domingo, 28 de marzo de 2021

La Memoria como reconstrucción

 

Si alguien afirma que los PRO y sus seguidores obstaculizan cualquier intento de futuro, no se equivoca. Destructivos jugando como oposición o como oficialismo. Falaces, siempre. Hipócritas, cínicos, confusos, contradictorios. Y, como defienden siempre a los más poderosos y no pueden decirlo de manera frontal, terminan siendo siniestros. El Día de la Memoria los encuentra siempre desencajados: guardan silencio cómplice o vomitan burradas. El recuerdo de Horacio Rodríguez Larreta sobre el secuestro de su padre muestra un poco eso: si tanto le impacta ese episodio de su vida, ¿qué hace mezclado con los perversos negacionistas? ¿Para qué esa evocación: para seguir tapando los pañuelos pintados en la Plaza? ¿Un simulacro de emoción para conquistar la voluntad de algunos desprevenidos? ¿Será un nuevo personaje de cara a las presidenciales del 23?

Por supuesto que sí, si no, no estaría del peor lado de la Grieta, pegoteado con apologistas y beneficiados de la dictadura, gozando de un blindaje mediático inaceptable en democracia. Claro que, en comparación con los dichos de otros amarillos, lo del Jefe de Gobierno porteño es como un “mensaje de paz”. Por supuesto, el ex empresidente Macri se destaca por la superficialidad de sus balbuceos. Que haya padecido un secuestro extorsivo en los noventa no lo iguala para nada con Estela de Carlotto ni con las demás víctimas del Terrorismo de Estado. Más aún porque en esos tiempos –y también ahora- comparte el ideario anti obrero, especulador y persecutorio. En fin, una tontería más que sólo cala en los tontos que ven en él algo respetable. Y si la presidenta de Abuelas pide cárcel para el Buen Mauricio, es porque sabe, como muchos, que la merece con creces, por más que el diputado odiador Fernando Iglesias patalee en el Congreso.

Y no es que uno esté ensañado con los cambiemitas. Lo que pasa es que no hay posibilidad de conciliar nada con ellos. ¿Qué empatía puede despertar que un troll use el nombre de una desaparecida en su cuenta de Twitter y no para nada positivo, precisamente, sino para burlarse de su hija? ¿Qué adhesión puede lograr el escrache mediático realizado a una maestra de nivel inicial por exhibir un video sobre la Memoria? ¿Acaso un títere de una abuela adoctrina más que los monigotes que siembran descontento y disolución desde los medios hegemónicos? Para desconcertar más a los detractores, el Ministerio de Educación de Santa Fe comparte el video de Haydeé Spatz en su plataforma oficial por su valor pedagógico.

Pero hay más, porque los amarillos insisten en exhibir sin reparos que están del peor lado. En una entrevista con los periodistas de su Canal –La Nación +- Mauricio Macri reiteró su absurdo latiguillo del aislamiento del mundo. Ahora usa como excusa que Argentina no aceptó las pretensiones colonizadoras del laboratorio Pfizer y puso como ejemplo a Chile, que, a pesar de haber vacunado a gran parte de la población, debe recurrir a las medidas de aislamiento que tanto denuestan en el país. Y también alzan la voz porque Alberto Fernández decidió abandonar el Grupo de Lima, el organismo internacional rejuntado por el Imperio para recuperar el control sobre los recursos petroleros venezolanos.

Aunque el Gobierno Nacional también es merecedor de algunas críticas –más por tibieza y prudencia que por mala intención- gran parte de los argentinos sabemos que con un Macri –con cualquiera de ellos más allá del apellido- al frente estaríamos mucho peor. Ahora que los números de la Economía empiezan lentamente a mejorar, la redistribución del ingreso debe ser la diferencia entre los dos modelos. Recuperar algo cercano al 50-50 –que la dictadura destruyó- será uno de los mayores logros de cara a un futuro más beneficioso.

domingo, 21 de marzo de 2021

“M”: una letra que nos desafía

 

