de un diario nacional puede destacar la situación judicial de la viuda del ex secretario de los Kirchner, pero nunca las confirmaciones cada vez más comprometedoras de la causa de los aportantes truchos. En la justicia PRO, las fotocopias de cuadernos de existencia cada vez más dudosa pesan más que las pruebas irrefutables de documentos oficiales. Tan malsana es la intención de los medios hegemónicos que llegan a publicar en tapa la foto de los cuatro extranjeros detenidos durante las protestas contra el presupuesto. Tanta impunidad de la otrora Tribuna de Doctrina que puede sentenciar a los que estaban a más de un kilómetro de los hechos. Impunidad que se traslada a los funcionarios que, envalentonados por el aval hegemónico, aprovechan el estigma para poner en agenda el no problema de los inmigrantes.
Pero el ex Gran Diario Argentino va, como siempre, mucho más allá. Como en los tiempos de la Dictadura, publicó el lunes el currículum del ya famoso residente turco Anil Baran. Con la frialdad de un mafioso, el matutino destaca que “tiene un perfil ideológico muy cercano a los sectores que encabezaron las protestas”, algo que los lectores deberán interpretar como evidencia de culpabilidad. Quizá inspirados en el macartismo norteamericano, las plumas de Clarín reconstruyen el perfil ideológico y aseguran que Baran “se declara abiertamente admirador de Fidel Castro y Hugo Chávez”, dato que debería despertar la repulsa del público cautivo. Y como si ya estuvieran alimentando la hoguera, agregan que “entre sus preferencias figuran el Partido de los Trabajadores de Turquía, el Frente de Izquierda, Evo Morales, Cristina Kirchner, Miriam Bregman y Axel Kicillof”. Cualquier odiador colonizado echaría espuma por la boca a esta altura del texto.
Aunque puede resultar divertido burlarse de tan absurda manipulación, el hecho es grave porque están condenando a una persona por sus afinidades ideológicas algo que contradice la amable promesa de campaña de “no perseguir al que piensa distinto”. Como es previsible, ningún oficialista salió a repudiar esta nota, lo que sugiere coincidencia con su matiz despótico. Sólo los periodistas de la vereda de enfrente y algunos opositores alzaron su voz para señalar la inconveniencia de estas expresiones anti periodísticas. La libertad de prensa se mancilla con estos escritos tan poco democráticos.
En cierta forma, hay que comprenderlos. Lo que defienden es indefendible y cuando el camuflaje no alcanza, lo ignoran por completo. Como los oscuros pronósticos del FMI, que incluyen un retroceso del 6,3 por ciento y un incremento de la deuda que significará el 116 del PBI. Todo lo que generemos el año que viene se lo llevarán los buitres y todo para estar peor. Tampoco destacan que Edesur, la empresa del hermano de la vida del empresidente, logró aumentar sus ingresos en un 91 por ciento con una caída del 0,2 de la energía vendida, sólo gracias al tarifazo bestial. Entre enero y septiembre, el botín de Luis Caputo incorporó 473 millones de pesos, 280 por ciento más que el año pasado. Pero de inversiones, ni hablar.
Menos aún encontraremos en estos destructivos medios que el gobierno de la transparencia se niega a dar a conocer el registro de ingresos de personas a la Quinta de Olivos a Poder Ciudadano, tal como exige la ley que los PRO promovieron. Y eso que de esta ONG emergió a la vida política la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso. Si fuera otro el color, los voceros del establishment estarían denunciando a toda hora y sembrando sospechas para indignar a los colonizados.
Por tanta protección mediática, el buen Mauricio puede encabezar un acto en memoria de Raúl Alfonsín sin ponerse colorado. Y más aún, declamar que “el mejor homenaje es demostrar que somos capaces de construir una Argentina unida, como él soñó, con instituciones sólidas que mejoren la vida de nuestra gente”. Le debe fallar el traductor interno o ‘nuestra gente’ no incluye a todos, porque desde que asumió está haciendo todo lo contrario, mientras las plumas hegemónicas dicen que está todo bien y la culpa la tiene el otro.

