lunes, 12 de agosto de 2013

Un tropiezo inesperado



Victoria chiquita ante desafíos enormes
Si uno se pone erudito, el resultado de las PASO puede analizarse a la luz de las diferencias entre la parrhesía y la retórica. En nuestro lenguaje mundano, sería entre quién dice las cosas como son y quién pretende versear. El parrhesiasta, según el filósofo Michel Foucault, confiesa lo que piensa, siente, opina sin ocultar ninguno de sus aspectos y, de esta manera, pone en riesgo la relación con el destinatario de sus palabras. Porque cuando alguien así habla está involucrando al que escucha en algo trascendental. El retórico, en cambio, trata de encantar, de adular al oyente y decir lo contrario de lo que piensa y sabe, sobre todo si existe posibilidad de recibir el rechazo. El parrhesiasta levanta el velo de lo que es sin importar las consecuencias de su decir, y quien lo escucha debe tener el coraje de asumir lo que escucha. El rétor corre un solo riesgo: que dejen de escucharlo. Por eso apela a las técnicas más seductoras para captar la atención, aunque termine ocultando cualquier verdad, aunque prometa imposibles, aunque invente realidades inadmisibles. Mientras el que apela a la retórica sólo busca la aceptación sin rozar siquiera una pizca de afecto, el parrhesiasta puede despertar hostilidad y odio, pero también una adhesión apasionada, indestructible, incondicionada.
El caso Víctor Hugo Morales vs Héctor Magneto puede pensarse en ese sentido y no es demasiado difícil reconocer a uno y a otro. La instancia de mediación entre el CEO de Clarín y el periodista-relator permite entrever las diferencias entre un parrhesiasta y un retórico, casi de manera didáctica. Víctor Hugo entrega desde sus programas -y en cualquier ocasión- una autenticidad cercana a la confesión; sus seguidores parecen conocer su intimidad a partir de lo que revela, hasta se sienten sus amigos; confían en su palabra y en sus puntos de vista, aunque no coincidan plenamente, porque saben que reconoce cuando se equivoca. Por eso fue tan acompañado a la contienda y recibió tanto apoyo de los manifestantes. Decir amor suena exagerado, aunque se parecía bastante. Magneto, en cambio, sólo fue con sus guardaespaldas, que, como tales, escondían cualquier gesto de adhesión hacia el que protegían. Escudos humanos que expresaban mucha hostilidad. Las palabras del villano no contienen más que oscuridad, pero se amplifican hasta aturdir, hasta extraviar toda razón, como las sirenas de Ulises.
Víctor Hugo entró por la puerta grande, sacando el pecho y poniendo su poderosa voz al servicio de una causa. Sin dudas, parecía el representante de muchos. Magneto entró por un costado, encorvado, oculto, silencioso. Como una alimaña que busca refugio en su madriguera. Todos entendemos los motivos de uno. Del otro, no se entiende el para qué. O sí, pero es despreciable. Uno dio la cara. El otro se escondió. Uno puso a disposición de la justicia su parrhesiasta voz. El otro, sin artilugios amplificadores, hizo silencio. Sin micrófonos, uno es lo que siempre es. El otro, es nada.
No todo pasa por una cuestión de cantidad. Miles de personas acompañaron a uno y a otro, aunque en distintos momentos del día. A la hora de la audiencia, una muchedumbre se reunió en torno a una radio abierta, desde la que se escuchaban emocionadas y ardientes voces de apoyo, cargadas de alegría por la victoria futura. Unas horas después, también hubo manifestaciones, pero de carácter disímil. No fue en apoyo de Magneto, sino una consecuencia de su accionar sañoso. Caceroleros que se oponen a todo, que viven enojados, que odian sin motivos. Individuos alimentados por retóricas malintencionadas. Indignados que vitoreaban videos insultantes y burlones. Ceñudos personajes que portaban banderas como si fueran hostiles pancartas. Nada más que lo de siempre.
Analizar los motivos de quienes baten cacerolas es, a esta altura de la historia, una invitación para recitar lugares comunes. Manipulaciones, omisiones, exageraciones, predicciones, prejuicios y mucha fobia se conjugan en estos actos tan poco constructivos. Algunos de ellos saben que se identifican con contenidos engañosos, algo que resulta funcional a sus intereses. Otros ni se enteran que son burlados y andan felices por la vida confirmando las más anticuadas teorías comunicacionales. El resto, lo hace por la mera costumbre de estar en contra. Todos participaron en una discutible manifestación democrática, a pocos días de las PASO y en medio de un duelo nacional.