La semana pasada comenzó tormentosa: la búsqueda de una menor angustió durante los primeros días y, cuando se temía lo peor, la rescataron sana y salva. Un final que podría ser feliz evidencia, en realidad, la infelicidad de muchos que no tienen nada. Ni nombre, siquiera. “M” nos interpela, no para que respondamos con un conmovedor y temporal espíritu caritativo, sino para que transformemos la distribución en serio. Algunos opinadores se sorprenden por la cantidad de personas que viven en situación de calle y, por supuesto, claman por soluciones urgentes. La asistencia del Estado –de cualquier Estado- puede atenuar el drama, pero no modifica nada. Si más de la mitad de los trabajadores formales no accede a cubrir la canasta básica de alimentos, ¿qué podemos esperar para los informales, los desempleados y los que ni siquiera tienen nombre? Lo urgente posterga lo importante, que es discutir seriamente cómo se reparte la riqueza generada en nuestro país –que es muchísima- entre todos sus habitantes. Para evitar las urgencias no debemos perder de vista lo importante.

Claro que –por múltiples motivos- algunos sectores políticos no están preparados para esta discusión. Menos los que aseguran que el “Caso M” fue una treta K para opacar la presentación del libro que escribió –es un decir- el ex empresidente Macri. Ni tampoco los que estigmatizan a las víctimas de este sistema que institucionaliza la desigualdad. Ni los que ponen su fe en la teoría del derrame o en la tan siniestra meritocracia. Para vencer la desigualdad hay que neutralizar a los que desigualan.

Un ejemplo puede servir: el año pasado, la empresa Arcor ganó –cubriendo todos sus gastos- 5442 millones de pesos de acuerdo al balance presentado ante la Comisión Nacional de Valores. En 2018 había tenido un resultado negativo de 1555 millones y de 196,2 millones en 2019. De ese montón que ganó mientras muchos perdían con la pandemia, el directorio de la firma de Luis Pagani repartió la mitad -2650 millones- entre sus accionistas y destinó 1691 para repartir más adelante. De más de 5400 millones de pesos de ganancia, sólo 1100 millones se guardan para inversiones. Más de dos tercios de la ganancia generada por todos los que consumimos sus innumerables productos quedan en manos de unos pocos. Y los empleos que generen las nuevas inversiones mantendrán la misma lógica desigualadora.

Mientras el presidente Fernández asegura que el incremento salarial debe ganarle a la inflación, los especuladores de las góndolas ya están aumentando a cuenta. Y también está en la mira de estos inescrupulosos el excedente que quedará en los salarios por la eliminación del mal llamado Impuesto a las Ganancias. ¿De qué sirve un incremento salarial o la eximición de un impuesto si apenas va a alcanzar para comprar exactamente lo mismo que antes? En los países que muchos exhiben como modelo, los trabajadores formales destinan menos del 10 por ciento para la compra de alimentos. Y no es porque coman menos, sino porque el precio de los productos no tiene la irracionalidad vernácula.

Para evitar que las urgencias nos desborden, más que aumentar el ingreso de los trabajadores hay que bajar sus gastos, para que el salario alcance no sólo para lo esencial, sino para la vestimenta, los servicios, el esparcimiento y el ahorro. Y eso sólo se consigue con un control estricto e inmediato de los que quieren saquear nuestros bolsillos. Entonces, será mucho más fácil asistir e incorporar a los que subsisten al margen de todo, porque con un modelo económico más justo, serán cada vez menos los “M” que no tienen nada de nada.

sábado, 13 de marzo de 2021

Estafa con forma de libro

 

En medio del esfuerzo por reconstruir el país, los conspiradores no cesan de hacernos la vida imposible. No satisfechos por sus campañas anti todo durante la pandemia, los amarillos y sus cómplices, instigadores y beneficiarios siguen vomitando su estiércol para conquistar algún poroto en el proceso electoral. Después de negar el coronavirus, condenar la cuarentena, denunciar la Sputnik V como veneno, exigir más rapidez en la campaña de vacunación, sugerir la privatización de las vacunas y muchas patrañas más que demuestran lo poco que les interesa la vida de todos nosotros, el Infame Ingeniero presenta su libro “Primer Tiempo”, más como una burla que como un aporte intelectual.