lunes, 29 de octubre de 2018

A pocos pasos del límite


Sin dudas, ya no hay marcha atrás. A partir de ahora, quedan descartadas las frases esperanzadoras de auto-ayuda o la credulidad de un futuro mejor por este tortuoso sendero. También las que ahora no se dicen tanto como “hay que darle tiempo” o “si a Macri le va bien, al país también”. Menos aún las conciliadoras que proponen la ancha avenida del medio, hay que tirar todos para el mismo lado y el camino del diálogo y el consenso. Sólo la ruptura con este modelo de despojo nos puede asegurar un horizonte promisorio. Las cartas están echadas en este juego fatal donde el contrincante es el enemigo del bienestar de la mayoría. Y si no nos tomamos en serio esta partida, el sueño de un país más justo quedará archivado en el más hermético arcón por muchos años.
Ya es momento de esquivar las escenas y operaciones que pergeñan para distraernos. El tiempo de divertirnos con los balbuceos del Gerente, los tartamudeos de la Vice Rodante, la simulada dulzura de Vidal o la seriedad fingida de Rodríguez Larreta deberán pasar a un quinto plano. También deberemos descartar las disputas internas que parecen tan actuadas como las luchas de Titanes en el Ring. Huesos para que mastiquemos mientras Ellos disfrutan de una comilona interminable. Incluso, deberíamos dejar de enredarnos en las discusiones cotidianas sobre la Pesada Herencia, los PBI que se robaron, las bóvedas satelitales, el folletín de los cuadernos incinerados y hasta del piolín que mató a Nisman. Tampoco jugar a piedra, papel o tijera con las rutas del dinero K y M. La refutación de patrañas no sólo nos desvía de lo importante: rompe los lazos que deberíamos reforzar.
La herencia que se viene es más pesada que cualquier otra. Tanto que ya estamos padeciendo su amargo sabor. La foto explica la película que comenzó en diciembre de 2015: todo se hizo para llegar a esto. La convicción de que las fotos venideras serán peores sugiere interrumpir la proyección. Los propios técnicos del FMI aseguran que habrá tiempos difíciles para el pueblo argentino, pero los planes de las autoridades merecen el apoyo de la comunidad internacional”. ¿Qué planes? ¿Ajustar hasta la asfixia es un plan? El apoyo de esa comunidad internacional conformada por los piratas de la timba financiera, ¿para quién es una garantía? Y encima se burlan de nosotros al evaluar que con “una situación económica complicada y una historia difícil con los préstamos del FMI, la oposición social al programa ha sido más suave que la esperada”. Además de burlarse, el Fondo nos provoca. Hasta nos dicen cómo tenemos que reaccionar ante los desastres de sus recetas. Como si fueran los bravucones de la cuadra, nos invitan a la pelea. No es el mejor momento para agitar una banderita blanca.
Y todavía falta lo peor
Desde el jueves, la escena política vernácula aparece dividida entre el triunfalismo amarillo y la derrota opositora. La media sanción del presupuesto 2019 parece sentenciar como inevitable el desembarco del FMI en nuestras tierras. Sin embargo, los diputados debatieron durante horas sin saber los pormenores del acuerdo con el organismo internacional, lo que enrarece la decisión parlamentaria. Además, el precio a pagar por la venia de los usureros será muy alto para gran parte de los argentinos. La obsesión de bajar el déficit no producirá mejoras en nuestra vida, sino todo lo contrario. La plata que viene del Fondo ni rozará nuestras billeteras: volará rauda hacia las arcas de los especuladores financieros. Un circuito que engorda a los buitres a costa de los inhumanos sacrificios que exigen. En definitiva, la deuda la pagaremos con nuestra dignidad sin obtener nada a cambio.