Durante mucho tiempo, algunos de los exponentes de la oposición se negaron a legitimar la aplicación de la LSCA, aduciendo generalidades sobre libertad de expresión. Lejos de acompañar al Gobierno Nacional en el propósito reducir el poder de daño del Grupo Clarín, se pusieron de su lado para recibir algunas migajas de atención. En estos días, padecieron las consecuencias de semejante servilismo. Stolbizer y De Narváez elevaron una queja tardía porque sufrieron en carne propia lo que antes celebraban. En la imperiosa misión de apoyar a un candidato sumiso y funcional, el Grupo puso todas sus fichas ignorando a los casi columnistas de todos sus programejos. Como se sintieron ninguneados, ahora parecen comprender el peligro de tanto desequilibrio mediático. El futuro de la democracia espera que de ahora en más tomen partido a favor de la disminución del poder de daño de la prensa carroñera.
Porque durante cuatro años algunos actores se burlaron de una ley elaborada con una inusitada participación ciudadana. Periodistas, opositores, jueces, fiscales y abogados que se escudaron detrás de la hipócrita defensa de las instituciones para pisotear una norma surgida de esas mismas instituciones. Y acá cierra todo: por eso Magneto puso en movimiento las ruedas de la Justicia para refrendar su impunidad. En un país normal, un juez le diría “quedate en el molde”. Mejor, en un país normal, Magneto debería estar entre rejas rindiendo cuentas de los delitos que ha cometido desde la dictadura en adelante. Pero no. Mantiene intacto su poder material y apenas vulnerado el simbólico. Que el poderoso personaje se exponga para aplastar a un periodista, que se sienta amenazado por su palabra, es un indicio de algo cercano a la agonía. Sólo falta el golpe letal.
La LSCA todavía es una de las tantas deudas pendientes que tiene la Justicia. Mientras muchos de los que ahora se han convertido en candidatos coqueteen con su plena vigencia, el poder del Grupo no será horadado. Algunos prometen derogarla, lo que los convierte en apologistas de un sistema empresarial que condiciona cualquier construcción democrática. Si la habilidad retórica posiciona a esa descomunal cadena de medios como la principal oposición al kirchnerismo, es razonable que quienes pretenden recuperar la gobernabilidad se cobijen detrás de ella. Eso sí, de llegar a posarse sobre el sillón presidencial comprenderán –tarde- en qué manos está el poder real. Quizá entonces adviertan que la reconciliación, la armonía, la unión y todas esas encantadoras consignas sólo son posibles cuando el poder político somete la legitimidad democrática a los inagotables intereses de esa minoría angurrienta. Que el diálogo y el consenso que prometen no es más que una sumisa obediencia.
Ese paraíso que muchos diseñan no podrá ser realidad con semejantes carroñeros. Los intereses patricios jamás han armonizado con el bienestar de las mayorías. “Privilegios o derechos” aparece como un adversativo que sintetiza las disputas futuras. Dos caminos que no son paralelos. Dos discursos que se acomodan para la próxima contienda. El decir maravilloso que embelesa a individuos confundidos o la palabra convencida que conquista a un colectivo en construcción. Retórica o parrhesía. Esta es la cuestión camino a octubre y más allá.

2 comentarios:

  1. Y si le cuento que hable con VHM?, y le dejo un link referente al libro de martin Sivak sobre Clarin
    http://armandovidal.com/administracion/index.php?option=com_content&view=article&id=1324:de-aquel-nino-que-jugaba-en-clarin-&catid=182:sintesis&Itemid=73

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    1. Ellibro de Sivak lo leí hace un par de semanas. Aunque es la primera parte de la historia, sirve para comprender la construcción del monstruo. Lo más escalofriante debe ser su actitud en los años de la democracia, como su condicionador permanente.

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