En un abuso de su condición de impune eterno, Mauricio Macri sueña con emular a la vicepresidenta Cristina Fernández con su libro “Sinceramente”, que superó las expectativas de ventas y le permitió recorrer distintos puntos del país para su presentación. Por supuesto, Macri no tiene el carisma, la oratoria, la profundidad ni el poder de convocatoria para algo así. El sólo hecho de titularlo con una metáfora futbolera sugiere que no pasa de ser un mediocre fan de Boca y un demagogo obsceno. Además, amenaza con su retorno a la presidencia en un segundo tiempo que no debería ocurrir. Bastante daño ha hecho: suficiente para pasar el resto del partido fuera de juego y, de ser posible, en las sombras.

Más que para un segundo tiempo, este farsante ha alcanzado el mérito suficiente para recibir el repudio y no el aplauso de los argentinos. No sólo él, por supuesto, sino también todos los que lo acompañaron en su cruzada para profundizar la desigualdad en nuestro país. Y, por supuesto, los medios de comunicación dominantes que hicieron de él la mejor opción para ganar las elecciones de 2015 y los jueces y fiscales federales que convirtieron delirios domingueros en causas judiciales absurdas. Macri ya demostró lo que es y no calla lo que puede hacer. Quien no lo entienda se convierte en un peligro. Para que el Buen Mauricio sea un mal pasado, las causas judiciales que acumula –desde la estafa del Correo Argentino hasta el brutal endeudamiento con el FMI- deben convertirse en sentencias no dentro de veinte años, sino en pocos meses. No sólo como un castigo al individuo y sus cómplices sino como una forma de desterrar aquellas ideas que no benefician al conjunto.

Macri es sólo un episodio, como lo fueron Menem y De La Rúa. Lo peligroso es el ideario que portan: la libertad de mercado, el individualismo, el anti estatismo, la privatización de todo. Recetas maliciosas que sólo producen el despojo de la mayoría en beneficio de una minoría avarienta. Ideas que son tentadoras para muchas de las víctimas, como ocurrió con la Revolución de la Alegría. Para que esto no nos vuelva a ocurrir, el camino emprendido por el presidente Fernández debe empezar a dar resultados con énfasis, no a través de la contención de la desigualdad sino con la igualación, no con súplicas a los que nos saquean la billetera, no con advertencias a los conspiradores sino con castigos severos, no con quejas por las mentiras infames de la prensa canalla, no con lamentos por los bosques incendiados. Los que quieren quedarse con todo, los que explotan a sus trabajadores, los que especulan, los que evaden, los que abusan de su poder deben ser considerados enemigos y como eso hay que tratarlos. De lo contrario, siempre perderemos todos los partidos.

viernes, 5 de marzo de 2021

La mafia al descubierto

 

Esta semana arrancó con énfasis. En el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, el presidente Alberto Fernández abandonó la tibieza para remarcar el rumbo. Nada de diálogo ni conciliación para los que destruyeron nuestra economía y lo quieren seguir haciendo. Eso tranquiliza un montón porque sonreír a estos bárbaros es una muestra de debilidad. Después de las bolsas mortuorias colgadas en las rejas de La Rosada, ningún diálogo es posible con el núcleo duro del PRO. Si una investigadora del Conicet –Sandra Pitta- considera que cuando esta derecha bestial regrese al gobierno van “a pisar como cucarachas” a los kirchneristas, si el aún fiscal Carlos Stornelli quiere tener un encuentro de hombre a hombre con Alberto cuando ya no sea presidente y si muchos exponentes cambiemitas todavía sostienen que representan la eficiencia, la transparencia, el progreso, la República y coso, ¿qué se puede acordar con Ellos?

Lo han demostrado en los cuatro años de desgobierno macrista: lo único que saben hacer es potenciar privilegios para una minoría enriquecida a costa del empobrecimiento del resto. Y eso deberán pagarlo, si no en los Tribunales, al menos con una disminución de los votos. Si los jueces no castigan las atrocidades institucionales, económicas y jurídicas implementadas por la Revolución de la Alegría, que sean las urnas las que los condenen al ostracismo que merecen.