Nada de nada en serio. Un ajuste nunca trae mejoras, como ya hemos experimentado en los dos períodos neoliberales anteriores. Si alguno espera que el equilibrio fiscal volverá a poblar la mesa cotidiana, deberá dar un par de palmaditas en su cráneo para activar la memoria. Y si eso no funciona, puede apelar al olfato: ¿no le huele mal que mientras se eliminan los impuestos al espumante, se reduzcan las partidas para salud, educación y asistencia social? ¿O le regocija saber que unos pocos brindan mientras muchos se hunden en el abandono?
Afirmar que lo peor todavía no llegó no es ser pájaro de mal agüero, sino anticipar la llegada de lo que ya hemos vivido. Quien se oponga a esta afirmación que explique cómo la reducción de las partidas para cumplir los compromisos activará nuestra economía. No hay manera: mientras menos se distribuya, más nos hundiremos. Más aún si entre los requerimientos del FMI están la reforma laboral y previsional, con la invitación para que los timberos ganen fortunas con el retorno del sistema de jubilación privada. Todo lo que proponen es para degradar nuestra vida en beneficio de unos pocos empachados. No hay que ser adivino para llegar a estas conclusiones, sino abrazarse a la memoria colectiva.
Hasta acá llegamos gracias a las medidas tomadas por el Gran Equipo y lo que proponen no nos sacará del pozo. Si estamos acá, no fue por mala praxis ni por exuberantes fenómenos climáticos. Acá nos querían y más abajo también. “La doctrina del shock” remasterizada y en 3D. En menos de tres años, desigualaron la distribución de la torta, habilitaron un vaciamiento vertiginoso y nos cargaron una deuda por décadas. Desde el Bailecito en el Balcón el poder adquisitivo de casi todos se vio reducido de manera alarmante y el fin de mes se produce apenas cobrado el salario. Y lo más grave de todo esto es que el Gerente de la Rosada SA está dispuesto a más deterioro.
En el afán de distraer de la gravedad del presupuesto, orquestaron la escena de violencia que tan bien les sale cuando hay grandes movilizaciones de protesta. Unos cuantos encapuchados provocan disturbios y arrojan piedras para que los uniformados apaleen y capturen a manifestantes pacíficos, periodistas, transeúntes o extras a varias cuadras del lugar. Después salen los funcionarios para repudiar los hechos y cuantificar los daños para regocijo de aquellos que se preocupan más por las baldosas que por el crecimiento de la pobreza, el desempleo y el endeudamiento. Los mil millones diarios de las Leliq impactan menos que los diez millones de la reparación de roturas.
Además del estrago económico y social que están produciendo los amarillos, impulsan un deterioro conceptual para reforzar prejuicios y profundizar la Grieta. Expulsar a los extranjeros capturados aunque no se haya demostrado culpabilidad alguna y plantear una reforma migratoria que pisotee los principios constitucionales conforman la zanahoria para los odiadores. Y condimentan esta xenofobia elegante con algunas dosis de antikirchnerismo patológico que todavía cae bien en el núcleo duro y en unos pocos más.
Con esos que creen que el país puede salir adelante aniquilando –por acción o abandono- a los más vulnerables no hay conciliación posible, porque terminan siendo tan malvados, hipócritas y egoístas como los que comandan este despropósito. A pesar del hedor a derrota que apesta el ambiente, la fragancia de la victoria no debe dejar de orientarnos. No el triunfo de un partido en unas elecciones, sino el de un pueblo que desea que los mejores sueños se conviertan en realidad.