El discurso de Alberto sacudió la modorra veraniega. Las dos horas de definiciones, propuestas, proyectos y acusaciones –salpicadas con algún tropiezo lingual— definen un nuevo estilo de gobierno. Si a esto agregamos el alegato de Cristina ante los jueces de Casación por la causa Dólar Futuro, el sendero está marcado. Ningún país puede ser construido sobre las bases de un Poder Real que sólo planea la destrucción. Tanto el presidente como la vice explicaron con claridad que parte del Poder Judicial, los medios de comunicación hegemónicos y las empresas formadoras de precios son un obstáculo para un país más justo. Y lo urgente es que dejen de serlo.

Por más que Clarín, La Nación y toda la cadena de medios falaces y mafiosos señalen a CFK como agresiva, amenazante, injuriosa, la mayoría sabe que no es así. Cristina demolió no sólo a los jueces que la escuchaban sino que dejó al descubierto el entramado del Law Fare. Por más que digan que los K buscan la impunidad, gran parte de la población no come vidrio y los que vieron su intervención de casi una hora quedaron convencidos de que no hay convivencia posible con jueces y medios que –explotando una independencia inexistente- condicionan la vida democrática del país. Que anulen o no esta causa ya no tiene importancia: hagan lo que hagan seguirán demostrando que no están a la altura del cargo que usurpan. Tarde o temprano, esa corporación mafiosa liderada por Héctor Magneto y sus secuaces periodísticos, políticos y judiciales deberá ser desarmada si queremos consolidar un proyecto de país en el que todos gocemos de sus riquezas.

domingo, 28 de febrero de 2021

Una excusa para cacerolear

 

Los cambiemitas intentaron capitalizar el episodio intitulado “Vacunatorio VIP” y sólo lograron juntar un puñado de indignados selectivos, esos que se enojan sólo cuando los “errores” los cometen los otros. Con la lógica perversa del ideario PRO, la República está a salvo cuando gobiernan los emisarios del establishment, aunque nombren jueces por decreto, desmantelen leyes a machetazos, persigan y encarcelen opositores con causas sin fundamento, aprovechen el Estado para facilitar negocios propios y de algunos amigos, endeuden el país de manera bestial y sin cumplir con las normas. El indignómetro no funciona contra el color amarillo y es por eso que 20 veinte vacunados de manera solapada indignan más que el reparto de vacunas a los efectores privados de la CABA o las dos millones de dosis vencidas durante la Revolución de la Alegría. Encima, el ex empresidente Macri sale a aclarar para oscurecer con esa alocada conclusión de que garantizar las vacunas para que las prepagas repartan entre sus abonados y un local del radicalismo haga campaña es “transparente, justo y equitativo”.

Y, por supuesto, condena “los casos de avivadas y favoritismo que vimos en estos días”, poniendo el foco nada más que en el escándalo de Nación y no, por ejemplo, a lo ocurrido en Jujuy. Precisamente él condena las avivadas que le permitieron acumular fortunas con contrabando, evasión y estafas al Estado y llegó a la presidencia para garantizar un favoritismo atroz hacia empresarios aliados. Claro, ya sabemos que se dirige a un público desmemoriado y alienado por una cadena de medios que lo modela de la peor manera. Tanto que son capaces de colgar bolsas negras simulando cadáveres con nombres que despiertan su visceral odio –como Estela de Carloto o los pibes de La Cámpora, entre otros- en defensa de la democracia, la paz y el consenso. Un mensaje mafioso para garantizar el bien común. Tipos tan contradictorios, desinformados, despreciativos como sus dirigentes. Tan agresivos y falaces, a la medida de los mensajes que los colonizan. Tan pocos que dan pena, aunque repugna lo que defienden.

Pero no debemos preocuparnos de ellos, porque jamás serán convencidos por un proyecto de país más justo. El Frente de Todos jamás logrará convertir a esa banda de individuos en sus votantes. Siempre rechazarán intervenciones, controles, multas contra las empresas que nos estafan por más que después se quejen de la inflación, las tarifas de los servicios y la caída del poder adquisitivo. Incoherentes, adhieren a la propuesta que algunos empresarios hicieron en estos días, que “para bajar la inflación, hay que abandonar el control de precios y para fomentar el empleo hay que derogar la prohibición de despidos”.