jueves, 25 de octubre de 2018

El insomnio del Gerente


Algunos aplauden con simpatía los deslices del buen Mauricio: sus yerros cognitivos, sus barbaridades conceptuales o sus inadecuados chistes futboleros. En los fans, todavía caen bien las travesuras de adolescente cheto o las bravuconadas de platea VIP. Hasta destinan una ovación cuando el patrón se saca el disfraz de mandatario y la emprende contra los trabajadores o culpa a todos los demás de los desastres que provocan sus decisiones. El personaje gusta tanto a su núcleo duro que se está transformando en la persona que era Macri antes de zambullirse en la política: el que considera vetusta la idea de soberanía, el que se conduele por la angustia de los próceres, el que quiere que nos enamoremos de Christine Lagarde, el que incrementó la pobreza pero no podrá dormir por tres semanas si la final de la Libertadores es entre River y Boca. Ese es Macri: el exponente de una ralea que pretende llevar a cero nuestra vida para que cualquier migaja sea recibida como un festín.
Esa final “sería una locura”, exclamó el Ingeniero en una radio riojana, pero no lo es la distribución regresiva, la expoliación de derechos ni la proliferación del hambre. Si una final con River es una locura, ¿qué calificativo le queda a la persecución política o al plan Cárcel Para Todes? Si una pelota le ocasiona insomnio, ¿cómo repercutirá en su dormida la bola que crece a fuerza del pedaleo financiero? Si el Boca-River es locura, ¿el acuerdo con el FMI será cordura? El ex presidente del xeneize explicó que traería “mucha presión” la final, algo para lo que, según parece, no está preparado, a pesar de los ocho años de alcalde y los casi tres con banda nacional.
La final, una locura pero llenar de piedras los alrededores del Congreso para que los infiltrados de siempre las usen para dar inicio a la cacería de manifestantes que tanto disfrutan los amarillos, ¿qué es? ¿Advertencia para los resistentes? ¿Entrenamiento de las tropas de ocupación? ¿Gesto desesperado para redondear el negocio? Como sea, la plaza del Parlamento se convirtió otra vez en campo de batalla de uniformados contra des-uniformados para alimentar los prejuicios de los odiadores y justificar el uso de palos, gases, balas y camiones hidrantes contra los que ni tocaron una piedra. La democracia se debilita cuando la violencia es el lenguaje para imponer un presupuesto de hambre que habilite una asistencia del Fondo que va a empeorar todo. ¿No es una locura que los diputados debatan sin conocer los términos del acuerdo? ¿No es una locura aprobar una ley que profundice el deterioro y la decadencia? ¿O seguimos hablando de fútbol?
Tiempo de descuento
Para Macri, esa final es una locura, pero no lo es la destrucción de la ciencia y la tecnología y no le quita el sueño que más de 1200 científicos del mundo lo denuncien. Para su tribuna, Macri habla de fútbol, mientras la carta que firmaron estos investigadores –once premios Nobel entre ellos- expresan que después de “doce años de continuo crecimiento y expansión”  el sector está colapsando gracias a la Revolución de la Alegría. El empresidente nos integra al mundo con el incumplimiento de “compromisos asumidos en subsidios para investigación y cooperación internacional” y el abandono de las instituciones científicas, al punto de no tener recursos para afrontar las facturas de servicios.
En el Conicet peligran los puestos de trabajo de más de 20 mil científicos, becarios y técnicos y lo mismo ocurre con los más de 250 institutos de investigación. Y para quien dude de la importancia de todo esto, la carta de los científicos plantea una obviedad: “el Estado es la fuerza motriz necesaria para apoyar y desarrollar proyectos públicos a gran escala destinados a resolver necesidades estratégicas, sociales y económicas”. Macri –que en campaña había elogiado las políticas de CFK en esta área- no considera una locura hacer todo lo contrario de lo prometido y dejar al país al borde del subdesarrollo.
Claro que hay más locuras que no perturban el sueño del Gerente de la Rosada SA. Como la furia persecutoria del juez Bonadío en la Causa de los No Cuadernos, que conduce a encarcelar personas que ni están mencionadas en este novelón. Este embrollo judicial inunda de recelo al empresariado vernáculo y habilita que fondos de inversión internacionales invadan nuestra economía para ponerla al servicio de Imperio Financiero. Quizá Macri duerma tranquilo sin sospechar que esta Cruzada contra la Corrupción parece un plan de la embajada norteamericana. O sí lo sospecha pero no ve su gravedad, porque lo único que le preocupa es la final de la Libertadores.
Tampoco le quita el sueño que la Gendarmería exija documentos y revise las pertenencias de los pasajeros de colectivos, como una “forma de combatir el delito organizado –según la ministra Patricia Bullrich- para llevar más seguridad a los vecinos y a todos los argentinos”. Estas prácticas tan parecidas a las de la dictadura no inspiran una mínima pesadilla al buen Mauricio ni le incomoda la grieta que la etílica funcionaria instala entre ‘vecinos’ y ‘argentinos’. Claro, la vecindad como una categoría superior de la argentinidad es un concepto compartido por casi todos los PRO. Y esto perturba más nuestro sueño que el de Ellos.
Su descanso tampoco se ve interrumpido por la culpa de mentir tanto, de engatusar a sus seguidores con logros inexistentes, de augurar delicias que jamás estarán entre nosotros. Tampoco el cinismo cotidiano impide su reposo. Que se autodenomine como “el que más ha hecho por el empleo en la historia” no lo distancia de la almohada. Ni los versos recitados ante los propietarios de medios de la SIP en Salta. Que más de 3000 periodistas hayan perdido el trabajo desde su asunción no impide que sentencie: “nunca antes ha habido tanta libertad de prensa como ahora”. No le parece contradictorio que haya dicho esta patraña después de que la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso le haya esputado a una periodista de LN+ “no me dijeron que iba a hablar de esto”, cuando le preguntó por la resolución de los conflictos de intereses amarillos. La hipocresía debe ser un buen somnífero, si no, no se entiende que Macri declame que ya no hay más un gobierno generando medios adictos para que manipulen la información a su favor”, cuando la pauta oficial se distribuye de manera despareja. O que asegure que su gobierno no presiona “periodistas para que difundan su versión”, a pesar del aporte estatal a blogs invisitables, esposas que se convierten en funcionarias y esposos, en contratistas y las operaciones judiciales que aparecen como noticia.
Si la caída en el consumo de carne, lácteos y verduras no desvela al Ingeniero, será un dormilón o un insensible. Si el presidente puede dormir tranquilo, a pesar de que aumente la asistencia a comedores comunitarios en un país que produce alimentos para 400 millones de personas, estamos en problemas. La final impide el sueño de Macri pero el insomnio no lo aqueja al quitarnos todos los sueños. Mientras él piensa más como hincha que como representante, lo que nos despabila es cómo quedará el país cuando esta pesadilla llegue a su inevitable final.