En esta semana, hay encuestas que señalan que, por primera vez, la imagen negativa de Alberto Fernández supera la positiva. Por poco, pero advierten una caída en un año electoral. Para garantizar la continuidad de este proyecto –el de la campaña- debe dejar de sonreír a los que jamás serán parte de él. Si quiere inclinar la balanza legislativa, deberá aproximar más las acciones a sus palabras. Si quiere despertar entusiasmo en sus seguidores y sumar a los desencantados, deberá afrontar con énfasis los problemas que nos dificultan la vida. Y eso no se logra con la buena voluntad de los que ganan fortunas saqueando nuestros bolsillos. Ni con treguas o súplicas. El conflicto es necesario para frenar a los depredadores. Eso de “ponerse de acuerdo en un par de puntos” o “tirar todos para el mismo lado” es un verso que ni los recitadores creen. En la ancha avenida del medio nos pisotean tractores y 4x4. Para hacer de este rumbo errático un camino más definido hay que elegir la vereda que más enoja a los que se creen dueños de todo. Mientras más zapateen, mejor nos va a ir.

domingo, 21 de febrero de 2021

El Todo y sus partes

 

El episodio que sacudió el escenario político en la mañana del viernes es inaceptable. Tanto pontificar en contra de los privilegios de una minoría y desde el ministerio de Salud –reinstaurado por el presidente después de la degradación amarilla- se organiza una campaña casi secreta de vacunados a dedo. Y ninguno de los actores que pergeñaron esta instancia –ministro, asesores, secretarios y el personal del Hospital Posadas- evaluaron su gravedad. Extraño. Más extraño es la manera en que se hizo pública la trapisonda. El periodista Horacio Verbistky lo reveló –no como denuncia ni travesura- en su habitual columna en el programa “Habrá consecuencias” que se emite por El Destape Radio. Un relato en primera persona, conmovedor, familiar. Hasta recordó que su padre había fallecido en el Hospital Posadas, a donde iba a acudir por consejo de su querido amigo, Ginés González García, hasta que lo invitaron al Ministerio para agilizar la inmunización. Por intentar contrarrestar un petardo de Clarín, arrojó un bombazo contra el oficialismo.

Ginés fue expulsado al instante por el presidente; Verbistky fue despedido por Roberto Navarro de su emisora radial. Y ambos reconocen que no habían evaluado la dimensión de esas acciones. Ambos piden disculpas por lo que no deberían haber hecho: facilitar privilegios, el primero y aprovecharlos, el segundo. No hay justificativo ni atenuantes.

El dolor entre los simpatizantes del oficialismo es enorme. Igual que el desconcierto. El daño es inmenso porque aporta argumentos para los que han hecho cosas peores. Por eso algunos apelan al contraste, enumerando las tropelías de Macri y su pandilla que no tuvieron la misma repercusión. Otros, tratan de minimizar el incidente para “no hacer el juego a la derecha”. También están los que suman un desencanto más a los tantos acumulados. Y, por último, los que aplauden a Alberto Fernández por pedir la renuncia de un funcionario con muchos logros en su haber.

 De ahora en más, tanto el presidente como la nueva ministra, Carla Vizzotti, deberán garantizar el cumplimiento a rajatabla del plan de vacunación en todo el territorio nacional. Cualquier anomalía que se cometa en el más pequeño pueblo será responsabilidad de ellos. La consigna debe ser clara y el control estricto. Ni “borrón y cuenta nueva” ni diatribas a perpetuidad. Este hecho indignante no se debe repetir y si el gobierno nacional quiere remontar su imagen debe abandonar la amabilidad –como hizo con GGG- y tomar las decisiones con energía y compromiso si en verdad quiere construir un nuevo país. 