lunes, 22 de octubre de 2018

Los cómplices de la tribuna


El discurso oficial incrementa la subestimación a sus destinatarios de forma proporcional inversa a la cercanía del abismo. Mientras más próximo, más exigencia de estupidez, fanatismo y voluntad. Una muestra de esto es la simulación de desmemoria del alcalde PRO, Horacio Rodríguez Larreta, al afirmar que nunca escuchó a Macri decir en campaña que “bajar la inflación es lo más fácil”. Quizá ésa se le haya escapado, pero “la bajo en dos minutos”, “en mi gobierno, la inflación no va a ser un tema” o “la inflación es la muestra de la incapacidad de gobernarhan sido ampliamente difundidas en estos casi tres años eternos. Tal vez sea distraído o no escuche a su líder. Imposible: actúa como todos, encarnando a un personaje siniestro, embaucador y cínico que, como todos, desata su lengua falaz a sabiendas de ser intocable.
Impune. Tanto como para encargar la importación de Pandi, el peluche-mascota de las Olimpíadas a una empresa que declaró que eran guirnaldas para tributar menos, quintuplicaba su precio de venta y ostentaba el descarado nombre “Quiero ver guita SRL”. Rodríguez Larreta es muy distraído o tan irresponsable como esos buenos muchachos. Nada puede terminar bien con una banda que se llame así, salvo que se dedique a proporcionar placeres sexuales. Cualquier cosa, menos para comercializar el muñeco oficial de los JJOO, al que pusieron más empeño –económico y promocional- que el necesario para derramar más circo que pan.
Creer en la palabra de los Iluminados del Cambio requiere una memez crónica o una infravaloración patológica. Una colonización tan atroz que permite que la víctima se esperance con los brotes verdes provocados por la lluvia de inversiones del ‘tercer’ semestre del año. Tan zombi para tomar como explicación plausible que la crisis es producto de una tormenta y no de la intencionalidad del Gran Equipo. Tan ingenuo para disfrutar del crecimiento invisible o para emocionarse con la angustia del empresidente Macri. Tan manipulado para considerar que la patraña de los cuadernos provocó la recesión. Tan prejuicioso para asimilar que la inflación que estamos padeciendo es kirchnerista.
Mucha fuerza de voluntad requiere tomar los dichos oficiales con seriedad. Mucha sumisión a las zonceras, mentiras y promesas que a cada rato esputan. Poco respeto por sí mismo el que asume su deterioro como un sacrificio necesario para un futuro mejor. Poca dignidad el que renuncia a sus derechos para potenciar los privilegios del patrón.
Pregones de pamplinas
De todo esto y mucho más hace falta para percibir que la inflación está bajando porque lo sentencie el ministro Dujovne, aunque todos los datos que indican lo contrario. Con seguridad, los cautivos no se han enterado de que multinacionales como Unilever, Nestlé, Ford, Johnson & Johnson y otras más advierten a los accionistas que Argentina tiene una economía hiperinflacionaria. Y la inflación no es el único problema: la destrucción de la producción, el incremento del desempleo, la caída del mercado interno, la multiplicación de la pobreza y el horizonte recesivo desalientan todo optimismo. Si a esto sumamos la tensión social que se palpa en las calles y la reaparición de episodios de clara inclinación autoritaria, no es muy difícil deducir que el paraíso queda para el otro lado.
Para el lado que la colonización mediática demoniza a cada rato. Ahora el cuco es Bolivia, porque el presidente Evo Morales decretó el doble aguinaldo y el tratamiento gratuito para los enfermos de cáncer. En lugar de recortar, distribuye. Lejos de ajustar, expande. Como eso es inaceptable para el establishment gobernante, lo mejor es mostrarlo como un indio que se inmiscuye en la política interna del país y realiza una visita que no incluye al Ingeniero. Como si eso fuera más trascendente que recibir un premio Doctor Honoris Causa de la UMET.  
Mientras Macri abona el terreno para una reforma laboral, muchos argentinos cruzan la frontera para encontrar en Bolivia un destino más amable. Otros irán al Norte o cruzarán el charco de acuerdo a las posibilidades o al imaginario que persiguen. El pensar dominante difunde ejemplos y anti-ejemplos para des-educar a sus alienados. Finlandia es un modelo de bienestar y educación, pero omiten decir que los impuestos son muy altos de acuerdo al ingreso y que ya está desterrada la gestión privada en todos los niveles educativos. Tampoco dicen que el Estado tiene una presencia muy fuerte como motor de la economía.
Al contrario de lo que estamos padeciendo: un Estado que abandona, saquea y explota a sus ciudadanos; un Estado-patrón cómplice de otros patrones; un Estado que sub-desarrolla para instaurar una colonia. Para lograr consenso con este accionar, hay que hacer mella en el entendimiento de gran parte de los votantes, desorientar su pensar y bombardear con lemas que desinforman la reflexión. Y mentir a mansalva. Todo para que la víctima defienda un derrame que nunca se produce.
Si lograron que gran parte de los usuarios de servicios se queje porque las tarifas eran baratas, pueden lograr cualquier cosa. Para eso machacaron en contra de los subsidios y pugnaron por un incremento de las tarifas que redundaría en inversiones. Hasta hablan de servicios gratis en tiempos de Cristina, algo que nunca ocurrió. Tan infames son en la elaboración de las excusas de este saqueo, que aseguran que las empresas perdían plata cuando, en realidad, ganaron más de 780 por ciento en 2015 y ahora, apenas más de 300. A pesar de que la cifra es monstruosa, las inversiones han caído ante la indiferencia de las autoridades.
El discurso oficial es tan manipulador que convierte a muchos de los afectados por el Cambio en apologistas de su propio deterioro. Ya lo vimos en los tiempos de “les hicieron creer…”, lo vemos en la necesidad del sacrificio y ahora con la instalación de la culpa de los trabajadores por querer ganar mejor. Algo que, según el empresidente Macri, afecta la creación de 100 mil puestos de trabajo. Palabras que embrutecen, que humillan porque alienta la explotación laboral, algo inaceptable en un mandatario. Como si pretender vivir con comodidad gracias al salario fuese un delito y no lo fuera la evasión, la especulación y la fuga de capitales que nos están vaciando con énfasis.
Si no se es un beneficiario del plan desigualador amarillo, hay que hacer mucho esfuerzo para coincidir con todo esto. Tanto como para ignorar la concentración de más de 800 mil personas en Luján o interpretarla como una picardía del Papa. Las cosas están mal y es muy difícil mejorarlas. Menos con estos saqueadores que invadieron La Rosada. La tarea de todos los días es despabilar alelados para que comprendan de una vez por todas que los patrones son succionadores del esfuerzo de todos, aunque cada tanto se muestren campechanos y bailen con nosotros una cumbia.

jueves, 18 de octubre de 2018

Mejores en lo peor


Los estropicios amarillos son tantos que no se pueden tapar ni con las operaciones de la mafia comunicacional. Como no hay logros para exhibir, el Cambio necesita sangre para reafirmar las convicciones de su núcleo duro y reconquistar a algunos desencantados. Las acusaciones recicladas en los titulares y los procesamientos a la carta de los jueces cómplices no bastan para distraer a los cautivos de la hecatombe que nos acecha. La prisión preventiva –aunque calma la ansiedad de la tribuna- no se parece en nada a la combustión en la hoguera que los devotos de la Revolución de la Alegría esperan desde hace casi tres años. En medio de los fracasos económicos, la prepotencia política y las fisuras internas, el FMI desembarca en el Banco Central para hacer realidad la independencia tan cacareada por Macri y su Gran Equipo.
En verdad, esa ‘independencia’ que ponen como un valor mágico para garantizar el futuro de la República no es más que la intención de convertir a las instituciones en el felpudo donde el establishment sacude el barro de sus chanchullos. Cuando los PRO prometen independencia –económica, legal y jurídica- sólo piensan en un entramado funcional al enriquecimiento interminable de la minoría a la que representan.
Ellos dicen que el Banco Central es independiente cuando está al servicio de la especulación financiera. Una independencia que consiguió que los bancos se alzaran con más de 26 mil millones de pesos de ganancias sólo en agosto, lo que representa un 263,7 por ciento más que el mismo mes del año pasado. Los jueces son independientes cuando descafeínan o cajonean las causas que involucran –con sobradas pruebas- a los actuales funcionarios y firman sentencias caprichosas contra los adversarios políticos. Los diputados y senadores son independientes –o racionales- cuando convierten en leyes los más desigualadores proyectos que tengan en mente los hacedores de esta pesadilla recurrente. Quienes no respondan a esta lógica, serán tildados de corruptos, mafiosos, militantes o en el peor de los casos, de kirchneristas. Todo lo que se oponga a los deseos conquistadores será denostado por el discurso oficial desde todas sus cloacas.
Algo así le pasó al juez de garantías Luis Carzoglio por no encarcelar al dirigente camionero Pablo Moyano después de las inconsistentes declaraciones de un barrabrava. No sólo eso: el magistrado se animó a denunciar las presiones de los diarios Clarín, La Nación y todos sus medios y las filtraciones que sólo pudieron producirse desde la Procuraduría de la Provincia de Buenos Aires, a cargo del militante M Julio Conte Grand. La trama es tan oscura que incluye amenazas telefónicas a la esposa de Carzoglio. Y algo similar puede pasarle al integrante del Tribunal de Casación Penal, Víctor Violini por denunciar filtraciones a la prensa de datos de una investigación que lo involucra en escuchas telefónicas. Y los amarillos vienen con eso de combatir a las mafias cuando en realidad, sólo quieren eliminar a la competencia.
El comienzo de las fugas
Las cosas están cada vez peor y eso no sólo se nota en los fríos números estadísticos sino, más que nada, en el rostro de los transeúntes. Tan mal que los medios cómplices y los funcionarios PRO no paran de actuar como opositores al gobierno anterior. Y Cristina, a la que consideraban un cadáver político, no para de subir en la preferencia de los votantes. Tanto que algunos comunicadores obsecuentes amenazan a sus fans con irse del país en caso de que CFK vuelva a la presidencia. Una advertencia de fuga de cerebros que incluye a Pamela David, Mariana Fabbiani, Baby Etchecopar y Luis Novaresio. Que vayan preparando las maletas y que se olviden de mandar postales.
El malestar es tan creciente que las trapisondas del Gran Equipo trascienden el blindaje mediático y se suman a los fracasos económicos y sociales. El que aún no se ha enterado de que la causa de los aportantes truchos de las campañas electorales del Cambio pasó del fuero penal al electoral es porque insiste en no mirar. Y esta treta no es sólo una formalidad geográfica: si la patraña de los cuadernos habilita interrogatorios medievales y cárcel arbitraria, este episodio que contiene los delitos de asociación ilícita, incumplimiento de deberes de funcionario público, lavado de dinero, falsedad ideológica, evasión, falsificación de documentos y robo de identidad no puede castigarse sólo con una multa. Y los que se indignaban por una bóveda de cartón en un programa dominguero hoy dibujan en su rostro una desconcertante sonrisa de ornitorrinco.
Tampoco enoja demasiado que la vice rodante, Gabriela Michetti, haya desterrado con su firma la investigación por el intento de estafa al Estado de la empresa presidencial por el Correo Argentino. Si esto no amerita un juicio político a ambos personajes, despidámonos de instituciones más serias. Esto no es una desprolijidad, sino el blanqueo de una estafa. Para eso pugnaron por la presidencia, para legalizar sus delitos. Y para cometer nuevos, por supuesto. Detrás del verso de luchar contra la impunidad se esconde la intención de hacerla propia y de destruir al populismo, de castigar a sus figuras por delitos que no han cometido. Como con Dilma y con Lula, la primera destituida por una irregularidad que no existió y el segundo, encarcelado por una propiedad que no es suya.
Por eso Macri admira a Brasil, porque allá sí, se puede hacer lo que acá no tanto: encarcelar a los líderes del lado bueno de la Grieta para que aquel lado pueda hacer lo que se le antoja y ganar las elecciones sin tener que mentir tanto en la campaña, a la manera de Bolsonaro. El buen Mauricio quisiera ser Bolsonaro, con su sinceridad bestial, su desprecio hacia el otro y los elogios a los dictadores. Pero no se anima a tanto porque Argentina no es Brasil. Y porque no puede abandonar el cinismo de clase –más adquirido que heredado- que tan bien cree que le queda.
El Ingeniero debe sentirse en la gloria al recitar una frase como “nadie puede pretender cobrar más de lo que vale su trabajo”, una forma más rebuscada de la célebre “los salarios son un costo más”. Una sentencia despreciable de alguien que llevó el salario promedio del más alto de la región a uno de los últimos lugares. En lugar de coquetear con Bolsonaro, debería imitar al presidente de Bolivia, Evo Morales que decretó el doble aguinaldo para todos los trabajadores. Esos son decretos para mejorar la vida de los gobernados e impulsar el desarrollo. Tanto, que algunos argentinos están cruzando la frontera para un futuro mejor.
Algunos todavía dicen que Macri y su troupe gobiernan el país como si fuera una empresa. Unos empresarios malísimos –en muchos sentidos- que están aniquilando la industria, la moneda, la soberanía y la autoestima, además de incrementar el déficit, multiplicar la inflación, fomentar la desigualdad  y promover el subdesarrollo. Si aplicáramos a su persona todo lo que pregona sobre la meritocracia, la honestidad, el esfuerzo, la calidad y el valor, Mauricio Macri merecería vivir bajo un puente vendiendo estampitas. Pero juega a presidente, uno de los mayores errores de nuestra historia que, en breve, deberemos subsanar.