En definitiva, es preferible que los poderosos se enojen porque el Estado ejerce el control de las exportaciones, porque intima a los que especulan, porque busca contener la criminal inflación, porque desmantela el contrabando de granos y no porque un funcionario inauguró un vacunatorio VIP, como ya bautizaron al caso los medios hegemónicos. Si el discurso dominante intenta denostar con etiquetas –la parte por el todo- el oficialismo debe resignificar sus intenciones, no con discursos bonitos y pedagógicos sino con acciones concretas y con resultados casi inmediatos si no quiere que los que confiaron en Les Fernández abandonen la esperanza de una vida más justa. Para corregir las partes hay que fortalecer el Todo.

lunes, 15 de febrero de 2021

Recordar para desandar el camino

 

La ineludible noticia de la semana es que Menem murió el día de los enamorados. Tan paradojal como Bernardo Neustadt el día del periodista o Augusto Pinochet en el de los DDHH. No tan exacto como Videla en un inodoro. Nadie elige cuándo, cómo o dónde morir, salvo aquel fiscal que se suicidó en su baño. Sí podemos elegir cómo vivimos y, en sintonía con eso, cómo nos recordarán. En el caso específico del Infame Riojano, lo más notorio es que murió impune. Y eso da mucha bronca. Más bronca da que lo honren, que algunos hablen de las transformaciones que realizó en Argentina, de cómo “nos integró al primer mundo”, de su simpatía y de muchos tópicos más para disfrazar su monstruosidad. Hasta el presidente Fernández lo situó como víctima, como perseguido político, como preso de la dictadura. Tanto se vio afectado Menem con eso que terminó sirviendo a los perseguidores y deformando los objetivos del partido al que pertenecía.

¿Hay algo bueno para recordar de este personaje? Algunos se atrevieron a reivindicar el legado del ex presidente. ¿Qué de bueno dejó? Algunos estarán pensando en las denuncias de corrupción de aquellos tiempos que quedaron en la nada. Aunque parezca mentira, eso es lo de menos. Menem fue un continuador del plan económico-social de la dictadura; fue un alumno modelo del Consenso de Washington; fue el que entregó los puertos a las multinacionales; fue el que regaló las empresas del Estado que tanto esfuerzo demandó conformar; fue el que dolarizó nuestra vida con la fantasía del uno a uno; fue el que creó el sistema de jubilación privada que se convirtió en una timba destructiva; fue el que inventó el monotributo como estrategia para reducir la informalidad y terminó siendo una herramienta ideal para la precarización laboral; fue el que sumó tropas a una guerra ajena para recibir a cambio dos atentados terroristas; fue el que hizo estallar una ciudad para ocultar el contrabando de armas; fue el que indultó a más de 200 genocidas con un sonriente cinismo. ¿Alguien encontró algo bueno en este apretado listado?

En los años del menemato, la farandulización de la política se convirtió en doctrina. El fin de las ideologías encontró en esos tiempos muchos apologistas. Hay varias muestras de eso, pero basta recordar algunas: el abrazo con Isaac Rojas, emblema del antiperonismo; Amalita Fortabat intentando confesar ante las cámaras que siempre había sido peronista y no logró terminar la frase porque su propia risa la interrumpía; los Alsogaray ponderando las políticas de Menem y hasta vistiéndose de funcionarios; el intento de explicar el engendro ejecutado como un peronismo reformulado. La construcción de un sentido común horroroso también forma parte del legado. La ponderación de las fortunas meteóricas tenía su expresión en el programa televisivo “Ricos y famosos”, en el que se mostraban fastuosas mansiones para reforzar el dolor de los millones desplazados. Ostentar riqueza fácil no quedaba tan mal en los noventa.

“No hay que festejar las muertes”, dicen por ahí, pero la muerte no santifica. Este muerto duele a nuestra historia y también a nuestro presente. Aún estamos padeciendo “su legado” y, en la construcción de un futuro para todos, no cabe ninguna reivindicación. Bastante premio tuvo al terminar su vida como senador. Tan generosos somos con los que sólo buscan destruirnos. En lugar de tantos homenajes y anécdotas divertidas, debemos repudiar su oscura impronta para iluminar nuestros pasos y deshacernos de todo lo que instauró. Y recordar que los embaucadores a veces se disfrazan de caudillo riojano, otras de play boy acaudalado o de porteño con cara de serio. Aunque se haya muerto el perro, la rabia aún ronda entre nosotros.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...