lunes, 15 de octubre de 2018

El amargo humor amarillo


La pintoresca diputada Carrió aclaró que sus amenazas a Macri eran en broma. Claro, la reacción mostró que se había excedido en su acting de distracción y tuvo que dar un par de pasos atrás para que el estropicio no sea mayor. Algunos analistas, incluso los críticos al Régimen M, evaluaron los dichos de Carrió como una falta de respeto a la figura presidencial. En verdad, con el Bailecito en el Balcón y la foto del perro Balcarce en el Sillón de Rivadavia el buen Mauricio demostró no tener demasiado respeto por la investidura. Y menos por el patriotismo, por el que no juró. Si a esto sumamos mentiras, patrañas, cinismos, entregas, falsedades, simulaciones y demás delicias del Cambio, respeto es lo que menos merece. Carrió tampoco. Ambos no merecen respeto porque no respetan nada. Ninguno de los amarillos lo merece porque son farsantes y no de los simpáticos, sino de los más peligrosos. Si en medio de la crisis auto-provocada tienen tiempo para hacer chistes, no estamos ante un Gran Equipo sino una banda de desenfrenados saqueadores que se burlan de sus víctimas.
Lo único que falta es que digan que el chiste empezó el 10 de diciembre de 2015 o un poco antes y que confiesen el buen humor que desplegaron en las promesas de campaña. Que era un chiste “no vas a perder nada de lo que tenés” o “no vamos a perseguir al que piensa distinto”. ¡Cómo se habrán reído con eso de “no voy a devaluar”, “no voy a endeudar el país”, “no voy a abrir las importaciones”! El clímax del stand up lo alcanzaron con eso de “en mi gobierno, ningún trabajador va a pagar impuesto a las ganancias”. Pero el más ingenioso es el de “no aumentar las tarifas”, porque el Macri chistoso decía que en muchos países del mundo el Estado subsidia a los usuarios. Y ahora dice lo contrario: ¿no es un muy buen chiste?
Y son tan chistosos que lo que antes criticaban con vehemencia ahora lo adoptan sin culpas, como el swap con China, Vaca Muerta, el PROCREAR y Precios Cuidados. Tan buenos son para la comedia que la inflación que iban “a bajar en dos minutos” la llevaron a un nivel que nos coloca entre los primeros del podio. Ellos siempre repetían el gag de “estamos aislados del mundo” y ahora de tan integrados, nuestros números negativos arrastran a toda la región. Estos tipos son tan incontenibles que hasta nos dicen –en broma, por supuesto- que nos tenemos que enamorar de Christine Lagarde. Y piensan seguir de chiste en chiste hasta que terminen el mandato o nos cansemos de tanta hilaridad en La Rosada SA.
Una broma de mal gusto
Así es: ellos se presentan como la nueva política, aunque sus ideas huelan a naftalina; aparecen como innovadores, dinámicos y distendidos, pero no pueden disimular la tensión despreciadora que emana de su ancestral mirada; actúan como recién bajados de la nave nodriza, aunque están presentes en nuestra vida desde hace más de veinte años. El peor de los chistes es que muchos conciudadanos creen en estas falacias y están convencidos de las buenas intenciones de los amarillos. Y asimilan como verdades los dislates que brotan a borbotones de sus coucheadas bocas, como la lluvia de inversiones, los brotes verdes, el segundo semestre y el crecimiento invisible. Hasta creen que lo que estamos padeciendo es producto de la mala suerte del Ingeniero o un coletazo de la Pesada Herencia y que si estamos así es porque pasaron cosas.
Lo mejor que podría pasarnos es que mañana en Cadena Nacional, el empresidente Macri revele que todo ha sido una broma; una representación distópica con intenciones pedagógicas; un sinceramiento de lo inadecuado que sería votar por él y su proyecto destructor. Como una película del futuro que inyectaron en nuestro cerebro con algún artilugio tecnológico. Pero esas cosas no pasan en la vida real: nos empujaron a un tobogán gigante cada vez más empinado y en el fondo no hay nada para tomar en broma.
Ya estamos saboreando cada vez más abismo y la reacción tarda en llegar. Hasta ahora, las calles se pueblan de opositores de la primera hora, algunos arrepentidos y bastantes desencantados. Esto es gradual y, por tanto, alentador. Lo que falta es la indignación a flor de piel que se palpaba en las escenas cotidianas más de tres años atrás. Esos que destilaban bilis después de quince minutos de noticias hegemónicas hoy están alelados, contenidos en las críticas y desanimados en la defensa, aguantando el otoño que está derramando el modelo. Hay que rascar mucho y con prudencia para descubrir lo que sienten: que, después de corear el sí, se puede, se encuentran rodeados de imposibilidades.
Como si no les importara la entrega de la soberanía con el bestial endeudamiento innecesario, la sumisión al Imperio, la explotación económica de Malvinas y la instalación de bases militares norteamericanas en nuestro territorio. Como si creyeran que pertenecer, tiene sus privilegios. Como si pensaran que Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, Facundo Burgos y muchos más merecieran la muerte que tuvieron. Como si esperaran que enriquecer a los más ricos disminuye la pobreza. Como si los vieran transparentes, sinceros y honestos a pesar de las evidencias de todo lo contrario.
Impávidos. Así están muchos, todavía. Peor que acostumbrarse al deterioro es aceptarlo como necesario. La rana que se habitúa a la creciente temperatura del agua termina en una salsa. Y no es ningún chiste terminar en la panza de estos glotones. ¿Cuánto más habrá que esperar para que todos exijamos a estos malandras que empiecen a gobernar en serio o que se vayan para siempre?

jueves, 11 de octubre de 2018

Más episodios macabros


El Cambio nos conduce muy lejos de la Revolución de la Alegría pero al menos ofrece el pintoresquismo de un carnaval sombrío que por momentos nos divierte, por otros nos apabulla, a veces nos perturba y siempre nos perjudica. Las fiestas populares que se celebraban en el medioevo eran el descontrol de los horizontales antes de los rigores de la cuaresma y permitían la parodia de nobles, curas y autoridades. Esto que estamos padeciendo no se parece en nada: el jolgorio de la oligarquía jamás derrama nada bueno porque es una siniestra mascarada que se burla de los más pobres. Tanto que, con torpezas de bobalicones, maldades de comic y contradicciones de principiantes, los concurrentes se convierten en parodias de sí mismos.
En un mismo hecho –los JJOO de la Juventud- se puede encontrar un ejemplo de cada clase: de la primera, el apagón de la llama olímpica en medio del enredo del gas; de la segunda, el costo de su organización, unos 8000 millones de pesos, lo que representa unos cinco años de Fútbol Para Todos, unas 500 escuelas y varios millones de pizzas Prat Gay; y la contradicción, que el espectáculo de inauguración estuvo a cargo de Fuerza Bruta, grupo artístico tan criticado por los que hoy son oficialistas después los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo y acusado por Carrió de haber organizado la multitudinaria despedida a Néstor Kirchner.
Este ejercicio puede realizarse con muchos de los episodios que los amarillos nos entregan a diario. Si el empresidente Macri o alguno de sus funcionarios apelan a una ensayada expresión angelical al hablar del diálogo, la concordia y el consenso, los que menos obedecen son los comunicadores de sus propias tropas. Y nadie los tilda de militantes o fanáticos, aunque demuestren serlo en cada uno de sus fervientes editoriales. Si algún kirchnerista expresara algo similar a lo dicho por el ex-critor Federico Andahazi, todos los voceros lo estarían dilapidando. El novelista y conductor televisivo fracasado calificó a Crónica Anunciada de Juan Amorín, como "un programa casi clandestino, conducido por una persona cuyo nombre la superstición me impide mencionar". Y tildó a El Destape Radio, la plataforma multimedia creada por Roberto Navarro, como "los baños mugrientos del kirchnerismo, en cuyas paredes los usuarios escriben las procacidades más inmundas con los dedos roñosos". Hermosa plataforma para construir un país en paz sin perseguir al que piensa distinto.
Estafas al entendimiento
Los claroscuros del Cambio –mucho más de lo uno que de lo otro- conforman un aluvión cotidiano. La explosión de Carrió no sólo amenaza con su candidatura presidencial sino que revela una de las grandes patrañas del discurso oficial: la independencia del Poder Judicial. Sus denuncias contra Daniel Angelici como operador de Macri en los Tribunales pone la falacia sobre la mesa. La pelea entre las divas de la Corte Suprema es la consecuencia de incrustar dos emisarios del establishment para influir en los fallos. La perinola que asciende o destituye jueces es la evidencia de que quieren más magistrados obedientes que independientes. Las sentencias infundadas y a la carta contra los ex funcionarios K es el camino a la proscripción que busca su broche de oro con una condena a Cristina. Y así, dejar a más del 30 por ciento del electorado sin representación, como ha hecho el autoritarismo corporativo en otros tiempos.
El discurso oficial supura confusión porque es la única forma de preservar este plan de despojo. El barullo conceptual que emana del Régimen vuelve un revoltijo cualquier conversación cotidiana. Esclarecer tiene sus riesgos pues uno puede ser marcado con la K si no advierte, como al pasar, que no está de un lado ni del otro. Al menos como un pasaporte para poder pronunciar cinco palabras seguidas antes de recibir una catarata de incoherentes titulares. A veces, el contexto ayuda, como cuando el FMI anticipa las catástrofes venideras por seguir las medidas que exige para obtener su asistencia. En otras no, como la sentencia a Julio de Vido, no como responsable penal de la Tragedia de Once sino por administración fraudulenta, a pesar de que en el juicio se demostró que todo funcionaba bien.
Tanto desconcierto evacúa la vocinglería gubernamental que hace posible un sainete como el de la compensación a las distribuidoras de gas por lo que perdieron con la devaluación. Primero, quisieron cargar en las espaldas de los usuarios el costo de la estafa; después, como la repulsa fue contundente, simularon dar marcha atrás para endosar los diez mil millones de pesos al próximo gobierno. Otro ítem de la futura Pesada Herencia en serio. Los analistas más pícaros trataron de encuadrar esto en la doctrina del si pasa, pasa, como una forma amigable de definir un fracaso. Sin embargo, no fracasaron nada: las empresas igual se llevan un botín indebido. Antes, los medios hegemónicos hacían un escándalo por los subsidios a los servicios que aliviaban el bolsillo de los usuarios; ahora que el Estado desvía esos subsidios hacia las empresas que se beneficiaron con el 1800 por ciento de incremento en las tarifas, emanan elogios por la sabia decisión de desactivar el Ahora 24. Y los propios usuarios, que antes se quejaban por pagar poco ahora sienten alivio por no tener que pagar tanto.
En primer lugar, que el Estado se haga cargo de las pérdidas de los privados está muy lejos de la libertad de mercado que pregonan. Las distribuidoras de gas se privatizaron en los noventa porque en manos estatales daban pérdidas. Con esta lógica, en lugar de llenar sus agujeros, habría que estatizarlas. Los meritócratas no deberían premiar a los que pierden. Y si no les da el cuero para distribuir gas, que sigan el consejo de Esteban Bullrich y que se dediquen a la fabricación de cerveza artesanal o a pilotear drones.
Pero esto no es nada comparado con lo que puede venir. Con la excusa de la pérdida por devaluación pueden llover reclamos de empresas nacionales y trasnacionales, productores, comerciantes. Hasta nosotros, los asalariados podríamos ir con nuestros recibos a demostrar cuántos dólares ganábamos en enero y cuántos ganamos ahora. Tanto hemos perdido que, de tener los salarios más altos de la región pasamos a la mitad de los de Chile.
Claro, si vamos con ese reclamo se van a reír a carcajadas. En esta partida y en todas, la perinola nos marca como perdedores. Y cuando salga Ponen todos, los miembros del Gran Equipo estarán rumbo a los paraísos donde esconden sus fortunas mal habidas. Ya no quedan dudas de que compensar a los gasíferos no es una decisión acertada. Esta ni ninguna de las tomadas por los que se presentaron como apóstoles del Cambio y terminaron embutiéndonos en un túnel que nos conduce al pantano tantas veces conocido. Quizá, chapaleando en el lodo y el estiércol, muchos de los confundidos descubran de una vez por todas, qué lado de la Grieta les asegura el mejor futuro.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...